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Oración nunca es extraña a la realidad y es el secreto de la vocación, dice Benedicto XVI

VATICANO, 05 Jul. 10 / 09:42 am (ACI) En su visita a la localidad italiana de Sulmona por el Año Jubilar Celestiniano en ocasión del 800° aniversario del nacimiento de Celestino V, el Papa Benedicto XVI sostuvo un especial encuentro con los jóvenes a quienes explicó que la oración, es decir la relación donde se cultiva la amistad con Dios, nunca es extraña a la realidad y es el secreto de la vocación de quienes deciden aceptar el llamado divino.

El Santo Padre alabó la “memoria histórica” de los jóvenes que poco antes se habían referido a Celestino V como un personaje que conservaba toda su actualidad. “Sin memoria, no hay futuro. Si hace tiempo se decía que la historia era maestra de vida, la cultura consumista actual tiende, en cambio, a clavar al ser humano en el presente, haciéndole perder el sentido del pasado, de la historia; pero así lo priva también de la capacidad de comprenderse, de percibir los problemas y de construir el futuro. Queridos jóvenes: quiero deciros que el cristiano es alguien que tiene buena memoria, que ama la historia y quiere conocerla“.

Al referirse al legado de San Pedro del Morrone, Benedicto XVI resaltó algunas cualidades perennes como “la capacidad de escuchar a Dios en el silencio exterior y sobre todo interior”, y explicó que “es importante aprender a vivir momentos de silencio interior a lo largo de nuestras jornadas para poder escuchar la voz del Señor”.

“Estad seguros que si aprendemos a escuchar esa voz y a seguirla con generosidad no tenemos miedo de nada porque sabemos y sentimos que Dios está con nosotros. El secreto de la vocación está en la relación con Dios, en la oración. Y esto es válido sea antes de la decisión, o sea en el momento de decidir si emprender el camino, sea después, si queremos ser fieles y perseverar en el camino. San Pedro Celestino fue en primer lugar un hombre de oración, un hombre de Dios”.

Seguidamente el Papa advirtió que “la oración verdadera no es absolutamente extraña a la realidad. Si rezar os alienase, os apartase de vuestra vida real estad en guardia: no es una oración de verdad”.

“No se trata de multiplicar las palabras, sino de estar en presencia de Dios, haciendo nuestras, en la mente y en el corazón, las frases del Padre Nuestro, o adorando la Eucaristía, o meditando el Evangelio, o participando en la Liturgia. Todo esto no aparta de la vida, al contrario contribuye a que seamos realmente nosotros mismos en todos los ambientes, fieles a la voz de Dios que habla a la conciencia, libres de los condicionamientos del momento”.

“La fe y la oración no resuelven los problemas, pero nos permiten afrontarlos con una luz y una fuerza nueva, de forma digna del ser humano y también de manera más serena y eficaz. Si contemplamos la historia de la Iglesia observamos que está repleta de figuras de santos y beatos que partiendo de un diálogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron encontrar soluciones creativas, siempre nuevas, para responder a las necesidades humanas concretas: la salud, la instrucción, el trabajo, etc. Su decisión estaba animada por el Espíritu Santo y por un amor fuerte y generoso por los hermanos, especialmente por los más débiles y con más desventajas”.

El Papa exhortó luego: “¡Queridos jóvenes, dejaos conquistar totalmente por Cristo! Emprended también vosotros con decisión el camino de la santidad, es decir el estar en contacto y en conformidad con Dios, que está abierto a todos, porque también os hará ser más creativos a la hora de hallar soluciones a los problemas que encontráis y de hallarlas juntos. Otra característica del cristiano es que nunca es individualista“.

Benedicto XVI también explicó que la elección de vida eremita de Pedro de Morrone (Celestino V) no fue una fuga de la responsabilidad, porque “en las experiencias aprobadas por la Iglesia, la vida solitaria de oración y penitencia está siempre al servicio de la comunidad y nunca se contrapone a ella. Los eremitorios y los monasterios son oasis y fuentes de vida espiritual a las que todos pueden recurrir. El monje no vive para sí mismo, se dedica a la vida contemplativa por el bien de la Iglesia y de la sociedad, para que puedan estar siempre irrigadas de energías nuevas, de la acción del Señor”.

El Papa animó también a los jóvenes a amar “a la Iglesia: os ha dado la fe, os ha hecho conocer a Cristo. Conservad vuestro entusiasmo, vuestra alegría que nace del haber encontrado al Señor y comunicadla a vuestros coetáneos. Con vosotros siento que la Iglesia es joven”.

“Caminad, queridos chicos y chicas, caminad por la senda del Evangelio, amad a la Iglesia, madre nuestra; sed sencillos y puros de corazón; humildes y fuertes en la verdad: humildes y generosos”, concluyó.

Finalizado el encuentro, el Papa bajó a la cripta para venerar las reliquias de San Pánfilo y San Celestino V. Después se desplazó al estadio Pallozzi para despedirse de las autoridades que lo habían recibido por la mañana y a las 5:45 p.m. volvió en helicóptero al Vaticano.

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