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Dar un alma al flujo comunicativo de la red

CIUDAD DEL VATICANO, 24 ABR 2010 (VIS).-El Santo Padre dirigió esta mañana un discurso a los participantes en el congreso “Testigos digitales. Rostros y lenguajes en la era del cruce de los medios de comunicación”, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, cuyo presidente es el cardenal arzobispo de Génova Angelo Bagnasco.

“El tiempo que nos ha tocado vivir se caracteriza por un enorme ensanchamiento de las fronteras de la comunicación”, dijo el Papa. “La red manifiesta, por lo tanto, una vocación abierta, tendencialmente igualitaria y pluralista, pero al mismo tiempo abre una nueva zanja: se habla efectivamente de “digital divide” (brecha digital). Esta brecha separa a los que están dentro de los excluidos y se añade a otras separaciones que ya alejan las naciones tanto unas de otras como en su mismo interior”.

Benedicto XVI observó que así aumentan “los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral bien visibles ya en la flexión del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de las opiniones en las múltiples formas de degradación y de humillación de la  intimidad de la persona. Asistimos a una “polución del espíritu que hace que nuestros rostros sean menos sonrientes y más sombríos”.

Este congreso, en cambio, “apunta a reconocer los rostros, y por ende a superar las dinámicas colectivas que pueden hacernos perder la percepción de la profundidad de las personas y dejarnos sólo sobre su superficie: si eso llega a suceder, se transforman en cuerpos sin alma, objetos de intercambio y consumo”.

“¿Cómo podemos hoy regresar a los rostros? “, se preguntó el pontífice y, citando su encíclica “Caritas in veritate”, afirmó que “los medios pueden ser ocasión de humanización no sólo cuando gracias al desarrollo tecnológico ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y del bien común que refleje sus valores universales”.

Para alcanzar esos objetivos “se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural “.

Solo a esas condiciones, subrayó Benedicto XVI, “el paso histórico que atravesamos puede revelarse rico y fecundo de nuevas oportunidades. (…) Más que por los recursos técnicos, que son necesarios, queremos distinguirnos por habitar este universo con un corazón creyente que contribuya a dar un alma al flujo comunicativo sin interrupción de la red”.

“Esta es nuestra misión, la misión irrenunciable de la Iglesia”, concluyó el Santo Padre. “La tarea de todo creyente que trabaja en los medios es “allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo “digital” los signos necesarios para reconocer al Señor”.

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