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En el día de la mujer

Esto que les comparto a continiación, es el texto de un mensaje que fue escrito por un amigo de mi parroquia y acaba de llegarme…

Queridos todos: hoy fui a Lomas por un mandado y en la esquina de los bancos Nación y Provincia (Alem y Laprida) dónde frecuentemente se hacen actos de diversa índole, hoy teníamos un acto por el Día de la Mujer. Yo pasé sabiendo a lo que me tenía que atener y efectivamente en menos de un minuto, mientras yo pasaba, escuché en el discurso dos frases que me impresionaron:

1. Liberarse de la “opresión patriarcal capitalista”: esta me causó gracia. ¿Les habrán dicho a estas mujeres que esa expresión el marxismo al menos en los discursos hace rato que no la usa? ¿Se puede ser tan ingenuo y a la vez tan ciegamente fanático como para no reparar en frases que hoy no se sostienen y que por ello mismo ya no se usan? Sí. Es la única forma de defender lo indefendible.

2. Tener el derecho al aborto: esta frase me estremeció y me sacó lágrimas. Si las mujeres argumentan que un derecho para vivir su libertad es el de matar al desposeído, de asesinar al inocente, estamos sonados. La mujer, ícono por excelencia de la vida, ¿pide a gritos la muerte? ¡Muerte de su propia sangre, muerte de su propia vida!

¿Y después se rasgan las vestiduras por los campos de concentración de los diversos genocidas del mundo? ¿Después piden justicia por los desnutridos de Zambia?

¿Qué cuerno de libertad piden? Si también ellas son genocidas. Es más: son peores porque matan a los que ellas mismas conocen, matan a su propia entraña.

Pero de nada sirve que esto lo diga yo porque soy varón y si hoy en la calle Laprida, les gritaba o les rompía la cara de una piña (porque era para hacerlo) ¡encima les daba la oportunidad de que se consideren mártires de “su fe”!

Es necesario que las mujeres mismas les muestren a ‘estas cosas’ (que no pueden llamarse verdaderamente mujeres) que ser mujer es otra cosa y que su día puede festejarse apostando por la vida. Es necesario que las mujeres recuperen su verdadero lugar ya no luchando contra los varones sino contra sus propios congéneres.

Cómo dice un amigo mío: para algunas cosas me gustaría que el fin del mundo llegue ahora mismo. Para que “Raquel que llora a sus hijos que ya no están” junto a todos los Santos Inocentes las señale en el tribunal.

Un detalle final: su uniforme era violeta. Sería bueno que sepan que es el color de la Cuaresma, color de penitencia y conversión. El rey de la corrompida Nínive, que estaba más cerca de Dios que ‘estas’, se convirtió por la predicación de Jonás, se echó ceniza sobre el cuerpo y declaró un ayuno nacional. Los ejemplos están para ser imitados.

Algún día se levantarán sus muertos y serán ellos los que las juzguen.

Atentamente (y perdón por tanta “lata”).

Nacho Leonetti.

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