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	<title>Marana - Thá</title>
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	<description>Ven Señor Jesús</description>
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		<title>Declaración de la Comisión Ejecutiva de laCEA</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 20:26:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[CEA]]></category>

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		<description><![CDATA[Ante lareciente aprobación por el Congreso de laNación de las leyes de Muerte Digna eIdentidad de Género, hemos creído oportunoexpresar, especialmente a nuestros fielespero también a la opinión pública, elpensamiento de la Comisión Ejecutiva delEpiscopado Argentino sobre estos temas. 1 &#8211; En lallamada ley de Muerte Digna creemos que seha avanzado en aspectos referidos a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="margin: 5px;" src="http://www.marana-tha.net/images/CEA.jpg" alt="CEA" width="120" height="168" /></p>
<p>Ante lareciente aprobación por el Congreso de laNación de las leyes de Muerte Digna eIdentidad de Género, hemos creído oportunoexpresar, especialmente a nuestros fielespero también a la opinión pública, elpensamiento de la Comisión Ejecutiva delEpiscopado Argentino sobre estos temas.</p>
<p>1 &#8211; En lallamada ley de Muerte Digna creemos que seha avanzado en aspectos referidos a laproporcionalidad de los medios a utilizar enenfermos terminales, que eviten unencarnizamiento terapéutico. Mantener unavida con medios artificiales no siempre esmoralmente obligatorio. Es destacable,también, la importancia dada a la voluntaddel paciente y de sus familiares, como partede los derechos personalísimos del enfermo.El rechazo de estos medios artificiales nosólo es válido, puede ser recomendable.Valoramos, por otra parte, la prohibición dela eutanasia.</p>
<p>Lamentamos, sin embargo, que entre estosmedios se haya incluido el posible rechazode la &#8220;hidratación y alimentación&#8221;, como sifueran medios desproporcionados, siendo, porel contrario, un acto humanitario que hace auna muerte digna. Su privación, en cambio,sería una eutanasia pasiva.</p>
<p>2 -Respecto a la ley de Identidad de Género, sibien se ha buscado responder a una realidadque presenta sus reclamos, no se ha tenidoen cuenta el significado objetivo del datobiológico como elemento primario en unalegislación sobre el tema de identidadsexual. La diversidad sexual no depende sólode una decisión o construcción cultural,sino que tiene su raíz en un dato de lanaturaleza humana que presenta su propiolenguaje y significado. Desconocer el valory el alcance de este hecho debilita elsentido de la sexualidad que, en sudiversidad y complementariedad, debeorientar tanto la vida de las personas comola tarea educativa y legislativa.</p>
<p>Lanecesaria educación sexual debe estarorientada, desde la infancia, a valorar elsentido y la riqueza de la sexualidad.Consideramos muy grave que la ley permitamanipular la identidad sexual de los niños ydañarla de modo, tal vez irreversible eincluso en contra de la voluntad de suspadres.</p>
<p>Estas afirmaciones no significan desconocerla realidad de personas que sufren por estosmotivos. La ley, en cuanto ordenamiento dela comunidad, debe tratar todo reclamo en elmarco jurídico adecuado y con las garantíasque ello implica. Pero, dejar el tema de laidentidad sexual a un libre sentir odecisión de la persona, no corresponde a lacerteza jurídica que debe ofrecer unalegislación a la sociedad. La naturaleza nolimita, en este caso, los derechos de lapersona, sino que muestra con su lenguaje elsentido de la sexualidad como un principioque debe orientar tanto la educación como elcontenido de las leyes de una comunidad.</p>
<p>3 &#8211; Enambos casos es importante que se respete elderecho a la objeción de conciencia, dequienes vean afectadas sus sinceras yprofundas convicciones éticas por laobligación de aplicar estas leyes.</p>
<p>4 &#8211; Hemoscreído conveniente expresar nuestro juicio yreflexión con el debido respeto y como unservicio, en orden a colaborar &#8220;e iluminarla aplicación de la razón al descubrimientode principios morales objetivos&#8221; (BenedictoXVI, discurso en Westminster Hall,17/9/2010), que actúan como fuente de todanormativa justa.</p>
<p>BuenosAires, 16 de mayo de 2012</p>
<p>Mons.José María Arancedo</p>
<p>Mons.Virginio Bressanelli</p>
<p>Mons.Mario Cargnello</p>
<p>Mons.Enrique Eguía</p>
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		<title>Muerte digna: Lamentan que permita rechazar hidratación y alimentación</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 14:26:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bioética]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 14 May. 12 (AICA) El presbítero Rubén Revello, director del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Católica Argentina, complementó un anticipo que AICA publicó ayer sobre el análisis de la ley llamada de “Muerte Digna”. Allí afirmó que la presente ley presenta aspectos que recogen el sentido de algunas afirmaciones del Magisterio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos Aires, 14 May. 12 (AICA) <img src="http://www.aica.org/photos/00003590-constrain-160x200.jpeg" alt="P. Revello, del Instituto de Bioética de la UCA" align="left" border="0" hspace="5" vspace="5" /> El presbítero Rubén Revello, director del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Católica Argentina, complementó un anticipo que AICA publicó ayer sobre el análisis de la ley llamada de “Muerte Digna”.</p>
<p>Allí afirmó que la presente ley presenta aspectos que recogen el sentido de algunas afirmaciones del Magisterio en el documento Iura et Bona de 1980 como la valoración de la proporcionalidad/desproporcionalidad de las terapias a aplicar en cada caso particular: “En cada caso, se podrán valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales.”<br />
El mismo documento refiere a la licitud de rechazar dichos medios tomando en cuenta los resultados esperados y la voluntad del paciente o sus familiares juntamente con la opinión del equipo médico tratante: “Es también lícito interrumpir la aplicación de tales medios, cuando los resultados defraudan las esperanzas puestas en ellos. Pero, al tomar una tal decisión, deberá tenerse en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares, así como el parecer de médicos verdaderamente competentes; éstos podrán sin duda juzgar mejor que otra persona si el empleo de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos.”<br />
“Su rechazo no equivale al suicidio: significa más bien o simple aceptación de la condición humana, o deseo de evitar la puesta en práctica de un dispositivo médico desproporcionado a los resultados que se podrían esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente pesados a la familia o la colectividad.”<br />
Lamentablemente la ley actual incluye entre los tratamientos que  puede rechazar el paciente, la hidratación y la alimentación, como si éstos fueran desproporcionados. Se hace necesario recordar al respecto, que el Magisterio de la Iglesia señala que la suspensión de dichos procedimientos médicos de mínima complejidad y bajísimo costo, expone al paciente terminal, (con un equilibrio físico gravemente afectado), a la deshidratación y a la inanición, incurriendo en lo que se conoce como “eutanasia pasiva”, la cual consiste en dejar de proporcionarle un tratamiento que le es debido y cuya omisión puede ser, en sí mismo, desencadenante de la muerte.+</p>
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		<title>Fiesta de Corpus Christi</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 14:01:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diócesis]]></category>
		<category><![CDATA["Corpus Christi"]]></category>

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		<description><![CDATA[Querida comunidad diocesana: Durante estos días de Pascua estamos celebrando la Vida que nos ganó el Resucitado. Él nos invita a anunciarla y compartirla. Renovados e impulsados por la gracia del Misterio Pascual, nos encaminamos a vivir, como Iglesia local, la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Nos alegramos y regocijamos, pues esta presencia real [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" rel="lightbox[4835]"><img class="aligncenter" src="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" alt="" width="300" height="54" /></a></p>
<p>Querida comunidad diocesana:</p>
<p>Durante estos días de Pascua estamos celebrando la Vida que nos ganó el Resucitado. Él nos invita a anunciarla y compartirla.</p>
<p>Renovados e impulsados por la gracia del Misterio Pascual, nos encaminamos a vivir, como Iglesia local, la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Nos alegramos y regocijamos, pues esta presencia real de la Eucaristía nos atrae hacia la unidad, nos hace sentir más hermanos. Al atravesar nuestros barrios, el amor de Cristo Eucaristía nos expresa también la cercanía de la Iglesia, una Iglesia misionera, que porque se siente discípula no se adueña del misterio del amor, sino que lo comparte y es capaz de acompañarlo por las distintas situaciones, muchas de ellas de extrema soledad y miseria, que viven nuestros barrios, nuestras familias… (Cf. Homilía Corpus Christi, 2010).</p>
<p>Por tanto, he decidido solicitar nuevamente a los sacerdotes y diáconos suspender las Misas y Celebraciones de ese sábado por la tarde con el objeto de promover la participación masiva de las Comunidades. Asimismo, pido a las Comunidades religiosas y a los responsables de las diversas actividades pastorales (catequesis, instituciones y movimientos, grupos de niños, adolescentes y jóvenes, etc.) que suspendan y/o reprogramen sus actividades ordinarias y, al mismo tiempo, estimulen y organicen con creatividad la participación de este acontecimiento eclesial tan importante para nuestra Diócesis.</p>
<p>Invito especialmente a los jóvenes que el año pasado han revitalizado nuestra celebración anual. Los animo a participar con la alegría y el espontáneo espíritu festivo que los caracteriza. Con sus estandartes coloridos, sus cantos e instrumentos musicales manifiestan como Jesús Eucaristía rejuvenece el rostro de la Iglesia y la mueve a anunciarlo con alegría en medio de nuestro pueblo. <em>“La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia del odio… Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”</em> (Documento de Aparecida 29).</p>
<p>Nos encontraremos el sábado 9 de junio en la Plaza Raúl Alfonsín (ex Libertad), Laprida al 1200, entre Baliña y Tucumán, a doce cuadras de la Estación de Trenes de Lomas. A las 15 horas celebraremos la Eucaristía y luego nos encaminaremos en procesión hasta la Iglesia Catedral. Culminada la celebración con la bendición en el atrio de la Catedral, podremos participar en la Plaza Grigera de un momento musical animado por los jóvenes.</p>
<p>Ese mismo fin de semana, se realizará en el todo el país la Colecta Anual de Cáritas, bajo el lema “Pobreza cero. Vida digna para todos”. Teniendo en cuenta los múltiples daños producidos por el temporal que azotara a nuestra región durante el 4 de abril pasado, les ruego que el gesto de la misa de Corpus de este año consista en colaborar generosamente en esa colecta. El dinero será destinado a aliviar los gastos de reparación de las instalaciones de la Parroquia Asunción de María de Témperley y su Colegio Parroquial, como así también las del Centro de Evangelización de los Santos Latinoamericanos ubicado camino a Puente de La Noria. Estos han sido los ámbitos que más han sufrido las consecuencias del fenómeno meteorológico.</p>
<p>Que María, Nuestra Señora de la Paz, nos ayude a crecer en los lazos de familia que nos unen y nos enseñe a partir el pan de modo que alcance para todos.</p>
<p>Con mi bendición.</p>
<p align="center"><strong>+Mons. Jorge Rubén Lugones s.j.</strong></p>
<p>Obispo de Lomas de Zamora</p>
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		<title>Domingo de la Semana 6ª del Tiempo Pascual. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 12:46:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 25 &#8211; 26. 34 &#8211; 35. 44 &#8211; 48. «Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: “Levántate, que también yo soy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» </em></p>
<p><strong>Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 25 &#8211; 26. 34 &#8211; 35. 44 &#8211; 48.</strong></p>
<p>«Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: “Levántate, que también yo soy un hombre”. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato”.</p>
<p>Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos al ver que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo: “¿Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a éstos que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?” Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedase algunos días».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Juan 4, 7- 10 </strong></p>
<p>«Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15,9 -17</strong></p>
<p>«Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros  como yo os he amado.</p>
<p>Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo;  a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong> El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>¿Cuál es la clave de las tres lecturas? Es la amorosa mirada que Dios tiene a cada uno de nosotros. <em>«En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,  sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados»</em> (1Jn 4,10). Y es por eso que nosotros debemos de amarnos unos a otros sin acepción de personas: todos somos hijos queridos de Dios.</p>
<p>Esto es lo que leemos en la Primera Lectura. Cornelio, centurión piadoso y simpatizante del judaísmo es el primer pagano recibido como cristiano por uno de los apóstoles. El relato del encuentro y el discurso de Pedro insisten en la supresión de las fronteras entre judíos y paganos. Dios mismo es quien las ha suprimido, enseñando a Pedro a no llamar impuro a ningún hombre.</p>
<p>San Juan, en la Segunda Lectura, nos ha dejado la más excelsa definición de Dios: <em>«Dios es amor»</em> y este amor ha tenido su máxima manifestación en la entrega de su propio Hijo para que podamos alcanzar la vida eterna. La respuesta a este amor divino será nuestro amor a Dios y al prójimo. El amor es la norma moral más exigente y más plena ya que exige un cumplir, por amor, lo que el Señor nos ha mandado. Para eso nos ha escogido (Evangelio).</p>
<p>«<strong>Dios no hace acepción de personas…»</strong></p>
<p>El episodio que leemos en la Primera Lectura es muy importante porque es el primer pagano<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1] que es admitido a la Iglesia por el mismo Pedro. Cornelio era un centurión de la cohorte itálica que tenía su sede en Cesarea<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2] y si bien era un hombre temeroso de Dios; no era judío. Cornelio tiene una visión en la que se le pide que llame a un tal Simón, llamado Pedro, que se encuentra en Joppe<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3]. Así, envía mensajeros en busca de aquel hombre. Mientras los mensajeros van de camino, Pedro tiene también una visión en la que una voz le invita a comer alimentos que eran retenidos como impuros por los judíos. La petición se repite hasta tres veces con la subsiguiente negativa de Pedro. La visión concluye con una afirmación taxativa: lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano.</p>
<p>Después de esto, Pedro acude a Cesarea para encontrar a Cornelio y, después de escuchar la narración de éste, concluye: <em>«Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato»</em>. El Espíritu Santo desciende sobre los presentes, como si se tratase de un segundo Pentecostés, el Pentecostés de los gentiles, y la escena concluye con el bautismo de Cornelio y toda su familia. El pasaje es de máxima importancia para comprender el carácter universal de la salvación. Dios no hace acepción de personas en relación con su amor reconciliador.  Al encarnarse el Hijo de Dios se ha unido de algún modo a todos los hombres y los invita a la salvación. Éste es el descubrimiento que hace Pedro. Él no puede llamar a nadie impuro porque todos somos hijos de Dios, somos imagen de Dios creados por sobreabundancia de amor y llamados a la «vida eterna».</p>
<p><strong>Dios siempre nos busca primero</strong></p>
<p>En la segunda lectura, San Juan repite en dos ocasiones: <em>«Dios envió a su Hijo»</em>. Dios envía a su Hijo único para reconciliarnos ya que por el pecado vivíamos en ruptura. El amor mutuo tiene su fundamento en el amor de Dios. <em>¡Dios es amor! </em>Lo que nos dice el texto es que la característica más acusada de Dios es el amor; su actividad más específica es amar. Dios se ocupa y se preocupa del hombre. La prueba suprema de ello es la Cruz. Ella demuestra qué clase de amor es el de Dios: amor de entrega concreta, palpable, amor reconciliador. El costo de la reconciliación supera toda imaginación: el envío de su Hijo. Dios envía a su Hijo para que nos rescate del pecado y de la &#8220;segunda muerte&#8221;: la pérdida definitiva de Dios.</p>
<p>Por eso, podemos sostener firmemente que Dios nos amó primero. Nos dice San Agustín: «<em>No somos, por tanto, nosotros los que primero observamos los mandamientos y después Dios venga a amarnos, sino por el contrario: si Él no nos amase, nosotros no podríamos observar sus mandamientos. Ésta es la gracia que ha sido revelada a los humildes y permanece escondida a los soberbios»</em>. Es la gracia del amor de Dios que nos precede, prepara y acompaña nuestras obras. Sin Él o al margen de Él y de su amor, no podríamos hacer nada. En el versículo siguiente a la lectura (ver 1Jn 4,1) leemos «<em>Si Dios nos ha amado así, también nosotros</em> debemos amarnos unos a otros». El pretender amar sólo a Dios, en respuesta a su amor, olvidándonos de los otros, no es cristiano.</p>
<p>«<strong>Nadie tiene mayor amor&#8230;»</strong></p>
<p>El Evangelio dominical es la continuación del relato sobre la vid y de los sarmientos. Podemos decir que aquí saca las conclusiones de esa unión vital que sus discípulos tienen con Jesús. La primera frase nos revela que el «amor» a que se refiere es una realidad sobrenatural, es algo que nosotros hemos podido conocer porque nos fue dado (revelado) de lo alto. El amor es algo que existe en Dios y que fue revelado al mundo por Jesucristo. En Él hemos conocido, de verdad, lo que es al amor. Para poder amar hay que  seguir el ejemplo de Cristo. Ese amar <em>«como yo os he amado»</em> es lo que caracteriza el amor cristiano.</p>
<p>Santo Tomás de Aquino dice que el amor es procurar el bien del otro. Sin la gracia de Dios el hombre acaba siempre por procurar su propio bien, es decir, acaba en un acto egoísta. Para poder realizar un acto de amor es necesario que sea dado de lo alto. Es lo que nos dice San Pablo en su carta a los romanos: <em>«el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» </em>(Rom 5,5,).</p>
<p>El Espíritu Santo nos comunica el conocimiento de Dios infundiéndonos el amor. El que no ama no tiene noción alguna de Dios. Por eso no debe de extrañarnos que tantos ambientes de nuestra sociedad no conozcan a Dios. Si los vemos más de cerca veremos como reina allí el egocentrismo y el buscar solamente el propio beneficio. Y es que no todos tienen la experiencia del amor verdadero. El que ha visto el amor, ése no lo puede olvidar nunca. El fruto de un acto de amor no pasa nunca. Tal vez un ejemplo nos pueda aclarar esta idea.</p>
<p>Se cuenta de la fundadora de las Hermanitas de los Pobres, la Beata María de la Cruz (Juana) Jugan<a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4"></a>[4] que un día mientras pedía limosna para sus ancianos en una oficina pública, un señor irritadísimo le escupió la mano que ella le tendía esperando una limosna. Entonces sucedió algo inesperado. Ella, con sincera gratitud, se limpió el escupo en su hábito, y sin ningún reproche, le dice: <em>«¡Gracias, señor! Esto es para mí. Por favor déme ahora algo para mis pobres».</em> ¡Este es un acto de amor! Ante una acción semejante no hay nada que hacer. Quedó evidente la acción de Dios ya que fue más allá de lo previsto, de lo esperado. El señor quedó desarmado y en el instante no sólo dio una limosna para los pobres sino que se convirtió en una de los mayores benefactores de la obra. Por eso, el que ha visto un acto de amor&#8230;no lo puede olvidar nunca. <em> </em></p>
<p><strong>«Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor»</strong></p>
<p>El vocablo clave en la primera parte del texto es el verbo «permanecer». Para expresar esta relación vital entre Jesús y sus discípulos el Maestro Bueno ha utilizado la metáfora-alegoría de la vid y los sarmientos. El verbo «permanecer», del griego «meno» o «menein», aparece 118 veces en el Nuevo Testamento. En los textos juaninos de los 67 casos, aparece 43 veces en su expresión compuesta de «<em>permanecer en» (meno en).</em> En cuanto a las fórmulas contenidas en los discursos del Señor Jesús o en las Cartas: se trata de invitaciones a los discípulos a «<em>permanecer en Él»</em>, «<em>en su</em> <em>palabra»</em>: quiere decir, <em>mantenerse firme en la enseñanza recibida</em>, especialmente frente a los que pretenden confundir a los discípulos con falsas doctrinas (ver <em>2</em> <em>Tim</em> 3,14; <em>2</em> <em>Jn</em> 9) y «<em>en su amor»</em><strong>:</strong> quiere decir, «<em>mantenerse fiel a la Alianza de Amor»</em> que Él ha sellado con su Sangre.</p>
<p>Esta fidelidad exige el cumplimiento de la Nueva Ley, que se resume en «<em>amar y amarse los unos a los otros con el mismo amor con que Él nos ha amado primero»</em> (ver <em>Jn </em>15,12.17). De este modo, por respuesta al Don recibido (ver <em>Rom</em> 5,5), se realiza y se mantiene viva «<em>la comunión con Él, y en Él, con todo el Cuerpo»</em>. En la misma línea de la íntima comunión de vida San Juan usa la expresión “permanecer” en para hablar de la unión existente entre el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«De la contemplación del amor de Dios brota la exigencia de una respuesta, de un compromiso. ¿Cuáles? Es justo preguntárselo. Y la palabra de Dios, que acabamos de escuchar, colma nuestra espera. Ante todo se pide al hombre que se de­je amar por Dios. Esto sucede cuando se cree en su amor y se lo toma seriamente, acogiendo el don de la propia vida para dejarse transformar y modelar por Él, es­pecialmente en las relaciones de solidari­dad y de fraternidad que unen a los hom­bres entre sí. En efecto, Cristo Jesús pide a los que han sido alcanzados por el amor del Pa­dre que se amen unos a otros y que amen a todos como Él los ha amado. </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>La originalidad y la novedad de su manda­miento estriba precisamente en ese «co­mo», que habla de gratuidad, apertura universal, concreción de palabras y de gestos verdaderos y capacidad de entrega hasta el supremo sacrificio de sí mismos. Desde este modo, su vida puede difundir­se, transformar el corazón humano, y ha­cer de todos los hombres una comunidad congregada en su amor. Jesús pide además a los suyos, que per­manezcan en su amor, es decir, que permanezcan establemente en la comunión con Él, en una relación constante de la alegría plena, para hallar la fuerza de observar sus mandamientos y, final­mente, para dar frutos de justicia y de paz, de santidad y de servicio…Acoged con conciencia renovada el Evangelio del amor que Cristo Jesús reve­la con su palabra y con su vida».</em></p>
<h2 align="right"><em>Juan Pablo II. Homilía  del Domingo 5 de Mayo de 1991. </em></h2>
<p><em> </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana </strong></p>
<p><em>1. </em><em>Nos decía el entonces Cardenal Joseph Ratzinger:«Cualquier amor humano se convierte en verdaderamente enriquecedor y grande cuando estoy dispuesto a renunciar a mí mismo por esa persona, a salir de mí mismo, a entregarme. Esto es válido sobre todo en la gran escala de nuestra relación con Dios, de la que, en definitiva, derivan todas las demás relaciones. Tengo que comenzar por dejar de mirarme, y preguntarme qué es lo que Él quiere. Tengo que empezar aprendiendo a amar, pues el amor consiste en apartar la mirada de mí mismo y dirigirla hacia  Él»<a title="" name="_ftnref5" href="#_ftn5"></a><strong>[5]</strong>. ¿Cómo vivo mi relación de amor con el Señor? </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>2. ¿Cómo podemos vivir el amor a nuestros hermanos en la realidad concreta? Hagamos una lista de las situaciones diarias y concretas en las cuales podemos vivir el mandamiento del amor.  </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>3. </em><em>Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 1-3.27.50-55.210-221.</em><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] El etíope del pasaje de Hch 8,26-40 era un prosélito, es decir simpatizante del judaísmo, cosa que no se dice claramente en este texto acerca de Cornelio.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Cesarea del Mar. Ciudad portuaria construida por Herodes El Grande. La denominó así en honor al emperador Romano César Augusto. Había estatuas del emperador en un grandioso templo dedicado a él. Los comerciantes en su camino de Tiro a Egipto pasaban por Cesarea. Esta bella ciudad fue hecha con todos los patrones de una ciudad romana y era un centro de comercio terrestre y marítimo.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] Joppe. Es el único puerto natural en la costa de Israel, al sur de la bahía de Acre. Modernamente se denomina Jafa (Jafo) y está cerca de Tel Aviv. Joppe era el puerto de Jerusalén a 56 km de distancia. Es muy antigua su historia  y se le menciona ya en el año 1,400 a.C. en las cartas egipcias de Amarna.</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4"></a>[4] Juana Jugan (nace en Francia el 25 de octubre de 1792 y fallece el 29 de agosto de 1879)  llamada en religión (en la vida consagrada de su Congregación) Sor María de la Cruz. Juana Jugan es la fundadora del Instituto Consagrado de las Hermanitas de los Pobres. Su larga y fecunda existencia –murió con 87 años- bien se podría definir como una vida bien y siempre injertada en la cruz de Cristo –cuyo nombre llevaba como religiosa- y en la cruz de los pobres y de los ancianos, a quienes sirvió y amó admirablemente. Ya lo escribió y lo repitió ella misma en distintas ocasiones en comunicaciones a sus religiosas: «Hemos sido injertadas en la cruz de Cristo». Y es que «es tan hermoso ser pobre, no tener nada, esperarlo todo de Cristo». De ahí que Juana Jugan insistiera: «no olviden nunca que el pobre es nuestro Señor», «miren al pobre con compasión y Jesús las mirará con bondad», «cuando estén en las casas, sean buenas con los ancianos, sobre todo, con los enfermos, quiéranlos mucho». Juana Jugan, insertada también en la extraordinaria pléyade de santos con que Dios bendijo a la Iglesia y a la humanidad en el turbulento siglo XIX,  es un modelo de vida crucificada  y unida a Cristo, de humildad, de oración, de pobreza y de confianza plena, tierna y simple  en la confianza y en la providencia. Fue beatificada por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1992.</p>
<p><a title="" name="_ftn5" href="#_ftnref5"></a>[5] Cardenal Joseph Ratzinger, Dios y el Mundo, Círculo de Lectores, Barcelona 2002, p. 37.</p>
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		<title>Intenciones de oración del Papa para el mes de mayo</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2012 21:49:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Vaticano]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciudad del Vaticano, 30 abril 2012 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de mayo es: “Para que sean promovidas en la sociedad las iniciativas que defienden y refuerzan el papel de la familia”. Su intención misionera es: “Para que María, Reina del mundo y Estrella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ciudad del Vaticano, 30 abril 2012 (VIS).-La<strong> intención general</strong> del Apostolado de la Oración del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de mayo es: <em>“Para que sean promovidas en la sociedad las iniciativas que defienden y refuerzan el papel de la familia”.</em></p>
<p>Su<strong> intención misionera</strong> es: <em>“Para que María, Reina del mundo y Estrella de la evangelización, acompañe a todos los misioneros en el anuncio de su Hijo Jesús”.</em></p>
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		<title>Domingo de la Semana 5ª de Pascua. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2012 21:30:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Varios]]></category>

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		<description><![CDATA[«Yo soy la vid; vosotros los sarmientos» Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26 &#8211; 31 «Llegó a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé le tomó y le presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Yo soy la vid; vosotros los sarmientos»</em></p>
<p>Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26 &#8211; 31</p>
<p>«Llegó a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé le tomó y le presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino y que  le había hablado y cómo había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús.</p>
<p>Andaba con ellos por Jerusalén, predicando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba también y discutía con los helenistas; pero éstos intentaban matarle. Los hermanos, al saberlo, le llevaron a Cesarea y le hicieron marchar a Tarso. Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor  del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo».</p>
<p>Lectura de la primera carta de San Juan 3, 18-24</p>
<p>«Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.</p>
<p>Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios, y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio».</p>
<p>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15,1-8</p>
<p>«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid;  así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.</p>
<p>El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí,  es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca;  luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está  en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>Todas las lecturas de este quinto Domingo de Pascua nos hablan de la necesidad de estar unidos a Jesucristo, Muerto y Resucitado para producir los frutos buenos que el Padre espera de nosotros. La Primera Lectura nos muestra a San Pablo que narra su conversión a los apóstoles y sus predicaciones en Damasco. Su anhelo es el de predicar sin descanso a Cristo a pesar de las amenazas de muerte de los hebreos de lengua griega. En la Segunda Lectura, San Juan continúa su exposición sobre las verdaderas exigencias del amor. No se ama solamente con bellas palabras o discursos altisonantes, como pretendían la secta de los «gnósticos»<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1], sino en obras concretas de amor. No se puede separar la fe de la vida cotidiana. La bella parábola de la vid y los sarmientos nos confirma que sólo podremos dar frutos de caridad, si permanecemos unidos a la vid verdadera, Cristo el Señor.</p>
<p><strong>De Saulo a Pablo </strong></p>
<p>Leemos en el inicio del capítulo 9 del libro de los Hechos de los Apóstoles: <em>«Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén».</em> Este mismo Saulo<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a><strong>[2]</strong>, después de haber sido tocado por el Señor, va intentar juntarse con los discípulos de Jesús. Es por ello comprensible el miedo y la desconfianza que inspiraba.</p>
<p>Tres años después de su conversión, Saulo va por primera vez a Jerusalén. Bernabé<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3], generoso y noble chipriota que ha vendido su campo para poner el importe a los pies de los apóstoles (ver Hc 4, 36-37), fue el instrumento providencial para introducir a Saulo<strong> </strong> en la Iglesia de Jerusalén, así como en Antioquía y luego en el mundo de los gentiles. Bernabé narra como Saulo había predicado <em>«valientemente en el nombre del Señor».</em> Esta reveladora frase nos habla del fervor, la valentía y la convicción que va a caracterizar todo el ministerio apostólico de San Pablo. A los romanos, Pablo les dirá que no se avergüenza del Evangelio porque es <em>«fuerza de Dios»</em>. Esta vehemencia le costará ser perseguido hasta poner su vida en peligro por el Señor. De perseguidor a perseguido&#8230;de Saulo a Pablo.</p>
<p>«<strong>No amemos de palabra, ni de boca&#8230;»</strong></p>
<p>La Primera Carta del apóstol San Juan pone de relieve, de modo contundente, que no se puede amar sólo de palabra, sino con obras y según la verdad. <em>«Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?»</em>(1Jn 3,17)<em>.</em>Jesucristo ha vivido de manera plena el amor dando su vida por nosotros; así también nosotros debemos dar la vida por los hermanos (1Jn 3,16). ¿Cómo podemos dar la vida por los demás? Lógicamente no todos pueden dar la vida mediante el martirio<a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4"></a>[4]; sin embargo todos podemos dar la vida por nuestros hermanos de muchas formas concretas; ya sea mediante el servicio constante, la paciencia, el velar por el otro, etc. El hecho de actuar movidos por este criterio es signo evidente de que somos «de la verdad».</p>
<p>Un principio tranquilizador de nuestra conciencia lo encontraremos solamente en Dios. Él lo conoce todo y es infinitamente comprensivo con las dificultades que debemos superar para poder <em>«guardar los mandamientos y hacer lo que le agrada». </em>Él se halla muy por encima de nuestras pequeñeces y se alegra con nuestra conversión que, gracias a su Hijo, es fuente de verdadera paz (Rom 5,1).</p>
<p>«Yo soy la vid verdadera&#8230;»</p>
<p>Si cualquier persona, por famosa que sea, dijera: <em>«Separados de mí no podéis hacer nada</em>», lo consideraríamos una pretensión intolerable. Pero lo dijo Jesús y en la historia ha habido multitud de hombres y mujeres que lejos de conside­rarla una pretensión, están convencidos de su veracidad. El Evangelio de hoy es una de las páginas cumbres del Evangelio. <em>«Yo soy la vid verdadera».</em> Es una frase por la cual Jesús define su identidad. En primer lugar nos llama la atención el adjetivo: «verdadera». ¿Es que hay una «falsa» vid con la cual Jesús quiere establecer el contraste? No exactamente. El adjetivo «verdade­ro» se usa en el Evangelio de Juan para cualificar una realidad que ha sido preanunciada en el Antiguo Testa­mento por medio de una figura y que aquí tiene su realiza­ción plena. Ese adjetivo establece una oposición entre anuncio y cumplimiento. Es, entonces, necesario buscar en el Antiguo Testamento un lugar en que aparezca la vid como imagen, pues a ella se refiere Jesús. La afirmación de Jesús quiere decir que aquí ha alcanzado la verdad lo que allá no era más que una sombra. Aquí ha sido revelado lo que allá era un anuncio.</p>
<p>El lugar que buscamos lo encon­tramos en el capítu­lo V de Isaías. Allí Isaías refiere la canción de amor de un propie­ta­rio por su viña; destaca la solicitud con que la cultiva y cuida; pero también su pesar al obtener de ella solamen­te frutos amargos. Entonces concluye: <em>«Viña del Señor, Dios de los ejércitos, es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos» </em>(Is 5,7). La frustra­ción de Dios por la conducta de su pueblo se ve completamen­te reparada por la fidelidad de Jesús. Todo lo que Dios esperaba de su viña, lo obtiene con plena satis­facción de Jesucristo. Esto es lo que quiere decir Jesús cuando declara: «<em>Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador»</em>. Si en la canción de la viña de Isaías, el dueño <em>«esperaba que diese uvas</em>» (Is 5,2), esta esperanza se ve satisfecha en Jesús. En Él Dios encuen­tra frutos abundan­tes y delicio­sos; en Él Dios se complace.</p>
<p><strong>«Vosotros sois los sarmientos…» </strong></p>
<p>Pero, en seguida, Jesús se extiende a nuestra relación con Él diciendo: <em>«Yo soy la vid, vosotros los sarmien­tos</em>». Enseña así que también nosotros podemos participar de su condición de vid verdadera; que podemos ser parte de la misma vid cuyo viñador es el Padre; y que también nosotros podemos dar frutos que satisfagan al Padre. Pero esto sólo a condición de permanecer unidos a Cristo. Lo dice Él de manera categórica: <em>«El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada</em>». La unión con Cristo nos permite realizar un tipo de obras que tienen significado ante Dios. Incluso podemos así dar gloria a Dios: <em>«La gloria de mi Padre está en que deis fruto, y que seáis mis discípu­los». </em>Esos frutos que dan gloria a Dios no los podemos dar nosotros sin Cristo, pues separados de Él somos como los sarmientos separados de la vid.</p>
<p>¿A qué se refiere Jesús cuando habla de «frutos»? Eso queda claro más adelante cuando dice: «<em>Lo que os mando es que os améis los unos a los otros»</em> (Jn 15,17). Es lo mismo que decir: <em>«Lo que os mando es que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca»</em> (ver Jn 15,16). El único fruto que Dios espera de nosotros es el amor; pero a menudo obtiene sólo uvas amargas, que son nuestro egoísmo. De lo enseñado por Jesús se deduce que el hombre no puede poner un acto de amor verdadero, sin estar unido a Cristo, pues el amor es un acto sobrenatural que nos es dado.</p>
<p>San Pablo expone esta misma enseñanza de manera incisiva en el famoso himno al amor cristiano: <em>«Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los miste­rios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada soy» </em>(1Cr 13,2). Si el hombre no tiene amor, no tiene entidad ante Dios. Esto es lo que dice Jesús: <em>«Sin mí no podéis poner un acto de amor, sin mí no podéis hacer nada, sin mí no sois nada»</em>. Empeza­mos a existir ante Dios cuando nos injertamos en Cristo y gozamos de su misma vida divina. Y esto sucede por primera vez en nuestro bautismo.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Todo cristiano debe confrontar continuamente sus propias convicciones con los dictámenes del Evangelio y de la Tradición de la Iglesia, esforzándose por permanecer fiel a la palabra de Cristo, incluso cuando es exigente y humanamente difícil de comprender. No debemos caer en la tentación del relativismo o de la interpretación subjetiva y selectiva de las sagradas Escrituras. Sólo la verdad íntegra nos puede llevar a la adhesión a Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación. </em></p>
<p><em>En efecto, Jesucristo dice: &#8221;Si me amáis&#8230;&#8221;. La fe no significa sólo aceptar cierto número de verdades abstractas sobre los misterios de Dios, del hombre, de la vida y de la muerte, de las realidades futuras. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, una relación basada en el amor de Aquel que nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 11) hasta la entrega total de sí mismo. &#8220;La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros&#8221; (Rm 5, 8). ¿Qué otra respuesta podemos dar a un amor tan grande sino un corazón abierto y dispuesto a amar? Pero, ¿qué quiere decir amar a Cristo? Quiere decir fiarse de Él, incluso en la hora de la prueba, seguirlo fielmente incluso en el camino de la cruz, con la esperanza de que pronto llegará la mañana de la resurrección. </em></p>
<p><em>Si confiamos en Cristo no perdemos nada, sino que lo ganamos todo. En sus manos nuestra vida adquiere su verdadero sentido. El amor a Cristo lo debemos expresar con la voluntad de sintonizar nuestra vida con los pensamientos y los sentimientos de su Corazón. Esto se logra mediante la unión interior, basada en la gracia de los sacramentos, reforzada con la oración continua, la alabanza, la acción de gracias y la penitencia. No puede faltar una atenta escucha de las inspiraciones que Él suscita a través de su palabra, a través de las personas con las que nos encontramos, a través de las situaciones de la vida diaria. Amarlo significa permanecer en diálogo con Él, para conocer su voluntad y realizarla diligentemente&#8230; </em></p>
<p><em>Queridos hermanos y hermanas, la fe en cuanto adhesión a Cristo se manifiesta como amor que impulsa a promover el bien que el Creador ha inscrito en la naturaleza de cada uno de nosotros, en la personalidad de todo ser humano y en todo lo que existe en el mundo. Quien cree y ama se convierte de este modo en constructor de la verdadera &#8220;civilización del amor&#8221;, de la que Cristo es el centro». </em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Homilía en la Plaza Pilsudski. </em><em>Varsovia<strong>  </strong></em><em>viernes 26 de Mayo de 2006 </em></p>
<p>&#8216; Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</p>
<p><em>1. Si nuestro corazón nos amonesta porque no hemos vivido la caridad, es inútil que nos desalentemos atrapados por los remordimientos. Busquemos, con sincero arrepentimiento, al Médico Bueno para que cure nuestras heridas y acojamos el don de la reconciliación que se nos ofrece en cada confesión.   </em></p>
<p><em>2. Decía la Beata Madre Teresa de Calcuta: «El servicio más grande que podéis hacer a alguien es conducirlo para que conozca a Jesús, para que lo escuche y lo siga, porque sólo Jesús puede satisfacer la sed de felicidad del corazón humano, para la que hemos sido creados» ¿Cómo puedo vivir esta realidad?</em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 736, 755, 787, 1988, 2074. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Gnosticismo: en griego «conocimiento». Grupo que nace  antes del cristianismo con elementos de diversas culturas antiguas. Adquiere fuerza en el mundo judío desde el siglo I a.C. hasta el IV d.C.  Es dualista; el espíritu ha de ser liberado de la cárcel del cuerpo por medio del conocimiento en diversas etapas.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Un detalle interesante es que durante la predicación en Chipre con Bernabé (ver Hch 13,9) será llamado por  primera vez Pablo en vez de Saulo.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] Bernabé<strong> </strong>(en arameo, hijo de la exhortación).  Nombre que los apóstoles dieron a José, levita de Chipre. Su generosidad era notoria en la iglesia primitiva de Jerusalén (Hch 4.36s) en contraste con el egoísmo de Ananías y de Safira (Hch 5.1ss). Primo hermano de Juan Marcos (Col 4.10) y, según Clemente de Alejandría, uno de los setenta discípulos de Jesucristo. Era «varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe» (Hch 11.24). Lucas y Pablo lo llamaron  Apóstol (Hch 14.4, 14; 1 Co 9.6), y en varias ocasiones demostró poseer un espíritu de comprensión y discernimiento.  Fue Bernabé el que convenció a los apóstoles de la conversión y sinceridad de Pablo (Hch 9.27). Más tarde lo enviaron a investigar la nueva obra entre los gentiles de Antioquía, donde otros chipriotas eran prominentes (Hch 11.19ss). Al reconocer que ésta era obra de Dios y que allí había mucha oportunidad para el ministerio de Pablo, fue a Tarso y lo trajo consigo a Antioquía, donde predicaron juntos (11.25s). Con Pablo, Bernabé llevó la ayuda para los hermanos necesitados de Judea (11.29, 30). De nuevo en Antioquía, a Bernabé y Pablo, contados entre los profetas y maestros de la congregación, los separaron para la misión gentil (Hch 13.1ss; ver. Gl 2.9). Su primer viaje misionero, que comenzó con una visita a Chipre, produjo una cadena de iglesias que se extendió hasta el Asia Menor (Hch 13.14). Al regresar del viaje, Bernabé tuvo otra misión importante cuando lo nombraron junto con Pablo para presentar la cuestión de la circuncisión ante el Concilio de Jerusalén (Hch 15). Su ministerio se reafirmó y parece que Bernabé se destacó más que Pablo  en el Concilio (vv. 12, 25), tal vez por ser el representante original de Antioquía. Sin embargo, para no oponerse a Pedro, en una ocasión Bernabé contemporizó con las convicciones de éste sobre la aceptación de los gentiles, dejando de comer con ellos en Antioquía (Gl 2.13).  Según Hch 15.36-40, Bernabé y Pablo se separaron y aquel navegó acompañado de Juan Marcos, rumbo a Chipre. Sin embargo, el testimonio posterior de Pablo referente a Marcos (2 Ti 4.11) parece indicar que éste aprovechó mucho el trabajo con su primo.</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4"></a>[4] «El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios”». Catecismo de la Iglesia Católica&#61472;, 2473.</p>
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		<title>Como todos los años, les pido una oración&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 14:42:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Varios]]></category>

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		<description><![CDATA[Esto, ya lo compartí hace años; pero hoy, se los acerco nuevamente y les pido una oración… Gracias. No es de mis mejores días, tu recuerdo siempre va a estar en mi corazón… Roberto Oscar Becherini, nació en el entonces pacífico pueblo de Quilmes el 30 de Abril de 1928. Autor de “Poemas para un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esto, ya <a href="http://www.marana-tha.net/wp/?p=605" target="_blank">lo compartí hace años</a>; pero hoy, se los acerco nuevamente y les pido una oración…</p>
<p>Gracias.</p>
<blockquote><p><em>No es de mis mejores días, tu recuerdo siempre va a estar en mi corazón… </em></p>
<p><strong><em>Roberto Oscar Becherini</em></strong>, nació en el entonces pacífico pueblo de Quilmes el 30 de Abril de 1928. <img src="http://marana-tha.net/images/personal/papa.jpg" alt="papá" width="139" height="225" align="right" /></p>
<p>Autor de “Poemas para un Amor Imposible” (1973),</p>
<p>“A partir del Otoño” (1975), participó en el</p>
<p>“Panorama Poético Bonaerense” (1977),</p>
<p>“Panorama Poético Hispanoamericano” (1978),</p>
<p>“Panorama Poético Argentino” (1980).</p>
<p><strong>Su obra más destacada es la de haber sido Mi Padre y ejemplo.</strong></p>
<p>Dios lo llamó a su lado el 22 de Julio de 1999.</p>
<p><em>Este es uno de sus trabajos.</em></p>
<p><strong>En Este Otoño</strong></p>
<p>De pronto sin notarlo se otoñaron mis sienes,</p>
<p>se alargaron las sombras del recuerdo en mi mente,</p>
<p>del árbol de la vida las hojas lentamente</p>
<p>alfombraron los senderos y los terraplenes.</p>
<p>Primavera perdida, si acaso ya no vienes,</p>
<p>que al menos tus colores adornen el poniente;</p>
<p>yo aturdiré mis horas, oh, tiempo, vanamente,</p>
<p>para olvidar tu paso en que jamás te detienes.</p>
<p>Será mi loco empeño rescatar del olvido</p>
<p>los seres que se fueron de mi vera algún día,</p>
<p>en mis propios retoños, sus gestos, su alegría.</p>
<p>Tiempo recuperado, sutil e indefinido,</p>
<p>en que habrá de verdecer mi verano cumplido</p>
<p>y dejará mi pena de amar la lejanía.</p>
<p><strong>Gracias por todo!!!</strong></p></blockquote>
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		<item>
		<title>Domingo de la Semana 4ª del Tiempo Pascual. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 12:30:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«El Buen Pastor da la vida por sus ovejas» Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 8 &#8211; 12 «Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, puesto que con motivo de la obra realizada en un enfermo somos hoy interrogados por quién ha sido éste curado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«El Buen Pastor da la vida por sus ovejas» </em></p>
<p><strong>Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 8 &#8211; 12</strong></p>
<p>«Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, puesto que con motivo de la obra realizada en un enfermo somos hoy interrogados por quién ha sido éste curado, sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros  crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros. Él es <em>la piedra que</em> vosotros, <em>los constructores</em>, habéis <em>despreciado</em> y <em>que se ha convertido en piedra  angular</em>. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Juan 3, 1-2</strong></p>
<p>«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce  porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 10, 11- 18  </strong></p>
<p>«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>Este cuarto Domingo de Pascua se conoce como el «Domingo del Buen Pastor» porque cada año se medita una parte del capítulo 10 del Evangelio de San Juan conocido como el discurso del Buen Pastor. El año 1964, el Papa Pablo VI quiso acoger la recomendación hecha por el mismo Jesús: <em>«La cosecha es mucha, pero los obreros son pocos; rogad, pues, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su cose­cha</em>» (Mt 9,36-38); e insti­tuyó en este Domingo de Pascua la Jornada de Ora­ción por las Vocacio­nes.</p>
<p>El Evangelio de Buen Pastor nos ofrece la oportunidad de poder profundizar en el amor que Jesucristo tiene por cada uno de nosotros. Él es el único y verdadero Buen Pastor que ha dado libremente su vida por sus ovejas (Evangelio). Él es también la piedra angular que ha sido despreciada y el único nombre por el cual podemos alcanzar la salvación (Primera Lectura). En Él podremos llegar a ser <em>«hijos en el Hijo»</em> (Segunda Lectura). Quien desee comprenderse y entenderse a sí mismo, no según los criterios superficiales del «mundo»; debe de dirigir su mirada a Aquel que le revela al hombre su «identidad y misión». Solamente en Jesucristo podremos entender lo que somos y lo que estamos llamados a ser. ¡He aquí nuestra sublime dignidad!</p>
<p><strong>Pedro y Juan ante el Sanderín<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a></strong><strong>[1]</strong></p>
<p>La semana pasada habíamos visto como Pedro había predicado al pueblo reunido en el pórtico de Salomón después de la curación del tullido de nacimiento. Luego de la predicación; los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos prenden a Pedro y a Juan poniéndolos bajo custodia hasta el día siguiente ya que, por ser tarde, no podía reunirse el Sanedrín<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2]. El Sanedrín no pone en duda el hecho milagroso de la cura que es evidente por sí mismo, sino que le preguntan a Pedro y a Juan ¿con qué poder o en nombre de quién, que viene a ser lo mismo, han obrado el milagro?</p>
<p>La respuesta de Pedro, hablando también en nombre de Juan, va directamente a la pregunta: ha sido curado por el poder (en nombre) de Jesús. Vemos en todo el pasaje cómo la Crucifixión y la Resurrección son los dos hechos fundamentales en la historia de Jesús y de la fe cristiana. La crucifixión del «Nazareno»<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3] por obra de las autoridades era la prueba más clara de la realidad histórica de la muerte de Jesús.</p>
<p>La Resurrección, que implica volver a la vida en estado de gloria, es la evidencia del poder de Jesús, del cual Pedro y Juan  son humildes instrumentos. Todo esto Pedro no lo dice en nombre propio ya que era reconocido como «un hombre sin instrucción y  cultura» (ver Hch 4,13). La admiración que manifiesta el Sanedrín nos muestra que habló por el Espíritu Santo, «el alma de nuestra alma» como la define Santo Tomás de Aquino, cumpliéndose así la promesa del Señor: <em>«más cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablareis sino el Espíritu de vuestro Padre que hablará en vosotros» (Mt 10,19- 20).</em></p>
<p>«<strong>Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios&#8230;»</strong></p>
<p>San Juan, el apóstol amado, en su primera carta no puede contener la emoción de recordar a sus lectores el don maravilloso que Dios nos ha concedido: «la filiación divina». El amor de Dios es tan grande, que no se contenta con darnos solamente bienes: nos ha dado a su Hijo único (ver Jn 3,16) en esa primera y perfecta participación de nuestra humanidad en su divina naturaleza, que es la Encarnación del Verbo. Y aún ha ido más lejos. El amor de Dios es tan generoso, tan difusivo, que llega a engendrarnos por amor a la vida divina. Todo el texto está lleno de asombro y admiración.</p>
<p>Termina el apóstol dirigiendo una mirada hacia el futuro. Lleno de nostalgia por la visión beatífica, impaciente de contemplar el Verbo; traslada a sus oyentes al momento en que Jesucristo hará su última aparición lleno de gloria y entonces se manifestará también la plenitud de nuestra vida divina en la casa del Padre. <em>«Seremos semejantes a Él»;</em> se afirma la igualdad con Cristo; viviremos donde Él vive, como Él vive, con la misma finalidad de su vida. Somos hijos de Dios gracias al Hijo. Jesús posee «el nombre» y la igualdad con Dios (Jn 17,11-12) y ha hecho partícipes de esta realidad a sus discípulos (Jn 17,6.26). Desde esta realidad entendemos mejor cuando Juan afirma que <em>«todo el que ha nacido de Dios no comete pecado»</em> (1Jn 3,9). Es decir debe de vivir de acuerdo a lo que es y está llamado a ser.</p>
<p><strong> «Yo soy el Buen Pastor »</strong></p>
<p>Las palabras de Jesús del Evangelio dominical hay que entenderlas en el contexto de un pueblo que desde sus orígenes se distinguía por ser nómade y convivir con sus rebaños. Es así que cuando José, vendido en Egipto por sus hermanos y, por intervención providencial de Dios, transformado en «vizir» de ese país; invita a sus hermanos a establecerse en Gosén, dice al Faraón: <em>«Mi padre, mis hermanos, sus ovejas y vacadas y todo lo suyo han venido de Canaán y ya están en el país de Gosén».</em> Y a la pregunta del Faraón: <em>«¿Cuál es vuestro oficio?»,</em> los hermanos responden: <em>«Pastores de ovejas son tus siervos, lo mismo que nuestros padres</em>» (Gen 47,1.3). Pronto se desarrolló la metáfora de que el gobernante era el pastor del pueblo, porque a él correspondía la misión de guiarlo, protegerlo, procurar su bienestar y favorecer su vida.</p>
<p>Dos veces hablará Jesús sobre su identidad en el texto dominical:<strong> </strong><em>«Yo soy el buen pastor».</em> Y en ambos casos indica los motivos que justifican esta afirmación. A esta expresión de su identidad hay que agregar ésta otra afirmación: <em>«Habrá un solo rebaño, un solo pastor»</em>. De ésta manera Jesús no solamente es el «buen pastor» sino que es el «único y verdadero pastor». El primer motivo expresado para identificarse con el pastor es evidente: <em>«el buen pastor da su vida por las ovejas»</em>. En esto difiere radicalmente del «asalariado» a quien no pertenecen sus ovejas.</p>
<p>En efecto, el asalariado ve venir el lobo y huye, porque vela más por su propia vida y seguridad que por la vida de las ovejas. Sabe de los daños que puede ocasionar el lobo y prefiere ponerse a salvo antes que impedirlo porque, en el fondo, no le interesan las ovejas. El buen pastor prefiere el bienestar de las ovejas al suyo propio. Jesús da la vida por sus ovejas solamente impulsado por el amor ya que es acto absolutamente libre. Su muerte no es algo que Él acepte contra su voluntad, aunque así haya parecido a los ojos de los hombres. Él mismo lo dijo: <em>«Por eso me ama mi Padre, porque yo doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita: yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y recobrarla de nuevo» </em>(Jn 10,17).</p>
<p>Era imposible que alguien pudiera quitar a Jesús la vida contra su voluntad, ¡a él, que es la fuente de la vida! Juan, cuando contempla el misterio del Verbo Encarnado, observa: <em>«En él estaba la vida</em>» (Jn 1,4). Y en dos de sus más famosas auto-afirmaciones:<em>«Yo soy»</em> del mismo Evangelio; Jesús dice: <em>«Yo soy el camino, la verdad y la vida&#8230; Yo soy la resurrección y la vida</em>» (Jn 14,6; 11,25). Su muerte fue un «sacrificio» ofrecido al Padre por la reconciliación del mundo, sacrificio en el cual Jesús es la víctima y el sacerdote. Su único motivo es el amor: amor al Padre, a quien dio gloria con ese acto, y a los hombres, a quienes redimió de la esclavitud del pecado y de la muerte.</p>
<p><strong>«Ellas me conocen&#8230;»</strong></p>
<p>Jesús afirma: <em>«Yo soy el buen pastor»</em>, por un segundo motivo: <em>«Conozco a mis ovejas y ellas me conocen»</em>. En realidad este segundo motivo coincide con el primero aunque agrega un nuevo matiz. En la Biblia el órgano del conocimiento es el corazón del hombre. «Conocer» en la Biblia no coincide con nuestra noción de conocer en la cual prevalece el aspecto intelectual. En la Biblia «conocer» es inseparablemente «conocer y amar». Él es el Buen Pastor no sólo porque conoce a las ovejas de ese modo, sino por la medida del amor. <em>«Como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre»</em> (Jn 10,15). Él es el Buen Pastor porque ama las ovejas; pero también porque las ovejas lo conocen y le aman.</p>
<p>No se podría dejar de lado un motivo más, ya que es el que más apasiona a Jesús: <em>«Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también tengo que conducir y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor» </em>(Jn 10, 16).  Se refiere a todos los pueblos de la tierra. Él fue enviado a las «ovejas perdidas de la casa de Israel». Pero tiene que formar «un solo rebaño» de todos los pueblos. Y esa es la misión que confió a los apóstoles: <em>«Haced discípulos míos de todos los pueblos»</em> (Mt 28,19).</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Venerados hermanos en el episcopado; queridos hermanos y hermanas: La celebración de la próxima Jornada mundial de oración por las vocaciones me brinda la ocasión para invitar a todo el pueblo de Dios a reflexionar sobre el tema de &#8220;La vocación en el misterio de la Iglesia&#8221;. El apóstol san Pablo escribe: &#8220;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (&#8230;). En Él nos ha elegido antes de la creación del mundo, (&#8230;) predestinándonos a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo&#8221; (Ef 1, 3-5). Antes de la creación del mundo, antes de nuestra venida a la existencia, el Padre celestial nos eligió personalmente, para llamarnos a entablar una relación filial con Él, por medio de Jesús, Verbo encarnado, bajo la guía del Espíritu Santo.</em></p>
<p><em></p>
<p>Muriendo por nosotros, Jesús nos introdujo en el misterio del amor del Padre, amor que lo envuelve totalmente y que nos ofrece a todos. De este modo, unidos a Jesús, que es la Cabeza, formamos un solo cuerpo, la Iglesia. El peso de dos milenios de historia hace difícil percibir la novedad del misterio fascinante de la adopción divina, que está en el centro de la enseñanza de san Pablo. El Padre, recuerda el Apóstol, &#8220;nos dio a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio (&#8230;) de hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza&#8221; (Ef 1, 9-10). Y añade con entusiasmo: &#8220;Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera Él el primogénito entre muchos hermanos&#8221; (Rm 8, 28-29). </em></p>
<p><em>La perspectiva es realmente fascinante: estamos llamados a vivir como hermanos y hermanas en Jesús, a sentirnos hijos e hijas del mismo Padre. Es un don que cambia radicalmente toda idea y todo proyecto exclusivamente humanos. La confesión de la verdadera fe abre de par en par las mentes y los corazones al misterio inagotable de Dios, que impregna la existencia humana. ¿Qué decir, entonces, de la tentación, tan fuerte en nuestros días, de sentirnos autosuficientes hasta tal punto de cerrarnos al misterioso plan de Dios sobre nosotros? El amor del Padre, que se revela en la persona de Cristo, nos interpela. </em></p>
<p><em>Para responder a la llamada de Dios y ponerse en camino no es necesario ser ya perfectos. Sabemos que la conciencia de su pecado permitió al hijo pródigo emprender el camino de regreso y experimentar así la alegría de la reconciliación con el Padre. Las fragilidades y los límites humanos no constituyen un obstáculo, con tal de que nos ayuden a tomar cada vez mayor conciencia de que necesitamos la gracia redentora de Cristo. Ésta es la experiencia de san Pablo, que afirmaba: &#8220;Con sumo gusto seguiré gloriándome en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo&#8221; (2 Co 12, 9)».</em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Mensaje por la XLII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 5 de marzo de 2006</em></p>
<p>&#8216; <strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><em>1. San Gregorio nos dice comentando este pasaje: «</em><em>Lo primero que debemos hacer es repartir generosamente nuestros bienes entre sus ovejas, y lo último dar, si fuera necesario, hasta nuestra misma vida por estas ovejas. Pero el que no da sus bienes por las ovejas, ¿cómo ha de dar por ellas su propia vida?».  </em></p>
<p><em>2. ¿Quiénes son los malos pastores? Leamos el pasaje de Ezequiel 34, 1-16. Son todas aquellas personas que se desviven para ser servidas en lugar de servir; que buscan sobresalir a costa del hermano; que sólo se miran a sí mismos y no ven a Cristo en el rostro del hermano, especialmente, en los más necesitados.   </em></p>
<p><em>3. Leamos con atención en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 753-754. 756. 1026- 1029.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Sanedrín: era el Gran Consejo de notables de Israel, establecido después del exilio para el gobierno de la comunidad judía. Lo integraban 71 miembros y era presidido por el Sumo Sacerdote.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Aquí es interesante recordar cómo el juicio a Jesús fue en la noche. Esto estaba prohibido y por lo tanto el juicio y la condenación a Jesús fue ciertamente irregular.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] Nombre como era conocido Jesús. Este dato nos remite una vez más a la historicidad de todo el relato.</p>
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		<title>Domingo de la Semana 3ª de Pascua. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 14:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo» Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19 «Pedro, al ver esto, se dirigió al pueblo: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo = Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo» </em></p>
<p><strong>Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19</strong></p>
<p>«Pedro, al ver esto, se dirigió al pueblo: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo = Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad. Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, y matasteis al Jefe que lleva a la Vida.</p>
<p>Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos  de ello. Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo  padecería. Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados”.»</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Juan 2,1-5</strong></p>
<p>«Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo le conozco” y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 35- 48  </strong></p>
<p>«Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: “¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo”. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.</p>
<p>Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: “¿Tenéis aquí algo de  comer?” Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: “Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.” Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong><strong> </strong></p>
<p><strong> El nexo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito…acerca de mí». </em>Sin dudauno de los temas centrales de este Domingo es el poder entender mejor el sentido reconciliador del sacrificio de Jesús en la Cruz. Ante todo es Jesús mismo quien les hace ver a los incrédulos Apóstoles que todo aquello que había sido escrito acerca del «Mesías» tuvo pleno cumplimiento en su Muerte y Resurrección (Evangelio). En ese sentido, Pedro cabeza visible de la primera comunidad, muestra la continuidad entre el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; con el Dios que ha glorificado a nuestro Señor Jesús por el Espíritu Santo (Primera Lectura). San Juan hablará del «Justo» que aboga por nosotros ante el Padre por nuestros pecados (Segunda Lectura). Allí donde se anuncie el misterio de Cristo deberá también anunciarse el perdón de los pecados y la conversión (el cambio de vida). Éste ha sido el pedido hecho por Jesús Resucitado a sus Apóstoles (Evangelio).</p>
<p><strong>«</strong><strong>Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados</strong><strong>»</strong><strong> </strong></p>
<p>En la Primera Lectura tenemos una parte del discurso que Pedro dirige al pueblo israelita congregado en el pórtico de Salomón después de la curación de un tullido de nacimiento. La consecuencia de esta curación así como de la predicación realizada, fue, por un lado, la conversión de unos cinco mil hombres<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1] y por otro el primer encarcelamiento de Juan y de Pedro por predicar la «Buena Nueva» (ver Hch 4).</p>
<p>Pedro inicia su discurso descartando toda causa humana como principio de curación: el milagro se ha realizado por la fe en el nombre de Jesús. En el discurso vemos cómo se afirma el mensaje central del <em>«</em><em>kerigma cristiano»</em>: la Muerte y la Resurrección de Jesús. El Dios que ha resucitado a Jesús de entre los muertos es el mismo y único Dios que guía toda la historia de Israel desde sus orígenes. El evento de la Resurrección de Jesús, por lo tanto, no es una ruptura con la historia del pueblo de la Antigua Alianza sino su plenitud, de igual forma que la Iglesia nacida de la Pascua debe considerarse siempre en continuidad con el pueblo elegido.</p>
<p>Luego Pedro hace mención del famoso cántico del <em>«Siervo de Yahveh»</em> (Is 52,13 &#8211; 53,12) en el que los cristianos reconocen a Jesús quien es llamado de <em>«Santo y Justo».</em> Según la mentalidad judía la categoría de «Santo» solamente podía adjudicarse a Dios mismo (ver Is 53,11. Lc 1,35; 4,34) y la de «Justo» a aquella persona que cumple fielmente la voluntad de Dios (ver Mt 1,19).</p>
<p>Termina Pedro su discurso, exhortando al arrepentimiento y a la conversión cuya señal sensible será el bautismo sacramental. Vemos cómo ha utilizado dos verbos griegos: <em>metanoein: arrepentirse</em>, es decir, tomar conciencia del pecado cometido; y <em>epistrephein: </em> <em>volverse</em>, es decir, orientar la vida hacia Dios y hacia Cristo, adhiriéndose a su voluntad en el plano moral. En el caso de los paganos la conversión supone una vuelta al verdadero Dios; pero en el caso de los judíos consiste en la aceptación de Jesús como «Señor» (ver 2 Cor 3,16. Hch 9,35).</p>
<p><strong>La plenitud del amor&#8230;guardar sus mandamientos</strong></p>
<p>«El discípulo amado», San Juan, abre su corazón para dejarnos esta bellísima carta que inicia diciendo <em>«Hijitos míos&#8230;»</em> que es la misma forma como Jesús se dirige a sus apóstoles en la noche de su despedida. Este diminutivo lo repetirá con frecuencia en la carta; alternando con otros apelativos de cariño como dilectísimos, hijos pequeños, etc. Ésta expresión descubre el amor paternal del ya anciano apóstol. Dios es luz y nosotros estamos llamados a caminar en la luz (ver 1Jn 1, 5-7). La luz es una designación de la realidad divina que, como tal, se ha manifestado en Cristo. De este modo ha quedado iluminada la existencia humana; el hombre puede orientar su vida desde esta luz.</p>
<p>La intención del Evangelista es que no pequemos, sin embargo dada nuestra fragilidad los más probable es que lo hagamos. Ante esta realidad tenemos no sólo un abogado defensor en Jesucristo sino que Él mismo es víctima que se da en reparación por nuestros pecados. Es muy interesante notar que la forma verbal utilizada se encuentra en presente<strong><em>: </em></strong><em>«tenemos uno que abogue&#8230;».</em> En su cuerpo glorificado, el Hijo está continuamente ofreciéndose e intercediendo al Padre por nosotros. Se trata de una economía permanente, perpetua; no de una propiciación que tuvo lugar hace tiempo. Finalmente, el caminar en la luz consiste no sólo en evitar el pecado sino fundamentalmente vivir de acuerdo a los mandamientos dejados por el Señor que no es sino vivir el amor. Ya que <em>«quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza» </em>(1Jn 2,10).</p>
<p>J <strong>«¡Es verdad el Señor ha Resucitado!»</strong></p>
<p>El Evangelio de este Domingo es la inmediata continuación del relato sobre los discípulos de Emaús quienes van a reconocer al Señor <em>«al partir el Pan y darles de comer».</em> En ese momento, aunque el día ya declinaba y habían caminado más de 10 kilómetros; volvieron alegres y presurosos a dar la buena noticia a los apóstoles: <em>«¡Cristo resucitó, caminó con nosotros y lo reconocimos al partir el pan!»</em> Ellos encontraron a los once reunidos que los recibieron con este saludo: <em>«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» </em>(Lc 24,34)ya quefue el testimonio de Simón Pedro el que realmente tuvo peso ante los apóstoles. El testimonio de las mujeres o de Juan no había bastado y tampoco habría bastado el de los discípulos de Emaús. Sólo Pedro había recibido del Señor la misión de <em>«confirmar a los hermanos»</em> (Lc 22,32)<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2].</p>
<p>En medio de esta algarabía aparece Jesús y les ofrece el saludo de la paz. Los discípulos no se alegran sino que se encuentran <em>«sobresaltados y asustados».</em> Es decir, veían a Jesús, pero no creían que fuera real. ¿Cómo se explica esta reacción de los mismos que en ese preciso momento estaban diciendo: «<em>¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado!»?</em> ¿Qué entendían ellos por resucitar? El Evangelio de este Domingo nos aclara qué significa «resuci­tar de entre los muer­tos», de manera que a nosotros no nos quede duda alguna.</p>
<p>El texto griego dice claramente: <em>«Creían ver un espíritu»</em> (pneuma). Sin embargo, algunas traducciones usan la palabra «fan­tasma». Es porque se comprende que un espíritu no puede ser visto. Pero, si cambiamos el texto, entonces la frase siguiente de Jesús queda fuera de contex­to: <em>«Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo</em>». Un espíritu no es accesi­ble a los sentidos, porque es inmaterial. En cambio, Cristo resucita­do tiene un cuerpo que puede palparse. En seguida, Jesús confirma su identidad; lo hace mostrando sus manos y sus pies: <em>«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo».</em></p>
<p>Para nosotros este modo de identificación resulta extraño. ¿No habría sido mejor que les mostrara su rostro? Jesús muestra las manos y los pies porque en ellos están las señales de los clavos con que fue clavado a la cruz. Su gesto quiere decir: <em>«Yo soy el mismo que estuve crucificado, que morí en la cruz y fui sepultado; y ahora ¡estoy vivo!».</em> No soy alguien que se le parezca, sino que soy el mismo. Yo mismo he pasado de la muerte a la vida: ¡he derrotado a la muerte! Por eso San Pablo declara con firmeza: <em>«Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los ju­díos, necedad para los gentiles, más para los llamados, lo mismo judíos que gentiles, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios»</em> (1Cor 1,23-24). Nada se sostiene sin la cruz de Cristo, pues era necesario que Él padeciera la cruz para entrar así en la gloria y obtenernos la reconciliación.</p>
<p>Mientras Jesús les mostraba sus manos y sus pies se iban abriendo paso en la mente de los apóstoles la alegría y el asom­bro. Pero el Evan­gelio no dice que alguno de ellos palpara efectivamente a Jesús para verificar. Por eso Jesús pre­gunta: <em>«¿Tenéis aquí algo de comer?».</em> El relato continúa y tomando un pescado asado come delante de ellos. Nunca nos había mostrado el Evangelio a Jesús comiendo, salvo cuando ha resucitado (ver Jn 21,9-10.13). ¡Ya no puede haber duda de quién está con ellos! Jesús continúa diciéndoles que Él había predicho su resurrección. El Evangelio registra por lo menos tres anuncios de su Pasión y Resurrección, que Jesús hizo cuando estaba con sus discípulos. Ahora que ellos lo vieron vivo y creyeron, Jesús les encomienda la misión: <em>«predicar en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén». </em></p>
<p>En el Evangelio se confirma un hecho constante. En todas las apariciones de Jesús Resucitado, los que lo ven no lo reconocen, a pesar de haber sido del círculo de sus discípulos cercanos. Es porque el reconocimiento de Jesús resucitado es un hecho de fe y no solamente una verificación sensorial. El Evangelio quiere expresar así que Jesús no volvió simplemente a la vida terrena sino que resucita en un «cuerpo glorioso». Para reconocer a Cristo resucitado es necesario entonces el testimonio interior del Espíritu Santo. Ahora podemos contestar esta pregunta ¿Cómo vemos nosotros a Jesús Resucitado? Lo vemos por la fe, gracias a la conjunción de  dos testimonios: el de los apóstoles y nuestra apertura al Espíritu Santo.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Queridos hermanos y hermanas: a la luz del misterio pascual, que la liturgia nos invita a celebrar durante toda esta semana, me alegra volver a encontrarme con vosotros y renovar el anuncio cristiano más hermoso: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! El típico carácter mariano de nuestra cita nos impulsa a vivir la alegría espiritual de la Pascua en comunión con María santísima, pensando en la gran alegría que debió de sentir por la resurrección de Jesús. En la oración del Regina caeli, que en este tiempo pascual se reza en lugar del Ángelus, nos dirigimos a la Virgen, invitándola a alegrarse porque Aquel que llevó en su seno ha resucitado: «Quia quem meruisti portare, resurrexit, sicut dixit».</em></p>
<p><em> María guardó en su corazón la «buena nueva» de la resurrección, fuente y secreto de la verdadera alegría y de la auténtica paz, que Cristo muerto y resucitado nos ha obtenido con el sacrificio de la cruz. Pidamos a María que, así como nos ha acompañado durante los días de la Pasión, siga guiando nuestros pasos en este tiempo de alegría pascual y espiritual, para que crezcamos cada vez más en el conocimiento y en el amor al Señor, y nos convirtamos en testigos y apóstoles de su paz».</em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Regina Caeli, 17 de abril de 2006.  </em></p>
<p>&#8216; <strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>1. Generalmente somos un poco duros para juzgar a Tomás por su incredulidad ante el testimonio de sus hermanos en la fe. Sin embargo en este Domingo vemos cómo los demás apóstoles tuvieron miedos y dudas. El Señor mismo les dice que palpen y vean sus heridas. ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Acaso nosotros no pedimos, también, señales para creer? ¿Somos acaso «testigos del Resucitado» con nuestro propio testimonio de vida? </em></p>
<p><em>2. El auténtico «conocimiento» de Dios se muestra con un comportamiento conforme el Plan del Padre. Es con la vida que demostramos que conocemos a Dios: «el que dice: ‘yo lo conozco’, pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él». </em></p>
<p><em>3. Leamos con atención en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 645 &#8211; 658</em><strong> </strong></p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Recordemos que sin contar a las mujeres y a los niños.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Antes del anuncio de su triple negación, Jesús tiene la fineza de decirle a Pedro: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha  solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» (Lc, 22,31-32).</p>
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		<title>El Papa aceptó la renuncia de Mons. Juan Carlos Romanín</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 13:58:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[CEA]]></category>
		<category><![CDATA[renuncia de Mons. Juan Carlos Romanín]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 18 Abr. 2012 (AICA):El Santo Padre, Benedicto XVI, en conformidad con el canon 401, 2 del Código de Derecho Canónico, aceptó la dimisión al gobierno pastoral de la diócesis de Río Gallegos, presentada por monseñor Juan Carlos Romanín SDB. Con la publicación de esta noticia, hoy, miércoles 18 de abril, el obispo auxiliar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Buenos Aires, 18 Abr. 2012 (AICA):</strong>El Santo Padre, Benedicto XVI, en conformidad con el canon 401, 2 del Código de Derecho Canónico, aceptó la dimisión al gobierno pastoral de la diócesis de Río Gallegos, presentada por monseñor Juan Carlos Romanín SDB.</p>
<p>Con la publicación de esta noticia, hoy, miércoles 18 de abril, el obispo auxiliar de la diócesis, monseñor Miguel Ángel D’Annibale, asume las responsabilidades de Administrador Apostólico “sede vacante”.</p>
<p>La información fue dada por el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, a través de la agencia AICA.</p>
<p><strong>Mons. Juan Carlos Romanín SDB<br />
<img src="http://www.aica.org/aica/igl_arg/obispos/ob_fotos/2006_Romanin.jpg" alt="" width="150" height="150" align="left" border="1" hspace="10" vspace="5" /></strong>El renunciante obispo de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanín, quien desde hace un tiempo se encuentra enfermo, nació en Sarandí, Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 4 de noviembre de 1954; fue ordenado sacerdote en la Sociedad Salesiana de Don Bosco el 24 de octubre de 1981. Elegido obispo de Río Gallegos el 25 de octubre de 2005 por Benedicto XVI, recibió la ordenación episcopal el 17 de diciembre de 2005 de manos de monseñor Agustín Radrizzani SDB. Tomó posesión de la sede e inició su ministerio pastoral como cuarto obispo de Río Gallegos el 7 de enero de 2006. Desde ahora será obispo emérito de Río Gallegos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Mons. Miguel Ángel D’Annibale<br />
<img src="http://www.aica.org/aica/igl_arg/obispos/ob_fotos/2012_Dannbale.jpg" alt="" width="150" height="150" align="left" border="1" hspace="10" vspace="5" /></strong>Nació en Florida, Vicente López, provincia de Buenos Aires, el 27 de marzo de 1959; fue ordenado sacerdote el 6 de diciembre de 1985. Elegido obispo titular de Nasai y auxiliar de Río Gallegos el 19 de febrero de 2011 por Benedicto XVI, fue ordenado obispo el 29 de abril de 2011, en el salón Juan Pablo II, del colegio Carmen Arriola de Marín de San Isidro, por monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro. Inició su ministerio episcopal como obispo auxiliar de Río Gallegos en el Santuario San Cayetano de la capital santacruceña el 22 de mayo de 2011. Es licenciado en Teología Dogmática. Desde ahora es Administrador Apostólico de Río Gallegos.+</p>
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		<title>Domingo de la Semana 2ª de Pascua. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 23:21:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Varios]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Señor mío y Dios mío» Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-35 «La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino  que todo era en común entre ellos. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Señor mío y Dios mío» </em></p>
<p><strong>Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-35</strong></p>
<p>«La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino  que todo era en común entre ellos. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Juan 5, 1-6</strong></p>
<p>«Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. Pues, ¿quien es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es el que vino por el agua y por la sangre: Jesucristo; no solamente en el agua, sino en el agua y en la sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la Verdad».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20, 19 -31  </strong></p>
<p>«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.</p>
<p>Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros”. Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”.</p>
<p>Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído”. Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«La multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma».</em> Sin duda el ideal del amor a Dios y al prójimo era vivido de manera plena por la primera comunidad cristiana como leemos en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles. Una comunidad donde la comunión de pensamientos y sentimientos se traducía en el compartir fraterno <em>«según la necesidad de cada uno»</em>; dando así testimonio de la Resurrección de Jesucristo (Primera Lectura).</p>
<p>La primera carta del apóstol San Juan escrita cuando ya la comunidad cristiana había experimentado diversas y dolorosas pruebas<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1], hace presente que <em>«quien ha nacido de Dios»</em>, es decir, el que tiene fe en el amor de Dios y vive de acuerdo a sus mandamientos, ha vencido al mundo. Para vencer al mundo hay que creer en el Hijo de Dios (Segunda  Lectura). El Evangelio nos presenta la primera semana del Resucitado donde se nos otorga el don del Espíritu Santo, el perdón de los pecados; así como el mandato misionero. También vemos como la incredulidad de Tomás termina, ante la evidencia del Señor Resucitado, proclamando la divinidad de Jesús. Sin duda será la fe en «Jesús Resucitado» lo que unificará nuestras lecturas dominicales en este segundo Domingo Pascual.</p>
<p><strong>«Domenica en albis»</strong></p>
<p>La solemnidad de la Resurrección del Señor nos hace participar en el hecho central de nuestra fe cristiana. Así lo afirma el Catecismo: <em>«La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documen­tos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz</em><em>»<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a><strong>[2]</strong>. </em>Dos fiestas del Año Litúrgico son celebradas durante un «día largo» que dura ocho días del calendario: La Natividad y la Resurrección del Señor. La celebra­ción de la Resu­rrección del Señor dura estos ocho días y éste segundo Domingo de Pascua es el último día de la «octa­va de Pascua».</p>
<p>Tradicionalmente la noche de Pascua era el momento en que los catecúmenos (conversos que habían sido instruidos en la fe cristiana) recibían los sacramentos de la ini­ciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Euca­ristía. Ellos realizaban sacramental­mente los mismos pasos que Cristo: muerte al pecado y resurrección a una vida nueva. En esa ocasión los recién bautiza­dos reci­bían una túnica blanca con estas palabras: <em>«Recibe esta vestidura blanca, signo de la digni­dad de cristiano. Consér­vala sin mancha hasta la vida eter­na</em>». Y la debían llevar durante toda la octava de Pas­cua. Este segundo Domingo de Pascua se llama la <em>«domenica in albis»</em>, porque los recién bautizados debían partici­par en la liturgia dominical reves­tidos de esta túnica alba que habían recibido el Domingo anterior.</p>
<p><strong>«Recibid el Espíritu Santo»</strong></p>
<p>Tomás se hallaba ausente duran­te la primera aparición de Jesús que es cuando vemos el cumplimiento de la promesa del «Espíritu Santo». Efectivamente Jesús realiza un gesto expresivo: <em>«Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíri­tu Santo»</em>. Así como Dios, al crear al primer hombre del barro, sopló en sus narices y el hombre fue un ser viviente, de la misma manera, el soplo de Jesús, con el cual comunica el Espíritu Santo, da comienzo a una nueva creación. Con el don del Espíritu Santo comenzaron también los apóstoles su misión de prolongar en el mundo la misma obra de Jesús. Por eso, junto con darles el Espíritu, Jesús explica el senti­do de este don: <em>«Como el Padre me envió, también yo os envío»</em>.</p>
<p>En esto los apóstoles se asemejan a su Señor: en que poseen el mismo Espíritu. Y no sólo en esto, sino también en que poseen el poder de comunicarlo a los demás; de lo con­trario, muerto el último apóstol, habría acabado la obra de Cristo. La comunicación de este don tiene lugar en todos los sacramentos de la Iglesia, pero es el efecto específico de uno de ellos: la Confir­mación. Las palabras con que el Obispo acompaña el gesto de la unción son éstas: <em>«Recibe, por esta señal, el don del Espíritu Santo»</em>.</p>
<p><strong>«Dichosos los que no han visto y han creído»</strong></p>
<p>Después de la aparición del Maestro, los apóstoles le dijeron a Tomás: <em>«Hemos visto al Señor».</em> Él ciertamente debió haber creído que habían tenido la aparición de algún ser trascendente, pero que éste fuera el mismo Jesús, eso era más de lo que podía aceptar. Curiosamente los apóstoles tuvieron esa misma impresión como leemos en el texto de San Lucas: <em>«Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: “&#8230;Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo”. Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies» </em>(Lc 24,37- 40)<em>. </em>Después de esta experiencia en que habían palpado al Señor Resucitado, habían verificado que había carne y huesos, los apóstoles podían asegurar a Tomás: <em>«¡Hemos visto al Señor!»</em>.</p>
<p>Pero Tomás también necesitaba verificar por sí mismo que el aparecido era Jesús. Una vez que él mismo lo verificó hizo tal vez el más explícito acto de fe de todo el Evangelio al reconocer a Jesús como: <em>«¡Señor mío y Dios mío!».</em> Tomás vio a Jesús Resucitado y lo reconoció como a su Dios. Su acto de fe va más allá de lo que vio. El encuentro con Jesús Resucitado y su apertura al Espíritu Santo lleva a Tomás a la plenitud de la fe. La fe es un don gratuito de Dios, que Él concede libremente y, en este caso, Dios quiere concederla, con ocasión de algo que se ve, de un «signo visible». Es cierto que nosotros no hemos visto al Señor Resucitado; pero nuestra fe se basa en el testimonio vivo de los mismos apóstoles y de la Iglesia. Es por eso que en los discursos de Pedro es constante la frase: <em>«A este Jesús Dios, lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos» </em>(ver Hch 2,32. 3,14-15. 5,30.32). Sobre este testimonio se funda nuestra fe. Por eso nos hacemos merecedores de la bienaventuranza que Jesús le dice a Tomás: <em>«Dichosos los que no han visto y han creído». </em></p>
<p><strong>La nueva vida: tenían todo en común</strong></p>
<p><em>«La nueva vida que se concede a los creyentes en virtud de la resurrección de Cristo, consiste en la victoria sobre la muerte del pecado y en la nueva participación en la gracia»<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a><strong>[3]</strong>,</em> nos dice el recordado Juan Pablo II. Esta vida nueva se ve claramente graficada en esta segunda descripción de la comunidad primitiva (Hech 2,42 &#8211; 44). El espíritu de unión y caridad fraterna actúa tan poderosamente, que los que poseen bienes no los consideran suyos sino que someten todo a la necesidad del prójimo regulada por la autoridad de los apóstoles. La unión fraterna, en el Señor, es tan grande que tenían <em>«un solo corazón y una sola alma»</em>. El par de términos «corazón-alma» recuerda el vocabulario que en el libro del Deuteronomio designa la existencia entera de la persona abierta a Dios (ver Dt 6,5; 10,12; 11,13; 13,4). La fuerza de su testimonio y predicación nacía de la coherencia en la vivencia del amor que nace del amor de Dios manifestado en la Resurrección de Jesucristo: <em>«En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos» </em>(1Jn.5, 2).</p>
<p><strong>«Todo el que nace de Dios, vence al mundo…»</strong></p>
<p>En esta afirmación de la carta de San Juan encontramos una invitación profunda a volver a la raíz de nuestra fe. Nacer de Dios es recibir la fe, es recibir el bautismo y con él la gracia y la filiación divina. El mundo se presenta aquí como esa serie de actitudes, comportamientos, modos de pensar y de vivir que no provienen de Dios, que se oponen a Dios. Cristo mismo había dicho a sus apóstoles: <em>«vosotros estáis en el mundo, pero no sois del mundo</em>». Así pues, vencer al mundo significa <em>«ganarlo para Dios»</em>, significa <em>«restaurar todas las cosas en Cristo»,</em> piedra angular; significa valorar apropiadamente el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.</p>
<p>Por Encarnación entendemos el hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra reconciliación. En Cristo, Verbo de Dios hecho carne, nosotros los cristianos vencemos al mundo. Él ha establecido un <em>«admirable intercambio»</em>: Él tomo de nosotros nuestra carne mortal, nosotros hemos recibido de Él la participación en la naturaleza divina. Por otra parte, San Juan invita a sus lectores a no separar su fe de su vida y sus obras, peligro que vivía la comunidad de entonces, y peligro que vive el cristiano hoy. Se trata, pues, de amar a Dios y cumplir sus mandatos en nuestra vida cotidiana que no son una imposición externa, sino la verdad más profunda de nuestras vidas. Aquello que nos conducirá a una plena vida cristiana, aquello que finalmente triunfará sobre el mundo.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Su muerte fue un acto de amor. En la última Cena, Él anticipó la muerte y la transformó en el don de sí mismo. Su comunión existencial con Dios era concretamente una comunión existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es más fuerte que la muerte. La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del amor que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del «morir y devenir». Inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida, en la que también ha sido integrada la materia, de una manera transformada, y a través de la cual surge un mundo nuevo. </em></p>
<p><em>Está claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya realización podría ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en la historia de la «evolución» y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae hacia sí. Pero, ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo puede llegar efectivamente este acontecimiento hasta mí y atraer mi vida hacia Él y hacia lo alto? </em></p>
<p><em>La respuesta, en un primer momento quizás sorprendente pero completamente real, es la siguiente: dicho acontecimiento me llega mediante la fe y el bautismo…</em><em>El Bautismo significa precisamente que no es un asunto del pasado, sino un salto cualitativo de la historia universal que llega hasta mí, tomándome para atraerme. El Bautismo es algo muy diverso de un acto de socialización eclesial, de un ritual un poco fuera de moda y complicado para acoger a las personas en la Iglesia. También es más que una simple limpieza, una especie de purificación y embellecimiento del alma. Es realmente muerte y resurrección, renacimiento, transformación en una nueva vida»</em><em>.</em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Homilía de la Vigilia Pascual. 16 de abril de 2006. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.  </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>1. </em><em>Tomás no pudo quedar igual después del encuentro con Jesús Resucitado. Salió como un apóstol convencido, salió del cenáculo para anunciar a Cristo a sus hermanos. Cada uno de nosotros está llamado a experimentar el mismo amor de Cristo con tanta intensidad que no pueda seguir siendo el mismo. Cuando San Maximiliano Kolbe se encontraba de pie ante los oficiales nazistas viendo cómo condenaban a un hombre con familia a morir en el «bunker» del hambre, su corazón no quedó inactivo. Experimentó que él debía dar la vida, como Cristo la había dado por él. ¿Cuál es y hasta dónde llega mi coherencia cristiana? ¿Qué estoy haciendo por «vencer al mundo», por «ganarlo para Cristo», por ayudar a todos a alcanzar la reconciliación?</em><em> </em></p>
<p><em>2.</em><em> Este segundo Domingo de Pascua ha sido declarado por Juan Pablo II como el «Domingo de la Divina Misericordia». Título y tesoro que se ha difundido en las últimas décadas por impulso de Santa María Faustina Kowalska (1905-1938). La misericordia divina es, desde siempre, la más bella y consoladora revelación del misterio cristiano: «La tierra está llena de miseria humana, pero rebosante de la misericordia de Dios» (San Agustín). Ésta es siempre la «buena noticia» que debemos de comunicar a todos. </em><em> </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 448-449.641-644.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1]San Juan era pescador, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Probablemente fue seguidor de San Juan Bautista antes que Jesús lo llamará a ser su discípulo. San Juan hace parte del núcleo más íntimo de amigos de Jesús, junto con Pedro y Santiago.  Después de la Ascensión de Jesús, permaneció unos 14 años en Jerusalén. Luego vivió largo tiempo en Éfeso y finalmente fue desterrado a la isla de Patmos. Es autor de un Evangelio así como de tres cartas. En la primera carta,  San Juan previene contra quienes pretendían eximirse de los requisitos impuestos por la ética cristiana, en virtud de su conocimiento de Dios y su íntima relación con él (ver 1.6, 8; 2.4, 6; cf. 4.20). Además, estos negaban la verdadera encarnación de Cristo  basándose evidentemente en oráculos procedentes de una falsa &#8220;unción&#8221; divina. Los herejes en cuestión habían sido miembros de la iglesia, pero la habían dejado para buscar en el mundo una aceptación que el verdadero evangelio no les ofrecía.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 638.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] S.S. Juan Pablo II, 15 de marzo de 1989.</p>
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		<title>Mensaje del Obispo Diocesano para la Pascua de Resurrección</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2012 21:45:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diócesis]]></category>
		<category><![CDATA[Mensaje del Obispo Diocesano para la Pascua de Resurrección]]></category>

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		<description><![CDATA[Mc. 16,1-8 Las mujeres compraron perfumes para embalsamar el cuerpo muerto del Señor             El perfume significa la santidad, el “buen olor de Cristo, el perfume es el de la enamorada del “Cantar de los cantares”: “mientras el rey está en el lugar de reposo, mi nardo despide su perfume”. Dice uno de los padres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" rel="lightbox[4802]"><img class="aligncenter" src="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" alt="" width="300" height="54" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>Mc. 16,1-8</em></strong></p>
<p><em>Las mujeres compraron perfumes para embalsamar el cuerpo muerto del Señor</em></p>
<p>            El perfume significa la santidad, el <strong>“buen olor de Cristo</strong>, el perfume es el de la enamorada del “Cantar de los cantares”: “mientras el rey está en el lugar de reposo, mi nardo despide su perfume”. Dice uno de los padres de la Iglesia que el nardo que estaba en la esposa no dio su perfume hasta que tocó el cuerpo del esposo.</p>
<p>Esta fragancia del Espíritu no siempre se percibe enseguida, como las mujeres<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a> que llevan el frasco sellado, para purificar el olor a muerte del sepulcro, se encuentran con la sorpresa, el ungido ya no necesitará del nardo perfumado.</p>
<p>Es posible que en nuestro <strong>compromiso cristiano deseemos ser el buen olor de Cristo</strong>, pero el peso que produce nuestro mundo civilizado, nos abruma, nos hace ver sólo los signos de muerte, que son tantos en nuestra sociedad: muerte de ancianos que quieren vivir, muerte de niños que quieren nacer, muerte de jóvenes que esperaban tanto de la vida, muerte en vida de las esclavitudes de nuestro tiempo: trata de personas, desaparición de mujeres, trafico de drogas e insistencia en despenalizar, sin crear nuevos centros de internación y prevención con inversión, agresión a la tierra, y el derecho a ella de familias y comunidades, desprotección de los recursos naturales, desigualdad extrema de posibilidades….</p>
<p><em>Levantando lo ojos vieron que la piedra estaba corrida y era muy grande</em></p>
<p>El camino de la Fe puede mas que las buenas intenciones, es capaz de correr la pesada piedra, el camino de la Fe nos compromete a vivir <strong>“la dimensión social de la fe”</strong>: la fe como una adhesión personal del hombre a Dios, es al mismo tiempo e inseparablemente, el asentimiento libre a toda voluntad que Dios ha revelado. Al referirnos “<strong>a lo social</strong>” hacemos alusión a la <strong>búsqueda del bien común</strong>, o sea el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, que hacen posible, a las asociaciones y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.</p>
<p><em>Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido de blanco y se asustaron</em></p>
<p>Al sepulcro se entra descalzos y despojados, lo contrario sería la figura del “cruzado” que arremete a caballo, arrasa y “conquista el sepulcro”. ¿Somos una Iglesia abierta o abroquelada en estructuras caducas como un antiguo sepulcro?</p>
<p>Nos puede asustar el desafío, como a las mujeres esta presencia del joven vestido de blanco, él es figura del hombre nuevo, del <strong>hombre con esperanza, revestido con la vida y la realeza del heredero</strong> de las promesas porque está “sentado al lado derecho”. Es el corazón de la vida que se abre y dialoga, socializa con las mujeres que entraron al sepulcro.</p>
<p>Reconocemos que muchos cristianos viven la fe sólo desde una dimensión individual y no siempre es asumida la “dimensión social de la fe”. Esta tentación del ejercicio de una fe hecha a mi “conveniencia” aún en el lícito deseo de santidad personal, no asume que la fe implica siempre los dos mandamientos: el <strong>amor a Dios y la apertura a los hermanos</strong>. Esta tentación podría ser: “doy cosas a los demás, o la limosna a un pobre, y no asumo la corresponsabilidad de implicarme en la difícil y costosa tarea de superar situaciones de inequidad e injusticia social.</p>
<p><em>No se asusten buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado ha resucitado, no está aquí. </em></p>
<p>Este miedo, este susto se repite hasta cinco veces en este pasaje, no pueden entender que de la oscuridad de la muerte pueda surgir el sol del resucitado-crucificado.</p>
<p>Nos puede parecer imposible que Dios mismo salga al encuentro de la mujer y del hombre de nuestro tiempo y nos proponga <strong>este anuncio de vida, de esperanza</strong> en medio de tanta desesperanza, de consuelo y alegría en medio de tanto desencanto y agobio.</p>
<p>Del anuncio del nazareno crucificado y resucitado nace el llamamiento dirigido a los discípulos y discípulas al anuncio del Reino.</p>
<p><em>Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que El irá delante de ustedes a <strong>Galilea</strong>, allí lo verán, como les dijo.</em></p>
<p>El Evangelio nos dice que Jesús convoca en Galilea a los discípulos.</p>
<p>Galilea es el lugar donde Jesús ha vivido, se ha criado, ha orado, ha caminado sus calles y lugares, donde el discípulo hoy lo encuentra; pero es también la <strong><em>“galilea de los gentiles”</em></strong>, de los que no están en el rebaño, de los que no pertenecían a las “Ovejas del pueblo de Israel”..</p>
<p><strong><em>“Galilea de los gentiles”,</em></strong> es decir los que no se preguntan hoy sobre la fe, los que viven prescindiendo del valor de la fe. El economicismo reinante lo cuantifica todo, el pensamiento se convierte en cálculo de razón, no tiene el concepto de la gratuidad (la gracia), por tanto será cuestionado todo lo que no es razonable, tangible y comprobable al pensamiento.</p>
<p>A este “ambiente” hoy se nos envía: “<strong><em>vayan y hagan discípulos míos a todas las gentes”</em></strong>, no se nos dice que tenemos un rebaño acotado, se nos pide la misionalidad de salir a la <strong>“Galilea de los gentiles”,</strong> que en el tiempo de Jesús era llamada así pues se la consideraba pagana, no creyente, en oposición cultual al pueblo elegido de Israel.</p>
<p><em>Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto y a nadie le dijeron nada, porque tenían miedo </em></p>
<p>Qué difícil es la Evangelización de la cultura, cuando se ha oscurecido el: <strong>Locus fidei</strong>, el <strong>lugar de la fe</strong>, donde somos llamados nosotros a ser en estos nuevos areópagos<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a> , los anunciadores del: <strong>Evangelium fidei</strong>, <strong>los que anunciamos la fe, los que la proclamamos y la vivimos</strong> en medio de este multiculturalidad<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a> , y donde necesitamos abrirnos a la <strong>interculturalidad</strong><a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4"></a> .</p>
<p>Nos puede suceder que este temor y espanto tan humanos como narra el evangelista, nos cierren los oídos, para no escuchar, intenten enmudecernos para no anunciar. Pero el <strong>Espíritu del Resucitado</strong> puede hacer nuevas todas las cosas.</p>
<p>Al desearles una <strong>¡Feliz Pascua de Resurrección!</strong> Quiero que tengamos presente nuestro lema diocesano<a title="" name="_ftnref5" href="#_ftn5"></a> y la tarea que venimos haciendo juntos en <strong><em>la pastoral diocesana planificada</em></strong><a title="" name="_ftnref6" href="#_ftn6"></a> <strong><em>.</em></strong></p>
<p>Que <strong>Jesús Resucitado por intercesión de la Virgen Maria, Madre y Reina de la Paz, </strong>nos haga escuchar como resucitados, el resuello de los <strong>adolescentes y jóvenes, que no conocen a Jesús,</strong> que andan abatidos, que se desangran por no tener una identidad,  y nos sintamos comprometidos con la misión. Que abra nuestros ojos para ver sus aflicciones y pesares, y que este desafío desmesurado no desanime nuestra inquieta entrega creativa, constante y confiada.</p>
<p>Pascua 2012.-                                                                                              Mons. Jorge R. Lugones  s.j.</p>
<p>Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora.-</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a> GS 26</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a> Lugar  público de reunión donde disputaban distintas escuelas filosóficas de la Atenas antigua.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a> Variadas culturas, nuevos metalenguajes (sms)  nuevas formas de manifestación de pueblos, grupos, tribus urbanas etc</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4"></a> Capacidad de una cultura o de sus miembros de aceptar lo bueno que ven en otros y aportarles a su vez lo propio. Requiere cercanía, escucha, <em>dialogo</em>, encuentro, apertura, respeto por lo diverso….</p>
<p><a title="" name="_ftn5" href="#_ftnref5"></a> Juntos hacia una Iglesia, abierta, solidaria y msionera</p>
<p><a title="" name="_ftn6" href="#_ftnref6"></a> El equipo diocesana de animación pastoral se formó a partir de la opción hecha por el obispo y sacerdotes en el</p>
<p>EPC de 2010. El Obispo  confirma la elaboración y realización de la encuesta con fecha probable el 2do. domingo de septiembre. Se sugiere extender esta Encuesta a los Directivos y RL de Colegios, docentes y no docentes y alumnos de 4º a 6º año. Para la elaboración de una segunda encuesta dirigida ‘ad extra’, se contaría con la orientación de profesionales de la UCA<strong> </strong></p>
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		<title>Una vez más&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 22:58:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nuevamente les compartom este que es uno de mis vídeos favoritos. Espero que, alguno vez, tomemos, finalmente, consciencia de esto y actuemos en consecuencia&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevamente les compartom este que es <a href="http://www.youtube.com/watch?v=LNoOWaV6z9U&amp;feature=share&amp;list=UUYEZ36YHx9qUXfecNjUlIDw" target="_blank">uno de mis vídeos favoritos</a>.</p>
<p>Espero que, alguno vez, tomemos, finalmente, consciencia de esto y actuemos en consecuencia&#8230;</p>
<p><iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="344" src="http://www.youtube.com/embed/LNoOWaV6z9U" frameborder="0" allowFullScreen="true"> </iframe></p>
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		<title>Intenciones de oración del Santo Padre para abril</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 13:27:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Vaticano]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciudad del Vaticano, 30 marzo 2012 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de abril es: “Para que muchos jóvenes sepan acoger la llamada de Cristo a seguirlo en el sacerdocio y en la vida religiosa”. Su intención misionera es: “Para que Cristo resucitado sea signo de segura esperanza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ciudad del Vaticano, 30 marzo 2012 (VIS).-La<strong> intención general </strong>del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de abril es: <em>“Para que muchos jóvenes sepan acoger la llamada de Cristo a seguirlo en el sacerdocio y en la vida religiosa”.</em></p>
<p>Su<strong> intención misionera </strong>es: <em>“Para que Cristo resucitado sea signo de segura esperanza para los hombres y mujeres del continente africano”.</em></p>
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		<title>Domingo de Ramos. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 20:27:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 11, 1- 10  «Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envía a dos de  sus discípulos, diciéndoles: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y no bien entréis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» </em></p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 11, 1- 10  </strong></p>
<p>«Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envía a dos de  sus discípulos, diciéndoles: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y no bien entréis en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, decid: El Señor lo necesita, y que lo devolverá enseguida”. Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús, y les dejaron.</p>
<p>Traen el pollino donde Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!”».</p>
<p><strong>Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4 &#8211; 7</strong></p>
<p>«El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que arrancaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado».</p>
<p><strong>Lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6- 11</strong></p>
<p>«El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó  y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús &#8211; toda rodilla se doble &#8211; en los cielos, en la tierra y en los abismos, &#8211; y toda lengua confiese &#8211; que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre».</p>
<p><strong>Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 14,1-15, 47</strong></p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong> El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>La Iglesia recuerda la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén y da inicio así a la Semana Santa. El Evangelio de este Domingo se puede decir que es doble ya que por un lado, al inicio de la Misa, se lee la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, acompañado por la multitud que lo aclama con ramos de olivos en la mano; y por otro lado, durante la liturgia de la Palabra, se proclama la lectura de la Pasión y Muerte según el Evangelio de San Marcos. Del mismo modo que en las lecturas dominicales de la Cuaresma, la perícopa evangélica es la que marca la pauta y el tema del día; el tema del sufrimiento del Reconciliador estará presente en todas las lecturas; a excepción de la antífona de entrada que explota en el jubiloso grito mesiánico del « ¡aleluya!»</p>
<p>La lectura veterotestamentaria, sacada del tercer cántico del Siervo de Yavheh del profeta Isaías; nos habla de la obediencia sufridora del «Siervo de Dios», y desemboca en el Salmo Responsorial, con los versículos sacados del Salmo 21: <em>«¿Dios mío, Dios mío; porqué me has abandonado?»</em>.San Pablo en su carta a los Filipenses relata, en uno de los más antiguos himnos cristológicos, el movimiento kenótico<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1]- ascensional que marcará toda la vida y misión de Nuestro Señor Jesucristo; y que encontrará su plenitud en su Pasión &#8211; Muerte &#8211; Resurrección. Jesús se hace obedece obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.</p>
<p><strong> Domingo de Ramos en la Pasión </strong></p>
<p>El sexto Domingo de Cuaresma o Domingo de Ramos en la Pasión ocupa un lugar muy importante en los cuarenta días previos. Por el título ya sabemos que se refiere a dos aspectos fundamentales que se funden en una sola conmemoración: la entrada de Jesús en Jerusalén y la conmemoración de la Pasión. Sabemos por el relato de la famosa peregrina Eteria<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2] que los cristianos de Jerusalén, en los inicios del siglo V, se reunían en el monte de los Olivos en las primeras horas de la tarde, para una larga liturgia de la Palabra; en seguida, al caer ya la noche, se dirigían a la ciudad de Jerusalén, llevando ramos de palmera o de olivo en las manos.</p>
<p>Esta costumbre fue asumida primero en las Iglesias Orientales pasando luego al Occidente (por España y las Galias) pero sin procesión. En esas regiones se entregaba en este Domingo el Símbolo de la Fe (el Credo) y se ungía a los catecúmenos leyéndose el Evangelio de San Juan 12, 1-11 (unción de Jesús en Betania), al cual se le aumentaron los versículos 12-16 (entrada de Jesús en Jerusalén). Por eso el día comenzó a llamarse de Domingo de Ramos pero no como una solemnidad propia. La bendición de los ramos de palmera así como la procesión comienzan a divulgarse alrededor del siglo VII recibiendo, en los siglos posteriores, elementos cada vez más teatrales. En el nuevo Misal existen tres formas de poder conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén de acuerdo a razones pastorales.</p>
<p>JL <strong>¿Qué sucedió para cambiar tan rápido de opinión?</strong></p>
<p>Al participar de esta Solemnidad uno no deja de sorprenderse por el contraste tan evidente entre ambos momentos de la liturgia. Los mismos que acompañaban, que aclamaban, que jubilosos reconocían a Jesús como el Mesías prometido; ésos mismos, pocos días después exigirán a gritos que sea crucificado. ¿Qué ocurrió en esos días para explicar este cambio? Ocurrió que Jesús cayó en desgracia y así perdió todo el favor popular. Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos mandaron gente con espadas y palos a detenerlo, y Jesús se entregó mansamente para ser llevado ante Pilato y ser acusado. Viendo el pueblo que Jesús no reaccionaba con poder, sino que se dejaba escupir y abofetear le volvió la espalda. Sin embargo no podemos olvidar que existe un plano más profundo que es la encarnizada lucha que se va a dar entre las fuerzas del bien y del mal; entre la vida y la muerte.</p>
<p>«¡<strong>Bendito el reino que viene, de nuestro padre David!»</strong></p>
<p>Jesús entró en Jerusalén proveniente de Jericó. Atra­vesó Jericó acompañado de una gran muchedumbre. Y entonces un ciego se pone a gritar: <em>«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mi!»</em> (Mc 10,47). Jesús lo hace llamar y le devuelve la vista. Con esto quedaba demostrado que Él era efectivamen­te el «hijo de David». La gente no podía menos que recor­dar la profecía que Natán<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3] dijo a David, el Ungido (Mesías) de Dios: <em>«Afir­maré después de ti la descendencia que saldrá de tus en­trañas y consolidaré el trono de su realeza para siempre&#8230; ante mí; tu trono estará firme eternamente» </em>(2Sam 7,12.16). Esta era la fama que había precedido a Jesús en su entrada a Jerusalén. Por eso gritan a su paso:<em>«¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David!»</em></p>
<p>Cuando decían eso, decían literalmente una pro­fecía que se cumplía en Jesús, pero no entendían lo que decían. Jesu­cristo era Rey, el Rey anunciado, pero en el sentido que Dios lo enten­día, no en el sentido que lo entendían los hombres. El Rey de Israel tenía que actuar como hijo de Dios, de manera que fuera Dios el que reinara por medio de él sobre su pueblo. También esto estaba dicho en la profecía de Natán acerca del «hijo de David»: <em>«Yo seré para él padre y él será para mi hijo</em>» (2Sam 7,14). Jesús no cedió nunca a la tentación de un poder terreno; pero este aspecto de la profecía de Natán lo vivió con absoluta fide­lidad. El reino de Dios estaba pre­sente en Él porque Él era Hijo de Dios. Y éstas son las dos cosas que consti­tuyen el núcleo de la predi­cación de Je­sús: el Reino de Dios y la paternidad divina.</p>
<p><strong> El Rey prometido a Israel</strong></p>
<p>Jesús entró a Jerusalén como Rey, según su verdadera condición. Llama la atención de que, a pesar de ser tan solemne la ocasión (según el Evangelio de Marcos, ésta es la única vez que Jesús viene a Jerusalén), el relato se detenga con tanto detalle en el tema del asno. Cuatro veces se menciona este animal en el breve relato. Si la entrada de Jesús en Jerusalén se relata en 10 versículos, 7 de ellos se emplean en expli­car cómo se obtuvo el asno sobre el cual Jesús se sentó. Más todavía nos sorprende leer que el mismo Jesús a los que envió a traer el asno ordenó decir: <em>«El Señor lo necesita</em>». Es la única vez en el Evangelio en que Jesús expresa una necesi­dad. A Marta, que se agitaba por muchas cosas, Él había enseñado: <em>«Hay necesidad de pocas cosas, o mejor, de una sola</em>» (Lc 10,4­2). ¿Por qué necesita Jesús un asno para entrar en Jerusalén?</p>
<p>Cuando el Evangelista Mateo, leyendo a Marcos, compo­ne su propio Evangelio, se hace la misma pregunta, y en­cuentra la respuesta en una antigua profecía: <em>«Esto suce­dió para que se cumpliese el oráculo del profeta: &#8216;Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asno, en un borrico, hijo de animal de yugo&#8217;»</em> (Mt 21,4). En efec­to, así estaba escrito en el libro del profeta Zacarías (9,9). Jesús se procuró un asno y lo consideró necesario para entrar en Jerusalén porque tenía que entrar como el Rey prometido a Israel. El puede prescindir de todo &#8211; <em>«no tiene dónde reclinar su cabeza</em>» (Mt 8,20)-; pero nunca de algo que tenga relación con su misión, porque la misión que le encomendó su Padre es esa «única cosa necesaria».</p>
<p>Sabemos que en diversas ocasiones la gente se dirigió a Jesús llamándolo «hijo de David». Pero si nos preguntamos: ¿Quién es el hijo de David que heredó su trono?, la res­puesta correcta es: Salomón. Es interesante repasar la histo­ria del reinado de David y de su sucesión tal como se relata en los libros de los Reyes. Allí veremos que David, ya anciano, dio a sus ministros estas disposiciones para asegurar el trono a su hijo Salomón: <em>«Haced montar a mi hijo Salomón sobre mi propia mula y bajadlo a Guijón. El sacerdote Sadoq y el profeta Natán lo ungirán allí como Rey de Israel, tocaréis el cuerno y grita­réis: ¡Viva el Rey Salomón! Subiréis luego detrás de él, y vendrá a sentarse sobre mi trono y él reina­rá en mi lugar porque lo pongo como jefe de Israel y Judá»</em> (1R 1,33-35). Los presentes interpretaron estas instruc­ciones como mandato de Dios, exclamando: <em>«Amen. Así habla Yahveh, Dios de mi señor el rey</em>» (1R 1,36). Las órdenes de David se cum­plie­ron y la entrada de Salomón fue apoteósica: <em>«Hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David&#8230; El sacer­dote Sadoq tomó de la tienda el cuerno de aceite y ungió a Salomón, tocaron el cuerno y todo el pueblo gritó: ¡Viva el Rey Salomón! Subió después todo el pueblo detrás de él; la gente tocaba las flautas y manifestaba tan gran alegría que la tierra se hendía con sus voces</em>» (1Re 1,38-40).</p>
<p>Salomón fue hijo de David, entró a Jerusalén montado en una mula, fue ungido (Mesías) y reinó sobre la casa de Jacob (así se llama a Israel y Judá unidos); pero no se cumple en él la palabra dicha a David acerca de su hijo: <em>«Yo consolidaré el trono de su realeza para siempre</em>» (2S 7,13). Esta profe­cía es verdad sólo en Jesucristo, a quien proclamamos Rey del Universo hasta hoy y así lo haremos hasta el fin del mundo.</p>
<p><strong>¡Hosanna!</strong></p>
<p>En cada misa que participamos repetimos la aclamación «¡Hosanna!» en la recitación del «Santo». Es probable que la hayamos cantado miles de veces y ahora la escuchamos en la entrada a Jerusalén&#8230;pero ¿cuál es su significado? Esta palabra es la trascripción griega de un verbo imperativo en hebreo que sonaría: <em>hoshiá-na.</em> El verbo es «hoshiá» que significa salvar, liberar. El sujeto era generalmente Dios como vemos en los salmos 21,1; 20,9; 28,9. Pero sobre todo en el Salmo 18,25-27 es muy significativo: <em>«¡Ah, Yahveh, da la salvación!¡Ah, Yahveh, da el éxito! ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh!&#8230; ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar!».</em> Por eso en cada misa pedimos a Dios que nos salve y reconocemos que esa salvación nos ha sido dada por Jesucristo. El mismo nombre de Jesús significa: <em>«Yahvé salva».</em></p>
<p>Es importante registrar lo que gritaba el pueblo al paso de Jesús: <em>«¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!&#8230;¡Hosanna en las alturas!</em>». Así fue aclamado Jesús a su entrada en Jerusalén. Estos gritos iban a desencadenar los hechos que lo llevaron a su muerte en la cruz. Todos reconocemos en esos gritos de júbilo la misma aclamación que en cada Misa introduce la plegaria eucarís­tica. Si con esa aclamación se dio entrada a Jesús en Jerusalén, donde iba a ofrecerse en sacrifi­cio muriendo en la cruz, es signi­ficativo que se cante esa aclamación en la acción sacramental que va a hacer presen­te sobre el altar ese mismo sacrificio con toda su efica­cia salvífica. Por eso resulta inoportuno que al canto del «Sanctus» se le acomoden otras palabras. En efecto, adoptar otras palabras en ese lugar de la Misa hace perder toda la ambientación de lo que se está conmemorando.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«La procesión de Ramos es —como sucedió en aquella ocasión a los discípulos— ante todo expresión de alegría, porque podemos conocer a Jesús, porque él nos concede ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida. Pero esta alegría del inicio es también expresión de nuestro &#8220;sí&#8221; a Jesús y de nuestra disponibilidad a ir con Él a dondequiera que nos lleve. </em></p>
<p><em>Por eso, la exhortación inicial de la liturgia de hoy interpreta muy bien la procesión también como representación simbólica de lo que llamamos &#8220;seguimiento de Cristo&#8221;: &#8220;Pidamos la gracia de seguirlo&#8221;, hemos dicho. La expresión &#8220;seguimiento de Cristo&#8221; es una descripción de toda la existencia cristiana en general. ¿En qué consiste? ¿Qué quiere decir en concreto &#8220;seguir a Cristo&#8221;? </em></p>
<p><em>Al inicio, con los primeros discípulos, el sentido era muy sencillo e inmediato: significaba que estas personas habían decidido dejar su profesión, sus negocios, toda su vida, para ir con Jesús. Significaba emprender una nueva profesión: la de discípulo. El contenido fundamental de esta profesión era ir con el maestro, dejarse guiar totalmente por Él. Así, el seguimiento era algo exterior y, al mismo tiempo, muy interior. El aspecto exterior era caminar detrás de Jesús en sus peregrinaciones por Palestina; el interior era la nueva orientación de la existencia, que ya no tenía sus puntos de referencia en los negocios, en el oficio que daba con qué vivir, en la voluntad personal, sino que se abandonaba totalmente a la voluntad de Otro. Estar a su disposición había llegado a ser ya, una razón de vida.</em></p>
<p><em> Eso implicaba renunciar a lo que era propio, desprenderse de sí mismo, como podemos comprobarlo de modo muy claro en algunas escenas de los evangelios. Pero esto también pone claramente de manifiesto qué significa para nosotros el seguimiento y cuál es su verdadera esencia: se trata de un cambio interior de la existencia. Me exige que ya no esté encerrado en mi yo, considerando mi autorrealización como la razón principal de mi vida. Requiere que me entregue libremente a Otro, por la verdad, por amor, por Dios que, en Jesucristo, me precede y me indica el camino. </em></p>
<p><em>Se trata de la decisión fundamental de no considerar ya los beneficios y el lucro, la carrera y el éxito como fin último de mi vida, sino de reconocer como criterios auténticos la verdad y el amor. Se trata de la opción entre vivir sólo para mí mismo o entregarme por lo más grande. Y tengamos muy presente que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en persona. Siguiéndolo a Él, entro al servicio de la verdad y del amor. Perdiéndome, me encuentro». </em></p>
<p><em>Benedicto XVI. Homilía en el Domingo de Ramos, 2007. </em></p>
<p>J <strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.  </strong></p>
<p><em>1.  Leamos y meditemos el relato entero de la Pasión y Muerte de Jesús según San Marcos.  </em></p>
<p><em>2. ¿Cómo voy a vivir la Semana Santa? ¿Será solamente un fin de semana largo? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 595 – 630.   </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Kénosis: abajamiento, humillación.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Eteria (finales del siglo IV o inicios del V),  monja española que realizó un viaje a Oriente que plasmó en su obra Itinerario. Se ignora la fecha y el lugar de su nacimiento, aunque es de suponer que era gallega pues se alude a su nacimiento en las playas del extremo Occidente. Ha sido conocida, a lo largo de la historia, con diferentes nombres: Geria, Eteria, Egenia o Aiteria. Incansable, viajó por Asia Menor, Egipto, Mesopotamia y Palestina, reflejando en su obra Itinerario la descripción de sus desplazamientos y numerosas notas sobre la vida de las comunidades cristianas de estas regiones en los inicios del cristianismo. Al final del XIX se redescubrió en Italia el relato de su Itinerarium.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] Natán. Profeta amigo del rey David, notable por sus decisivas intervenciones durante el reinado davídico (2 S 7.2-17; 12.1-5). Cuando David comunicó a Natán su deseo de edificar una casa o templo para Dios (2 S 7), el profeta contestó con la revelación de Yavheh: no sería David, sino uno de sus descendientes, quien construiría el Templo.</p>
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		<title>Un nuevo año&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 12:13:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Saludos]]></category>
		<category><![CDATA[Varios]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy cumplimos un año más juntos&#8230; Gracias por acompañarme día a día desde 2003 y compartir mi amor a Jesús. Les ruego una oración por el eterno descanso de mis padres y otra por mi. Que Dios los bendiga!!! Un abrazo en Cristo &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy cumplimos un año más juntos&#8230;</p>
<p>Gracias por acompañarme día a día desde 2003 y compartir mi amor a Jesús.</p>
<p>Les ruego una oración por el eterno descanso de mis padres y otra por mi.</p>
<p>Que Dios los bendiga!!!</p>
<p>Un abrazo en Cristo</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Domingo de la Semana 5ª de Cuaresma. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 21:19:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre» Lectura del libro del profeta Jeremías 31, 31- 34 «Vienen días, oráculo del Señor, en que yo sellaré con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza nueva. No como la alianza que sellé con sus antepasados el día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre»</em></p>
<p><strong>Lectura del libro del profeta Jeremías 31, 31- 34 </strong></p>
<p>«Vienen días, oráculo del Señor, en que yo sellaré con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza nueva. No como la alianza que sellé con sus antepasados el día en que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Entonces ellos violaron la alianza, a pesar de que yo era su dueño, oráculo del Señor. Ésta será la alianza que haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, oráculo del Señor: Pondré mi ley en su interior; la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Para instruirse no necesitarán animarse unos a otros diciendo: «¡Conoced al Señor!», porque me conocerán todos, desde el más pequeño hasta el mayor, oráculo del Señor. Yo perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados».</p>
<p><strong>Lectura de la carta a los Hebreos 5,7- 9</strong></p>
<p>«El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y precisamente porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento.  Alcanzada así la perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos los que le obedecen».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 12, 20- 33  </strong></p>
<p><strong>«</strong>Entre los que habían llegado a Jerusalén para dar culto a Dios con ocasión de la fiesta, había algunos griegos. Estos se acercaron a Felipe, que era natural de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”.  Felipe se lo dijo a Andrés, y los dos juntos se lo hicieron saber a Jesús.</p>
<p>Jesús dijo: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante.  Quien vive preocupado por su vida, la perderá; en cambio, quien no se aferre excesivamente a ella en este mundo, la conservará para la vida eterna.  Si alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma suerte que yo. Todo aquel que me sirva será honrado por mi Padre. Me encuentro profundamente abatido;- ¿pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, sálvame de lo que se me viene encima en esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamente para aceptar esta hora. Padre,  glorifica tu nombre”.</p>
<p>Entonces se oyó esta voz venida del cielo: “Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. De los que estaban presentes, unos creyeron que había sido un trueno; otros decían: “Le ha hablado un ángel”. Jesús explicó: “Esta voz se ha dejado oír no por mí, sino por vosotros. Es ahora cuando el mundo va a ser juzgado; es ahora cuando el que tiraniza a este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí“. Con esta afirmación, Jesús quiso dar a entender la forma en que iba a morir».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p>z<strong> El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere…no da fruto»</em>. La respuesta de Dios al pueblo que una y otra vez se aleja de Él es una alianza nueva y definitiva. Una alianza que no pasará jamás porque está escrita en el corazón de cada uno y será conocida por todos (Primera Lectura). Esta alianza se consuma en el único sacrificio Reconciliador de nuestro Señor Jesucristo: muere en la cruz para que todos tengamos vida. En la fiel obediencia al Plan del Padre, no exento de sufrimiento y dolor, el Hijo se hace <em>«causa de salvación eterna para todos»</em> siendo así reconocido como el Sumo y Eterno Sacerdote que intercede en favor de toda la humanidad (Segunda Lectura). Nosotros también estamos llamados a vivir la misma dinámica de la muerte para la vida, a semejanza del grano de trigo, para así ganar la vida eterna.</p>
<p><strong>«Una</strong> <strong>nueva alianza» </strong></p>
<p>Recordemos las palabras de la Primera Lectura del IV Domingo de Cuaresma: <em>«Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio»</em> (2Cr 36,16). Jeremías es considerado uno de los cuatro «profetas mayores» (con Isaías, Ezequiel y Daniel) y es uno de los profetas a los que se refiere el pasaje mencionado. Nació en Anatot, de familia sacerdotal y predicó por más de cuarenta años (desde  el 627 a.C. hasta la destrucción de Jerusalén y el Templo en el año 587 a.C.). Alentó la reforma religiosa promovida por el rey Josías y, en una época de infidelidad a la Alianza, le tocó la pesada misión de anunciar el castigo de Dios.</p>
<p>Los falsos profetas azuzaron a los reyes Joaquín y Sedecías en contra de Jeremías, que fue maltratado e incluso se intentó matarlo. Tras el fracaso de la antigua alianza, el Plan de Dios aparece bajo un nuevo aspecto. No se trata de restablecer lo antiguo, sino de crear algo nuevo. La <em>«nueva alianza»</em> (31,31ss) se refiere fundamentalmente a tres puntos: la iniciativa divina del perdón de los pecados; la responsabilidad y la retribución personal; y la interiorización de la religión: la ley deja de ser un código exterior para convertirse en una inspiración que alcanza el «corazón» del hombre. En el Nuevo Testamento el libro del profeta Jeremías es citado repetidas veces. También el profeta es citado textualmente en la Carta a los Hebreos (8, 8 &#8211; 12). Jesús en la última cena, al bendecir la copa, une las palabras de Moisés (Ex 24) con las del profeta Jeremías (Jr 31,31) sobre la alianza definitiva.</p>
<p><strong>Jesús, Sumo Sacerdote compasivo</strong></p>
<p><em>«Teniendo pues tal Sumo Sacerdote…Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firmes la fe que profesamos» </em>(Hb 5, 14)y sólo así podremos acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y la ayuda oportuna (Hb 4,16). Todo Sumo Sacerdote, tal como es presentado en la carta a los Hebreos, es escogido, de entre los hombres, por el mismo Dios para ofrecer los dones y sacrificios con los cuales pretende restablecer las relaciones con Dios eliminando así el obstáculo entre ellos: el pecado de los hombres. Estas condiciones se han realizado plenamente en Jesucristo (Hb 5,5-10).</p>
<p>Cristo tiene la dignidad y el honor del sacerdocio no porque lo haya arrebatado, usurpado, comprado o robado, sino por la humilde aceptación de una misión encomendada por Dios Padre, que lo ha proclamado solemnemente Sumo Sacerdote (ver Hb 1,5; Sal 110,4). El hecho de ser el «<em>Hijo»</em> da a su sacerdocio una categoría, gloria, dignidad y calidad suprema; porque lo coloca en una relación personal íntima, perfecta, plena, con Dios (Hb 2,17; 6,20). El autor ve realizado en Cristo un nuevo tipo de sacerdocio, un sacerdote eficaz que proporciona la salvación a cuantos a Él se adhieran llevándolos plenamente hasta Dios.</p>
<p><strong> ¡Queremos ver a Jesús!</strong></p>
<p>El Evangelio de este V Domingo de Cuaresma se sitúa en el mismo día de su entrada en Jerusalén, cinco días antes de la última Pascua de Jesús. El día anterior Jesús se había detenido en Betania en la casa de Lázaro, Marta y María donde un <em>«gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos»</em> (Jn 12,9). Por eso, la entrada de Jesús en Jerusalén fue triunfal: <em>«Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que Él había realizado aquella señal»</em> (Jn 12,18).  Entre aquellos que subieron a Jerusalén había unos griegos. Estos, no siendo judíos, se habían adherido al monoteísmo de Israel y, hasta tal punto, a las observancias mosaicas: eran los <em>«piadosos y temerosos de Dios»</em> (Hch 10,2), distintos a los <em>«helenistas»</em> (ver Hch 6,1) que eran judíos en la diáspora. El deseo de estos griegos gentiles de «ver» o conversar con Jesús  debió de extrañar a los discípulos, por eso Felipe consulta con Andrés.</p>
<p>Jesús sabe que la gente lo busca y lo quieren «ver» porque ha hecho algo extraordinario. Pero, para Jesús, deberían de buscarlo no sólo por el hecho externo sino porque ese hecho es una «señal» de algo mucho más profundo, que se capta y entiende solamente por y desde la fe. En otra ocasión había ocurrido lo mismo. <em>«Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre”» </em>(Jn 6,26-27). El milagro es una señal externa que deja entrever su identidad más profunda: el ser Hijo único de Dios. Cuando Jesús sabe lo que quieren «ver», no rechaza la petición; sino que la orienta hacia el momento de su glorificación: su muerte en la cruz.  Hacia allí deben de converger todas las miradas que lo buscan y lo quieren «ver».</p>
<p><strong>«</strong><strong>Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado»</strong><strong> </strong></p>
<p>La «hora» a la que Jesús se refiere es sin duda el momento en el que Él será levantado sobre la tierra. Éste «ser levantado» tiene un doble sentido: por un lado se refiere a su ser levantado en la cruz, y en este sentido es la expresión de su muerte dolorosa y llena de oprobio; pero, por otro lado, Jesús alude a su exaltación junto al Padre, y en este segundo sentido es expresión de su glorificación. Ambas cosas suceden en un mismo movimiento hacia lo alto. Jesús revela su ser Hijo eterno del Padre, enseñándolo de palabra; pero, sobre todo, por medio de su actitud de obediencia filial que alcanza su punto culminante en la cruz. Él fue enviado por el Padre a una misión. Muriendo en la cruz pudo decir: <em>«Todo está cumplido»</em> (Jn 19,30). La carta a los Hebreos nos recuerda: <em>«Con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» </em>(Hb 5,9).</p>
<p>Ahora podemos entender mejor la hermosa comparación que Jesús utiliza cuando explica «su hora»: <em>«si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto». </em>Es difícil expresar con mayor precisión y eficacia la fecundidad de su propia muerte. Los padres conciliares nos han dicho que el hombre no puede<em> «encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás</em>»<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1]. El dinamismo inscrito en el grano de trigo, es el mismo dinamismo (en sentido análogo) inscrito en el ser del Señor Jesús, y es el mismo dinamismo inscrito en cada uno de nosotros: morir para vivir; donarnos y entregarnos continuamente para desplegarnos en una nueva vida, para conquistar una vida plena y tremendamente fecunda. Y para que quede claro el Señor nos invitar a vivir el mismo dinamismo: <em>«El que ama su vida, la pierde;  y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna». </em></p>
<p>Él mismo fue un grano de trigo que se precipitó a caer en tierra y morir, para obtener mucho fruto; el fruto abundante de su muerte en la cruz es el don de la vida eterna que se ofrece a todos los hombres. Ahora toca a cada uno de nosotros seguir el camino trazado&#8230;<em>«Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas» </em>(1Pe 2,21).</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Si el grano de trigo&#8230; muere, produce mucho fruto» (Jn 12, 24); «&#8230;quien aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eter­na» (ib., 25). La vida cristiana, ama­dos hermanos y hermanas, se de­senvuelve en la misma línea de la vida de Jesús en esta tierra, en la línea de su misterio de muerte y resurrección: «Si alguno me sir­ve que me siga, y donde yo esté allí estará también mi servidor» (ib., 26). Cristo Redentor del hombre, Redentor de cada uno de nosotros, ofreció su vida en holocausto al Pa­dre para que de este acto supremo de amor brotase la vida nueva para todos, es decir, la vida de Dios, la vida según el Espíritu. La redención del hombre es obra de dolor y amor, y no se realiza en el hombre sin su participación personal en el dolor y el amor de Cristo. </em></p>
<p><em>En efecto, leyendo los pasajes de la liturgia de hoy, uno queda impre­sionado por la seriedad exigente de la Palabra de Dios que habla de sufrimientos, persecución y martirio, recalcando que el grano de trigo debe caer en tierra y morir para llegar a dar fruto.…Cuando el dolor atormenta nues­tra vida, cuando cuesta mucho ser seguidores de Cristo y la cruz pesa sobre los hombros, es necesario tener conciencia de que el amor alcanza su expresión más alta en el dolor, sacri­ficio y donación de sí mismo. Las almas se salvan en el Calvario. Cada uno debemos aceptar ser el grano de trigo, desconocido acaso y humilde, que sembrado en el lugar de su tra­bajo y de su gravosa responsabilidad, se disuelve en ofrecimiento doloroso y gozoso de amor, para actuar con Cristo la obra misteriosa y real a la vez de la redención de la humanidad»</em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II. Homilía pronunciada en su visita pastoral a Palestina, el 18 de agosto de 1983. </em></p>
<p><strong><em>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.  </em></strong><em> </em></p>
<p><em>1. </em><em>El hombre de hoy</em><em>, hijo de una cultura hedonista, una cultura que al perder de vista la cruz no encuentra sentido alguno al dolor y busca expulsarlo de su sociedad a como dé lugar, no está acostumbrado a enfrentar el dolor. Hay momentos y situaciones en que es inevitable que se enfrente al dolor, entonces viene la crisis, la desesperación, el hundimiento…. Pero, en situaciones cotidianas, el hombre le huye al dolor. Está acostumbrado a fugar. La tendencia del hombre mediocre es la de no enfrentar lo que le incomoda, lo que le duele y hace sufrir: busca paliativos, “anestésicos” en el placer, el sexo, la droga, la bebida, etc., busca la diversión para olvidar que sufre, etc. ¿Cuánto de esto veo en mí? ¿Huyo del dolor, de la exigencia cotidiana? ¿Huyo del exigirme cada vez un poco más, hasta el límite? ¿Huyo a lo que me cuesta asumir: trabajos, situaciones, responsabilidades, diálogos, estudio, etc.? ¿Busco “compensarme” cada vez que puedo? ¿Busco compensaciones ilícitas, convenciéndome incluso de que son lícitas para mí?</em></p>
<p><em>2. </em><em>¿Qué me enseña</em><em> María?: Miremos la corona de rosas que rodea el Corazón de la Madre: es también una corona de invisibles espinas. Ella me recuerda una realidad ineludible y me dice: acéptalas, asume reciamente el dolor que ellas te produzcan, pues quien quiere ver su corazón coronado con las hermosas rosas de la pureza y demás virtudes, debe aceptar primero la corona del dolor que purifica. </em><em> </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 541-542. 661-662. </em></p>
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		<title>Domingo de la Semana 4ª de Cuaresma. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 20:39:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» Lectura del Segundo libro de las Crónicas 36, 14-16.19-23  «Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de las gentes, y mancharon la Casa de Yahveh, que él se había consagrado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«</em><em>Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único»</em></p>
<p><strong>Lectura del Segundo libro de las Crónicas 36, 14-16.19-23  </strong></p>
<p>«Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de las gentes, y mancharon la Casa de Yahveh, que él se había consagrado en Jerusalén. Yahveh, el Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada.</p>
<p>Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén: pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos.</p>
<p>Y a los que escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos de él y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Yahveh, por boca de Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»</p>
<p>En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahveh, por boca de Jeremías, movió Yahveh el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: Yahveh, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. El me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!»</p>
<p><strong>Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios 2,4-10</strong></p>
<p>«Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo &#8211; por gracia habéis sido salvados &#8211; y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios  que practicáramos».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 3,14 &#8211; 21  </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>«Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.</p>
<p>Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,  sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado;  pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.</p>
<p>Y el juicio está  en que vino la luz al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único&#8230;»: </em>aquí reside el mensaje central que la Iglesia nos transmite mediante los textos litúrgicos en este cuarto Domingo de Cuaresma. Ese amor infinito de Dios ha recorrido un largo camino en la Historia de la Reconciliación, antes de llegar a expresarse en forma definitiva y última en Jesucristo (Evangelio).</p>
<p>La Primera Lectura nos muestra en acción el amor de Dios que busca suscitar en el pueblo el arrepentimiento y la conversión; sin embargo el pueblo se burla y desprecia a los mensajeros de Dios. En la carta a los Efesios, San Pablo resalta por una parte nuestra falta de amor que causa la muerte, y el amor de Dios que nos hace retornar a la vida junto con Jesucristo (Segunda Lectura). En todo y por encima de todo, el amor de Dios en Cristo Jesús que se entrega en sacrifico reconciliador para que tengamos «vida eterna».</p>
<p><strong>La infidelidad de un pueblo</strong></p>
<p>La primera lectura cierra el segundo libro de las Crónicas, escrito en el siglo IV a.C. entre el final de la dominación persa y el principio de la época helenística (333-63 A.C.). El gran interés que muestra el autor de los dos libros de Crónicas por todo lo que se refiere al culto y al templo insinúa que sea un sacerdote o levita, familiarizado con los problemas religiosos de Israel. Esdras, cuyo nombre significa  <em>«Dios es mi auxilio»</em> y probable autor de estos libros, fue un levita judío exiliado a Babilonia, en la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Luego se vuelve consejero del rey de Persia para los negocios con los judíos y es reenviado a Jerusalén al frente de 1,500 judíos con el fin de reorganizarlos.  Este pasaje se da en el contexto del final de la monarquía y es un juicio general sobre la infidelidad del pueblo que es la causante de su ruina.</p>
<p>El pueblo israelita rechaza el aviso de los mensajeros enviados por Dios, en concreto del profeta Jeremías. El pueblo sufre las consecuencias de su infidelidad: la destrucción de Jerusalén y del templo por los caldeos, y el cautiverio israelita en Babilonia. Justamente el Salmo Responsorial (Salmo 137) canta la nostalgia del pueblo desterrado. Con los libros de las Crónicas estamos en los últimos 500 años anteriores a la venida de Jesús habiendo vivido por 70 años en el exilio en Babilonia (desde 587 a.C.).</p>
<p>El exilio se prolonga hasta el año 538, cuando el imperio babilónico se desmorona bajo la presión del rey Ciro de Persia. Con él, los judíos inician su retorno a Judea liderados por Zorobabel que fue nombrado gobernador de Judea por el rey de Persia y se inicia la reconstrucción del Templo. Tras la invitación al retorno se empieza a vislumbrar en el horizonte inmediato la apasionante aventura del reencuentro con la tierra perdida, de la reconstrucción de las viejas ruinas y de la restauración de la vida de un pueblo que, pese a todo, sigue siendo el verdadero Israel, el pueblo de Dios.</p>
<p>«<strong>¡Hemos sido salvados por la gracia mediante la fe!»</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La carta a los Efesios, escrita por San Pablo desde su cautiverio en Roma en el año 61 ó 62; es un mensaje dirigido no solamente a los habitantes de Éfeso sino a todos los fieles de Asia Menor. Para la edificación del cuerpo de Cristo, nos dice San Pablo, había que superar un doble obstáculo: el estado de pecado en que todos, judíos y paganos se encontraban (Ef 2,1-10) y «<em>el muro de enemistad que tenía separados»</em> a éstos respecto de aquéllos (Ef 2,11-21). Tres son las ideas que aparecen en éste capítulo: todos nos encontramos bajo el dominio del pecado; Dios nos ha dado una nueva vida por la fe y esto no se debe a nosotros. <em>«Muertos en vuestros delitos y pecados» </em>expresa la multitud de pecados en que se encontraban los paganos.</p>
<p>La expresión de vivir <em>«según el proceder de</em> <em>este mundo» </em>designa aquí el mundo pecaminoso que tiene por príncipe al demonio (ver Jn 14,30; 1 Jn 5,19), que prosigue su obra entre quienes no obedecen los mandatos de Dios. Son <em>«rebeldes»</em> a Dios. La rebeldía es un término clásico de la teología paulina que denota desobediencia con respecto a Dios (ver Rom 11,32; Col 3,6). El texto griego presenta a Satanás como «<em>el príncipe del imperio del aire» </em>ya que en la concepción de los antiguos, los demonios habitaban en el aire, entre la tierra y la luna. San Pablo hace referencia al poder de Satanás bajo el cual nos encontrábamos también nosotros al seguir los dictámenes de las «<em>apetencias de la carne»</em>. La «carne» (sarx) tiene aquí sentido peyorativo: designa la parte inferior de nuestra naturaleza que se sustrae a la voluntad de Dios para seguir sus apetencias desordenadas. Esta conducta pecaminosa nos hacía «<em>destinatarios naturales de la ira de Dios». </em></p>
<p>Pero Dios nos ha demostrado su inmensa bondad y misericordia y llevado de un amor inmenso (Jn 3,16), que nosotros no merecíamos (Rom 5,6-9), nos ha otorgado una nueva vida, «<em>resucitándonos y sentándonos con Cristo en el cielo».</em> Pablo afirma, como un hecho cierto y ya realizado, la resurrección de los cuerpos de la que es anticipo la resurrección de Cristo (1 Cor 15,20). Esta doble condición del cristiano tiene que marcar su vida en este mundo. Dos cosas concurren a nuestra salvación: la gracia de Dios (causa principal y formal) y nuestra fe (condición necesaria).</p>
<p>De la primera sí que puede decir el apóstol que es pura gracia de Dios. Pero también la segunda es un don de Dios; no proviene de razonamientos humanos ni es debida a nuestras obras, de modo que nadie puede presumir de ellas. <em>«Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús»:</em> el primer hombre fue formado por Dios al principio, infundiendo el hálito vital al polvo de la tierra (Gn 2,7). Así también ahora el hombre nuevo es una creación de Dios en y por Cristo Jesús. Pero el hombre tiene que colaborar con su libre albedrío. Dios no nos ha consultado a la hora de crearnos; pero no nos salvará sin que nosotros colaboremos a nuestra salvación. <em>«El que te creó sin ti, no te salvará sin ti» </em>(San Agustín).</p>
<p><strong>¡Tanto amó Dios al mundo…!</strong></p>
<p>El Evangelio de hoy es parte del diálogo que tuvo Jesús con uno de los fariseos, llamado Nicodemo, que vino donde Él de noche. Vencido por la evidencia, Nicodemo dice a Jesús: <em>«Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las seña­les que tú realizas si Dios no está con él»</em>. El Evangelio del Domingo pasado concluía con esta afirmación general: <em>«Mientras Jesús estuvo en Jerusalén por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en Él al ver las señales que realizaba» (Jn 2,23)</em>. Uno de ellos sin duda era Nicodemo. Para comprender esta reacción de la gente es necesario saber qué se entiende por «señal» en el Evangelio de Juan. Una «señal» es un hecho milagroso. Juan lo llama «señal», porque este hecho, que es de experiencia sensible, deja en eviden­cia la gloria de Jesús, que supera la experiencia sensible. Por eso la señal suscita una respuesta de fe. Como Tomás cuando vio ante sí a Jesús con las heridas de la Pasión y exclamó: <em>«¡Señor mío y Dios mío!»</em> (Jn 20,28).</p>
<p>En su diálogo con Nicodemo Jesús se deja llevar a las afir­macio­nes más impresionantes sobre el amor de Dios hacia el mundo. Lo primero es darle una señal, algo que será visto: <em>«Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna</em>»&#8221;. Jesús evoca como imagen un episodio del período del desierto donde el pueblo, tras murmurar contra Dios y Moisés, era mordido por serpientes venenosas. Dios le ordenó a Moisés hacer una serpiente de bronce diciéndole: <em>«Todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá»</em> (ver Num 21,4-9). Así tiene que ser levantado Jesús en el estandarte de la cruz para librarnos de la muerte eterna que merecemos por nues­tros pecados. Y es que siempre la Cruz tiene el doble sentido de: ser elevado en la cruz y de ser elevado a la gloria del Padre. Ambos movimientos coinciden. Discutiendo con los judíos Jesús les dice: <em>«Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy»</em>(Jn 8,28). Quiere decir: Allí quedará en evidencia mi identidad divina. En otra ocasión les dice: <em>«Yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí»</em> (Jn 12,32).</p>
<p>La cruz es el signo más evidente del amor de Dios, como sigue diciendo Jesús a Nicodemo: <em>«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna</em>». ¿Qué explicación se puede dar al hecho de que el Hijo eterno de Dios se haya hecho hombre y haya muerto en la cruz? ¿Qué motivación se puede encontrar a este hecho? No hay otra explicación ni otra motivación que el amor de Dios hacia el hombre. Es un amor gratuito, sin mérito alguno de nuestra parte. El que cree en esto es destinatario de esta promesa de Cristo: <em>«No perecerá sino que tiene la vida eterna</em>». El que no crea rehúsa el amor de Dios y se excluye de la salvación. San Pablo no se cansaba de contemplar este hecho y de llamar la atención de los hombres sobre la misericordia de Dios: <em>«La prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros» </em>(Rom 5,8)<em>.</em> Dios no podía darnos un signo mayor de su amor que la cruz de Cristo. Para eso fue elevado Jesús sobre la cruz: para que lo mire­mos, creamos y tengamos vida eterna.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>«</em> <em>Le dijo Nicodemo: «¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?» (Jn 3, 4). La pregunta de Nicodemo a Jesús manifiesta bien la preocupada admiración del hombre ante el misterio de Dios, un misterio que se descubre en el encuentro con Cristo. Todo el diá­logo entre Jesús y Nicodemo pone de relieve la extraordinaria riqueza de significado de todo encuentro, inclu­so del encuentro del hombre con otro hombre. Efectivamente, el en­cuentro es el fenómeno sorprendente y real, gracias al cual el hombre sale de su soledad originaria para afron­tar la existencia. Es la condición normal a través de la cual es llevado a captar el valor de la realidad, de las personas y de las cosas que la constituyen, en una palabra, de la historia. En este sentido se puede comparar con un nuevo nacimiento.</em></p>
<p><em>En el Evangelio de Juan el en­cuentro de Cristo con Nicodemo tie­ne como contenido el nacimiento a la vida definitiva, la del reino de Dios. Pero en la vida de cada uno de los hombres, ¿acaso no son los encuen­tros los que tejen la trama imprevista y concreta de la existencia? ¿No están ellos en la base del nacimiento de la autoconciencia capaz de acción, la única que permite una vida digna del nombre de hombre? En el encuentro con el otro el hombre descubre que es persona y que tiene que reconocer igual digni­dad a los demás hombres. Por medio de los encuentros significativos aprende a conocer el valor de las dimensiones constitutivas de la exis­tencia humana, ante todo, las de la religión, de la familia y del pueblo al que pertenece».</em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II. Catequesis 16 de noviembre de 1983. </em></p>
<p><em> </em>&#8216;  <strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana  </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>1. La celebración del cuarto Domingo nos hace tomar conciencia que estamos cerca de la celebración de la Semana Santa. ¿Cómo estoy viviendo mi cuaresma? ¿Me estoy acercando y acompañando al Señor en su paso por el desierto? </em></p>
<p><em>2. «Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios». </em></p>
<p><em>¿Mi conducta y mis actos realmente responden a mi apertura a la Verdad que el Señor Jesús ha revelado? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: </em><em>218 – 221.458.</em></p>
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		<title>62 cantos de Semana Santa disponibles en internet</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 15:29:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 9 Mar. 12 (AICA) Al acercarse la Semana Santa, el sacerdote sacramentino José Bevilacqua, licenciado en Música Sagrada por la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, informó que en la página www.canticanovaetvetera.org se podrán encontrar, e imprimir, todos los cantos necesarios y convenientes para las celebraciones del Domingo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aica.org/photos/00017163-constrain-160x200.jpeg" alt="Música sacra" align="left" border="0" hspace="5" vspace="5" />Buenos Aires, 9 Mar. 12 (AICA) Al acercarse la Semana Santa, el sacerdote sacramentino José Bevilacqua, licenciado en Música Sagrada por la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, informó que en la página <a href="http://www.canticanovaetvetera.org/" target="_blank">www.canticanovaetvetera.org</a> se podrán encontrar, e imprimir, todos los cantos necesarios y convenientes para las celebraciones del Domingo de Ramos y del Triduo Pascual.</p>
<p>Estos cantos se presentan armonizados para órgano o armonio (u otros teclados), y también fácilmente adaptables para coros.<br />
Allí se encuentran también cantos varios para la bendición, procesión y misa del Domingo de Ramos. Asimismo, los de las misas Crismal y de la Cena del Señor del Jueves Santo, al igual que cantos para la adoración de la Eucaristía.<br />
Para el Viernes Santo están la Antífona del Salmo, la Aclamación antes de la Pasión, la Presentación y Adoración de la Cruz, y los Improperios (Lamentos del Señor) en una nueva composición, y un canto para conmemorar a la Virgen María.<br />
Para la Vigila Pascual, además de cantos oportunos, están todas las antífonas de los salmos responsoriales correspondientes a cada una de las lecturas bíblicas, como también las Letanías de los Santos.<br />
Digna de mención es la versión original, allí editada muy esmeradamente, del Gloria (ya muy conocido, pero no siempre bien cantado) del padre Osvaldo Catena, tal cual el mismo autor la escribió en sus versiones simple y coral.<br />
Quien visite la mencionada página de internet podrá seleccionar e imprimir de este cuaderno de 82 páginas las obras que le interese, o todo el cuaderno (y anillarlo).<br />
Para cualquier consulta o sugerencia escribir al padre José Bevilacqua, al correo electrónico: <a href="mailto:jbevisss@gmail.com">jbevisss@gmail.com</a> .+</p>
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		<title>Renovado sitio web del Episcopado argentino</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 15:26:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 9 Mar. 12 (AICA) El sitio web institucional de la Conferencia Episcopal Argentina www.episcopado.org luce un diseño renovado, mediante el cual ofrecerá “información actualizada y organizada a quienes habitan en un continente digital cada vez más extenso”. El objetivo, se explica, es “seguir creciendo en una comunicación ágil y valiosa”. “La presencia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aica.org/photos/00019634-constrain-160x200.jpeg" alt="Sitio web de la CEA" align="left" border="0" hspace="5" vspace="5" />Buenos Aires, 9 Mar. 12 (AICA) El sitio web institucional de la Conferencia Episcopal Argentina <a href="http://www.episcopado.org/">www.episcopado.org</a> luce un diseño renovado, mediante el cual ofrecerá “información actualizada y organizada a quienes habitan en un continente digital cada vez más extenso”.<br />
El objetivo, se explica, es “seguir creciendo en una comunicación ágil y valiosa”.<br />
“La presencia de la Iglesia en Internet es una realidad desde el nacimiento de la red, con diversas manifestaciones en todos los ámbitos donde desarrolla su labor pastoral”, se subraya al presentar las novedades.<br />
Al ingresar al sitio pueden verse imágenes de lugares de masiva religiosidad popular como el santuario del Señor y la Virgen del Milagro, en Salta o la Virgen del Valle en Catamarca, además de las particularidades de la catedral de La Plata o de la Semana Santa en la Quebrada de Humahuaca.<br />
También se ofrece información del boletín electrónico EcosCEA, al que se invita a suscribirse, y accesos a los organismos de la CEA, a los obispos y diócesis, a documentos y enlaces.<br />
Asimismo, tiene un fácil acceso a las cuentas de Facebook y Twitter .+</p>
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