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Consagración episcopal de monseñor Luis Fernández

Mons. Luis Fernández junto al Card. Jorge BergoglioTurdera (Buenos Aires), 31 Mar. 09 (AICA)

“Cuiden de este pastor”, pidió para sí en un momento de la noche, monseñor Luis Fernández a San José, patrono de la porción porteña donde estará a cargo como obispo auxiliar, y a Nuestra Señora de la Paz, patrona de la iglesia que deja. Y luego confesó: “Cuando su barca parecía que ya enfilaba a puerto, ha escuchado como toda la Iglesia, del más grande y único timonel, el grito exigente, gozoso y pascual: ‘Luis, mar adentro, mar adentro’”.

Con estas palabras, quien fue vicario general y administrador diocesano, de Lomas de Zamora, expresaba su sí al llamado de la Iglesia de ser obispo. La respuesta fue el 27 de marzo, en el colegio Santa Inés, de Turdera, donde recibió la ordenación episcopal de manos del cardenal Jorge Mario Bergoglio, a quien acompañará en la tarea pastoral de la arquidiócesis de Buenos Aires, y de los arzobispos Agustín Radrizzani, de Mercedes-Luján, y José María Arancedo, de Santa Fe de la Vera Cruz, y el obispo Mons. Fernández saluda a los fieles apenas consagrado obispoJorge Lugones, de Lomas de Zamora.

Estuvo presente el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini.

Participaron de la concelebración eucarística, los obispos Rubén Frassia, de Avellaneda-Lanús; Fernando Bargalló, de Merlo-Moreno; José María Montes, emérito de Chascomús, y los auxiliares de Buenos Aires. También lo hicieron numerosos sacerdotes, de la diócesis de Lomas de Zamora y de la arquidiócesis de Buenos Aires.

Asimismo, asistieron los ocho hermanos de monseñor Fernández con sus respectivas familias, y algunos –más bien pocos- representantes de los intendentes de los seis municipios que componen la diócesis de Lomas de Zamora.

La bula la leyó el presbítero Carlos Castro, párroco de María Auxiliadora, de Lomas de Zamora.

“Esta ordenación es como la Pascua del Señor. Es el gozo y la alegría por el llamado de Jesús, que se expresa en el cariño y la alegría de mi familia, de mis amigos y de ustedes. Y es también la soledad de la decisión, la angustia de saber si estaré a la altura de esta responsabilidad, el abandono filial a la voluntad del Padre que llama cuando quiere y a quien quiere”, manifestó monseñor Fernández ya consagrado obispo, tras cumplir con todos los pasos rituales que indica la Iglesia para una ordenación episcopal.

Ante la multitud que colmó el gimnasio de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, el flamante obispo celebró “la amistad de Dios que he experimentado a lo largo de mi vida, no la de un Dios lejano, aprendido en los libros, sino un Dios amigo que me buscó, me amó y me venció, no con argumentos sino con su entrega en la cruz”.

E hizo memoria de esta “amistad de Dios” a lo largo de su vida: “la que me dio los primeros amigos del barrio, el que me invitó a los aspirantes de la Acción Católica Argentina, me hizo conocer la maravillosa vida de la parroquia, me hizo ver a mis hermanos como comunidad y a ver la creación como obra de Dios. O la vida del Seminario, la incipiente comunidad ‘De la Santa Cruz’ y la ordenación en el año jubilar”.

Aunque también señaló que “no faltaron fragilidades, debilidades, pecado, dolor y muerte que redimió mi amigo; la tristeza de tener que despedir a hermanos en la fe, amigos y familiares, así como el dolor de ver a un país que se desangraba ante la injusticia y los ideales que se abandonaban”. O siendo vicario general “que me entregó la inmensa gracia de conocer y servir a las comunidades, donde encontré vivo el amor de Dios. Ahí fue donde aprendí a ver la Pascua de Jesús en el rostro y la vida de tantos hombres y mujeres, pobres y humildes de las parroquias, colegios”.

Cardenal Bergoglio: El episcopado un servicio, no un honor

Por su parte, el cardenal Bergoglio, quien presidió la ceremonia y le entregó todos los elementos que lo distinguen como obispo (el Libro de la Palabra, el anillo, el báculo, la mitra, etc.) le expresó: “Querido hermano elegido por el Señor, recuerda que has sido tomado de entre los hombres y puesto al servicio de los hombres en las cosas que se refieren a Dios. El Episcopado significa un servicio, no un honor, y es necesario que el obispo más que presidir, sirva a sus hermanos. Exhorta a los fieles a que trabajen contigo en las obras apostólicas y escúchalos gustosamente. Preocúpate incansablemente de aquellos que aún no pertenecen al único rebaño de Cristo, porque ellos también te han sido encomendados en el Señor”.

“Con todo el corazón, a pesar de los temores propios, ante semejante desafío –expresó Fernández-, empiezo a caminar con la Iglesia particular de Buenos Aires, deseo unirme al trabajo común de los obispos auxiliares, junto al cardenal. Voy confiado por estas palabras: `Si Jesús y la Virgen nos han ayudado hasta ahora, cómo no nos van a seguir ayudando´”. Y agregó: “Qué hermoso el lugar que me han pedido comenzar mi ministerio episcopal; me voy bajo el patrocinio de San José, me confió a este varón justo. Padre, hermano y amigo quiero ser para los sacerdotes de la vicaria de Flores”.

“Ahora la pascua de mi vida -dijo, minutos antes de que se formara la interminable fila de muchos fieles y laicos que se encolumnaron para saludarlo al final de la misa- me exige seguir el camino, subir con el Señor a Jerusalén; ahora más consciente, ayudado por la gracia, saber que no me pertenezco, según San Francisco de Sales, consciente de mi pequeñez y mi pecado, por eso ruego el perdón a Dios y a ustedes; quiero ser testigo gozoso de Jesucristo para servir al pueblo de Dios”.+

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