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Una encíclica vigorosa, audaz y vital

Mons. Guillermo Rodríguez-Melgarejo, obispo de San MartínBuenos Aires, 30 Nov. 07 (AICA) El presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo, obispo de San Martín, definió la nueva encíclica “Spes salvi”, como una carta circular del obispo de Roma “vigorosa, audaz y vital”, y consideró que además revela una “amplitud del horizonte ecuménico” del papa Benedicto XVI.

Tras señalar que se trata de un texto de “vigoroso pensamiento, porque contrasta con el pensamiento débil y la información fugaz”, sugiere “ejercitar la paciencia” porque demandará “sucesivas, reiteradas lecturas, hasta alcanzar la sintonía profunda, fina, de alta fidelidad”.
“Es audaz porque aborda realidades fundamentales de las que no se habla, que habitualmente silenciamos. Sea por las urgencias cotidianas que atolondran, la natural elusión al escozor que suscitan o el espontáneo temor ante lo todavía no conocido”, explicó al presentarla durante una rueda de prensa en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina.
El prelado destacó, además, que “es vital porque la escribe un hombre que busca. Uno no instalado en sus ocho décadas ya vividas. Con la sobriedad del que procura no auto exhibirse y la autenticidad de quien se cuestiona e interroga, incluso frontalmente”, y acotó que “nos encontramos con que la persona que nos escribe es Benedicto (XVI), mayor y vital, que formula no menos de 45 preguntas en el transcurso de esta carta”.
Monseñor Rodríguez-Melgarejo señaló que “a diferencia de otras cartas, la Spe salvi no está articulada en partes, ni estructurada por capítulos. Constituye un texto corrido, aligerado por no más de una docena de subtítulos”, y reconoció que posee varios núcleos temáticos, que enumeró. Indicó, entre otros, que reconoce al descubrimiento de América como “un cambio epocal” y que constituye “una explicitación y ampliación” del Documento Conclusivo de Aparecida, al referir a los conceptos “vida, vida plena, vida abundante para todos”.
También rescató que cite a Henri De Lubac para referirse a la “dimensión comunitaria de la salvación, tan vigente en los textos de los Padres de la Iglesia”, y tampoco omite una “autocrítica del cristianismo moderno, en la medida que se haya centrado solamente en el individuo y su salvación”.
Monseñor Rodríguez-Melgarejo consideró que la última parte de la nueva encíclica, la segunda del pontificado de Benedicto XVI, “resulta, sin desatender las consideraciones teológicas, existencialmente impactante, que lleva como subtítulo ‘Lugares’ de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza”.
“La carta culmina, casi poéticamente, con un párrafo de radiante tono bíblico dedicado a ‘María, estrella de la esperanza’, reconociendo de un modo explícito que ‘el ‘reino’ de Jesús era distinto de como lo habían podido imaginar los hombres”, concluyó, previo a citarlo: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino”.
El obispo obsequió, al final, un texto de Charles Péguy, sobre la virtud de la esperanza, en la que el autor dice: “La esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña, me extraña hasta a Mí mismo, esto sí que es algo verdaderamente extraño. Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas y que crean que mañana irá todo mejor, esto sí que es asombroso y es, con mucho, la mayor maravilla de nuestra gracia. Yo mismo estoy asombrado de ello”.+

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