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Dónde debo esconderme?

Posted: July 31st, 2011, by Matoga

Intenciones de oración del Papa para el mes de agosto

Posted: July 29th, 2011, by Matoga

CIUDAD DEL VATICANO, 29 JUL 1011 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de agosto es: “Para que la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid aliente a todos los jóvenes del mundo a fundar y arraigar su vida en Cristo”.

Su intención misionera es: “Para que los cristianos de Occidente, dóciles a la acción del Espíritu Santo, reencuentren la frescura y el entusiasmo de su fe”.

SSU: nueva sede en el Hospital Gandulfo

Posted: July 26th, 2011, by Matoga

Eclesia.info – martes, 26 de julio de 2011

El Servicio Sacerdotal de Urgencia (S.S.U.) de la diócesis, que asesora el presbítero Jorge Beigbeder, abrió esta noche su nueva sede en el edificio del Hospital Interzonal de Agudos “Luisa C. de Gandulfo” de Lomas de Zamora.

El obispo Jorge Lugones presidió una misa y luego bendijo las nuevas instalaciones, donde el SSU realizará sus guardias desde este lugar ubicado en la esquina de Piedras y Sarandí.

El padre Beigbeder pidió a los fieles que se sumen como voluntarios para reforzar las guardias nocturnas, e invitó a formar parte de un grupo que todos los viernes del año, de 22 a 6 de la mañana, adoren al Santísimo Sacramento.

“Sabiendo del amor de todos ustedes por Jesús Eucaristía, los invito y les pido que nos ayuden a formar un grupo de adoradores, que nos acompañen en las noches de Adoración, que vamos a iniciar en agosto, en la capillita. Aprovechando que estamos en el Año de la Vida, queremos adorar a Jesús Sacramentado y rezar especialmente por los niños por nacer, por los enfermos, ancianos y afligidos, por sus familiares y amigos, por los profesionales de la salud y por todos los que trabajan por aliviar el sufrimiento de los enfermos. Pueden enviarnos intenciones, que con mucho gusto rezaremos por ellas”, señaló.

Más información: 4245 3333 (teléfono del S.S.U. de Lomas), 4295 1171(teléfono de la parroquia Nuestra Señora del Valle, Ezeiza); www.ssu.org.ar

Domingo de la Semana 18ª del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Posted: July 25th, 2011, by Matoga

«Todos comieron hasta saciarse»

Lectura del libro del profeta Isaías 55, 1-3

«¡Oh, todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso. Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David».

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

«¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 14, 13-21

«Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: “El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida”.

Mas Jesús les dijo: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer”. Dícenle ellos: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces”. El dijo: “Traédmelos acá”. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.»

Pautas para la reflexión personal  

El vínculo entre las lecturas

Nos encontramos – en las lecturas dominicales- ante una de las verdades más consoladoras de la Sagrada Escritura: el amor misericordioso de Dios nunca abandona al hombre. La lectura del profeta Isaías nos habla de ese gran banquete de los últimos tiempos al que todos estamos llamados. Basta que uno reconozca su «hambre o sed» y el amor de Dios (el Espíritu Santo) se derramará en ese corazón hambriento. «Si alguno tiene sed, que venga, si tiene hambre que acuda, no importa que no tenga dinero». El hambre y la sed expresan adecuadamente esa necesidad vital y profunda que el hombre experimenta de Dios y de su amor reconciliador (Primera Lectura).

En el Santo Evangelio aparece también un enorme grupo de hombres, mujeres y niños  necesitados. Así como en el desierto del Sinaí, Yahveh multiplicó los medios de sustento del pueblo hambriento; así Jesús hoy dará de comer a una multitud que no tiene realmente cómo satisfacer su necesidad de alimento. El alimento material dado por Jesús nos lleva a la consideración de un alimento de carácter espiritual y que responde a la necesidad más esencial del hombre: su deseo profundo de Dios, su anhelo de sentirse eternamente amado por Dios.

Justamente es este amor el que hace exclamar a San Pablo con franqueza y sencillez: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?» No hay potencia alguna que pueda apartarnos del amor de Cristo ya que en Él vemos al amoroso rostro del Padre que nos ama eternamente (Segunda Lectura).

¡Vengan a tomar agua todos los sedientos!

La perícopa de este Domingo forma parte del último capítulo del Deutero–Isaías que fue escrito, aproximadamente, en el siglo V antes de Cristo. La situación histórica de Israel era la del dominio de Ciro, rey de los Medos y de los Persas. Este pasaje tiene como contexto la visión mesiánica y escatológica que vivía el «pueblo elegido» en el destierro babilónico. Todo el capitulo 55 es una invitación a convertirse y a confiar en Dios mientras aún es tiempo para participar de los bienes de la nueva Alianza. Aparecen en este relato los temas de la salvación y la conversión de todas las naciones (Is 55, 4)  motivada por la misericordia divina.

Los primeros versículos relatan la oferta de Dios que quiere brindar gratuitamente los bienes de la nueva Alianza a su pueblo. Agua, vino, leche y manjares sustanciosos son figuras simbólicas que, desde Jesucristo, sabemos que aluden a la delicia y riqueza de los bienes sublimes y espirituales de la Alianza definitiva que Dios  realiza con los hombres. Leemos en el segundo versículo, el adolorido lamento del corazón de Dios que nos quiere decir: ¿por qué gastan su tiempo y afán en cosas que, de verdad, no los alimentan? ¿Por qué prefieren la falsa sabiduría del mundo y sus engañosas promesas? ¿Por qué corren atrás de espejismos y falsos tesoros? Sólo en la Nueva Alianza, el hombre será plenamente colmado y saciado en sus anhelos más profundos. «Él que beba del agua que yo le dé – nos dice Jesús –  no tendrá sed jamás» (Jn 4,13). Finalmente se evoca la promesa davídica, no como restauración de la monarquía, sino como una promesa mesiánica y eterna.

El Reino de los Cielos

En los tres últimos domingos, el Evangelio nos ha presentado diversas parábolas por medio de las cuales Jesús expuso el misterio del Reino de los Cielos. Este Domingo no nos presenta una parábola, sino un episodio real de la vida de Jesús: la multiplicación de los panes. Es un hecho que tiene un profundo significado ya que se refiere a las primicias de ese Reino prometido: la Iglesia.

El episodio está introducido con una explicación de por qué la multitud estaba con Jesús en un lugar desierto. Después que Jesús fue informado sobre la decapita­ción de Juan el Bautista por orden de Herodes, «Jesús se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar desierto» pero ya su palabra había cautivado a las multitudes. Nadie jamás había hablado como Él. Ya habían comprendido que sólo Él tiene palabras de vida eterna; de esas palabras que son necesa­rias para nutrir, no esta vida corporal, sino la vida que estamos llamados a poseer por toda la eterni­dad: la vida divina comunicada a nosotros. Por eso, lo siguen: «Cuando lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades». Ya no se quieren separar de Él, olvidándose incluso del transcurrir de las horas y de algo tan esencial como es el comer.

«Dadle vosotros de comer…»

La gente permanece con Él todo el día. El Evangelista San Marcos dice que Jesús «sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34). En el relato de San Mateo se agrega que Jesús también «curó sus enfermedades». Cuando comienza a hacerse tarde los discípulos manifiestan su preocupación; se acercan a Jesús y le dicen que despida  a la gente para que puedan llegar a los pueblos donde encontrarían comida ya que ellos estaban en «un lugar deshabitado». Los discípulos se muestran más preocupados por la gente que Jesús mismo. Pero al final del relato va a quedar claro que Jesús está libre de esa inquietud porque Él tiene poder para saciar a la gente sin necesidad de despedirla en ayunas.

Jesús responde a la inquietud de los apóstoles con una frase desconcertante, que, dicho con todo respeto, podría parecer hasta insensata: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Los apóstoles habían expresado una inquietud bien fundada: «el lugar está deshabitado». Pero además se han informado de la situación real y subrayan más la imposibilidad de lo propuesto por Jesús: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Es como decir: «Lo que pides es realmente imposible». Es imposible pero recordemos que «todo es posible para el que cree» (Mc 9,23). Jesús esperaba que ellos confiaran en Él y que se abandonaran a su palabra, que obedecieran a su mandato aunque  – en su momento – no entendieran. Entonces, ¡el milagro de dar de comer a esa multitud en el desierto lo habrían hecho ellos! ¡La multiplicación de los panes la habrían obrado ellos ya que la fe puede mover montañas! La orden de Jesús: «Dadles vosotros de comer», tenía esa intención. Ellos debieron comenzar a partir los cinco panes y los dos peces y ¡se habrían multiplicado en sus manos!

Visto que no daban crédito a su palabra, para demostrarles que su orden no era insensata, Jesús dice, refiriéndose a esos cinco panes y dos peces: «Traédmelos acá». Ya que ellos rehusaron hacerlo, lo hará Él mismo y les demostrará lo que ellos también están llamados hacer: «Tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente».

El Evangelio nos informa que los que comieron «eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños». Y no es que cada uno comiera un pedacito, sino que «comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos».

Jesús hizo un milagro asombroso. Pero más asombroso habría sido si, obedeciendo a su mandato, el milagro lo hubieran hecho los apóstoles. Sin embargo sí lo hicieron los apóstoles después que Jesús instituyó la Eucaristía y lo siguen haciendo sucesivamente hasta ahora los ministros del Señor; obedeciendo a su mandato: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).Ellos nos dan el verdadero pan del cielo, el pan que sacia nuestra hambre de Dios. Participando de la Eucaristía cada Domingo todos podemos asistir a ese milagro obrado por los ministros del Señor y nutrirnos del pan de vida eterna que ellos nos dan. ¡Que nadie se prive de semejante alimento!

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?»

«¿Quién nos separará del amor de Cristo?… estoy seguro de que (nada ni nadie) podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» ¿Quién puede tener tal convicción para exclamar esto con firmeza, sino aquél que ha experimentado vivamente el amor de Dios, manifestado en toda su plenitud y magnitud en el Señor Jesús? En su Hijo, hecho Hombre de María Virgen por obra del Espíritu Santo, el Padre nos ha mostrado cuanto nos ama, y cómo – una y otra vez, incansablemente, y de muchos modos, respetando siempre al máximo su libertad – sale al encuentro de nosotros para ofrecernos una «bebida» y un «alimento» capaz de apagar nuestra sed de infinito, capaz de satisfacer nuestro hambre de Dios.

En efecto, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que hay «otra clase de hambre de la que desfallecen los hombres: “No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios» (Dt 8, 3), es decir, de su Palabra y de su Espíritu. (…) «Hay hambre sobre la tierra, «más no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios” (Am 8, 11)»[1].

Una palabra del Santo Padre:

«Quisiera hacerlo recordando la peregrinación que el siervo de Dios Juan Pablo II realizó, en 1982, a Santiago de Compostela, donde hizo un solemne «acto europeo» en el que pronunció aquellas memorables palabras: «Yo, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes”» (9 noviembre de 1982).

Juan Pablo II lanzó entonces el proyecto de una Europa consciente de su propia unidad espiritual, apoyada sobre el fundamento de los valores cristianos. Volvió a tocar este tema con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, que tuvo lugar precisamente en Santiago de Compostela. Deseó una Europa sin fronteras, que no reniegue de las raíces cristianas, sobre las que surgió y que no renuncie al auténtico humanismo del Evangelio de Cristo. ¡Qué actual sigue siendo este llamamiento a la luz de los recientes acontecimientos del continente europeo!».

Benedicto XVI. Ángelus, 24 de julio de 2005.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. «¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias en algo que no sacia?». ¿Cómo se aplica este lamento del corazón de Dios que leemos en la Primera Lectura en nuestras vidas?

2. ¿Descubro la real necesidad que tengo de la Eucaristía para saciar mi hambre de Dios?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1335- 1336. 2828- 2837.

 


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 2835.

Posted: July 22nd, 2011, by Matoga

Esta tremenda artista ucraniana que dibuja con arena y sigo hace un tiempo, hoy deleita mi espíritu con este homenaje al Zar ruso y su familia (Martires en la iglesia Ortodoxa).

Los invito, LES RUEGO, se tomen 24 minutos y le regalen a su espíritu esta belleza.

Es un día especial para mi…

Posted: July 22nd, 2011, by Matoga

El 22 de julio de 1999 fue un día que marcó mi vida definitivamente.

Esé día, por primera vez de manera cruda y frontal, comprendí, sinceramente, que la vída era sólo un instante y que, en un pestañar de ojos transcurría completamente…

Comprendí, por primera vez, que no había demasiado tiempo para perder en cosas sin sentido…

Ese día mi padre, Roberto Oscar Becherini, fallecía…

Seguramente mi viejo no fue perfecto; pero, al menos a mis ojos si lo era…Y yo, que no le llego ni a los talones en tantísimas cosas, así lo experimenté…

Julio, desde ese entonces, viene sumando fechas para estremecer mi corazón hasta su última célula y yo, que soy tremendamente sensible, no puedo más que soltar lágrimas…Pero no todas son de dolor o pena. Algunas son de verguenza, de lástima por mi…Otras, la mayoría, de Alegre Gratitud…

Doy Gracias a Dios por haberme regalado a un padre como mi papá. Gracias por permitirme, incluso frente a mis fallas, descubrir permanentemente su ejemplo… Gracias por permitirme, con mis limitaciones, recorres su camino…

Hoy, 22 de julio de 2011, a 12 años de su paso, recuerdo frente a ustedes a MI Viejo, y les ruego se unan a mi en una sencilla oración por su alma, por su memoria…

Roberto Oscar Becherini, nació en el entonces pacífico pueblo de Quilmes el 30 de Abril de 1928. papá

Autor de “Poemas para un Amor Imposible” (1973),

“A partir del Otoño” (1975), participó en el

“Panorama Poético Bonaerense” (1977),

“Panorama Poético Hispanoamericano” (1978),

“Panorama Poético Argentino” (1980).

Su obra más destacada es la de haber sido Mi Padre y ejemplo.

Dios lo llamó a su lado el 22 de Julio de 1999.

Este es uno de sus trabajos.

En Este Otoño

De pronto sin notarlo se otoñaron mis sienes,

se alargaron las sombras del recuerdo en mi mente,

del árbol de la vida las hojas lentamente

alfombraron los senderos y los terraplenes.

Primavera perdida, si acaso ya no vienes,

que al menos tus colores adornen el poniente;

yo aturdiré mis horas, oh, tiempo, vanamente,

para olvidar tu paso en que jamás te detienes.

Será mi loco empeño rescatar del olvido

los seres que se fueron de mi vera algún día,

en mis propios retoños, sus gestos, su alegría.

Tiempo recuperado, sutil e indefinido,

en que habrá de verdecer mi verano cumplido

y dejará mi pena de amar la lejanía.

Gracias por todo!!!

Felíz Día del Amigo!!!

Posted: July 20th, 2011, by Matoga

Carta a un Amigo

Descripción: C:\Users\MaToGa\Desktop\FO\1235919397829_f.jpgNo puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.

Pero cuando me necesites, estaré allí.

No puedo evitar que tropieces.

Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tu triunfo y tus éxitos no son míos.

Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida.

Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo impedir que te alejes de mí.

Pero si puedo desearte lo mejor y esperar a que vuelvas.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debas actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.

Solamente puedo quererte  cómo eres y ser tu amigo.

En estos días ore por ti…

En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas.

Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba.

Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.

Es lo que siento por todos ellos.

Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.

Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas y, entre ellos, apareciste tú.

No estabas arriba, ni abajo ni en medio.

No encabezabas ni concluías la lista.

No eras el número uno ni el número final.

Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida.

Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.

Basta que me quieras como amigo.

Entonces entendí que realmente somos amigos.

Hice lo que todo amigo: Ore… y le agradecí a Dios que me haya dado la oportunidad de tener un amigo como tú.

Era una oración de gratitud: Tú has dado valor a mi vida…

(Jorge Luis Borges)

Domingo de la Semana 17ª del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Posted: July 18th, 2011, by Matoga

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo»

Lectura del Primer libro de los Reyes 3, 5-6a. 7-12

«En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: «Pídeme lo que quieras.» Salomón respondió: Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un niño pequeño y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?

Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: «Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti.»

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 8, 28-30

«Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos, hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13, 44-52

«Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto? «Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Así, todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.»

Pautas para la reflexión personal  

El vínculo entre las lecturas

El hilo conductor de nuestras lecturas dominicales es la oposición que encontramos entre los criterios de Dios y los criterios del mundo. Salomón, prototipo del rey ideal de la Antigua Alianza, pide al Señor en su oración: «te pido que me concedas sabiduría de corazón[1] para que sepa gobernar a tu pueblo». (Primera Lectura). El Señor, ante aquella sensata petición, le concede un corazón dócil y sabio. Como leemos en el Salmo 118: el hombre que «pone su descanso en la ley del Señor, que ama sus mandamientos más que el oro purísimo, que estima en más sus enseñanzas que mil monedas de oro y plata».

Todas éstas actitudes encuentran su plenitud en aquellos que descubriendo el Reino de los Cielos están dispuestos a «vender cuanto tiene» para comprarlo (Evangelio). El Reino que se menciona en las diversas parábolas del capítulo 13 del Evangelio según San Mateo no será sino el mismo Jesucristo. Es por eso que todos,  los convocados por el mismo Jesús, estamos llamados a reproducir su imagen en nuestras vidas (Segunda Lectura).

El sueño en Gabaón

Salomón después de desposarse con la hija del Faraón[2] se dirige a la ciudad de Gabaón (que quiere decir colina) a ofrecer su ofrenda ya que todavía no había terminado de construir su palacio, el Templo y la muralla alrededor en Jerusalén. En esta ciudad, a 8 Km. al norte de Jerusalén, David colocó «en un alto lugar» (1Cro 16,39) el Tabernáculo[3] y levantó un altar para los holocaustos. Yahveh se manifiesta a Salomón en sueños[4]. Ante el pedido de Dios, Salomón se reconoce a sí mismo como «un niño pequeño que no sabe cómo salir ni entrar» ya que ante Él todos somos «pequeños». El reino que Salomón había heredado de su padre David tenía un territorio enorme ya que se extendía desde el torrente de Egipto hasta el Eufrates; por eso le pide a Dios una mente dócil y comprensiva para gobernar; es decir el arte de saber escuchar y discernir entre el bien y el mal (ver Is 7,15; 5,20). La respuesta de Dios es inmediata y en ella vemos cómo la extraordinaria sabiduría de Salomón no es sino un don de Dios y como tal es reconocida por sus súbditos: «pues vieron que había en él una sabiduría divina para hacer justicia» (1Re3, 28).

Las parábolas del Reino de Dios

Las parábolas de Jesús tienden a presentar el Reino de Dios, es decir el Reino de los Cielos. En el Sermón de la Montaña[5] Jesús había hablado de los requisitos morales necesarios para entrar en aquel Reino; pero ahora era preciso dar un paso más hacia ade­lante y hablar de aquel Reino en sí, de su índole y naturaleza; de los miembros que lo constituían; del modo cómo sería actuado y establecido. También en este aspecto la predicación de Jesús siguió un método esen­cialmente gradual. La razón de esa gradación radica en la ansiosa espera en que vivían, en esa época, los judíos de un reino mesiánico‑político. Hablar a aquellas turbas de un Reino de Dios, sin explicaciones y aclaraciones, significaba hacerles ima­ginar un rey celestial omnipotente, circundado de grupos de hombres armados y, aun mejor, de legiones de ángeles combatientes, que llevarían a Israel a ser «dueño y señor» de las naciones paganas.

Y era a tales turbas delirantes a las que Jesús debía hablar del objeto del delirio que las enloquecía, y ello de tal modo que a la vez las atrajese y las desengañase: el Reino de Dios debía llegar, sin duda; es más, había empezado a realizarse; pero no era el «reino» de ellos, sino el de Jesús, totalmente diverso. De aquí que la pre­dicación de Jesús debía a la vez mostrar y no mostrar, abrir los ojos a la verdad y cerrarlos a los sueños fantásticos. Se precisaba, por lo tanto, una extrema prudencia, porque Jesús, en este punto, se internaba en un terreno volcánico que podía entrar en erupción de un momento a otro. Esta amorosa prudencia puede haber sido una de las razones por las cuales Jesús se sirvió de las parábolas para hablar del Reino.

Encontrar el tesoro escondido

Todos hemos visto lo que sucede cuando se estaciona a un niño ante la televisión: el niño queda completamente absorto y nada logra distraerlo. La mamá puede hablarle y decirle las cosas más importantes, pero el niño contesta sin despegar su atención de la pantalla. Esta situación, que nos parece excusable porque se trata de un niño, represen­ta sin embargo lo que ocurre con nosotros ante las preocupaciones y los bienes de esta tierra. A veces nos absorben hasta tal punto que nos impiden escu­char las pala­bras de vida eterna que nos dirige Dios. O, más bien, las escuchamos pero no logran incidir directamente en nuestra vida. Todos sabemos que nuestra vida sobre esta tierra es breve, que los bienes materiales son transitorios, que «no nos sirve de nada ganar el mundo entero si perdemos la vida» y que aunque tengamos nuestra vida asegurada por «muchos años», en cualquier momento podemos recibir este aviso: «Esta noche se te pedirá el alma; ¿todos los bienes que tienes atesorados, para quién serán?». Todas estas verdades las escuchamos a menudo, las sabemos, las vemos acontecer diariamente a nuestro alrededor y nos impresionan por un instante; pero no logran atraer nuestra atención y seguimos absortos en nuestros quehaceres, lo mismo que el niño que está ensimismado ante su programa de “dibujos animados”.

Es necesario que «alguien» venga a nuestro encuentro y su llamada nos saque de esta especie de sopor en que esta­mos. Imaginemos que al niño televidente, viene su papá y lo invita a pasear: Ante la perspec­tiva de salir con su papá todo cambia para él: la televi­sión, los “dibujos animados” y todos sus juguetes quedan botados y olvidados; ¡él ha sido invitado a cosas más impor­tantes! Todo el resto ha perdido valor para él. Nadie lo obliga a dejar la televisión e ir con su padre; lo hace «por la alegría que le da». Esto mismo ocurre cuando alguien encuentra a Cristo. El Evangelio nos presenta diversos episodios en que el encuen­tro con Jesucristo opera en las personas un cambio radical. En estos casos: «Dejándolo todo, lo siguieron».

Es lo mismo que nos enseña el Evangelio de hoy, por medio de dos parábolas: las parábo­las del tesoro escondido en el campo y de la perla preciosa. Mientras alguien no se ha encontrado con Jesucristo y no ha hecho la experiencia de venderlo todo por adquirirlo a Él, no se puede decir que esté totalmente evangelizado. Estar evangelizado quiere decir haber recibido una noticia tal que transforme radicalmente la vida. Lo que antes era importante, incluso fundamental en la vida, pierde valor ante el encuentro con Cristo. Es como el hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo y por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo. O como el mercader de perlas que, encontrada una de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra.

Lo interesante de estas parábolas es que están dichas para explicar la conducta de los cristianos a los de fuera, a los que no han tenido la misma experiencia, a los que critican y no entienden. Ellos pueden ciertamente entender la situación presentada en las parábolas: que entiendan enton­ces por qué alguien puede acoger a Jesucristo como lo más impor­tante de su vida, que entiendan por qué algunos consa­gran a Él sus vidas. Cuando observamos que tantos hombres anteponen a Jesús y a su enseñanza los bienes de esta tierra; a saber, el dinero, la fama, la popularidad, el placer, podemos concluir que aún no han encontrado «el tesoro escondido». Si lo hubie­ran encontrado, todas esas otras cosas serían secundarias en comparación con Jesús.

Ellos están todavía como el niño ante la televisión, es decir, están afanados y  absortos en las cosas de este mundo. Ojalá todos pudieran vivir la experien­cia que describe San Agustín en su autobiografía:«¡Tarde te he amado, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te he amado! Sí, porque tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera. Allí te buscaba… Me retenían alejado de ti tus creaturas, que serían inexistentes si no existieran en ti. Me llamaste y tu grito atravesó mi sordera; brillaste y tu esplendor disipó mi ceguera; difundiste tu fragancia y yo respiré y anhelo hacia ti; gusté y tengo hambre y sed; me tocaste y ardí del deseo de tu paz» (Confesiones X, 27, 28).

La parábola de la red y los peces

La tercera parábola de este Domingo, la de la red echada en el mar que recoge todo tipo de peces; es semejante a la parábola de la cizaña que crece en medio del trigo. Nos enseña que en su etapa actual el Reino de los Cielos incluye todo tipo de personas: santos y pecadores. La red arrastra con todo y lo saca a tierra. Pero todos imaginamos a los pescadores sentados en la orilla seleccionando a los buenos y arrojando a los malos. Así será al fin del mundo: «Los ángeles separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Estas son imágenes usadas constantemente por Jesús para describir el tormento eterno de los condenados: no sólo ardor físico, sino también amargura profunda, odio y dolor.

Hemos dicho que el Reino de los Cielos expresa la novedad de Jesucristo. Pero esto no rescinde todo lo revelado por Dios en el Antiguo Testamento, sino que le da pleno cumplimiento. Por eso todo escriba que se ha hecho discípulos del Reino de los Cielos «saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». La relación entre ambos Testamentos ha sido formulada por un antiguo adagio: “Novum in Vetere latet; Vetus in Novo patet” (El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo; el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo).

 

Una palabra del Santo Padre:

«En el mundo en que vivimos, se convierte casi en una necesidad poder tomar nuevo vigor en el cuerpo y en el espíritu, especialmente para quien vive en la ciudad, donde las condiciones de vida, con frecuencia frenéticas, dejan poco espacio al silencio, a la reflexión y al distendido contacto con la naturaleza. Las vacaciones son, además, días en los que puede haber dedicación más prolongada a la oración, a la lectura y a la meditación sobre los significados profundos de la vida, en el contexto sereno de la propia familia y de los seres queridos.

El tiempo de las vacaciones ofrece oportunidades únicas de pausa ante los espectáculos sugestivos de la naturaleza, maravilloso «libro» al alcance de todos, mayores y niños. En el contacto con la naturaleza, la persona reencuentra su justa dimensión, se redescubre criatura, pequeña pero al mismo tiempo única, «capaz de Dios» porque interiormente está abierta al Infinito. Empujada por el interrogante de sentido que le apremia en el corazón, percibe en el mundo circundante la impronta de la bondad y de la providencia divina y casi naturalmente se abre a la alabanza y a la oración».                       

Benedicto XVI. Ángelus, Domingo 17 de julio de 2005.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. «Pídeme lo que quieras» le dice Dios a Salomón ¿No es acaso también ésta la misma oferta que hoy nos hace a Dios? ¡Sí, también a nosotros nos ha hablado, ya no en sueños, sino por medio de su Hijo! ¿Qué le pedimos a Dios en nuestra oración? ¿Acudimos a Él con frecuencia?

2. ¿Seremos nosotros capaces de vender todo para ganar el gran tesoro encontrado o la perla más preciosa que existe en el mundo? El ejemplo de vidas heroicas y santas nos muestran que sí vale la pena «venderlo todo» por Jesucristo. 

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 28. 30. 1718. 1730. 2128. 2566, 2705.


[1] Corazón: término que se usa figuradamente en las Sagradas Escrituras para designar el centro, la totalidad o la esencia de todas las cosas o actividades del hombre. En particular se refiere al centro de la personalidad. Los términos que ahora utilizamos como carácter, personalidad, voluntad, criterios o mente; representan lo que «corazón» significaba para los hebreos.

[2] Posiblemente sea el faraón Psusenas II, último rey de la dinastía XXI.

[3] Este era el mismo Tabernáculo que Moisés había colocado en el desierto. El Tabernáculo era una gran tienda de campaña construida según las instrucciones que Moisés había recibido de Dios. El Tabernáculo era el centro de la vida religiosa de Israel y era el signo de que Dios estaba siempre con ellos. A menudo al Tabernáculo se le llamaba «Tienda de la reunión» (donde tenía lugar el encuentro entre Dios  y el hombre) y «Morada » (de Dios entre los hombre s). 

[4] Los sueños, con anterioridad a los Profetas, eran uno de los principales medios de comunicación entre Dios y los hombres (ver Gn 20, 3; 28,31; 37, 5).

[5] Ver el capítulo 5 de San Mateo.

Vuele Bajo

Posted: July 12th, 2011, by Matoga

El Servicio Sacerdotal de Urgencia abre una sede en el Hospital “Gandulfo” de Lomas

Posted: July 12th, 2011, by Matoga

Eclesia.info- El Servicio Sacerdotal de Urgencia (S.S.U.) de la diócesis, que asesora el presbítero Jorge Beigbeder, abrirá una nueva sede en el edificio del Hospital Interzonal de Agudos “Luisa C. de Gandulfo” de Lomas de Zamora.

Será el 26 de julio a partir de las 19, con la presencia del obispo Jorge Lugones, quién presidirá una misa y luego bendecirá las nuevas instalaciones donde el SSU realizará sus guardias desde ese lugar.

En la diócesis, el pasado 1 de mayo el S.S.U. cumplió 35 años de presencia, y en este marco, el padre Beigbeder pidió a los fieles que se sumen como voluntarios para reforzar las guardias nocturnas: “Esta misión la realizan sacerdotes y laicos, que todas las noches esperan en piadosa vigilia, oír el timbre del teléfono y permitir que un enfermo grave cuente rápidamente con los auxilios de nuestra Santa Iglesia”, señaló el sacerdote en una carta. Por eso, “les pido que nos sigan ayudando en la difusión de este humilde servicio eclesial que está destinado especialmente a esos Cristos sufrientes, que son nuestros hermanos enfermos y ancianos”.

Más información: 4245 3333 (teléfono del S.S.U. de Lomas), 4295 1171 (teléfono de la parroquia Nuestra Señora del Valle, Ezeiza); www.ssu.org.ar

Domingo de la Semana 15ª del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Posted: July 5th, 2011, by Matoga

«Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto»

Lectura del profeta Isaías 55,10-11

«Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 8, 18 -23

«Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13,1-23

«Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: “Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

Y acercándose los discípulos le dijeron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

“Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta”».

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

Sin duda las lecturas de este Domingo se centran en la Palabra de Dios revelada al hombre. En la Primera Lectura vemos cómo se resalta la eficacia de la Palabra ya que todo aquello que Dios dice es verdadero y encontrará su cumplimiento en el momento oportuno. Ella desciende desde el cielo como lluvia que empapa y fecunda la tierra. Por otra parte, en la lectura del Evangelio Jesús  nos habla de la necesidad de acoger el mensaje de la Buena Nueva para que pueda dar fruto en abundancia. Aunque el sembrador riega generosa y abundantemente sus semillas, éstas deben de caer en tierra fértil (colaboración humana) para que puedan dar fruto.

Finalmente vemos en la Carta a los Romanos cómo la creación entera está expectante aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios. Nos encontramos en una situación paradójica: el hombre ya ha sido reconciliado en Jesucristo pero aún debe de peregrinar en la tierra hacia su destino eterno. Es el famoso «ya, pero todavía no». San Pablo utilizará la imagen de una mujer antes de dar a luz para describir la misteriosa realidad del dolor y la alegría que grafica la situación actual del cristiano.

«Así será mi palabra que no volverá a mí sin fruto»

¡Qué consuelo para todo aquel que lleva la Palabra de Dios a los otros! La palabra de Dios jamás dejará de dar fruto ya que está dotada de una fecundidad que va más allá del esfuerzo realizado. Este texto hace parte de la invitación final que Yahveh dirige a su pueblo, a través de Isaías[1], a participar de los bienes de la nueva alianza y a convertirse mientras aún es tiempo: «Yo voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David» (Is 55,3).

La palabra de Yahveh es semejante a un mensajero que no vuelve hasta ver realizada su misión. A este respecto dice el Papa León XIII en su encíclica Providentissimus Deus: «Quienquiera que hable penetrado del espíritu y de la fuerza de la palabra divina, no habla solamente con palabras sino con poder, y con Espíritu Santo y con gran plenitud (1Ts 1,5). En cambio, hablan fuera de tono y neciamente quienes, al tratar asuntos religiosos y proclamar los divinos preceptos no proponen casi otra cosa que razones de ciencia y prudencia humanas, fijándose más de sus propios argumentos que de los divinos. Su discurso deslumbra con fuego fatuo; pero necesariamente es lánguido y frío, porque carece del fuego de la Palabra de Dios (Jr 23,29)».

«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar…»

El modo como empieza el Evangelio de hoy nos indica que estamos ante una nueva sección ya que constituye el inicio del tercer discurso parabólico[2] de los cinco que encontramos en el Evangelio de San Mateo. Este es, sin duda, un discurso muy vivo; lleno de interrupciones de parte del auditorio, de diálogos y también de cambios de escena y de público.

En la estructuración del Evangelio se ha considerado que éste es un discurso porque así ha sido introducido: «Les habló muchas cosas en parábolas». Siguen siete pará­bolas que ocupan casi todo el capítulo 13. Y la conclusión nos indica que efectivamente se trata de una unidad: «Cuando acabó Jesús estas pará­bolas, partió de allí» (Mt 13,53). El tema de todas estas parábolas es también homo­gé­neo: se trata de indicar el efecto que tendrá entre sus destinata­rios el Reino de los Cielos que ya ha llegado. En efecto, hasta aquí éste ha sido el tema de la enseñanza de Jesús. Mateo sitúa el comienzo de la activi­dad de Jesús des­pués que Juan el Bau­tista fue encarcelado y la resume así: «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos porque el Reino de los cielos ha llegado» (Mt 4,17).

En la introducción del discurso llama la atención el hecho de que Jesús se sienta dos veces: primero, junto al mar y luego, cuando se reúne la multitud, en la barca. Se insiste de esta manera en que él adopta la actitud del maestro que se sienta («kathesthai», de aquí viene nuestra palabra «cátedra») para impartir una enseñanza seria e importante para la vida de los oyentes. De aquí que, cuando el Romano Pontífice, en su cali­dad de maestro supremo de la Iglesia universal, en uso del carisma de la infalibilidad que posee, enseña una doctrina de fe y costumbres de manera definitiva, se dice que ha hablado «ex cathedra». Es el modo más solemne de enseñar. A una doctrina así enseñada los fieles deben dar el consentimiento de la fe.

El sembrador y las semillas

«Salió un sembrador a sembrar». Este comienzo ha dado el nombre a esta parábola, llamada habitualmente «del sembrador». Pero, en realidad, el sembrador es secundario. Lo central en la parábola no es el sembrador, sino la semilla. De ella se trata cuando se dice que «una parte cayó a lo largo del camino… otra, cayó en pedregal… otra cayó entre espinas… otra cayó en tierra buena y dio fruto». A la semilla se refiere Jesús cuando explica a sus discípulos el significado profundo de la parábola explicando por cuatro veces la situación de cada semilla. Por eso en su exposición de esta misma parábola Lucas establece esta equivalencia: «La semilla es la Palabra de Dios» (Lc 8,11).

El tema de la parábola es la diversa suerte que corre la misma semilla cuando es sembrada en los más diversos terrenos. Debería llamarse la «pará­bola de la siembra». Jesús quiere enseñar que la Palabra de Dios cuando es proferida ante la multitud de los hombres comienza en el corazón de ellos la misma historia que la semilla cuando es sembrada en el campo. El tema de la parábola es el impacto producido en cada uno por el anuncio del Reino. Hay que tener una percepción perfecta y un poder de síntesis genial para clasificar las respuestas de manera tan completa y precisa. Ante el anuncio de la Palabra las reacciones son cuatro.

Los diversos terrenos

La semilla que cae a orilla del camino y es comida por las aves se compara con el que escucha la Palabra del Reino, pero viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón. Podemos afirmar que esto es lo que ocurrió cuando San Pablo predicó la resurrección de Cristo en el Areópago de Atenas: «Al oír la resurrección de los muertos unos se burlaron y otros dijeron: ‘Sobre esto te oiremos otra vez’» (Hch 17,32). En éstos la Palabra fue arrebatada inmediatamente por el Maligno. Pero ni aun allí la predicación fue inútil: «Pero algunos hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros» (Hch 17,34). Sin duda, valió la pena sembrar.

En otros la Palabra ejerce su fascinación: «Oyen la Palabra y al punto la reciben con alegría». Pero son inconstantes y ante cualquier tribulación a causa de la misma Palabra sucumben. Éstos son los que no están dispuestos a sufrir nada por Cristo. No merecerán nunca que Cristo les diga: «Bienaventurados vosotros cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12).

En otros, el terreno tiene espinas: las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la Palabra. Estos están tan ocupados en los asuntos de este mundo que no tienen tiempo para pensar en la vida eterna, ni siquiera para la Eucaristía dominical; o bien son engañados por las riquezas como «el joven rico». A éste le habló Jesús mismo; pero sus riquezas lo convencieron de que ellas lo harían feliz. Pero lo engañaron y ahogaron la voz del Maestro.

Jesús dijo esta parábola para sus contemporáneos y también para nosotros, para poder examinar nuestra vida y ofrecer a la Palabra de Dios un corazón como el de la Virgen María: «María guardaba cuidadosamente estas Palabras y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19.51). En nadie ha encontrado la Palabra un terreno más fértil. En ella «la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).

Una palabra del Santo Padre:

«En una sociedad sedienta de auténticos valores humanos y que sufre tantas divisiones y fracturas, la comunidad de los creyentes ha de ser portadora de la luz del Evangelio, con la certeza de que la caridad es ante todo comunicación de la verdad. Con este fin, la Iglesia en Madrid quiere estar presente en todos los campos de la vida cotidiana, y también a través de los medios de comunicación social.

Es un aspecto importante porque el Espíritu nos impulsa a hacer llegar a cada hombre y cada mujer el Amor que Dios Padre mostró en Jesucristo. Este amor es solícito, generoso, incondicional, y se ofrece no sólo a los que escuchan al mensajero, sino también a los que lo ignoran o rechazan.

Cada uno de los fieles tiene que sentirse llamado para ir, como enviado de Cristo, en busca de quienes se han alejado de la comunidad, como aquellos discípulos de Emaús que habían cedido al desencanto (cf. Lc 24,13-35). Hay que ir hasta los confines de la sociedad para llevar a todos la luz del mensaje de Cristo sobre el sentido de la vida, de la familia y de la sociedad, llegando a las personas que viven en el desierto del abandono y de la pobreza, y amándoles con el Amor de Cristo Resucitado. En todo apostolado, y en el anuncio del Evangelio, como dice San Pablo, «si no tengo amor, nada soy» (1Cor 13,2)».

Benedicto XVI. Discurso a los peregrinos madrileños, 4 julio del 2005.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.

1. ¿Con sinceridad, qué tipo de terreno me considero? ¿La Palabra de Dios es fecunda en mí? ¿Qué frutos concretos doy?

2. ¿Leo la Palabra de Dios todos los días? ¿Por qué no le dedico cinco minutos diarios? ¿Me resulta tan difícil?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 543-546. 2705-2708.


[1] Isaías «Yahvé es salvación» es el primero de los cuatro profetas mayores. Era descendiente de uno de los reyes de Judá (sobrino del rey Amacias) y pertenecía a la aristocracia de Jerusalén. Junto con el profeta Miqueas lucha contra la amenaza del abuso del poder y de la riqueza. Es probable que haya sido martirizado de manos del rey Manasés. Vivió en el siglo VII a.C.

[2] Parábola vienen del latín parabŏla, y este del griego παραβολή que quiere decir «comparación». La parábola es una narración de un suceso creado, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

Intenciones de oración del Papa para el mes de julio

Posted: July 1st, 2011, by Matoga

CIUDAD DEL VATICANO, 30 JUN 2011 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de julio es: “Para que los cristianos contribuyan a aliviar el sufrimiento físico y espiritual de los enfermos de SIDA, especialmente en los países más pobres”.

Su intención misionera es: “Por las religiosas que trabajan en tierras de misión, para que sean testigos del gozo del Evangelio y signo viviente del amor de Cristo”.

Domingo de la Semana 14ª del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Posted: June 28th, 2011, by Matoga

«Yo te bendigo Padre porque has revelado estas cosas a los pequeños»

Lectura del profeta Zacarías 9,9-10

«¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna. El suprimirá los cuernos de Efraím y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de combate, y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 8, 9.11-13

«Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros. Así que, hermanos míos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne, pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis.»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30

«En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. = Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”».

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

El profeta Zacarías dirige su gozoso anuncio mesiánico a los habitantes de Jerusalén, proclamando la venida de un rey humilde, que montado en un asno[1], restablecerá la paz y la justicia en las naciones; sintetizando de manera admirable toda la esperanza de salvación del pueblo elegido (Primera Lectura). Profecía que se verá plenamente realizada en Jesucristo, manso y humilde de corazón, que viene a traer alivio y descanso a todo aquel que experimenta fatiga y desasosiego. Él, conociendo íntimamente al Padre, revela el verdadero rostro de Dios a todo aquel que con humildad se reconoce necesitado de su misericordia (Evangelio).

En su carta a los Romanos, San Pablo nos recuerda nuestra nueva dignidad de hijos en el Hijo ya que hemos resucitado a la vida en el Espíritu y, por lo tanto, debemos vivir las obras de vida nueva y no según el desorden egoísta que nace de las apetencias de la carne (Segunda Lectura).

¿Quién era el profeta Zacarías?

Zacarías era profeta y sacerdote nacido durante el destierro de los judíos en Babilonia. Así como el profeta Ageo, participó en la reconstrucción del templo que quedó terminado finalmente en el año 516 a.C. En aquel tiempo los judíos que habían regresado del destierro estaban desalentados y habían dejado de reedificar el templo a causa de sus adversarios: «Entonces el pueblo de la tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá y a meterles miedo para que no siguiesen edificando» (Esd 4,4). Zacarías los animó a seguir sus trabajos prometiéndoles, en una visión profética, la victoria y la paz final sobre todos sus enemigos (ver Za 9 al 14).

«Todo me ha sido entregado por mi Padre»

El Evangelio de este Domingo está compuesto de dos partes: en la primera se nos transmite una oración espon­tánea de Jesús dirigida a su Padre y en la segunda Jesús se presenta como el Maestro Bueno que invita a los agobiados para darles descanso y mostrarles su propia perso­na como una lección de manse­dumbre y humildad. Este bellísimo pasaje del Evangelio nos recuerda aquel Salmo que dice: «Bendeciré al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca… ¡que los humildes lo oigan y se alegren!» (Sal 33,2).

Profundicemos en el contenido de las palabras de Jesús: «Todo me ha sido entregado por mi Padre». Como leemos en esta frase no se excluye nada, excepto la alteridad[2], es decir, la propia condición del «Padre». Eso el Padre no lo puede entregar. Pero en ese «todo» se incluye la divinidad; de lo contrario esa afir­mación no sería verdad. Jesús es el Hijo y se presenta ante el Padre como un «Yo» frente a un «Tú», como una Persona frente a otra Persona; pero ambos poseen todo en común, pues son la misma sustancia divina, ambos son el mismo y único Dios. Estamos tocando así la revelación del misterio trinitario.

Esto se ve confirmado por las si­guientes afirmaciones de Jesús. «Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre». Esto lo podemos aceptar sin más. En efecto, esto puede decirse de toda persona: nadie la conoce bien sino el mismo Dios. San Agustín decía que Dios era «más íntimo a mí que yo mismo». El conocimiento que Dios tiene de cada uno es mayor que el que tenemos de nosotros mismos.

Pero Jesús agrega: «Nadie conoce bien al Padre sino el Hijo». Como podemos ver esta afirmación es tremenda. Si nadie puede presumir de conocer bien a una persona humana, ¿quién puede presumir de conocer bien a Dios? Pues ¡el Hijo lo conoce bien! Y no sólo esto, sino que Él puede conceder a otro este conocimiento: «A aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». En la Biblia conocer es más que una actividad intelectual: «conocer» es «conocer y amar»: ambas acciones van juntas. Por tanto, en estas afirmaciones de Jesús nos habla del Amor entre el Padre y el Hijo. Y este vínculo de Amor, que une al Padre y al Hijo es la tercera Persona divina, pues nada puede intervenir entre el Padre y el Hijo que no sea Dios mismo. La tercera Persona divi­na, el Espíritu Santo, que el Hijo envía a nuestros cora­zones, comunicándonos el amor, nos concede el conocimiento de Dios. En efecto, «el que ama… conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor» (1Jn 4,7-8).

Los sabios e inteligentes en relación a los pequeños

Vemos en el texto un problema en el contraste entre sabios e inteligentes y los «pequeños». Es que los «sabios e inteligentes» no se oponen a «pequeños», sino a los «necios y tardos». Y no es a éstos a quienes revela el Padre sus misterios, sino a los pequeños. Por otro lado, «sabiduría e inteligencia» son los más altos dones del Espíritu Santo en cuanto que nos permiten precisamente gustar y comprender las cosas divinas. ¿A quiénes pues se refiere la frase de Jesús cuando dice «sabios e inteligentes»? Son los que presumen de tales, los que piensan que con su intelecto humano pueden alcanzar toda la verdad; son los que el mundo considera grandes por razón de su ciencia e inteligencia; los que no tolerarían jamás ser llamados «pequeños». A éstos Dios no les revela sus cosas o mejor dicho ellos mismos no quieren escuchar a Dios ya que no lo necesitan…

Pero…¿quiénes son estos pequeños? «Pequeño» era Pedro y por eso recibió de Dios la revelación de quién era Jesús (ver Mt 16,17). Pedro era un humilde pescador de Galilea que ante Jesús exclama: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8); que reconociendo su incapacidad pregunta a Jesús: «¿Quién podrá salvarse?» (Mt 19,25), y que en la angustia clama a Él: «¡Señor, sálvame!» (Mt 14,30). «Grande» en cambio, eran Herodes, Pilato, el Sumo Sacerdote, etc., etc.; la lista podría alargarse mucho. Pero éstos nunca conocieron quién realmente era Jesús. Cada uno puede discernir en cuál grupo se encuentra según su relación con el Padre. Para unos las cosas son ocultas y para los otros son claras.

Pero… ¿cuáles son «estas cosas»?

Con el uso de su inteligen­cia y gracias a su esfuerzo el hombre puede alcanzar las verdades científicas y experimentales. Esas verda­des son a la medida de su capacidad; son verdades naturales que el hombre puede conocer con relativa niti­dez. Pero las verdades sobrenaturales, las que explican el sentido de su vida, su origen y su destino, el fundamento de su existen­cia y su ubicación en el universo, estas verdades son concedidas al hombre como un don gratuito que Dios se ha complacido en compartirlas con los humildes.

Estas verdades deben ser acogi­das por la fe. Que Dios creó el universo y el hombre a partir de la nada, que tanto ama al hombre que envió a su Hijo único para salvarlo del peca­do, que Jesucristo es el Hijo de Dios y Dios verda­dero, que nació de una Virgen y que su muerte fue un sacri­ficio que Dios aceptó por el perdón de los pecados, que resucitó y ahora reina en el cielo, aunque está presente en su Iglesia, y que vendrá al fin de los tiempos con gloria a poner fin a la historia humana. A todo esto se refiere Jesús cuando dice «estas cosas».

Si algunas de las cosas que hemos enumerado u otras del mismo género que enseña la Iglesia (en efecto, Jesús dijo: «El que a vosotros oye a mi me oye») le resultan oscuras a alguien, no debe precipitarse a examinar muchos libros o consul­tar las opiniones de los especialistas, sino exami­nar la humildad y la bondad de su corazón. Es el consejo que nos da San Pedro: «Revestíos todos de humil­dad en vuestras rela­cio­nes mutuas, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes» (1P 5,5).

La humildad es una virtud que no sólo agrada a los hombres sino que entusiasma y conmueve al mismo Dios. Por eso la Virgen María halló gracia a sus ojos: «El Poderoso ha hecho en mí cosas grandes, porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1,48-49).El Evangelio también insiste en que ella «guardaba estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19.51).

«Aprended de mí porque soy manso y humilde de corazón…»

Cualquier observador objetivo, aunque no tenga fe, debe reconocer que Jesús fue un maestro genial y eficaz, como nadie en la historia. Y ante esta constatación debería surgir espontáneamente la pre­gunta acerca de su método pedagógico. El secreto de su éxito está en su misma Persona. Él enseña con su mismo actuar.

Lo esencial de su método está expresado en estas palabras: «Aprended de mí, porque soy manso y humil­de de corazón». Nótese que el texto no dice «que soy manso…» sino «porque soy manso…». Es decir Jesús no se pone como modelo sino como Maestro Bueno al cual podemos ir sin timidez, puesto que es  manso y humilde de corazón y a pesar de nuestras torpezas y caídas no se irrita sino que nos entiende y perdona una y otra vez.

«Porque mi yugo es excelente y mi carga liviana». El adjetivo griego utilizado en esta frase y aplicado a «mi yugo» es «jretós» (excelente o suave en algunas traducciones). Es el mismo adjetivo utilizado en Lucas 5,39: «El (vino) añejo es el bueno» o «el (vino) viejo es excelente».

De ahí que el sentido más exacto sea «excelente», pues «llevadero o suave» sólo nos transmite la idea de un bien menor, en tanto que lo que Jesús nos ofrece es un bien positivo; es el bien más grande que podamos desear siempre que tengamos un corazón de niño (ver Mt 19, 14) que nos permita acoger así la palabra del «Maestro Bueno».

Una palabra del Santo Padre:

«El Hijo de Dios, habiéndose hecho carne, podía convertirse en pan, y así ser alimento para su pueblo, para nosotros, que estamos en camino en este mundo hacia la tierra prometida del cielo. Necesitamos este pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El Domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para sacar fuerzas de él, que es el Señor de la vida. Por tanto, el precepto festivo no es un deber impuesto desde afuera, un peso sobre nuestros hombros.

Al contrario, participar en la celebración dominical, alimentarse del Pan eucarístico y experimentar la comunión de los hermanos y las hermanas en Cristo, es una necesidad para el cristiano; es una alegría; así el cristiano puede encontrar la energía necesaria para el camino que debemos recorrer cada semana. Por lo demás, no es un camino arbitrario: el camino que Dios nos indica con su palabra va en la dirección inscrita en la esencia misma del hombre. La palabra de Dios y la razón van juntas. Seguir la palabra de Dios, estar con Cristo, significa para el hombre realizarse a sí mismo; perderlo equivale a perderse a sí mismo».

Benedicto XVI. Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, Domingo 29 de mayo de 2005.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.

1. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso». Hagamos una visita al Señor en el Santísimo Sacramento y abrámosle nuestro corazón. Él está siempre esperándonos.

2. El mensaje del Evangelio siempre es un mensaje «humanizador y reconciliador». Es decir el mensaje de Jesús es un mensaje de amor y no es código penal. El que lo conozca lo amará y entonces entenderá que el «yugo» al que el Señor se refiere es excelente. ¿Lo entiendo y lo vivo de esa manera?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 602 – 609.


[1] En la Biblia se menciona por primera vez a un asno cuando Abraham estuvo en Egipto (Gn 12,16). Era el más común de los animales de montura (Ex 4,20). En un asno se podía viajar unos 30 km. en el día y era  insustituible en el terreno montañoso. La riqueza de un hombre podía medirse mediante el número de asnos que tuviera (Gn 12,16) por lo que constituía un regalo apreciado (Gn 32, 13-15). El asno blanco se consideraba como un animal digno de personas importantes (Jc 5,10). Un escrito del siglo VII a.C. indica que no era propio de gente real andar a caballo sino en asno. El hecho de que Jesús haya usado un asno para la entrada triunfal en Jerusalén es a la vez  símbolo de su realeza mesiánica y de su misión reconciliadora haciendo directa referencia al pasaje de Za 9,9.

[2] Alteridad: condición de ser otro.

A los 81 años murió monseñor Carmelo Giaquinta

Posted: June 23rd, 2011, by Matoga

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de ResistenciaBuenos Aires, 23 Jun. 11 (AICA) Monseñor Carmelo Juan Giaquinta falleció ayer, 22 de junio, justo el día en que cumplía 81 años, informaron hoy fuentes del Seminario Metropolitano de Buenos Aires, donde residía.

El deceso se produjo a últimas horas de la tarde en la clínica San Camilo, donde quedó internado hace una semana tras concurrir para un chequeo de rutina.

Los restos de monseñor Giaquinta son velados desde esta mañana y hasta las 22 en el Seminario Metropolitano (José Cubas 3543, del barrio porteño de Villa Devoto), donde a las 12 se rezará una misa de cuerpo presente.

Mañana serán llevados a la catedral de Buenos Aires, en cuya cripta será sepultado. Previamente, a las 9.30, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, presidirá la solemne misa exequial.

Monseñor Carmelo Juan Giaquinta

Hijo de padres italianos, doña Carmela Ragusa y don Salvador Giaquinta, había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 22 de junio de 1930.

Cursó la Escuela Primaria Nº 2 “General Acha” del barrio Villa Ortúzar, Buenos Aires, y la completó en el Instituto Vocacional San José, de San Isidro.

En 1942 ingresó al Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción de Buenos Aires. Allí cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía.

En 1949 viajó a Roma, donde fue seminarista del Colegio Pío Latino Americano y alumno de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo la licenciatura en Sagrada Teología.

Fue ordenado sacerdote en Roma, el 4 de abril de 1953.

En 1954 prosiguió sus estudios en el Instituto Católico de París y en la Escuela de Altos Estudios, Sección Religiosa, de la Universidad de la Sorbona, y concluyó su estadía europea con un viaje de estudios a Medio Oriente organizado por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

De regreso a Buenos Aires, en octubre de 1955, fue designado vicario cooperador de la parroquia Sagrada Eucaristía y auxiliar de secretaria en la Curia Metropolitana. En 1957 fue designado capellán del Colegio Niño Jesús, y posteriormente lo fue del Noviciado de Nuestra Señora de la Compasión y del Colegio San Vicente.

En 1957 comenzó a desempeñarse como profesor de la Facultad de Teología, donde actuó hasta mayo de 1980, dictando diversas materias, y ocupando los cargos de vicedecano y decano durante varios trienios.

De 1958 a 1968 se desempeñó como Director Espiritual del Seminario Mayor de Buenos Aires. Desde 1969 hasta 1971 fue Vicerrector del Instituto de Cultura Religiosa Superior.

En 1961, participó de la inauguración del Concilio Vaticano II, acompañando a Mons. Ponce de León como secretario personal.

En marzo de 1962 Juan XXIII lo nombró Capellán de Su Santidad.

Ha sido colaborador de la revista Criterio e integró el consejo de redacción.

El 11 de marzo de 1980, Juan Pablo II, lo designó Obispo titular de Zama Menor y Auxiliar de Viedma (Río Negro). El 30 de mayo de 1980 recibió la ordenación episcopal en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires de manos del Cardenal Juan Carlos Aramburu y de los obispos Miguel Esteban Hesayne, de Viedma, y Octavio Nicolás Derisi, auxiliar de La Plata.

Eligió como lema de su misión “Toda lengua proclame: Jesús es el Señor” (Fil. 2, 10-11). En la Diócesis de Viedma colaboró con su obispo especialmente en la atención pastoral de la Vicaría del Alto Valle, residiendo en Cipolletti, y en la organización del Primer Sínodo Pastoral Diocesano.

Nombrado Obispo de la diócesis de Posadas (Misiones) el 16 de junio de 1986, sucedió a monseñor Jorge Kemerer el 17 de agosto de ese año. En los años de su ministerio en esa diócesis, destacó especialmente el ministerio de la Palabra a través de la televisión, y la visita pastoral a las parroquias, tanto de la capital, como del interior, visitando con esmero las comunidades cristianas de las colonias.

Promovido a arzobispo de Resistencia el 22 de marzo de 1993, tomó posesión el 6 de junio del mismo año. Poco antes de cumplir 75 años, Juan Pablo II aceptó su renuncia y lo nombró Administrador Apostólico de la Arquidiócesis hasta la toma de posesión del nuevo arzobispo, monseñor Fabriciano Sigampa, el 26 de febrero de 2006.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, apenas supo de su renuncia, le ofreció formar parte de la dirección espiritual en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto. A partir de allí su residencia fue el Seminario Inmaculada Concepción de Buenos Aires, lugar donde se había iniciado su tarea sacerdotal.

En la Conferencia Episcopal Argentina fue miembro de la Comisión de Fe y Cultura, y presidente de la Comisión de Ministerios, del Consejo de Asuntos Económicos, y de la Comisión de Pastoral Social. Actualmente era miembro de Comisión Episcopal para la Universidad Católica Argentina. En la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina ha sido representante de la Provincia Eclesiástica de Corrientes y de la Provincia Eclesiástica de Resistencia.

Como miembro del Consejo Episcopal de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Argentina fue el impulsor del “Plan compartir para el sostenimiento económico de la Iglesia en la Argentina”.

En la Región Pastoral del NEA ha sido un miembro activo, destacándose sobre todo como moderador de los obispos responsables del Seminario Interdiocesano “La Encarnación”.

En la Santa Sede ha sido consultor del Secretariado para la Unión de los Cristianos (hoy Consejo Pontificio), desde 1968 a 1973; miembro de la Sagrada Congregación para la Educación Católica del Vaticano, en el período 1996-2007, y consultor de la Comisión Interdicasterial para la equitativa distribución del Clero en el mundo.

En 1992, participó de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, y en 1997 de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, para América, en Roma.

Ha dirigido numerosos ejercicios espirituales para el clero, seminarios y religiosas, y ha participado en diversos congresos internacionales de teología, pastoral, vocaciones, universidades y facultades eclesiásticas.

Dictó innumerables conferencias sobre el Concilio Vaticano II y sobre la Doctrina Social de la Iglesia, y era conocido por sus mensajes dominicales.

Tiene editadas diversas publicaciones, tanto en colaboración, como propias. Entre éstas: “Todo es común – Doctrina cristiana sobre la propiedad y el dinero”, “La comunión de bienes en la Iglesia”, “Porqué creemos”, “Mensajes para el Tercer Milenio”, “Fieles al Evangelio”.+

Nuevo Administrador Apostólico de la Eparquía Ucrania

Posted: June 22nd, 2011, by Matoga

Buenos Aires, 22 Jun. 11 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI nombró Administrador Apostólico “sede vacante” de la Eparquía Santa María del Patrocinio en Buenos Aires de los Ucranios, a monseñor Daniel Kozelinski Netto, brasileño de 59 años, actualmente obispo auxiliar de la eparquía brasileña de Sao Joao Batista en Curitiba de los Ucranios.

La información fue suministrada por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA, en simultáneo con la publicación en la Oficina de Prensa de la Santa Sede en Roma.

La Eparquía Ucrania está vacante desde el 10 de abril de 2010, cuando por razón de edad renunció monseñor Miguel Mykycej FDP, segundo obispo eparca de esta sede.

Tras la renuncia de monseñor Mykycej el Santo Padre nombró Administrador Apostólico “sede vacante” a monseñor Sviatoslav Shevchuk, quien debió dejar este cargo el 25 de marzo de 2011 cuando Benedicto XVI lo confirmó como Arzobispo Mayor de Kyiv-Halych, un cargo equivalente al de Patriarca, con residencia en Ucrania.

Actualmente está al frente de la Eparquía, en carácter de administrador eparquial, el padre Luis Glinka OFM, elegido por el Colegio de Consejeros eparquiales el 30 de marzo de 2011.

Datos biográficos de Mons. Daniel Kozelinski Netto

Nació el 18 de febrero de 1952 en Colonia Paraíso, Bom Sucesso, Paraná (Brasil). Su padre era ucranio y su madre brasileña.

Ingresó en el seminario Sao Jose, de la diócesis de Ponta Grossa-PR. Cursó Filosofía en el Studium Basiliano de Curitiba y en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, antes de seguir los cursos de Teología en la misma Universidad Urbaniana y en el Studium Theologicum Claretianum de Curitiba.

Fue ordenado sacerdote el 10 de febrero de 1980 en Colonia Paraiso, su ciudad natal, y nombrado coadjutor en la parroquia de la catedral de la eparquía Sao Joao Batista.

En el mismo año, hasta fines de 1983, fue nombrado párroco de Sao Jose, en Dorizon y formador en el seminario menor de la eparquía ucrania.

En 1983 es nombrado párroco del Sagrado Coracao de Jesús y rector del Seminario Menor. En 1986 fue designado rector del Seminario Mayor Sao Josafat.

Desde 1990 es párroco de la catedral Sao Joao Batista en Curitiba, hasta el año 2000, en el que es nombrado párroco de Sao Jose en Cantagalo.

Desde 2004 hasta 2006 cursó una maestría en Pastoral Juvenil y Catequística en la Pontificia Universidad Salesiana de Roma.

Un año después de su regreso al Brasil, el 16 de septiembre de 2007, fue ordenado obispo en Mallet.

Actualmente es obispo auxiliar de la eparquía Sao Joao Batista en Curitiba de los Ucranios.

La Eparquía Ucrania en la Argentina

La eparquía “Santa María del Patrocinio en Buenos Aires de los Ucranios” fue creada primero como Exarcado Apostólico el 9 de febrero de 1968 por Pablo VI, y elevada a Eparquía (obispado oriental), por el mismo Papa el 24 de abril de 1978.

Forma parte de la Iglesia Católica Ucrania de rito bizantino  -una de las 21 Iglesias orientales católicas “sui iuris”-,  dependiente jurídicamente de la Congregación para las Iglesias Orientales, cuyo Prefecto es el cardenal argentino Leonardo Sandri, y litúrgica y espiritualmente del Arzobispo Mayor de Kyiv-Halych, Ucrania.

Según datos de la Guía Eclesiástica Argentina 2009, la Eparquía cuenta con 120.000 fieles, ubicados 60.000 en la provincia de Buenos Aires y Capital Federal, 30.000 en Misiones, 20.000 en el Chaco y Formosa y 10.000 en el resto del territorio argentino.

La atención pastoral de esta colectividad está a cargo de 14 sacerdotes (basilianos, eparquiales, salesianos y franciscanos); 85 religiosas (basilianas, Siervas de María Inmaculada y Catequistas del Sagrado Corazón) y 1 diácono permanente, todos del rito bizantino.

La eparquía cuenta con 15 parroquias, 44 iglesias y capillas y 7 centros educativos.

Su primer eparca (Año 1968) fue monseñor Andrés Sapelak y lo  sucedió en 1999 monseñor Miguel Mykycej FDP. Monseñor Sviatoslav Schevchuk fue el tercer obispo al frente de la eparquía ucrania en la Argentina.

La dirección postal de la eparquía y de su catedral Nuestra Señora del Patrocinio (Pokrov) es: Ramón L. Falcón 3960, (1407) Buenos Aires, teléfonos: (011) 4671-4192 / 4674-2895, fax: (54-11) 4671-7265 y correo electrónico: pokrov@ciudad.com.ar +