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Con el Tedeum, la diócesis rezó por la Patria en su Bicentenario

jueves, 20 de mayo de 2010 – Eclesia .info – Con motivo del inicio de los festejos por el Bicentenario de la Patria, el obispo Jorge Lugones presidió el Tedeum esta mañana, en la catedral Nuestra Señora de La Paz, ante la presencia de intendentes de la región (ver última foto), miembros del Poder Judicial local, referentes de organizaciones de la sociedad civil y fieles de la comunidad diocesana.

Homilía del Obispo en el Tedeum del 25 de Mayo
Celebración del Bicentenario de la Patria
Jesús se había sentado frente a las
alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho, pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.” (Evangelio Mc. 12,41-44)
Querida Comunidad:
Queremos celebrar con gozo los doscientos años del nacimiento de la Patria como un don de Dios con este -Te Deum – Acción de gracias, por este entrañable deseo de ser Nación, por sus raíces humanas y religiosas.Por toda nuestra gente, y sus variadas culturas, por las riquezas naturales y por sentirnos un pueblo bendecido por Dios y cuidado por su Madre, la Virgen de Luján. El Te Deum es acción de gracias desde esta convocatoria de la Iglesia, que se ofrece como ámbito de encuentro entre los argentinos. El evangelio que escuchamos, nos enseña a mirar lo importante, lo esencial, Jesús no mira las apariencias, mira el corazón, lo esencial, lo que aparentemente es invisible a los ojos. El Señor debe llamar la atención de sus discípulos que se quedaron en el brillo, en el esplendor de la abundancia, en la apariencia. Entonces enseña y va a lo esencial: a la admiración de lo sencillo, al valor profundo de la entrega, del sacrificio, y no al esplendor pasajero de los que ponían mucho, y con gran estruendo, pero de lo que les sobraba. Todo acontecimiento que nos lleva a recordar nuestra historia y nuestras raíces como pueblo, tiene un contenido de enseñanza y de experiencia agradecida. Enseñanza para no repetir los errores, para saber mirar lo esencial, y la experiencia que se puede convertir en sabiduría, es plena cuando se agradece, pues no sin la paternal providencia de Dios podemos recordar, con gratitud, pero sin lamentos, este bicentenario de la Patria. La Patria nos rememora aquellas gestas emancipadores que hombres y mujeres forjaron con ideales claros, el trabajo honesto y la constancia de muchos por el bien común. Épocas pasadas que tanto esplendor dieron a este oasis del sur latinoamericano, con un corazón magnánimo y fronteras abiertas a todo hombre de buena voluntad como lo narra el Preámbulo de la Constitución Nacional: “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”. Su historia nos habla de los primitivos habitantes, nuestros hermanos de los pueblos originarios, a los que bastante poco hemos escuchado, acompañado y reivindicado. Qué importante sería dar un mayor espacio creativo valorando la interculturalidadad. Herederos de esta historia somos agradecidos a Dios, queremos y deseamos que Argentina salga adelante, pero muchas veces el peso de la realidad nos agobia. La tarea supone un compromiso para hacer fecundo el don recibido. Podemos tener la mirada como los discípulos que veían lo mucho que ponían los ricos, de lo que les sobraba, es decir, quedarnos con el esplendor que fue y que ya no es; como a los discípulos hoy Jesús desde el Evangelio, nos indica que podemos mirar con otros ojos, los ojos de los que hoy ponen todo lo que tienen, que como en el caso de la viuda no es mucho, pero para los que ven es lo esencial. Nosotros también como dirigentes de la sociedad de hoy, deberíamos recordar: “Que lo que vemos no es todo lo que hay”. Esto nos ayudaría a tener horizontes más amplios, más generosos, más comprometidos con el bien común, y nos abriría con sinceridad, al verdadero y costoso encuentro.

Recorriendo tanto el interior del país como el gran Buenos Aires y sus barrios, me he encontrado con muchas personas que como la viuda de este Evangelio lo dan todo… niños de un barrio socorriendo a una abuela ciega y abandonada, le daban hasta la comida en la boca, jóvenes empobrecidos que se juegan la vida sosteniendo sus principios, adultos que honran la cultura del trabajo, docentes que tienen que ser desde agentes sanitarios, hasta servir la comida, consolar, curar y además dar clase, adolescentes que sin temer al que dirán y a las oleadas del facilismo quieren comprometer sus vidas por un futuro mejor, familias que no renuncian a los valores humanos y cristianos, y en ellos forman a sus hijos sin renunciamientos mediáticos, catequistas que nos dan un testimonio de Cristo vivo, padres de familia sin trabajo que no bajan los brazos y cada día buscan con honestidad y sacrificio su pan, abuelos que desde la miseria de una pensión comparten sus medicamentos, mamás y abuelas que cada día enfrentan la vida y se hacen cargo de la vida a contrapelo de una sociedad del éxito, el permisivismo y los logros mágicos… ¡Cuanto de lo esencial tiene nuestro pueblo!, esto no sale en los medios, esto no será noticia, pero para nosotros es la Buena Noticia de Jesús encarnada en nuestra gente, este es nuestro sustrato de Nación. Querida comunidad no podemos quedarnos sólo con el brillo, con la magnificencia que ya pasó, la historia es para recordarla, y saber que también hoy hacemos la historia desde nuestra entrega, desde nuestra amistad, desde nuestro despojo, desde nuestro respeto, desde nuestro sacrificio, todas estas son notas del amor y por tanto nos afianzan en la fraternidad y el encuentro. Dice Jesús que la viuda ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir. Nosotros también queremos ver con otros ojos nuestra propia historia como argentinos, Jesús nos muestra el modo, pidámosle por intercesión de su Madre que se olvidó de sí misma para entregarse por amor a Dios, como madre del pueblo Argentino, que recordemos la historia con gratitud, y nos acordemos que el Señor siempre nos puede ayudar a mirar, un poco mas allá de nuestras propias razones, intenciones, y cálculos, porque nos indicará el modo de ver, con los ojos del Amor que no pasa, que es capaz de trascender nuestra propia historia . En el año del Bicentenario damos gracias a Dios por estos doscientos años de historia y de siembra, todo esto es un acontecimiento de gracia, por eso pedimos como pueblo al Padre: “que nos devuelva a Jesús como autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano… que genere hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria”.Así sea. Mons. Jorge Lugones S.J. Obispo de Lomas de Zamora

Te Deum, en latín, significa “A ti, Dios”, y son las primeras palabras de un cántico. Es considerado uno de los primeros himnos cristianos, tradicional, de acción de gracias. Los cristianos recurren también a él cuando quieren dar gracias, pública y colectivamente, por algún acontecimiento.

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