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Desgrabación de la homilía pronunciada por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ en ocasión de misa celebrada por las víctimas del terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero de 2010.

Señor Embajador de la República de Haití Excelentísimo Raymond Mathieu, queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio hoy nos pone frente al primer milagro de Jesús. En esta escena tan alegre, como es la de un casamiento, la gente está entretenida charlando, festejando, todo lo que se hace en una fiesta. Sin embargo, a escondidas había un problema. Nadie se daba cuenta pero faltaba el vino. Y ya las jarras se estaban acabando y no había con qué llenarlas. Qué papelón, qué problema.

La Virgen se acerca a Jesús y le dice: mirá el problema. Jesús primero le dice que no es el momento pero le hace caso. Creo que Ella lo había educado de chiquito a mirar la vida de los demás preparando así su corazón humano para ser el hombre que comprende, acompaña, consuela todo dolor y todo problema humano. Y Jesús mira dónde está el problema. Es curioso, después, a lo largo de su vida, siempre encontramos en el Evangelio que Jesús mira a la vera del camino a los que están al borde del camino, a los que se esconden por vergüenza o por miedo. Los que no se animan a estar con los demás porque tienen problemas o porque son leprosos o porque son ciegos o paralíticos, o son pecadores, son considerados como pecadores porque todos somos pecadores.

Y Jesús siempre mira al borde del camino y los llama. Es propio de Jesús esa actitud de mirar a aquellos que están en los extremos en los momentos más duros de la existencia, al borde del camino de la existencia y llamarlos.

Y los ayuda, los cura, los consuela, los fortalece, los hace discípulos suyos. Esa actitud de mirar y acercarse, porque es mirar y acercarse a quien está pasando por problemas, Él nos la enseña a nosotros. En aquella parábola del buen samaritano Jesús no alaba al sacerdote que pasó y dio un rodeo para no mirar el problema en que estaba una persona, no alaba al escriba que pasó y dio un rodeo para no mirar a la persona que estaba allí. Sino alaba a quien se acerca a donde hay un problema y le dice a la gente que lo rodea: hagan ustedes lo mismo, acérquense  donde hay un hermano necesitado, acérquense donde hay un problema. Como la Virgen le señaló dónde había un problema, en el casamiento lo hizo acercar.

¿Y qué nos dice la Virgen, que le dice la Virgen a los que servían la fiesta y a nosotros? “Hagan todo lo que Él les diga.” Y Jesús nos dice: “acercate”. Donde hay una necesidad ahí hay una presencia mía escondida. Soy yo el que estoy sufriendo en esa necesidad, así nos dice el Señor.

Y hoy en esta misa escuchamos que la Virgen nos dice “hagan lo que Él les diga” y Él nos dice “acercate”. No te distraigas, no te hagas el distraído. Mirá a ese pueblo que está sufriendo, a esos hombres y mujeres haitianos, a esos ancianos, a esos niños. Tantos muertos, tantos heridos, tantos que están sufriendo despojados por este tremendo terremoto.

No nos conformemos con leer las noticias del diario o ver por televisión alguna cosa. Acercá tu corazón allí.  “Estoy de vacaciones, no puedo…” Un corazón cristiano nunca está de vacaciones. Siempre está abierto al servicio allí donde hay una necesidad, porque sabe que donde hay una necesidad hay un derecho y este pueblo, por ser hermano nuestro, tiene derecho a nuestra atención.

No sé, cada cual verá cómo acerca su corazón. Dejá alguna diversión, ponete en silencio en oración, hacé alguna penitencia para acompañar el dolor de tu pueblo, private de algo y dalo para que puedan tener alimento, medicina, lo que necesitan. Pero ese pueblo es nuestro hermano. Y mi hermano está allí al borde del camino de la existencia, mi hermano está sufriendo y no me puedo hacer el distraído.

Le pedimos a la Virgen que se meta en nuestro corazón y haga lo que hizo ese día con Jesús:  “mirá, mirá el problema”. “Y a mí qué me va, yo no me meto”, parece que Jesús le decía y Ella lo empuja.

Que nos empuje a hacer algo: oración, penitencia, limosna, despojo de algo que nos guste, que tengamos en favor de los demás.

Con esa caridad que pasa por la mente, el corazón y toca el bolsillo. Miremos a la Virgen que nos mira a nosotros y nos dice “hagan todo lo que Él les dice”. ¿Y qué nos dice Jesús? No des un rodeo para no ver el problema, como hizo el sacerdote y el escriba de la parábola.

Acercate.

Es el dolor de tu hermano, es la llaga de tu hermano.

Compartila y llorá con él.

Catedral Metropolitana, 17 de enero de 2010, ciudad de Buenos Aires, Argentina

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