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Misa de Apertura del “Año de la Fe” – Mensaje del Obispo Diocesano

Is. 60,1-6, Gal.. 3,5-14;  Mt..16,13-20

“En esta feliz conmemoración, deseo invitar a los hermanos obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe” .

Con esta invitación del Santo Padre nos unimos a toda la Iglesia universal para renovar la fe católica que recibimos en el bautismo, y agradecemos a la Iglesia que es Madre, por tantos nuevos hijos que día a día reciben la gracia del Espíritu en el bautismo: verdadera puerta de la fe.

1.- La fe siempre es camino hacia la luz, dice el profeta Isaías: Levántate brilla que llega tu luz, el resplandor del Señor amanece sobre ti , una luz que no impide que tengamos que pasar muchas veces por la oscuridad de la prueba. Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad de los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. La iconografía cristiana ha mostrado la gloria del Señor Resucitado con imágenes luminosas, tal vez tomadas de mismo evangelio en el pasaje de la transfiguración.

“Levántate” expresa el profeta, es la actitud del Resucitado que surgiendo de la horizontalidad de la muerte, de la oscuridad de la tumba resurge a la luz, como expresa el poeta: la carne que pesaba y nos dolía, alada va y lujosa resplandece, tras el triunfo del Cristo que nos guía .

Cristo es la luz de las naciones, nos recuerda el Concilio.

La luz de la fe en Jesús muerto y resucitado nos levanta, nos anima, nos invita de nuevo a caminar como resucitados en este nuevo resplandor de la gracia que será este: Año de la Fe. Porque tanto “las tinieblas que cubren la tierra, como la oscuridad los pueblos”, recibirán la luz y sobre ellos amanecerá el Señor como el resplandor de la aurora, esta es nuestra esperanza.

Ante el esplendor de la “nueva Jerusalén” el profeta nos hace contemplar el signo de comunión: “Todos se han reunido, vienen a ti, tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás radiante de alegría”, la alegría del encuentro comunional, de la esperanza que no defrauda y de la fraternal alabanza por este consuelo de “la presencia”, de la gloria de Dios.

2.- Deseamos que el Año de la Fe sea un nuevo amanecer en la Iglesia, sobre la que amanezca nuevamente la gloria del Señor como resplandor: Vivir la fe implica, vivir bajo el signo de la bendición de Dios, sembrada en el corazón de los creyentes,  bendición que nos justifica, desde la poderosa obra del Espíritu y que involucra la respuesta de la entrega confiada, ya que bendecidos nos convertimos como Abraham en bendición  para los demás, como expresa San Pablo a los Gálatas : Así los creyentes son benditos en Abraham.

El apóstol ve a Abraham convertido en amigo y servidor de Dios gracias al acto de fe por el cual se fió y puso su destino en manos de su creador: Creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación .

Este acto pionero de fe es el que constituyó a Abraham en padre de todos los creyentes. Quien repita esta actitud del Patriarca entronca con él, es descendiente suyo, aunque sea de otra raza y de otro pueblo, pues en el, todas las naciones serán benditas.

Abraham es figura colectiva pues en él son bendecidas todas las generaciones, padre en la fe: por ti todas las naciones serán benditas. Bendición pues nadie se justifica por la ley, ya que: el justo vivirá por la fe .

La justificación es en Cristo, Cristo nos libera y aplica y extiende la bendición prometida a Abraham a todos, y esa bendición se hace ahora don del Espíritu.

3.- La fe como confesión abierta al Espíritu, inspiró a Pedro en Cesarea, y lo convirtió en cimiento  y roca firme desde donde Cristo construirá la Comunidad nueva, que prevalecerá hasta el fin de los tiempos.

“¿Qué nos da la fe en el Dios de Jesucristo? -Se pregunta el Santo Padre- La primera respuesta es nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica, la fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es en si mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza .

Jesús pregunta qué opinión tiene la gente de él. El interrogante abierto en tiempos de Jesús sigue igualmente abierto en nuestros días. La gente sencilla lo considera un enviado de Dios, Simón declara que Jesús es el Mesías, y Jesús lo ratifica declarando que la confesión procede de una revelación del Padre por la cual Pedro recibe una bienaventuranza particular: Feliz de ti Simón… Jesús se propone crear una comunidad nueva en la cual Pedro será una piedra fundamental. Petra en griego designa un sillar o una peña o roca donde se asienta un edificio, el edificio y comunidad es obra y pertenencia de Jesús, el dice: mi iglesia, Pedro tendrá en ella una función mediadora central. Y para que quede claro que Jesús quiere que haya alguien en su Iglesia con un lugar especial que los demás apóstoles no tienen, le dice: “Yo te daré las llaves del Reino de los cielos…”

La fe es vida, no tiene lugar el poder de la muerte, promesa del Señor a la Iglesia: las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

“Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno, y la iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre” .

4.- La confesión de fe la hacemos no solo con los labios, con los contenidos sino también con la vida, con la vivencia concreta. El Papa Benedicto XVI exhorta que el fundamento de la fe cristiana es: “el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

El espíritu del Concilio sigue generando nuevos vientos de evangelización y renovación en la Iglesia. Una iglesia que deseamos que sea abierta, como la puerta de la fe que se abre para todos los hermanos. Solidaria pues la fe sin obras está muerta y misionera pues la iglesia existe para evangelizar.

La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios: “Juntos hacia” decimos en el lema diocesano y así indicamos el camino. Podemos representar este Año de la fe como un camino que realizamos juntos hacia la misión de proclamar:  el evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II es una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace veinte años.

                Que Maria Santísima puerta de la fe, como hoy nos recibió en la puerta, junto a la calle, donde transita la gente anónima, nos ayude a convertirnos en pueblo, en comunidad: que significa lo contrario al anonimato; es conocerse, encontrarse, hablarse, comunicarse, escucharse, descubrirse, exponerse…Y significa también dejar circular la vida, la simpatía, la ternura, el calor humano, de esto sabe la Virgen.

Que en su advocación de Madre y Reina de la Paz, interceda ante su Hijo para que no solo sea este un año de la fe sino: el tiempo de la fe.

Mons. Jorge  R. Lugones  S.J.

Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora

Iglesia Catedral, 12 de octubre de 2012.-

Benedicto XVI Porta fidei ( PF) Nº 8

Is. 60,1

Pol O. De destierros y moradas

Gal. 3,9

Schökel A , Sigo el comentario de las notas de. “.La Biblia de nuesro pueblo”

Gal 3,6

Gal 3,11

Benedicto XVI Discurso inaugural de la Vº Conferencia del Episcopado Lat en Aparecida.

Benedicto PF inº15

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