Papa Francisco

Auspiciantes

Publicidad

Recién Escritos

Categorias

Facebook

Twitter

Dos a?os de pontificado de Benedicto XVI

Por el padre Jes?s Villagrasa

ROMA, martes, 10 abril 2007 (ZENIT.org).- El 19 de abril de hace dos a?os el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Est?vez anunciaba desde el balc?n de la bas?lica de San Pedro del Vaticano la elecci?n del cardenal Joseph Ratzinger como obispo de Roma con el nombre de Benedicto XVI.

Publicamos el art?culo que con motivo de este aniversario ha escrito el padre Jes?s Villagrasa, profesor de Filosof?a del Ateneo Pontificio ?Regina Apostolorum?, en la revista cient?fica ?Ecclesia?, revista de cultura cat?lica.


El Santo Padre Benedicto XVI cumple dos a?os de pontificado. En la Misa de inicio solemne del Pontificado, el 24 de abril de 2005, dijo que su verdadero programa de gobierno no era hacer la propia voluntad, ni seguir sus propias ideas, sino ponerse, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Se?or para que ?l conduzca la Iglesia en esta hora de la historia. Muchos esperaban otra cosa, un verdadero ?programa de gobierno?. En realidad, Benedicto XVI ya hab?a expuesto las prioridades de su solicitud pastoral, sus l?neas program?ticas, en el discurso a los cardenales electores el precedente d?a 20: la unidad del Colegio apost?lico; la actuaci?n del Concilio Vaticano II; la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias; el di?logo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que buscan respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia; la caridad hacia todos; el compromiso por la paz y por un aut?ntico desarrollo social respetuoso de la dignidad de cada persona. Despu?s de dos a?os, estos trazos de su ?programa? van adquiriendo relieve hist?rico.

En los primeros meses de pontificado, Benedicto XVI llev? a t?rmino algunas de las iniciativas de su venerado predecesor. En el discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI evoc? cinco grandes acontecimientos eclesiales del a?o que conclu?a y que lo ligaban al pasado: la pasi?n y muerte de Juan Pablo II; la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia; el A?o eucar?stico; el 40? aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II y, finalmente, su elecci?n a Romano Pont?fice. De esos grandes eventos ya nos hemos ocupado .

Como centro espiritual -y no s?lo temporal- de estos dos a?os de Pontificado puede colocarse la Enc?clica ? firmada el d?a de Navidad de 2005. Su rico contenido ha sido repetidamente evocado por el Santo Padre a lo largo del a?o 2006: la valoraci?n del ? que ha de dejarse purificar por el ? el amor que es siempre un dar y un recibir; Jes?s en la Eucarist?a que, como amor de Dios encarnado, llega a nosotros corporalmente para continuar su obra en nosotros y a trav?s de nosotros; el Esp?ritu Santo como potencia interior que armoniza el coraz?n de los creyentes con el de Cristo y los impulsa a amar a los hermanos como ?l los ha amado, transformando de este modo la Iglesia en una comunidad de amor; la Iglesia que, adem?s del anuncio del Evangelio y del ministerio de los sacramentos, tiene como tarea espec?fica el servicio de la caridad; la justicia como tarea central de la pol?tica: en ese ?mbito, los laicos cat?licos deben actuar bajo su propia responsabilidad pues el compromiso pol?tico no es tarea de la Iglesia; ?sta contribuye a la percepci?n de las exigencias de la justicia con su Doctrina social y a trav?s de la formaci?n de las conciencias; ning?n ordenamiento estatal justo hace superfluo el servicio de la caridad, que es la obra propia de la Iglesia; la actividad caritativa cristiana es alimentada por la oraci?n, se despliega independientemente de partidos e ideolog?as y no es un medio para conseguir otros objetivos, aunque sean apost?licos.

Los contenidos del magisterio del Papa Benedicto XVI y los eventos m?s relevantes de su ministerio durante el a?o 2006 pueden inicialmente ordenarse siguiendo el esquema del tradicional discurso a los miembros de la Curia romana con motivo de las felicitaciones navide?as (en adelante abreviado con su fecha: ?22-XII-2006?). Este discurso estuvo marcado por el tema de la paz: la memoria del Pont?fice ha quedado grabada ?con la profunda huella de los horrores de la guerra que se ha librado cerca de la Tierra Santa, as? como, en general, del peligro de un enfrentamiento entre culturas y religiones, un peligro que se cierne a?n como una amenaza sobre nuestro momento hist?rico. As?, el problema de los caminos hacia la paz se ha convertido en un desaf?o de la m?xima importancia para todos los que se preocupan por el hombre? (22-XII-2006). Expresi?n de su solicitud por la paz fue su mensaje del 2 de septiembre de 2006 con motivo del XX aniversario del Encuentro Interreligioso de Oraci?n por la Paz en As?s.

El tema de la paz no es ajeno al tema de Dios, pues hay ?una conexi?n inseparable entre la relaci?n de los hombres con Dios y su relaci?n mutua. La paz en la tierra no puede lograrse sin la reconciliaci?n con Dios, sin la armon?a entre el cielo y la tierra. Esta correlaci?n del tema de ‘Dios’ con el tema de la ‘paz’ fue el aspecto fundamental de los cuatro viajes apost?licos de este a?o? (22-XII-2006). Benedicto XVI realiz? s?lo el viaje internacional en 2005, a Colonia (Alemania), del 18 al 21 de agosto, para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Los cuatro viajes internacionales del 2006 lo llevaron a Polonia del 25 al 28 de mayo; a Valencia (Espa?a) del 8 al 9 de julio con ocasi?n del V Encuentro Mundial de las Familias; a Baviera: Munich, Alt?tting y Ratisbona del 9 al 14 de septiembre y a Turqu?a del 28 de noviembre al 1? de diciembre. El viaje a Verona, con ocasi?n del IV Encuentro Eclesial Italiano, merece ser recordado porque en esa ocasi?n el Pont?fice expres? su pensamiento en materias de su prioritaria solicitud pastoral durante los primeros meses de Pontificado. Completaremos la presentaci?n con las l?neas generales de las catequesis papales sobre la Iglesia, las canonizaciones y algunas ?novedades? en materia lit?rgica.

Polonia: santidad y barbarie

La visita pastoral a Polonia estuvo marcada por el recuerdo del Papa Juan Pablo II. Para su Sucesor se trataba de ?un ?ntimo deber de gratitud? por todo lo que durante el cuarto de siglo de su Pontificado dio a su persona, a la Iglesia y al mundo. ?Su don m?s grande para todos nosotros fue su fe inquebrantable y el radicalismo de su entrega?, pues, en verdad, ?no se reserv? nada; se dej? consumir totalmente por la llama de la fe. Nos mostr? c?mo, siendo hombre de nuestro tiempo, se puede creer en Dios, en el Dios vivo que se hizo cercano a nosotros en Cristo. Nos mostr? que es posible una entrega definitiva y radical de toda la vida y que, precisamente al entregarse, la vida se hace grande, amplia y fecunda? (22-XII-2006). Para recordar una vez m?s a su Predecesor, el 16 de octubre de 2006 envi? un mensaje televisivo a la Iglesia polaca que celebra en esa fecha la ?Jornada del Papa? .

Polonia sorprendi? a Benedicto XVI con la alegr?a de la fe. La entusiasta y cordial acogida que le brind? fue expresi?n de la arraigada fe del pueblo polaco. La gente ve?a en ?l al Sucesor de Pedro, a quien est? encomendado el ministerio pastoral para toda la Iglesia.

Un momento de fuerte simbolismo e impacto medi?tico fue la visita del Papa al campo de concentraci?n de Auschwitz-Birkenau, ?lugar de la barbarie m?s cruel, del intento de borrar al pueblo de Israel, de hacer as? vana tambi?n la elecci?n realizada por Dios, de expulsar a Dios mismo de la historia. Para m? -revela el Papa- fue motivo de gran consuelo ver aparecer en el cielo en ese momento el arco iris mientras yo, ante el horror de aquel lugar, con la actitud de Job, clamaba a Dios, turbado por el temor de su aparente ausencia y al mismo tiempo sostenido por la certeza de que, incluso en su silencio, no deja de existir y de permanecer con nosotros. El arco iris era como una respuesta: S?, yo existo, y tambi?n hoy siguen siendo v?lidas las palabras de la promesa, de la Alianza, que pronunci? tras el diluvio? (22-XII-2006). El Dios de la vida iba a acompa?arlo en su siguiente viaje.

Valencia: familia-vida y secularizaci?n

El Santo Padre viaj? a Valencia para clausurar el V Encuentro mundial de las familias que se celebr? del 1? al 9 de julio de 2006 bajo el lema ?La transmisi?n de la fe en la familia?. Los discursos pontificios, centrados en el tema del matrimonio y de la familia, reunieron argumentos tratados, en los meses precedentes, por su intenso magisterio sobre la vida, la familia y la educaci?n. Merecen una menci?n tres de estas cualificadas intervenciones.

La primera es el discurso a los participantes en la jornada de estudio sobre Europa, organizada el 30 de marzo de 2006 por el Partido Popular Europeo. En esta ocasi?n, el Santo Padre explic? por qu? la Iglesia cat?lica interviene en el ?mbito p?blico para defender y promover la dignidad de la persona. Afirm?, tambi?n, que entre los ?? destacan: la ?protecci?n de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepci?n hasta la muerte natural?; el ?reconocimiento y promoci?n de la estructura natural de la familia, como uni?n entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jur?dicamente a formas radicalmente diferentes de uni?n que, en realidad, la da?an y contribuyen a su desestabilizaci?n, oscureciendo su car?cter particular y su irreemplazable papel social? y, finalmente, la ?protecci?n del derecho de los padres a educar a sus hijos?. Para evitar equ?vocos, precis? que ?estos principios no son verdades de fe, aunque reciban de la fe una nueva luz y confirmaci?n. Est?n inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad. La acci?n de la Iglesia en su promoci?n no es, pues, de car?cter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliaci?n religiosa?. Esta acci?n de la Iglesia resulta tanto m?s necesaria cuanto m?s se niegan o tergiversan estos principios, con grave ofensa a la verdad de la persona humana y da?o de la justicia misma.

El discurso dirigido el 11 de mayo de 2006 a los participantes en un congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia -segunda intervenci?n -, inspir?ndose en las catequesis sobre el amor humano de su Predecesor, el Papa Benedicto XVI record? dos elementos esenciales de la familia y el matrimonio. Ante todo, que ambos est?n arraigados en el n?cleo m?s ?ntimo de la verdad sobre el hombre y su destino: ?La diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biol?gico, sino que reviste un significado mucho m?s profundo: expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser -como dice la Sagrada Escritura- una sola carne, pueden realizar una aut?ntica comuni?n de personas abierta a la transmisi?n de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreaci?n de nuevos seres humanos?. El segundo elemento consiste en la manera original que Juan Pablo II ten?a ?de leer el plan de Dios precisamente en la convergencia de la revelaci?n divina con la experiencia humana, pues en Cristo, plenitud de la revelaci?n de amor del Padre, se manifiesta tambi?n la verdad plena de la vocaci?n del hombre al amor, que s?lo puede encontrarse plenamente en la entrega sincera de s? mismo?.

La tercera intervenci?n es el discurso a los participantes en la Asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Familia del 13 de mayo de 2006. Adem?s de confirmar su participaci?n en el Encuentro de Valencia, el Santo Padre adelant? algunos temas: ?La familia, fundada en el matrimonio, constituye un ‘patrimonio de la humanidad’, una instituci?n social fundamental; es la c?lula vital y el pilar de la sociedad y esto afecta tanto a creyentes como a no creyentes. Es una realidad por la que todos los Estados deben tener la m?xima consideraci?n?. En este discurso, el Papa se?al? dos graves fen?menos sociales: el ?invierno demogr?fico? que amplias ?reas del mundo est?n sufriendo, con el consiguiente envejecimiento progresivo de la poblaci?n, y las ?uniones de hecho?. No es ning?n secreto que ?se est?n acreditando soluciones jur?dicas para las as? llamadas ‘uniones de hecho’ que, a pesar de rechazar las obligaciones del matrimonio, pretenden gozar de derechos equivalentes. Adem?s, a veces se quiere llegar incluso a una nueva definici?n del matrimonio para legalizar las uniones homosexuales, atribuy?ndoles tambi?n el derecho a la adopci?n de hijos?.

En su catequesis valenciana, el Papa Benedicto XVI subray? el valor de la familia como bien necesario para los pueblos y como manantial y escuela de amor; record? que la familia, fundada en el matrimonio, es el ?mbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de modo integral, y que es tarea de los padres introducir los hijos al ejercicio responsable de la libertad.

Del encuentro de Valencia, el Papa ha recordado sobre todo el testimonio de c?nyuges que, bendecidos con muchos hijos, no ocultaron los d?as dif?ciles y las crisis pasadas, pero que han encontrado, precisamente en el esfuerzo cotidiano por vivir y sufrir a fondo el ?s?? inicial, el camino evang?lico del ?perderse para encontrase?, de la maduraci?n en el amor y de la felicidad. ?El s? que se hab?an dado rec?procamente, con la paciencia del camino y con la fuerza del sacramento con que Cristo los hab?a unido, se hab?a transformado en un gran ‘s?’ ante s? mismos, ante los hijos, ante el Dios creador y ante el Redentor Jesucristo? (22-XII-2006). Estas familias dieron un testimonio de alegr?a profunda y madura e hicieron m?s vivo en el coraz?n del Papa el problema de una Europa que parece no querer hijos. ?Para un extra?o, esta Europa parece cansada; m?s a?n, da la impresi?n de querer despedirse de la historia. ?Por qu? est?n as? las cosas? Esta es la gran pregunta?. Las respuestas son complejas. Las razones de fondo por las que a muchos europeos les resulta demasiado grande el riesgo de tener hijos parecen ser el temor ego?sta a verse obligados a darles algo del propio tiempo y una orientaci?n para el recto vivir; y a eso hay que a?adir la gran incertidumbre que siente el hombre con respecto a su futuro y el sentirse incapaz de tomar la decisi?n definitiva que supone un ?s?? pronunciado para toda la vida. El Papa volvi? a expresar su preocupaci?n por las leyes de parejas de hecho y por la relativizaci?n de la diferencia sexual. ?Si nos dicen que la Iglesia no deber?a entrometerse en estos asuntos, entonces podemos limitarnos a responder: ?Es que el hombre no nos interesa? Los creyentes, en virtud de la gran cultura de su fe, ?no tienen acaso el derecho de pronunciarse en todo esto? ?No tienen -no tenemos- m?s bien el deber de alzar la voz para defender al hombre, a la criatura que precisamente en la unidad inseparable de cuerpo y alma es imagen de Dios?? (22-XII-2006).

El 8 de julio de 2006, en la Bas?lica de la Virgen de los Desamparados de Valencia, el Papa entreg? un carta al Presidente de la Conferencia episcopal espa?ola, mons. Ricardo Bl?zquez, en la que escribe: ?Conozco y aliento el impulso que est?is dando a la acci?n pastoral, en un tiempo de r?pida secularizaci?n, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas. Seguid, pues, proclamando sin des?nimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ?mbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se d? testimonio de Dios que es amor y, por tanto, la ?nica luz que, en el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para vivir y actuar (cf. ?, 39)?. Aunque no lo nombre, el texto del Papa se refiere al proceso de ?r?pida secularizaci?n? favorecido por el gobierno socialista y sus iniciativas de ley . Una semanas antes, el 20 de mayo, recibiendo en audiencia al nuevo embajador de Espa?a ante al Santa Sede, el Papa ya hab?a afirmado el derecho de la Iglesia a pronunciarse en ?mbito p?blico: ?La Iglesia proclama sin reservas el derecho primordial a la vida, desde su concepci?n hasta su ocaso natural, el derecho a nacer, a formar y vivir en familia, sin que ?sta se vea suplantada u ofuscada por otras formas o instituciones diversas?. Dios y la secularizaci?n iban a ocupar un lugar central en las ense?anzas del Pont?fice durante su siguiente viaje internacional.

Baviera: Dios, sacerdocio y di?logo

El viaje del Papa a su tierra natal tuvo por ?tema? a Dios y como lema: ?Quien cree nunca est? solo?. En Baviera pronunci? 15 discursos, presidi? 3 solemnes concelebraciones eucar?sticas y dos celebraciones de las V?speras (unas marianas en Alt?tting y otras ecum?nicas en Ratisbona); encontr? al mundo de la cultura en la Universidad de Ratisbona y a los sacerdotes y di?conos permanentes de la di?cesis de Colonia.

Al recordar este viaje, el Papa se?al? que ?la Iglesia debe hablar de muchas cosas: de todas las cuestiones relacionadas con el ser del hombre, con su estructura y su ordenamiento, etc. Pero su tema verdadero, y en varios aspectos ?nico, es ‘Dios’. Y el gran problema de Occidente es el olvido de Dios: es un olvido que se difunde. Estoy convencido de que todos los problemas particulares pueden remitirse, en ?ltima instancia, a esta pregunta. Por eso, en ese viaje mi intenci?n principal era poner de relieve el tema de ‘Dios’, consciente de que en algunas partes de Alemania la mayor?a de los habitantes no son bautizados y para ellos el cristianismo y el Dios de la fe parecen algo del pasado? (22-XII-2006). Con Dios est?n relacionados otros dos temas que marcaron estas jornadas b?varas: el sacerdocio y el di?logo.

El sacerdote es el ?hombre de Dios?. S?lo puede cumplir su misi?n fundamental de llevar a Dios a los hombres si ?l mismo viene ? Dios, si vive ? Dios y ? Dios. A la luz de esta visi?n teoc?ntrica se comprende la vida y el ministerio de los presb?teros y, en particular, su celibato. Dada la naturaleza de su discurso natalicio a la Curia -un balance anual de la vida de la Iglesia- sorprende la amplitud concedida al celibato sacerdotal. Parece interesarle que se comprenda su naturaleza y motivaciones: vigente en la Iglesia latina, seg?n una tradici?n que se remonta a una ?poca cercana a la apost?lica, el celibato s?lo se puede comprender y vivir desde una visi?n teoc?ntrica. Las razones puramente pragm?ticas, como la mayor disponibilidad para el ministerio, no bastan. El verdadero fundamento del celibato s?lo puede ser Dios mismo, ?nica heredad del sacerdote. El celibato ?no puede significar quedar privados de amor; debe significar dejarse arrastrar por el amor a Dios y luego, a trav?s de una relaci?n m?s ?ntima con ?l, aprender a servir tambi?n a los hombres. El celibato debe ser un testimonio de fe: la fe en Dios se hace concreta en esa forma de vida, que s?lo puede tener sentido a partir de Dios. Fundar la vida en ?l, renunciando al matrimonio y a la familia, significa acoger y experimentar a Dios como realidad, para as? poderlo llevar a los hombres. Nuestro mundo, que se ha vuelto totalmente positivista, en el cual Dios s?lo encuentra lugar como hip?tesis, pero no como realidad concreta, necesita apoyarse en Dios del modo m?s concreto y radical posible. Necesita el testimonio que da de Dios quien decide acogerlo como tierra en la que se funda su propia vida. Por eso precisamente hoy, en nuestro mundo actual, el celibato es tan importante, aunque su cumplimiento en nuestra ?poca se vea continuamente amenazado y puesto en tela de juicio? (22-XII-2006). La vida c?libe requiere, concluye el Papa, una preparaci?n esmerada en el seminario y un acompa?amiento continuo del sacerdote por parte del obispo, de amigos sacerdotes y de laicos, que sostengan juntos el testimonio de un celibato sacerdotal vivido con alegr?a. Este testimonio es muy necesario porque introduce a Dios en nuestro mundo como realidad.

Al dar su testimonio del Dios vivo, la Iglesia desarrolla en diversos c?rculos un ?. El c?rculo m?s interior corresponde al di?logo ecum?nico, que es una prioridad pastoral del Santo Padre. El 25 de abril de 2005, una semana despu?s de su elecci?n, se reuni? con los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas para decirles que el compromiso de la Iglesia por el ecumenismo es ?irreversible?. En el discurso a los cardenales del 20 de abril precedente hab?a dicho que su personal compromiso con el ecumenismo era ?prioritario?. El compromiso com?n de los cristianos en favor de la unidad se hizo evidente durante las V?speras ecum?nicas en la catedral de Ratisbona donde, adem?s de los cat?licos, el Papa encontr? ?muchos amigos de la Ortodoxia y del Cristianismo Evang?lico. Est?bamos todos all? reunidos para rezar los Salmos y escuchar la palabra de Dios, y no es insignificante el hecho de que nos haya sido concedida esta unidad? (22-XII-2006).

El escenario elegido para el di?logo entre la fe y la raz?n fue la Universidad de Ratisbona, donde Joseph Ratzinger hab?a sido profesor de teolog?a dogm?tica. En el encuentro navide?o con la Curia, el Papa revel? un motivo de su inter?s por este tema:

?Con ocasi?n de mi encuentro con el fil?sofo J?rgen Habermas, hace algunos a?os en Munich, ?l dijo que nos hac?an falta pensadores capaces de traducir las convicciones cifradas de la fe cristiana al lenguaje del mundo secularizado para hacerlas as? eficaces de nuevo. De hecho, resulta cada vez m?s evidente la gran necesidad que tiene el mundo del di?logo entre la fe y la raz?n. Manuel Kant, en su tiempo, consideraba que la esencia de la Ilustraci?n se resum?a en la expresi?n ”: en la valent?a del pensamiento que no permite que ning?n prejuicio lo ponga en aprieto. Pues bien, desde entonces la capacidad cognoscitiva del hombre, su dominio sobre la materia mediante la fuerza del pensamiento, ha hecho progresos en aquel tiempo inimaginables. Pero el poder del hombre, que ha aumentado en sus manos gracias a la ciencia, se transforma cada vez m?s en un peligro que se cierne sobre el hombre mismo y sobre el mundo. La raz?n orientada totalmente a ense?orearse del mundo no acepta ya l?mites. Est? a punto de tratar al hombre mismo como simple materia de su producci?n y de su poder. Nuestro conocimiento aumenta, pero al mismo tiempo se produce una progresiva ceguera de la raz?n con respecto a sus mismos fundamentos, con respecto a los criterios que le dan orientaci?n y sentido. La fe en el Dios que es en persona la Raz?n creadora del universo debe ser acogida por la ciencia de modo nuevo como un desaf?o y una oportunidad. Rec?procamente, esta fe debe reconocer nuevamente su intr?nseca amplitud y su propia racionalidad. La raz?n necesita el ? que est? en el inicio y es nuestra luz; la fe, por su parte, necesita el coloquio con la raz?n moderna para darse cuenta de su propia grandeza y corresponder a sus responsabilidades. Esto es lo que trat? de poner de relieve en mi lecci?n magistral en Ratisbona. No es una cuesti?n puramente acad?mica; en ella est? en juego el futuro de todos nosotros? (22-XII-2006).

La prensa present? su lecci?n ?Fe, raz?n, universidad. Recuerdos y reflexiones?, pronunciada el 12 de septiembre, como si hubiera versado sobre di?logo interreligioso. La Iglesia, ciertamente, quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones pero en Ratisbona ?el di?logo entre las religiones se toc? marginalmente y desde un doble punto de vista. La raz?n secularizada no es capaz de entrar en un verdadero di?logo con las religiones. Si se cierra ante la cuesti?n de Dios, esto acabar? por llevar al enfrentamiento de las culturas. El otro punto de vista se refer?a a la afirmaci?n seg?n la cual las religiones deben colaborar en la tarea com?n de ponerse al servicio de la verdad y, por consiguiente, del hombre? (22-XII-2006). El Papa inici? su lecci?n con la cita de un di?logo, editado por Th. Khoury, entre el emperador bizantino Manuel II Pale?logo y un docto musulm?n, posiblemente del a?o 1391. Este inciso, aislado de su contexto, fue interpretado por una parte del mundo isl?mico como ?ofensa? a Mahoma y al Islam.

El 16 de septiembre, el cardenal T. Bertone, Secretario de Estado, explic? en una Declaraci?n que el Santo Padre en ning?n momento y modo ha pretendido asumir el juicio del emperador bizantino citado por ?l en el controvertido discurso; s?lo lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar en un contexto acad?mico algunas reflexiones sobre la relaci?n entre religi?n y violencia en general, y para concluir con un claro y radical rechazo de la motivaci?n religiosa de la violencia, independientemente de d?nde proceda. Al d?a siguiente, durante el el Papa dijo estar ?vivamente afligido por las reacciones suscitadas? por esa ?cita de un texto medieval, que de ning?n modo expresa mi pensamiento personal?. En la Audiencia del mi?rcoles 20, repiti? que el tema tratado fue la cuesti?n de la relaci?n entre fe y raz?n:

?Para introducir al auditorio en el car?cter dram?tico y actual del tema, cit? algunas palabras de un di?logo cristiano-isl?mico del siglo XIV, con las que el interlocutor cristiano -el emperador bizantino Manuel II Pale?logo- de forma incomprensiblemente brusca para nosotros, present? al interlocutor isl?mico el problema de la relaci?n entre religi?n y violencia. Por desgracia, esta cita ha podido dar pie a un malentendido. Sin embargo, a quien lea atentamente mi texto le resultar? claro que de ning?n modo quer?a hacer m?as las palabras negativas pronunciadas por el emperador medieval en ese di?logo y que su contenido pol?mico no expresa mi convicci?n personal. Mi intenci?n era muy diferente: partiendo de lo que Manuel II afirma a continuaci?n de modo positivo, con palabras muy hermosas, acerca de la racionalidad que debe guiar en la transmisi?n de la fe, quer?a explicar que la religi?n no va unida a la violencia, sino a la raz?n [?]; quer?a invitar al di?logo de la fe cristiana con el mundo moderno y al di?logo de todas las culturas y religiones?.

Para consolidar las relaciones de amistad y solidaridad entre la Santa Sede y las comunidades musulmanas del mundo, el Papa Benedicto XVI quiso encontrarse en Castel Gandolfo el 25 de septiembre -d?a de inicio del Ramad?n- con los representantes de las Comunidades isl?micas en Italia y con los embajadores de los Pa?ses de mayor?a isl?mica acreditados ante del Santa Sede. El Papa reiter? su estima y respeto por los creyentes musulmanes y aprovech? la ocasi?n para expresar una profunda convicci?n personal: ?En un mundo caracterizado por el relativismo, y que con demasiada frecuencia excluye la trascendencia de la universalidad de la raz?n, necesitamos con urgencia un aut?ntico di?logo entre las religiones y entre las culturas, que pueda ayudarnos a superar juntos todas las tensiones con esp?ritu de colaboraci?n fecunda?. Est? en juego la paz anhelada ardientemente por los hombres de buena voluntad y que s?lo puede construirse con la colaboraci?n de todos. ?Nuestros contempor?neos -a?adi?- esperan de nosotros un testimonio elocuente para mostrar a todos el valor de la dimensi?n religiosa de la existencia. Por consiguiente, fieles a las ense?anzas de sus respectivas tradiciones religiosas, cristianos y musulmanes deben aprender a trabajar juntos, como ya sucede en diversas experiencias comunes, para evitar toda forma de intolerancia y oponerse a toda manifestaci?n de violencia; y nosotros, autoridades religiosas y responsables pol?ticos, debemos guiarles y animarles a actuar as??. El Papa concluy? con una c?lida invitaci?n al compromiso de cristianos y musulmanes ?para afrontar juntos los numerosos desaf?os que se plantean a la humanidad, especialmente en lo que concierne a la defensa y la promoci?n de la dignidad del ser humano, as? como a los derechos que de ella se derivan. Mientras aumentan las amenazas contra el hombre y contra la paz, los cristianos y los musulmanes, reconociendo el car?cter central de la persona y trabajando con perseverancia para que se respete siempre la vida humana, manifiestan su obediencia al Creador, que quiere que todos vivan con la dignidad que les ha otorgado?. El di?logo cristiano-musulm?n fue objeto de su siguiente viaje internacional.

Turqu?a: ecumenismo, Islam y libertad religiosa

La peregrinaci?n apost?lica del Papa Benedicto XVI a Turqu?a, del 28 de noviembre al 1? de diciembre, se preve?a dif?cil; no faltaron en los d?as precedentes amenazas a su persona. Los hechos, sin embargo, premiaron la determinaci?n del Papa.

Como era su intenci?n, se trat? de un viaje ?pastoral y no pol?tico?, marcado por intensos encuentros ecum?nicos e interreligiosos, y muy consolador para la peque?a comunidad cat?lica de ese pa?s, que el Papa encontr? durante su visita a la Casa de la Madre de Dios en ?feso y en la celebraci?n eucar?stica conclusiva en la catedral latina de Estambul. Se trat? de una celebraci?n inter-ritual y claramente ?cat?lica?, pues resonaron los variados componentes de la rica liturgia cat?lica antigua (latina, armena, caldea y siria) y las oraciones y cantos se elevaron en turco, franc?s, alem?n, sirio, ?rabe y espa?ol.

La visita a Turqu?a brind? al Papa la ocasi?n de manifestar p?blicamente el respeto que ?l y toda la Iglesia tienen por la religi?n isl?mica (cf. Concilio Vaticano II, ?, 3). Lo hizo en el encuentro con el Presidente de los Asuntos religiosos y con la oraci?n silenciosa durante la visita a la Mezquita Azul de Estambul. En los augurios natalicios a la Curia, el Papa indic? una realidad que deber?a ayudar a los cat?licos a ser comprensivos con el camino que muchos musulmanes est?n recorriendo, con la conciencia de que los cambios de mentalidad y de cultura no pueden forzarse o precipitarse:

?En el di?logo con el Islam, que es preciso intensificar, debemos tener presente que el mundo musulm?n se encuentra hoy con gran urgencia ante una tarea muy semejante a la que se impuso a los cristianos desde los tiempos de la Ilustraci?n y que el concilio Vaticano II, como fruto de una larga y ardua b?squeda, llev? a soluciones concretas para la Iglesia cat?lica. Se trata de la actitud que la comunidad de los fieles debe adoptar ante las convicciones y las exigencias que se afirmaron en la Ilustraci?n. Por una parte, hay que oponerse a una dictadura de la raz?n positivista que excluye a Dios de la vida de la comunidad y de los ordenamientos p?blicos, privando as? al hombre de sus criterios espec?ficos de medida. Por otra, es necesario aceptar las verdaderas conquistas de la Ilustraci?n, los derechos del hombre, y especialmente la libertad de la fe y de su ejercicio, reconociendo en ellos elementos esenciales tambi?n para la autenticidad de la religi?n. [?] El mundo isl?mico, con su propia tradici?n, tiene ante s? la gran tarea de encontrar a este respecto las soluciones adecuadas. En este momento, el contenido del di?logo entre cristianos y musulmanes consistir? sobre todo en encontrarse en este compromiso para hallar las soluciones correctas. Los cristianos nos sentimos solidarios con todos los que, precisamente por su convicci?n religiosa de musulmanes, se comprometen contra la violencia y en favor de la sinergia entre fe y raz?n, entre religi?n y libertad. En este sentido, los dos di?logos de los que he hablado se compenetran mutuamente? (22-XII-2006).

En este gran horizonte se coloca el delicado tema de la libertad religiosa -?garantizada institucionalmente y efectivamente respetada?- que, junto al compromiso de las grandes religiones por la paz, fue un tema recurrente en los ocho discursos pronunciados por el Papa en Turqu?a. Turqu?a, aunque en su configuraci?n constitucional sea un Estado ?laico?, en la pr?ctica s?lo protege la religi?n isl?mica. ?Esperamos y oramos para que la libertad religiosa, que corresponde a la naturaleza ?ntima de la fe y est? reconocida en los principios de la Constituci?n turca, encuentre en las formas jur?dicas adecuadas y en la vida diaria del Patriarcado y de las dem?s comunidades cristianas una realizaci?n pr?ctica cada vez mayor? (22-XII-2006). En Ankara, el Papa centr? su discurso al Cuerpo Diplom?tico en la libertad religiosa, la paz, el di?logo y la dignidad humana.

El Papa ha vuelto a hablar con fuerza de la libertad religiosa en su Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del 1? de enero de 2007. Como su Predecesor, Benedicto XVI reivindica los derechos fundamentales de cada persona y, en particular, el respeto de la y la de todos. El Papa record? las dificultades que los cristianos y los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar p?blica y libremente sus propias convicciones religiosas. ?Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no s?lo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar tambi?n tr?gicos episodios de feroz violencia. Hay reg?menes que imponen a todos una ?nica religi?n, mientras que otros reg?menes indiferentes alimentan no tanto una persecuci?n violenta, sino un escarnio cultural sistem?tico respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pac?fica. Esto promueve necesariamente? (n. 5).

La peregrinaci?n apost?lica a Turqu?a tuvo, tambi?n, momentos de fuerte intensidad ecum?nica. El encuentro con el Patriarca Bartolom? I fue motivo de viva alegr?a para el Papa. ?Experimentamos que somos hermanos no s?lo por palabras y acontecimientos hist?ricos, sino desde lo m?s ?ntimo del alma; que estamos unidos por la fe com?n de los Ap?stoles, desde dentro de nuestro pensamiento y sentimiento personal. Experimentamos una unidad profunda en la fe y pediremos al Se?or con m?s insistencia a?n que nos conceda pronto tambi?n la unidad plena en la com?n fracci?n del Pan? (22-XII-2006).

Una Papa para el mundo entero

El coraz?n del Papa est? abierto al mundo entero y su oraci?n implora la bendici?n de Dios para todos los pueblos de la tierra. Expresi?n de esta solicitud universal del Papa es el discurso al Cuerpo Diplom?tico acreditado ante la Santa Sede del 8 de enero de 2007. Algunas regiones del mundo, por diversos motivos, han estado m?s presentes en su coraz?n durante los dos primeros a?os de su Pontificado: Medio Oriente, ?frica y Asia.

Si la est? siempre en el coraz?n del Papa y de los cristianos, con mayor motivo, durante el ?ltimo a?o. Desde el estallido de la ?ltima guerra en L?bano y mientras dur? el conflicto, directamente o a trav?s de sus colaboradores, el Sumo Pont?fice se pronunci? al menos dos veces por semana. Convoc? para el 23 de julio una jornada mundial de oraci?n y penitencia para implorar de Dios el don de la paz. Una semana despu?s lanz? este fuerte apelo: ?En nombre de Dios me dirijo a todos los responsables de esta espiral de violencia para que cada una de las partes deponga inmediatamente las armas?. El 15 de agosto envi? al cardenal Roger Etchegaray al L?bano para llevar a los cristianos de ese Pa?s un mensaje personal de esperanza. Adem?s de invitar a los fieles a rogar por el inmediato cese de las hostilidades y a los Gobiernos a abrir pasillos humanitarios para el auxilio la poblaci?n, no ha cesado de animar el inicio de negociaciones de paz que pudieran ?poner punto final a objetivas situaciones de injusticia, existentes en aquella regi?n?. La Santa Sede particip? oficialmente como Observador en la Conferencia internacional para el L?bano que, por iniciativa del Gobierno italiano, se desarroll? en Roma el 26 de julio. El Santo Padre, adem?s, no ha dejado de exhortar al Episcopado mundial y a las organizaciones caritativas cat?licas para que ayuden a las poblaciones golpeadas por la guerra, en particular a la poblaci?n civil del L?bano que ha sufrido las consecuencias de un ataque calificado por la comunidad internacional de ?desproporcionado?. Finalmente, el 21 de diciembre de 2006, con motivo de la Navidad, el Santo Padre envi? una carta a los cat?licos de la regi?n para expresarles su solidaridad y su presencia espiritual en cada una de sus Iglesias particulares, ?incluidas las m?s peque?as?; los anima a no abandonar la regi?n, alentados por la certeza de que su testimonio ser? una ayuda y un apoyo para un futuro de paz y fraternidad.

Ante el Cuerpo Diplom?tico, el Papa renov? su urgente llamada a todas las partes implicadas en el complejo tablero pol?tico del Medio Oriente y aprovech? la ocasi?n para expresar su mente sobre la situaci?n creada:

?La Santa Sede no se cansar? nunca de repetir que las soluciones armadas no conducen a nada, como se ha visto en el L?bano el verano pasado. El futuro de este pa?s pasa necesariamente por la unidad de todos los que lo integran y por las relaciones fraternas entre los diferentes grupos religiosos y sociales. ?ste es un mensaje de esperanza para todos. No es posible tampoco contentarse con soluciones parciales o unilaterales. Para poner fin a la crisis y a los sufrimientos que ocasiona en las poblaciones, es necesario proceder seg?n un enfoque global, que no excluya a nadie en la b?squeda de una soluci?n negociada y que tenga en cuenta las aspiraciones y los leg?timos intereses de los distintos pueblos implicados; en particular, los Libaneses tienen derecho a ver respetadas la integridad y la soberan?a de su pa?s; los Israel?es tienen derecho a vivir en paz en su Estado; los Palestinos tienen derecho a una patria libre y soberana. Si cada uno de los pueblos de la regi?n ve sus aspiraciones tomadas en consideraci?n y se siente menos amenazado, se reforzar? la confianza mutua? (8-I-2007).

Desde el inicio de su Pontificado, el Papa Benedicto ha mirado con particular benevolencia a . Ha pedido a los fieles y al mundo entero que no se olviden de ese continente. A la vista de un pr?ximo segundo S?nodo Especial de los obispos para ?frica, convocado por el Papa para fecha todav?a no determinada, se han desarrollado en el a?o 2006 las visitas de los obispos de pa?ses africanos ya iniciadas el a?o anterior. En el encuentro con sacerdotes romanos, el 2 de marzo de 2006, Benedicto XVI dijo que el continente africano es ?la gran esperanza de la Iglesia? y que para ?l hab?a sido muy edificante y consolador encontrarse con ?obispos de elevado nivel teol?gico y cultural, obispos celosos, que realmente est?n animados por la alegr?a de la fe. Sabemos que esa Iglesia est? en buenas manos, pero, a pesar de ello, sufre porque las naciones a?n no est?n formadas?. Aunque las situaciones de estos pa?ses sean diversas, los principales temas tratados por el Papa en esas visitas se refieren a problemas que atenazan a buena parte del continente y que esperan, desde hace a?os, una soluci?n: la formaci?n de los sacerdotes y los fieles; el esfuerzo por la reconciliaci?n, la paz y la justicia; el servicio y desarrollo de los m?s pobres; la fraterna relaci?n con los creyentes de otras religiones; el di?logo con las culturas locales. El desarrollo podr?a ser uno de los grandes temas del magisterio pontificio en el 2007 por celebrarse el 40? y el 20? aniversario de las enc?clicas de Pablo VI y de Juan Pablo II.

El 24 de marzo de 2006, el Papa Benedicto XVI tuvo su primer Consistorio ordinario p?blico para el nombramiento de 15 nuevos cardenales que, por su proveniencia (8 de Europa, 3 de Am?rica, 3 de Asia, 1 de ?frica) y por las diversas misiones que desempe?an al servicio de la Iglesia, reflejan bien la universalidad de la Iglesia. En estos nombramientos parece percibirse una particular benevolencia papal hacia , pues los cat?licos asi?ticos son una peque?a minor?a. El nombramiento cardenalicio del obispo de Hong Kong, Joseph Zen Ze-kiun, ha sido interpretado como un gesto de honor de la Iglesia cat?lica al pueblo chino y como un augurio de relaciones m?s intensas y directas entre la Santa Sede y el Gobierno chino. En las homil?as del 24 y del 25, Benedicto XVI explic? la rica simbolog?a de las ?insignias? cardenalicias: el color rojo de la p?rpura y el ?regalo nupcial? del anillo significan el amor. El rojo es s?mbolo del ardiente amor cristiano que debe resplandecer en la vida de los cardenales. El anillo recuerda el deber de estar ?ntimamente unidos a Cristo para cumplir la misi?n de esposo de la Iglesia, testimoniando, sobre todo a favor de los pobres, el valor supremo de la caridad, el carisma ?m?s grande? y la ?v?a mejor de todas?. La Iglesia quiere recorrer la v?a del amor-servicio, y no la de la pol?tica y el poder.

La creaci?n de los nuevos cardenales estuvo precedida por el Consistorio extraordinario del 23 de marzo donde el Papa trat? con el Colegio Cardenalicio cuatro temas de la vida de la Iglesia presentes en la agenda papal: la condici?n de los obispos em?ritos, el ?caso Lefebvre?, la reforma lit?rgica realizada por el Concilio Vaticano II y el di?logo entre la Iglesia y el Islam. Cada tema fue introducido por una relaci?n desarrollada por los cardenales Re, Castrill?n Hoyos, Arinze y Sodano, respectivamente. Es previsible que Europa ocupe un lugar importante en la agenda del 2007, porque, como dijo el Papa al Cuerpo Diplom?tico, ?al prepararnos para celebrar el cincuenta aniversario de los Tratados de Roma, se impone una reflexi?n sobre el Tratado constitucional. Deseo que los valores fundamentales que est?n a la base de la dignidad humana sean protegidos plenamente, en particular la libertad religiosa en todas sus dimensiones, as? como los derechos institucionales de las Iglesias. Al mismo tiempo, no se puede hacer abstracci?n del innegable patrimonio cristiano de este continente, que contribuy? ampliamente a modelar la Europa de las Naciones y la Europa de los pueblos? (8-I-2007).

Verona: el testimonio cristiano de la Iglesia

Por razones hist?ricas y geogr?ficas, el Obispo de Roma sigue con particular solicitud los pasos de la Iglesia que peregrina en Italia. A finales de mayo de 2005, viaj? a Bari para la Clausura del Congreso Eucar?stico Nacional; el 1? de septiembre de 2006 peregrin? al Santuario de la Santa Faz de Manoppello (Pescara) y el 19 de octubre a Verona con ocasi?n de la IV Asamblea Eclesial Nacional de la Iglesia italiana que tuvo por tema ?Testigos de Jes?s Resucitado, esperanza del mundo?. El Papa dirigi? un discurso a los obispos, sacerdotes y fieles laicos participantes en la Asamblea que podr?a muy bien aplicarse a muchas otras iglesias particulares.

La ?reflexi?n? del Papa – como ?l mismo llam? a su discurso – se abri? con el recuerdo del Concilio Vaticano II, del que esta IV Asamblea nacional es una etapa de aplicaci?n, que sigue a las asambleas celebradas en Roma (1976), Loreto (1985) y Palermo (1995). El Papa encuentra muy acertada la elecci?n del tema pues la resurrecci?n de Cristo ?es el centro de la predicaci?n y del testimonio cristiano, desde el inicio y hasta el fin de los tiempos?. La Resurrecci?n es un misterio de amor. ?Jesucristo resucita de entre los muertos porque todo su ser es perfecta e ?ntima uni?n con Dios, que es el amor realmente m?s fuerte que la muerte?. La resurrecci?n inaugur? una nueva dimensi?n de la vida y de la realidad, que penetra continuamente en nuestro mundo y lo transforma. Todo esto acontece a trav?s de la vida y del testimonio de la Iglesia y ?llega a nosotros mediante la fe y el sacramento del bautismo, que es realmente muerte y resurrecci?n, un nuevo nacimiento, transformaci?n en una vida nueva?. La misi?n cristiana consiste en cooperar para que se realice efectivamente, en nuestra vida diaria, lo que el Esp?ritu Santo ha emprendido en nosotros con el bautismo. El cristiano es, de este modo, el testigo de la Resurrecci?n.

El Papa ve Italia como ?un terreno muy necesitado y a la vez muy favorable? a este testimonio de Cristo resucitado. Un terreno , porque ?participa de la cultura que predomina en Occidente y que quisiera proponerse como universal y autosuficiente, generando un nuevo estilo de vida. De ah? deriva una nueva oleada de ilustraci?n y de laicismo, por la que s?lo ser?a racionalmente v?lido lo que se puede experimentar y calcular, mientras que en la pr?ctica la libertad individual se erige como valor fundamental al que todos los dem?s deber?an someterse. As? Dios queda excluido de la cultura y de la vida p?blica, y la fe en ?l resulta m?s dif?cil? .

Esta cultura sit?a la ?tica ?dentro de los confines del relativismo y el utilitarismo, excluyendo cualquier principio moral que sea v?lido y vinculante por s? mismo?. Este tipo de cultura se pone a los ant?podas del cristianismo y de las tradiciones religiosas y morales de la humanidad. Por eso, dicha cultura ?no es capaz de entablar un verdadero di?logo con las dem?s culturas, en las que la dimensi?n religiosa est? fuertemente presente; y no puede responder a los interrogantes fundamentales sobre el sentido y sobre la direcci?n de nuestra vida. Por eso, esta cultura est? marcada por una profunda carencia, pero tambi?n por una gran necesidad -in?tilmente escondida- de esperanza?.

Italia constituye, tambi?n, un terreno para el testimonio cristiano, pues ?la Iglesia aqu? es una realidad muy viva, que conserva una presencia capilar en medio de la gente de todas las edades y condiciones. Las tradiciones cristianas con frecuencia est?n arraigadas y siguen produciendo frutos, mientras que se est? llevando a cabo un gran esfuerzo de evangelizaci?n y catequesis, dirigido en particular a las nuevas generaciones?. Los italianos perciben con mayor claridad ?la insuficiencia de una racionalidad encerrada en s? misma y de una ?tica demasiado individualista?. La percepci?n, muy difundida en el pueblo italiano, del peligro que hay en separarse de las ra?ces cristianas de nuestra civilizaci?n es formulada expresamente y con fuerza por muchos e importantes hombres de cultura, ?incluso entre los que no comparten o al menos no practican nuestra fe?. Esta ?ltima expresi?n del Pont?fice alude a los denominados ?ateos devotos?, que, aun si pertenecer a la comunidad eclesial, piensan que las ra?ces cristianas de la sociedad italiana deben ser salvaguardadas. En esta afirmaci?n del Papa Benedicto XVI no hay ninguna implicaci?n de car?cter pol?tico, ni una reducci?n del cristianismo a mera religi?n civil, sino solamente la alegr?a del pastor que ve, para bien de las personas, c?mo nacen fuera de la Iglesia posiciones comunes a las de la tradici?n cristiana. Eso no excluye que, con la necesaria atenci?n a las posibles instrumentalizaciones, los cristianos tengan que estar siempre prontos al di?logo, a dar raz?n de su esperanza (cf. 1 3,15) y a la confrontaci?n con quienes no compartan sus posiciones culturales. ?Nuestra actitud -concluye el Papa- nunca deber? ser un encerramiento en nosotros mismos, renunciando a la acci?n. Al contrario, es preciso mantener vivo y, si es posible, incrementar nuestro dinamismo; es necesario abrirse con confianza a nuevas relaciones, sin desperdiciar ninguna de las energ?as que pueden contribuir al crecimiento cultural y moral de Italia?.

Para que la Iglesia pueda cumplir su misi?n de ?dar respuestas positivas y convincentes a las expectativas y a los interrogantes de nuestra gente?, el Santo Padre da una consigna que ?l mismo est? aplicando en su Pontificado: a trav?s del testimonio multiforme de la Iglesia, debe brotar ?el gran ‘s?’ que en Jesucristo Dios dijo al hombre y a su vida, al amor humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia; y, por tanto, c?mo la fe en el Dios que tiene rostro humano trae la alegr?a al mundo. En efecto, el cristianismo est? abierto a todo lo que hay de justo, verdadero y puro en las culturas y en las civilizaciones; a lo que alegra, consuela y fortalece nuestra existencia?. Los cristianos est?n llamados a desplegar una amplia obra de discernimiento y purificaci?n, pues, por una parte, ?reconocen y acogen de buen grado los aut?nticos valores de la cultura de nuestro tiempo, como el conocimiento cient?fico y el desarrollo tecnol?gico, los derechos del hombre, la libertad religiosa y la democracia? y, por otra, ?no ignoran y no subestiman la peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que es una amenaza para el camino del hombre en todo contexto hist?rico. En particular, no descuidan las tensiones interiores y las contradicciones de nuestra ?poca. Por eso, la obra de evangelizaci?n nunca consiste s?lo en adaptarse a las culturas, sino que siempre es tambi?n una purificaci?n, un corte valiente, que se transforma en maduraci?n y saneamiento?.

El Papa Benedicto XVI, ejemplar en su testimonio cristiano, no se cansa de presentar la belleza de la fe y, con la explicaci?n de la palabra de Dios, infunde esperanza en los cristianos y en el mundo. En sus discursos y homil?as no hay ret?rica; s?lo una gran deseo de comunicar y transmitir la riqueza y esplendor de la fe. Tiene el don de hacer sencillo lo dif?cil, de hacer asequible a todo el mundo la gozosa propuesta cristiana, sin rebajar sus exigencias. No faltan en sus homil?as im?genes vivaces que hacen m?s visible y asequible los contenidos que comunica.

Para que la experiencia de la fe y del amor cristiano sea acogida, vivida y transmitada de una generaci?n a otra -sigui? diciendo en Verona-, una cuesti?n ?fundamental y decisiva? es la de la persona, la formaci?n de su inteligencia, libertad y capacidad de amar. S?lo con esta obra educativa y la ayuda de la gracia divina ?se podr? afrontar con eficacia el peligro que corre el destino de la familia humana constituido por el desequilibrio entre el crecimiento tan r?pido de nuestro poder t?cnico y el crecimiento mucho m?s lento de nuestros recursos morales?. Una educaci?n verdadera debe suscitar ?la valent?a de las decisiones definitivas, que hoy se consideran un v?nculo que limita nuestra libertad, pero que en realidad son indispensables para crecer y alcanzar algo grande en la vida, especialmente para que madure el amor en toda su belleza?. De esta solicitud por la persona humana y su formaci?n brotan los ?no? de la Iglesia y del Papa a ?formas d?biles y desviadas de amor y a las falsificaciones de la libertad, as? como a la reducci?n de la raz?n s?lo a lo que se puede calcular y manipular?. Estos ?no? son, en realidad, un ?s?? al amor aut?ntico y a ?la realidad del hombre tal como ha sido creado por Dios?: una afirmaci?n de nuestro ser.

La autenticidad del testimonio cristiano se certifica con el amor y la solicitud concreta por quienes sufren ?las numerosas formas nuevas de pobreza, moral y material?. El testimonio eclesial de caridad ha de conservar elevado y luminoso su perfil espec?fico, ?aliment?ndose de humildad y confianza en el Se?or, evitando sugestiones ideol?gicas y simpat?as de partido?. De este modo, la caridad de la Iglesia har? visible en el mundo el amor de Dios. El testimonio cristiano en el mundo pasa tambi?n por la pol?tica. Benedicto XVI subray? algunos puntos relativos a las responsabilidades civiles y pol?ticas de los cat?licos: ante todo, que la ?novedad sustancial? aportada por Jesucristo a las relaciones entre la religi?n y la pol?tica, a trav?s de la distinci?n y la autonom?a rec?proca entre el Estado y la Iglesia, abri? el camino hacia un mundo m?s humano y libre; ah? tiene su ra?z hist?rica el valor universal de la libertad religiosa. La Iglesia, que??, tiene un profundo inter?s por el bien de la comunidad pol?tica, cuya alma es la justicia, y aporta su contribuci?n espec?fica a dos niveles: uno doctrinal y otro pr?ctico. En el primero, ?con su doctrina social, argumentada a partir de lo que est? de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, la Iglesia contribuye a hacer que se pueda reconocer eficazmente, y luego tambi?n realizar, lo que es justo?. En la pr?ctica, ?la inmediata de para construir un orden justo en la sociedad no a la Iglesia como tal, sino , que act?an como ciudadanos bajo su propia responsabilidad?. Los fieles laicos han de afrontar ?el peligro de opciones pol?ticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropol?gicos y ?ticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepci?n hasta la muerte natural, y a la promoci?n de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento p?blico otras formas de uni?n que contribuir?an a desestabilizarla, oscureciendo su car?cter peculiar y su insustituible funci?n social?.

Como conclusi?n de su ?reflexi?n?, el Pont?fice entreg? a la Iglesia en Italia dos grandes consignas: la unidad y la contemplaci?n del ejemplo de Mar?a: ?lo fundamental es estar unidos a Cristo y luego entre nosotros, estar con ?l para poder ir en su nombre?; esta Iglesia-comuni?n encuentra en Mar?a, pura e inalterada, su verdadera esencia. A trav?s de Mar?a, ?aprendemos a conocer y amar el misterio de la Iglesia que vive en la historia, nos sentimos parte de ella hasta las ?ltimas consecuencias, nos convertimos por nuestra parte en ‘almas eclesiales’ y aprendemos a resistir a la ‘secularizaci?n interna’ que amenaza a la Iglesia en nuestro tiempo a consecuencia de los procesos de secularizaci?n que han marcado profundamente la civilizaci?n europea?. Al misterio de la Iglesia, el Santo Padre ha dedicado buena parte de sus catequesis.

Catequista de la Iglesia de Cristo

Concluidas las ?catequesis de los mi?rcoles?, iniciadas por su Predecesor, sobre los salmos y los c?nticos de Laudes y V?speras, a partir de marzo de 2006, Benedicto XVI ha dedicado los audiencias del mi?rcoles al misterio de la relaci?n entre Cristo y la Iglesia, a la luz de la experiencia de los Ap?stoles. La Iglesia se constituy? sobre el fundamento de los Ap?stoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A trav?s de ellos, los cristianos de todos los tiempos nos remontamos a Jes?s mismo. La Iglesia contempla el rostro de Cristo y la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia, a pesar de los l?mites y las sombras de la humanidad fr?gil y pecadora de sus miembros. La misi?n y actividad del Hijo encarnado tiene una finalidad comunitaria: congregar, purificar y salvar al pueblo de Dios. Signo evidente de esa intenci?n es No podemos tener a Jes?s prescindiendo de la realidad que ?l ha creado y en la cual se comunica. Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo est? presente hoy en su pueblo: en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Ap?stoles y vivo en la sucesi?n apost?lica, Cristo es siempre nuestro contempor?neo (15-III-2006).

La aventura de los Ap?stoles comienza con el encuentro con Cristo. Los disc?pulos ven d?nde vive y tienen un conocimiento directo del Maestro. No ser?n anunciadores de una idea, sino testigos de una persona y mensajeros del Reino de Dios a todas las naciones. Los Doce son elegidos para participar en la misma misi?n de Jes?s. Esta misi?n contin?a porque permanece siempre el mandato del Se?or de congregar a los pueblos en la unidad de su amor (22-III-2006).

La Iglesia es misterio de comuni?n. A lo largo de los siglos, la Iglesia, org?nicamente estructurada bajo la gu?a de los pastores leg?timos, ha seguido viviendo en el mundo como misterio de comuni?n, en el que se refleja de alguna manera la misma comuni?n trinitaria. En el tiempo de la peregrinaci?n terrena, el disc?pulo, mediante la comuni?n con el Hijo, ya puede participar de la vida divina. Esta vida de comuni?n con Dios y entre nosotros es la finalidad propia del anuncio del Evangelio y de la conversi?n al cristianismo. Esta doble comuni?n, con Dios y entre nosotros, es inseparable. Donde se destruye la comuni?n con Dios, se destruye tambi?n el manantial de la comuni?n entre nosotros. Y donde no se vive la comuni?n entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comuni?n con el Dios Trinitario. La comuni?n se alimenta con el Pan eucar?stico y se manifiesta en las relaciones fraternas. A pesar de todas las fragilidades humanas que pertenecen a su fisonom?a hist?rica, la Iglesia se manifiesta como una maravillosa creaci?n del amor, hecha para que Cristo est? cerca de todos los hombres que quieran encontrarse con ?l, hasta el final de los tiempos. Y en la Iglesia el Se?or permanece con nosotros, siempre contempor?neo (29-III-2006).

Lo esencial de la Iglesia permanece, aunque vayan cambiando los tiempos. El Esp?ritu Santo constituye con un v?nculo ?ntimo la Iglesia y le dona la verdad y el amor. Este v?nculo con el Esp?ritu no anula nuestra humanidad con toda su debilidad; as?, la comunidad de los disc?pulos desde el inicio experimenta no s?lo la alegr?a del Esp?ritu Santo, sino tambi?n las laceraciones de la comuni?n. Desde el inicio y hasta el final de los tiempos existir? la comuni?n del amor y, por desgracia, tambi?n la divisi?n. Quien cree y quiere vivir en la Iglesia del amor debe reconocer tambi?n este peligro y aceptar que no es posible la comuni?n con quien se ha alejado de la doctrina de la salvaci?n. La Iglesia del amor es tambi?n la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio encomendado por el Se?or Jes?s a los suyos. Para vivir en la unidad y en la paz, la Iglesia necesita el ministerio de los Ap?stoles que la conserve en la verdad y la gu?e con discernimiento sabio y autorizado. La Iglesia es totalmente del Esp?ritu, pero tiene una estructura, la sucesi?n apost?lica, a la que compete la responsabilidad de garantizar la permanencia de la Iglesia en la verdad donada por Cristo, de la que deriva tambi?n la capacidad del amor. Los Ap?stoles y sus sucesores son, por consiguiente, los custodios y los testigos autorizados del dep?sito de la verdad entregado a la Iglesia, y a la vez ministros de la caridad (5-IV-2006).

La comuni?n eclesial, suscitada y sostenida por el Esp?ritu Santo, conservada y promovida por el ministerio apost?lico, abarca a los creyentes de todas las generaciones. Gracias al Par?clito, la experiencia del Resucitado que hizo la comunidad apost?lica en los or?genes de la Iglesia, las generaciones sucesivas podr?n vivirla siempre en cuanto transmitida y actualizada en la fe, en el culto y en la comuni?n del pueblo de Dios, peregrino en el tiempo. Esta permanente actualizaci?n de la presencia activa de Jesucristo en su pueblo, obrada por el Esp?ritu Santo y expresada en la Iglesia a trav?s del ministerio apost?lico y de la comuni?n fraterna, es lo que en sentido teol?gico se entiende con el t?rmino Tradici?n: no una simple transmisi?n material de lo que fue donado al inicio a los Ap?stoles, sino la presencia eficaz del Se?or Jes?s, que acompa?a y gu?a mediante el Esp?ritu Santo a la comunidad reunida por ?l. La Tradici?n es la comuni?n de los fieles en torno a los leg?timos pastores a lo largo de la historia; una comuni?n que el Esp?ritu Santo alimenta asegurando el v?nculo entre la experiencia de la fe apost?lica, vivida en la comunidad originaria de los disc?pulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia. La Tradici?n es la presencia permanente del Salvador que viene para encontrarse con nosotros, para redimirnos y santificarnos en el Esp?ritu mediante el ministerio de su Iglesia, para gloria del Padre. La Tradici?n no es la transmisi?n de cosas o palabras muertas, sino el r?o vivo que se remonta a los or?genes, el r?o vivo en el que los or?genes est?n siempre presentes (26-IV-2006). Aunque de manera diversa a la de los Ap?stoles, tambi?n nosotros tenemos una verdadera experiencia personal de la presencia del Se?or resucitado. A trav?s del ministerio apost?lico, Cristo mismo llega a quienes son llamados a la fe. La distancia de los siglos se supera y el Resucitado se presenta vivo y operante para nosotros, en el hoy de la Iglesia y del mundo (3-V-2006). La Tradici?n en la Iglesia es la presencia permanente de la palabra y de la vida de Jes?s en su pueblo. La palabra, para estar presente, necesita de un testigo. Al inicio est?n los ap?stoles, llamados y enviados por el Resucitado; la sucesiva llamada y env?o de otros se realizar?, con la fuerza del Esp?ritu, por obra de quienes han sido constituidos en el ministerio apost?lico, que desde la segunda generaci?n se llamar? ministerio episcopal. A los Doce son asociados primero Mat?as, luego Pablo, Bernab? y otros, hasta la formaci?n del ministerio del obispo en la segunda y tercera generaci?n. La continuidad se realiza en esta cadena hist?rica. En la continuidad de la sucesi?n est? la garant?a de perseverar en la comunidad eclesial del Colegio apost?lico que Cristo reuni? en torno a s?. La sucesi?n apost?lica -comprobada sobre la base de la comuni?n con la Iglesia de Roma- es el criterio de la permanencia de las diversas Iglesias en la Tradici?n de la fe apost?lica com?n. La apostolicidad de la comuni?n eclesial consiste en la fidelidad a la ense?anza y a la pr?ctica de los Ap?stoles, a trav?s de los cuales se asegura el v?nculo hist?rico y espiritual de la Iglesia con Cristo. La sucesi?n apost?lica del ministerio episcopal es el camino que garantiza la fiel transmisi?n del testimonio apost?lico. Lo que representan los Ap?stoles en la relaci?n entre el Se?or Jes?s y la Iglesia de los or?genes, lo representa an?logamente la sucesi?n ministerial en la relaci?n entre la Iglesia de los or?genes y la Iglesia actual. Esta sucesi?n apost?lica es el instrumento hist?rico del que se sirve el Esp?ritu Santo para hacer presente al Se?or Jes?s, cabeza de su pueblo, a trav?s de los ministros ordenados mediante la imposici?n de las manos y la oraci?n de los obispos. Mediante la sucesi?n apost?lica Cristo llega a nosotros, con su palabra y acci?n (10-V-2006). La Iglesia existe en las personas y fue encomendada a los doce Ap?stoles. El Papa ha presentado a los Doce, uno a uno, para mostrar en esas personas qu? es vivir la Iglesia y seguir a Jes?s. A partir del 25 de octubre comenz? a tratar las figuras de otros personajes importantes de la Iglesia primitiva que ?entregaron su vida a la causa de nuestro Se?or Jesucristo? ( 15, 26): Pablo, Timoteo y Tito, Esteban, Bernab?, Silas, Apolo?, hasta concluir el 14 de febrero con algunas mujeres disc?pulas de Jes?s.

La santidad y la liturgia$

La santidad no es una prerrogativa exclusiva de la Iglesia de los or?genes. La Iglesia canoniza a santos de los ?ltimos tiempos, para que sirvan de ejemplo a los files y los ayuden con su intercesi?n. Como dio a conocer un comunicado de la Congregaci?n para las causas de los santos, fechado el 29 de septiembre de 2005, el Papa Benedicto XVI ha dispuesto que, ?quedando a salvo que la canonizaci?n, que atribuye al beato el culto en toda la Iglesia, ser? presidida por el Sumo Pont?fice, la beatificaci?n, que sigue siendo acto pontificio, ser? celebrada por un representante del Santo Padre, que por lo general ser? el prefecto de la Congregaci?n para las causas de los santos?. El rito de beatificaci?n se realizar? ?en la di?cesis que ha promovido la causa del nuevo beato o en otra localidad que se considere id?nea? o, si as? lo piden los obispos y los promotores de la causa, ?podr? realizarse en Roma?. Hasta la fecha, Benedicto XVI ha presidido dos celebraciones de canonizaci?n, ambas en la Plaza de san Pedro. El 23 de octubre de 2005, elev? a los altares a los polacos Jos? Bilczewski (1860-1923), arzobispo metropolitano de Lvov de los latinos, y Segismundo Gorazdowski (1845-1920) sacerdote fundador de las Religiosas de San Jos?; al sacerdote italiano Cayetano Catanoso (1879-1963), fundador de las religiosas Ver?nicas de la Santa Faz; al sacerdote jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), fundador del Hogar de Cristo, y al religioso capuchino italiano F?lix de Nicosia (1715-1787). El 15 de octubre de 2006, canoniz? a un obispo mexicano animado de un ardiente celo misionero: Rafael Gu?zar Valencia (1878-1938): se trata del primer obispo de Latinoam?rica canonizado; al sacerdote italiano Felipe Smaldone (1848-1923), fundador de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones; a la religiosa italiana Rosa Venerini (1656-1728), fundadora de las Maestras P?as; y a la religiosa francesa Teodora Gu?rin (1798-1856), misionera en Estados Unidos. Durante el consistorio ordinario p?blico celebrado el 23 de febrero de 2007, el Papa anunci? la pr?xima canonizaci?n de cinco beatos: canonizar? a Antonio de Santa Ana, sacerdote de la Orden de Frailes Menores Alcantarinos, en Brasil el 11 de mayo, coincidiendo con su viaje pastoral a ese pa?s, con ocasi?n de la inauguraci?n de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. El 3 de junio, en la Bas?lica de san Pedro, canonizar? al sacerdote Jorge Preca, fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana; al sacerdote franciscano Sim?n de de Lipnica; al sacerdote pasionista Carlos de San Andr?s y a la religiosa Mar?a Eugenia de Jes?s, fundadora del instituto de las Religiosas de la Asunci?n de la Bienaventurada Virgen Mar?a. El 16 de diciembre, el Santo Padre pidi? que se promulgaran los decretos para la canonizaci?n de un numeroso grupo de m?rtires de la persecuci?n religiosa en Espa?a en los a?os treinta del siglo pasado.

El conocido inter?s de Joseph Ratzinger por la liturgia ha encontrado algunas discretas expresiones durante estos dos a?os de Pontificado. Su exhortaci?n apost?lica post-sinodal sobre la Eucarist?a, fuente y culmen de la vida y de la misi?n de la Iglesia, presentada el 13 de marzo de 2007, recoge las conclusiones del S?nodo de los Obispos de 2005. Como anticip? el Papa a los sacerdotes de la di?cesis de Roma, el 24 de febrero de 2007, se trata de un documento que ?ayudar? tanto a la celebraci?n lit?rgica como a la reflexi?n personal, tanto en la preparaci?n de homil?as como a la celebraci?n de la Eucarist?a. Y servir? para guiar, iluminar y revitalizar la piedad popular?.

Con aprobaci?n papal, sacerdotes y seminaristas franceses, varios de ellos ex miembros de la Fraternidad Sacerdotal San P?o X fundada por el arzobispo cism?tico Marcel Lefebvre, restablecieron su plena comuni?n con la Iglesia Cat?lica y erigieron, el 8 de septiembre de 2006, el ?Instituto del Buen Pastor?, como Sociedad de Vida Apost?lica de derecho pontificio. En sus estatutos -aprobados con car?cter experimental por un per?odo de cinco a?os- se les reconoce ?el uso exclusivo de la liturgia gregoriana? seg?n el rito contenido en los libros lit?rgicos preconciliares, a saber, el pontifical, el misal, el breviario y el ritual romano. No se han verificado, por el momento, los rumores aparecidos en la prensa acerca de la publicaci?n de un del Santo Padre que autorizar?a, sin las actuales restricciones, la Misa Tridentina celebrada en lat?n.

El 12 de enero de 2006, en un discurso dirigido a algunas comunidades del Camino Neocatecumenal, entre las que se encontraban unas doscientas familias dispuestas a partir en misi?n, el Papa record? que la Congregaci?n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha impartido, en su nombre, ?algunas normas concernientes a la celebraci?n eucar?stica, despu?s del periodo de experiencia que hab?a concedido el siervo de Dios Juan Pablo II. Estoy seguro -a?adi?- de que observar?is atentamente estas normas que recogen lo que est? previsto en los libros lit?rgicos aprobados por la Iglesia?.

Ese mismo dicasterio eman? dos cartas firmadas por el Prefecto, cardenal Arinze. La del 17 de octubre de 2006, dirigida a los presidentes de las conferencias episcopales, pide que el en la f?rmula de consagraci?n de la Sangre de Cristo se traduzca como ?por muchos? y que se evite la traducci?n ?por todos?. La dirigida al presidente de la Conferencia episcopal de Estados Unidos informa que el Santo Padre no extiende el indulto para permitir a los ministros extraordinarios de la comuni?n la purificaci?n de los vasos sagrados. Estos sencillos pero significativos gestos revelan la solicitud lit?rgica de un Papa que, en sus celebraciones p?blicas, ha demostrado amar la sobriedad t?pica de la liturgia romana.


La riqueza de dos a?os de Pontificado no puede agotarse en un art?culo. Y menos, todav?a, condensarse en un lema. Elegimos de todos modos uno que re?ne, al menos, los grandes temas de los viajes papales: ?Cristo ser? la paz?. La paz que anunciaron los ?ngeles a los pastores en Bel?n es Cristo mismo. Jes?s, que dijo a sus disc?pulos: ?La paz os dejo, mi paz os doy? ( 14, 27), es nuestra Paz, y se nos da. Donde es acogido, surgen islas de paz. La paz de Cristo no puede ser impuesta, ni alcanzarse s?lo desde fuera con el cambio de las estructuras; requiere la apertura y la conversi?n del coraz?n a Dios.

Facebook comments: