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Mensaje del Obispo Diocesano en el 150º Aniversario de la creación del Partido Judicial de Campaña en las Lomas de Zamora

“Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para
el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho,  pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todo lo que tenía para vivir” (Mc. 12,41-44)

Bajo la serena mirada de nuestra Madre Reina de la Paz, que acompaña a este pueblo desde su nacimiento, hoy celebramos el Sesquicentenario de la promulgación de la ley 366 que el 10 de septiembre de 1861 creaba el Partido Judicial de Campaña en las Lomas de Zamora.

Ante los sucesos de división y luchas internas entre argentinos, nuestros mayores recurren a Dios nuestro Señor, por medio de su madre, y en el primitivo villorrio de la paz, se eleva una súplica a la Madre, a nuestra Señora de la Paz, para que les alcance el don de la paz de su Hijo Jesucristo, para que preserve sus vidas, aleje los odios y venga la ansiada paz a los hermanos que habitan la misma patria.

 Poéticamente Monseñor Nicolás Lavolpe, pastor de esta diócesis, anudaba la vida y la fe de los primitivos lugareños que dejaron su simiente, cuando expresaba:

    “Antes que existieran las ciudades, los templos eran los que convocaban a la gente para agruparse. El altar exudó a la ciudad, así como desparrama células y engendra bosques una semilla”.

Hoy también queremos dar gracias por estos años de historia e ir consolidando, con fe, una patria de hermanos. Lo imploramos al Señor de lo creado, que ha puesto al hombre como centro de toda la creación y le damos gracias porque si bien hemos vivido dolorosos momentos, también hemos crecido en nuestra conciencia ciudadana.

Este evangelio que acabamos de escuchar, nos enseña a mirar lo importante, lo esencial, Jesús no mira las apariencias, mira el corazón, lo esencial, lo que aparentemente es  invisible a los ojos.

El Señor debe llamar la atención de sus discípulos que se quedaron mirando  el brillo del metal de los más acomodados, en el esplendor de la abundancia, en la apariencia… Entonces les señala a la humilde viuda que pone dos moneditas apenas, pero que era todo lo que tenía para vivir, enseña y va a lo esencial: a la admiración de lo sencillo, que siempre nos dice algo más, al  valor profundo de la entrega, del sacrificio, y no al esplendor pasajero de los que ponían mucho, y con gran estruendo, pero de lo que les sobraba.

Todo acontecimiento que nos lleva a recordar nuestra historia y nuestras raíces como pueblo, tiene un contenido de enseñanza y de experiencia agradecida. Enseñanza para no repetir los errores, para saber mirar lo esencial, y la experiencia que se puede convertir en sabiduría, es plena cuando se agradece,  pues no sin la paternal providencia de Dios podemos recordar, con gratitud, hoy este hito fundacional.

Herederos de esta historia somos agradecidos a Dios, queremos y deseamos que Lomas tenga el esplendor que se merece, pero muchas veces el peso de la realidad nos agobia. Podemos tener la mirada como los discípulos que veían lo mucho que ponían los ricos de lo que les sobraba, es decir, quedarnos con la equidad social que queremos y que no alcanzamos; como a los discípulos hoy Jesús desde el Evangelio, nos indica que podemos mirar con otros ojos, los ojos de los que hoy ponen todo lo que tienen, que como en el caso de la viuda no es mucho, pero para los que ven, es lo esencial

Recorriendo esta ciudad y sus barrios durante estos tres años, me he encontrado con muchas personas que como la viuda de este Evangelio lo dan todo… niños que ayudan a ancianos solos, jóvenes empobrecidos que se juegan la vida sosteniendo sus principios y no solo no se dejan corromper, sino que integran organizaciones de ayuda social, adolescentes que sin temer al que dirán y a las oleadas del facilismo quieren comprometer sus vidas por el Evangelio, familias que no renuncian a los valores humanos y cristianos, y en ellos forman a sus hijos sin renunciamientos mediáticos, catequistas que nos dan un testimonio de Cristo vivo en nuestro medio, padres de familia, algunos sin trabajo estable, pero que no bajan los brazos y cada día buscan con honestidad y sacrificio su pan, abuelos que desde su pobreza  comparten sus medicamentos, mamas que cada día enfrentan la vida y defienden la vida a contrapelo de una sociedad del éxito y los logros mágicos… cuanto de lo esencial tiene nuestro pueblo, esto no sale en los medios, esto no será noticia, pero para nosotros es la Buena Noticia de Jesús encarnada en nuestra gente.

Pero no podemos disimular las secuelas de la exclusión social, particularmente en nuestra juventud y cada vez más próximos estamos de sentirla agudamente en nuestra niñez.

Una juventud y niñez con síntomas de vivir un vacío existencial, el sin sentido, la cultura de la muerte, la contaminación implacable de la droga, la falta de motivaciones claras, sentimientos trágicos, la intolerancia  y la violencia.

Es claro el debilitamiento de instituciones sociales básicas ante el impacto de la globalización tales como la familia – lugar, hasta ahora, de la escucha y contención emocional y lugar, hasta no hace tanto, de la organización de la conducta. También se debilita la escuela en su intento, hasta ahora infructuoso, de ponerse al servicio de la sociedad del conocimiento con un personal docente profesionalizado y que para ello, se corre del lugar de contención social e interacción juvenil que nuestra realidad de fragmentación social y exclusión le demanda concretamente. Y qué decir del empleo y del trabajo, si cuando se los encuentra, se flexibilizan y precarizan, hasta resultar ofensivos a la dignidad humana,  perdiéndose así la cultura del trabajo, pues debe ser juntamente: un deber y un derecho. Asimismo bregamos por la formación de nuevos dirigentes para la política, donde su finalidad sea la vocación de servicio y la entrega, la militancia como maduración testimonial, con constancia, evitando así  el “paracaidismo” o la promoción personal o de sector.

Vivimos una sociedad que intenta marchitar la esperanza. Tenemos que reaccionar, por nuestros niños y jóvenes. Tenemos que bendecirlos con el anuncio de un mundo de amor, donde reine la justicia y la paz, el Reino querido por Dios. Un mundo con sentido donde estén ausentes mecanismos de evasión, de escapismos rápidos y fatales de la vida,  con recursos mágicos para resolver conflictos en un mundo sin modelos, de vínculos violentos… ¡Estamos viviendo realmente un ambiente de inseguridad social! Pero es más grave aún que no tengamos mecanismos expeditivos de la prevención del delito, o que la justicia inmediata, por falta de respuestas creíbles, sea llamar a los medios de comunicación social, con sus consecuencias tangibles.

Para ello es menester el concurso de toda la sociedad en una verdadera decisión educativa que proponga los valores de la dignidad de las personas y en la cultura de la vida y la esperanza. Recrear ideales sustentados en una vida con sentido; en la que el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, el compromiso ciudadano y aún el dolor tengan una justificación plena, como parte de un camino de crecimiento con verdadero sentido de trascendencia, y en el cual Dios y el prójimo tengan presencias. Es decir, que debemos Educar para la Vida, esta es una educación que libera y responsabiliza, que fortalece para enfrentar los conflictos que la vida misma nos plantea.

Como Comunidad estamos ocupados y preocupados por seguir afianzando el trabajo interinstitucional, redes solidarias para atender la problemática de la juventud y la niñez, y seguir generando en los niveles que correspondan políticas públicas en torno a ello, con especial énfasis en los aspectos culturales, deportivos, laborales y recreativos.

Querida comunidad la historia es para recordarla, y saber que también hoy hacemos la historia desde nuestra entrega, desde el deseo del encuentro, desde nuestro despojo, desde nuestro respeto, desde nuestro sacrificio, desde la apertura del diálogo, todas estas son notas del amor, que nos hermana. Dice Jesús que la viuda ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir. Nosotros también queremos ver con otros ojos nuestra propia historia de este convulsionado conurbano. Jesús nos muestra el modo, pidámosle por intercesión de su Madre, que se olvidó de sí misma para entregarse por amor a Dios en sus hermanos, que recordemos la historia con gratitud, y nos acordemos que el Señor siempre nos puede ayudar a mirar un poco mas allá de nuestras propias razones, intenciones, y cálculos, porque nos indicará el modo de ver con los ojos del Amor que no pasa, porque trasciende nuestra propia historia. .

En este aniversario de los 150º años de la fundación del partido de Lomas de Zamora, pedimos que se  nos devuelva este deseo de grandeza, de encuentro, de ser atalaya del sur, una región que necesita que sus hijos se jueguen por el bien común, se despojen de su verdad y defiendan la verdad, que la deuda social  no siga abriendo brechas de exclusión. Debemos ocuparnos y respetarnos, para abrirnos a la esperanza, una esperanza ardua, pero que nos devuelve la dignidad de personas amadas por Dios, es una esperanza que no defrauda porque es regalo del corazón de Dios para nuestro pueblo.

Encomendamos este deseo a la Madre, en la oración  a  Nuestra Señora Reina de La Paz Santa María, le pedimos:

“Venimos a agradecer tu presencia de Madre que siempre nos cuida y nos anima, nos socorre en el peligro y nos alivia en las penas. Venimos a pedir otra vez el don de la paz que viene de Dios, paz para nuestros corazones heridos, paz para todos los que sufren, paz para nuestras familias paz para nuestro pueblo, paz para los que están lejos, paz para los que están cerca. Danos Madre la Paz que supera la violencia y la inseguridad, la paz que es perdón y reconciliación, la paz social fruto del amor y la justicia, la paz que nos regalas en Cristo tu Hijo”. Así sea.

Lomas de Zamora,
10 de septiembre de 2011.-
Mons Jorge Lugones sj.
Obispo de Lomas de Zamora

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