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	<title>Marana - Thá &#187; Espiritualidad</title>
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	<description>Ven Señor Jesús</description>
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		<title>Espiritualidad 30</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 23:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí”. Pilato replicó: “¿Acaso yo soy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="N° 30" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le  preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús le respondió: “¿Dices esto  por ti mismo u otros te lo han dicho de mí”. Pilato replicó: “¿Acaso yo soy  judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué  es lo que has hecho?”. Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi  realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para  que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. Pilato  le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”. Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy rey.  Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El  que es de la verdad, escucha mi voz”.</em></p>
<p><em>(Juan 18, 33-37)</em></p>
<p>En estos últimos  domingos, la Palabra  nos viene hablando sobre la venida de Jesús como Juez y Señor de la historia,  lleno de gloria y poder. Los cristianos miramos con gran esperanza hacia el fin  del tiempo, en que Jesús reinará para siempre sobre todos.</p>
<p>En la fiesta de  Cristo, Rey del Universo, queremos celebrar su promesa de volver para  reunirnos, fortalecer el deseo de su retorno y comprometernos a trabajar para  que “venga a nosotros su reino, y se haga su voluntad, en la tierra, como en el  cielo”.</p>
<p>El Evangelio que  hoy estamos compartiendo nos muestra a Cristo frente a la autoridad del  gobernador romano, que tiene que juzgarlo. Pilato es el juez, y Jesús es el  prisionero, pero en la lectura descubrimos que en realidad, es el Señor Jesús  el que maneja la situación. Tratemos de responder a estas preguntas: ¿Quién  pregunta?, pensemos con tranquilidad ¿Quién responde?, mirando atentamente  ¿Quién parece el acusado y quién el acusador? ¿Quién se excusa o se ataja, como  si tuviera cola de paja?. Poncio Pilatos casi pide disculpas por lo que trata  de averiguar sobre Jesús: “¿Es que acaso yo soy judío? Tu gente y tus  sacerdotes te han entregado a mí”.</p>
<p>En cambio Cristo  aparece tranquilo, no se siente obligado a contestar el interrogatorio y habla  como un hombre libre, explicando que su reino no es de este mundo, en el  sentido que no gobierna con la fuerza de las armas o luchando con ejércitos,  para dominar como los poderosos de la tierra. Pero reconoce que es REY. Dice  que para eso nació y vino al mundo. Es rey por su origen divino, porque todo le  pertenece, todo es suyo, pero nació y vino al mundo para reinar en los  corazones de los hombres, no a la fuerza, sino invitándonos a escuchar y seguir  la VERDAD. Los  que escuchan la verdad pertenecen a su reinado, que no tiene fronteras o  límites de territorios, sino que abarca todo el universo, al que se entra con  una decisión libre y confiada en su Palabra, que se construye y crece por el  amor y la verdad, y produce en los miembros, sus servidores, paz y alegría.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/manos.jpg" alt="" hspace="5" vspace="5" width="120" height="113" align="left" /><strong>Oración</strong></p>
<p>Oh Príncipe absoluto de  los siglos,</p>
<p>oh Jesucristo, Rey de las naciones:</p>
<p>te confesamos árbitro supremo</p>
<p>de las mentes y de los corazones.</p>
<p>Oh Jesucristo, Príncipe  pacífico,</p>
<p>somete a los espíritus rebeldes,</p>
<p>y haz que encuentren</p>
<p>rumbo los perdidos,</p>
<p>y que en un solo aprisco se congreguen.</p>
<p>Para eso pendes de una  cruz sangrienta</p>
<p>y abres en ella tus divinos brazos;</p>
<p>para eso muestras en tu pecho herido</p>
<p>tu ardiente corazón atravesado.</p>
<p>Glorificado seas,  Jesucristo,</p>
<p>que repartes los cetros de la tierra;</p>
<p>y que contigo y con tu eterno Padre</p>
<p>glorificado el Espíritu sea. Amén.</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Cristo, salvador  nuestro, tú que eres nuestro Dios y Señor, nuestro rey y pastor, conduce a tu  pueblo a los pastos de vida.</li>
<li>Redentor nuestro,  que fuiste constituido rey sobre toda la tierra, haz que todos los hombres te  reconozcan como salvador.</li>
<li>Tú que eres  nuestro maestro y modelo, y que nos has admitido a tu reino, concédenos llevas  desde hoy ante tus ojos una vida santa, sin mancha y sin culpa.</li>
<li>Te encomendamos  los campamentos de fin de año, que sean un tiempo de Gracia para nuestros  grupos.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p><strong>Bondad (II)</strong></p>
<p>Y ahora hemos  de buscar la bondad allí donde es­tá el origen de toda virtud: en Dios.</p>
<p>Él es la bondad  por esencia. En los Salmos, el li­bro de oración del Antiguo Testamento, se  encuen­tran hermosas cosas sobre ella. Cosas dignas de cré­dito, pues el hombre  del Antiguo Testamento no era blando de corazón: no lo habría podido ser con la  du­ra vida que tenía que llevar. Israel era un pueblo pe­queño y vivía en una  tierra avara: la mitad era tierra pedregosa. Siempre estaba amenazado, pues en  torno acechaban civilizaciones gigantescas, ricas, repletas de la soberbia y la  altanería de lo mitológico, y hos­tiles a la pura fe en Dios de la Revelación. Si  alguien de ese pueblo habla de la bondad de Dios es una ex­periencia auténtica.  Así, por ejemplo, se dice en el Salmo 144:</p>
<p><em>“Suave y bondadoso es el Señor, lento para la ira,  rico en gracia.</em></p>
<p><em>El Señor es bondadoso para todos los seres, </em></p>
<p><em>misericordioso para todo lo que ha creado.”</em></p>
<p>Si se pudiera  ver la bondad de Dios, ese abismo de buena intención, uno tendría alegría para  toda la vida. El hecho d¿ que haya “mundo” en absoluto ya es un constante  efecto de la bondad de Dios. No lo habría, si Él no quisiera. No lo necesitaba  Él para sí mismo; ¿por qué habría de necesitar del mundo el Dios infinito, si  el mundo desaparece ante Él? Cuan­do Él lo crea y lo mantiene en el ser es  porque Él es bueno para el mundo.</p>
<p>Pero alguno  preguntará: ¿tiene el mundo aspecto de que Dios sea bueno para él? La  existencia huma­na, ¿se presenta como obra de la bondad divina? Quien sea  sincero empezará por contestar: ¡cierto que no! Pues constantemente se eleva la  pregunta del hombre a Dios ¿por qué todo esto, si tú eres bueno? La pregunta es  comprensible cuando surge de un co­razón apurado, pero en sí es tonta, pues ¿de  dónde viene todo lo terrible que amarga al hombre su exis­tencia? Él mismo se  lo ha causado.</p>
<p>Cuando se eleva  el reproche de cómo puede ser bueno Dios, más aún, de cómo puede haber en abso­luto  un Dios, si todo es como es, quien así lo hace por lo regular pregunta con  alguna idea sobre de dón­de viene todo lo malo. Sin embargo, así fue; Dios pu­so  al hombre el mundo en la mano, para que, de acuerdo con el Creador, edificara  esa existencia que nos muestra el Génesis bajo la imagen del Paraíso. Pero ¡el  hombre no quiso! No quiso construir el Rei­no de Dios, sino su propio reino. De  ahí viene todo lo enredado, lo inauténtico, lo destructor que hay en la  actividad del hombre. ¿Cómo puede ahora levan­tarse y decir: “si existieras,  Dios, no habrías creado semejante mundo”? Y el trastorno atraviesa cada vez más  la existencia por medio del hombre: por medio del mismo que eleva la queja.</p>
<p>Pues así es:  cada cual de nosotros hace la vida un poco peor. Toda mala palabra que decimos  envenena el aire. Toda mentira, toda violencia penetra en la existencia y  produce más honda confusión. Los hom­bres mismos somos quienes hemos convertido  la vi­da en lo que es, de modo que no es honrado que lue­go nos levantemos a  decir que Dios no puede ser bueno, si todo va así. Sólo podemos decir: “Señor,  dame paciencia para sobrellevar lo que hemos produ­cido, para hacer también lo  mío, de modo que haya mejoría donde estoy.” Ésa es la única respuesta hon­rada.</p>
<p>Pero se podría  objetar aún algo más, preguntando cómo puede ser bueno Dios si en el reino de  esos se­res que no pueden ser malos, o sea, los animales, hay tan innumerables  dolores. Muchos hombres melan­cólicos no han sabido superar esta cuestión.  ¿Cómo puede estar la bondad de Dios sobre el mundo, si la creación inocente  padece constantemente cosas tan terribles? Seré sincero: no conozco respuesta.  Pero me ha ayudado una idea que quizá también pueda ayudar a otros, esto es, la  consideración de qué sig­nifica “bondad” cuando es Dios de quien se dice. Te­nemos  derecho —y también obligación— de formar conceptos, a partir del reflejo de la  esencia de Dios en las cosas y en nuestra propia vida, con los cuales  intentamos captar cómo es Él. Así podemos decir: Dios es justo, Dios tiene  paciencia, Dios es bondado­so, y así sucesivamente todas las importantes expre­siones  con que referimos lo grande y lo hermoso de la Creación —purificado de  imperfección— a aquel que la creó. Pero si consideramos con más exactitud: ¿Qué  indica, por ejemplo, la expresión de que Dios es justo? Lo que significa la  palabra “justo” cuando se refiere a una persona lo sabemos, pues somos se­res  finitos, y, por tanto, captables con conceptos fini­tos; pero ¿y si lo  referimos a Dios, que está más allá de toda medida y concepto? A nuestro pensar  y decir sobre Dios le pasa eso: todo lo que existe de modo finito recibe de Él  su estructura esencial. Por eso no­sotros tomamos una de las cualidades de ese  ser, la captamos en la palabra, la presentamos a Dios y de­cimos: así es Él,  sólo que de modo completamente perfecto, como modelo de esta imitación finita.  Pero ahí, conscientemente, la palabra queda absorbida por el abismo de Dios, y  no podemos hacer otra cosa que entender su “sobregrandeza”. Igual ocurre aquí.  Por ejemplo, si digo de una madre que es bondadosa, que la familia entera  recibe vida de su bondad, entonces sé lo que quieren decir esas palabras, y no  se puede atribuir nada mejor a una persona. Pero ¿y si digo: Dios es bueno?  Para empezar, sé lo que quiero decir, pero luego el misterio se apodera de la  palabra y me la arrebata. Sin embargo, permanece una orientación de sentido,  como un camino resplandeciente trazado por un meteoro cuando desaparece en la  inconmen­surabilidad del espacio cósmico. Queda un silencio que percibe esa  orientación: un respeto que se estre­mece ante el misterio: y todo se vuelve  adoración.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
<p>Y eso, a su vez, para nuestra pregunta, significa: Dios también es  bueno donde no comprendemos su bondad.</p>
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		<title>Espiritualidad 29</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 23:13:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Jesús  les enseñaba: &#8220; En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="N° 29" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.<br />
Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…<br />
<img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /><br />
<em>Jesús  les enseñaba:  &#8220;</em> <em>En ese tiempo, después de esta  tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas  caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir  sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para  que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo  al otro del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando  sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que  se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas,  sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación,  sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no  pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del  cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.”</em></p>
<p><em>(Marcos 13, 24-32)</em></p>
<p>Nuestro Evangelio  de hoy comienza con muchas imágenes de la época de Jesús que describen el fin  del tiempo presente y la transformación del universo. Es continuación de un  trozo del Evangelio que habla de la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo  (14-23). La aparición de Jesús como Juez y Señor conmoverá a toda la creación y  nada podrá escapar a su poder, ni el sol ni la luna, ni las estrellas. ¿Cómo  será?<br />
Marcos dice que se  trata de la venida en Gloria y Poder del Hijo del Hombre, como Dios (por eso  viene sobre las nubes) y que será visto por todos (por eso el resplandor que lo  rodea) que su misión será juntar a todos los elegidos de los cuatro rincones de  la tierra (los traerá de todas partes). Ver a Jesús será fundamental, el  mensaje es que “aunque todo se venga abajo, no debemos perder de vista a Jesús,  el Señor”, Él no nos abandonará, sino que viene a salvarnos y reunirnos.<br />
Pero nos queda  flotando la pregunta de ¿Cuándo será? Eso es lo que enseña Jesús en la segunda  parte de este texto.<br />
No debemos  pretender saber un día o una hora precisa “Nadie lo conoce, ni los ángeles del  cielo, ni el Hijo”. Pero podemos estar atentos a las señales, que vienen  madurando ese tiempo.<br />
Hay que estar  vigilantes en la vida, no buscar adelantarnos o tener miedo al futuro “Nuestra  seguridad está en sus palabras, ellas no pasarán, aunque desaparezca el cielo y  la tierra” (vers. 31).<br />
El Señor nos invita  a estar preparados en todo momento, viviendo a fondo el tiempo presente, como  nos indica la Palabra  de Dios, para llegar así al Reino del Padre sin miedos ni temores.<strong> </strong></p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/manos.jpg" alt="" hspace="5" vspace="5" width="120" height="113" align="right" /><strong>Oración</strong></p>
<p>Cantarán, llorarán razas y hombres,<br />
buscarán la esperanza en el dolor,<br />
el secreto de vida es ya presente:<br />
resucitó el Señor.<br />
Dejarán de llorar los que lloraban,<br />
brillará en su mirar la luz del sol,<br />
ya la causa del hombre está ganada:<br />
resucitó el Señor.<br />
Volverán entre cántico s alegres<br />
los que fueron llorando a su labor,<br />
traerán en sus brazos la cosecha:<br />
resucitó el Señor.<br />
Cantarán a Dios Padre eternamente<br />
la alabanza de gracias por su don,<br />
en Jesús ha brillado su Amor santo:<br />
resucitó el Señor.  Amén.<br />
<strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Padre santo, que  hiciste pasar a tu Hijo amado de las tinieblas de la muerte a la luz de tu  gloria, haz que podamos llegar también nosotros a tu luz admirable.</li>
<li>Tú que nos has  salvado por la fe, haz que vivamos hoy según la fe que profesamos en nuestro  bautismo.</li>
<li>Tú, que por tu  resurrección, diste la salud a muchos enfermos, mira también hoy con bondad a  todos los que sufren, y manifiesta en ellos tu gloria.</li>
<li>Te encomendamos  los campamentos de fin de año, que sean un tiempo de Gracia para nuestros  grupos.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em><br />
<strong>Bondad (I)</strong></p>
<p>En este  capítulo vamos a considerar una virtud que fácilmente se queda corta, porque es  retraída, po­co llamativa, tranquila: esto es, la bondad. ¡Cuántas veces se  habla del amor! A eso invita, pues es gran­de y resplandeciente. Pero habría  que hablar de él en menos ocasiones: sería mejor para él; y en cambio hablar  más a menudo de lo que tanta falta hace en nuestra dura época, esto es, de la  bondad. La palabra fácilmente desvía a considerar con cierto menospre­cio lo  que significa, a entender &#8220;bondad&#8221; como man­sedumbre, lo cual es  cierto que no representa nada especialmente valioso. Esta es pasividad, que  deja acontecer, o pereza, que no quiere conflictos, o tam­bién tontería, a la  que se puede persuadir de todo lo posible. La bondad, por el contrario, es algo  fuerte y profundo, pero por eso mismo no es fácil de determi­nar.<br />
Intentémoslo: un  hombre bondadoso es uno que tiene buena intención respecto a la vida, de raíz.  Pero ¿se puede tener mala intención también respecto a la vida? Se puede  realmente, sobre todo cuando la cuestión no se orienta tanto a acciones  visibles como a una disposición de ánimo que está detrás, y quizá no llega  especialmente a la conciencia.<br />
Por ejemplo, un  hombre puede ser dominante res­pecto a los demás. Aunque diga que quiere lo  mejor para ellos, de lo que trata en realidad es de dominar­los. Quien es así  no tiene buena intención respecto a la vida, pues la ahoga con el afán de  dominio. De ahí proceden muchas tragedias de familia; de que uno quiera someter  a los demás sea hombre o mujer, hija o hijo. El verdadero bien deja espacio  abierto a quien vive, movimiento libre; mejor dicho, se lo da, se lo produce,  pues sólo ahí prospera.<br />
O produce en el  interior del hombre un rencor a la vida. Él piensa que ha sufrido una  injusticia, que sus expectaciones se han visto defraudadas, que sus pre­tensiones  no han obtenido satisfacción. Quizá es así realmente, y debería tratar de  obtener lo mejor de lo que aún es posible; pero no es capaz de pasar por en­cima  del sentimiento de agravio, y se venga. &#8220;Todos son así”, dice, porque uno  ha sido así; &#8220;no hay justi­cia&#8221;, porque considera que no la ha  encontrado para sí&#8230; La bondad renuncia porque es generosa y con­cede  libremente a los demás; porque tiene confianza y deja que la vida vuelva a  empezar otra vez constan­temente.<br />
Muchas faltas  de bondad proceden de la envidia. Algunos son pobres y ven a los demás con  riqueza. En algún aspecto todos observan que otros tienen lo que a ellos les  falta. Si no se contentan con eso se agrian, envidian a los demás lo que tienen  y luego se envenenan, haciéndose enemistad contra la vida. La bondad puede  prescindir de sí, puede conceder a otros lo que le falta, quizá incluso  disfrutar de ello en otro&#8230; Así cabría decir aún más.<br />
La bondad  significa que uno tenga buena inten­ción respecto a la vida. Dondequiera que se  trata con algo vivo, su primer movimiento no es desconfiar y criticar, sino  tener respeto, dejar valer, ayudar a cre­cer. ¡Cuánta falta hace esta  disposición de ánimo en la vida, en la vida humana, que es tan frágil!<br />
Pero en la  bondad también hay fuerza. Cuanto más pura es, más fuerza, y la bondad perfecta  es ina­gotable. La vida está llena de dolor; si uno tiene bue­na intención  respecto a la vida, cuando viene el do­lor y es sentido, ello, pese a todo lo  fortalece. La vi­da quiere ser comprendida, pero esto fatiga. Requie­re ayuda;  pero sólo puede ayudar realmente quien comprende, y quien comprende  precisamente este dolor: quien encuentra las palabras que aquí son necesarias y  ve lo que debe ocurrir para suavizarlo. ¡Ay de la bondad si es débil, por más  que tenga buena in­tención! Le puede ocurrir que se deshaga sólo en compartir  sentimientos o, por el contrario, que se vuelva violenta para defenderse.<br />
La auténtica  bondad implica paciencia. El dolor vuelve una y otra vez, queriendo ser  comprendido: una y otra vez las faltas del prójimo se hacen percep­tibles, y  éste se vuelve insoportable precisamente porque se lo conoce de memoria. Una y  otra vez la bondad debe ofrecerse y aplicarse.<br />
Y algo más  forma parte de la bondad, algo de que sólo se habla raras veces: el humor.  Ayuda a sobrelle­var con más facilidad: más aún, sin él no marcha na­da en  absoluto. Quien mira a los hombres solamente en serio, sólo en forma moral o  pedagógica, a la lar­ga no lo aguanta. Debe tener ojos para lo peculiar de la  existencia. Pues todo lo humano lleva consigo al­go de cómico: cuanto más  grandiosamente uno se en­trega más fuerte se hace esto. Pero el humor signifi­ca  que se tome la naturaleza humana en serio y que uno se esfuerce por ello, pero  de repente se ve qué peculiar es y uno se ríe, aunque sea sólo por dentro. La  risa amistosa por la rareza de todo lo humano: eso es el humor. Ayuda a ser  bondadoso, pues tras la risa, la seriedad vuelve a ser más fácil de aplicar.<br />
Otra cosa final  ha de decirse sobre la bondad; a saber: que es silenciosa. La verdadera bondad  no ha­bla mucho: no se adelanta; no hace ruido con organi­zaciones y  estadísticas; no fotografía y no analiza. Cuanto más profunda es, más  silenciosa se vuelve. Es el pan cotidiano de que se nutre la vida.<br />
Donde  desaparece, por mucha ciencia que haya, y política, y bienestar, en el fondo  todo sigue frío.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 28</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 21:24:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Jesús  les enseñaba: &#8220;Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="N° 28" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" vspace="5" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Jesús  les enseñaba:  &#8220;Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas  vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las  sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer  largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad&#8221;.</em></p>
<p><em> Jesús se sentó frente  a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna.  Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó  dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo:  &#8220;Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los  otros,  porque todos han dado de lo que  les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que  tenía para vivir&#8221;.</em></p>
<p><em>(Marcos 12, 38-44)</em></p>
<p>El Evangelio en  esta semana, tiene dos partes bien distintas: la 1° (hasta el Ver. 40) es una  invitación de Jesús a cuidarse de andar “aparentando” para merecer o ganarse un  trato respetuoso o distinguido. La 2° (Ver.41 al 44) es una enseñanza que da el  Señor al ver como la gente da limosna en el templo. Profundicemos juntos que  nos dice Dios en su palabra hoy:</p>
<ul>
<li>Cada uno de nosotros es tal cual como Dios nos ve, y  no como los demás nos consideran o tratan de mostrar ante los otros. Sin  embargo muchas veces nos preocupa más lo que piensan los hombres sobre  nosotros, que viven según lo pide Dios. Jesús critica a los maestros de la Ley no por que todos sean  malos, sino por que buscan “ser vistos”, admirados, honrados, y tener un lugar  de privilegios en la comunidad. Quienes empiezan a dejarse llevar por  “aparentar”, terminan creyendo sus propias mentiras, pensando que son mejores o  más que el resto, pero en realidad, son ambiciosos y “caretas”. Serán juzgados  severamente.</li>
<li>En la segunda parte, Cristo mira a los que ponen la  ofrenda en el limosnero del Templo y además de los ricos, que depositaban mucha  plata, ve a una viuda pobre, que deja unos centavitos. Llamando a los  discípulos les dice con total seguridad que ella puso más que todos los otros  ¿Por qué? Por que los demás echaban “algo” de lo que les sobraba, pero la mujer  puso todo lo que tenia para vivir.</li>
</ul>
<p>Con eso nos  muestra que lo importante no es la cantidad que ofrecemos, sino la actitud  interior con que lo hacemos.</p>
<p>Dios mira al  corazón, y lo que damos debe expresar el amor que por Él tenemos. ¿Cómo es mi  oración? ¿Entrego mi espíritu cuando rezo? o ¿solamente repito de memoria sin  poner el corazón en lo que digo? ¿Qué le ofrezco al Señor? ¿Lo que sobra o lo  que me cuesta?</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/manos.jpg" alt="" hspace="5" vspace="5" width="120" height="113" align="left" /><strong>Oración</strong></p>
<p>Jesús, maestro bueno,</p>
<p>enséñame el camino</p>
<p>para vivir el amor.</p>
<p>Ayúdame a convertir mi corazón duro</p>
<p>en un corazón sensible</p>
<p>y cercano a los que sufren.</p>
<p>Que no sea mezquino en mi entrega,</p>
<p>que aprenda a dar todo lo que tengo:</p>
<p>mis cosas, mi tiempo, mi esfuerzo,</p>
<p>mi vida entera</p>
<p>para que otros vivan más y mejor</p>
<p>- Que así sea –</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Por la Iglesia y el Santo Padre, por  nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, para que ejerciendo con alegría y entrega  el ministerio que tú les has encomendado, nos guíen en la construcción de una  comunidad diocesana que asuma su compromiso de amor con los más pobres.</li>
<li>Por nuestra  patria, para que todos los que la habitamos reconozcamos a Dios como único  Señor, Padre de todos. Y reconociéndonos hermanos vivamos la justicia y la  solidaridad.</li>
<li>Por toda nuestra  comunidad, para que, como la viuda del Evangelio, demostremos nuestra gratitud  a Dios, siendo verdaderamente generosos con nuestra Iglesia y con nuestros hermanos  más necesitados.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p><strong>Ascetismo (iii)</strong></p>
<p>Ninguna obra  prospera si no hay por encima de ella una responsabilidad a partir de la cual  el hombre hace su trabajo con fidelidad y autosuperación.</p>
<p>La vida del  hombre transcurre en muchos estratos. Está lo superficial, lo más profundo, lo  totalmente esencial; y cada cual tiene sus exigencias, sus valo­res y  satisfacciones. Evidentemente, no se puede te­ner todo a la vez. Hay que  elegir: ceder lo uno para que pueda existir lo otro.</p>
<p>Volvamos a  mirar a lo cotidiano. Quien va mucho al cine pierde el buen gusto por ese gran  espectáculo: ya no lo comprende. Entonces debe preguntarse qué quiere y elegir,  dejar a un lado la excitación su­perficial de la película para tener capacidad  de perci­bir lo más valioso, o convencerse a sí mismo de que necesita relaja­miento;  que, por la tarde, después de la fatiga del día, no se puede hacer ya el  esfuerzo que requiere el tea­tro, y así sucesivamente&#8230; Quien lee mucho papel  que no sirve para nada pierde el sentido para la bue­na lectura. Entonces debe  decidir claramente qué es más importante para él&#8230; Quien constantemente está  con gente y habla y discute, pierde la capacidad de estar consigo mismo y, con  ello, todo lo que sólo ahí se manifiesta. Una vez más se trata de esto o  aquello. Y costará alguna superación dominar la inquietud que nos arrastra  hacia fuera&#8230;</p>
<p>En esta vida,  que sólo dura unos pocos años tan veloces, el hombre que quiera extraer lo  preciso que pueda contener, ha de saber que se trata sólo de que renuncie a lo  menor para poder tener lo mayor.</p>
<p>Los  proclamadores del mensaje de la vida dicen que no se ha de mutilar esta vida,  que hay que dejar surgir todas sus posibilidades y disfrutarlas. Si se pregunta  luego qué es el auténtico contenido de esta vida, su sentido y su medida,  entonces responden: ella misma, la “vida”, recia, palpable y rica. Pero ¿es  verdad eso? ¿La vida es sentido y medida para sí misma?</p>
<p>No sólo el  sentir vulgar habla así, ha habido ente­ras filosofías que lo han dicho así.  Pero ¿no es reve­lador que hoy tengamos la contradicción, esto es, la filosofía  del desengaño y del asco? El sentido del ac­to vital no consiste en disfrutar  su propia sensitividad y su fuerza, sino en realizar aquello que se le ha im­puesto  al hombre. Éste vive real y plenamente si co­noce la responsabilidad que tiene,  si cumple la obra que le aguarda, si satisface a la persona que se le ha  confiado. Pero el reconocer y elegir lo justo, el pres­cindir de lo falso —este  pasar continuo por encima de los propios deseos para ir al deber—, es el asce­tismo.</p>
<p>Si miramos  entonces de lleno a lo que decide por completo sobre el sentido de nuestra  existencia, esto es, a la relación con el que nos ha creado, bajo cuyos ojos  vivimos y ante el cual hemos de presentarnos tras de estos pocos años  terrenales, entonces vemos fácilmente que eso no se puede conseguir en absolu­to  sin disciplina y autosuperación.</p>
<p>El hombre no es  llevado a Dios con la violencia. Si no se educa a sí mismo para ello; si no se  toma tiempo para la oración, por la mañana y por la noche; si no convierte la  fiesta del día del Señor en una oca­sión importante; si no tiene a mano ningún  libro que le muestre algo de “la anchura, la longitud y la altu­ra y la  profundidad” de las cosas de Dios (Ef 3, 18), entonces la vida se le escapa  constantemente a uno fluyendo por encima de las quedas amonestaciones que  llegan desde dentro. Quien es así, cuando ha de estar ante Dios, se aburre y  todo le parece vacío. Los discursos, la prensa y la radio le enseñan que para  el hombre moderno ya no existen los valores y las refe­rencias de lo religioso,  y no se siente justificado si no se sitúa en el progreso universal&#8230; Para  sentirse en casa ante Dios, de modo que uno trate con Él a gus­to y con  sensación de presencia plena, hace falta también el “ejercicio” —como en todo  asunto se­rio—. Debe hacerse de modo voluntario y con auto­superación, una y  otra vez, y entonces, como gracia, se recibe el regalo de la sagrada cercanía.</p>
<p>Así, hemos de  aprender a considerar el ascetismo como elemento de toda vida bien vivida.  Haremos bien en ejercitarnos en ello, tal como, en obsequio a la mesura, se  ponen límites a un impulso; tal como se deja lo menos importante, aunque sea  atractivo, para hacer lo más importante; tal como uno se domina a sí mismo para  adquirir libertad espiritual&#8230;</p>
<p>Por ejemplo  antes de dar un paseo por la ciudad ca­bría proponerse no dejarse atrapar por  los anuncios y la gente, sino concentrar el ánimo en un buen pensa­miento o en  tranquila libertad&#8230;; o cabría apagar la radio para que hubiera silencio en la  habitación&#8230;; o quedarse una tarde en casa, en vez de salir&#8230;; o decir alguna  vez que no en el comer y beber y fumar&#8230;, y cosas parecidas. En cuanto a uno  se le ha llamado la atención sobre ello, constantemente se encuentran ocasiones  de ejercicios que le hacen a uno libre; re­sistir un dolor, en vez de  eliminarlo en seguida con medicinas; aceptar interiormente una renuncia que sea  buena por alguna razón; tratar con tranquila amistosidad a una persona  antipática&#8230;</p>
<p>Esto, y cosas  análogas, no son nada grandioso. No se trata de severos ayunos, ni de vigilias  nocturnas, ni de duros trabajos de expiación, sino de ejercitación en la vida  justa: de la verdad, que nuestra vida lleva de modo diferente que la del  animal. Es la vida real del hombre, en que las tendencias interiores se  encuentran situadas por el espíritu en una libertad su­blime, pero también  peligrosa. El espíritu les da todo su dinamismo; también él debe ejercer el  poder orde­nador mediante el cual la vida no es destruida, sino llevada a su  plenitud.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 27</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2009 21:10:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dios  mío, ven en mi auxilio.<img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="N° 27" width="52" height="66" align="right" /></p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén,  de Judea y de la   Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña,  se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y  comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque  a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque  recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán  consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán  saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices  los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan  por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son  perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de  los Cielos.</em></p>
<p><em> Felices ustedes,  cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a  causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran  recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los  precedieron”.</em></p>
<p><em> (Mateo 4,  25 – 5, 12)</em></p>
<p>Jesús anuncia  ocho veces a sus seguidores la felicidad, el camino hacia el proyecto de Dios,  que siempre ha sido proyecto de vida y de felicidad. Ahora bien: este camino  que nos enseña Jesús es en verdad paradójico: llama felices a los pobres, a los  humildes, a los de corazón misericordioso, a los que trabajan por la paz, a los  que lloran y son perseguidos, a los limpios de corazón.</p>
<p>Todos buscamos  la felicidad. Pero, en medio de un mundo agobiado por malas noticias y  búsquedas insatisfechas, Jesús nos la promete por caminos muy distintos de los  de este mundo. La sociedad en que vivimos llama dichosos a los ricos, a los que  tienen éxito, a los que ríen, a los que consiguen satisfacer sus deseos. Lo que  cuenta en este mundo es pertenecer a los “importantes”, mientras que las  preferencias de Dios van a los humildes, los sencillos y los pobres de corazón.</p>
<p>La propuesta de  Jesús es revolucionaria, sencilla y profunda, gozosa y exigente. Se podría  decir que el único que la ha llevado a cabo en plenitud es él mismo: él es el  pobre, el que crea paz, el misericordioso, el limpio de corazón, el perseguido.</p>
<p>Las  bienaventuranzas no son tanto un código de deberes, sino el anuncio de dónde  está el tesoro escondido por el que vale la pena renunciar a todo. Más que un  programa de moral, son el retrato de cómo es Dios, de cómo es Jesús, a qué le  dan importancia ellos, cómo nos ofrecen su salvación. Además, no son promesa;  son, ya, felicitación.</p>
<p>Pensemos hoy un  momento si estamos tomando en serio esta propuesta: ¿creemos y seguimos las  bienaventuranzas de Jesús o nos llaman más la atención las de este mundo? Si no  acabamos de ser felices, ¿no será porque no somos pobres, sencillos de corazón,  misericordiosos, pacíficos, abiertos a Dios y al prójimo?</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/manos.jpg" alt="" width="120" height="113" align="right" /><strong>Oración</strong></p>
<p>Enséñanos a vivir</p>
<p>el espíritu de las Bienaventuranzas.</p>
<p>El Reino es de los pobres</p>
<p>y los que se hacen pobres para seguirte, Señor.</p>
<p>El Reino es de los hambrientos,</p>
<p>y los que viven necesidades para seguirte, Señor.</p>
<p>El Reino es de los que lloran,</p>
<p>y los que sufren por seguirte, Señor.</p>
<p>El Reino es de los que asumen el conflicto</p>
<p>de vivir a fondo el Evangelio,</p>
<p>a pesar de las dificultades y desafíos</p>
<p>que significa seguir tus pasos, Señor.</p>
<p>- Que así sea –</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Por la Iglesia, por todos los  hombres y mujeres consagrados en su nombre, por todos los que colaboran en su  misión.</li>
<li>Que entre todos,  Señor, construyamos el Reino de Dios y el hombre vida en paz y fraternidad.</li>
<li>Te pedimos,  Señor, que bendigas a todos los que trabajan  por la paz, y a los que sufren cualquier tipo de persecución por vivir la fe.</li>
<li>Por las familias,  por nuestras familias, para que el Señor les ayude a crecer en su  amor y las proteja.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p><strong>Ascetismo (II)</strong></p>
<p>Existe para el  hombre una necesidad que no existe para el animal, a saber: mantener sus  tendencias en ordenación libremente querida y superar la propen­sión a la  desmesura o a la mala realización.</p>
<p>No como si las  tendencias fueran malas en sí. For­man parte de la esencia del hombre y actúan  en todos los dominios y formas de su vida. Debilitarlas sería tanto como debili­tar  la vida, pero la vida es buena. Una honda corrien­te en la historia de la  religión y de la moral parte de la idea de que la tendencia como tal, la vida  sexual, la corporalidad, e incluso la materia en absoluto, son malas; incluso  que son el mal, sin más, mientras que el espíritu como tal es el bien,  absolutamente. Es el dualismo, que en conjunto forma un peligroso error, y  también se transforma, una y otra vez, en un abando­no de sí mismo a la  tendencia. La motivación del au­téntico ascetismo no reside en tal combate  contra la vida de las tendencias, sino en la necesidad de poner­las en el orden  adecuado. Éste está determinado por los más diversos puntos de vista: las  exigencias de la salud, la atención a los demás hombres, las obliga­ciones  respecto a la profesión y el trabajo. Cada día se presentan nuevas exigencias  de mantenerse en or­den a sí mismo, y eso es ascetismo. Esa palabra — del  griego áskesis— significa ejercicio, entrena­miento, ejercicio en la correcta  orientación de la vi­da.</p>
<p>También hay una  ordenación de rango entre los valores. Los hay cotidianos, como los que per­tenecen  a la vida física; por encima están los valores de la realización del trabajo;  aún más arriba los de la relación personal y la obra espiritual; finalmente,  los que se realizan directamente en rela­ción con Dios. Realizamos estos  valores con las fuer­zas de nuestro ser vivo; pero éstas son limitadas, y  debemos darnos cuenta claramente a qué tareas hemos de aplicarlas. Debemos  elegir y cumplir la elec­ción; eso cuesta sacrificio y esfuerzo, y eso precisa­mente  es el ascetismo.</p>
<p>Pero,  prescindiendo de eso, todos los que conocen la dejadez de la naturaleza humana  saben cuan nece­sario es imponerse superaciones también voluntarias, no  requeridas por objetivos inmediatos. Son necesa­rias para que luego la  voluntad, cuando un deber in­mediato plantee sus exigencias, pueda cumplirlas  más fácilmente. <span style="text-decoration: underline;">Son necesarias como camino a la li­bertad</span>, que consiste,  efectivamente, en ser señor de sí mismo.</p>
<p>Las tendencias  físicas, tal como surgen de la orga­nización anímico-corporal del hombre,  entran en la conciencia de modo tan elemental que es fácil olvi­dar las  tendencias espirituales. En realidad, éstas, vistas desde el conjunto de la  vida humana, son aún más decisivas. La estructura de lo que llamamos per­sonalidad,  su afirmación propia en el mundo, su ac­ción y creación, están sustentadas por  las tendencias espirituales. Así, existe el impulso de adquirir in­fluencia, prestigio  y poder en todas sus formas. Hay tendencia a la sociedad y la comunidad, a la  libertad y la educación. Hay tendencia al saber y a la activi­dad artística, y  así sucesivamente. Como se ha dicho, todas las tendencias tienen su importancia  como im­pulsos que sustentan la afirmación propia del hombre y su despliegue  propio; pero también tienen la ten­dencia a la desmesura, a poner la vida  propia fuera de relación con la de los demás hombres, actuando así de modo  intranquilizador o destructivo.</p>
<p>Así se hace  también necesaria una constante dis­ciplina, cuyos puntos de vista están  determinados por la doctrina moral y la sabiduría vital, y esa disciplina se  llama ascetismo.</p>
<p>Pero dejemos  las generalidades; miremos lo real. Pensemos, por ejemplo, en una amistad. Se  han co­nocido dos personas y se han agradado. Han descu­bierto comunidades de  opinión y de gusto, la simpa­tía se ha desarrollado y cada uno confía en el  otro. Piensan que su vínculo es seguro y viven sin más preocupación. Pero, como  es obvio, existen entre ellos diferencias que poco a poco van cobrando vi­gencia.  Surgen malentendidos, enojos, tensiones. Pe­ro ninguno de ellos busca la base  donde residen real­mente, esto es, en la propia seguridad de sí mismos y en la  propia dejadez, y al cabo de poco tiempo em­piezan a ponerse nerviosos  mutuamente. Desaparece la tranquila confianza y poco a poco se deshace todo.</p>
<p>Para que dure  una amistad debe haber una vigi­lancia sobre ella; algo que la resguarde. Cada  cual debe dar lugar al otro para que sea precisamente el que es; cada cual debe  hacerse consciente de sus pro­pias faltas y ver las del otro con ojos de  amistad. Quererlo, y también lograrlo contra la suspicacia, la pereza, la  estrechez de la propia naturaleza, es tam­bién ascetismo.</p>
<p>¿Por qué tantos  matrimonios se vuelven mudos y vacíos? Porque en cada uno de los dos domina la  idea básica de que se trata de la felicidad, o sea, que cada uno de los dos se  puede satisfacer en consumir simplemente su propia vida.</p>
<p>En realidad, el  auténtico matrimonio es estar uni­dos en la existencia; es ayuda y fidelidad.  Matrimo­nio significa “que el uno lleve las cargas del otro”, como dice san  Pablo (Ga 6, 2). Así que sobre él de­be velar una responsabilidad nacida del  espíritu. Una y otra vez debe el uno aceptar al otro como el que es; debe  renunciar a lo que no puede ser. Debe prescin­dir de las embusteras imágenes de  cine que destruyen la realidad del matrimonio y saber que tras del en­cuentro  mutuo del primer amor es cuando empieza la tarea de veras. Que el auténtico matrimonio,  pues, sólo puede existir por autodisciplina y superación. Entonces se hace  auténtico, capaz de producir vida y entregar vida al mundo.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 26</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 22:28:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="N° 26" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí,  acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo  -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de  que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: &#8220;¡Jesús, Hijo de David,  ten piedad de mí!&#8221;.  Muchos lo  reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: &#8220;¡Hijo de  David, ten piedad de mí!&#8221;.</em></p>
<p><em> Jesús se detuvo y  dijo: &#8220;Llámenlo&#8221;. Entonces llamaron al ciego y le dijeron:  &#8220;¡Animo, levántate! El te llama&#8221;. Y el ciego, arrojando su manto, se  puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: &#8220;¿Qué quieres  que haga por ti?&#8221;. El le respondió: &#8220;Maestro, que yo pueda ver&#8221;.  Jesús le dijo: &#8220;Vete, tu fe te ha salvado&#8221;. En seguida comenzó a ver  y lo siguió por el camino.</em></p>
<p><em> (Marcos 10,  46-52)</em></p>
<p>Nos encontramos  en este Evangelio con un mendigo ciego, a quien Marcos quiere mostrar como  ejemplo del hombre de fe.</p>
<p>Comienza esta  lectura con la llegada y la partida de Jericó. ¿Por qué tanto apuro? El  Evangelio quiere hacer notar y resaltar, que esta curación y el seguimiento de  Bartimeo, se realiza en el camino de Jericó a Jerusalén. Por eso Jesús lo ve  recién al salir de esta ciudad, donde el ciego pedía limosna sentado junto al  camino. Este pobre hombre conocía al Señor, por eso al enterarse que era Él  quien pasaba, comienza a gritarle, llamándolo ¡Hijo de David!, pidiéndole  compasión. Este título (hijo de David) es el que correspondía a los reyes o  príncipes (al Mesías esperado) que tenía obligación de ocuparse de los pobre y  necesitados.</p>
<p>La gente se molesta  por sus gritos e intentan hacer que se calle pero el ciego gritaba más fuerte,  hasta que logró que se detenga la multitud y que Jesús lo mande a llamar.  Cuando se le acerca (como cuando una persone importante le da audiencia o cita  a otra) Cristo le pregunta ¿Qué quieres que haga por ti? El pedido es claro  pero también impresionante: ¡Que pueda ver! Esto habla de la fe que le tenía,  este hijo de Timeo. Jesús valora en el mendigo esta fe más que cualquier otra  cosa, por eso ni le menciona la curación o la sanación de la vista. Mucho más  importante es que el ciego pudo descubrir en El algo que todos los demás,  aunque veían físicamente, no pudieron reconocer. Por eso simplemente le diría:  ¡Vete, tu fe te ha salvado! La fe le abrió la puerta a la salvación que Jesús  trae, y un signo de esta salvación es que se cure físicamente, pero más  todavía, es que se convierte en su discípulo (seguidor) y que lo acompaña en el  camino a la cruz que lo espera en Jerusalén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/manos.jpg" alt="" hspace="5" vspace="5" width="120" height="113" align="left" /><strong>Oración</strong></p>
<p>Tras tus pasos, en camino,</p>
<p>aprendiendo en la marcha,</p>
<p>te seguiremos, Señor, te seguiremos.</p>
<p>Porque Tú tienes palabras de vida,</p>
<p>que llegan al corazón y descubren nuevos rumbos.</p>
<p>Porque Tú nos miras a los ojos,</p>
<p>nos muestras tu rostro y nos invitas a nuevos horizontes.</p>
<p>Porque Tú sacudes nuestros pies,</p>
<p>quebrando nuestras rutinas y nos lanzas a nuevos desafíos.</p>
<p>Porque Tú eres el Señor la fuente de vida</p>
<p>y nos llamas a una nueva existencia.</p>
<p>Sí, Señor, te seguiremos. Amén</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Por la Iglesia universal, para  que siempre y en todo momento anunciemos el mensaje de Jesús a todos los  pueblos.  Oremos.</li>
<li>Por los que  gobiernan los destinos de los pueblos, para que lo hagan como servicio a todos,  en especial a los más débiles. Oremos.</li>
<li>Por los  misioneros y misioneras, repartidos por todo el mundo, para que sientan el  respaldo de nuestra oración y nuestra ayuda económica. Oremos.</li>
<li>Por  los niños y los jóvenes, para que Dios vayan  sembrando en nosotros la ilusión por la vocación misionera. Oremos.</li>
<li>Por todos  nosotros para que seamos testigos del evangelio. Oremos.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p><strong>Ascetismo (I)</strong></p>
<p>Hubo un tiempo  en que se hablaba no sólo con aversión, sino con irritación, sobre todo lo que  se lla­ma “ascetismo”, como si se tratara de algo no sólo torcido, sino  innatural y perjudicial. Había la opinión de que el “ascetismo” procedía del  temor y enemis­tad a la vida, o incluso de un sentimiento innatural­mente  deformado. En él se manifestaría el odio que tiene el cristianismo al mundo, la  envenenada dispo­sición de ánimo del sacerdote que rebaja la naturale­za viva  para reforzar su existencia propia, y cosas se­mejantes.</p>
<p>Eso fue en la  época de la prosperidad burguesa: desde entonces esto ha cambiado mucho. Quien  ha querido ver, ha visto lo que pasaba con el “culto a la vida”. Sin embargo,  la palabra sigue despertando sentimientos contrarios, así que vale la pena  pregun­tar qué significa realmente.</p>
<p>Mucho de la  oposición al ascetismo procedía sen­cillamente del deseo de tener carta blanca  para los antojos de las tendencias. Pero aquí actuaba también un falso concepto  de la vida; dicho con más exacti­tud, del modo como crece y se hace fecunda.</p>
<p>¿Qué pasa con  la vida de la naturaleza? Pues se tiende a comparar al hombre con ella, al  querer dejar lugar para algo que contradice al espíritu de Cristo. ¿Cómo  transcurre la “vida”? ¿Cómo crece y se desa­rrolla un animal sano? Siguiendo  sus tendencias. En­tonces todo va bien, pues exactos instintos velan pa­ra que  no entre por caminos falsos. Cuando el animal está harto, no come más. Cuando  está descansado, no se tumba sin necesidad. Cuando apremia el instinto de reproducción,  lo satisface; pasado su tiempo, ca­lla el instinto. El modo, el tipo, si así se  quiere decir, conforme al cual se realiza la vida de la naturaleza es la  sencilla realización hacia fuera: lo que está dentro, sale viviendo.</p>
<p>¿Cómo es en el  hombre? En él actúa algo que no se encuentra en el animal, tan evidentemente  real y eficaz que hay que ser ciego para no verlo: el espíri­tu. Éste lleva a  una nueva situación todo lo que se lla­ma “naturaleza”.</p>
<p>En efecto, en  el ámbito del espíritu, la tendencia tiene otra significación que en la mera  naturaleza. Se mueve de otro modo, actúa de otro modo, así que es insensato  querer comprender la vida del hombre par­tiendo de la del animal. Verdad es que  hoy se supera esta insensatez, queriendo comprender al hombre a partir de la  máquina; pero dejemos esto en paz. En todo caso, no tiene sentido querer poner  como ima­gen canónica del cumplimiento vital del hombre la del animal.</p>
<p>¿Qué hace,  pues, el espíritu en la tendencia huma­na, en los impulsos hacia la alimentación,  a la satis­facción sexual, a la actividad, al descanso, al reposo, a la  comodidad? Por lo pronto, algo sorprendente: los aumenta. Ningún animal sigue  la tendencia a la alimentación de la misma manera que el hombre, que convierte  el placer en objetivo por sí mismo y con ello se daña a sí mismo. En ningún  animal alcanza la tendencia sexual una desmesura y una arbitrariedad como en el  hombre, que se deja arrastrar por ella a la destrucción de la vida y el honor.  Ningún animal tie­ne tal gusto por matar como el hombre, cuyo belicis­mo no  tiene ninguna auténtica correspondencia en el reino animal.</p>
<p>Todo lo que se  llama tendencia trabaja en el hom­bre de otro modo que en el animal. El  espíritu sitúa los impulsos vitales en una peculiar libertad. Se ha­cen más fuertes,  más hondos, consiguen mayores po­sibilidades de exigencia y respuesta, pero al  mismo tiempo pierden la protección de las ordenaciones or­gánicas en que, en el  animal, están vinculados y ase­gurados: quedan sin regla y su sentido resulta  en pe­ligro. El concepto de “agotar la vida”, de “gozarla” (Ausleben) es un  concepto ciego. Es lo que hace el animal, es lo que tiene que hacer; el hombre,  no. El espíritu da a la tendencia un nuevo sentido. Se sitúa dentro de la  tendencia y produce en él hondura, ca­rácter, belleza. Lo pone en relación con  el mundo de los valores, como también con lo que lo sustenta, la persona;  elevándolo así al dominio de la libertad. En el animal, las tendencias son “naturaleza”;  el espíri­tu las convierte en lo que llamamos “cultura”, enten­diendo la  palabra como expresión de responsabilidad y superación.</p>
<p>En el animal,  la tendencia construye el mundo cir­cundante correspondiente a su especie, pero  con ello mismo lo ajusta a sus condiciones y límites. En el hombre lleva a un  libre encuentro con la amplitud la riqueza del mundo, pero con eso mismo queda  tam­bién en riesgo. Se hace posible todo lo que se llama exageración, excesivo  refinamiento, antinaturalidad, posible y atrayente.</p>
<p>El espíritu  produce una elevación por encima de la tendencia. No la destruye, no se  convierte —como dice esa tonta expresión— en “contradictor de la vida”. Eso lo  hace sólo el espíritu echado a perder, que traiciona a su propia esencia. Más  bien adquiere la posibilidad de ordenar la tendencia, de darle forma y llevarla  así a un sentido más alto: a su perfección, también y precisamente como  tendencia; claro que bajo el peligro de deformación y desnaturalización.</p>
<p>Todo esto  —subrayándolo una vez más del modo más expreso— lleva a que la tendencia en el  hombre significa algo diferente que en el animal, y que no tiene sentido que el  hombre busque en ella, es decir, en la mera naturaleza, la imagen de medida  para su vida. “Ascetismo”, en cambio, significa que el hom­bre se decida a  existir como hombre.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 25</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 23:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Otra vez -te conozco- me has llamado. Y no es la hora, no; pero me avisas. De nuevo traen tus celestiales brisas claros mensajes al acantilado del corazón, que, sordo a tu cuidado, fortalezas de tierra eleva, en prisas de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Otra vez -te conozco- me has llamado.</p>
<p>Y no es la hora, no; pero me avisas.</p>
<p>De nuevo traen tus celestiales brisas</p>
<p>claros mensajes al acantilado</p>
<p>del corazón, que, sordo a tu cuidado,</p>
<p>fortalezas de tierra eleva, en prisas</p>
<p>de la sangre se mueve, en indecisas</p>
<p>torres, arenas, se recrea, alzado.</p>
<p>Y tú llamas y llamas, y me hieres,</p>
<p>y te pregunto aún, Señor, qué quieres,</p>
<p>qué alto vienes a dar a mi jornada.</p>
<p>Perdóname, si no te tengo dentro,</p>
<p>si no sé amar nuestro mortal encuentro,</p>
<p>si no estoy preparado a tu llegada. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y  le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. El  les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. Ellos le dijeron: “Concédenos  sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.  Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y  recibir el bautismo que yo recibiré?”. “Podemos”, le respondieron. Entonces  Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo  bautismo que yo.  En cuanto a sentarse a  mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos  son para quienes han sido destinados”.</em></p>
<p><em> Los otros diez, que  habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y  les dijo: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes,  dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen  sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que  quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el  primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino  para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.</em></p>
<p><em> (Marcos 10,  35-45)</em></p>
<p>Salmo 32: Alabanza a Dios</p>
<p>Aclamen, justos, al Señor;</p>
<p>es propio de los buenos alabarlo.</p>
<p>Porque la palabra del Señor es recta</p>
<p>y él obra siempre con lealtad;</p>
<p>él ama la justicia y el derecho,</p>
<p>y la tierra está llena de su amor.</p>
<p>Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,</p>
<p>sobre los que esperan en su misericordia,</p>
<p>para librar sus vidas de la muerte</p>
<p>y sustentarlos en el tiempo de indigencia.</p>
<p>Nuestra alma espera en el Señor;</p>
<p>él es nuestra ayuda y nuestro escudo.</p>
<p>Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,</p>
<p>conforme a la esperanza que tenemos en ti.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Acuérdate, Señor,  que enviaste a tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo; haz  que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.</li>
<li>Tú que  constituiste a tus sacerdotes servidores de Cristo y administradores de tus  misterios, concédeles un corazón fiel, ciencia abundante y caridad  intensa.</li>
<li>Tú que desde el  principio creaste hombre y mujer, guarda a todas las familias unidas en el  verdadero amor.</li>
<li>Haz que los que  has llamado a la consagración por el reino de los cielos, sigan con fidelidad a  tu Hijo.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>FALTA DE  INTENCIONES (III)</p>
<p>Digámoslo con  referencia a lo esencial: el hombre se ha abierto para Dios. Si así cabe  expresarse: es permeable a Dios. Es “puerta”, por la cual irrumpe en el mundo  el poder de Dios, y puede establecer verdad, orden y paz. Hay un hecho en que  esto sale a luz prodigiosamente. Cuando san Francisco pasó su largo  apartamiento en el monte Alvernia y hubo reci­bido los estigmas de la pasión de  Cristo en sus ma­nos y pies y costado, volviendo luego con los suyos, vino la  gente a besar los signos de sus manos. San Francisco, radicalmente humilde,  había rechazado antes, asustado, muestras semejantes de veneración.</p>
<p>Pero ahora se  las consintió a quienes lo honraban, pues ya no tenía la sensación de que se  refirieran a él, al “hijo de Bernardone de Asís”, sino al amor de Cristo en él.  El yo externo estaba extinguido, pero resplandecía el auténtico Francisco: el  que ya no estaba ante su propia mirada, sino completamente abierto para Dios.</p>
<p>Toda auténtica  virtud —así lo hemos visto repeti­damente— no sólo atraviesa el ser humano  entero, sino que sube y alcanza a Dios. Mejor dicho: des­ciende de Dios, pues  su “lugar” auténtico y original es la vida de Dios. Entonces, ¿cómo es esto en  la fal­ta de intenciones? ¿No tiene Dios intenciones, Él, por cuya voluntad  existe todo y por cuya sabiduría está ordenado todo?</p>
<p>Debemos cuidar  de que no se entrecrucen las sig­nificaciones. “Tener intenciones”, en el  sentido como se usa aquí la palabra, significa otra cosa que actuar. Todo actuar  tiene un objetivo que ha de ser alcanza­do, pues si no, sería el caos; en este  sentido, Dios mi­ra al objetivo que ha establecido Él y dirige ahí su ac­tuación.  Pero es algo diferente cuando quien actúa no se dirige simplemente a la otra  persona ni al asunto, sino que se refiere a sí mismo, quiere cobrar valor, y  busca ventajas. ¿Cómo había de tener Dios semejan­te cosa ante los ojos? En  efecto, Él es el Señor, Señor del mundo; Señor del Ser divino y de la vida  misma, ¿de quién habría de necesitar todavía? Él lo tiene to­do, mejor dicho,  lo es todo.</p>
<p>Pero cuando Él  crea el mundo no es como cuando un hombre produce una cosa para hacer algo  grande con eso, o para servir a sus propias necesidades, sino que lo crea  —atrevámonos a la palabra, que ahora adquiere su más alto sentido— por puro y  divino go­zo en las cosas. Crea las cosas para que existan, llenas de verdad,  auténticas y hermosas. La obra de Dios en el mundo no podemos representárnosla  suficiente­mente libre y gozosa.</p>
<p>Pero ¿qué pasa  con la dirección del mundo, con lo que se llama “providencia”? ¿No tiene en  ella Dios intenciones constantemente? ¿No guía al hombre, a cada hombre y todos  sus destinos, al objetivo por él pretendido? ¿No está ordenada la vida de ese  hombre de tal modo como efectivamente está porque la vida de aquel otro está  conectada con él de ese modo de­terminado? ¿No están todas las vidas humanas  dis­puestas en orden recíproco y, por tanto, toda la exis­tencia dispuesta por  la sabiduría planificadora de Dios? Una vez más, no debemos confundir las signi­ficaciones.  Lo que quiere ahí la suprema sabiduría no son “intenciones” que transcurran al  margen de lo auténtico, sino el sentido mismo de lo querido, su verdad, el  cumplimiento de su esencia.</p>
<p>Este querer es  el poder que vincula cada cosa a otra, y relaciona un acontecer con otro, y  pone a ese hombre en comunidad con aquel otro, y a cada cual con todos en  general. Eso no es “intención”, sino “sabiduría”, la soberana sabiduría del  Maestro per­fecto, que crea la existencia humana como un tejido en que cada  hilo sostiene a todos los demás, igual que es sostenido por ellos. Ahora no  vemos todavía el dibujo. Vemos el tapiz sólo por el reverso; en cor­tos trechos  podemos seguir líneas aisladas, pero lue­go nos vuelven a desaparecer. Un día,  sin embargo, se le dará la vuelta, al fin del tiempo, en el juicio; en­tonces  aparecerán resplandecientes las grandes figu­ras. Y la pregunta que en el  transcurso del tiempo nunca se contestó del todo, y a veces de ningún mo­do, la  pregunta del “porqué” —¿por qué este dolor?, ¿por qué esta privación?, ¿por qué  ése puede y yo no?—, todas las preguntas de la necesidad de la vida, recibirán  su respuesta por la sabiduría de Dios, que hace que las cosas no sean un montón  de objetos y los acontecimientos no sean una mezcla de azares, sino que haya “mundo”.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 24</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 21:12:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Fuerza tenaz, firmeza de las cosas, inmóvil en ti mismo; origen de la luz, eje del mundo y norma de su giro: Concédenos tu luz en una tarde sin muerte ni castigo, la luz que se prolonga tras la muerte y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Fuerza tenaz, firmeza de las cosas,</p>
<p>inmóvil en ti mismo;</p>
<p>origen de la luz, eje del mundo</p>
<p>y norma de su giro:</p>
<p>Concédenos tu luz en una tarde</p>
<p>sin muerte ni castigo,</p>
<p>la luz que se prolonga tras la muerte</p>
<p>y dura por los siglos.</p>
<p>Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y,  arrodillándose, le preguntó: &#8220;Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?&#8221;. Jesús le  dijo: &#8220;¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los  mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso  testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre&#8221;. El  hombre le respondió: &#8220;Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud&#8221;.  Jesús lo miró con amor y le dijo: &#8220;Sólo te falta una cosa: ve, vende lo  que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven  y sígueme&#8221;. El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado,  porque poseía muchos bienes.</em></p>
<p><em> Entonces Jesús,  mirando alrededor, dijo a sus discípulos: &#8220;¡Qué difícil será para los  ricos entrar en el Reino de Dios!&#8221;. Los discípulos se sorprendieron por  estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: &#8220;Hijos míos, ¡Qué difícil es  entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una  aguja, que un rico entre en el Reino de Dios&#8221;. Los discípulos se  asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: &#8220;Entonces, ¿quién podrá  salvarse?&#8221;. Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: &#8220;Para los  hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible&#8221;.</em></p>
<p><em> Pedro le dijo:  &#8220;Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido&#8221;.  Jesús respondió: &#8220;Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y  hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde  ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas,  madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro  recibirá la Vida  eterna.</em></p>
<p><em>(Marcos 10, 17-30)</em></p>
<p>Salmo 90: Meditación sobre la brevedad de la vida</p>
<p>Enséñanos a calcular nuestros años, Señor,</p>
<p>para que nuestro corazón alcance la sabiduría.</p>
<p>¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo&#8230;?</p>
<p>Ten compasión de tus servidores.</p>
<p>Sácianos en seguida con tu amor,</p>
<p>y cantaremos felices toda nuestra vida.</p>
<p>Alégranos por los días en que nos afligiste,</p>
<p>por los años en que soportamos la desgracia.</p>
<p>Que tu obra se manifieste a tus servidores,</p>
<p>y que tu esplendor esté sobre tus hijos.</p>
<p>Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;</p>
<p>que el Señor, nuestro Dios,</p>
<p>haga prosperar la obra de nuestras manos.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Danos, Señor,  vivir de toda palabra que sale de tu boca.</li>
<li>Concédenos,  Maestro bueno, escuchar tu palabra con un corazón noble y haz que perseveremos  hasta dar fruto.</li>
<li>Que con nuestro  trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo, para que así, por la  acción de tu Iglesia, reine en él la paz.</li>
<li>Haz que  practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes, sino  también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.</li>
<li>Ayúdanos a  privarnos de lo superfluo, para compartir lo nuestro con los hermanos  necesitados.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>FALTA DE  INTENCIONES (II)</p>
<p>Una persona que  deja las intenciones donde les corresponde adquiere poder sobre los demás;  cierto es que un poder de índole peculiar. Nos acercamos a esa idea de la  antigua sabiduría de que se habló al co­mienzo. Cuanto más trata uno de  alcanzar, más fir­memente se concentra el otro y se defiende. Pero cuanto más  evidentemente tiene la sensación de que no se le quiere empujar a nada, sino  sólo estar y vivir con El, de que no se quiere alcanzar nada de El, sino sólo  servir a la cosa de que se trata, más pronta­mente abandona la defensa y se  abre a lo que influye desde la personalidad.</p>
<p>La misma fuerza  de la personalidad se hace más recia cuantas menos intenciones actúan. Es algo  completamente diverso de toda esa energía exterior a pe­sar de toda “dinámica”,  con que una persona somete a otra a su voluntad. Viene de la autenticidad de la  vi­da misma, de la verdad del pensamiento, de la lim­pieza de la voluntad de  obrar, de la pureza de la dis­posición de ánimo.</p>
<p>Algo análogo  ocurre con la relación del hombre con su obra.</p>
<p>Cuando un  hombre trabaja dominado por inten­ciones, falta en su trabajo precisamente eso  que le da pleno valor: el puro servicio a la cosa. La cuestión primera y  dominante para él consiste en cómo sale adelante y hace carrera. No sabe mucho  de la liber­tad del trabajo y de la alegría de crear.</p>
<p>Si es  estudiante, trabaja sólo con vistas a la profe­sión. Muchas veces ni siquiera  con vistas a lo que merece propiamente el nombre de profesión (en ale­mán,  Beruf, “vocación, llamada”), esto es, que el hombre sienta a qué es llamado,  cuál es su tarea en el conjunto de la sociedad humana, sino con vistas a lo que  abre más posibilidades de dinero y prestigio. En realidad, sólo trabaja con  vistas al examen: aprende lo que se exige para él, lo que requiere precisamente  el profesor en cuestión. No hay que exagerar nada, también estas cosas tienen  su derecho; pero si son lo único determinante, entonces lo auténtico se echa a  perder. Tal estudiante con intenciones nunca siente lo que significa estar en  el ámbito que sirve a la ciencia; nunca siente su libertad y su alegría. Nunca  lo mue­ve la gran experiencia del conocimiento: las inten­ciones se le cierran.  Lo que se ha dicho del estudian­te vale también de todas las demás formas de  prepa­ración a la vida posterior.</p>
<p>Naturalmente,  repitiéndolo otra vez, todo eso tie­ne su derecho. El hombre ha de saber lo que  quiere, pues si no se deshace su acción. Debe tener su meta y ordenar su vida  hacia ella, pero la meta debe estar sobre todo en la cosa a que se dedica.  También aten­derá al beneficio y a la mejora; en efecto, su trabajo ha de darle  los medios que necesitan él y su familia, bienestar y dignidad. Pero lo  auténtico y esencial de­be ser siempre lo que requiere la obra misma: que se  haga por completo y con limpieza.</p>
<p>Quien así  piensa, no deja que su acción sea influi­da por otras miras que queden al  margen de la cosa. En ese sentido no tiene intenciones, sirve, en el buen  sentido de la palabra. Hace el trabajo que es impor­tante en cada ocasión y en  el momento. Está entrega­do a él interiormente, y lo hace tal como quiere ser  hecho. Vive en él y con él, sin segundas intenciones ni miradas laterales.</p>
<p>Es una actitud  que parece desaparecer por completo. Las personas que hagan sus cosas en pura  entrega, porque son valiosas, porque son bellas, parecen ser raras. Cada vez  con más fre­cuencia, la acción se desvía a una intención de pro­vecho y éxito  que corre al margen de la cosa. Sin em­bargo, esa falta de intenciones es la  única actitud a partir de la cual surge la auténtica obra, la pura ac­ción,  porque en ella llega a ser libre lo creativo. Só­lo de ella surge algo grande,  liberador, y sólo un hombre que así trabaja se enriquece interiormente.</p>
<p>Desde lo dicho  se abre también el camino a la úl­tima autenticidad del hombre, esto es, el  altruismo. Una de las más hondas paradojas de la vida es que el hombre, cuanto  más plenamente llega a ser él mis­mo, menos piensa en sí mismo. Digámoslo más  exactamente: en nosotros vive un falso y un auténti­co yo. Falso es el que  constantemente subraya el “yo”, “a mí”, “para mí”, el que todo lo refiere al  pro­pio valor y provecho, y quiere disfrutar, implantar y dominar. Ese yo cubre  el auténtico, la verdad de la persona. En la medida en que desaparece aquél,  que­da libre el segundo. En la medida en que el hombre se aparta de sí con el  altruismo, crece hacia dentro del verdadero yo. Éste no mira a sí mismo, pero  está ahí. También se percibe, pero en la conciencia de una libertad, de una  apertura, de una indestructibilidad, que vienen de dentro.</p>
<p>El camino por  el cual el hombre prescinde del fal­so yo y entra en el verdadero es lo que los  maestros de la vida interior llaman el desprendimiento. Santo es aquel en quien  el primer yo está totalmente supe­rado y ha quedado libre el segundo. Entonces  el hombre está sencillamente ahí, sin acentuarse. Es po­deroso sin esforzarse.  Ya no tiene codicia ni miedo. Irradia en torno a él, las cosas entran en su  verdad y su orden.</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 23</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 22:29:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. El es nuestra salvación, nuestra gloria para siempre. Si con él morimos, viviremos con él; sin con él sufrimos, reinaremos con él. En él nuestras penas, en él nuestro gozo; en él la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Acuérdate de Jesucristo,</p>
<p>resucitado de entre los muertos.</p>
<p>El es nuestra salvación,</p>
<p>nuestra gloria para siempre.</p>
<p>Si con él morimos, viviremos con él;</p>
<p>sin con él sufrimos, reinaremos con él.</p>
<p>En él nuestras penas, en él nuestro gozo;</p>
<p>en él la esperanza, en él nuestro amor.</p>
<p>En él toda gracia, en él nuestra paz;</p>
<p>en él nuestra gloria, en él la salvación</p>
<p>Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Después que partió de allí, Jesús fue a la región de Judea y  al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y,  como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.</em></p>
<p><em> Se acercaron algunos  fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al  hombre divorciarse de su mujer?”. El les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les  ha ordenado?”. Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de  divorcio y separarse de ella”. Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio  esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el  principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre  dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De  manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que  Dios ha unido”</em></p>
<p><em> Cuando regresaron a la  casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: “El que  se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y  si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete  adulterio”.</em></p>
<p><em>Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero  los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen  que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios  pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino  de Dios como un niño, no entrará en él”. Después los abrazó y los bendijo,  imponiéndoles las manos.</em></p>
<p><em> (Marcos 10,  2-12)</em></p>
<p>Salmo 127: La bendición de los  justos</p>
<p>¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!</p>
<p>Comerás del fruto de tu trabajo,</p>
<p>serás feliz y todo te irá bien.</p>
<p>Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu  hogar;</p>
<p>tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa.</p>
<p>¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!</p>
<p>¡Que el Señor te bendiga desde Sión</p>
<p>todos los días de tu vida:</p>
<p>que contemples la paz de Jerusalén</p>
<p>y veas a los hijos de tus hijos!</p>
<p>¡Paz a Israel!</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Te rogamos,  Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a  tu pueblo y lo conduzcan por los caminos del bien.</li>
<li>Te rogamos,  Señor, por los que sirven a tu Iglesia con el estudio de tu palabra: que estudien  tu doctrina con pureza de corazón y deseo de enseñar a tu pueblo.</li>
<li>Te rogamos,  Señor, por todos los fieles de la   Iglesia: que combatan bien el combate de la fe y, habiendo  corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.</li>
<li>Tú que en la cruz  cancelaste la nota de cargo de nuestra deuda, destruye también en nosotros toda  clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>JUSTICIA (III)</p>
<p>Pero entonces  ¿nunca llegan a estar las cosas en orden? Si dejamos a un lado los sueños de  deseos, debemos responder: en el transcurso de la historia, evidentemente, no.  Entonces, ¿qué logran conseguir todos los intentos de producir justicia en la Tierra si no miramos las  ideologías y programas de partido, sino la realidad, y precisamente la realidad  entera?</p>
<p>Miremos el  presente. Supongamos que a los que hoy viven y luchan les importa realmente  implantar justicia: un orden adecuado de la vida común, es de­cir, buena  alimentación para todos, situaciones ade­cuadas de trabajo para todos,  posibilidades de educa­ción sin privilegios, etc. Entonces ya se habría gana­do  mucho. Pero ¡qué penetrado está todo en verdad por el afán de poder y de tener  razón! ¡Cuánta injusticia se entremete, cuánta mentira; incluso cuánto de­lito!  ¡Cómo se aplastan a millones de hombres para establecer la presunta forma  correcta de economía, de ordenación social de gobierno; es decir la justicia! Y  aun suponiendo que con todo ello, efectivamente, se dé un paso adelante, ¿se  suprime con eso lo terri­ble por lo cual se ha producido, se reduce a nada? ¿O  sigue estando en el contexto de la vida y envenenan­do lo alcanzado?</p>
<p>Se es digno de  llamarse hombre en la medida en que, donde se está, se trabaja por la justicia;  pero en conjunto, evidentemente, nunca se alcanzará cómo habría de ser, como  situación de la existencia y acti­tud de la humanidad. Y aquí no debe  confundirnos la idea, hoy hecha dogma, del “progreso” —es decir, de una  evolución del hombre por encima de sí mismo hasta niveles cada vez más altos—.  La experiencia personal y la historia hablan de otro modo. En el fon­do del  hombre opera una confusión que vuelve a po­nerse en vigencia en cada uno que  nace.</p>
<p>Sólo partiendo  de Dios se establecerá justicia real y plena, por el Juicio. Habríamos de tener  muy en cuenta la revelación de que este Juicio alcanzará a to­do lo humano. Lo  primero que cada cual ha de pen­sar sobre el Juicio es: ¡Será Juicio sobre mí!  Pero también sobre todas las formas y magnitudes de lo humano, sobre las cuales  tan fácilmente tenemos la sensación de que son potencias soberanas, no some­tidas  a ningún examen. El juicio forma parte interna de todo ser y hacer. Es Juicio  de Dios sobre toda rea­lidad finita. Sin Él todo queda colgado con medio  sentido en el vacío. Sólo Dios lo determina: Él, el que todo lo penetra, sin  temer nada, sin ligar por na­da, justo en eterna verdad. Quien no cree en Él no  ve­rá nunca saciada esa hambre y sed.</p>
<p>FALTA DE  INTENCIONES (I)</p>
<p>Quizá el título  sorprenda al lector, pues ¿quién se inclina hoy a ver una virtud, es decir, una  imagen de valor moral, en la falta de intenciones?</p>
<p>Hay un dicho de  la sabiduría de la antigua China que dice que cuanto menos intenciones tenga al­guien,  más poderoso es: el mayor poder sería la ple­na libertad de intenciones. Pero  esta idea nos es ex­traña. La imagen del hombre que, desde la mitad del siglo  pasado, ha llegado a ser canónica para nosotros, tiene otra índole. Es la  imagen del hombre activo, que va decidido hacia el mundo y consigue en él sus  objetivos. Este hombre está lleno de intenciones y cree ser perfecto cuando  todo lo que hace se somete a los objetivos que se propone. Que consigue mucho  no lo discutirían ni los maestros de aquella vieja sa­biduría. Pero  probablemente dirían que la mayor par­te de los que son así se quedan en el  dominio de lo superficial y que pasan de largo ante aquello de que se trata  realmente.</p>
<p>¿Cómo vive,  pues, el hombre en quien domina la actitud de intención?</p>
<p>En el trato, no  se dirige a las demás personas con sencilla disponibilidad, sino que siempre  quiere algo: hacer impresión, ser envidiado, obtener ventajas, sa­lir adelante.  Alaba para ser alabado. Cumple un ser­vicio para poder reclamar otro semejante.  Con eso no ve en el otro realmente al hombre, sino la riqueza o la posición  social, pero siempre la rivalidad en la existencia. Ante él uno se siente  avisado. Hay que ser cauto.</p>
<p>Se presiente su  voluntad y se echa uno atrás. No llega a establecerse la libre comunicación en  que se realiza lo auténtico de las realizaciones humanas. Naturalmente, la  vida, con sus muchas necesidades, tiene sus derechos. Un gran número de las  relaciones humanas están construidas sobre dependencias y fi­nalidades, así que  no sólo es correcto, sino simple­mente necesario que tratemos de conseguir en  ellas lo que necesitamos y que nos demos cuenta también de ello. Pero hay otras,  y no pocas, que descansan so­bre el encuentro abierto entre persona y persona.  Si aquí la finalidad y la intención determinan la actitud, entonces todo se  cierra y se falsifica.</p>
<p>Dondequiera que  se hayan de realizar las relaciones esenciales del yo y el tú deben echarse  atrás las intenciones. El uno debe ver al otro, estar sencilla­mente con él y  vivir con él. Debe entrar en la situa­ción tal como lo requiere su sentido: en  una conver­sación, en una colaboración, una diversión, en afron­tar un destino,  un peligro, una tristeza&#8230;</p>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</p>
<p>Sólo a partir de eso se hace posible lo grandioso humano: la auténtica  amistad, el auténtico amor, la clara camaradería en el trabajo, la limpia ayuda  en la necesidad. Pero cuando las intenciones adquieren el predominio, todo se  echa a perder.</p>
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		<title>Espiritualidad 22</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Oct 2009 01:03:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado, convierte su dolor en alegría de amor, que para dar tú nos has dado. Paciente y larga es nuestra tarea en la noche oscura del amor que espera; dulce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>El trabajo, Señor, de cada día</p>
<p>nos sea por tu amor santificado,</p>
<p>convierte su dolor en alegría</p>
<p>de amor, que para dar tú nos has dado.</p>
<p>Paciente y larga es nuestra tarea</p>
<p>en la noche oscura del amor que espera;</p>
<p>dulce huésped del alma, al que flaquea</p>
<p>dale tu luz, tu fuerza que aligera.</p>
<p>En el alto gozoso del camino,</p>
<p>demos gracias a Dios, que nos concede</p>
<p>la esperanza sin fin del don divino;</p>
<p>todo lo puede en él quien nada puede. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba  demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. </em></p>
<p><em>Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede  hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra  nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que  les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a  Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen  fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo  arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más  te vale entrar en la Vida  manco, que ir con tus dos manos a la   Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti  ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con  tus dos pies a la Gehena. Y  si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar  con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena”</em></p>
<p><em>(Marcos 9, 38-43)</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Salmo 18: Elogio de la Ley de Dios</p>
<p>La ley del Señor es perfecta,</p>
<p>reconforta el alma;</p>
<p>el testimonio del Señor es verdadero,</p>
<p>da sabiduría al simple.</p>
<p>La palabra del Señor es pura,</p>
<p>permanece para siempre;</p>
<p>los juicios del Señor son la verdad,</p>
<p>enteramente justos.</p>
<p>También a mí me instruyen:</p>
<p>observarlos es muy provechoso.</p>
<p>Pero ¿quién advierte sus propios errores?</p>
<p>Purifícame de las faltas ocultas.</p>
<p>Presérvame, además, del orgullo, para que no me  domine; entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Acuérdate, Señor,  de los que se han consagrado a tu servicio, que sean para tu pueblo ejemplo de  santidad.</li>
<li>Concede, Señor,  el espíritu de justicia a los que gobiernan las naciones y haz que trabajen en  bien de la paz, para que todos podamos vivir según tu ley.</li>
<li>Concede la paz a  nuestros días y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan  gozar de las riquezas de tu bondad.</li>
<li>Cristo salvador,  que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y con tu resurrección  has dado a los hombres una prenda de su  inmortalidad, concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>JUSTICIA (II)</p>
<p>Pero  permanezcamos en la realidad diaria. ¿Cómo se vería todo si el hombre se  esforzase por la justicia?</p>
<p>Por la del  orden cotidiano: entonces haría lo suyo para que las leyes de su país dieran a  cada cual su de­recho; que las cargas se repartieran como correspon­diera a las  posibilidades reales; que se socorriera del modo adecuado las situaciones de  necesidad, etc. Grandes cosas, pero dejémoslas estar en paz por aho­ra, pues a  menudo las grandes cosas parecen servir para desviar al hombre de esos puntos  donde todo se toma en serio. Así, ¿quién toma realmente en serio la justicia  del orden? La respuesta resultaría menos grandiosa, pero más concreta. Tomaría  forma de preguntas que entrarían en la propia vida.</p>
<p>Por ejemplo, si  gastas ahora cien pesos para ti y luego tienes que hacerlo para otro, ¿tiene el  mismo peso esa suma para tu sentir? ¿O dices, piensas o sientes en el primer  caso: “sólo” cien pesos, y en cambio en el segundo: “cien, y nada menos”? ¿Por  qué el peso diferente? Sería justicia que la suma pesara ambas veces lo mismo,  esto es, que la necesidad del otro te importara tanto como la tuya propia. Y  aun­que fuera diferente para el sentir involuntario, sin embargo, que fuera  igual para la disposición de áni­mo y la acción.</p>
<p>¿Y cómo es en  tu casa, en tu familia? ¿Das en ella el mismo valor a las diversas personas?  ¿Sientes tan­to una mala palabra sobre el uno como sobre el otro? ¿O bien  ocurre que tienes simpatía al uno y te suble­va una injusticia contra él, pero  en el caso del otro encuentras que la cosa no es tan grave? ¿No debería, por lo  menos, ser igual en ambos casos la conducta práctica?</p>
<p>Aquí, no en la  distribución de las cargas tributa­rias, empieza la verdadera justicia del  orden: en casa, en el trato con los amigos, en la oficina, dondequie­ra que te  reúnes con alguien; empieza en que digas, des y hagas a cada cual aquello que  pretende, confor­me a tu posibilidad.</p>
<p>Y en cuanto a  la justicia del destino, en que la vi­da del hombre hubiera de configurarse tal  como lo merece su disposición de ánimo, ¿qué aspecto ten­dría en lo cotidiano  esa justicia, en la medida en que se pueda hablar en absoluto de ella? ¿Qué  podría ha­cer quien tuviera “hambre y sed” de ella? En el ser mismo no podría  cambiar mucho, pues ahí operan potencias más altas; pero, por ejemplo, podría  esfor­zarse por enjuiciar a los demás no según su aspecto exterior, sino  conforme a su disposición de ánimo. Pero ¿cómo ocurre aquí, en la realidad  diaria? A los que viven alrededor de nosotros, ¿les damos ese co­mienzo de  justicia de destino tratando de ver clara­mente cuál es su disposición de  ánimo? En casa, con los nuestros, o en el trabajo, con nuestros compañe­ros; en  resumen, entre las personas que están más cerca de nosotros, ¿consideramos con  qué intención ha dicho alguien la palabra que nos ofende; por qué se ha  excitado tanto en tal o cual caso o por qué mo­tivo ha trabajado tan mal?</p>
<p>Así entraríamos  en lo auténtico de la realidad dia­ria.</p>
<p>No tratando de  producir una cultura universal de la justicia en que coincidieran lo externo y  lo interno, sino dando un poco de esa justicia a las personas con quienes  tenernos que habérnoslas.</p>
<p>En el más hondo  estrato de la justicia se estable­ce, según vimos, la cuestión de las  distinciones de la existencia: ¿Por qué ése es de tal índole y el otro así?  ¿Por qué ése está enfermo y el otro sano? ¿Por qué éste viene de una familia en  orden y aquél de otra destrozada? Y así sucesivamente, a través de todas las  desigualdades que se presentan por todas partes. No captamos sus raíces;  consideremos más bien lo que sería posible en lo cotidiano.</p>
<p>Por ejemplo, la  cuestión elemental es saber si con­cedemos al otro el derecho a ser como es. Si  lo con­sideramos, bien pronto vemos que no lo hacemos así habitualmente, sino  que más bien le reprochamos su manera de ser con aversión, hostilidad,  partidismo.</p>
<p>Sin embargo,  por la existencia él tiene derecho a ser como es, de modo que también hemos de  conce­dérselo. Y no sólo teóricamente, sino en nuestra dis­posición de ánimo y  en nuestros pensamientos, en el trato y la actividad de cada día. Y eso, ante  todo, en nuestro círculo más próximo: la familia, las amista­des, el trabajo.  Sería justicia comprender al otro par­tiendo de él mismo y conduciéndose con él  en con­secuencia. En vez de eso acentuamos la injusticia de la existencia  aumentando y envenenando las diferen­cias con nuestros juicios y acciones.</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>Pero si ya es así en el pequeño círculo en que podemos influir, ¿cómo  ha de llegar a ser de otro modo en el gran mundo? Todos debieran decirse: la  histo­ria de los pueblos va tal como van las cosas en mi ca­sa. El Estado es  tal como ordeno yo mi pequeño do­minio de influjo. Toda crítica debería empezar  por nosotros, en casa, y por cierto con la intención de mejorar las cosas.  Entonces veríamos pronto cuántas cosas van aquí torcidas porque no permitimos  al otro que sea el que es, y no le dejamos para ello el sitio que necesita.</p>
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		<title>Un Millón de Niños Rezando el Rosario por la Unión y la Paz</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 23:58:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Oraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
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		<category><![CDATA[Rosario]]></category>
		<category><![CDATA[Unión]]></category>

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		<description><![CDATA[ESTE AÑO EL RETO ES MAYOR ¡Únete a la Liga de la Oración! Como todos los 18 de octubre de cada año y a nivel mundial, el Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, realiza el programa “Un Millón de Niños Rezando el Rosario” por la unión y la paz, con la finalidad de motivar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.unmillondeninos.org/global/es/images/virgen.gif" alt="" hspace="5" vspace="5" width="189" height="240" align="left" /><strong>ESTE AÑO EL RETO ES MAYOR</strong> ¡Únete a la Liga de la Oración!<br />
Como todos los 18 de octubre de cada año y a nivel mundial, el Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, realiza el programa “Un Millón de Niños Rezando el Rosario” por la unión y la paz,  con la finalidad de motivar a los más pequeños de la casa a comunicarse con Dios a través de la oración del Santo Rosario, junto a la Santísima Virgen.<br />
Esta gran jornada de oración se llevara a cabo a partir de las 9 de la mañana en los colegios, hogares, parroquias, hospitales y en cualquier lugar donde los niños y adultos se encuentren para rezar a la Santísima Virgen María por la unión y  paz en el mundo entero.<br />
Este año te invitamos a unirte de la siguiente forma:  16 de octubre en tu colegio  17 de octubre en tu parroquia  18 de octubre invita a tu familia y amigos a rezar el Santo Rosario, donde quiera que se encuentren.<br />
Para que esta actividad se haga realidad necesitamos de tu participación. Una vez San Pio de Pietrelcina dijo<em> “…Y pensar que si un millón de niños rezara el rosario cuantas gracias se derramarían sobre el mundo”</em><br />
Recuerda enviarnos tu testimonio con fotos, para motivar a otros niños a unirse a esta Liga de Oración.</p>
<p>Comunícate con nosotros para solicitar información:Teléfonos: (0212) 2647103  / 2645140 / 3930947  Correo: <a href="mailto:unmillondeninosrezando@gmail.com">unmillondeninosrezando@gmail.com</a> <a href="http://www.unmillondeninos.org">www.unmillondeninos.org</a> (descarga el material de la campaña)</p>
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		<title>Espiritualidad 21</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 23:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, salimos de la noche y estrenamos la aurora; saludamos el gozo de la luz que nos llega resucitada y resucitadora. Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría, y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>En el nombre del Padre, del Hijo y del  Espíritu,</p>
<p>salimos de la noche y estrenamos la aurora;</p>
<p>saludamos el gozo de la luz que nos llega</p>
<p>resucitada y resucitadora.</p>
<p>Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,</p>
<p>y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;</p>
<p>silabeas el alba igual que una palabra;</p>
<p>tu pronuncias el mar como sentencia.</p>
<p>Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,</p>
<p>acude a su trabajo, madruga a sus dolores;</p>
<p>le confías la tierra, y a la tarde la encuentras</p>
<p>rica de pan y amarga de sudores.</p>
<p>Y tú te regocijas, oh Dios, y tu prolongas</p>
<p>en sus pequeñas manos tus manos poderosas;</p>
<p>y estáis de cuerpo entero los dos así creando,</p>
<p>los dos así velando por las cosas.</p>
<p>¡Bendita la mañana que trae la noticia</p>
<p>de tu presencia joven, en gloria y poderío,</p>
<p>la serena certeza con que el día proclama</p>
<p>que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería  que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser  entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte,  resucitará”. Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle  preguntas.</em></p>
<p><em>Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa,  les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. Ellos callaban, porque habían  estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a  los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de  todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de  ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi  Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a  aquel que me ha enviado”.</em></p>
<p><em> (Marcos 9,  30-37)</em></p>
<p>Salmo 53: Plegaria en el momento de persecución</p>
<p>Dios mío, sálvame por tu Nombre,</p>
<p>defiéndeme con tu poder.</p>
<p>Dios mío, escucha mi súplica,</p>
<p>presta atención a las palabras de mi boca.</p>
<p>Porque gente soberbia se ha alzado contra mí,</p>
<p>hombres violentos atentan contra mi vida,</p>
<p>sin tener presente a Dios.</p>
<p>Pero Dios es mi ayuda,</p>
<p>el Señor es mi verdadero sostén:</p>
<p>Te ofreceré un sacrificio voluntario,</p>
<p>daré gracias a tu Nombre, porque es bueno.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Te rogamos,  Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al distribuir entre sus hermanos  el pan de vida, encuentren también ellos en el pan que distribuyen su alimento  y fortaleza.</li>
<li>Te pedimos por  todo el pueblo cristiano: que viva, Señor, como pide la vocación a que ha sido  convocado y se esfuerce por mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de  la paz.</li>
<li>Te pedimos por  los que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión con espíritu  de justicia y con amor, para que haya paz y concordia entre los pueblos.</li>
<li>Señor, que podamos  celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos, y que nuestros  hermanos difuntos, a quienes encomendamos a tu bondad, se alegren también en tu  reino.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>JUSTICIA (I)</p>
<p>En el Sermón de  la Montaña,  en las Bienaventu­ranzas, hay unas palabras de Jesús que expresan la grandeza,  pero también toda la tragedia, que aquí se contiene. Dicen: “Felices los que  tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados” (Mt 5, 6). Quien  pronuncia esas palabras no es ningún idealis­ta lejano al mundo, sino aquel de  quien dice el Evan­gelio que “sabía qué hay en el hombre” (Jn 2, 25). Aquí, en  imagen, ha enlazado la justicia con esa ten­dencia en que se juega el ser o no  ser de la vida cor­poral: el hambre y la sed. Tan elemental es en el co­razón  del hombre —del hombre justo, aquel a quien Jesús llama “feliz”— el anhelo de  justicia como el hambre y la sed en su vida corporal. Qué terrible, en­tonces,  su carencia si no encuentra satisfacción. Pe­ro, así dice su promesa, “quedarán  saciados”.</p>
<p>Así produce la  impresión de algo elemental que afecta al hombre entero.</p>
<p>De la justicia  sólo se puede hablar en el hombre: en el mundo del animal ni existe. Donde  parece mos­trarse algo de esa índole es un reflejo de la naturaleza del hombre  en el animal que vive con él. Por su propia naturaleza el animal no sa­be nada  de justicia, pues le falta lo que está en su núcleo, la persona. Pero ¿qué es “persona”?</p>
<p>Es el modo como  el hombre es hombre. Lo inani­mado de la naturaleza existe como cosa, como algo  que existe sin sentir, que está determinado por leyes naturales en cuanto a  forma, propiedades y energías. Lo vivo existe como individuo, como un ser que  vi­ve, que, partiendo de un centro interior, se construye, se afirma, se  despliega, se propaga y muere; pero también está sujeto por necesidades  interiores y ex­teriores. Por el contrario, el hombre existe como per­sona,  esto es, no sólo está ahí, sino que tiene concien­cia de sí, realiza una obra  propia con comprensión y en libertad, está con otros hombres en relación no  meramente física o biológica, sino en la relación del diálogo y de la comunidad  por el espíritu. El hecho de ser persona da a su existencia esa impresionante  gravedad de sentido que se expresa en las palabras “conciencia” y “responsabilidad”.  El hombre no só­lo es, sino que su ser le está confiado, y se le tomará cuenta  de lo que haga con él. No sólo está en activi­dad, sino que obra, y ha de  responsabilizarse por ese obrar.</p>
<p>De ahí que  tenga dignidad y honor. Para ello re­clama posibilidad y orden, debe  reclamarlo, con la inexorabilidad de la autoconservación espiritual, pa­ra sí y  para los demás, para el hombre en general. Esto es, por lo pronto, el anhelo de  justicia.</p>
<p>Justicia, pues,  es ese orden en que puede existir el hombre como persona; en que puede formar  su juicio sobre sí mismo y sobre el mundo, tener una convic­ción que nadie le  pueda atacar; ser señor de su deci­sión y actuar conforme a su propio criterio.  Justicia es esa ordenación de la existencia en que el hombre puede obtener  participación en el mundo y realizar una obra; entrar, con los demás hombres,  en la rela­ción de la amistad, de la comunidad de trabajo, del amor y de la  fecundidad, tal como lo requiera el jui­cio de su conciencia. Y por cierto,  subrayándolo una vez más, no sólo el uno o el otro, no sólo el podero­so y  afortunado y dotado, sino todo hombre, por ser hombre.</p>
<p>El orden que lo  garantiza así es justicia. Pero ¿la hay? La historia, ¿no es en realidad su  tragedia? ¿No es la cadena de hechos por los cuales el egoísmo, la violencia y  la mentira han puesto en riesgo y han destrozado una y otra vez ese orden? En  todo caso, un orden así sería justicia, y llamamos justo al hom­bre que lo  quiere y se esfuerza por su realización.</p>
<p>Más  profundamente entraría la justicia si también determinara el destino. Es decir,  si el hombre que es bueno por ello mismo fuera también feliz; si al bien  intencionado le saliera bien su labor; si el puro de co­razón fuera siempre  bello; si al bueno se le llenara la vida de grandeza y de riqueza; así como,  recíproca­mente, si la mala intención hiciera feo a su poseedor, la injusticia  acarreara también desgracia y toda culpa se vengara de quien la cometiera, y sólo  de él, nunca de un inocente.</p>
<p>Eso sería  justicia, no sólo de la acción, sino del destino. Pero ¿la hay? ¿No es ella el  tema de las fá­bulas? ¿Y no es ésa la razón por la que nunca nos cansamos de  esos relatos, mientras que la realidad va de modo tan diferente? Entonces sería  justo, en tal sentido profundo, el hombre que anhelara tal situa­ción de las  cosas y que hiciera por ella todo lo que pudiera; pero, ciertamente, sería  también un Don Quijote, el soñador, que persigue lo imposible y que se pone en  ridículo&#8230;</p>
<p>Sí, quizá entra  todavía más hondo, y entonces pa­rece esbozarse algo que deberíamos llamar la  justicia del ser. Es tan inverosímil que uno casi tiene ver­güenza de hablar de  ella. Presentimos lo que quiere decir cuando atendemos a la queja del corazón  hu­mano porque no la haya: ¿por qué no soy sano y fuerte, sino que he nacido  enfermo? ¿Por qué tengo estas cualidades y no aquéllas? ¿Por qué no se me ha  concedido la posibilidad que envidio a mi amigo? Y así sucesivamente&#8230;</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>En todas las lenguas humanas aparecen preguntas que ninguna sabiduría  puede responder: son aquellas en que entra la palabra “por qué” y la palabra “yo”:  ¿Por qué soy yo así? ¿Por qué no soy así? Sería jus­ticia del ser el hecho de  que todo hombre, desde su primer sentir, pudiera estar de acuerdo con ser como  es y el que es. Pero con eso tocamos el misterio bá­sico de la existencia  finita. La respuesta a esas pre­guntas la da sólo Dios mismo; una respuesta que  no sólo resuelve la cuestión en teoría, sino que la asume en encuentro vivo.</p>
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		<title>Espiritualidad 20</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 03:19:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Buenos días, Señor, a ti el primero encuentra la mirada del corazón, apenas nace el día: Tú eres la luz y el sol de mi jornada. Buenos días, Señor, contigo quiero andar por la vereda: Tú, mi camino, mi verdad, mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Buenos días, Señor, a ti el primero</p>
<p>encuentra la mirada</p>
<p>del corazón, apenas nace el día:</p>
<p>Tú eres la luz y el sol de mi jornada.</p>
<p>Buenos días, Señor, contigo quiero</p>
<p>andar por la vereda:</p>
<p>Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;</p>
<p>Tú, la esperanza firme que me queda.</p>
<p>Buenos días, Señor, a ti te busco,</p>
<p>levanto a ti las manos</p>
<p>y el corazón, al despertar la aurora:</p>
<p>quiero encontrarte siempre en mis hermanos.</p>
<p>Buenos días, Señor resucitado,</p>
<p>que traes la alegría</p>
<p>al corazón que va por tus caminos</p>
<p>¡vencedor de tu muerte y de la mía!  Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea  de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.  Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías;  y otros, alguno de los profetas”. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro  respondió: “Tú eres el Mesías”. Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran  nada acerca de él. </em></p>
<p><em>Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir  mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas;  que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les  hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a  reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo  reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus  pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.</em></p>
<p><em> Entonces Jesús,  llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: “El que quiera  venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.  Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí  y por la Buena Noticia,  la salvará.</em></p>
<p><em>(Marcos 8, 27-35)</em></p>
<p>Salmo 114: Canto de Acción de Gracias</p>
<p>Amo al Señor, porque escucha</p>
<p>mi voz suplicante;</p>
<p>porque inclina su oído hacia mí,</p>
<p>el día que lo invoco.</p>
<p>Me envolvían redes de muerte,</p>
<p>me alcanzaron los lazos del abismo,</p>
<p>caí en tristeza y angustia.</p>
<p>Invoqué el nombre del Señor:</p>
<p>«Señor, salva mi vida.»</p>
<p>El Señor es benigno y justo,</p>
<p>nuestro Dios es compasivo;</p>
<p>el Señor guarda a los sencillos:</p>
<p>estando yo sin fuerzas me salvó.</p>
<p>Arrancó mi alma de la muerte,</p>
<p>mis ojos de las lágrimas,</p>
<p>mis pies de la caída.</p>
<p>Caminaré en presencia del Señor,</p>
<p>en el país de la vida.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Señor, sacia  nuestra hambre en el banquete de tu Eucaristía, y ayúdanos a participar de ella  con alegría.</li>
<li>Concédenos,  Maestro bueno, escuchar tu Palabra con un corazón noble y haz que perseveremos  hasta dar fruto.</li>
<li>Que con nuestro  trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo, para que así, por la  acción de tu Iglesia, reine en él la paz.</li>
<li>Reconocemos,  Señor, que hemos pecado; perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>FIDELIDAD (II)</p>
<p>Pero no  habríamos de olvidar otra fidelidad: la fi­delidad a Dios.</p>
<p>¿Cómo es cuando  una persona, en decisión res­ponsable, se decide por la fe? En principio,  colabora todo lo que ha recibido en sí de los padres, de la at­mósfera de la  casa, de los maestros, de la vida de la Iglesia y de tantas otras cosas. También ha  tenido él mismo experiencias religiosas. Por ejemplo, en mo­mentos de oración  cordial ha percibido algo que era sagrado y amistoso, y que servía de apoyo. O  en de­terminadas ocasiones ha experimentado lo que se lla­ma providencia. Las  respuestas de la religión cristia­na a las cuestiones de la existencia lo han  convenci­do. Sobre ello se ha decidido y ha dado a Dios su fe. Esta primera  actitud creyente es bella, ge­nerosa y llena la conciencia de un hondo sentido.  Pe­ro con el tiempo también cambiar o desaparecer estos sentimientos.</p>
<p>Por ejemplo,  desaparece la sensación de la proxi­midad de Dios, y en torno al creyente surge  un vacío religioso. O tiene que percibir todo lo humano que va pegado al mundo  religioso. O intervienen aconteci­mientos que no puede poner de acuerdo con la  idea de la providencia. O las opiniones de la época se alejan de la fe, de  manera que ésta parece algo supera­do. Entonces la fe pierde las ayudas que  tenía en el sentimiento, en personas del ambiente, en las coyun­turas del  acontecer, y palidecen las enseñanzas de la Revelación, que al  principio resplandecían tan prodi­giosamente. Entonces se puede imponer la  pregunta de si no se habrá equivocado uno. Si no habrá su­cumbido a algún  idealismo. En tales momentos, uno puede parecer un tonto con su fe, entonces es  el mo­mento de la fidelidad. Dice: Cuando creí, lo que allí operaba no fue una  mera pro­pensión del sentimiento, o la fuerza de atracción de una hermosa idea,  sino una acción del núcleo de la persona y de su sinceridad. La palabra “fe”,  en ale­mán, Glauben, se relaciona con geloben, “compro­metido”: Dios se confía  a ese compromiso, a esos es­ponsales; así que yo me pongo de su parte.</p>
<p>De ese modo la  fe adquiere una nueva significa­ción: es esa acción en que el hombre atraviesa  el tiempo del alejamiento y el silencio de Dios. Cuando Él deja percibir su  cercanía, y su palabra se hace vi­viente, no es difícil estar seguro de su  realidad: es una dicha. Pero cuando se esconde, y no se percibe nada, y la  palabra santa no habla, entonces se vuelve difícil. Pero ahí es el momento de  la auténtica fe.</p>
<p>Fidelidad es lo  que supera el tiempo fugitivo. Tiene en sí algo de eternidad; pero ya que se  habla de eternidad, ¿cómo es un Dios mismo?</p>
<p>Cuando Dios  creó el mundo lo creó con verdade­ra grandiosidad —los conocimientos  científicos nos han hecho dar cuenta de ello de modo abrumador—. Grande en lo  grande y, si así se puede decir, también grande en lo pequeño. El mundo es  mayor que nuestro pensamiento, pero frente a Dios es pequeño, pues Él es  absoluto. La palabra “es” no se puede aplicar al mundo en la misma sig­nificación  que a Él. No se puede decir: Dios y el mundo “son”. Él es, sencillamente, dueño  de sí, sufi­ciente para sí; el mundo es mediante Él, ante Él, ha­cia Él&#8230; Pero  cuando Él lo creó, no lo hizo por jue­go, sino con divina seriedad. En el mundo  puso su honor. Se puede decir realmente: le concedió su fide­lidad, al decir  que era “bueno”. Seis veces se lee así en el primer relato de la Creación, y al final, por  sép­tima vez: “Dios vio todo lo que había creado, y vio que era muy bueno” (Gn  1). Con eso se vinculó con el mundo.</p>
<p>Ya hemos  hablado antes del mito indio según el cual el dios Shiva, en el rebose de la  alegría de crear, produjo el mundo, pero luego se hartó de él, lo hizo pedazos  y creó otro nuevo, y tras de éste, otro nuevo, y así sucesivamente. Así  resultaría ser el dios que no mantuviera su fidelidad a su obra. Con su  exigencia, no pasaría por la finitud del mundo, sino que al cabo de algún  tiempo le resultaría demasiado poco y lo arrojaría. ¡Sería terrible estar en  manos de semejante dios! Pero no es así el que se nos ha revelado, sino que  mantiene firme su obra. Mantiene el mundo en el ser. Lo conserva en todo  momento por su fidelidad.</p>
<p>Eso fue, si así  se puede decir, la “puesta a prueba” de la fidelidad de Dios al mundo, que  reside en la misma finitud jamás superable de lo creado. Pero a ésa se añadió  otra, que nunca debía haber tenido lu­gar. No procedía de la naturaleza de las  cosas, sino de la historia, de la libertad del hombre, de un abuso de esa  libertad, de su sublevación, y vuelve a surgir siempre, una y otra vez, de la  rebelión del hombre. Entonces la fidelidad de Dios llega a ser un concep­to  básico de la Revelación.</p>
<p>La Sagrada Escritura nos habla de  cómo Dios, pa­ra traer redención, llama a un pueblo; cómo estable­ce con éste  una alianza que descansa totalmente en su eterna fidelidad, y cómo de ella  surge la historia del Antiguo Testamento. Y cómo, en definitiva, la fidelidad  de Dios hace algo incomprensible: tomar so­bre sí mismo la responsabilidad por  la culpa del hombre, entrar en la historia mediante la encarnación y recibir de  ella un destino.</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>La vida de Jesús es una única fidelidad. Expresión de ello es el modo  como permanece en la estrecha y hostil Palestina, porque se sabe enviado como  parte de la Alianza  del Sinaí, aunque la amplitud del mun­do pagano lo recibiría con buena  disposición. Perma­neció allí hasta la muerte, ¡y qué muerte! De Dios viene la  fidelidad al mundo. Podemos ser fieles sólo porque Él es fiel y porque nos ha  dispues­to, como imágenes y semejanzas suyas, para la fide­lidad.</p>
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		<title>Espiritualidad 19</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 00:47:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Como el niño que no sabe dormirse sin cogerse a la mano de su madre, así mi corazón viene a ponerse sobre tus manos al caer la tarde. Como el niño que sabe que alguien vela su sueño de inocencia y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Como el niño que no sabe dormirse</p>
<p>sin cogerse a la mano de su madre,</p>
<p>así mi corazón viene a ponerse</p>
<p>sobre tus manos al caer la tarde.</p>
<p>Como el niño</p>
<p>que sabe que alguien vela</p>
<p>su sueño de inocencia y esperanza,</p>
<p>así descansará mi alma segura,</p>
<p>sabiendo que eres tú</p>
<p>quien nos aguarda.</p>
<p>Tú endulzarás mi última amargura,</p>
<p>tú aliviarás el último cansancio,</p>
<p>tu cuidarás los sueños de la noche,</p>
<p>tu borrarás las huellas de mi llanto.</p>
<p>Tú nos darás mañana nuevamente</p>
<p>la antorcha de la luz y la alegría,</p>
<p>y, por las horas que te traigo muertas,</p>
<p>tú me darás una mañana viva. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y  fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. </em></p>
<p><em>Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le  impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le  puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después,  levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Abrete”.  Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar  normalmente.</em></p>
<p><em>Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie,  pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la  admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a  los mudos”.</em></p>
<p><em>(Marcos 7, 31-37)</em></p>
<p>Salmo 145: Himno de Alabanza a Dios</p>
<p>Alaba, alma mía, al Señor:</p>
<p>Que mantiene su fidelidad perpetuamente,</p>
<p>que hace justicia a los oprimidos,</p>
<p>que da pan a los hambrientos.</p>
<p>El Señor liberta a los cautivos.</p>
<p>El Señor abre los ojos al ciego,</p>
<p>el Señor endereza a los que ya se doblan,</p>
<p>el Señor ama a los justos,</p>
<p>el Señor guarda a los peregrinos.</p>
<p>El Señor sustenta al huérfano y a la viuda</p>
<p>y trastorna el camino de los malvados.</p>
<p>El Señor reina eternamente,</p>
<p>tu Dios, Sión, de edad en edad.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Señor Jesucristo,  que nos has llamado al reino de tu luz, haz que nuestra vida sea agradable a  Dios Padre.</li>
<li>Tú que, desconocido  del mundo, has acampado entre nosotros, manifiesta tu rostro a todos los  hombres.</li>
<li>Tú que estás más  cerca de nosotros que nosotros mismos, fortalece nuestros corazones con la  esperanza de la salvación.</li>
<li>Tú que eres la  fuente de toda santidad, consérvanos santos  y sin mancha hasta el día de tu venida.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>FIDELIDAD (I)</p>
<p>A continuación  vamos a tratar de la fidelidad, y el objeto de nuestra consideración implica  que tome­mos conciencia del matiz que hoy tiene la palabra. En efecto, nos da  vergüenza usarla. Como tantas otras designaciones de virtudes, ésta ya no nos  suena del todo auténtica, nos suena demasiado grandiosa, demasiado patética y,  frente a la complicada realidad de nuestra vida, demasiado sencilla.</p>
<p>A pesar de eso,  sigue siendo cierto que nuestra vi­da descansa en la fidelidad.</p>
<p>Ante todo,  vamos a aclarar que hay dos clases de situaciones a las que se aplica. La una  es una dispo­sición psicológica. En ella, los procesos anímicos transcurren  despacio, pero tienen profundo calado. Los sentimientos son fuertes. No se  inflaman de pri­sa y violentamente para luego volver a extinguirse pronto, sino  que permanecen y forman determinacio­nes duraderas. Las decisiones requieren  tiempo para formarse, pero prosiguen como orientación interior e influyen de  modo seguro en la acción. Cuando una persona de tal carácter concede su  inclinación a otra persona, o se decide por una causa, se establece un firme  vínculo que perdura a través de muchas trans­formaciones.</p>
<p>Otras  naturalezas están formadas de otro modo, pero también están obligadas a la  fidelidad. Ésta pue­de no estar sustentada por una determinada estructu­ra  anímica que quepa presuponer en todos. Es la per­sona humana, su comprensión de  lo verdadero y lo falso, de lo justo y lo injusto, del honor y lo deshon­roso,  la libertad de su decisión y la firmeza con que mantiene su decisión, en  obsequio a la otra persona y a su confianza, a la causa elegida o, mejor dicho,  la firmeza con que la vuelve a poner en pie siempre que amenaza caer.</p>
<p>¿Cuál es el  sentido de esta virtud? Se puede des­cribir como una fuerza que supera el  tiempo, es de­cir, la transformación y la pérdida, pero no como la dureza de la  piedra, en firmeza fija, sino creciendo y creando de modo vivo. Tratemos de  ponernos su imagen ante los ojos.</p>
<p>Se han conocido  dos personas, han sentido amor y deciden casarse. Lo que sustenta al principio  esa alianza es la exigencia de una vitalidad por la otra; son sentimientos de  simpatía, experiencias comunes, coincidencias en la relación con la naturaleza  y el hombre, preferencias e inclinaciones semejantes, y así sucesivamente.</p>
<p>Esos  sentimientos al principio parecen garantizar la duración para toda la vida.  Pero ceden fácilmente, surgen diferencias, tales como siempre se encuentran  entre diversas personas, y entonces es el momento de la verdadera fidelidad,  esto es, que cada uno de los dos tenga conciencia: el otro confía en mí. Se  entre­ga a mí. Hemos entrado en una alianza que determi­na nuestra vida. Lo que  la sustenta ha de ser lo me­jor que hay en nosotros, el núcleo de nuestra  humanidad, la persona y su capacidad de merecer confian­za. Y entonces empiezan  las superaciones: ponerse a favor del otro y conservarse para él, pero no para  po­seer y dominar, sino para conservar la vida que des­cansa en la alianza y  llevarla a fecundo despliegue. Aceptarlo una y otra vez y ponerse a su favor.</p>
<p>También ha de  considerarse esto: cuando se en­cuentran dos personas, cada una llega con un  deter­minado carácter. Pero “vivir” significa que la perso­na crece y cambia.  También aquí es el momento de la fidelidad, de que supere y dure más allá del  cambio. Y no con fijeza y coerción, sino de tal manera que el uno reciba al  otro una y otra vez de nuevo y de nuevo se amolde a él. Todo esto puede ser  difícil, y en ocasio­nes muy difícil; el sentimiento desengañado puede  rebelarse contra ello. Pero en la medida en que se ejerza esa fidelidad, se crece  en profundidad de amor.</p>
<p>Fidelidad  significa también perma­necer firme en una responsabilidad, a pesar de daños y  peligros.</p>
<p>Por ejemplo,  uno está poseído de una idea, ha reconocido como necesaria una ac­ción y se ha  puesto a ello. Como difícilmente puede dejar de ocurrir, surgen dificultades:  la fidelidad sig­nifica que resista y siga luchando&#8230; Puede tratarse también  de riesgos del trabajo: un médico siente que el trabajo consume sus fuerzas y  quizá amenaza su vida. Un funcionario tiene un servicio especialmente duro  porque los demás lo toman con ligereza. La fi­delidad dice: no lo dejes.</p>
<p>¿Y qué es  propiamente lo que se llama “convicción”? Por lo pronto, comprensión: se ha  visto que esto es así y así, y entonces se establece firmemente. Pero  dondequiera que hay seres humanos en juego, los meros motivos de comprensión no  bastan, sino que la toma de posi­ción debe estar sustentada por una obligación  consi­go mismo. La fuerza con que ésta mantenga lo afir­mado, incluso a través  de tiempos y situaciones en que los “motivos” palidecen o parecen inseguros, es  fidelidad.</p>
<p>La fidelidad  supera transformaciones, daños y pe­ligros. No por una fuerza de obstinación  correspon­diente a un carácter. Esto puede ser así, y feliz quien la posee.  Pero la fidelidad es algo más que esto, algo diferente, a saber: <strong>la firmeza resultante de que el hombre haya  tomado algo en su responsabilidad y lo sustente</strong>. Supera las mutabilidades,  daños y amena­zas de la vida, partiendo de la fuerza de la concien­cia.</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>En una persona así se puede confiar. Se siente que en él hay un punto  que está más allá del temor y la debilidad, desde el cual se renueva  constantemente su posición.</p>
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		<title>Espiritualidad 18</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 21:39:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta. Amén. Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Nada te turbe,</p>
<p>nada te espante,</p>
<p>todo se pasa,</p>
<p>Dios no se muda;</p>
<p>la paciencia</p>
<p>todo lo alcanza;</p>
<p>quien a Dios tiene</p>
<p>nada le falta:</p>
<p>sólo Dios basta. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se  acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos  impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general,  no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de  sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las  abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por  tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.</em></p>
<p><em> Entonces los fariseos  y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de  acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos  impuras?”. El les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en  el pasaje de la Escritura  que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de  mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos  humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición  de los hombres”.</em></p>
<p><em> Y Jesús, llamando otra  vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa  externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es  aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los  hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los  robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las  deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas  estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”.</em></p>
<p><em>(Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23)</em></p>
<p>Salmo 15: Condiciones para acercarse al Señor</p>
<p>Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?</p>
<p>El que procede honradamente</p>
<p>y practica la justicia,</p>
<p>el que tiene intenciones, leales</p>
<p>y no calumnia con su lengua.</p>
<p>El que no hace mal a su prójimo</p>
<p>ni difama al vecino,</p>
<p>el que considera despreciable al impío</p>
<p>y honra a los que temen al Señor.</p>
<p>El que no retracta lo que juró</p>
<p>aun en daño propio,</p>
<p>el que no presta dinero a usura</p>
<p>ni acepta soborno contra el inocente.</p>
<p>El que así obra nunca fallará.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Pastor eterno,  protege a nuestro obispo Jorge y a todos los pastores de la Iglesia.</li>
<li>Mira con bondad a  los que sufren persecución y líbralos de todas sus angustias.</li>
<li>Compadécete de  los pobres y necesitados y da pan a los hambrientos.</li>
<li>Ilumina a los que  tienen la misión de gobernar a los pueblos y dales sabiduría y prudencia.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>PACIENCIA (III)</p>
<p>En la Imitación de Cristo  están las pala­bras: semper incipe!, una de esas claras y concisas  formulaciones que le salen bien a la lengua latina: “¡Empieza siempre!” En  principio, una paradoja, pues en sí el comienzo está precisamente en el co­mienzo,  y después se va más adelante. Pero eso sólo es verdad en lo mecánico. En lo  vivo, el empezar es un elemento que constantemente ha de hacerse ope­rante.  Nada va adelante si no “empieza” a la vez.</p>
<p>Quien quiera adelantar,  pues, debe empezar siem­pre de nuevo. Siempre debe sumergirse en el origen  interior de lo vivo y elevarse desde él en nueva liber­tad, en “iniciativa”, en  “potencia iniciadora”, para hacer real lo antes pensado: la prudencia, la  mesura, la superación de sí mismo y todo lo que haya de lle­gar a ser.</p>
<p>Paciencia  consigo mismo —naturalmente, no de­jadez ni blandura, sino sentido realista— es  el funda­mento de todo esfuerzo.</p>
<p>El Fausto de  Goethe, antes ídolo de la burguesía, es siempre impaciente: un fantasioso que  nunca des­pertará. Se vende a la magia: ahí se expresa que no sa­be que  precisamente la aceptación de la realidad, el soportarla y sostener lo que es,  constituye el funda­mento de todo devenir y lograr. En vez de eso hace  discursos, y en torno a él todo se desmorona, y al fin tiene lugar esa “redención”  suya, en la que no cree na­die que haya entendido lo que significa esta  palabra.</p>
<p>Al meditar  sobre el concepto de virtud nos hemos dado cuenta de que no hay ninguna virtud  que sea — si nos permitimos esta deficiente expresión— quími­camente pura.  Igual que en la naturaleza no hay un tono puro, ni un color puro, sino siempre  solamente mezclas, acorde, tampoco hay ninguna actitud que sólo sea paciencia,  sino que se tienen que añadir otros muchos elementos.</p>
<p>Por ejemplo, no  es posible ninguna paciencia sin comprensión: sin saber el modo como va la  vida. Pa­ciencia es sabiduría, comprensión de lo que signifi­ca: tengo esto, y  nada más; soy así, y no de otro mo- do; la persona con que estoy vinculado es así  y no como todos los demás. Cierto que me gustaría que fuera de otro modo, que  también se podrá cambiar mucho con tenaz esfuerzo; pero, en principio, las co­sas  están como están, y tengo que aceptarlo. Sabidu­ría es comprensión del modo  como tiene lugar la rea­lización; de cómo un pensamiento se hace real en la  sustancia de la existencia partiendo de la imagina­ción; de qué lento es el  proceso y en cuántos sentidos puesto en riesgo; de qué fácilmente se engaña uno  a sí mismo y se va de la mano.</p>
<p>La paciencia  comporta fuerza, mucha fuerza. La suprema paciencia descansa en la  omnipotencia. Dios, por ser el Todopoderoso, puede tener paciencia con el  mundo. Sólo el hombre fuerte puede aplicar una paciencia viva, recibir en sí,  una y otra vez, lo que es; empezar de nuevo, una y otra vez. La pacien­cia sin  fuerza es mera pasividad, superficial tolencia, habituamiento a ser cosa.</p>
<p>Y el amor forma  parte de la auténtica paciencia, amor a la vida. Pues lo vive} crece despacio,  tiene sus horas, va por muchos caminos y rodeos. Por eso re­quiere confianza, y  sólo ej amor confía. Quien no ama la vida no tiene paciencia con ella. Entonces  vienen las vehemencias y las rebeldías, y hay heridas y roturas.</p>
<p>Así cabría  decir mucho más.</p>
<p>La paciencia  viva es la persona entera, que está en tensión entre lo que querría tener y lo  que tiene; lo que habría de hacer y lo que es capaz de hacer; lo que desea ser  y lo que realmente es. El soportar esa ten­sión, el concentrarse siempre de  nuevo en la posibi­lidad de cada hora, eso es paciencia. Así, se puede decir  que la paciencia es la persona en devenir que se entiende adecuadamente.  También sólo de la mano de la pacienica prospera la persona que nos está con­fiada.  Un padre, una madre que no tienen paciencia en ese sentido nunca harán más que  daño a sus hijos. El educador que no toma con paciencia a los que se le confían  los asustará y les quitará la sinceridad. Dondequiera que se nos pone vida en  las manos, el trabajo en ella sólo puede prosperar si lo hacemos con esa fuerza  profunda y silenciosa. Tiene semejan­za con la manera como crece la vida misma.  De ni­ños, quizá, disponíamos de un jardincillo, o siquiera de un tiesto en la  ventana, y sembramos semillas; ¿no fue difícil acostumbrarse al modo como tenía  lu­gar el crecimiento en la tierra? ¿No escarbábamos entonces para ver cómo  adelantaba, y el germen se echó a perder? ¿No iba demasiado despacio para no­sotros,  hasta que surgió lo que al principio estaba tan invisible? Y cuando se formaron  las yemas, ¿no las apretábamos para que brotaran? Pero en vez de eso se  pusieron oscuras y se marchitaron. La paciencia es la fuerza bajo cuya custodia  puede desplegarse la vi­da que nos está encomendada.</p>
<p>Constantemente  hemos de volver a referirnos a la paciencia del poderoso bajo cuya custodia  hemos de crecer, el Dios vivo. ¡Ay si fuera Shiva, el impacien­te y necio! ¡Ay  si no tuviera esa larga y sabia volun­tad que conserva y deja madurar el mundo,  que no necesita, pero al que ama!</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>Una otra vez y hemos de dirigirnos a Él: “¡Señor, ten paciencia conmigo,  y concédemela, para que las posibilidades que se me han otorgado crezcan y den  fruto en el corto intervalo de mi vida en estos pocos años!”</p>
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		<title>Espiritualidad 17</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 21:37:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Mi Cristo, tú no tienes la lóbrega mirada de la muerte. Tus ojos no se cierran: son agua limpia donde puedo verme. Mi Cristo, tú no puedes cicatrizar la llaga del costado: un corazón tras ella noches y días me estará [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Mi Cristo, tú no tienes</p>
<p>la lóbrega mirada de la muerte.</p>
<p>Tus ojos no se cierran:</p>
<p>son agua limpia donde puedo verme.</p>
<p>Mi Cristo, tú no puedes</p>
<p>cicatrizar la llaga del costado:</p>
<p>un corazón tras ella</p>
<p>noches y días me estará esperando.</p>
<p>Mi Cristo, tú conoces</p>
<p>la intimidad oculta de mi vida.</p>
<p>Tú sabes mis secretos:</p>
<p>te los voy confesando día a día.</p>
<p>Mi Cristo, tú sonríes</p>
<p>cuando te hieren, sordas, las espinas.</p>
<p>Si mi cabeza hierve,</p>
<p>haz, Señor, que te mire y te sonría.</p>
<p>Mi Cristo, tú que esperas</p>
<p>mi último beso darte ante la tumba.</p>
<p>También mi joven beso</p>
<p>descansa en ti de la incesante lucha. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: “¡Es duro  este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?”. Jesús, sabiendo lo que sus discípulos  murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando  vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da  Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.  Pero hay entre ustedes algunos que no creen”. En efecto, Jesús sabía desde el  primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a  entregar. Y agregó: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el  Padre no se lo concede”.</em></p>
<p><em> Desde ese momento,  muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús  preguntó entonces a los Doce: “¿También ustedes quieren irse?”. Simón Pedro le  respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros  hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”.</em></p>
<p><em> (Juan 6, 60-69)</em></p>
<p>Salmo 34: Canto de Acción de gracias</p>
<p>Bendeciré al Señor en todo tiempo,</p>
<p>su alabanza estará siempre en mis labios.</p>
<p>Mi alma se gloría en el Señor;</p>
<p>que lo oigan los humildes y se alegren.</p>
<p>Los ojos del Señor miran al justo</p>
<p>y sus oídos escuchan su clamor;</p>
<p>pero el Señor rechaza a los que hacen el mal</p>
<p>para borrar su recuerdo de la tierra.</p>
<p>Cuando ellos claman, el Señor los escucha</p>
<p>y los libra de todas sus angustias.</p>
<p>El Señor está cerca del que sufre</p>
<p>y salva a los que están abatidos.</p>
<p>El justo padece muchos males,</p>
<p>pero el Señor lo libra de ellos.</p>
<p>El cuida todos sus huesos,</p>
<p>no se quebrará ni uno solo.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Señor, Padre  lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren:  acuérdate de ellos, Cristo, cabeza de la iglesia, ofreció en la cruz el  verdadero sacrificio vespertino.</li>
<li>Libra a los  encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y  de los huérfanos y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.</li>
<li>Concede a tus  hijos la fuerza necesaria para resistir las tentaciones del maligno.</li>
<li>Acude en nuestro  auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte: que seamos fieles  hasta el fin y dejemos este mundo en tu paz.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>PACIENCIA (II)</p>
<p>¿Puede ser  impaciente el animal? Evidentemente, no; ni impaciente ni paciente. Está  adaptado en el contexto de la naturaleza, vive como debe vivir y muere cuando  ha pasado su tiempo. La impaciencia sólo es posible para un ser que tenga la  capacidad de elevarse por encima de lo real inmediato y querer lo que todavía  no es: para el hombre. Así, sólo a él le cabe la decisión, si es capaz, de  dejar su tiempo al devenir.</p>
<p>Y esto siempre,  una y otra vez, pues en esta exis­tencia de tiempo y finitud constantemente  vuelve a presentarse la tensión entre lo que es el hombre y lo que querría ser;  lo que ya ha realizado y lo que toda­vía le queda por lograr. La paciencia es  lo que sobre­lleva la tensión.</p>
<p>Sobre todo, la  paciencia con lo que se nos da y nos toca en suerte, con el “destino”. La  circunstancia en que vivimos nos está impuesta: nacemos dentro de ella. Los  acontecimientos de la historia marchan sin que podamos cambiar en ellos nada  esencial, y cada cual ha de notar sus efectos. Día tras día nos sa­le al  encuentro, en forma personal, lo que acontece históricamente. Podemos  defendernos, podemos arreglar muchas cosas conforme a nuestra voluntad; en el  fondo hemos de aceptar lo que viene y nos es dado. Comprenderlo y conducirnos  conforme a ello es paciencia. Quien no quiere está en perpetuo con­flicto con  su propia existencia.</p>
<p>Pensemos en  aquella figura que se rebela contra toda ley, el Fausto de Goethe. Después de  haber re­chazado “la esperanza y la fe”, exclama: “¡Y maldi­ta sobre todo la  paciencia!” Es el hombre eternamen­te sin llegar a adulto, que nunca ve ni toma  la reali­dad como es. Siempre la sobrevuela en su fantasía. Siempre está en  protesta contra el destino, mientras que la madurez del hombre empieza al  aceptar lo que es. Sólo de ahí le llega la fuerza para cambiarlo y darle forma.</p>
<p>También debemos  tener paciencia con las perso­nas con quienes estamos vinculados. Sean los  padres, o cónyuges, o hijos, o amigos, o compañeros de tra­bajo o lo que sea:  la vida responsable, mayor de edad, empieza aceptando al hombre como es.</p>
<p>Puede ser muy  difícil estar vinculado con una per­sona a quien poco a poco se conoce de  memoria: de quien se sabe cómo habla, como piensa, cómo se si­túa ante todo. Se  querría eliminar a esa persona y to­mar otra. Aquí la fidelidad es ante todo  paciencia: con lo que esa persona es, con cómo es y se compor­ta y cómo lo  hace. Donde no se aplica, todo se rom­pe y falla la posibilidad que había en  esa relación.</p>
<p>Pero también  hemos de tener paciencia con noso­tros mismos. Sabemos —por ejemplo, en forma  de un deseo más o menos claro— cómo querríamos ser. Nos gustaría perder tal  cualidad, adquirir aquélla, y tropezamos con que, pese a todo, somos precisamen­te  como somos. Es duro deber seguir siendo quien se es; es humillante tener que  sentir siempre los mismos defectos, mezquindades, debilidades.</p>
<p>El hastío de sí  mismo, ¡cuántas veces ha invadido precisamente a los mayores espíritus! Aquí  otra vez hay que poner en juego la paciencia, aceptarse a sí mismo y  sobrellevarse. No dar por bueno en la pro­pia imagen lo que no es bueno; no  contentarse consi­go mismo, eso sería el modo del filisteo. Debe per­manecer  despierta una cierta insatisfacción ante la defectuosidad e insuficiencia de  uno mismo: si no, se perdería esa autocrítica que constituye el supuesto previo  de toda maduración moral. Pero no apartán­dose de uno mismo con fantaseos, sino  que toda sa­na crítica debe ponerse en juego desde lo dado y continuar actuando  desde ahí, y sabiendo que será cosa lenta, muy lenta. Pero esa misma lentitud  constituye la garantía de que la transformación no se realiza en la fantasía,  sino en la realidad.</p>
<p>¿Cómo ocurre la  transformación moral?</p>
<p>Por ejemplo,  uno ha reconocido: Me falta domi­nio propio. Debo dominarme mejor, hablar con  más sosiego, actuar con más prudencia. Eso está recono­cido y afirmado, pero al  principio sólo está en la ima­ginación, pensado, planeado. Sin embargo, debe en­trar  en la realidad, y ésta es tenaz. También puede uno adelantar en sueños en una  virtud, y ¡cuántos sueños de deseo consisten en virtudes fantaseadas! Pero los  sueños vuelan, y todo vuelve a estar como antes. No; ha empeorado, pues en el  fantasear se con­sume energía moral, aun prescindiendo del embuste que hay en  él. ¡Cuántas veces, bajo la impresión de una hora sublime o de una decisión  flamante, se piensa: ahora ya estoy! Pero en la siguiente ocasión se nota cómo  nuestra propia realidad, que parecía ha­ber recibido la acuñación de lo nuevo,  de lo recono­cido como justo, vuelve rápidamente a lo viejo, y to­do está como  estaba.</p>
<p>Un auténtico  progreso moral tendría lugar aquí suponiendo que se hicieran más despiertos los  actos de la comprensión y la adecuación, la conciencia de lo que puede causar  nuestra propia vehemencia: que nos dejáramos arrastrar con menos facilidad por  el empujón del sentir, permaneciendo más libres; que, por decirlo así,  consiguiéramos un punto de apoyo por encima del acontecer interior. No serían  fanta­sías, sino auténticos avances de la vida interior, cam­bios en la  relación mutua de los diversos actos, con­figuración de su carácter. Pero  semejantes cosas sólo se producen despacio, muy despacio.</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>El tener esa paciencia que siempre empieza de nuevo es el supuesto  previo para que ocurra real­mente algo.</p>
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		<title>Espiritualidad 16</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 22:42:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… El trabajo nos urge, nos concentra y astilla. Poco a poco, la muerte nos hiere y purifica. Señor del universo, con el hombre te alías. En nuestra actividad, tu fuerza cómo vibra. Señor de los minutos, intensa compañía. Gracias por los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" />Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>El trabajo nos urge,</p>
<p>nos concentra y astilla.</p>
<p>Poco a poco, la muerte</p>
<p>nos hiere y purifica.</p>
<p>Señor del universo,</p>
<p>con el hombre te alías.</p>
<p>En nuestra actividad,</p>
<p>tu fuerza cómo vibra.</p>
<p>Señor de los minutos,</p>
<p>intensa compañía.</p>
<p>Gracias por los instantes</p>
<p>que lo eterno nos hilan.</p>
<p>Gracias por esta pausa</p>
<p>contigo en la fatiga.</p>
<p>Contigo hay alegría.</p>
<p>Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan  vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Los judíos  discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.  Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre  y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe  mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi  carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi  carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido  enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el  que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que  comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.</em></p>
<p><em>Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.</em></p>
<p><em>(Juan 6, 52-59)</em></p>
<p>Salmo 34: Canto de Acción de gracias</p>
<p>Bendeciré al Señor en todo tiempo,</p>
<p>su alabanza estará siempre en mis labios.</p>
<p>Mi alma se gloría en el Señor;</p>
<p>que lo oigan los humildes y se alegren.</p>
<p>Teman al Señor, todos sus santos,</p>
<p>porque nada faltará a los que lo temen.</p>
<p>Los ricos se empobrecen y sufren hambre,</p>
<p>pero los que buscan al Señor no carecen de nada.</p>
<p>Vengan, hijos, escuchen:</p>
<p>voy a enseñarles el temor del Señor.</p>
<p>¿Quién es el hombre que ama la vida</p>
<p>y desea gozar de días felices?</p>
<p>Guarda tu lengua del mal,</p>
<p>y tus labios de palabras mentirosas.</p>
<p>Apártate del mal y practica el bien,</p>
<p>busca la paz y sigue tras ella.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Salva a tu  pueblo, Señor y bendice a tu heredad.</li>
<li>Congrega en la  unidad a todos los cristianos: para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.</li>
<li>Derrama tu gracia  sobre nuestros familiares y amigos: que encuentren en tu, Señor, su verdadera  felicidad.</li>
<li>Muestra tu amor a  los agonizantes: que puedan contemplar tu salvación.</li>
<li>Ten piedad de los  que han muerto y acógelos en el descanso de Cristo.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>PACIENCIA (I)</p>
<p>La primera de  nuestras reflexiones se esforzó por apartar del concepto de virtud todo lo  moralístico que se le ha adherido en el transcurso del tiempo y por entenderlo  como algo vivo, grave y hermoso. En­tonces podría extrañar tratar aquí sobre la  pacien­cia: ¿No es algo gris, sin apariencia? ¿No es una mezquindad con que la  vida oprimida trata de justificar su pobreza?</p>
<p>Por eso vamos a  entrar con nuestras ideas inme­diatamente a la cima, junto al Señor. El es el gran  paciente, porque es el Todopoderoso y nos ama.</p>
<p>¿Nos hemos dado  cuenta alguna vez con claridad, de lo misterioso que es el que Dios haya creado  el mundo en absoluto? Quien no cree no sabe nada de este misterio, pues lo ve  como “naturaleza”, es decir, como lo que sencillamente está ahí. Pero por lo  regu­lar tampoco el creyente toma conciencia de ello. En Él hay fe, pero ésta  no ha determinado aún la índole de su pensamiento y su sensibilidad, que sigue  siendo tal como es común en su época. Pero en cuanto la fe entra en el núcleo  de la personalidad se le vuelve misterioso el ser de lo finito, y surge la  pregunta: ¿por qué lo ha creado Dios?</p>
<p>Si supiéramos  responder a esa pregunta, respon­der de veras, habríamos comprendido mucho.  Pero eso no es posible en la   Tierra, pues presupondría po­der pensar desde Dios, y eso  sólo se concede en la eternidad.</p>
<p>Aquí, en la Tierra, la pregunta siempre  sigue abierta: ¿por qué, a pesar de que Él lo es todo, lo pue­de todo y es  Señor feliz de toda riqueza, por qué creó el “mundo”, mundo que, aunque sea  enorme e incon­mensurable para nuestro espíritu, no deja de ser siempre y  absolutamente finito? ¡No tenía necesidad del mundo! ¿De qué le sirve? ¿Qué  hace con él? Qui­zá, en tales consideraciones, presentimos algo así co­mo las  raíces de la paciencia divina.</p>
<p>Pues Dios no  sólo creó el mundo, sino que lo mantiene y sostiene. No se harta de él. Hay un  mito que puede abrirnos los ojos, pues para eso sirven los mitos. Un mito indio  cuenta de Shiva, el formador del universo, que creó el mundo en una tor­menta  de entusiasmo, pero luego se hartó de él, lo pi­soteó despedazándolo y produjo  uno nuevo. Con és­te pasó lo mismo, y la producción y la destrucción prosiguen  interminablemente. ¡Qué elocuente resulta la imagen de numen de la impaciencia!  Nos hace darnos cuenta de qué diferente es la relación del ver­dadero Dios con  el mundo.</p>
<p>Dios lo crea:  porque es insondable. El mundo, a pesar de su abundancia de fuerzas y formas es  finito, medido y limitado. Así, pues, no basta para “Dios”, no pue­de bastar a  su exigencia eterna. A pesar de todo Dios no se harta de él. Ésa es la primera  paciencia: que Dios no rechace al mundo, sino que lo conserve en el ser, que lo  mantenga en honor, que, si así puede de­cirse, le guarde fidelidad para  siempre.</p>
<p>En este mundo  hay un ser que tiene conciencia, interioridad, espíritu y corazón: el hombre. A  él ha confiado Dios su mundo, para que así no sólo exista, sino que sea vivido.  El hombre ha de proseguir la obra de Dios al comprender, sentir, amar. Ha de ad­ministrar  el primer mundo y configurarlo en verdad y justicia, para que se convierta en  el segundo, que será el auténtico: el mundo que pretende Dios.</p>
<p>Pero ¿qué hace  el hombre con la obra de Dios? Quien haya enriquecido sus experiencias mirando  con alguna exactitud la historia y sin dejarse cegar por ninguna superstición  del progreso, alguna vez debe percibir con espanto cuánto trastorno hay en el  mundo, cuánto error y tontería, cuánta avidez, vio­lencia y mentira, cuánto  crimen. Y todo ello a pesar de ciencia, técnica, bienestar; mezclado con ello,  al mismo tiempo, lo uno en lo otro y a través de lo otro. También en lo  religioso, en el pensamiento de lo di­vino, en el trato con ello, en la lucha  por ello. El hombre moderno se inclina a tomar simplemente to­do lo que sucede.  Alinea lo uno tras lo otro, deriva lo uno de lo otro, lo declara todo necesario  y llama “his­toria” al conjunto. Pero quien ha aprendido a distin­guir, a  llamar verdadero a lo verdadero y falso a lo falso, a lo justo, justo, e  injusto a lo injusto, ya no puede seguir haciéndolo así, y ha de asustarse de  có­mo trata el hombre con el mundo.</p>
<p>Sin embargo,  Dios no rechaza la creación tan múltiplemente corrompida ni crea otra nueva en  su lugar. Si así puede decir­se, en Dios el “sí” es más fuerte que el “no”, y  sigue llevando adelante el mundo, sobrellevándolo a través de tiempo y  eternidad.</p>
<p>Esa actitud de  Dios respecto al mundo es la pri­mera paciencia, la paciencia absoluta; sólo  posible porque Él es el Omnipotente; porque Él, que no sien­te ninguna  debilidad, es el verdadero Señor, al que nadie amenaza; el Eterno, para quien  no hay miedo ni prisa. Recordemos la parábola de Jesús sobre el campo y su  siembra. El dueño del campo ha sembra­do buen trigo, pero en medio ha brotado  la cizaña. Entonces llegan los trabajadores y preguntan: “¿No hemos de  arrancarla?” Pero él contesta: “No, no sea que al arrancarla arranquéis también  el trigo. Dejad crecer las dos cosas juntas hasta la cosecha”; en el momento de  la cosecha se separará lo uno de lo otro (Mt 13, 24 y ss.).</p>
<div>
<p>(<em>Una ética      para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano      Guardini</strong>)</div>
<p>Esa es la paciencia de aquel que podría ejercer violencia, pero es  indulgente porque es verdadera­mente Señor, excelso y bondadoso. Pero el hombre  es imagen y semejanza de Dios, y así ha de serlo también aquí. En sus manos  está puesto el mundo, el mundo de las cosas, de las personas y de su propia  vida. Debe hacer de él lo que espera Dios, incluso ahora, cuando la cizaña lo  ha invadido todo. La pa­ciencia es la condición necesaria para que pueda cre­cer  el trigo.</p>
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		<title>Espiritualidad 15</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 22:36:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Nos dijeron de noche que estabas muerto, y la fe estuvo en vela junto a tu cuerpo. La noche entera la pasamos queriendo mover la piedra. Con la vuelta del sol, volverá a ver la tierra la gloria del Señor. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Nos dijeron de noche que estabas muerto,</p>
<p>y la fe estuvo en vela junto a tu cuerpo.</p>
<p>La noche entera</p>
<p>la pasamos queriendo mover la piedra.</p>
<p>Con la vuelta del sol,</p>
<p>volverá a ver la tierra la gloria del Señor.</p>
<p>No supieron contarlo los centinelas:</p>
<p>nadie supo la hora ni la manera.</p>
<p>Antes del día, se cubrieron de gloria</p>
<p>tus cinco heridas.</p>
<p>Con la vuelta del sol,</p>
<p>volverá a ver la tierra la gloria del Señor.</p>
<p>Si los cinco sentidos buscan el sueño,</p>
<p>que la fe tenga el suyo vivo y despierto.</p>
<p>La fe velando, para verte de noche</p>
<p>resucitando.</p>
<p>Con la vuelta del sol,</p>
<p>volverá a ver la tierra la gloria del Señor. Amén.</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el  pan bajado del cielo”. Y decían: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José?  Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: &#8216;Yo he  bajado del cielo&#8217;?” Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre  ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo  resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos  serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza,  viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él  ha visto al Padre.7 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.  Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.   Pero este es el pan que desciende del  cielo, para que aquel que lo coma no muera.</em></p>
<p><em>Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El  que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.</em></p>
<p><em> (Juan 6,  41-51)</em></p>
<p>Salmo 34: Canto de Acción de gracias</p>
<p>Bendeciré al Señor en todo tiempo,</p>
<p>su alabanza estará siempre en mis labios.</p>
<p>Mi alma se gloría en el Señor;</p>
<p>que lo oigan los humildes y se alegren.</p>
<p>Glorifiquen conmigo al Señor,</p>
<p>alabemos su Nombre todos juntos.</p>
<p>Busqué al Señor: él me respondió</p>
<p>y me libró de todos mis temores.</p>
<p>Miren hacia él y quedarán resplandecientes,</p>
<p>y sus rostros no se avergonzarán.</p>
<p>Este pobre hombre invocó al Señor:</p>
<p>él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.</p>
<p>El Angel del Señor acampa</p>
<p>en torno de sus fieles, y los libra.</p>
<p>¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!</p>
<p>¡Felices los que en él se refugian!</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Padre santo, tú  que al resucitar a tu Hijo de entre los muertos manifestaste que habías  aceptado su entrega, acepta también la ofrenda de nuestro día y condúcenos a la  plenitud de la vida.</li>
<li>Bendice, Señor,  las acciones de nuestro día y ayúdanos a buscar en ellas tu gloria y el bien de  nuestros hermanos.</li>
<li>Que el trabajo de  hoy sirva para la edificación de un mundo nuevo y nos conduzca también a tu  reino eterno.</li>
<li>Te pedimos,  Señor, que nos hagas ser siempre solícitos del bien de los hombres y que nos  ayudes a amarnos mutuamente.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>La Eucaristía hace la Iglesia mediante la Consagración.</p>
<p>En la epístola  a los Romanos leemos estas palabras del Apóstol: <em>Los exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que  ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será  vuestro culto espiritual</em> (Rm 12,1). Pero estas pala­bras,  irremediablemente, nos recuerdan a las pronunciadas por Jesús en la última  cena: <em>«Tomen, coman, éste es mi cuerpo  que se entrega por ustedes»</em>. Por ello, cuando san Pablo nos exhorta a  ofrecer nues­tros cuerpos en sacrificio, es como si dijera: hagan también  ustedes lo mismo que hizo Jesucristo; háganse también ustedes eucaristía para  Dios. Él se ofreció a Dios como sacrificio de suave perfume; ofrézcanse también  ustedes como sacrificio vivo y agradable a Dios.</p>
<p>Pero no sólo es  el apóstol Pablo quien nos exhorta a obrar así, sino el mismo Jesús. Cuando  Jesucristo, al instituir la eucaristía, dio el mandato: <em>Hagan esto en memoria mía</em> (Le 22, 19), no sólo quería decir: hagan  exactamente los gestos que yo he hecho, repitan el rito que he realizado; sino  que con aquellas palabras quería expresar tam­bién lo más importante: hagan la  esencia de lo que yo he realizado; ofrezcan su cuerpo en sacrificio como han  visto que yo he he­cho. Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan  como yo he hecho con ustedes (Jn 13,15). Aún más, hay algo todavía más ur­gente  y doloroso en aquel mandato de Jesús. Nosotros somos «su» cuerpo, «sus»  miembros (cfr. 1 Co 12,12ss.); por ello es como si Je­sús nos dijera:  Permítanme ofrecer al Padre mi propio cuerpo que son ustedes; no me impidan  ofrecerme a mí mismo al Padre; yo no pue­do ofrecerme totalmente al Padre hasta  que no haya ni un solo miem­bro de mi cuerpo que se resista a ser ofrecido  conmigo. Completen, pues, lo que le falta a mi ofrenda; hagan plena mi alegría.</p>
<p>Miremos, pues,  con nuevos ojos el momento de la consagración eucarística, porque ahora sabemos  -como decía san Agustín- que «<em>sobre la  mesa del Señor está el misterio que son ustedes mis­mos</em>». He dicho que para  celebrar de verdad la eucaristía es nece­sario «hacer» también nosotros lo  mismo que hizo Jesús. ¿Qué hizo Jesús aquella noche? Ante todo, realizó un  gesto: partió el pan; to­dos los relatos de la institución resaltan este gesto,  tanto es así, que la eucaristía tomó, bien pronto, el nombre de «fracción del  pan» (fractio panis). Pero el significado de aquel gesto, quizás, no lo he­mos  comprendido todavía plenamente. ¿Por qué Jesús partió el pan? ¿Sólo para darle  un trozo a cada uno de sus discípulos, es decir, sólo por consideración hacia  ellos? Es evidente que no. Aquel gesto, ante todo, tenía un significado  sacrificial que se consumaba entre Jesús y el Padre; no indicaba solamente  repartición, sino también inmola­ción. El pan es el propio Jesús; al partir el  pan, se «partía» a sí mis­mo, en el sentido con el que Isaías había hablado del  Siervo de Yahvé: ha sido molido por nuestras culpas (cfr. Is 53, 5). Una  criatura humana -que, sin embargo, es el mismo Hijo eterno de Dios- se parte a  sí mismo ante Dios, es decir, «obedece hasta la muerte» para reafirmar los  derechos de Dios violados por el pecado; para proclamar que Dios es Dios y  basta. Es imposible explicar con palabras la esencia del acto interior que  acompaña a este gesto de partir el pan. A nosotros nos parece un acto duro,  cruel, y, en cam­bio, es el acto supremo de amor y de ternura que nunca antes  se ha­bía realizado o que pueda llegar a realizarse alguna vez en la tierra.  Cuando, en la consagración sostengo entre las manos la frágil hos­tia, y repito  las palabras: «partió el pan&#8230;», me parece intuir algo de los sentimientos  que, en aquel momento, albergaba el corazón de Je­sús: cómo su voluntad humana  se entregaba por entero al Padre, venciendo toda resistencia, y repetía para sí  las bien conocidas pala­bras de la   Escritura: <em>Holocaustos  y sacrificios por el pecado no te agradaron, pero me has preparado un cuerpo;  he aquí que te ofrezco este cuerpo que me has dado: vengo a hacer, oh Dios, tu  voluntad</em> (cfr. Hb 10,5-9). Lo que Jesús da de comer a sus discípulos es el  pan de su obediencia y de su amor por el Padre.</p>
<p>Entonces  comprendo que para «hacer» también yo lo que hizo Jesús aquella noche, debo  ante todo «partirme» a mí mismo, es de­cir, deponer todo tipo de resistencia  ante Dios, toda rebelión hacia él o hacia los hermanos; debo someter mi  orgullo, doblegarme y decir «sí» hasta el final, sí a todo aquello que Dios me  pide; debo repetir también yo aquellas palabras: ¡He aquí que vengo a hacer, oh  Dios, tu voluntad! Tú no quieres muchas cosas de mí; me quie­res a mí y yo te  digo «sí». Ser eucaristía como Jesús significa estar totalmente abandonado a la  voluntad del Padre.</p>
<p>Así pues, la Iglesia es, en la  eucaristía, oferente y ofrenda al mismo tiempo y en cada uno de sus miembros.  Hay dos cuerpos de Cristo en el altar: está su cuerpo real (el cuerpo «nacido  de María Virgen», resucitado y ascendido al cielo) y está su cuerpo místico que  es la Iglesia. Pues  bien, en al altar está presente realmente su cuerpo real, y está pre­sente  místicamente su cuerpo místico. No hay ninguna confusión entre las dos  presencias que son bien distintas, pero tampoco hay división alguna. Nuestra  ofrenda y la ofrenda de la   Iglesia no sería nada sin la de Jesús; no sería ni santa ni  agradable a Dios, porque sólo somos criaturas pecadoras. Pero la ofrenda de Je­sús,  sin la de la Iglesia  que es su cuerpo, no sería suficiente, no alcanzaría la plenitud que busca, y tanto  es verdad, que la Iglesia  puede decir con san Pablo: <em>Completo en mi  carne lo que falta a las tribu­laciones de Cristo</em> (cfr. Col 1, 24).</p>
<p>(<em>La Eucaristía</em><em>, nuestra santificación</em>, <strong>Raniero Cantalamessa</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 14</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Oct 2009 21:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Dejado ya el descanso de la noche, despierto en la alegría de tu amor, concédeme tu luz que me ilumine como ilumina el sol. No sé lo que será del nuevo día que entre luces y sombras viviré, pero sé que, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Dejado ya el descanso de la noche,</p>
<p>despierto en la alegría de tu amor,</p>
<p>concédeme tu luz que me ilumine</p>
<p>como ilumina el sol.</p>
<p>No sé lo que será del nuevo día</p>
<p>que entre luces y sombras viviré,</p>
<p>pero sé que, si tú vienes conmigo,</p>
<p>no fallará mi fe.</p>
<p>Tal vez me esperen horas de desierto</p>
<p>amargas y sedientas, mas yo sé</p>
<p>que, si vienes conmigo de camino,</p>
<p>jamás yo tendré sed.</p>
<p>Concédeme vivir esta jornada</p>
<p>en paz con mis hermanos y mi Dios,</p>
<p>al sentarnos los dos para la cena,</p>
<p>párteme el pan Señor.</p>
<p>Recibe, Padre santo, nuestro ruego,</p>
<p>acoge por tu Hijo la oración</p>
<p>que fluye del Espíritu en el alma</p>
<p>que sabe de tu amor. Amén</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus  discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca  de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: &#8220;Maestro,  ¿cuándo llegaste?&#8221;. Jesús les respondió: &#8220;Les aseguro que ustedes me  buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.  Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará  el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su  sello&#8221;.</em></p>
<p><em> Ellos le preguntaron:  &#8220;¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?&#8221;. Jesús les  respondió: &#8220;La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha  enviado&#8221;.0 Y volvieron a preguntarle: &#8220;¿Qué signos haces para que  veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en  el desierto, como dice la   Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo&#8221;.  Jesús respondió: &#8220;Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del  cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el  que desciende del cielo y da Vida al mundo&#8221;. Ellos le dijeron:  &#8220;Señor, danos siempre de ese pan&#8221; Jesús les respondió: &#8220;Yo soy  el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás  tendrá sed.</em></p>
<p><em>(Juan 6, 1-15)</em></p>
<p>Salmo 77: Meditación sobre la historia de Israel</p>
<p>Lo que oímos y aprendimos,</p>
<p>lo que nuestros padres nos contaron,</p>
<p>lo contaremos a la futura generación:</p>
<p>Las alabanzas del Señor, su poder,</p>
<p>las maravillas que realizó.</p>
<p>Dio orden a las altas nubes,</p>
<p>abrió las compuertas del cielo:</p>
<p>Hizo llover sobre ellos maná,</p>
<p>les dio pan del cielo.</p>
<p>El hombre comió pan de ángeles,</p>
<p>el Señor les mandó provisiones hasta la hartura.</p>
<p>Los hizo entrar por las santas fronteras</p>
<p>hasta el monte que su diestra había adquirido.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Señor, sol de  justicia, que nos iluminaste en el bautismo, te consagramos este nuevo día</li>
<li>Que sepamos  bendecirte en cada unos de los momentos de nuestras jornadas y glorifiquemos tu  nombre con cada una de nuestras acciones.</li>
<li>Tú que tuviste  por madre a María, siempre dócil a tu palabra, encamina hoy nuestros pasos para  que obremos también como ella según tu voluntad</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>ANIMO (III)</p>
<p>Hay todavía  otra valentía de la que también hay que decir una palabra: la de atreverse a la  voluntad de Dios.</p>
<p>A cada cual, de  alguna manera, le llega la llama­da de Dios y decide su vida. Puede significar  cosas muy diversas. Por ejemplo, se trata de qué profesión ha de emprender.  Mucho depende de que uno elija el trabajo vital que le dice su interioridad:  eso es lo tu­yo, a eso estás llamado; o que elija otro que promete más dinero,  más fácil éxito, mayor prestigio.</p>
<p>Puede tratarse  de una persona, de una amistad, de un amor. También se trata de si uno se deja  atraer por algo que es sugestivo, lisonjero para el sentimiento propio, pero  ante lo cual la voz íntima avisa que ahí se va a perder lo mejor: o si uno  elige algo que qui­zá es más áspero, más exigente, pero que edifica vi­da y  enseña responsabilidad.</p>
<p>También hay  decisiones menores. En efecto, en el fondo toda amonestación de la conciencia  es llama­da de Dios. Pues lo bueno no es sin más lo útil, o lo vitalizador, o  el progreso de la cultura, sino la santi­dad de Dios, que impulsa al hombre a recibirla  en su vida y que se encarna en lo requerido moralmente en cada caso. Cada  ocasión es una llamada así; pues se nos dirige a nosotros y dice: haz esto&#8230;,  ¡no hagas eso! Una y otra vez nos ponemos ante eso, para arriesgarnos a la  verdad o para mentir, para arriesgar­nos a la rectitud o para buscar provecho,  a la pureza o para ensuciarnos, a la nobleza o para resbalar a lo vulgar. En  cada caso llama Dios. El ánimo y la valentía representan aquí poner la mano en  la suya y seguirlo, en lo pequeño y en lo grande. El camino puede llevar muy  lejos.</p>
<p>Si hay un  arrepentimiento temible al fin de la vi­da es éste: he oído la llamada, pero no  la he segui­do&#8230;</p>
<p>En nuestras  meditaciones siempre hemos vincula­do a Dios la virtud que considerábamos,  intentando conocerla mejor desde Él. ¿Cómo es esto: en Dios, cabe hablar de  ánimo y valentía? Cabe, con tal que prescindamos de todo aquello que es  solamente hu­mano.</p>
<p>¿Dónde, pues,  ha sido &#8220;animoso&#8221; Dios en este sentido supremo? Lo fue al crear al  hombre. Cuando Dios &#8220;quiso&#8221; crear seres que tienen libertad y darles  así su mundo en la mano. Pero eso, a su vez, significa que Él les pusiera en  las manos &#8220;su honor&#8221;. Pues Él creó el mundo en sabiduría y amor: lo  llamó &#8220;bueno&#8221; y &#8220;muy bueno&#8221;, y lo es para siempre. Esos  seres, sin embargo, los hombres, podían ser fieles o también rebelarse contra  Él. Y, sin embargo, Él arriesgó su obra en el peligro de la libertad, de los  hombres.</p>
<p>Pero cuando el  peligro se hizo realidad y los hom­bres le negaron la obediencia tuvo lugar el  segundo &#8220;arriesgarse&#8221; de Dios, tan inconmensurablemente grande, que  siempre vuelve a hacer falta la entera fuerza de la fe confiada para no  enloquecer con eso: Él mismo intervino en la responsabilidad por la cul­pa del  hombre, se hizo hombre y asumió un destino en nuestra enredada historia.</p>
<p>¿Hemos meditado  alguna vez sobre la valentía de Cristo, verdaderamente divina? ¿Nos hemos dado  cuenta de qué valor ardía en el corazón de Jesús cuando él, que venía de la  cercanía del Padre, entró en el mundo tal como es, en toda su mentira, su  voluntad asesina, la mez­quina estrechez de nuestra existencia; y eso no pro­tegido  por la altivez del filósofo, no asegurado por la táctica del político, no  dispuesto a replicar a la astu­cia con la astucia, al golpe con otro golpe,  sino en la situación inerme del perfectamente puro?</p>
<p>Pero pongamos  la vista en cómo nos portamos en los peligros de este mundo, con qué energía  sabemos defendernos y con cuántos medios. Jesús nunca se protegió, sino que  aceptó todo lo que le venía de la voluntad de poderío y la falta de escrúpulos  de los hombres. Nosotros los hombres no vivimos el mun­do como es, sino que  elegirnos de él lo que nos con­viene: Él aceptó lo que le echaba encima la  marcha de las cosas. No­sotros sabemos adaptarnos, eludir, buscar ventajas. Él  fue de tal índole, habló y actuó de tal modo, que lo peor que hay en el hombre  se sintió provocado a salir: de modo que, como se dice en el Evangelio de san  Lucas, &#8220;se descubrieran los pensamientos en mu­chos corazones&#8221;. Él  vivió y atravesó en verdad la si­tuación del mundo. En la hora de Getsemaní  presen­timos lo que eso significó. Si se entra en eso con el pensamiento, quizá  uno se estremece ante lo que sig­nifica: la valentía de Dios en Cristo&#8230;</p>
<p>Pero Él no se  arriesgó a esta vida para llevar a ca­bo algo que fuera terrenalmente  grandioso, resplan­deciente heroísmo, poderosas obras, si­no que fue  &#8220;rendición&#8221;: ocurrió por nosotros. Ocu­rrió para que conquistemos la  valentía de ser &#8220;cristia- nos&#8221; en el mundo en que Él fue  &#8220;Cristo&#8221;.</p>
<p>En la medida en  que prescindimos de las ilusiones y vemos cuántas cosas que se llamaban moral  cristia­na eran en realidad asunto de una determinada situación histórica; en  la medida en que percibimos cómo el mundo hace todo lo que dice san Juan en el  prólogo de su Evangelio sobre su compor­tamiento frente al Hijo de Dios hecho  hombre, nos damos cuenta de que el intento de ser cristiano en Él, y de  determinar a partir de Cristo el sentido de la existencia, es aparentemente  desesperado. Entonces se hace evidente lo que significa en definitiva &#8220;áni­mo&#8221;  o &#8220;valentía&#8221;: la actitud que aquí dice &#8220;a pesar de todo&#8221;,  y, a pesar de todo, emprende la lucha que le hace parecer insensato. Entonces  no se puede olvidar que Él ha luchado antes que nosotros, haciendo así posible  la superación.</p>
<p>(<em>Una ética para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano  Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 13</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Oct 2009 21:39:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Alfarero del hombre, mano trabajadora que, de los hondos limos iniciales, convocas a los pájaros a la primera aurora, al pasto, los primeros animales. De mañana te busco, hecho de luz concreta, de espacio puro y tierra amanecida. De mañana te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>Alfarero del hombre, mano trabajadora</p>
<p>que, de los hondos limos iniciales,</p>
<p>convocas a los pájaros a la primera aurora,</p>
<p>al pasto, los primeros animales.</p>
<p>De mañana te busco, hecho de luz concreta,</p>
<p>de espacio puro y tierra amanecida.</p>
<p>De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta</p>
<p>de los sonoros ríos de la vida.</p>
<p>El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;</p>
<p>tus manos son recientes en la rosa;</p>
<p>se espesa la abundancia del mundo a mediodía,</p>
<p>y estás de corazón en cada cosa.</p>
<p>No hay brisa, si no alientas, monte, si no estás  dentro,</p>
<p>ni soledad en que no te hagas fuerte.</p>
<p>Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:</p>
<p>tú, por la luz, el hombre, por la muerte.</p>
<p>¡Que se acabe el pecado! ¡Mira, que es desdecirte</p>
<p>dejar tanta hermosura en tanta guerra!</p>
<p>Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte</p>
<p>de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado  Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a  los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se  acercaba la Pascua,  la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud  acudía a él y dijo a Felipe: &#8220;¿Dónde compraremos pan para darles de  comer?&#8221;. El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba  a hacer. Felipe le respondió: &#8220;Doscientos denarios no bastarían para que  cada uno pudiera comer un pedazo de pan&#8221;. Uno de sus discípulos, Andrés, el  hermano de Simón Pedro, le dijo: &#8220;Aquí hay un niño que tiene cinco panes  de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?&#8221;. Jesús le  respondió: &#8220;Háganlos sentar&#8221;. Había mucho pasto en ese lugar. Todos  se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y  los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados,  dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a  sus discípulos: &#8220;Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda  nada&#8221;. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que  sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de  hacer, la gente decía: &#8220;Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir  al mundo&#8221;. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey,  se retiró otra vez solo a la montaña </em></p>
<p><em> (Juan 6, 1-15)</em></p>
<p>Salmo 144: La bondad de  Dios hacia sus criaturas</p>
<p>Que todas tus obras te den gracias, Señor,</p>
<p>y tus fieles te bendigan;</p>
<p>que anuncien la gloria de tu reino</p>
<p>y proclamen tu poder.</p>
<p>Los ojos de todos esperan en ti,</p>
<p>y tú les das la comida a su tiempo;</p>
<p>abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes.</p>
<p>El Señor es justo en todos sus caminos</p>
<p>y bondadoso en todas sus acciones;</p>
<p>está cerca de aquellos que lo invocan,</p>
<p>de aquellos que lo invocan de verdad. Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Bendice, Señor,  las acciones de nuestro día y ayúdanos a buscar en ellas tu gloria y el bien de  nuestros hermanos.</li>
<li>Que el trabajo de  hoy sirva para la edificación de un mundo nuevo y nos conduzca también a tu  reino eterno.</li>
<li>Te pedimos,  Señor, que nos hagas ser siempre solícitos del bien de los hombres y que nos  ayudes a amarnos mutuamente.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>ANIMO (II)</p>
<p>Ciertamente, el  hombre tiene relación con el conjunto del mundo. El animal está encajado en su  mundo circundante, y por más que ese mundo circundante pueda ampliarse en el  transcurso de la evolución de los seres individuales y las especies, siempre es  por esencia parcial. Sólo el hombre está referido al mundo entero; más aún, ad­herido  al mundo.</p>
<p>Ahora bien,  también está determinado de modo individual, limitado por todo lo que significa  índole del pueblo y del país, dotes, sexo, situación cultural, posición social,  profesión y demás; es decir, por esa estructura esencial de que se hablaba.  Pero esto con­tiene, en la puesta en juego esencial, la referencia al mundo  como totalidad. Esta imbricación de índo­le especial y referencia universal  constituye la pecu­liaridad del hombre: el hombre está caracterizado y referido  a todo a la vez.</p>
<p>A esa tensión  en la imagen esencial del hombre va unida otra: la tensión que hay entre  necesidad y liber­tad. El hombre vive en las leyes del universo; pero lleva en  sí las profundidades, a partir de las cuales siempre puede producir un nuevo  comienzo. Así, para ser justo con la realidad, debe aceptar su carácter  limitado, su determinación por la estructura de su carácter; pero, por su  libertad en la referencia al mundo, es capaz de avanzar siguiendo su línea ha­cia  la totalidad.</p>
<p>Todo esto lo ha  deparado Dios. Él me ha dado a mí mismo. De su mano he de aceptar mi  existencia, vivirla y persistir. Éste es el ánimo básico, y muy ne­cesario es  hoy, cuando se habla tanto de la nada, de destrucción, de miedo, de náusea y de  cosas oscuras de toda índole.</p>
<p>En una gran  parte, ciertamente, no es más que charlatanería. Pero, por lo demás, nuestra  época está realmente amenazada, por fuera y por dentro; hay una transición en  que se pierden cosas incontables, a menudo sin que se sepa qué ha de venir de  nuevo. Por eso es doblemente necesario que reciba­mos confiados nuestra  existencia de la mano de Dios y la vivamos animosos.</p>
<p>En esa forma  interior del ser y la vida individual se apoya también una ejercitación del  ánimo, a saber: la confianza para ir viviendo ha­cia el propio porvenir, para  actuar, para construir, pa­ra entrar en vinculaciones. Pues el futuro, a pesar  de toda previsión, es lo desconocido en el individuo. Vi­vir, por su parte,  significa avanzar por eso descono­cido, y puede extenderse ante el hombre como  un caos en el que hay que atreverse a entrar.</p>
<p>Aquí cada cual  ha de jugarse el todo por el todo a que lo que se le presenta no es ningún caos  ni nada completamente ajeno. Antes bien, su propia índole natural, el poder  ordenador que hay en su propio in­terior abrirá un camino, de tal modo que en  definiti­va llega a ser su propio futuro, pese a todo, aquello a cuyo encuentro  él va.</p>
<p>Esto, en  efecto, forma también el fundamento na­tural para el mensaje de Cristo sobre la  providencia en que se sitúa todo hombre. Es decir, que el futuro, aun con todo  su desconocimiento, no es algo extraño ni hostil al hombre, sino que se lo ha  preparado Dios; que la existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún  caos, sino que está ordenada para él por la mano de Dios. Creerlo y vivir con  referencia a ello puede ser muy difícil para una persona de carácter vacilante,  quizá miedoso. Pero aquí el ánimo de vivir va unido a la confianza en la guía  de Dios.</p>
<p>Y aún ha de  considerarse algo más: la relación con el futuro en gran escala, con la marcha  de la historia. Pues la vida del individuo no corre en la historia como en un  cauce neutral, sino que forma parte de ella. Algunas veces ese individuo está  tan estrechamente vinculado con lo pasado que lo futuro le resulta totalmente  extraño. Entonces tenemos la vida del hombre que no se fía del porvenir y huye  re­trocediendo al pasado; para quien lo pasado está tan lleno de sentido, y sus  formas son tan bellas, que to­do lo nuevo le repugna.</p>
<p>También aquí  hace falta ánimo: el ánimo que se atreve con el futuro, en la confianza de que  en él se desarrolla la guía de Dios. Este ánimo acepta lo ve­nidero, lo ve como  su propia tarea y se adapta a ello. Esto puede ser muy difícil, realizable sólo  por una auténtica obediencia a la indicación de aquel que conduce la historia.</p>
<p>Valentía  significa aguantar en el peligro. ¿Qué constituye la raíz de aquello que se  llama peligro? Es el mal que actúa en todos los corazones y hace que en cada  momento pueda dirigirse algo hostil contra nosotros. Es la vulnerabilidad de  nuestro ser, que puede ser herido por todo. Es la transitoriedad, que nuestra  vida vaya hacia la muerte. Esto es así, y no se puede cambiar. Pero valentía  significa ver esta si­tuación de la existencia y hacerle frente.</p>
<p>Hacer frente a  la vida tal como viene: ante todo porque se supera mejor el peligro cuando se  le hace frente que cuando se deja uno asustar por él; pero también porque lo  difícil pertenece también a nuestra vida. Nos ha sido deparado. Si le hacemos  frente se vuelve ganancia. En toda situación hay una posibilidad de crecer, de  llegar a ser más hombre: ese hombre que se ha de ser. Al ceder echamos a perder  esa posibilidad. El ánimo que acepta la vida y se enfrenta con ella  valientemente en cada ocasión, está convencido de que en nuestro propio  interior hay algo que no puede ser destruido, sino que más bien saca sustento  de to­do; que con todo se hace más fuerte, más rico, más hondo, si se vive como  debe ser, porque procede del poder creador de Dios.</p>
<p>(<em>Una ética para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano  Guardini</strong>)</p>
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		<title>Espiritualidad 12</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2009 22:03:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Parroquia]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno a oscuras? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://marana-tha.net/images/aca_logo_ani.gif" alt="" width="52" height="66" align="right" /> Dios  mío, ven en mi auxilio.</p>
<p>Señor,  date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…</p>
<p>¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?</p>
<p>¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,</p>
<p>que a mi puerta, cubierto de rocío,</p>
<p>pasas las noches del invierno a oscuras?</p>
<p>¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,</p>
<p>pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,</p>
<p>si de mi ingratitud el hielo frío</p>
<p>secó las llagas de tus plantas puras!</p>
<p>Cuantas veces el ángel me decía:</p>
<p>“Alma, asómate ahora a la ventana,</p>
<p>verás con cuanto amor llamar porfía”!</p>
<p>¡Y cuántas, hermosura soberana:</p>
<p>“Mañana le abriremos”, respondía,</p>
<p>para lo mismo responder mañana!</p>
<p><img src="http://marana-tha.net/images/ilumina.jpg" alt="" hspace="12" width="84" height="76" align="left" /></p>
<p><em>Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo  que habían hecho y enseñado. El les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar  desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía,  que no tenían tiempo ni para comer.</em></p>
<p><em>Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al  verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por  tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una  gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y  estuvo enseñándoles largo rato.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> (Marcos 6,  30-34)</em></p>
<p>Salmo 23: El Buen Pastor</p>
<p>El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.</p>
<p>El me hace descansar en verdes praderas,</p>
<p>me conduce a las aguas tranquilas</p>
<p>y repara mis fuerzas;</p>
<p>me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.</p>
<p>Aunque cruce por oscuras quebradas,</p>
<p>no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo:</p>
<p>tu vara y tu bastón me infunden confianza.</p>
<p>Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos;</p>
<p>unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.</p>
<p>Tu bondad y tu gracia me acompañan</p>
<p>a lo largo de mi vida;</p>
<p>y habitaré en la Casa  del Señor,</p>
<p>por muy largo tiempo.</p>
<p>Gloria al Padre…</p>
<p><strong>Intenciones:</strong></p>
<ul>
<li>Concédenos,  Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia, para que, al  llegar a la noche, podamos alabarte con gozo y limpios de pecado.</li>
<li>Que baje hoy a  nosotros tu bondad, y haga prósperas las obras de nuestras manos.</li>
<li>Muéstranos tu  rostro propicio y danos tu paz para que durante todo el día sintamos cómo tu  mano nos protege.</li>
<li>Mira con  bondad  a cuantos se han encomendado a  nuestras oraciones y enriquécelos con clase de bienes.</li>
<li>Señor, te  encomendamos la situación de nuestro país: te pedimos que nos protejas en medio  de la adversidad, y que manifiestes tu providencia, especialmente, con los más  necesitados.</li>
<li>Te pido  especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…</li>
</ul>
<p>Padre nuestro…</p>
<p><em>Alabado sea Jesucristo…</em></p>
<p>ANIMO (I)</p>
<p>Esta  consideración ha de tratar del ánimo&#8230; o de la valentía. Las dos palabras  aluden a algo relaciona­do, pero con pequeñas distinciones. “Valentía” signi­fica  más el modo de comportarse en la situación con­creta; “ánimo”, la disposición  de espíritu en general: el modo como uno se enfrenta con la vida en conjun­to.</p>
<p>Ante todo hemos  de pensar en esa distinción que ya nos ha sido útil varias veces, esto es,  entre dispo­sición y actitud moral.</p>
<p>Existe el ánimo  valiente como temperamento na­tural. Por ejemplo, una persona de tal  disposición no tiene sentimientos muy blandos, y cosas que a otros los  intranquilizarían ni siquiera le llegan a la con­ciencia. Su fantasía no es muy  viva, y los peligros posibles no se le presentan claramente ante la vista. Así,  atraviesa intacto situaciones peligrosas o las re­suelve fácilmente. Una  excelente situación para la vida práctica, pero quien tiene tales protecciones  ha de guardarse bien de no volverse frívolo o brutal.</p>
<p>Puede ocurrir  también que el ánimo proceda de una clara salud del modo de ser: una gozosa  fuerza vital que percibe las dificultades y peligros como al­go que da tensión;  una confianza en la existencia que siente con seguridad que las cosas irán  bien. Esto es muy hermoso —si significa, por ejemplo, lo que se llama “buena  raza”—. Claro que también tiene sus peligros, y quien tiene tales dotes  naturales ha de cui­dar de seguir siendo prudente y agradecido. Final­mente,  hay una disposición para el ánimo valiente que pertenece al dominio de lo noble  y lo extraordi­nario. Para quien tiene tal índole, valentía y honor son lo  mismo. Percibe la exigencia de la vida y se siente obligado a respetarse a sí  mismo, a hacerle frente. Quizá no es especialmente fuerte en lo corpo­ral;  quizá es muy capaz de sufrir y por eso se siente herido por los obstáculos  exteriores e interiores. A pesar de eso resiste firme, avanza tranquilamente,  hace frente al acontecer sin miedo. Es decir, tiene no­bleza natural; por  supuesto, también predestinación para un destino difícil.</p>
<p>Todo eso es  disposición. Uno la tiene o no la tie­ne, y puede ser para bien como para mal.  Pero aquí vamos a hablar de lo que —si no se opo­nen a ello circunstancias  especialmente desfavora­bles— es posible en todos y, por tanto, puede ser  también exigido moralmente: lo que es deber, para el cual hay que educarse.</p>
<p>¿Qué aspecto  tendría tal virtud? ¿Cómo se desa­rrollaría?</p>
<p>Vamos en  seguida al centro desde el cual se deter­mina todo lo restante y que,  naturalmente, es también lo más difícil de realizar. Ahí el ánimo y la valentía  significan aceptar la propia existencia: ya hemos ha­blado de eso en  consideraciones anteriores. Esta existencia es un tejido de bien y de mal, de  cosas go­zosas y dolorosas, de cosas que ayudan y sustentan, así como de otras  que estorban y cargan. El ánimo significa que no se busque ahí lo que agrada o  puede vivirse fácilmente, sino que se acep­te el conjunto tal como es, en la  confianza de que en ello reside la indicación divina.</p>
<p>Todo hombre  lleva en sí ese misterioso algo que se puede llamar la estructura esencial.  Significa que las propiedades no están yuxtapuestas unas junto a otras, sino  que forman una totalidad; algo en mutua dependencia, decidido; que sustenta,  pero también exige. Ahí cada elemento apoya a los demás, así como cada cual  lleva consigo su peligro y carga con él a los de­más. Esa estructura esencial  la lleva consigo el hom­bre en la vida: determina lo que él es y lo que puede,  lo favorable y lo desfavorable —lo determina a “él” precisamente—. Ahí el ánimo  significa que el hom­bre acepte esa figura básica de su existencia tal como es:  que no seleccione parte de ella ni deje nada.</p>
<p>Por ejemplo, no  se puede ser un hombre de cora­zón sensible y percibir gozo, pero no dolor,  pues lo uno condiciona lo otro. Poder sentir es algo hermo­so; eso otorga  grandeza a las cosas, la belleza del mundo, la profundidad del trato, las  tensiones de la lucha, la felicidad de la obra. Pero el mismo sentir hace que  el hombre sea invadido por cosas malas, por el dolor de las carencias, por el  apuro de los con­flictos humanos, por la infructuosidad del trabajo. No se  puede tener lo uno sin lo otro. Así que aquí la primera valentía significa  aceptarse a sí mismo como se es: con la fuerza de sentimientos del propio cora­zón,  aceptar lo doloroso que lleva aparejado, igual que lo sabroso que otorga. Eso  no significa que haya de llamarse todo bueno y hermoso, cierto que no. Pe­ro  por lo pronto hay que aceptar; y luego, a partir de ahí, ver lo que se puede  cambiar, elevar, suavizar, mejorar.</p>
<p>La conexión de  que se hablaba significa aún algo más. Es como una imagen que está ante uno y  que se puede mirar, pero también como una melodía que se realiza en el tiempo;  una figura que se percibe en el acontecer. Esta remite al mismo núcleo que  aquélla, pues lo que le acontece a un hombre no es algo arbi­trario, sino que  corresponde a lo que es. Estructura de destino y estructura de naturaleza  tienen una es­trecha correlación.</p>
<p>Así, la  existencia de cada hombre lleva en sí una conexión, una figura de ser y  acontecer, y él ha de aceptarla como es. No ha de querer lo hermoso y no lo  malo, sino decir en principio “sí” al conjunto. Lue­go, por supuesto, hacer lo  que pueda para darle for­ma tal como lo considere justo.</p>
<p>(<em>Una ética para nuestro tiempo</em>, <strong>Romano  Guardini</strong>)</p>
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