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El Predicador del Papa pide el don de un padre y una madre para los ni?os del mundo

Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del pr?ximo domingo

ROMA, viernes, 29 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia de la Misa del pr?ximo domingo, de la Sagrada Familia: Jes?s, Mar??a y Jos?.


Domingo despu?s de Navidad: Fiesta de la Sagrada Familia

I Samuel 1, 20-22.24-28; I Juan 3, 1-2.21-24; Lucas 2, 41-52

Sobre la familia

?Hijo, ?por qu? nos has tratado as??? Mira que tu padre y yo te busc?bamos angustiados?. En estas palabras de Mar??a vemos mencionados los tres componentes esenciales de una familia: el padre, la madre, el hijo. No podemos este a?o hablar de la familia sin tocar el problema que en estos momentos m?s agita a la sociedad y preocupa a la Iglesia: los debates parlamentarios sobre el reconocimiento de las parejas de hecho.

No se puede impedir que el Estado busque dar respuesta a situaciones nuevas presentes en la sociedad, reconociendo algunos derechos civiles a personas tambi?n del mismo sexo que han decidido vivir juntas sus propias vidas. Lo que importa a la Iglesia -y deber??a importar a todas las personas interesadas en el bien futuro de la sociedad- es que esto no se traduzca en un debilitamiento de la instituci?n familiar, ya muy amenazada en la cultura moderna.

Se sabe que la forma m?s efectiva de agotar una realidad o una palabra es la de dilatarla y banalizarla, haciendo que abrace cosas diferentes y entre s?? contradictorias. Esto ocurre si se equipara la pareja homosexual al matrimonio entre el hombre y la mujer. El sentido mismo de la palabra ?matrimonio? -del lat??n, funci?n de la madre (matris)- revela la insensatez de tal proyecto.

No se ve, sobre todo, el motivo de esta equiparaci?n, pudi?ndose salvaguardar los derechos civiles en cuesti?n tambi?n de otras maneras. No veo por qu? esto deber? sonar a un l??mite y ofensa a la dignidad de las personas homosexuales, hacia quienes todos sentimos el deber de respetar y amar, y de quienes, en algunos casos, conozco personalmente su rectitud y sufrimiento.

Lo que estamos diciendo vale con mayor raz?n para el problema de la adopci?n de ni?os por parte de parejas homosexuales. La adopci?n por parte de ?stas es inaceptable porque es una adopci?n en exclusivo beneficio de los adoptantes, no del ni?o, que bien podr??a ser adoptado por parejas normales de padre y madre. Hay muchas que esperan hacerlo desde hace a?os.

Las mujeres homosexuales tambi?n tienen, se hace observar, el instinto de la maternidad y desean satisfacerlo adoptando a un ni?o; los hombres homosexuales experimentan la necesidad de ver crecer una joven vida junto a ellos y quieren satisfacerla adoptando a un ni?o. Pero ?qu? atenci?n se presta a las necesidades y a los sentimientos del ni?o en estos casos? Se encontrar? con que tiene dos madres o dos padres -en lugar de un padre y una madre-, con todas las complicaciones psicol?gicas y de identidad que ello comporta, dentro y fuera de casa. ?C?mo vivir? el ni?o, en el colegio, esta situaci?n que le hace tan diferente de sus compa?eros?

La adopci?n es trastornada en su significado m?s profundo: ya no es dar algo, sino buscar algo. El verdadero amor, dice Pablo, ?no busca el propio inter?s?. Es verdad que tambi?n en las adopciones normales los progenitores adoptantes buscan, a veces, su bien: tener alguien en quien volcar su amor rec??proco, un heredero de sus esfuerzos. Pero en este caso el bien de los adoptantes coincide con el bien del adoptado, no se opone a ?l. Dar en adopci?n un ni?o a una pareja homosexual, cuando ser??a posible darlo a una pareja de padres normales, no es, objetivamente hablando, hacer su bien, sino su mal.

El pasaje del Evangelio de la festividad termina con una escena de vida familiar que permite entrever toda la vida de Jes?s desde los doce a los treinta a?os: ???l baj? con ellos a Nazaret y sigui? bajo su autoridad. Su madre iba guardando todas estas cosas en su coraz?n. Y Jes?s iba creciendo en sabidur??a, en edad y en gracia ante Dios y los hombres?. Que la Virgen obtenga a todos los ni?os del mundo el don de poder, tambi?n ellos, crecer en edad y gracia rodeados del afecto de un padre y de una madre.

[Traducci?n del italiano realizada por Zenit]

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