Papa Francisco

Auspiciantes

Publicidad

Recién Escritos

Categorias

Facebook

Twitter

Palabras del Papa Juan Pablo II sobre la Inmaculada Concepci?n

La Inmaculada Concepci?n

1. En la reflexi?n doctrinal de la Iglesia de oriente, la expresi?n llena de gracia, como hemos visto en las anteriores catequesis, fue interpretada, ya desde el siglo VI, en el sentido de una santidad singular que reina en Mar??a durante toda su existencia. Ella inaugura as?? la nueva creaci?n.

Adem?s del relato lucano de la Anunciaci?n, la Tradici?n y el Magisterio han considerado el as?? llamado Protoevangelio (Gn 3, 15) como una fuente escritur??stica de la verdad de la Inmaculada Concepci?n de Mar??a. Ese texto, a partir de la antigua versi?n latina: ?Ella te aplastara la cabeza?, ha inspirado muchas representaciones de la Inmaculada que aplasta la serpiente bajo sus pies.

Ya hemos recordado con anterioridad que esta traducci?n no corresponde al texto hebraico, en el que quien pisa la cabeza de la serpiente no es la mujer, sino su linaje, su descendiente. Ese texto por consiguiente, no atribuye a Mar??a sino a su Hijo la victoria sobre Satan?s. Sin embargo, dado que la concepci?n b??blica establece una profunda solidaridad entre el progenitor y la descendencia, es coherente con el sentido original del pasaje la representaci?n de la Inmaculada que aplasta a la serpiente, no por virtud propia sino de la gracia del Hijo.

2. En el mismo texto b??blico, adem?s se proclama la enemistad entre la mujer y su linaje, por una parte, y la serpiente y su descendencia, por otra. Se trata de una hostilidad expresamente establecida por Dios, que cobra un relieve singular si consideramos la cuesti?n de la santidad personal de la Virgen. Para ser la enemiga irreconciliable de la serpiente y de su linaje, Mar??a deb??a estar exenta de todo dominio del pecado. Y esto desde el primer momento de su existencia.

A este respecto, la enc??clica Fulgens corona, publicada por el Papa P??o XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definici?n del dogma de la Inmaculada Concepci?n, argumenta as??: ?Si en un momento determinado la sant??sima Virgen Mar??a hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepci?n por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habr??a ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por m?s breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradici?n primitiva hasta la solemne definici?n de la Inmaculada Concepci?n, sino m?s bien cierta servidumbre? (MS 45 [1953], 579).

La absoluta enemistad puesta por Dios entre la mujer y el demonio exige, por tanto, en Mar??a la Inmaculada Concepci?n, es decir, una ausencia total de pecado, ya desde el inicio de su vida. El Hijo de Mar??a obtuvo la victoria definitiva sobre Satan?s e hizo beneficiaria anticipadamente a su Madre, preserv?ndola del pecado. Como consecuencia, el Hijo le concedi? el poder de resistir al demonio, realizando as?? en el misterio de la Inmaculada Concepci?n el m?s notable efecto de su obra redentora.

3. El apelativo llena de gracia y el Protoevangelio, al atraer nuestra atenci?n hacia la santidad especial de Mar??a y hacia el hecho de que fue completamente librada del influjo de Satan?s, nos hacen intuir en el privilegio ?nico concedido a Mar??a por el Se?or el inicio de un nuevo orden, que es fruto de la amistad con Dios y que implica, en consecuencia, una enemistad profunda entre la serpiente y los hombres.

Como testimonio b??blico en favor de la Inmaculada Concepci?n de Mar??a, se suele citar tambi?n el capitulo 12 del Apocalipsis, en el que se habla de la ?mujer vestida de sol? (Ap 12, 1). La ex?gesis actual concuerda en ver en esa mujer a la comunidad del pueblo de Dios, que da a luz con dolor al Mes??as resucitado. Pero, adem?s de la interpretaci?n colectiva, el texto sugiere tambi?n una individual cuando afirma: ?La mujer dio a luz un hijo var?n, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro? (Ap 12, 5). As??, haciendo referencia al parto, se admite cierta identificaci?n de la mujer vestida de sol con Mar??a, la mujer que dio a luz al Mes??as. La mujer?comunidad esta descrita con los rasgos de la mujer?Madre de Jes?s.

Caracterizada por su maternidad, la mujer ?est? encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz? (Ap 12, 2). Esta observaci?n remite a la Madre de Jes?s al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25), donde participa, con el alma traspasada por la espada (cf. Lc 2, 35), en los dolores del parto de la comunidad de los disc??pulos. A pesar de sus sufrimientos, est? vestida de sol, es decir, lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relaci?n esponsal de Dios con su pueblo.

Estas im?genes, aunque no indican directamente el privilegio de la Inmaculada Concepci?n, pueden interpretarse como expresi?n de la solicitud amorosa del Padre que llena a Mar??a con la gracia de Cristo y el esplendor del Esp??ritu.

Por ultimo, el Apocalipsis invita a reconocer mas particularmente la dimensi?n eclesial de la personalidad de Mar??a: la mujer vestida de sol representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la sant??sima Virgen, en virtud de una gracia singular.

4. A esas afirmaciones escritur??sticas, en las que se basan la Tradici?n y el Magisterio para fundamentar la doctrina de la Inmaculada Concepci?n, parecer??an oponerse los textos b??blicos que afirman la universalidad del pecado.

El Antiguo Testamento habla de un contagio del pecado que afecta a ?todo nacido de mujer? (Sal 50, 7; Jb 14, 2). En el Nuevo Testamento, san Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Ad?n, ?todos pecaron? y que ?el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenaci?n? (Rm 5, 12. 18). Por consiguiente, como recuerda el Catecismo de la Iglesia cat?lica, el pecado original ?afecta a la naturaleza humana?, que se encuentra as?? ?en un estado ca??do?. Por eso, el pecado se transmite ?por propagaci?n a toda la humanidad, es decir, por la transmisi?n de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales? (n. 404). San Pablo admite una excepci?n de esa ley universal: Cristo, que ?no conoci? pecado? (2 Co 5, 21) y as?? pudo hacer que sobreabundara la gracia ?donde abundo el pecado? (Rm 5, 20).

Estas afirmaciones no llevan necesariamente a concluir que Mar??a forma parte de la humanidad pecadora. El paralelismo que san Pablo establece entre Ad?n y Cristo se completa con el que establece entre Eva y Mar??a: el papel de la mujer, notable en el drama del pecado, lo es tambi?n en la redenci?n de la humanidad.

San Ireneo presenta a Mar??a como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la econom??a de la salvaci?n exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Ad?n, tambi?n Mar??a, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera as?? m?s apta para cooperar en la redenci?n.

El pecado, que como torrente arrastra a la humanidad, se detiene ante el Redentor y su fiel colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y Mar??a es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los m?ritos del Salvador.

Fuente:ACI

Facebook comments: