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Mensaje del obispo por la Navidad

viernes, 18 de diciembre de 2009 Eclesia.info “Navidad no es sólo el nacimiento del Señor, debe ser también nuestro nacimiento, y puede ser el nacimiento de muchos jóvenes y adolescentes, que necesitan aun nacer”.Así se expresa el obispo Jorge Lugones en su mensaje de Navidad para toda la diócesis. El 24 de diciembre, en tanto, el titular diocesano presidirá la misa de Nochebuena en la parroquia La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo (Carlos Spegazzini), desde las 22.

Mensaje de Navidad

del Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora, Mons. Jorge Rubén Lugones

“María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18).

Querida Comunidad diocesana: María ha escuchado al enviado de Dios: porque no hay nada imposible para Dios: “cuenta conmigo”. María la joven-adolescente de Nazaret, está abierta al amor de Dios, ella quiere consagrarse al altísimo, sin embargo, acepta ser la esposa de José, como dice San Jerónimo: para que los judíos no la apedreasen como adúltera. María embarazada y en soledad, sólo ella conoce la gran noticia. Desearíamos escuchar a María: “cuenta conmigo, ¡Oh Altísimo, mi Dios y mi todo!”. José es hombre de bien y decide no denunciarla, alejarse en secreto. María ha dado su sí a Dios, José, no puede entender, ha confiado en María, prefiere tomar distancia, “y mientras pensaba, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José hijo de David no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo”. Desearíamos escuchar a José: ante el desconcierto y la angustia, no duda del Señor. José hombre piadoso, de inmediato en oración improvisa una beraka, que es una oración breve de petición a Dios: “cuento contigo: ¡Oh Señor de los Patriarcas!, Dios de mi pueblo, cuenta en todo lo que te pueda ser útil una criatura, cuenta conmigo”. Cuando la mujer está próxima al parto rompe la bolsa, o el médico ayuda, porque esta cercano el nacimiento, va a dar a luz. Si contamos con Dios, podemos salir y romper la bolsa, como el que va a nacer: romper la bolsa de mirarme a mí mismo, romper la bolsa de tantas soledades, y animarme a salir, a ver la verdadera luz desde la otra vereda: cuenta conmigo. Enfrentar la vida como para muchos jóvenes de hoy, no es fácil, sobre todo cuando tenemos problemas, agresiones y violencia, que parecen sin solución, tenemos conflictos, que no sabemos cómo encararlos. La actitud de María es la confianza en Dios, la actitud de José es escuchar a Dios. Esta contemplación de la angustia de María, del dolor de José, también es la de tantos chicos y chicas, que hoy no encuentran quien los pueda escuchar, alentar, acompañar; cuando los desalientos, las dudas, las incomprensiones, no les dejan romper la bolsa, y se les cierran los caminos para ver la luz.

El Señor está cerca de cada uno, pero muchas veces necesitamos que alguien nos lo diga: ¡cuenta con Dios!, el te ama, está cerca, y mientras te convences, y andas tu camino de encuentro: ¡cuenta conmigo! Y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. Dios con nosotros, también rompe la bolsa, y aunque pareciera que ya no hay lugar en nuestros corazones ocupados, satisfechos, atrincherados en nuestras seguridades, nos viene a decir: en mi corazón humano y divino siempre hay lugar, ¡cuenta conmigo! Él es quien acampó entre nosotros y está al lado del Padre, el que nos ha mostrado a Dios tal cual es, como “gracia y verdad”. Verdad quiere decir: “Dios es así”; y gracia quiere decir: “Dios es amor puro y gratuito”. Ha querido venir hoy al mundo, al mundo que él ha creado y que le pertenece, y nos podría preguntar ¿cuento contigo? Hay muchos adolescentes y jóvenes que lo conocen porque algo han oído, otros nunca escucharon hablar de Él, otros no lo aceptan, porque les hemos mostrado una imagen tan lejana… y hoy podríamos decirles: está cerca tuyo, se hizo niño siendo Dios, Él sí que te comprende… Como mamás, abuelas, padres, formadores, docentes, queremos reflexionar y también nosotros: “romper la bolsa”, y nacer a -la escucha- para con nuestros niños y adolescentes, hablarles bien, sin gritos y sin cansarnos, pues la semilla plantada, con el viento de Dios, no sabemos en qué momento dará su fruto. Nacer a -la paciencia- que es no solo aguante, sino que debería ser también compasión, padecer con el otro, y muchas veces, ponerme en su lugar. A la tolerancia, que es soportar a pie firme, y resistir. A la indulgencia, que sería el perdón y porque no, la dulzura (en latín indulgo es: conceder, e indulco: es hablar con dulzura). Recordamos aquel dicho del “Papa bueno: Juan”: “verlo todo, disimular mucho y corregir poco” (y -lo preciso- decían en mi casa). En este “Año Sacerdotal”, en que toda la Iglesia reza por nosotros sus pastores, podríamos examinar: cómo hemos acompañado nuestra prioridad diocesana, si hemos animado a nuestros adultos en esta misión, con qué creatividad lo estamos realizando, cuál ha sido nuestra acogida cordial a los nuevos adolescentes y jóvenes, que quieren integrar nuestras comunidades. Navidad no es sólo el nacimiento del Señor, debe ser también nuestro nacimiento, y puede ser el nacimiento de muchos jóvenes y adolescentes, que necesitan aun nacer, existir, tener un lugar, una identidad, un sueño… un gesto de cercanía: Hay muchos que no cuentan con nadie. Debiera ser un acontecimiento extraordinario y único: ¿Qué debemos romper nosotros para nacer a los demás, para nacer con los demás, para que otros puedan reconocerse como amados y queridos? Que puedan también ellos experimentar, que unas manos abiertas los reciben, unos labios sonrientes los besan, unos brazos cercanos les dan el calor perdido… una palabra de ternura les acaricia el oído. Navidad es donación, entrega, ofrecimiento, romper la bolsa me pone a tiro del hermano, nacer a la luz del Amor de Dios, me hace reconocerme desde mi pobreza para que cuenten conmigo: con lo que soy y lo que tengo. ¡Señor que la ternura creadora de tu Palabra, en el respetuoso silencio de la noche, siga dando calor a la humilde carne, pues el bien no hace ruido, y el Espíritu, es capaz de recrear la esperanza! ¡Muy Feliz Navidad para todos! .-

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