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Informe del Card. Bergoglio a la V Conferencia

Cardenal Jorge Marío BergoglioAparecida (Brasil),16 May. 07 (AICA) Elcardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidentede la Conferencia Episcopal Argentina, expuso ante la Asamblea uninforme sobre la vida pastoral de la Iglesia en la Argentina
Resumen de la intervención del card. Jorge Mario Bergoglio SJ.

EXPECTATIVAS Y ESPERANZAS DE LA IGLESIA EN LA ARGENTINA

Lo primero que cabeseñalar es que nuestro país y por lo tanto nuestra Iglesia entra, enmayor o en menor medida, dentro de las generales de la ley de lo quevive nuestro continente latinoamericano.

Esta nuevarealidad de las ciencias y tecnologías de información eintercomunicación cibernética favorece el desarrollo globalizado deluniverso financiero, de la economía, de la producción y del mercado,principalmente dentro del nuevo orden económico mundial, de perfilneoliberal, de mercado libre y abierto. Esta globalización, comoideología económica y social, ha afectado negativamente a nuestrossectores más pobres.

Ya no se tratasimplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algonuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenenciaa la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, enla periferia o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son“explotados” sino “sobrantes”.

El substratocatólico de nuestra cultura es una realidad viva. Encontramos enamplios sectores de nuestro pueblo, sobre todo en los más necesitados,una reserva moral que guarda valores de auténtico humanismo.

La tradicióncatólica de nuestro pueblo se enfrenta hoy con el desafío delpluralismo religioso y de la proliferación de movimientos religiosos.

En necesarioque reconozcamos que si parte de nuestro pueblo bautizado noexperimenta su pertenencia a la Iglesia se debe, en muchos casos, a unaevangelización superficial de gran parte de la población.

El proceso desecularización tiende a reducir la fe y la Iglesia Católica al ámbitode lo privado y de lo íntimo. El secularismo, al negar todatrascendencia ha producido una creciente deformación ética, undebilitamiento del sentido de pecado personal y social, un progresivoaumento del relativismo moral que ocasionan una desorientacióngeneralizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y juventudtan vulnerable a los cambios.

Los obispospresentamos en el documento “Navega mar adentro” un solo desafío: lacrisis de la civilización y la cultura. De éste se siguen otros cuatrorelacionados con dicha crisis: “la búsqueda de Dios”, “el escándalo dela pobreza y la exclusión social”, “la crisis del matrimonio y lafamilia” y “la necesidad de una mayor comunión”.

En los últimosaños se han implementado mayores estructuras de comunión yparticipación mediante los planes pastorales de conjunto, asambleaspastorales y sínodos diocesanos.

Sin lugar a dudas ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia.

La formación delaicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectualesconstituyen un verdadero desafío pastoral prioritario y urgente. Laevangelización de los nuevos grupos emergentes de la modernidad y ensituación urbana presentan un contexto novedoso porque gran parte deellos no han cambiado ni abandonado la Iglesia sino que nacieron fuerade ella.

La pastoraljuvenil, tal como estábamos acostumbrados a llevarla adelante hasufrido el embate de los cambios sociales, y los jóvenes, en lasestructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a susinquietudes, necesidades, problemática y heridas.

Si bien esdifícil abordar a los jóvenes, se está creciendo en dos aspectos: laconciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y laurgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor que les permitavalorar y descubrir el sentido de sus vidas.

Es de valorarel celo evangelizador, caracterizado por la creatividad pastoral, elespíritu misionero y la cercanía a los más alejados. Se crece en lavaloración de la fraternidad sacerdotal, de la vida en austeridad y lapreocupación por los más pobres.

El diaconadopermanente es una realidad en constante expansión en algunas diócesis yse estima su significativa contribución, aunque se reconocen todavíaalgunas dificultades para una adecuada y equilibrada ubicación pastoralen el quehacer de la Iglesia.

La pastoral decatequesis sigue siendo un medio privilegiado para transmitir yvigorizar la fe de la comunidad. La catequesis en nuestro país es unode los pilares de la acción pastoral y se experimenta como momentoesencial del proceso evangelizador.

La pastoral bíblica está abriendo espacios para una amplia formación y crecimiento espiritual del pueblo de Dios. 

Muchoscristianos viven aún una separación entre fe y vida que se manifiestaparticularmente en la falta de un claro testimonio de los valoresevangélicos en su vida personal, familiar y social.

La piedadpopular está arraigada en el corazón y en la vida del pueblo, a talpunto que muchas de las tradiciones religiosas que perviven danidentidad al pueblo en sitios y situaciones concretas. Los Santuariosen nuestro país además de ser los grandes lugares de expresión de la fepopular se han convertido en lugares privilegiados de conversión yevangelización.

Haciendo unapretado resumen desde la óptica del Documento de Síntesis podemosdecir: Los tres macrodesafíos que se interpenetran recíprocamente,asumen de forma sintética los cambios epocales descriptos en laSíntesis de Aportes recibidos (DSIN 49-79) y los cinco desafíos que laConferencia Episcopal Argentina expresó en “Navega mar adentro” (NMA21-48).

    1.- En el orden religioso: la ruptura en la trasmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico.
    2.- En la dimensión social: Una inequidad escandalosa que lesiona la dignidad personal y la justicia social. 
    3.- En toda la cultura: La crisis de los vínculos familiares y sociales fundantes de los pueblos.

La acciónpastoral debe mostrar que la relación con nuestro Padre exige eldesarrollo de la unión entre los hermanos. En esta línea el núcleo delcontenido evangelizador (NMA 50-51) busca fortalecer una mayor comunióncon la Trinidad en el Espíritu de Cristo que sane, promueva y afiancelos vínculos personales en las nuevas expresiones de amor, amistad ycomunión a nivel familiar, social y eclesial. Aquí se sitúan tanto lanecesidad de una intensa comunión eclesial “ad intra” que aliente larenovada pastoral orgánica diocesana y nacional, como la exigencia deun servicio “ad extra” para que la comunión de la Iglesia anime unamayor integración latinoamericana. +

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