Papa Francisco

Auspiciantes

Publicidad

Recién Escritos

Categorias

Facebook

Twitter

Benedicto XVI: La misión, tarea improrrogable del cristiano

Benedicto XVI terminó su viaje a Portugal con una misa en OportoOporto (Portugal), May. 10 (AICA) La cuarta y última jornada de Benedicto XVI en tierras portuguesas transcurrió en Oporto, donde llegó a las 9.30 en helicóptero procedente de Fátima. El Papa fue recibido por el obispo diocesano, monseñor Manuel Macario do Nascimiento Clemente, junto con el alcalde de esta ciudad y el Jefe del Estado Mayor del Ejército portugués.

Desde el helipuerto del cuartel de Serra do Pilar, el Santo Padre se dirigió en papamóvil al palacio municipal, en cuya plaza de la Avenida de los Aliados celebró la última Misa.
En la homilía, Benedicto XVI dijo que “la ‘desproporción’ entre las fuerzas en el campo que hoy nos asusta, hace ya dos mil años sorprendía a quienes veían y escuchaban a Cristo. Estaba sólo Él, desde la orilla del Lago de Galilea hasta las plazas de Jerusalén, solo o casi solo en los momentos decisivos: Él en unión con el Padre, Él en la fuerza del Espíritu. Y sin embargo, al final, sucedió que del mismo amor que ha creado el mundo, se produjo la novedad del Reino como pequeña semilla que germina de la tierra, como chispa de luz que irrumpe en las tinieblas, como alba de un día sin ocaso: Es Cristo resucitado. Y se apareció a sus amigos, mostrándoles la necesidad de la cruz para llegar a la resurrección”.
Tras destacar las palabras de Pedro: “Conviene, pues, que uno sea constituido testigo con nosotros de su resurrección”, Benedicto XVI explicó que él, en su papel de actual Sucesor de Pedro, repite a cada uno de ellos lo mismo: “Hermanos y hermanas míos, es necesario que sean conmigo testigos de la resurrección de Jesús. En efecto, si ustedes no son sus testigos en su ambiente, ¿quién lo será en su lugar? El cristiano es, en la Iglesia y con la Iglesia, un misionero de Cristo enviado al mundo. Ésta es la misión improrrogable de cada comunidad eclesial: recibir de Dios y ofrecer al mundo a Cristo resucitado, a fin de que toda situación de debilitamiento y de muerte sea transformada, mediante el Espíritu Santo, en ocasión de crecimiento y de vida.
El Papa afirmó que “nada imponemos, pero siempre proponemos -tal como recomienda Pedro en una de sus cartas. Den culto al Señor en sus corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pida la razón de su esperanza”. Y todos, al final, nos la piden, incluso los que parecen no pedirla. “Por experiencia personal -ha proseguido Benedicto XVI- sabemos bien que es Jesús aquel a quien todos esperan.
“En efecto -dicho el Papa- las más profundas expectativas del mundo y las grandes certezas del Evangelio se cruzan en la irrecusable misión que nos compete, porque sin Dios el hombre no sabe adónde ir y ni siquiera logra comprender quién es. Frente a los enormes problemas del desarrollo de los pueblos que casi nos impulsan al desaliento y a la rendición, nos viene en ayuda la palabra del Señor Jesucristo, que nos hace concientes de que: ‘Separados de Él no podemos hacer nada’”.

Después de recordar que esta certeza nos consuela y tranquiliza, el Papa dijo también que “no nos exime de salir al encuentro de los demás”. Por eso ha afirmado que “debemos vencer la tentación de limitarnos a lo que aún tenemos, o creemos tener”, porque sería un “morir a plazos, en cuanto la presencia de la Iglesia en el mundo, la cual, por otra parte, sólo puede ser misionera en el movimiento difusivo del Espíritu.

“En estos últimos años, ha cambiado el marco antropológico, cultural, social y religioso de la humanidad. Hoy la Iglesia está llamada a afrontar nuevos desafíos y está dispuesta a dialogar con culturas y religiones diversas, tratando de construir, junto a toda persona de buena voluntad, la pacífica convivencia de los pueblos. El campo de la misión ad gentes se presenta hoy notablemente ampliado y no definible sólo en base a consideraciones geográficas; en efecto nos esperan, no sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ambientes socio-culturales y, sobre todo, los corazones, que son los verdaderos destinatarios de la acción misionera del pueblo de Dios.
El Santo Padre concluyó su homilía diciendo: “Queridos hermanos y amigos de Oporto, eleven los ojos hacia Aquella que han elegido como patrona de la ciudad, la Inmaculada Concepción. El Ángel de la anunciación saludó a María como ‘llena de gracia’, significando con esta expresión que su corazón y su vida estaban totalmente abiertos a Dios y, por tanto, completamente imbuidos de su gracia. Que Ella los ayude a hacer de ustedes mismos un “sí” libre y pleno a la gracia de Dios, a fin de que sean renovados y puedan renovar a la humanidad a través de la luz y alegría del Espíritu Santo.
Durante la misa, el Papa dirigió un cordial saludo a todos los fieles, la jerarquía eclesiástica y las autoridades presentes, con un pensamiento particular hacia cuantos están implicados en el “dinamismo” de la misión diocesana. Luego, el Santo Padre regresó a la Sacristía en el Palacio del Municipio de Oporto y asomándose al balcón principal saludó a los fieles.
“Me siento feliz de encontrarme entre ustedes y les agradezco el recibimiento festivo y cordial que me dispensaron en Porto, la ‘Ciudad de la Virgen’. Confío a su protección materna sus vidas y sus familias, sus comunidades e instituciones al servicio del bien común, en particular, las universidades de esta ciudad cuyos estudiantes se reunieron aquí conmigo y me manifestaron su gratitud y su adhesión al magisterio del Sucesor de Pedro. Gracias por su presencia y por el testimonio de fe”.
El Papa pidió en Fátima un porvenir más fraterno y solidario

Benedicto XVI se despidió de Portugal, desde el aeropuerto internacional de Oporto, dando las gracias por “la cordialidad y la acogida afectuosa, el calor y la espontaneidad que han consolidado los vínculos de comunión en los encuentros con los distintos grupos que he podido encontrar”.

“A todos los portugueses, católicos o no, a los hombres y mujeres que viven aquí, aunque no hayan nacido aquí”, el Papa les pidió que no deje de crecer entre ustedes “la concordia, que es esencial para una sólida cohesión, y camino obligado para afrontar con responsabilidad común los desafíos que tienen por delante”.
“Que esta gloriosa Nación -prosiguió- siga manifestando su grandeza de alma, su profundo sentido de Dios, su apertura solidaria, guiada por principios y valores impregnados por el humanismo cristiano”.
El Pontífice recordó que en Fátima, rezó “por el mundo entero, pidiendo que el porvenir nos depare una mayor fraternidad y solidaridad, un mayor respeto recíproco y una renovada confianza y familiaridad con Dios, nuestro Padre que está en los cielos”.

“Deseo que mi visita sea un incentivo para un renovado ardor espiritual y apostólico. Que el Evangelio sea acogido en su integridad y testimoniado con pasión por cada discípulo de Cristo, para que sea fermento de auténtica renovación de toda la sociedad”, concluyó.+

Facebook comments: