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Navidad en familia

Me llega por correo el mensaje navideño de  Mons. Luis A. Collazuol, Obispo de   Concordia.

La comparto con todos.

A toda la querida gran familia de la Diócesis de Concordia:

Como cada año, la Navidad nos vuelve a presentar la imagen de una familia. Pero se trata de una Familia muy especial.

Ella es esposa, virgen y madre, ama de casa y mujer llena del Espíritu Santo. Se llama María.

Él es esposo, varón justo y padre adoptivo, carpintero y custodio del Redentor. Se llama José.

El hijo es ante todo, y eternamente, Hijo de Dios, o, lo que es igual decir, Dios Hijo. Pero en el designio del Padre Eterno estaba que entrase en nuestra historia hecho hombre para que nosotros, por Él, con Él y en Él, pudiéramos también recibir la gracia de ser hijos de Dios. Y así, en la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios tomó carne de María Virgen por obra del Espíritu Santo, se hizo hombre y nació en Belén. ¿Su nombre? Un profeta anunció que sería el Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. Sus padres le pusieron el nombre de Jesús, que quiere decir “Dios salva”, porque José había recibido el anuncio de que “él salvará a su pueblo de sus pecados”. Sus discípulos también lo llamamos Cristo, el “Ungido” de Dios para nuestra Redención, y lo invocamos como Señor, el Nombre que le otorgó el Padre Celestial por su resurrección, para que ante él doble la rodilla cuanto hay en los cielos y en la tierra.

Si Dios al hacerse hombre quiso tener una familia humana, ¡qué grande y qué santa es la familia a los ojos de Dios!

La gruta de Belén nos habla del amor generoso, fiel y permanente de los esposos, nos habla de la Misericordia de Dios que bendice la familia, nos habla de la experiencia inefable de amar y ser amado, nos habla del lugar natural que tienen los hijos en la comunión de amor de los padres.

En Belén aprendemos que la vida es mejor en familia. Que a nuestros ojos humanos la familia tenga siempre la belleza que se nos muestra en la Sagrada Familia: en la gruta de Belén, en el templo de Jerusalén, en la prueba del exilio en Egipto, en la vida cotidiana de Nazaret.

Dios ama a nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. De la familia recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. En la familia maduran los vínculos solidarios que nos enseñan a integrarnos a la sociedad.

La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más importantes de nuestro pueblo. ¡Cuánto debemos cuidarlo! ¡Cómo debemos acrecentarlo en la fe, la fidelidad, el amor y el servicio, para entregarlo como preciada herencia a los hijos!

Agradecemos a Cristo que nos revela que Dios es Amor y vive en sí mismo un misterio personal de amor; y, optando por vivir en familia en medio de nosotros, eleva también a las nuestras a la dignidad de poder ser “familia de Dios”.

Deseo a todos que en esta Navidad puedan sentirse en familia, bendecidos por el Niño con el mismo amor que él recibió de María y José. ¡Feliz Navidad!

+ Luis Armando Collazuol

Obispo de Concordia

Concordia, Navidad de 2007

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