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Cristo Rey

“Mi reino no es de este mundo”

Luego tienen que haber otro, pero que no es como este mundo

Este mundo est? limitado por:

  • el tiempo
  • el espacio
  • el peso
  • la forma
  • el color
  • el sonido
  • la luz …

Fuera de estos par?metros no nos podemos imaginar, ni pensar

En esta ?rbita esta el “nuevo mundo” Es dios mismo, que es el inefable Solo podemos acercarnos a ?l por “analog??as”

Jesucristo es el “rex”, que rige, que gobierna ese “nuevo mundo” Donde hay “una nueva vida”: la gloria de Dios

“yo les he dado la gloria que t? me diste, a fin de que sean uno, Como nosotros somos uno. Yo en ellos y t? en m??, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que t? me enviaste y amaste a ?stos como me amaste a m??…

para que el amor con que t? me has amado est? en ellos y yo en ellos”.


Domingo 34 – Cristo Rey

Cerramos este a?o lit?rgico de los cristianos de todo el mundo, con este broche de oro: con la Fiesta de Cristo Rey, porque Jesucristo es el rex, el regidor, el que rige; el mediador de la Creaci?n; y de la Redenci?n; y de la Salvaci?n. Es el Rey del universo, y Rey de la vida.
As?? nos lo describe y revela San Pablo: “El es imagen de Dios invisible, primog?nito de toda criatura; por medio de El fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles, e invisibles… El nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redenci?n, el perd?n de los pecados”.

Pero, hoy, el hombre entiende mal la idea de realeza y la rechaza, al entenderla como una dominaci?n de otro hombre sobre ?l; es, pues, un sometimiento, idea, que se oponen diametralmente a la conciencia que hoy tiene el hombre de sus posibilidades y de su poder para dominar las fuerzas hasta de la misma naturaleza, sinti?ndose menos dependiente y esclavo de las leyes del mundo y hasta aspirando a vivir de “forma ilimitada”

-?C?mo este hombre-moderno puede aceptar un rey, otro hombre en definitiva, que le domine, que le someta, que se ponga por encima, sobre todo en sus pensamientos y en su coraz?n, que es donde el hombre se siente y quiere ser m?s libre y m?s se?or?

Verdad es tambi?n, que a estos periodos de euforia y de entusiasmo, le siguen otros momentos de impotencia, de abatimiento, de decepci?n del mismo hombre y del progreso. Esta es una ley constante en la historia de la Humanidad. Hay, pues, como un movimiento pendular, de vaiv?n, que lleva al hombre, de la pretensi?n de un poder absoluto y de conquista definitiva, sinti?ndose y crey?ndose due?o y se?or del mundo, matando la idea de Dios de su mente y de su mundo y haci?ndose ?l mismo dios, a una mentalidad de lo relativo, de lo provisional, de lo incierto, de la duda y hasta del miedo, en ocasiones.

Toda esta experiencia que hace tambi?n el hombre radica en su propia limitaci?n, que la vive cuando se enfrenta, impotente, a su enfermedad y a su muerte, descubriendo esa misma limitaci?n en las cosas que le rodean.

No nos queda m?s remedio, que volver de nuevo al evangelio, porque la ciencia nos entretiene con sus soluciones aceptables y pr?cticas u operativas, pero no nos acaba de llenar, ni de satisfacernos. Lo mismo les ocurre a todas las otras cosas.

El evangelio, pues, nos habla de realeza. Y el profeta Daniel nos ha profetizado, que el dominio de este rey no est? sujeto a la temporalidad, no es ef??mero, no es relativo. Es absoluto. “Su dominio, su se?or??o, es dominio eterno, que nunca pasar? y su reino nunca ser? destruido”.

Las teor??as cient??ficas se suceden las unas a las otras. Se autodestruyen, pudi?ramos decir. Su valor no es absoluto, sino simplemente operacional, pr?ctico, pero no pasa de ah??.

San Juan en la lectura del Apocalipsis nos ha dicho que “Jesucristo es el testigo fiel, el primero que resucit? de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. A ??l sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.

“Yo soy el Alfa y el Omega, dice el Se?or Dios, el que es, el que era y el que vendr?, el Se?or del Universo”. Pero no de este universo material y limitado, sino de un universo universal, absoluto: “Mi reino no es de este mundo, mi reino no es de aqu??”, porque aqu?? no hay, en plenitud: ni verdad, ni justicia, ni paz, ni vida.

Ha venido al mundo para dar testimonio de esta verdad, que la proclamar? de forma definitiva desde la c?tedra de la cruz.
Al hombre no le queda otro camino m?s que ?ste, lleno de contradicciones a su vez, para la noci?n y la vivencia que tiene de la realeza. Porque la manera de ejercer Cristo su realeza desde la cruz, donde est? investido y entronizado, es ofreciendo su perd?n, incluso a sus enemigos, llegando en este momento al paroxismo al gritar, mirando al cielo: “Padre, perd?nales, porque no saben lo que se hacen”.

Eso es ser Rey para Cristo. Y uno de los malhechores, crucificado con ?l, lo insultaba, diciendo: “?No eres t? el Mes??as? S?lvate a ti mismo y a nosotros. Y el otro malhechor le dijo: Jes?s, acu?rdate de mi, cuando llegues a tu Reino”. Y Jes?s le respondi?: Te lo aseguro, hoy, estar?s conmigo en el para??so”

La realeza de Cristo es servicio, es comprensi?n, es magnanimidad, es perd?n, hasta disculpar: “no saben lo que se hacen”, es amor hasta dejarnos a su propia Madre: “Ah?? tienes a tu Madre”

Quien quiera seguir su bandera para el nuevo a?o lit?rgico, que se nos abre de nuevo a partir del pr?ximo domingo, ya sabe c?mo hay que entender la realeza e intentar tener ese talante vital para encontrarnos, a pesar de nuestra impotencia e incertidumbres, con la verdad de nuestra vida, con la verdad de Dios.

Esta Eucarist??a, que vamos a celebrar se convierte en una necesidad, para decirle, para rezarle y para gritarle: “Ay?danos, Dios nuestro, para ser buenos vasallos de tan gran Rey y Se?or, y que la humanidad est? regida y gobernada por tu verdad, por tu vida, por tu justicia y por tu Paz. AMEN.

Eduardo Martinez

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