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San Pablo y su conversión al cristianismo

Pablo y las primeras comunidades cristianas:

Con la ascensión de Jesús Resucitado a los cielos y la posterior venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los discípulos pudieron comenzar a descubrir el misterio de Jesús. Estos discípulos formaron en el seno del judaísmo un grupo extraño: el de los testigos de Jesús resucitado.

Ellos predicaban para anunciar a los judíos y luego a los que no lo eran a Jesús Resucitado: es el grito de fe de los primeros cristianos; también celebraban al Resucitado en la liturgia, sobre todo en la Eucaristía; y enseñaban a los nuevos bautizados, recogiendo para ello los hechos y las palabras de Jesús.

Saulo.

Pronto se agregaron nuevos discípulos a los primeros, entre ellos Bernabé y  Saulo, que se convirtió al cristianismo hacia el año 36.

Esto ocurrió cuando Saulo de Tarso se dirigía hacia Damasco, para perseguir a los cristianos que allí se encontraban, y fue entonces cuando tuvo una visión, que él mismo relató del siguiente modo:

“Ví una luz que venía del cielo más resplandeciente que el sol. Caí al suelo y oí una voz que me decía en hebreo: “-Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, en vano te rebelas contra el aguijón. Yo respondí: -¿Quién eres Tú, Señor?

Y el Señor dijo: -Yo soy Jesús, a quien tu persigues. Ahora levántate y fíjate bien: me he manifestado a ti para hacerte servidor y testigo de lo que has visto de Mí y de lo que te mostraré más adelante.

Te mando hacia los paganos, tú les abrirás los ojos, a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios; y, por la fe en mí, alcanzarán el perdón de los pecados y la herencia de los santos”.

Pablo.

Desde ese momento Pablo no se rebeló contra esa visión del cielo, sino que se dirigió primero a los habitantes de Damasco, luego a los de Jerusalén y Judea y en seguida a las naciones paganas.

Les enseñó que debían arrepentirse y convertirse a Dios, con las debidas consecuencias de una verdadera conversión.
Luego, pasados tres años de desierto, subió a Jerusalén para entrevistarse con Pedro, y con él permaneció 15 días.
Pero no vio a ningún otro apóstol, sino a Santiago, hermano del Señor.

Después pasó a las regiones de Siria y Cilicia, de manera que las Iglesias de Cristo en Judea no lo conocían personalmente.
Solamente habían oído decir de él: “-El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que trataba de destruir”. Y glorificaban a Dios por él”.

Después de 15 años, alrededor del año 51, subirá de nuevo a Jerusalén, en el Primer Concilio de la Iglesia Cristiana.

Y lo hizo siguiendo una revelación, para exponer el Evangelio que anunciaba a los paganos, no fuera cosa que hubiera estado trabajando inútilmente.

Y fue confirmado en su misión evangelizadora por los más calificados: Pedro, Santiago y Juan.

Gustavo Daniel D´Apice – Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica

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