Papa Francisco

Auspiciantes

Biblia

Rezo del Rosario

Publicidad

Recién Escritos

Categorias

Suscribir newspaper

Sindicación

Facebook

Twitter

Mons. Romanín rechazó la legalización de las uniones homosexuales

Río Gallegos (Santa Cruz), 30 Dic. 09 (AICA) Gracias a la intervención de la gobernadora fueguina Fabiana Ríos, Alex Freyre y José María Di Bello formalizaron una unión homosexual

Gracias a la intervención de la gobernadora fueguina Fabiana Ríos, Alex Freyre y José María Di Bello formalizaron una unión homosexual El obispo de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanín, rechazó hoy que se haya concretado en Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, el primer “casamiento” entre personas del mismo sexo del país, al advertir que “una unión homosexual cambiaría radicalmente lo que hoy entendemos por familia: padre, madre e hijos”, y subrayar que la consecuencia “inevitable” del reconocimiento legal de esas uniones es “la redefinición del matrimonio”.

“El no reconocer las uniones homosexuales no deja de lado todos los derechos que la sociedad le reconoce a cada uno de estos individuos, por lo que es falso que se diga que tienen menos derechos civiles que otros. Los derechos fundamentales de toda persona deben ser respetados”, indicó en un comunicado.

El prelado, con jurisdicción eclesiástica en la provincia de Tierra del Fuego, aclaró además que “el respeto a estas personas no implica el legalizar sus actos”, y exhortó a “pensar en las generaciones venideras, como los niños, crecerán pensando que esta conducta homosexual es natural, especialmente si lo hacen en un ‘hogar’ homosexual”.

Asimismo, recordó que “en las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia. Estas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana”, y aseguró que “en dichas uniones no sólo se niega la posibilidad de la procreación, sino que ante una posible adopción, se le estaría negando al niño la experiencia de la maternidad y de la paternidad”.

Monseñor Romanín dijo también que “llama la atención que no se haya permitido dar un debate prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia y, en cambio, se haya hecho todo silenciosa y sorpresivamente”, y consideró que “esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio precedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica”.

“Como Iglesia, llamamos la atención a todos los católicos, sobre todo a los que están involucrados en la política, especialmente a aquellos que ejercen funciones en los poderes del Estado, recordándoles que resulta un acto inmoral grave el hecho de que un católico apoye la legalización de las uniones homosexuales”, aseveró.

Por último, monseñor Romanín sostuvo que “reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría convertirlo en un anti-modelo para la sociedad actual, ya que rechaza valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad”, y precisó que “la Iglesia pide recuperar el respeto por la familia, ‘lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado’”.

Texto completo del comunicado

Como es de público conocimiento, nos acercamos a toda nuestra Diócesis de Río Gallegos para aclarar algunos conceptos referentes a la legalización de las uniones homosexuales desde la Doctrina de la Iglesia, subrayada en este último tiempo por el Episcopado Argentino.

“El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas. Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades específicas. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación: el hombre, imagen de Dios, ha sido creado ‘varón y hembra’ (Gn 1, 27)”. El hombre y la mujer son iguales, tienen los mismos derechos y son complementarios.

“El matrimonio, además, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comunión de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual. ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne’ (Gn 2, 24). “Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: ‘Sean fecundos y multiplíquense’ (Gn 1, 28). En el designio del Creador, complementariedad de los sexos y apertura a la procreación pertenecen a la naturaleza misma de la institución del matrimonio. (CIC 1603-1605)

Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).

En contraste con lo mencionado previamente y de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘Los actos homosexuales, en efecto, cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual.” (CIC 2357)

Es necesario aclarar que el respeto a estas personas no implica el legalizar sus actos. Debemos pensar en las generaciones venideras, como los niños, crecerán pensando que esta conducta homosexual es natural, especialmente si lo hacen en un “hogar” homosexual.

Pedimos a la sociedad promulgar leyes de acuerdo con el orden moral y al respeto de los derechos inalienables de cada persona. Como dice Santo Tomás de Aquino: “Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón”. Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo.

En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. En dichas uniones no sólo se niega la posibilidad de la procreación, sino que ante una posible adopción, se le estaría negando al niño la experiencia de la maternidad y de la paternidad. “En toda adopción legítima se procede en base a la consigna “la cual no consiste en buscar un niño para un hogar, sino encontrar una familia para ese niño.” (CEA, Directorio Pastoral Familiar, nº 178, a)

La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La pareja heterosexual dentro de la familia ejerce un rol procreativo y un rol educativo. Una unión homosexual cambiaría radicalmente lo que hoy entendemos por familia: padre, madre e hijos. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio.

“Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son, por lo tanto, de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común”. “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, Congregación para la Doctrina de la Fe, 3 de junio de 2003)

Por otro lado, el no reconocer las uniones homosexuales no deja de lado todos los derechos que la sociedad le reconoce a cada uno de estos individuos, por lo que es falso que se diga que tienen menos derechos civiles que otros. Los derechos fundamentales de toda persona deben ser respetados.

Nos llama la atención que no se haya permitido dar un debate prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia y, en cambio, se haya hecho todo silenciosa y sorpresivamente. Esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio precedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica.

Como Iglesia, llamamos la atención a todos los católicos, sobre todo a los que están involucrados en la política, especialmente a aquellos que ejercen funciones en los poderes del Estado, recordándoles que resulta un acto inmoral grave el hecho de que un católico apoye la legalización de las uniones homosexuales.

Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría convertirlo en un anti-modelo para la sociedad actual, ya que rechaza valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia pide recuperar el respeto por la familia, “lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado.” (“Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, CEA, 14 noviembre 2008)

En la fiesta de la Sagrada Familia, celebrada el domingo último, hicimos nuestra la oración de la Misa pidiéndole a Jesús, a María y a José nos concedan imitar sus virtudes domésticas y unidos por el vínculo de la caridad, lleguemos a gozar de los premios eternos del cielo. Y pedimos a los santos mártires inocentes que nos den la valentía y la audacia de defender siempre la Buena Noticia del Evangelio.+

Facebook comments: