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La lluvia no impidió la magia

Melchor, Gaspar y Baltasar volvieron a despertar la ilusión en Banfield

Como cada cinco de enero, los Reyes Magos regresaron a las calles de la localidad lomense para contagiar de alegría y emoción a los cientos de vecinos que allí los esperaban. El desfile, que transcurrió bajo una tupida lluvia de agua y caramelos por la calle Maipú, culminó frente a la Basílica Sagrada Familia de Nazareth, donde las familias disfrutaron de un espectacular show de fuegos artificiales.


La lluvia amenazó hasta último momento y finalmente llegó. La noche asomaba oscura y tormentosa. Pero ellos, acostumbrados a la adversidad, no se rindieron. Y así como aquella vez atravesaron el desierto siguiendo el camino de la estrella de Belén, esta vez ignoraron los nubarrones oscuros y, pese a los rayos que iluminaban el cielo y el agua que caía tupida, emprendieron viaje hasta llegar a destino: Banfield.

Allí llegaron los tres una vez más. Melchor para regalar sonrisas y abrazos, Gaspar para invitar a todos a soñar y Baltasar para cubrir de magia a la multitud que este año se acercó para recibirlos.

El tradicional recorrido comenzó a las 21 sobre la calle Alem, del otro lado de la estación, para continuar por la transitada calle Maipú, inundada de cabecitas expectantes por su llegada, hasta llegar a su intersección con Pueyrredón, donde se sitúa la Iglesia Sagrada Familia de Nazareth.

“Ahí están, vienen, vienen”, gritó Leandro, de 5 años y unos ojos pardos que, sin embargo, brillaban con euforia ante la cercanía de los tres monarcas.

Y ante la mirada de grandes emocionados y de chicos felices, el camión real (en el que logran transformar la camioneta de soda que los traslada) pronto se vislumbraba en la avenida Alsina hasta que la magia estalló.

Gritos, sonrisas y mensajes para los Reyes se mezclaban en el aire banfileño, mientras que también sumaba el ruido de los truenos y de la sirena del camión de bomberos que los acompañaba y que sonaba cada vez que el rodado que los trasladaba se detenía o avanzaba.

Una vez atravesada la vía rápida, el estallido de las cientos de personas que los esperaban se hizo sentir. Y así, mientras Melchor -de túnica verde- arrojaba golosinas, Gaspar -de rojo y celeste- saludaba a los pequeños y posaba junto a ellos para las fotos. El negro de los tres reyes -que vestía un traje violeta- mágicamente llamaba a los pequeños por su nombre ante el asombro de los demás niños y, por supuesto, la complicidad de los mayores.

Y así como la lluvia no se hizo esperar, tampoco demoró la estruendosa precipitación de caramelos de todos los gustos y colores que eran arrojados por los reyes, pero parecían caer del cielo junto a la lluvia, ante la mirada atónita de los pequeños. “Llueven caramelos”, festejaba Ezequiel, de 3 años, mientras su mamá Sandra le sacaba fotos. “Es maravillosa la visita de los Reyes a Banfield. Los esperamos con mucha alegría porque sabemos que le regalan un momento de gran felicidad a los chicos y también a los grandes, que nos regocijamos de verlos así”, apuntó la mujer a Info Región.

Es que, como hacen desde hace doce años, los vecinos de Banfield los recibieron con los brazos abiertos, aunque no tanto como su corazón. “Sin ellos la víspera de Reyes sería distinta, son fantásticos”, expresó Martina, de 30 años.

La alegría de los más pequeños y el asombro de los mayores se reavivaron al llegar a la capilla, donde de repente la calle se iluminó. Los tres reyes alzaron sus brazos y el cielo se llenó de estrellas doradas que explotaban y se abrían en forma circular. Los fuegos de artificio hicieron que la magia se reflejara en los ojos de cada uno de los presentes.

“Mi favorito es Baltazar, me dio un montón de caramelos y mi mamá me sacó una foto”, contaba orgullosa y sonriente Lucía, de 6 años.

Con sus manos ocupadas por decenas de cartas, cada uno de los reyes se ubicó en un rincón de la calle distante ya que eran rodeados por cientos de chicos y de mayores que acercaban a los más pequeños para que estos pudieran pedirles sus deseos.

De repente el cielo comenzó a brillar, las estrellas fueron testigo una vez más de la magia que irradian cada año estos tres reyes magos que, además de alegría, regalan un poco de amor y de esperanza para que la ilusión no muera jamás.

Fuente: InfoRegión

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