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Sobre el “síndrome de Herodes” que azota hoy a España

El rey HerodesMadrid (España), 22 Dic. 08 (AICA) Un editorial de la Cadena COPE recordó que este año la Fiesta de la Sagrada Familia, el domingo 28 de diciembre, coincide con la de los Santos Inocentes en la que la Iglesia conmemora el asesinato de los niños de Belén, menores de dos años, que se convirtieron así en los primeros mártires de la era cristiana.

El hecho no tiene nada de singular ya que ello se repite en el calendario cada siete años. Lo que llamó la atención a la cadena de emisoras COPE, es todo un paradigma de la crisis moral contemporánea que azota de manera tan especial a lo que aún se considera mundo cristiano, en este caso la España gobernada por Zapatero, y que el comentarista señala como el “síndrome de Herodes”.

El “síndrome” en cuestión afectó a muchos reinos y muchos gobernantes a lo largo de la historia. Consiste en ese pecado terrible en el que caen muchos soberbios, de suprimir, alejar, exiliar e incluso asesinar a quienes les pueden hacer sombra en un momento dado. El crimen de Herodes fue tratar de impedir la posibilidad equivocada de que el “rey de lo judíos” pudiera arrebatarle su poder omnímodo como mandatario de Roma en Palestina.

El pasaje evangélico dice que los Magos, desorientados al perder de vista la estrella que seguían, acuden hasta el palacio de Herodes en Jerusalén para preguntar por el Niño que había nacido y que sería el mesías anunciado en el Antiguo Testamento, sobre todo por Isaías. Después de que sus consejeros le dieran la pista de Belén, como lugar del nacimiento según las Escrituras, Herodes se llenó de pánico ante la posibilidad de perder su trono. Así, una vez burlado por los Magos, que regresaron a sus tierras por otros caminos sin pasar por Jerusalén, ordenó degollar a todos los niños menores de dos años en aquel humilde pueblito de la Judea de David, y acabar así con sus miedos. Luego le tocaría a su hijo, el tetrarca Herodes Antipas, culminar la labor de su antecesor con la degollación de Juan el Bautista y burlarse de Jesús cuando ya estaba condenado a muerte por el Sanedrín.

Esto explica  -dice un comentario publicado en el boletín electrónico “Análisis Digital” de la arquidiócesis de Madrid-, en qué medida ese “síndrome” herodiano, que no figura en los anales de la medicina o la psiquiatría es, en cierto modo el espejo de cuantos no resisten la existencia de alguien que puede arrebatarles su poder.

¿Cómo se entiende -agrega-,  si no, esa persecución de los símbolos religiosos en aras de una sectaria interpretación de la ley de libertad religiosa? Lo ocurrido, por ejemplo, en la Fiscalía General del Estado, donde su titular prohibió que unos funcionarios  –como lo han hecho siempre-  colocasen un “nacimiento” en el vestíbulo del edificio, es una muestra de esa enfermedad que, en el fondo y en la forma, ofrece toda una alegoría del “miedo” que el laicismo ateo tiene a otras formas de vida cuya esperanza está puesta en la Justicia divina, aunque acaten la humana.

Este es el fundamento y no otro -señala el mencionado boletín-,  de quienes en esta España de la Reconquista, regada por sangre de tantos mártires, critican hoy a la Iglesia como guardiana insobornable del Evangelio.

Pero, en fin -concluye el comentario-,  ahí está esa paradoja del día 28 de diciembre: un día para festejar a la familia, cuyo modelo es María, José y Jesús, y para recordar a los inocentes que murieron como testigos de que alguien no podía soportar la idea de una Superioridad que le rebasaba. Por ello hay que agradecer al cardenal Rouco Varela su decisión de convertir cada domingo después de Navidad, en nuestro “Family Day”, para recordar, con la Eucaristía como centro, que la familia cristiana, por mucho que se empeñen los zapateros de turno, es indestructible.+

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