Papa Francisco

Auspiciantes

Publicidad

Recién Escritos

Categorias

Facebook

Twitter

jesushttp://www.marana-tha.net Marana - Thá Ven Señor Jesús ::

Domingo de la Semana 3ª del Tiempo de Adviento. Ciclo A

Posted: December 11th, 2010, by Matoga

« ¿Eres tú el que ha de venir?»

Lectura del profeta Isaías 35, 1-6a.10

«Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!»

Lectura de la carta de Santiago 5,7-10

«Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas. Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11,2-11

«Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” Jesús les respondió: “Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!”

Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino. “En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

La liturgia del tercer Domingo de Adviento destaca de manera particular la alegría por la llegada de la época mesiánica. Se trata de una cordial y sentida invitación para que nadie desespere de su situación, por difícil que ésta sea, dado que la reconciliación definitiva ya se ha dado con Jesucristo. El profeta Isaías, en un bello poema, nos ofrece la bíblica imagen del desierto que florece y del pueblo que canta y salta de júbilo al contemplar la Gloria del Señor. Esta alegría se comunica especialmente al que padece tribulación y está a punto de abandonarse a la desesperanza. Santiago (Segunda Lectura), constatando que la llegada del Señor está ya muy cerca, invita a todos a tener esperanza y paciencia.

El Evangelio, finalmente, pone nuevamente (como veíamos en el Domingo de la segunda semana de Adviento) de relieve la figura de San Juan el Bautista quien en las oscuridades de la prisión dirige a Jesús una pregunta fundamental: « ¿Eres tú el que estamos esperando?». Todas las expectativas y esfuerzos de Juan descansan en la respuesta que Jesús le da: «Vayan a contar a Juan lo que ven y lo que oyen…».

¡Encendamos nuestra tercera vela!

Ya estamos en el corazón del Adviento y la liturgia de este tercer Domingo del tiempo de espera está llena del gozo de la Navidad que ya está próxima. En efecto, la antí­fona que introduce la liturgia eucarística de este día es un llamado a la alegría: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. ¡El Señor está cerca!» (Flp 4,4.5). La primera palabra de esta invitación, traducida al latín, ha dado tradicionalmente el nombre a este Domingo: «Gaude­te!». Y si el color del Adviento es el morado, en este Domingo, para indi­car que la espera pronto será colmada, se debería usar ornamentos de color rosado.

«¿Tú eres el que ha de venir?»

El Evangelio de hoy contiene uno de los puntos más difíciles de interpretar. Juan había sido arrojado en la cárcel por Herodes[1]. Habiendo oído de las obras de Jesús, desde la cárcel,  manda a preguntar acerca de su identidad. El mismo que había saltado de gozo en el vientre de su madre cuando percibió la presencia del Señor encarnado en el seno de la Virgen María, el mismo que predicando un bautismo de conversión había preparado el camino para la venida del Señor, el mismo que lo había anunciado ya presente entre los hombres y espe­raba su inminente manifes­tación, el mismo que lo había identifi­cado con la persona concreta de Jesús de Nazaret, ahora parece dudar.

Y para complicar aún más las cosas notemos que el Evangelio dice: «Juan había oído hablar de las obras del Cristo». Después del título del Evangelio de Mateo y de sus relatos sobre el origen de Jesús, ésta es la primera vez que se habla de «el Cristo». Si lo que Juan ha oído es que  las obras que Jesús hace son las «obras del Cristo», entonces no se entiende por qué luego pregunta: « ¿Eres tú el que ha de venir?», vale decir: «¿Eres tú el Cristo?», pues ya las obras mismas le estaban dando una respuesta afirmativa. En el resto del relato ya no se habla más de Cristo, sino sólo de Jesús. El reconocimiento de que Jesús es el Cristo se narra solamente en el capítulo 16. Justamente a la pregunta que el mismo Jesús dirige a los Doce sobre su propia identidad: «¿Vosotros, quién decís que soy yo?». Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,15-16).

Las obras del Cristo

¿Cuáles son las obras de Jesús que el Evangelio ha narrado hasta ahora? Ha transmitido dos discursos de Jesús: el sermón de la montaña y el discurso apostólico, y varios milagros obrados por él: curación de un leproso, del criado del centurión, de la suegra de Pedro; ha calmado la tempestad en el lago; ha liberado a dos endemoniados de la posesión del demonio; ha curado a un paralítico y a la mujer con flujo de sangre; ha resucitado a la hija de Jairo, ha devuelto la vista a dos ciegos, ha hecho hablar a un mudo. Después de este elenco impresionante de obras, el Evangelio hace un resumen: «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia» (Mt 9,35). Esto es lo que Juan ha oído y que él reconoce como las «obras de Cristo».

A la pregunta de Juan Jesús responde: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva». Pero justamente esto es lo que Juan ya había oído. Por eso debemos concluir que esa respuesta de Jesús no va dirigida a Juan sino a sus enviados y a los demás presentes. A ellos también va dirigida la frase: «¡Dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». Juan ya reconocía que quien hacía esas obras era el Cristo, en tanto que los mismos apóstoles, es posible, aún no habían llegado a esa conclusión.

Solamente así se puede explicar por qué Jesús hace un impresionante reconocimiento de Juan: «Os digo que él es un profeta, y más que un profeta… En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista». Es un testimonio impactante y que no deja duda de lo que Jesús pensaba acerca de su primo.

San Jerónimo nos ayuda a entender mejor el sentido de la pregunta del Bautista. «No pregunta, pues, como si no lo supiera, sino de la manera con que preguntaba Jesús: “¿En dónde está Lázaro?” (Jn 11, 34), para que le indicaran el lugar del sepulcro, a fin de prepararlos a la fe y a que vieran la resurrección de un muerto; así Juan, en el momento en que había de perecer en manos de Herodes, envía a sus discípulos a Cristo, con el objeto de que, teniendo ocasión de ver los milagros y las virtudes de Cristo, creyesen en Él y aprendiesen por las preguntas que le hiciesen. Que efectivamente los discípulos de Juan habían tenido cierta envidia contra Cristo, lo demuestra la pregunta siguiente, de que ya se ha hablado: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia y tus discípulos no ayunan?” (Mt 9,14)».

«Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán…»

La respuesta que Jesús da a los discípulos de Juan condensa un conglomerado de citas del profeta Isaías (ver Is 35,5-6; 61,1…) El primero de estos textos es justamente la Primera Lectura de este Domingo. La visión esperanzadora del profeta que consuela al pueblo oprimido se sirve de imágenes que desbordan alegría para la naturaleza hostil del desierto y para las caravanas de los repatriados que la cruzan. La esperanza de un nuevo éxodo hacia la patria alentó la fe de la generación del destierro. Unas cincuenta mil personas regresaron a Palestina cuando el edicto liberador de Ciro, rey de Persia (538 a.C.). Por otro lado leemos cómo, en la Segunda Lectura, Santiago exhorta a los fieles de esas primeras comunidades cristianas, y a nosotros, a la fortaleza evangélica en la espera paciente (hypomone[2]) y activa de la venida del Señor, imitando la esperanza del que siembra y el aguante de los profetas.

«¡Dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»

En la última parte de la respuesta a los discípulos de Juan, Jesús agrega a los enviados de Juan esta frase enig­mática que es una bienaventuranza; pero en su contexto suena a reproche. ¿Para quién ha sido Jesús escándalo? Es decir, un obstácu­lo en su camino: ¿para Juan, para los enviados de Juan, para la gente que lo escuchaba entonces, o para nosotros que estamos ahora escu­chando su palabra? Jesús está seguro de que él no es escándalo para Juan, quien se encontraba en la cárcel y habría de sufrir el martirio por su defensa de la pureza de la unión conyugal. En efecto, había sido encarcelado porque decía a Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano» y sufrió el martirio a instigación de la adúltera (ver Mt 14,3-12). ¿No habría de enseñar también Jesús: «El que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio» y «no separe el hombre lo que Dios ha unido» (ver Mt 19,6.9)? Ambos poseían el mismo Espíritu, tanto que cuando Jesús pregunta qué dice la gente acerca de él, la primera respuesta es: «Dicen que eres Juan el Bautista» (Mt 16,14).

Por eso tal vez las palabras más elogiosas de Jesús en todo el Evangelio están dichas acerca de Juan. «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista». Pero Jesús agrega: «Sin embargo el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él». Este es un modo metafórico para expresar la diferencia entre dos tiempos: el tiempo en que el Reino de los cielos era futuro, aunque estuviera cerca, y el tiempo en que el Reino de los cielos está presente entre nosotros. Este último tiempo es infinita­mente superior, pues contie­ne en su seno la eterni­dad. Juan pertenece al tiempo anterior. A él llegó solamente noticia de lo que Jesús enseñó e hizo; en cambio, a los de este tiempo se dice: «Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. Pues os aseguro que muchos profe­tas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vie­ron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron» (Mt 13,16-17). La desgracia mayor es pertenecer a este tiempo y así y todo no ser capaces de ver ni de oír, ni de reconocer al Mesías, el Cristo.

Una palabra del Santo Padre:

«Tened paciencia (…) hasta la veni­da del Señor». Al mensaje de alegría, típico de este Domingo «Gaude­te», la liturgia une la invitación a la pa­ciencia y a la espera vigilante, con vistas a la venida del Salvador, ya próxima. Desde esta perspectiva, es preciso sa­ber aceptar y afrontar con alegría las di­ficultades y las adversidades, esperando con paciencia al Salvador que viene. Es elocuente el ejemplo del labrador que nos propone la carta del apóstol Santia­go: «aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia tem­prana y tardía». «Tened paciencia tam­bién vosotros —añade—, manteneos fir­mes, porque la venida del Señor está cerca». Abramos nuestro espíritu a esa invita­ción, avancemos con alegría hacia el misterio de la Navidad. María, que espe­ró en silencio y orando el nacimiento del Redentor, nos ayude a hacer que nuestro corazón sea una morada para acogerlo dignamente. Amén».

Juan Pablo II. Homilía del 13 de diciembre de 1998.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. «Dichoso el que no halle escándalo en mí». ¿Para mí seguir lo que Jesús me pide es motivo de escándalo? ¿Pienso que es demasiado lo que pide?

2. La carta de Santiago es una exhortación a vivir la paciencia. ¿Soy paciente en las adversidades?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 274.1717. 1817-1821. 2657.


[1] El Bautista se encontraba preso, según el historiador Flavio Josefo, en la fortaleza de Masqueronte en la ribera oriental del Mar Muerto, donde moriría decapitado (29 D.C.) por orden del tetrarca Herodes Antipas.

[2] «Hypomone se traduce normalmente por «paciencia», perseverancia, constancia. El creyente necesita saber esperar soportando pacientemente las pruebas para poder “alcanzar la promesa” (ver Hb 10,36). En la religiosidad del antiguo judaísmo, esta palabra se usó expresamente para designar la espera de Dios característica de Israel: su perseverar en la fidelidad a Dios basándose en la certeza de la Alianza, en medio de un mundo que contradice a Dios. Así, la palabra indica una esperanza vivida, una existencia basada en la certeza de la esperanza» (Benedicto XVI.  Spe Salvi, 9).

Inmaculada Concepción de la Virgen María

Posted: December 7th, 2010, by Matoga

«He aquí la esclava del señor; hágase en mí según tu palabra»

Lectura del libro del Génesis 3, 9 – 15.20

«Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?” Este contestó: “Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí”. El replicó: “¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?” Dijo el hombre: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí”. Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: “¿Por qué lo has hecho?” Y contestó la mujer: “La serpiente me sedujo, y comí”.

Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar”. El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes».

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.

A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo».

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.  Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”.

María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por  eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, = porque ninguna cosa es imposible para Dios.» = Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola se fue».

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

La Sagrada Escritura está llena de anuncios, de mensajes de parte de Dios a los hombres. Desde aquel que recibió Abraham, para salir de su tierra o el de la concepción de Isaac por parte de su estéril mujer Sara. Con el pasar del tiempo, a través de la historia de los Patriarcas y los Profetas y hasta el último de los profetas, que será San Juan Bautista; se diría que Dios nunca ha dejado de comunicarse con los hombres. El diálogo entre una humilde doncella de Nazaret y el Arcángel Gabriel cierran y abren una etapa en las relaciones entre Dios y su criatura más amada.

La Anunciación – Encarnación del Verbo en el seno de nuestra Santa Madre es sin lugar a dudas el acontecimiento más importante de toda historia ya que la Reconciliación es el anhelado más  profundo de la humanidad desde la caída primigenia (Primera Lectura). San Pablo hace explícito el don que acontece cuando el Verbo asume nuestra naturaleza humana: somos ahora verdaderamente hijos en el Hijo por excelencia (Segunda Lectura).

¿Qué celebramos?

El Evangelio de esta Solemnidad nos relata el momento de la concepción virginal de Jesús en el seno de María. Pero esto no nos debe llevar a confusión: lo que se celebra hoy es la concepción inmaculada de María en el seno de su madre, Santa Ana. Es dogma de fe cristiana, definido por el Beato Papa Pío IX en 1854, que «la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano». Este hecho tiene importantes consecuencias. La más grande la expresa el Catecismo así: «Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida» . En esto ella es del todo singular ya que como leemos en la Sagrada Escritura «el justo cae siete veces al día» (Prv 24,16); es decir todos tenemos sufrimos las consecuencias del pecado original .

El Arcángel Gabriel, que fue enviado por Dios a esta humilde virgen de Nazaret llamada María, sabía el contenido del anuncio que le traía y, por tanto, sabía quién era ella; sabía que estaba destinada a ser la Madre de Dios. Por eso, la saluda con veneración y de una manera única en toda la Historia de la Salvación : «llena de gracia». Nosotros no tenemos experiencia de ninguna persona «llena de gracia», es decir, “pura de todo pecado personal”, porque no tenemos experiencia de ninguna persona que haya sido concebida sin el pecado original.

El pecado original es el estado privado de la gracia divina en que es concebido y nace todo ser humano hijo de Adán. Si la persona llega el uso de la razón en este estado, a este pecado se agregan los pecados personales que comete. Esta situación se revierte por el bautismo en el cual se infunde la gracia divina por el don del Espíritu Santo y se perdona todo otro pecado personal que se haya cometido. La persona queda santificada y adoptada como hijo de Dios. Pero el hecho de haber estado privada de la gracia y bajo el dominio del pecado tiene consecuencias. La principal de estas consecuencias recibe el nombre de «concupiscencia». El Catecismo la describe así: «Desordena las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en sí misma, le inclina a cometer pecados» .

La Virgen María estaba libre de la concupiscencia. Por eso ella siempre cumplía con perfección el Plan amoroso del Padre. Puesta ante diversas alternativas ella siempre optaba por lo más perfecto viviendo de una manera excelsa un verdadero y ejemplar señorío sobre sí misma. Así pues su «hágase» responde a lo que ella es; toda pura e Inmaculada.

Nosotros, en cambio, sentimos el peso de la concupiscencia y puestos ante diversas alternativas, en nuestra opción influye el propio interés, lo más placentero, las envidias, los celos, la mentalidad permisiva que nos rodea y otras pasiones que nos impiden reconocer y actuar según el Plan de Dios. Necesitamos pues colaborar activamente con «la gracia» que se nos da en abundancia para sí poder transformarnos mediante la renovación de nuestra mente, de forma que podamos discernir cuál es el Plan de Dios: «lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (ver Rm 12,2).

«Hágase en mí según tu palabra»

Cuando el Arcángel Gabriel trajo a María el anuncio de que ella concebiría en el seno y daría a luz un hijo y que éste sería «Hijo del Altísimo» e «hijo de David», ciertamente esto cambiaba radicalmente todo lo que ella habría podido imaginar sobre su vida. Ella estaba dispuesta a hacer inmediatamente todo lo que Dios le pidiera. Pero se le presentaba un conflicto: el mismo Dios le inspiraba su estado de virginidad perpetua. Según dice San Pablo, «la mujer virgen se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu» (1Cor 7,34). Este estado convenía a ella. Ella fue la primera mujer en asumirlo deliberadamente.

Por eso es muy importante pregunta que le hace al Arcángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?», que significa: «tengo propósito de virginidad». Su pregunta tiene como finalidad discernir cuál es el Plan de Dios, lo más perfecto. Cuando el Arcángel le explica que no hay conflicto, diciéndole: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti», entonces ella responde inmediatamente: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Como siempre, opta sin reservas por el Plan de Dios. Nadie ha respondido con más prontitud y generosidad que María al llamado que Dios le hizo a colaborar en la salvación del género humano.

«Elegidos para ser santos e inmaculados»

Es muy significativo que la Segunda Lectura de esta Solemnidad nos remita inmediatamente al Plan Dios tiene para toda la humanidad: «Dios Padre nos ha elegido en Jesucristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor». Es decir todos y cada uno estamos llamados a ser santos e inmaculados; ese nuestro verdadero destino; ese el proyecto de Dios sobre nosotros. Poco más adelante, en la misma Carta a los Efesios, San Pablo contempla este Plan refiriéndolo no ya a los hombres singularmente considerados, cada uno por su cuenta, sino a la Iglesia Universal, Esposa de Cristo: «Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificarla mediante el bautismo y la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada» (Ef 5, 25-27).

Una legión de santos y santas en el Señor: este es el maravilloso proyecto de Dios al crear a su hombre a su imagen y semejanza. Una humanidad que pueda, como hijos queridos, estar ante Él sin miedo ni vergüenza; sino confiando plenamente en el designio del Padre. Una humanidad plenamente reconciliada gracias al generoso don que hizo el Hijo al Padre por el Espíritu Santo.

¿Que representa, en este proyecto universal de Dios, la Inmaculada Concepción de María que celebramos? Fundamentalmente que ella es la adelantada, la primera criatura en la cual se ha realizado plenamente el designio amoroso de nuestro Creador. En la liturgia del día se resalta de bellamente lo que María es: «comienzo de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura… Entre todos los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad». Ella nos abre el camino y nos garantiza el cumplimiento del Plan de Dios. En Ella brilla ya todo el esplendor futuro de la Iglesia, como en una gota de rocío, en una mañana serena, se refleja la bóveda azul del cielo. También y sobre todo por esto María es llamada «Madre de la Iglesia». Ella intercede amorosamente por cada uno de nosotros para que crezcamos «conformes a su imagen (Jesucristo)» (Rm 8, 29) y seamos así hijos en el Hijo.

Una palabra del Santo Padre:

«Pero ahora debemos preguntarnos: ¿Qué significa “María, la Inmaculada”? ¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías. El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el “resto santo” de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo.

Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: ”La tierra ha dado su fruto” (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice “sí” al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios.

La segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir, entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia que “el linaje” de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto con la Iglesia creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención».

Benedicto XVI. Homilía en la Inmaculada Concepción de María. 8 de diciembre de 2005

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. A cada uno de nosotros nos toca decir «sí» a lo largo de nuestra vida. Cada día se nos presenta como una oportunidad para abrirnos al Plan de Dios, aceptarlo y colaborar para que pueda así expandirse su Reino de Amor entre los hombres. Tomemos consciencia de nuestra necesaria docilidad a Dios.  María nos enseña con su magnífico ejemplo.

2. Nuestra Madre María nos ayuda a acercarnos confiadamente a su Hijo Jesús. ¿Cuántas veces lo hacemos?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 484- 511. 964- 970

Dogma. Verdades contenidas en la Divina Revelación, o verdades con ellas necesariamente conexas, que el Magisterio de la Iglesia, con la autoridad recibida de Jesucristo, propone como obligación de fe (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 88- 90).

Catecismo de la Iglesia Católica, 493.

«La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra; la unión entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones;  sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el dominio. La armonía con la creación se rompe; la creación visible se hace para el hombre extraña y hostil. A causa del hombre, la creación es sometida «a la servidumbre de la corrupción» (Rm 8, 20). Por fin, la consecuencia explícitamente anunciada para el caso de desobediencia (270), se realizará: el hombre «volverá al polvo del que fue formado» (Gn 3, 19). La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad». Catecismo de la Iglesia Católica, 400.

Historia de la Salvación. Es el desarrollo de la acción de Dios a través del tiempo. Sus grandes etapas son el Antiguo,  el Nuevo Testamento y la vida de la Iglesia. Seguirá la consumación de la vida eterna.

Catecismo de la Iglesia Católica, 2515.

Saludo de Navidad

Posted: December 4th, 2010, by Matoga

Les acerco el saludo navideño de mi parroquia.

Haciendo “click” acá, podrán descargar el material completo (pdf) donde se incluyen los horarios de las celebraciones.

saludo Navidad 2010

Falta menos…

Posted: December 1st, 2010, by Matoga

Como ya les contamos… Estamos en oración.

En 2012 habrá un Sínodo de Obispos de América

Posted: December 1st, 2010, by Matoga

Sínodo de los obispos de AméricaCiudad del Vaticano, 1 Dic. 10 (AICA) El Consejo Especial del Sínodo de los Obispos de América dio a conocer un comunicado en el que señala que del 7 al 28 de octubre de 2012 se realizará la 13ª asamblea especial en la que se tratará el tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.

En la reunión del Consejo realizada en el Vaticano los días 16 y 17 de noviembre, en la que entre otros cardenales y obispos participó monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, los obispos de América recordaron que “el tema de la nueva evangelización es uno de los temas principales de la Ecclesia in America”, la exhortación apostólica postsinodal de 1999 de Juan Pablo II que siguió al Sínodo de los Obispos de América de 1997.

El texto señala luego la necesidad e importancia de una “mayor profundización del contenido de la nueva evangelización en el actual contexto social y cultural de América”.

En efecto, indica el comunicado “el anuncio del Evangelio con renovado fervor, con nuevos métodos y expresiones”, como definía a la nueva evangelización Juan Pablo II, “es ya una constante preocupación de los pastores y por este motivo encuentra un lugar privilegiado en los programas locales, nacionales y continentales de la Iglesia en América”.

Otros de los temas tratados fueron el desarrollo económico de los países de América y la justa distribución de la riqueza, la honda preocupación por la situación de Haití con la actual epidemia de cólera que lo afecta, el movimiento migratorio y la asistencia espiritual a los migrantes, las nocivas consecuencias del narcotráfico; así como la necesaria promoción y defensa de la vida y la familia ante amenazas como el aborto y las leyes que promueven las uniones homosexuales.

El comunicado concluye anunciando que la próxima reunión del Consejo Especial para América de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos se realizará los días 27 y 28 de octubre de 2011.+

Domingo de la Semana 2ª del Tiempo de Adviento. Ciclo A

Posted: November 30th, 2010, by Matoga

«El os bautizará en Espíritu Santo y fuego»

Lectura del profeta Isaías 11, 1-10

«Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.

Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar. Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa. »

Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 15,4-9

«En efecto todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios. Pues afirmo que Cristo se puso al servicio de los circuncisos a favor de la veracidad de Dios, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los patriarcas, y para que los gentiles glorificasen a Dios por su misericordia, como dice la Escritura: – Por eso te bendeciré entre los gentiles y ensalzaré tu nombre. –»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 3, 1- 12

«Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos”. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga”.»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

« ¡Ha llegado el Reino de los Cielos!». Esta afirmación del Evangelio de San Mateo nos ofrece un elemento unificador a las lecturas de este Domingo segundo de Adviento. El Reino era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento: el Mesías (el Ungido) debía reinar como único soberano y todo quedaría sometido a sus pies. El hermoso pasaje de Isaías (Primera Lectura) ilustra con acierto las características de este nuevo reino mesiánico: «brotará un renuevo del tronco de Jesé…sobre él se posará el espíritu… habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito. Habrá justicia y fidelidad».

Ante la inminencia de la llegada del Reino de los cielos se hace necesaria la conversión. Juan Bautista predica en el desierto un bautismo de conversión. Se trata de un cambio profundo en la mente y en las obras, un cambio total y radical que toca las fibras más profundas de la persona. Precisamente porque Dios se ha dirigido a nosotros con amor benevolente en Cristo; el hombre debe dirigirse a Dios, debe convertirse a Él en el amor de donación a sus hermanos: acogeos mutuamente como Cristo os acogió para Gloria de Dios (Segunda Lectura).

«Voz que clama en el desierto…»

No podía faltar durante el tiempo de Adviento la figura de Juan el Bautista. Todos los Evangelios y los resúmenes de la vida de Jesús que aparecen en los Hechos de los Apóstoles comienzan con una referencia a Juan Bautista. Y es que así había sido anunciado por los profetas. El mismo Jesús cuando habla de Juan Bautista lo define así: «El es aquel de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino» (Mt 11,10). Esta es una antigua profecía del profeta Malaquías (ver Ml 3,1) que Jesús aplica y reconoce cumpli­da en la misión de Juan Bautista. No es, por lo tanto, casual que el Evangelio de hoy se abra con estas palabras: «Por aquellos días aparece Juan el Bautista».

Y después que termina la presentación de Juan, en el versículo 13, que es el que sigue inmediatamente, dice: «Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea…»“. Primero aparece Juan y después aparece Jesús; y la identidad de Juan es así descrita: «Este es aquel de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: prepa­rad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (ver Is 40,3). Si Juan es tan unáni­memente llamado «el precursor», si se le reconoce esta misión; es porque la realizó de manera eficiente y fiel. La prepara­ción adecuada para la venida del Señor es, por tanto, la conversión[1]: cambiar de vida. Se trata de examinar nuestra vida y quitar de ella todo lo que sea obstáculo al Señor. Y este es el sentido del Adviento.

Juan entendía la llegada de Jesús como la de un rey de la estirpe de David, que estaría lleno del Espíritu del Señor y su reino sería libre de injus­ticias. Por eso se puede hablar de «Reino de los cielos». En esta visión Juan se inspira en las profecías que leemos del profeta Isaías: «Saldrá un vástago del tronco de Jesé (Jesé era el padre del rey David), y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el Espíri­tu del Señor… Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá el hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos» (Is 11,1.4-5). Así se entiende la imagen que transmite del que viene: «Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo[2] con agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego[3]».

¿Quién era Juan el Bautista?

Juan el Bautista debió ser uno de esos personajes tan conocidos en su época que no necesitaban presentación ni genealogía. En el Evangelio de San Mateo se introduce sin previo aviso y en seguida nos detalla la indumentaria de Juan: «Tenía su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos»; y nos informa sobre su menú: «Su comida eran langostas y miel silvestre». Ni siquiera de Jesús mismo conocemos estos detalles; nadie podría decir cómo era la vestimenta de Jesús ni qué comía. Juan es presentado como el hombre que se va al desierto a conducir vida solitaria y ascética porque espera una palabra de Dios que le indique su mi­sión.

En efecto, Dios no habla en el bullicio ni en medio de los deleites del mundo. Allí no se escucha su voz. La vida de Juan Bautista repre­senta perfectamente la afirmación lapi­daria de ese otro contemplativo que fue San Juan de la Cruz: «Una sola Palabra pronunció Dios en el silencio y ésta en el silen­cio debe ser escuchada». En nuestro tiem­po, caracterizado por el bullicio y la agitación, esa única Palabra no se escucha; nuestra atención está ocupada en otras muchas «pala­bras».

En su calidad de profeta, Juan reci­bió la certeza de que estaba llegando la plenitud de los tiempos y el Mesías estaba cercano a manifestar­se. Duran­te su vida, con es­fuerzo y perseverancia, atrajo discí­pulos, los formó pacien­temente y creó un movi­miento de santidad para dispo­nerse a acoger al Mesías espe­rado. Su acción debió ser serena y pondera­da, aunque severa en la crítica del vicio, de la injusticia, del engaño y del egoís­mo. Para poder responder a su misión y realizarla bien, su vida tuvo que estar animada por la meditación profunda de la Palabra de Dios y por la peni­tencia. Un poco como los anti­guos padres del desierto cuya santidad, tenor de vida y sabiduría hacía que fueran recono­cidos como hom­bres de Dios y atraían pode­rosa­mente a los hombres. Es lo que el Evangelio dice de Juan: «Acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán y eran bautizados por él en el río Jordán, confe­sando sus pecados».

Es cierto que Jesús no escatima alabanzas cuando al­guien, a causa de su fidelidad, despierta su admiración. Pero con Juan parece excederse; de él hace este magnífico comentario: «Entre los nacidos de mujer no ha surgido uno mayor que Juan el Bautis­ta». Y si esto no bastara para deshacer la imagen absurda de Juan Bautista que difunden ciertas representaciones, podemos recordar que él mereció, en su aspecto exterior y en su proceder, ser confundido con Jesús mismo. En efecto, después que Jesús se hizo notar por sus mila­gros, por su predicación y por su doctri­na, cuando pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?», la primera respuesta que recibe es esta: «Unos dicen que eres Juan el Bautista» (Mc 8,27-28).Juan mismo establece una clara diferencia entre él y aquel que viene. La diferencia es que Jesús posee el Espíritu Santo en plenitud, y Él lo comunica a los hombres en el bautismo para hacerlos «hijos de Dios». El hecho de que alguien viva en la certe­za de ser hijo de Dios es un don del Espíritu Santo pre­sente en él, tal como lo afirma San Pablo: «La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ‘¡Abba, Pa­dre!’» (Ga 4,6). Y el que sabe que tiene este Padre y se comporta como hijo suyo ya no tiene nada que temer, ningún mal lo puede afligir, ha reci­bido la salvación anhelada.

La verdadera conversión exige la caridad

Pablo en su carta a los Romanos acentúa el amor entre los fieles que siguen a Jesús para que puedan alabar unánimes y a una sola voz al Padre común. En la comunidad de Roma había dos clases de cristianos; unos provenientes del judaísmo y otros del paganismo. Eso creaba una enorme riqueza religiosa-cultural, pero al mismo tiempo recelos y desunión. Pablo apela a una motivación de fondo para el amor y la reconciliación: el ejemplo de Cristo que acoge a todos por igual y no se encasilla en ningún molde ni prejuicios. Este es el modo de apresurar la venida del Reino de Dios: la entrega sincera de sí mismo a los demás. Así prepararemos el camino del Señor haciendo posible la utopía mesiánica que entrevió Isaías: «Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar».

Una palabra del Santo Padre:

«En la liturgia del Domingo de hoy, que es el segundo del período de Adviento, se repite muy frecuentemente la misma palabra invitando, por así decirlo, a concentrar sobre ella nuestra atención. Es la palabra: «preparad»…Cuando la Iglesia en esta liturgia del Adviento nos repite hoy la llamada de Juan Bautista pronunciada en el Jordán, quiere que todo este «prepararse» de día en día, de etapa en etapa, que constituye la trama de toda la vida, lo llenemos con el recuerdo de Dios. Porque, en fin de cuentas, nos preparamos para el encuentro con Él.

Y toda nuestra vida sobre la tierra tiene su definitivo sentido y valor cuando nos preparamos siempre para ese encuentro constante y coherentemente: «Cierto de que el que comenzó en vosotros la buena obra – escribe San Pablo a los filipenses – la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús» (Flp. 1, 6)».

Juan Pablo II. Homilía del segundo Domingo de Adviento, 9 de diciembre de 1979.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. Nos dice el Papa Juan Pablo II: «La penitencia es, por tanto, la conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano». ¿Mis obras testimonian mi conversión?

2. Vale la pena preguntarnos si es que estamos preparándonos adecuadamente en este Adviento. San Pablo nos ha dicho: «acogeos mutuamente como os acogió Cristo». ¿Cómo estoy viviendo la caridad en este tiempo? ¿De qué manera concreta vivo la solidaridad con mis hermanos?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 522-524. 717-720.


[1] La terminología bíblica de la conversión es variada. En el hebreo-arameo del Evangelio de Mateo se expresaba con la palabra shub: retornar, volver los pasos, desandar el camino. En el griego del Nuevo Testamento el término metanóiein (verbo) y metanoia (sustantivo) que significan cambio interior, cambio de mentalidad, de visión y criterios. El latín de la Vulgata los tradujo por poenitére y poenitentia, respectivamente. El significado global de todos los conceptos empleados será: cambio interior y exterior; de mentalidad, de conducta y de actos.

[2] El bautismo de agua ya existía antes de Juan, pero no como expresión de la conversión radical que preconiza el Bautista, sino como signo de incorporación de los prosélitos al judaísmo, junto con el rito de la circuncisión. El bautismo de agua fue practicado también por los esenios en su comunidad de Qumrán como signo de consagración a Dios. En todos los casos era el bautismo de inmersión.

[3] El fuego, medio de purificación menos material y más eficaz que el agua, simboliza ya en el Antiguo Testamento (ver Is 1,25; Za 13,9; Ml 3,2-3) la intervención divina de Dios y de su Espíritu para purificar las conciencias.

Intenciones de oración del Papa para el mes de diciembre

Posted: November 30th, 2010, by Matoga

CIUDAD DEL VATICANO, 30 NOV 2010 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de diciembre es: “Para que la experiencia del sufrimiento sea ocasión para comprender las situaciones de malestar y de dolor de las personas solas, enfermos y ancianos, y estimule a todos a salir a su encuentro con generosidad”.

Su intención misionera es: “Para que los pueblos de la tierra abran las puertas a Cristo y a su Evangelio de paz, fraternidad y justicia”.

El Adviento, preparación para la Navidad

Posted: November 27th, 2010, by Matoga

Significado del Adviento

La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

– Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

– Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

– Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algunas ideas para vivir el Adviento

La Corona de Adviento

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.

El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.

En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.

Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.

Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

Visita nuestro Especial de Navidad

Autor: Tere Fernández del Castillo |
Fuente: Catholic.net

Junto al Papa, el mundo rezará por la vida naciente

Posted: November 26th, 2010, by Matoga

Un sola voz por los niños no nacidosBuenos Aires, 26 Nov. 10 (AICA) En adhesión a la “Vigilia de oración por la vida naciente” convocada por el Papa para mañana, sábado 27 de noviembre, y al “Año de la Vida” que la Conferencia Episcopal Argentina declaró para el año que se inicia, se realizarán vigilias en las diócesis, parroquias y capillas del país, y en varios lugares se llevarán a cabo distintas actividades programadas especialmente para esta ocasión.

La iniciativa, convocada por Benedicto XVI y que se realizará además en las iglesias particulares de todo el mundo, coincidirá con las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento, en el marco de la cercana solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

Mañana Benedicto XVI presidirá en la basílica de San Pedro las primeras vísperas de Adviento, y la Vigilia de Oración por la Vida Naciente. El Pontífice explicó que la iniciativa “está en común con las Iglesias particulares de todo el mundo”, y recomendó su desarrollo “también en las parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos”. Afirmó asimismo que “el tiempo de preparación a la Santa Navidad es un momento propicio para invocar la protección divina sobre todo ser humano llamado a la existencia, también como agradecimiento a Dios por el don de la vida recibido de nuestros padres”.

En nuestro país, algunas de las celebraciones serán:

Buenos Aires
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, SJ, dispuso que en la tarde del sábado 27 de noviembre se celebre en todas las parroquias, iglesias y capillas, instituciones y movimientos, etc., una Vigilia por la Vida Naciente, para que sea toda la arquidiócesis “una gran vigilia”, según informaron desde el arzobispado. Además determinó que en cada parroquia y colegio católico se organicen a lo largo del año momentos de reflexión y oración en torno al don de la vida con motivo del “Año de la Vida”. Informes: (011) 4343-0812 y arzobispado@arzbaires.org.ar. También se puede encontrar el material de preparación para la vigilia ingresando aquí (modelo de la Conferencia Episcopal Española) o aquí (modelo propuesto por la Santa Sede).

Tucumán
La arquidiócesis de Tucumán se unirá a la intención del Papa de dos maneras. La primera será con una Marcha por la Vida que se realizará hoy a las 20 desde de la plaza Urquiza hasta la plaza Independencia, organizada por el grupo “Vida para Todos” y en coordinación con los movimientos e instituciones laicales. En segundo lugar, se pondrá una intención especial en las misas del sábado en cada comunidad, pidiendo por la vida naciente como lo pide el Papa al iniciar el Adviento. Informes: (0381) 4226345 / 4310617 y arztuc@arnet.com.ar.

Corrientes
Se desarrollará este sábado en todas las comunidades de la arquidiócesis una Vigilia de Adoración por la Vida Naciente. Desde el Arzobispado de Corrientes se han elaborado una serie de subsidios para desarrollar la Vigilia que se encuentran disponibles en el sitio www.arzcorrientes.com.ar. Informes: (03783) 422436 y arzctes@yahoo.com.ar.

Bahía Blanca

El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Guillermo José Garlatti, pidió que “durante todo el año litúrgico que comienza este fin de semana, “en las parroquias, capillas, colegios, grupos, movimientos y asociaciones, y comunidades religiosas, se realicen actividades, reflexiones y oraciones en torno al “Año de la Vida”. Para ello sugirió “hacer una motivación en las moniciones del guión antes de la celebración de las santas misas y una petición en la Oración de los Fieles, y rezar también una oración apropiada antes de la bendición final”. El prelado elaboró un esquema que se puede consultar para tal fin, además de los modelos propuestos por la Santa Sede y por la Conferencia Episcopal Española. Informes: (0291) 4550707 y arzobis@arzobispadobahia.org.ar.

San Juan
El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Alfonso Delgado, convocó a todas las parroquias a que se hagan eco del llamado del Papa, de acuerdo con las posibilidades pastorales de cada lugar, solicitando la intención especial por la vida naciente en las misas del fin de semana. Por ejemplo, una de las iniciativas es un Rosario por la Vida que se rezará hoy a las 20 en la cripta de la catedral San Juan Bautista. Informes: (0264) 4227050 / 4222578 y arzobispadosanjuan@infovia.com.ar.

Córdoba
El sábado 27 de noviembre a las 17.45, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, presidirá en la catedral Nuestra Señora de la Asunción una solemne Vigilia por la vida naciente, y lo propio se hará en todas las parroquias y capillas de esa jurisdicción, para sumarse a la que rezará el Papa en la basílica de San Pedro. La vigilia comprenderá, además de las Vísperas, la adoración eucarística y el rosario meditado, “para agradecer al Señor que, con el don total de sí mismo, ha dado sentido y valor a toda vida humana y para invocar su protección sobre cada ser humano llamado a la existencia”, expresa la convocatoria. A las 18.30 se celebrará la misa. Informes: (0351) 4221015 / 4255082, comunicacionpastoral@arzobispadocba.org.ar y www.arzobispadocba.org.ar.

Salta
El sábado 27, a partir de las 21 y durante toda la noche, permanecerá habrá adoración eucarística en la parroquia San Juan Bautista de la Merced (Caseros 857). La convocatoria está abierta a todos los católicos, en forma individual o en grupos, apostolados, familias, etc. informes: vigilia@redsalta.org.

Chascomús
El obispo de Chascomús, monseñor Carlos Humberto Malfa, pidió a los sacerdotes que “animen en todas las parroquias y capillas esta Vigilia de oración en comunión con el Santo Padre y que luego esta plegaria se continúe de modo que en toda nuestra diócesis se eleve ininterrumpidamente ‘una gran oración por la vida’”. De modo especial confió esta intención a los enfermos, “para que al unir sus sufrimientos a la cruz de Jesús pidan un cambio cultural a favor de la vida en nuestra patria y en el mundo”. Igualmente encomendó que “se rece en las comunidades educativas” y particularmente pidió a las familias y a los jóvenes que “se encuentren y visiten el Sagrario para orar por la vida”. Informes: (02241) 425429 y obispadochascomus@speedy.com.ar.

Zárate-Campana
El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, exhortó a los sacerdotes de su diócesis a presidir celebraciones por la vida, y a que inviten a las parroquias, comunidades religiosas y movimientos a participar “con espíritu de fe”. Al mismo tiempo solicitó a los párrocos y demás sacerdotes que prevean unirse al Santo Padre Benedicto XVI para que puedan dar testimonio de ser “el pueblo de la vida”. Informes: (03489) 422817 / 426606 y obispadozaratecampana@gmail.com.

San Luis
En la diócesis de San Luis, la convocatoria es a las 19.30 en la catedral Inmaculada Concepción. La vigilia comenzará con el rezo de Vísperas, seguirá con la misa a las 20, y a las 21 habrá adoración al Santísimo y rezo meditado del Rosario, para finalizar a las 22 con la bendición solemne. Informes: (02652) 422415 y obsanluis@infovia.com.ar.

San Justo
El obispo de San Justo, monseñor Baldomero Carlos Martini, convocó a todas las parroquias, institutos de vida consagrada, movimientos e instituciones a realizar el 27 de noviembre una vigilia de oración “por la vida en todo su trayecto y en todas sus dimensiones”. De ese modo la diócesis adhiere y se une a la convocatoria del Papa a “iniciar un año dedicado a pedir y agradecer por el don más preciado que el hombre ha recibido, la vida”, expresaron desde el obispado. Informes: (011) 4484-3561, 4651-3360, obsjusto@act.net.ar y www.obispadodesanjusto.org.ar.

Añatuya
Grávida Añatuya prepara una serie de actividades que se realizarán en la ciudad y están dirigidas a todas las parroquias de la diócesis con el fin de orar por la vida naciente. La convocatoria es el sábado 27 en una plazoleta cercana a la catedral Nuestra Señora del Valle. Desde Allí se realizará una procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Dulce Espera y una vez en el templo catedralicio, se rezará el rosario ante el Santísimo, para culminar con una celebración eucarística. Informes: (03844) 421172 y obituya@gmail.com.

Otras iniciativas
Grávida, Centro de Asistencia a la Vida Naciente, propone priorizar y potenciar durante este año tres acciones fundamentales: la llegada a las embarazadas en riesgo de aborto, la extensión del programa de fortalecimiento de la maternidad (talleres de gestación y crianza) en más parroquias y capillas, y alentar la prevención con adolescentes y jóvenes llegando a más escuelas con sus talleres “Haciendo una opción por la vida”. Informes: (03329) 423465 / 15612909, gravidacentral@gravida.org.ar y www.gravida.org.ar.

El Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina (DEPLAI) ya inició su campaña en defensa de la vida y la protección de la mujer embarazada, en sintonía con el pedido de los obispos argentinos. Entre otras iniciativas, auspicia el Concurso de Dibujos “Custodios de la Vida” y el de Cortos Audiovisuales “Proyectando la Vida”, que organiza la agrupación Familias Argentinas. Informes: www.familiasargentinas.org.ar.+

Para rezar con la Corona de Adviento

Posted: November 23rd, 2010, by Matoga

Como todos los años, les dejo este vídeo.

Domingo de la Semana 1ª del Tiempo de Adviento. Ciclo A

Posted: November 23rd, 2010, by Matoga

« Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

Lectura del profeta Isaías 2, 1- 5

«Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén. Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: “Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos”. Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.  Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.  Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 13,11-14a

«Y esto, teniendo en cuenta el momento en que vivimos. Porque es ya hora de levantaros del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. 14Revestíos más bien del Señor Jesucristo.»

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 24,37- 44

«”Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. “Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

Hay que salir al encuentro del Señor que se acerca y hay que hacerlo estando preparados para ese momento. Este es el punto central que unifica las lecturas de este primer Domingo de Adviento. El Señor volverá, esto es una certeza que proviene de las mismas palabras de Jesús que leemos en el Evangelio. Sin embargo, no conocemos ni la hora ni el día de su llegada, por eso la actitud propia del cristiano es la de una amorosa vigilancia (Evangelio).

Más aún, ante el Señor que se avecina hay que salir a su encuentro llenos de entusiasmo, hay que despertarse del sueño, sacudirse de la modorra y ver que el día está por despuntar. Así como al amanecer todo se despierta y se llena de nueva esperanza, así la vida del cristiano es un continuo renacer a una nueva vida en la luz (Segunda Lectura). La visión del profeta Isaías (Primera Lectura) resume espléndidamente la actitud propia para este Adviento: estamos invitados a salir al encuentro del Señor que nos instruye en sus caminos. Salir iluminados por la luz que irradia el amor de Dios por cada uno de nosotros los hombres.

Un nuevo Año Litúrgico

La Iglesia celebra hoy el primer Domingo de Adviento, con el cual comienza un nuevo Año Litúrgico. Esto no debe ser para un cristiano un mero dato cultural o una información ajena a su vida concreta. Un cristiano podría, tal vez, ignorar que estamos en el mes de noviembre o que estamos en primavera, pero no puede ignorar que estamos en el tiempo litúrgico del Adviento. El tiempo litúrgico consiste en hacer presente «ahora» el misterio de Cristo en sus distintos aspectos. Es, por tanto, el tiempo concreto, el tiempo real, es el tiempo que acoge en sí la eternidad, pues «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8). En la revelación bíblica se considera que el correr del tiempo tiene un origen sagrado; de lo contrario sería puramente efímero. Ignorar esta dimensión del tiempo es un signo más del secularismo que nos envuelve. En efecto, en su relación con el tiempo, el secularismo[1] es la mentalidad que prescinde de la eternidad.

Para comprender cuál es el aspecto del misterio de Cristo que celebra el Adviento, conviene saber el origen de esta palabra. La palabra «Adviento» es una adaptación a nuestro idioma de la palabra latina «adventus» que significa «venida». En este tiempo se celebra entonces la «venida de Cristo». Pero la «venida» de Cristo es doble. Entre una y otra se desarrolla la historia presente. Una antigua catequesis de San Cirilo de Jerusalén (siglo IV) explica: «Os anunciamos la venida de Cristo; pero no una sola, sino también una segunda, que será mucho más gloriosa que la primera. Aquella se realizó en el sufrimiento; ésta traerá la corona del Reino de Dios. Doble es la venida de Cristo: una fue oculta, como el rocío en el vellón de lana; la otra, futura, será manifiesta. En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá revestido de luz. En la primera sufrió la cruz y no rehuyó la ignominia; en la segunda vendrá escoltado por un ejército de ángeles y lleno de gloria. Por tanto, no detenemos nuestra atención solamente en la primera venida, sino que esperamos ansiosos la segunda».

Caminando hacia la Casa de Dios…

La visión del Profeta Isaías[2] nos presenta en la plenitud de los tiempos mesiánicos («al final de los días») a Jerusalén como el centro religioso al cual atraerá el Señor a todas las naciones. Todos los pueblos, todos los hombres serán invitados a subir al monte del Señor, a la casa de Dios. Es difícil imaginar una esperanza mesiánica en medio de épocas tan adversas como la del profeta Isaías, sin embargo la Palabra de Dios es eficaz y nunca defrauda.

Dios, fiel a sus promesas, será quien nos instruirá por sus caminos y a una época de guerra y desazón, sucederá una época de paz y concordia. Al final de los tiempos el Señor reinará como soberano, Rey de Universo. Al final de los tiempos vencerá el bien sobre el mal; el amor sobre el odio; la luz sobre las tinieblas. Dios mismo será el árbitro y juez de las naciones. Maravillosa visión del futuro que nos debe de llenar de esperanza rumbo a la Casa del Padre.

¿De qué manera debemos de ir al encuentro del Señor?
Sin duda no se puede caminar de cualquier modo cuando hacia Dios se va. No se puede seguir un camino distraído cuando al final del sendero se nos juzgará sobre el amor. El Salmo responsorial (Sal 121) expresa adecuadamente los sentimientos del pueblo que va al encuentro del Señor: «¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!». Nuestro caminar, pues, será un caminar en la luz, un caminar en el que nos revestimos de las armas de la luz. La antítesis luz-tinieblas es una metáfora común en el Antiguo Testamento: las tinieblas son el símbolo de la incontinencia, de la debilidad de alma, de la falta de esperanza; el día, por el contrario, simboliza la toma de conciencia, la posibilidad de avanzar y el inicio de una nueva situación que vendrá a culminar en el éxito. Caminar en la luz es caminar en la nueva vida que nos ofrece el Señor por la redención de nuestros pecados.

«El día se avecina» nos dice San Pablo en su carta a los romanos escrita en el año 57 después de haber realizado sus tres grandes viajes misioneros y preparando su primera visita a la ciudad de Roma.  La misma certeza que tiene el vigía nocturno de que el día llegará, la tiene el cristiano de que el Señor volverá y no tardará. Cada momento que pasa nos acerca más al encuentro con «el sol de justicia», con la luz indefectible, con «el día que no conoce ocaso».

Es decir, cada vez estamos más cerca de la salvación. La vigilia que nos corresponde es una vigilia llena de esperanza, no de temores y angustias, no de desesperación y desconcierto; sino la vigilia de la laboriosidad como Noé en su tiempo; la vigilia de la fortaleza de ánimo en medio de las dificultades del mundo. El verdadero peligro no se encuentra en las dificultades y tentaciones de este mundo, sino en el vivir como si el Señor no hubiese de venir, como si la eternidad fuese un sueño, una quimera, una ilusión. Es decir, olvidarnos de Dios…

¡Estad preparados!

El Evangelio de hoy repite como un estribillo: «Así será la venida del Hijo del hombre» y las imágenes que usa nos invitan a estar alertas y preparados. Jesús ilustra este aspecto de su venida con dos imágenes: será como el diluvio en tiempos de Noé, que vino sin que nadie se diera cuenta y los arrastró a todos; será como el ladrón nocturno que viene cuando nadie sabe. Estas comparaciones podrían sugerir un acontecimiento terrible, como fue el diluvio, o un hecho poco grato, como sería la visita de un ladrón. El objetivo de estas imágenes es doble. En primer lugar se trata de ilustrar lo «imprevisto» de la venida de Cristo y mover a la vigilancia. No hay que tener la actitud de los que despreocupados, comen, beben y toman mujer o marido, pues a éstos los cogerá cuando menos lo esperan. Por eso concluye Jesús: «Estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

Pero también es cierto que la venida de Cristo operará una división: habrá una gran diferencia entre los que se encuentren vigilantes y los que sean sorprendidos despreocupados. Para los primeros la venida de Cristo colmará sus anhelos de unión con Dios, para éstos será la salvación definitiva, será un acontecimiento gozoso: éstos son los que están continuamente diciendo: «Ven, Señor Jesús».

En cambio, para los que comen, beben, se divierten y gozan de este mundo la venida de Cristo será terrible como fue el diluvio para los del tiempo de Noé o como es la visita nocturna de ladrón. Esta diferencia es la que expresa Jesús cuando advierte: «Dos estarán en el campo: uno será tomado, el otro dejado; dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada, la otra dejada».

Esta primera parte del Adviento nos invita a vivir siempre en la certeza de que para cada uno de nosotros la venida de Cristo ocurrirá en el espacio de su vida y a esperarlo vigilantes, pero al mismo tiempo alegres, según la exhortación de San Pablo: «Estad siempre alegres en el Señor: os lo repito, estad alegres… ¡El Señor está cerca!» (Flp 4,4-5).

Una palabra del Santo Padre:

«Por este motivo, el estribillo «Vaya­mos jubilosos al encuentro del Señor» resulta tan adecuado. Nosotros pode­mos encontrar a Dios, porque él ha ve­nido a nuestro encuentro. Lo ha hecho, como el padre de la parábola del hijo pródigo (cf. Lc 15, 11‑32), porque es ri­co en misericordia, dives in misericor­dia, y quiere salir a nuestro encuentro sin importarle de qué parte venimos o a dónde lleva nuestro camino. Dios viene a nuestro encuentro, tanto si lo hemos buscado como si lo hemos ignorado, e incluso si lo hemos evitado. El sale el primero a nuestro encuentro, con los brazos abiertos, como un padre amoro­so y misericordioso.

Si Dios se pone en movimiento para salir a nuestro encuentro, ¿podremos nosotros volverle la espalda? Pero no podemos ir solos al encuentro con el Pa­dre. Debemos ir en compañía de cuan­tos forman parte de «la familia de Dios». Para preparamos convenientemente al jubileo debemos disponernos a acoger a todas las personas. Todos son nuestros hermanos y hermanas, porque son hijos del mismo Padre celestial».

Juan Pablo II. Homilía del primer Domingo de Adviento, 29 de noviembre de 1998.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. Decía Carlos Manrique cuando compuso unas “Coplas” a la muerte de su padre: «Esta vida es el camino, para el otro que es morada sin pesar. Mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar». Hagamos un buen examen de conciencia sobre “nuestro andar” al inicio de nuestro Adviento.

2. ¿Cómo puedo estar realmente bien preparado? Jesús mismo nos responde: «Están preparados los que cumplen la voluntad de mi Pa­dre». Así lo declaró solemnemente en la conclusión del sermón de la montaña: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). ¿Busco cumplir el Plan de Dios en mi vida y en los miembros de mi familia?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1817- 1821. 2849.


[1] Secular: del latín saeculum: siglo, que de un tiempo (cien años) pasa a significar el espíritu de una época. Consiste en la emancipación de la tutela religiosa frente a las realidades terrenas. La legítima autonomía de lo temporal se llama secularización, en cambio la ruptura con lo religioso se llama secularismo.

[2] Isaías vivió en Jerusalén en el siglo VIII a.C. Su libro, considerado uno de los más grandes del Antiguo Testamento, describe con gran vigor el poder de Dios y su mensaje de esperanza para el pueblo. Los primeros capítulos (del 1 al 39) pertenecen al período en el que el reino de Judá (al sur) se hallaba bajo la amenaza de Asiria. Isaías advierte a sus habitantes que el verdadero peligro para la nación era su propio pecado y su desobediencia a Dios. Isaías hace un llamamiento apremiante para que regresen a Dios y obren rectamente. Si no responden vendrá la destrucción.

Nuevo párroco de Santísimo Sacramento

Posted: November 23rd, 2010, by Matoga

martes, 23 de noviembre de 2010 Eclesia.info El presbítero Pedro Nicolás Báez, designado párroco de Santísimo Sacramento (Numancia) tomará posesión de la misma ante el obispo Jorge Lugones, que lo pondrá en funciones, el 28 de noviembre, en una ceremonia que comenzará a las 12.

El padre Báez será el segundo párroco de esta comunidad nacida en Corpus Christi de este año, ya que sucederá al fallecido monseñor José Garbuio.

El nuevo titular fue ordenado sacerdote el pasado 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor, en la catedral Nuestra Señora de la Paz, y durante este tiempo estuvo desempeñándose como vicario en la parroquia Cristo Obrero (Lomas).

La parroquia Santísimo Sacramento está ubicada en la zona oeste del Partido de Presidente Perón, en el Barrio San Roque, su edificación aún no existe, por ahora es sólo un terreno, aunque se la proyecta en Av. San Roque y Espora, muy cerca de una de sus 9 capillas.

En la misa, además, el obispo Lugones constituirá un nuevo grupo de monaguillos.

Nota vaticana sobre las palabras del Papa y el preservativo

Posted: November 22nd, 2010, by Matoga

Comunicado del padre Federico Lombardi sobre la contribución de Benedicto XVI al debate
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 21 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la nota que ha emitido este domingo el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, para comentar las palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo en el libro-entrevista “Luz del mundo” que comenzará a distribuirse este martes. Este sábado, un pasaje de estas declaraciones había sido distribuido por “L’Osservatore Romano”, acaparando un enorme interés entre medios de comunicación de todo el mundo.


Al final del capítulo décimo del libro “Luz del mundo”, el Papa responde a dos preguntas sobre la lucha contra el sida y el uso del preservativo, preguntas que se remontan a la discusión que siguió a las palabras pronunciadas por el Papa sobre este tema en su viaje a África, en 2009.

El Papa confirma con claridad que en esa ocasión no había querido tomar posición sobre el problema de los preservativos en general, sino que había querido afirmar con fuerza que el problema del sida no se puede resolver únicamente con la distribución de preservativos, pues es necesario hacer mucho más: prevenir, educar, ayudar, aconsejar, estar junto a las personas, ya sea para que no se enfermen, ya sea porque se han enfermado.

El Papa observa que también en el ámbito no eclesial se ha desarrollado una conciencia análoga, como lo demuestra la llamada teoría “ABC” (abstinence, be faithful, condom), en la que los dos primeros elementos (abstinencia y fidelidad) son mucho más determinantes y fundamentales para la lucha contra el sida, mientras que el preservativo se presenta en última instancia como una escapatoria, cuando faltan los otros dos elementos. Por tanto, debe quedar claro que el preservativo no es la solución del problema.

El Papa amplía después su mirada e insiste en el hecho de que concentrarse únicamente en el preservativo significa banalizar la sexualidad, que pierde su significado como expresión de amor entre personas y se convierte en una “droga”. Luchar contra la banalización de la sexualidad es “parte del gran esfuerzo para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda ejercer su efecto positivo en el ser humano en su totalidad”.

A la luz de esta visión amplia y profunda de la sexualidad humana y de su problemática actual, el Papa reafirma que “naturalmente la Iglesia no considera los preservativos como la solución auténtica y moral” al problema del sida.

De este modo, el Papa no reforma o cambia la enseñanza de la Iglesia, sino que la reafirma, poniéndose en la perspectiva del valor y de la dignidad de la sexualidad humana, como expresión de amor y responsabilidad.

Al mismo tiempo, el Papa considera una situación excepcional en la que el ejercicio de la sexualidad representa un verdadero riesgo par la vida del otro. En ese caso, el Papa no justifica moralmente el ejercicio desordenado de la sexualidad, pero considera que la utilización del preservativo para disminuir el peligro de contagio es “un primer acto de responsabilidad”, “un primer paso en el camino hacia una sexualidad más humana”, en lugar de no utilizarlo, poniendo en riesgo la vida de la otra persona. En este sentido, el razonamiento del Papa no puede ser definido como un cambio revolucionario.

Numerosos teólogos moralistas y autorizadas personalidades eclesiásticas han afirmado y afirman posiciones análogas; sin embargo, es verdad que no las habíamos escuchado aún con tanta claridad de los labios de un Papa, si bien de una manera coloquial y no magisterial.

Benedicto XVI nos da, por tanto, con valentía, una contribución importante para aclarar y profundizar una cuestión debatida desde hace tiempo. Es una contribución original, pues por una parte mantiene la fidelidad a los principios morales y demuestra lucidez a la hora de rechazar un camino ilusorio, como la “confianza en el preservativo”; por otra parte, manifiesta sin embargo una visión comprensiva y de amplias miras, atenta para descubrir los pequeños pasos –aunque sean sólo iniciales y todavía confusos– de una humanidad espiritual y culturalmente con frecuencia muy pobre hacia un ejercicio más humano y responsable de la sexualidad.

[Traducción del original italiano por Jesús Colina]

Oficializaciones en Acción Católica

Posted: November 21st, 2010, by Matoga

En el día de hoy, Solemnidad de Cristo Rey, y como es costumbre, se realizaron la oficializaciones de Acción Católica en mi parroquia.

Fueron oficializados Fernando “Rodilla” Balcarce, Juan Solerno, Suyai Bernasconi, Sofía Lanzilloti y Tobías (mi hijo).

También hicieron la promesa de aspirantes

Katja Kubar, María José Vilardo, Vanina Balbuena, Nicolas Caldarola

FELICITACIONES!!!

ALABADO SEA JESUCRISTO!!!

Una inmensa alegría!!!

Posted: November 19th, 2010, by Matoga

Andrés VillalbaEsto de estar internado te ahce perder de algunas cosas, pero, por suerte, tengo informantes… y las noticias llegan vía Facebook.

Luego de confirmar y tomar detalles, les cuento con gran júbilo que Arnaldo Andrés Villalba (Andrés, como lo conocemos en la parroquia) será ordenado sacerdote el sábado 11 de diciembre a las 10 hs en la iglesia catedral de Lomas de Zamora.

Toda la Iglesia diocesana celebra esta noticia.

Los invito a unirse en oración…

Datos de Arnaldo Andrés Villalba