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Conocer la realidad del otro / Tarea indispensable para el catequista

Perfil psicológico:

El catequista no hace un diagnóstico psicológico de los catequizandos ni debe interpretar sus conductas, para eso, si es necesario, están los especialistas con quienes es conveniente trabajar. El conocimiento psicológico permite saber qué necesita el catequizando, en qué momento y cuál puede ser su respuesta al mensaje de Dios. Permite acercarse al otro para facilitarle su encuentro con Jesús y saber qué exigencias son imposibles de cumplir.

Perfil cultural:

En nuestro país existe una gran variedad cultural. Las costumbres y la religiosidad varían de un lugar a otro. Es importante que el catequista conozca las características propias del grupo porque esa es la forma de lograr el anuncio del Evangelio valorando lo positivo y liberando de lo que esclaviza (Ver Santo Domingo, capítulo III y DCG nº 109-110, 202-214).

«De la catequesis, como de la evangelización en general, podemos decir que está llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas» (CT 53).

El catequista debe anunciar la Buena Noticia y, al mismo tiempo, discernir las semillas del Evangelio que se encuentran en cada cultura.

«La catequesis, a la vez que debe evitar todo tipo de manipulación de una cultura, no puede limitarse a la simple yuxtaposición del Evangelio a ésta y como con un barniz superficial, sino que debe proponer el Evangelio de manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces de la cultura y de las culturas.

Esto determina un proceso dinámico integrado por diversos momentos, relacionados entre sí: esforzarse por escuchar, en la cultura, el eco (presagio, invocación, señal…) de la Palabra de Dios; discernir cuanto hay de valor evangélico o al menos abierto a él; purificar lo que está bajo el signo del pecado (pasiones, estructuras del mal…) o de la fragilidad humana; suscitar actitudes de conversión radical a Dios, de diálogo con los demás y de paciente maduración interior» (DCG. Nº 204) (Las negritas no son del original).

Perfil familiar:

Es necesario conocer la realidad de cada uno, para que el mensaje de Jesús se pueda transmitir con claridad. ¿Qué imagen de padre y madre tienen? ¿Qué imagen de familia? Para poder hablar de Dios–padre o María–madre, tenemos que saber qué experiencia tienen de esta realidad.

Situación del mundo:

Lo que ocurre en el mundo se conoce rápidamente a través de los medios de comunicación.

Existen situaciones de violencia, guerra e injusticia que se deben tratar en catequesis. También situaciones nacionales como el desempleo o la pobreza que deben abordarse para que no lleven a la desesperanza, la incredulidad, la desconfianza o la rebeldía hacia Dios.

Necesidades del sujeto:

Las necesidades (físicas, psicológicas o espirituales) no pueden ser ajenas a la catequesis.

• Necesidad de afecto, de contención, de sentirse querido y respetado.

• Necesidades físicas: hambre, frío, mal dormido…

• Necesidades culturales: falta de educación en el trato con los demás, desconocimiento de las reglas básicas para dialogar, carencia de lenguaje para expresarse, analfabetismo…

En el lenguaje hay que tener especial cuidado porque cada vez más, los diferentes grupos utilizan expresiones de significado diverso. Hay expresiones que para los adultos significan una cosa y, para un joven, otra (por ejemplo, algo que «mata»). Los niños también tienen su propio lenguaje, tanto por el uso de las palabras, como por el mismo vocabulario.

Expresiones que para un adulto son claras, no lo son para ellos. El adulto habla desde su realidad.

La dificultad para la transmisión del mensaje es la diferencia de lenguaje.

Gustos del sujeto:

Muchos artículos se pueden leer acerca los gustos del niño, del adolescente o del adulto. Cuál es la forma en que se divierten y con que gozan.

Es bueno tener una idea general y, además, en la medida de lo posible, tratar de mirar algunos de los programas de televisión, oir las canciones, leer las revistas y ver la publicidad que ellos consumen con espíritu crítico para hacer un análisis.

Pero el problema es descubrir qué les gusta a «mis» catequizandos. No a los de otro grupo, aunque sean de la misma edad, de la misma parroquia y que concurran en el mismo horario. Disfrutar con lo que ellos disfrutan, aunque más no sea por el gusto de verlos felices. Esto no quiere decir ser falso, sino alegrarse con el otro con una alegría que sea fruto desinteresado de la felicidad ajena.

Puede suceder que tengamos que educar «los gustos». Si alguien no conoce una determinada música no podrá «gustar» de ella. Si cree que la oración es aburrida no podrá «gustar» de un momento de silencio. Será tarea del catequista ayudarlos a descubrir aquellas cosas que nadie les ha enseñado: mirarse para adentro, escuchar al otro, compartir, y que esto se vuelva gozoso para ellos.

Autor: María Inés Casalá

Fuente: Diálogo Digital

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