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La diócesis de Lomas celebró su fiesta patronal

Mons. Lugones junto a la imagen de Nuestra Señora de la Paz, patrona de la diócesis de Lomas de Zamora (Foto: Eclesia.info)Lomas de Zamora (Buenos Aires), 27 Ene. 09 (AICA) Con el lema: “María, enséñanos a ser solidarios para lograr la paz”, la diócesis de Lomas de Zamora celebró el sábado 24 de enero su fiesta patronal en honor de María Reina de la Paz, con una misa en la plaza Grigera presidida por el obispo, monseñor Jorge Rubén Lugones SJ.
Numerosos fieles se congregaron por la tarde en la plaza frente a la catedral Nuestra Señora de la Paz para participar de la procesión y de la Eucaristía, que estuvo concelebrada por el obispo de Concepción (Tucumán), monseñor Armando José María Rossi OP, y por el recientemente designado obispo auxiliar de Buenos Aires y hasta esa mañana vicario general de la diócesis lomense, monseñor Luis Alberto Fernández.
En la diócesis hay un “vaciamiento de valores” Al referirse en la homilía al lema que convocaba en la oportunidad, monseñor Lugones expresó que “la paz, que es fruto de la justicia, nos anima a vivir la solidaridad, que es una entrega. La solidaridad no es solamente un gesto puntual, coyuntural en un momento de catástrofe”, sino que “viene de abrir el corazón al amor, a la caridad pastoral”.

     “Y esta justicia y esta solidaridad que van construyendo la paz, tienen que construirse desde el corazón humano, desde cada uno de nosotros”, agregó.
Asimismo, advirtió acerca de un “vaciamiento de valores” que se vive en la diócesis al que se refirió como “una deuda pendiente”. Señaló que en el conurbano hay “un panorama muchas veces desolador ante la falta de contención de nuestros adolescentes y jóvenes” y que “estamos viviendo el vaciamiento de jóvenes y adolescentes que no tienen nada, solo la vida que Dios les ha dado y su dignidad”.
“Ante este difícil y a veces inconmensurable desafío nos preguntamos qué podemos hacer”, prosiguió, y en este punto propuso actuar desde la familia, prestar el oído a los adolescentes y jóvenes; poner límites “pero con cariño”, saber escucharlos. Y para esto es necesaria “una gran dosis de paciencia, porque no es fácil el tema”.

     Además se refirió a otro “vaciamiento”, que tiene que ver con que “el adolescente hoy no se aferra a nada porque no quiere amanecer, no quiere abrir los ojos y ver que está la luz del día; quiere vivir noches, oscuridad. Quiere que todo pase pronto, en lo que fuere, en la diversión que se pueda o en la alienación que se pueda; como es la droga o cualquier otro subterfugio”.

     El pastor lomense exhortó a los agentes de pastoral, para poder afrontar este desafío de la gran cantidad de adolescentes y jóvenes que no están en la Iglesia, a vaciarse “un poco nosotros mismos, de estar afincados, de estar acomodados, sentados, en lo nuestro, en mi iglesia, y salir un poco hacia la periferia”, que no es “irse al fondo de la diócesis” sino que “la periferia está en nuestra casas, en nuestros barrios, en nuestras estaciones.+

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