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Mensaje de Pascua del Obispo de Lomas de Zamora

“¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?
No está aquí, ha resucitado.
Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea”

Lc. 24, 1-12

Querida comunidad diocesana:

1. Hemos andado el duro camino de cuaresma, hemos subido juntos al calvario, y juntos queremos celebrar la alegría de la Pascua.

En un mundo que parece rodearnos de tinieblas con su cultura de la muerte, el Señor de la vida nos llama a ser: “celebrantes de la vida”.

Dios, es el Dios de la Vida no de la Muerte: Dios está en el centro y en lo profundo de la vida, y no en las perdidas orillas de la superficialidad pesimista.

Las mujeres del evangelio van temprano para hacerse cargo del muerto, deben cumplir con la piedad de ungir el cadáver. Como en nuestra sociedad actual, cuántas mujeres tienen que sobrellevar el peso de hacerse cargo de tanto muerto en vida: hijos adictos, nietos abatidos por la desesperanza y sin rumbo, esposos violentos, padres ausentes, sobrinos que desprecian la vida… y siguen subiendo la cuesta aunque sea para acompañar, para contener, para ungir lo que quede, aunque sean despojos humanos. Las mujeres con el ungüento de la ternura en sus manos suben al sepulcro otra vez…

2. El encuentro con los dos seres de blanco, misteriosos como la muerte, las llena de temor y ni siquiera pueden levantar la vista del suelo. Es que la falta de aprecio por la vida ha llegado también a paralizarnos a nosotros, cuántos seguimos mirando el suelo, cuántos son los que nivelan para abajo, aún justificados y atrincherados en un “consenso de conveniencias”, cuántos están en la tiniebla de lo inmediato, ausentes de fe, entonces, aparece la gran ausencia de la vida: de la vida con el Otro, el Resucitado.

El hecho de que sean dos los seres misteriosos de Lucas, indica la exigencia bíblica de que sean dos los testigos para garantizar la validez del hecho . Pero nos está hablando también de nuestras relaciones interpersonales: familiar y comunitaria, de nuestra pertenencia testimonial a la Iglesia.

La visión de los dos hombres con vestiduras deslumbrantes lejos está de brindar paz a las mujeres y despertar en ellas el recuerdo iluminador… ancladas en el olvido . Luego las mujeres recordarán. ¡Acuérdense de lo que les dijo!, y Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y las demás mujeres que las acompañaban, recordaron las palabras de Jesús. Este recurso a la buena memoria, de los momentos vividos con el Señor, del gozo de su presencia, del calor de su cercanía y de su palabra, despiertan el gozo: ellas recordaron. A nosotros nos hace bien recordar los buenos momentos, son motivos de esperanza, recordar el paso misericordioso del Señor por nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra historia…

3. Desde la buena memoria es posible el gran anuncio: la proclamación de la Buena Noticia pascual, ésta despierta la memoria, adormecida por el luto y el llanto: “Recuerden lo que Él les decía cuando estaba aún en Galilea: Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día. Y las mujeres recordaron sus palabras”. El recuerdo del Señor y de sus palabras, las lanza al camino de regreso, con el corazón en la boca, anuncian a los once la buena noticia. Pero los once tampoco esperaban la resurrección y no quieren aceptar sus palabras.

San Lucas parece que quisiera dejar constancia de esta actitud de los apóstoles ante el primer anuncio pascual: no lo toman en serio, cuando el corazón se ahoga en la propia tristeza, en la nostalgia de lo que quisimos y no pudo ser, en la apatía de haberme centrado sólo en mi proyecto, cuando los acontecimientos sólo cuentan de acuerdo a mis deseos, cuando lo demás no interesa, cuando el bien común es un sueño de unos pocos, cuando hablamos de comunidad y no respetamos los espacios y tiempos comunitarios, cuando la familia va olvidando el respeto por la convivencia amasada pacientemente día a día, cuando en el fondo despreciamos la vida, la vida con los otros, pareciera que no nos sacude ni la Pascua, que estamos lejos de la verdadera fe cristiana.

4. Sin embargo, uno, Pedro, se siente tocado por el Espíritu, y se pone en camino: Pedro sin embargo se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse no vio más que las sábanas. Dos actitudes que nos invitan a vivir resucitados: se levantó, es el mismo verbo que se usa para denominar la resurrección: levantarse de entre los muertos. Es decir, Pedro -a quien Jesús confió el sacramento del perdón, como hoy a nuestros sacerdotes- se deja sorprender por el mensaje, el anuncio nos invita a dejarnos sorprender por la misericordia del Señor Resucitado, por su Palabra salvadora.

Ante la tentación fatalista de los que ya no esperan, los que viven la vida solo como una carga, o de los que simplemente duran porque “les va bien”, la Palabra de Dios propone la fe comprometida con el triunfo de la vida y la participación en la resurrección, que es vida en el Señor y con el prójimo.

Y corrió, es la actitud de la esperanza confiada, del que escuchó el anuncio, se dejó sorprender por él, y ahora se compromete, este correr implica la esperanza audaz del encuentro con el resucitado.

5. Qué importante es para nosotros el desafío de la prioridad diocesana: en comprometernos, salir al encuentro y acompañar a nuestros adolescentes y jóvenes. La tarea de acompañar es costosa, pues requiere tiempo, respeto, cercanía, escucha constancia,… y dentro de las diferentes formas de acompañamiento, nos interesa destacar: el acompañamiento personalizado. Esta ha sido la primera evangelización en la iglesia: persona a persona. En este jubileo sacerdotal, que hermosa tarea para nosotros los que participamos del sacramento del orden.

El anuncio pascual al mismo tiempo que nos llena de alegría, si verdaderamente comprendemos lo que significa que la muerte haya perdido su poder, nos debe “poner de pie” nuevamente y animarnos una y otra vez, con confianza, a asumir una actitud positiva y corresponsable ante la vida.

Entonces (Pedro) volvió lleno de admiración por lo que había sucedido.

Más adelante, el evangelio de Lucas nos aclarará que para llegar a tener fe en el resucitado es necesario un encuentro con Él.

Pedro se llenó de admiración, por lo sucedido, ahora se detiene a reflexionar, la admiración nos ayuda a hacer una alto en la vida, admiración ante la creación, ante la conversión, ante la prueba, ante la gracia inmerecida, ante el perdón de Dios. Siempre nos llevará a ese momento posterior de reflexión para que el camino de la fe se consolide. Pedro no ha visto al resucitado, pero ya tiene una experiencia viva de su encuentro con Él.

Nosotros, madres y padres de familia, catequistas, misioneros, agentes de pastoral, nos detenemos ante el misterio pascual de la muerte y Resurrección del Señor, para reflexionar y llegar a la experiencia viva del Encuentro con Él, para encargarnos de este gozo, del anuncio, con constancia.

Pidamos al Señor de la Vida, que su Reino llegue a nosotros, y que nosotros lo podamos compartir con los cercanos y los más alejados, desde esta alegría que nos trae Jesús Resucitado.

¡Muy felices Pascuas de Resurrección!

+Mons. Jorge Rubén Lugones s.j.
Obispo de Lomas de Zamora

Rivas, Luis Heriberto. Jesús habla a su pueblo: Ciclo “C”. CEA. Buenos Aires, 2000.

Gergolet, José Luis. Una Buena Noticia. Una gran Alegría. Comentarios a los Evangelios del domingo, ciclo “C”. San Benito. Buenos Aires, 2003.

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