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Beagle: Un libro destaca los frutos de la paz

Juan Pablo II mediador en el conflicto entre la Argentina y ChileBuenos Aires, 27 Nov. 09 (AICA) En el acto se presentó el libro “Los frutos de la paz. La mediación de Su Santidad Juan Pablo II en el diferendo austral entre Argentina y Chile”, editado por la UCA y la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires.

Ese libro recoge las exposiciones realizadas en una jornada sobre el desarrollo de la mediación papal en ese conflicto, que se realizó en la UCA el 16 de octubre de 2008, y en la cual expuso, entre otros, monseñor Faustino Sainz Muñoz, principal colaborador del cardenal Antonio Samoré en la mediación y actual nuncio en Gran Bretaña.

El libro fue coordinado por Marcelo Camusso y Luis Saguier Fonrouge.

Al abrir el acto, el rector de la UCA, monseñor Alfredo Zecca, lo estimó un justo homenaje a la paz y señaló las consecuencias terribles que hubiera tenido una guerra. Ubicó los esfuerzos desplegados en la mediación papal en lo que llamó “apostolado de la consolación” y expresó que se trata algo que “la historia de ambos pueblos hermanos nunca ha de olvidar por la magnitud de los beneficios de la paz”. La aplicación del Tratado de Paz y Amistad, dijo, dio lugar a cantidad de vínculos de colaboración en todos los niveles, incluso en algunos que eran “tabù”, como la defensa, donde la confianza mutua abrió paso a colaborar en misiones de paz en el orden internacional.

El nuncio, monseñor Adriano Bernardini, dijo que la historia es realmente “maestra de la vida”, si bien, generalmente, esta “maestra” es seguida por pocos alumnos. Invita a recordar, a reflexionar y enseña a no repetir cuanto no ha dado buenos resultados y “a estar, en cambio, animnados a seguir a personas o acontecimientos que han hecho crecer a la humanidad en el bien”.

El nuncio señaló que la historia como acto de fe en un Ser Supremo, que quiere el bien del hombre, es también “un gran acto de esperanza”. Estimó que sólo si logra someterse al “martirio de la paciencia, de la espera” el ser humano logrará recordar, examinar y reflexionar y, por último, “aprender de los acontecimientos de la historia, mientras el Ser Infinito entra de tal forma en la historia y El mismo se hace historia con la humanidad”.

Monseñor Bernardini leyó una bendición del Santo Padre, enviada por el cardenal Tarcisio Bertoni, secretario de Estado de su Santidad. En el mensaje, el Papa “pide a Dios que la nobleza de corazón y altura de miras que inspiraron las negociaciones para resolver el diferendo suscitado en la zona austral, impulse al querido pueblo argentino y chileno a fomentar en todo momentos la convivencia pacífica, el respeto recíproco, así como el rico patrimonio espiritual, cultural y moral común a ambos países”.

El ex canciller y presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), Adalberto Rodríguez Giavarini, presentó una cuidada síntesis del contenido de los trabajos recogidos en el libro. Lo calificó como una obra que al conmemorar los 30 años de la decisión de Juan Pablo II de mediar en el conflicto entre la Argentina y Chile, “constituye un aporte trascente a la memoria colectiva de los pueblos y enciende en ellos el noble impulso del agradecimiento a la Providencia Divina que hizo posible no solamente evitar la guerra y la muerte, sino edificar un destino conjunto de paz y de compromiso por una vida más plena para amobs países”.

“Vista desde hoy toda la acción desplegada –expresó Rodríguez Giavarini-, resulta sobrecogedor observar cómo las decisiones tomadas, los caminos elegidos, las personas involucradas fueron inscribiéndose en un plan sólo perceptible luego de que la acción del Espíritu Santo lo hiciera posible.”

Luego, el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, se refirió a su estudio “El Tratado de paz y amistad entre Argentina y Chile. Cómo se gestó y preservó la mediación de Juan Pablo II”, que acaba de editar Agape Libros, con prólogo del cardenal Jorge Bergoglio.

“La mediación del Papa no cayó del cielo por arte de magia”, dijo monseñor Giaquinta. Entre quienes intentaron persuadir a Juan Pablo II de intervenir para evitar la inminente guerra y procurar una solución pacífica, mencionó a los episcopados de ambos países, a las nunciaturas en Buenos Aires y en Santiago, a los dos gobiernos, al gobierno de los Estados Unidos y quizá a algunos gobiernos más. Pero subrayó de modo especial “la acción decisiva llevada a cabo por el cardenal Raúl Francisco Primatesta, arzobispo de Córdoba y presidente de la Conferencia Episcopal Argetnina”. Destacó su “santa obstinación”para motivar al Papa a intervenir, sin la cual, estimó, “muy probablemente la guerra habría estallado y todavía hoy estaríamos llorando sus desastrosas consecuencias”.

Luego se entregaron medallas y diplomas a quienes fueron miembros de la delegación argentina: los embajadores  Guillermo Moncayo, Hortensia Gutiérrez Posse y Susana Ruiz Cerutti, y a la señora Elsa Pravetoni, por su apoyo a la delegación en todo el proceso de la mediación.

Entre otros, estuvieron presentes el canciller de las academias pontificias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo; el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Antonio Marino; el secretario de la Nunciatura, monseñor Robert Murphy; Norberto Padilla, Carlos Custer, Santiago de Estrada, Elsa Kelly, Miguel Angel Espeche Gil, José Antonio Romero Feris, Luis Mendiola, Roberto Bosca, Horacio Reggini, Hernán Santiváñez Vieyra, Vilma Nora Alí, María Cristina Guzmán, Teresa Bacquerin  de Ricitelli, los presbíteros  Fernando Gianetti y Enrique Saguier Fornouge, y el padre Alberto Saguier Fonrouge OP.+

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