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Con el Tedeum, la diócesis rezó por la Patria en su Bicentenario

Posted: May 25th, 2010, by Matoga

jueves, 20 de mayo de 2010 – Eclesia .info – Con motivo del inicio de los festejos por el Bicentenario de la Patria, el obispo Jorge Lugones presidió el Tedeum esta mañana, en la catedral Nuestra Señora de La Paz, ante la presencia de intendentes de la región (ver última foto), miembros del Poder Judicial local, referentes de organizaciones de la sociedad civil y fieles de la comunidad diocesana.

Homilía del Obispo en el Tedeum del 25 de Mayo
Celebración del Bicentenario de la Patria
Jesús se había sentado frente a las
alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho, pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.” (Evangelio Mc. 12,41-44)
Querida Comunidad:
Queremos celebrar con gozo los doscientos años del nacimiento de la Patria como un don de Dios con este -Te Deum – Acción de gracias, por este entrañable deseo de ser Nación, por sus raíces humanas y religiosas.Por toda nuestra gente, y sus variadas culturas, por las riquezas naturales y por sentirnos un pueblo bendecido por Dios y cuidado por su Madre, la Virgen de Luján. El Te Deum es acción de gracias desde esta convocatoria de la Iglesia, que se ofrece como ámbito de encuentro entre los argentinos. El evangelio que escuchamos, nos enseña a mirar lo importante, lo esencial, Jesús no mira las apariencias, mira el corazón, lo esencial, lo que aparentemente es invisible a los ojos. El Señor debe llamar la atención de sus discípulos que se quedaron en el brillo, en el esplendor de la abundancia, en la apariencia. Entonces enseña y va a lo esencial: a la admiración de lo sencillo, al valor profundo de la entrega, del sacrificio, y no al esplendor pasajero de los que ponían mucho, y con gran estruendo, pero de lo que les sobraba. Todo acontecimiento que nos lleva a recordar nuestra historia y nuestras raíces como pueblo, tiene un contenido de enseñanza y de experiencia agradecida. Enseñanza para no repetir los errores, para saber mirar lo esencial, y la experiencia que se puede convertir en sabiduría, es plena cuando se agradece, pues no sin la paternal providencia de Dios podemos recordar, con gratitud, pero sin lamentos, este bicentenario de la Patria. La Patria nos rememora aquellas gestas emancipadores que hombres y mujeres forjaron con ideales claros, el trabajo honesto y la constancia de muchos por el bien común. Épocas pasadas que tanto esplendor dieron a este oasis del sur latinoamericano, con un corazón magnánimo y fronteras abiertas a todo hombre de buena voluntad como lo narra el Preámbulo de la Constitución Nacional: “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”. Su historia nos habla de los primitivos habitantes, nuestros hermanos de los pueblos originarios, a los que bastante poco hemos escuchado, acompañado y reivindicado. Qué importante sería dar un mayor espacio creativo valorando la interculturalidadad. Herederos de esta historia somos agradecidos a Dios, queremos y deseamos que Argentina salga adelante, pero muchas veces el peso de la realidad nos agobia. La tarea supone un compromiso para hacer fecundo el don recibido. Podemos tener la mirada como los discípulos que veían lo mucho que ponían los ricos, de lo que les sobraba, es decir, quedarnos con el esplendor que fue y que ya no es; como a los discípulos hoy Jesús desde el Evangelio, nos indica que podemos mirar con otros ojos, los ojos de los que hoy ponen todo lo que tienen, que como en el caso de la viuda no es mucho, pero para los que ven es lo esencial. Nosotros también como dirigentes de la sociedad de hoy, deberíamos recordar: “Que lo que vemos no es todo lo que hay”. Esto nos ayudaría a tener horizontes más amplios, más generosos, más comprometidos con el bien común, y nos abriría con sinceridad, al verdadero y costoso encuentro.

Recorriendo tanto el interior del país como el gran Buenos Aires y sus barrios, me he encontrado con muchas personas que como la viuda de este Evangelio lo dan todo… niños de un barrio socorriendo a una abuela ciega y abandonada, le daban hasta la comida en la boca, jóvenes empobrecidos que se juegan la vida sosteniendo sus principios, adultos que honran la cultura del trabajo, docentes que tienen que ser desde agentes sanitarios, hasta servir la comida, consolar, curar y además dar clase, adolescentes que sin temer al que dirán y a las oleadas del facilismo quieren comprometer sus vidas por un futuro mejor, familias que no renuncian a los valores humanos y cristianos, y en ellos forman a sus hijos sin renunciamientos mediáticos, catequistas que nos dan un testimonio de Cristo vivo, padres de familia sin trabajo que no bajan los brazos y cada día buscan con honestidad y sacrificio su pan, abuelos que desde la miseria de una pensión comparten sus medicamentos, mamás y abuelas que cada día enfrentan la vida y se hacen cargo de la vida a contrapelo de una sociedad del éxito, el permisivismo y los logros mágicos… ¡Cuanto de lo esencial tiene nuestro pueblo!, esto no sale en los medios, esto no será noticia, pero para nosotros es la Buena Noticia de Jesús encarnada en nuestra gente, este es nuestro sustrato de Nación. Querida comunidad no podemos quedarnos sólo con el brillo, con la magnificencia que ya pasó, la historia es para recordarla, y saber que también hoy hacemos la historia desde nuestra entrega, desde nuestra amistad, desde nuestro despojo, desde nuestro respeto, desde nuestro sacrificio, todas estas son notas del amor y por tanto nos afianzan en la fraternidad y el encuentro. Dice Jesús que la viuda ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir. Nosotros también queremos ver con otros ojos nuestra propia historia como argentinos, Jesús nos muestra el modo, pidámosle por intercesión de su Madre que se olvidó de sí misma para entregarse por amor a Dios, como madre del pueblo Argentino, que recordemos la historia con gratitud, y nos acordemos que el Señor siempre nos puede ayudar a mirar, un poco mas allá de nuestras propias razones, intenciones, y cálculos, porque nos indicará el modo de ver, con los ojos del Amor que no pasa, que es capaz de trascender nuestra propia historia . En el año del Bicentenario damos gracias a Dios por estos doscientos años de historia y de siembra, todo esto es un acontecimiento de gracia, por eso pedimos como pueblo al Padre: “que nos devuelva a Jesús como autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano… que genere hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria”.Así sea. Mons. Jorge Lugones S.J. Obispo de Lomas de Zamora

Te Deum, en latín, significa “A ti, Dios”, y son las primeras palabras de un cántico. Es considerado uno de los primeros himnos cristianos, tradicional, de acción de gracias. Los cristianos recurren también a él cuando quieren dar gracias, pública y colectivamente, por algún acontecimiento.

El Bicentenario, un desafío insoslayable para la democracia argentina

Posted: May 25th, 2010, by Matoga

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Luján durante el   TedeumLuján (Buenos Aires), 25 May. 10 (AICA) >Delante de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, mandatarios extranjeros y otras autoridades, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, aseguró hoy que el Bicentenario es “una oportunidad de crecimiento”, al plantear las celebraciones por la fecha patria desde las dimensiones de la memoria, la identidad, la reconciliación y los desafíos.

“Aprendamos de nuestras crisis, hagamos de nuestros desencuentros una oportunidad de crecimiento. De nada sirve llorar sobre las cenizas. Nunca ha ayudado la falta de esperanza. Solo se puede crecer en la comunión y el amor recíproco”, aseveró en la basílica de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, lugar que eligió la jefa de Estado para celebrar el Te Deum del 25 de Mayo.
El prelado sostuvo que “debemos afirmar, que el bicentenario es un desafío insoslayable para la democracia argentina”, e insistió que ésta fecha “interpela, interroga, reclama soluciones, estimula a elaborar proyectos políticos, a presentar propuestas sociales y culturales, a mejorar la calidad de nuestras instituciones”, porque “acá se pone en juego nuestra capacidad de ser Nación, que como rezamos en la conocida oración por la Patria, ‘una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común’”.
“Estamos ante una oportunidad única, ya sea a nivel mundial, donde la llamada globalización nos desafía a no perder nuestra identidad ni replegarnos sobre nosotros mismos. Se trata de enriquecernos dándonos. También es una ocasión propicia y hasta necesaria para una mayor integración al continente, a la América latina que conforman nuestros hermanos más cercanos: la patria grande soñada por San Martín y por Bolívar”, indicó.
Monseñor Radrizzani consideró, además que “como argentinos y argentinas nos debemos un mayor desarrollo federal, sano y armónico. Llevamos transitados el mayor período en régimen democrático de nuestra historia y son apenas 27 años. Hemos de promover, como dice el papa Benedicto ‘una mayor fidelidad a la democracia, ya que es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos’. Se trata, explica más adelante en el mismo discurso, de una democracia con valores, es decir que busque la verdad y se pruebe en la justicia”.
“El desafío de una educación para todos y que, como decía el gran educador de la juventud San Juan Bosco tenga por finalidad lograr ‘honestos ciudadanos y buenos cristianos’. Otro desafío impostergable será saldar nuestra deuda con los pueblos originarios. Ambas tareas nos permitirán construir nuestro futuro en paz y prosperidad”, agregó.
Asimismo, estimó que “nos debemos un dialogo magnánimo y sereno, que significa abrirnos camino a través de la palabra y para eso debemos escucharnos con respeto y fortalecer el consenso sobre referencias comunes y constantes, más allá de partidismos e intereses personales”.
El arzobispo reconoció que “no será tarea fácil incluir a todos, promover la igualdad y el desarrollo social, sin ‘sobrantes’ como dice el documento de Aparecida, aunque también sabemos que sin la presencia y ayuda divina esto es imposible, ya que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del Misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre”.
Monseñor Radrizzani concluyó la acción de gracias poniendo el Bicentenario “una vez en tus manos María de Luján, para que nos alcances de tu Hijo Jesús la fortaleza y la sabiduría que nos encaminen decididamente hacia la Patria de hermanos que soñamos”, y pidiendo al Señor que conceda a los argentinos: Humildad para poder servirte en los pobres. Esperanza para superar las dificultades. Paciencia para saber construir con generosidad y alegría. Hambre y sed de justicia para trabajar por un mundo nuevo. Misericordia para sabernos perdonados. Un corazón puro para descubrirte en todos. Ser artesanos de la paz en cada día de nuestra vida. En una palabra, no avergonzarnos nunca de creer en Ti y vivir con coherencia el Evangelio. Jesucristo Señor de la historia, te necesitamos. Sé nuestro Pastor y guíanos siempre”.
Mensaje del Papa y oraciones interreligiosas

Antes de empezar el Te Deum, el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, leyó un mensaje del papa Benedicto XVI a la Presidenta y al pueblo argentino.
“Expresó vivamente mi afecto y cercanía espiritual a todos los argentinos, a los cuales encomiendo en mis oraciones, pidiendo al Señor que los bendida abundantemente con la concordia, la paz y la prosperidad”, leyó el diplomático que participó de la ceremonia en carácter en “enviado extraordinario” el Pontífice.
En tanto, al finalizar la celebración, representantes de distintos credos religiosos hicieron su oración interreligiosa.+

Texto completo de la homilía

El Card. Bergoglio reclamó un clima social, espiritual e institucional

Posted: May 25th, 2010, by Matoga

Card. Jorge Mario Bergoglio en el TedeumBuenos Aires, 25 May. 10 (AICA) El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, volvió a reclamar hoy “un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”, y consideró que “urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males”.

Antes de iniciar la celebración, el purpurado porteño destacó como ”un hermoso gesto” que las autoridades nacionales, encabezadas por la presidenta Cristina Fernández, hayan ido a la basílica de Luján para dar gracias a Dios por la Patria, y se unió a mismo gesto que se realizará en otras catedrales católicas y cristianas del país.
El purpurado no improvisó una homilía, sino que optó por leer la declaración “La Patria es un don, la Nación una tarea”, redactado durante la 155º reunión de la Comisión Permanente, de marzo pasado. El mismo texto que entonces la comisión ejecutiva llevó personalmente a la presidenta Cristiana Fernández de Kirchner, a los integrantes de la Corte Suprema de Justicia y a los titulares de las cámaras de Diputados y Senadores.
Tras señalar que “la situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes”, estimó que “no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales”.
“Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común”, subrayó.
El cardenal Bergoglio hizo hincapié también en el párrafo que exhorta a “privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales del pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la personas humana, de la familia y la sociedad”.
Oportunamente, el vocero episcopal, presbítero Jorge Oesterheld, explicó que en ese punto los obispos se referían a los intentos por sancionar normas para favorecer el mal llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo y el aborto.
Una copia de la declaración “La Patria es un don, la Nación una tarea” y el documento “Hacia un Bicentenario en Justicia y solidaridad” fueron entregados a los representantes políticos y fieles que asistieron a la catedral metropolitana a dar gracias a Dios por la Patria, en el marco del comienzo de los festejos por el Bicentenario 2010-2016.
Al finalizar la acción de gracias, referentes de diversos credos manifestaron desde sus creencias el significado de esta fecha patria.
Texto completo del documento

1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.
2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social” . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.
3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios” . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.
4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.
5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre” . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.+

200 años

Posted: May 25th, 2010, by Matoga

Argentina está celebrando los 200 años de la Revolución de Mayo, puntapié inicial de su Independencia declarada el 9 de julio de 1916.

Y, mientras en el mundo se multiplican los saludos (Google nos dedicó, en el sitio local una imágen, el Coliceo Romano se iluminó con imágenes de Argentina y, el Empire State se vistió de Celeste y Blanco), nuestros dirigentes muestran su tremenda pequeñéz.

Es así como nuestro presidenta (aunque no me guata como suena, lo pongo así porque es un término aprobado por la Real Academia Española) no asistió a la re- inauguración del Teatro Colón dejando de lado, entre otros al presidente de Uruguay sólo porque decía sentirse ofendida….Basta de Pavadas!!!!

Después, y como le molestan las homilías críticas del Cardenal Bergoglio, realiza el Te Deum en la Basílica de Lujan…. De hecho, como todos los años, en todas las catedrales se celebra el Te Deum, pero el “oficial” por una tradición que nació el 25 de mayo de 1810, con la decisión de los miembros del Cabildo abierto, una vez conformada la Primera Junta, de trasladarse a rezar al templo mayor de Buenos Aires. Desde entonces, el oficio se mantuvo casi ininterrumpidamente a lo largo de más de 190 años. Hasta que, Nestor Kirchner, por los motivos comentados arriba, introdujo la novedad de trasladar el oficio a otras ciudades.

Y acá, la otra punta del abanico (que no se trata de santos) acude al Te Deum en la Catedral Metropolitana, tratando de convertir el oficio religioso en un acto opositor… Es que nadie entendió nada?

“El 2000 nos encontrará unidos o dominados….”

Así estamos….Pero el pueblo, quien debería tener el poder sobre su propio destino, si mostró su grandeza y así, durante los varios días de festejo, millones de argentinos, sin distinciones políticas, religiosas o de raza (como tiene que ser) se unieron y, diariamente colmaban la avenida ) de Julio (la más ancha del mundo) para presenciar los festejos….

Alguna vez en nuestra historia los políticos tendrán la grandeza de escuchar al pueblo? De tomar su ejemplo?

Algún Te Deum les abrirá el corazón, o seguirán pensando en ellos mismos?

Carta de un sacerdote a un diario

Posted: May 24th, 2010, by Matoga

Ignacio me aporta, otra vez, material más que intesezante que les comparto.

En esta oportunidad, y en coincidencia con este artículo del padre Loring , que publicara hace unos días, va una carta que escribió un sacerdote salesiano, desde África, al diario New York Times

6 de abril de 2010.

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto, todas las medidas que sean tomadas para la protección y prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… ¡Ciertamente, todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños… No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el padre Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como el padre Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato, con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el padre Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo, y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas, hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…  Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema, perdiendo la visión de conjunto, crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido, amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

Pbro. Martín Lasarte  sdb – Angola

domboscolwenaarrobahotmailpuntocom

“No hay Iglesia sin Pentecostés ni Pentecostés sin la Virgen”

Posted: May 24th, 2010, by Matoga

Benedicto XVI durante la solemnidad de PentecostésCiudad del Vaticano, 24 May. 10 (AICA) Tras haber celebrado la Santa Eucaristía en la Basílica de San Pedro en la Solemnidad de Pentecostés, Benedicto XVI rezó el Regina Caeli con miles de peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, y en sus palabras introductorias recordó la necesidad que tiene la Iglesia de las efusiones del Espíritu Santo para poder cumplir su misión de anunciar el Evangelio en todo el mundo.

En sus palabras antes de la oración, el Santo Padre indicó que cincuenta días después de la Pascua, celebramos la solemnidad de Pentecostés, en la que se recuerda la manifestación de la fuerza del Espíritu Santo, que en forma de viento y fuego descendió sobre los Apóstoles reunidos en el Cenáculo y los hizo capaces de predicar con valentía el Evangelio a todas las gentes.
El misterio de Pentecostés, que nosotros identificamos con aquel acontecimiento, verdadero ‘bautismo’ de la Iglesia, no se agota en él. La Iglesia, en efecto, vive constantemente de la efusión del Espíritu Santo, sin el cual agotaría las propias fuerzas, como a una barca de vela, a la que le faltara el viento.
Benedicto XVI también dijo que Pentecostés se renueva de modo particular en algunos momentos fuertes, sean locales como universales, sea en las pequeñas asambleas como en las grandes convocatorias. Y puso como ejemplo los Concilios, en los cuales se dieron sesiones gratificadas por especiales efusiones del Espíritu Santo, y citó de manera explícita el Concilio Vaticano II. El Papa también recordó el célebre encuentro de los movimientos eclesiales con el Venerable Juan Pablo II, celebrado en Pentecostés de 1998 en la Plaza de san Pedro.
Pero la Iglesia conoce innumerables “pentecostés” que vivifican a las comunidades locales: pensemos en las Liturgias, en particular aquellas vividas en momentos especiales para la vida de la comunidad, en las que la fuerza de Dios se percibió de modo evidente infundiendo en las almas alegría y entusiasmo. Pensemos en tantos encuentros de oración, en los que los jóvenes sienten claramente la llamada de Dios a enraizar sus vidas en su amor, consagrándose totalmente a Él.
“No hay Iglesia sin Pentecostés. Y quisiera añadir: no hay Pentecostés sin la Virgen María”, afirmó el Pontífice, señalando que así fue al comienzo, en el Cenáculo, donde los discípulos “perseveraban en la oración, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos”, como lo relata el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Y así es siempre, en todo lugar y tiempo, como sucedió en Fátima, hace pocos días, de lo que doy testimonio.
“¿Qué vivió aquella inmensa multitud en la explanada del Santuario, donde todos éramos un solo corazón y una sola alma, sino un renovado Pentecostés? En medio de nosotros estaba María, la Madre de Jesús. Y esta experiencia típica de los grandes santuarios marianos –Lourdes, Guadalupe, Pompeya, Loreto– o también de los más pequeños: donde quiera que los cristianos se reúnan en oración con María, el Señor dona su Espíritu.
Benedicto XVI finalizó sus palabras diciendo que también nosotros queremos estar espiritualmente unidos a la Madre de Cristo y de la Iglesia invocando con fe una renovada efusión del divino Paráclito. “La invocamos –dijo– por toda la Iglesia, en particular, en este Año Sacerdotal, por todos los ministros del Evangelio, para que el mensaje de la salvación sea anunciado a todas las gentes.+

“El futuro del celibato sacerdotal”, por el padre Laurent Touze

Posted: May 24th, 2010, by Matoga

La teología eucarística del celibato

ROMA, domingo 23 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- El padre Laurent Touze, profesor francés de Teología espiritual en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, ha publicado en este Año Sacerdotal el libro L’avenir du célibat sacerdotal (El futuro del celibato sacerdotal, n.d.t.) (Parole et Silence/ Lethielleux).

En la siguiente entrevista a ZENIT, finalizando ya el Año Sacerdotal, el padre Touze explica en qué consiste este “futuro” y se refiere a la “teología eucarística del celibato”.

– Padre Touze, ¿por qué este título?

Laurent Touze: ¡Para jugar al profeta de poca monta! Muchos anuncian al menos desde hace décadas que el “próximo papa” hará opcional el celibato, y que el actual (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI) no lo hace porque es demasiado conservador, o presionado por la curia, según dicta la mitología.

Yo creo que la Iglesia descubre cada vez más el vínculo que une el celibato al sacramento del orden, y que el futuro es más de celibato, mejor vivido, de manera más santa.

– Usted habla de “vínculo” entre el celibato y el sacramento del orden: ¿a qué se refiere?

– Laurent Touze: Pienso en textos como la encíclica Sacerdotalis caelibatus de Pablo VI, o en las exhortaciones apostólicas Pastores dabo vobis del venerable Juan Pablo II y Sacramentum caritatis de Benedicto XVI.

Los papas destacan no sólo el vínculo celibato-ministerio, sino que también precisan su naturaleza, afirmando un motivo central para el celibato eclesiástico: el motivo nupcial o eucarístico, es decir, el reflejo sobre la condición sacerdotal de la oblación de Cristo por la Iglesia.

Siervo de Cristo esposo, muerto en la cruz-altar de sus bodas con la Iglesia, el sacerdote, específicamente identificado con el Salvador, está llamado a reproducir el sacrificio, también por su celibato.

El contexto todavía más claramente eucarístico de Sacramentum caritatis ofrece, en mi opinión, la clave de este motivo.

Esta teología eucarística del celibato pone al sacerdote frente al oficio principal de su vocación, la Misa, y le reitera cómo las palabras de la consagración deben modelar su propia oblación para la salud del mundo.

El ministro aprende a asociarse interiormente y exteriormente a Jesucristo a quien hace realmente presente, a convertirse públicamente también él en sacerdote y víctima, a vivir como ministro lo que Benedicto XVI llama la “lógica eucarística de la existencia cristiana”.

– Sin embargo, en la Iglesia católica hombres casados son ordenados sacerdotes…

Laurent Touze: Sí, es verdad, en las Iglesias católicas orientales -no siempre- una parte de los sacerdotes están casados, y también en las Iglesias orientales separadas de Roma.

En la Iglesia latina, que reúne la mayoría de los católicos y en la que los sacerdotes son célibes, también hay excepciones, entre ellas algunos ministros reformados que entran a la plena comunión con la Iglesia.

Pero también hay que destacar que en las comunidades cristianas que son en el estricto sentido de la palabra “Iglesias” (porque han conservado con validez el orden y la Eucaristía), el obispo, que ha recibido la plenitud del sacramento del orden, siempre es célibe.

– Se oye decir que ampliar el sacerdocio a los hombres casados permitiría superar la crisis de vocaciones.

Laurent Touze: La “crisis de vocaciones” no se da en todas partes, afecta sobre todo a los países occidentales, en pleno invierno demográfico, y a las comunidades a menudo mal informadas sobre lo que es el ministerio, y quizás más en general sobre lo que es la fe de la Iglesia y la santidad en Jesucristo.

En las familias más numerosas, que vibran con una fe verdadera y viva, florecen vocaciones a todos los estados de vida.

Además, la crisis de vocaciones existe también entre los protestantes, cuyos ministros pueden estar casados.

Y ordenando a hombres casados se correría también el riesgo de olvidar la vocación universal a la santidad, el corazón del magisterio del Vaticano II: la primera misión de los laicos, hombres y mujeres, casados o célibes, es la santificación de las estructuras temporales, y no la sustitución de los clérigos.

– También se ha oído decir, estos últimos meses, que el celibato sacerdotal sería motivo de los casos de pedofilia: ¿cuál es la causa?

Laurent Touze: Frente a los escándalos a los que se refiere, las primeras tareas de la comunidad eclesial son en primer lugar el acompañamiento de las víctimas, pero también la prevención, hacer todo lo posible para que estos casos no vuelvan a reproducirse.

Y así, estar atentos a la selección de los candidatos al sacerdocio, enseñándoles a vivir la sinceridad en la dirección espiritual.

Un hombre joven que tiene una afectividad problemática puede llegar a ser santo, debe aprender a vivir la continencia, a recibir quizás un acompañamiento médico. Pero no podrá convertirse en sacerdote.

– El celibato sacerdotal -continúo haciendo de abogado del diablo- sería una invención de la Edad Media, más aún, “medieval”,…

Laurent Touze: ¡Se dice y se repite “medieval”! Se ignora demasiado a menudo la renovación reciente de la historiografía del celibato sacerdotal, y pienso en Alfonso Maria Stickler, Christian Cochini y, más reciente y largamente, en Stefan Heid.

Estos autores han demostrado que los obispos y los sacerdotes del siglo IV eran o célibes o continentes desde su ordenación, si estaban casados, es decir, que renunciaban al acto conyugal.

Esto me parece un primer hecho señalado por esta escuela historiográfica, que afirma también, y me ha convencido de ello, que esta disciplina ya se vivía en los siglos precedentes.

Los cánones del siglo IV sólo pusieron por escrito lo que se había vivido anteriormente como una costumbre, dándole fuerza de ley.

La tercera experiencia de este nuevo enfoque: el concilio oriental in Trullo de 691 habría abandonado la tradición original, permitiendo a los sacerdotes -no a los obispos- hacer uso de su matrimonio.

La novedad oriental, que fue aceptada por la Iglesia universal sólo en el siglo XVI, es, por tanto, el abandono de la continencia para los sacerdotes casados.

– Usted propone releer el sacerdocio “desde arriba” a partir de la figura del obispo que tiene la “plenitud del sacerdocio”. ¿El sacerdote no es “plenamente sacerdotal”?

Laurent Touze: El único sacerdote de la nueva Alianza es Jesucristo. Todos los fieles participan de su sacerdocio por su bautismo y deben aprender a hacerse sacerdotes de su vida cotidiana, ofreciendo esto a Dios como un acto de culto.

Los sacerdotes y los obispos reciben por su ordenación un don específico, que les permite distribuir en la Iglesia los dones de Cristo cabeza de su cuerpo, por los sacramentos, la predicación y el gobierno.

Y el obispo, como precisó el Vaticano II, tiene la plenitud del sacramento del orden. Hay, pues, una distinción sacramental entre el sacerdote y el obispo, pero al mismo tiempo una fuerte relación mutua.

El concilio construyó la teología del sacerdocio a partir del episcopado, y hoy se comprende cada vez más al sacerdote a la luz del obispo.

Creo que existe un paralelismo de significados entre los grados del orden (obispo, sacerdote -no trato aquí de los diáconos) y los grados de la continencia-celibato requeridos por el ministro (sin excepción para el obispo, con algunas excepciones para el sacerdote).

A la plenitud del orden corresponde la visibilidad máxima de la oblación eucarística de sí, en un celibato-continencia sin mitigaciones.

Pero si el obispo debe ser célibe-continente, cuanto más se defina como hoy al sacerdote en función del obispo, más deberá pedirse en esa medida a todos los ministros que se sometan a la misma disciplina, a causa de la lógica del sacramento recibido.

– Usted vislumbra para el celibato sacerdotal un futuro de santidad y de libertad. ¿Podía imaginar la “purificación” que vive la Iglesia desde hace unos meses cuando escribió su libro? ¿Repite lo mismo ahora, a pesar de la actualidad “dolorosa”?

Laurent Touze: ¡Todavía más! Una teología del celibato que destaca la dimensión sacramental apela en efecto a la santidad.

Sólo el número 24 -sobre el celibato- de la exhortación apostólica Sacramentum caritatis multiplica también las invitaciones a que el sacerdote se abra a la “consagración”, a la “ofrenda exclusiva de sí mismo”, a “la misión vivida hasta el sacrificio de la cruz”, al “don de sí total y exclusivo a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios”.

Si la teología disponible actualmente, también por el magisterio, es recibida de manera auténtica, y aplicada en la Iglesia, el futuro del celibato deberá ser un futuro de libertad, de don, de santidad sacerdotal.

– En otras palabras, para usted no hay alternativa: la respuesta a la “crisis” es la santidad.

Laurent Touze: Siempre me han impresionado unas palabras de san Josemaría Escrivá: “Un secreto, un secreto para gritar a los cuatro vientos: estas crisis mundiales son crisis de santos”.

Cuando se ven y se palpan las crisis en la Iglesia y en el mundo, la única respuesta de fondo es la conversión, la santidad.

Y hay una única santidad porque sólo hay un santo, Dios, al que aclamamos cantando: “Santo, Santo, Santo es el Señor”.

Él se ha hecho visible en el mundo en Jesucristo, y llegar a ser santo, tratar de serlo, es reproducir la vida del Salvador en nuestras circunstancias, imitar su don de sí mismo por amor.

Argentina Bicentenaria

Posted: May 23rd, 2010, by Matoga

Queridos amigos, mañana a las 24Hs (00:00 del 25) los invito a conectar los parlantes de la PC y, poniendo a todo volumen los mismos, de pie, entonemos juntos nuestro Himno Nacional.


Y, al terminar, recemos un Padre Nuestro.

Sopla, Señor!!!!

Posted: May 22nd, 2010, by Matoga

A.C.A.: Construir el bien común para gozar de la reclamada equidad

Posted: May 21st, 2010, by Matoga

Acción Católica Argentina (ACA)Buenos Aires, 21 May. 10 (AICA) El Consejo Nacional de la Acción Católica Argentina (A.C.A.) convoca a celebrar y vivir el Bicentenario patrio con “responsabilidad, grandeza y sentido fraterno”, y advierte que “sin dedicación personal a la construcción del bien común, será muy difícil gozar de la equidad que nuestro pueblo reclama y necesita”.

En este marco, invita a todos los hombres de buena voluntad a “un acto de generosidad, a recrear los canales de participación ciudadana que permitan que emerja nuevamente lo mejor de nuestra argentinidad, nuestros sueños y esperanzas, la capacidad organizativa que produzca frutos con eficacia, que promueva el bienestar y la superación principalmente de los hermanos con mayores necesidades materiales y espirituales”.
“No queremos vivir presos del desaliento, de la impotencia, del temor. ¡Promovemos la Cultura de la Vida! ¡Queremos recuperar la fuerza vital de las familias, la vecindad y los barrios!, necesitamos confiar en nuestros representantes a través de una interacción sistémica, orgánica, real”, subraya.
La institución pide a los gobernantes y legisladores que “den testimonio de grandeza, de generosidad, de solidaridad” y que “recorran caminos eficaces para el consenso de políticas públicas, la gobernabilidad y la definitiva mejora de las condiciones de vida de todos los argentinos”.
En tanto, insta a los dirigentes de los diversos sectores sociales a “recuperar un trabajo comunitario organizado, que promueva y realice el bien general por encima del interés sectorial y que priorice la equidad distributiva permitiendo la inmediata promoción de nuestros niños, jóvenes, adultos, y ancianos sumidos en la pobreza para que, incluidos en los sistemas de salud, educación, justicia y trabajo, puedan proyectarse con dignidad”.
“Ciudadanos todos de nuestra Patria: pidámosle a Dios, fuente de toda razón y justicia, la alegría, la paz interior y la fortaleza para vivir esta celebración de la comunidad nacional, con espíritu festivo y de generosa entrega; y que nos dé las fuerzas necesarias para ser ‘una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común’”, concluye.
Sueños y utopías

En tanto, los miembros de la Comisión Arquidiocesana del Área Sectores de la Acción Católica de Buenos Aires consideraron que los festejos por el Bicentenario invitan “a replantear el país que queremos legarle a nuestros hijos y nietos, enraizado en nuestra tradición pero con los ojos y el corazón elevados al cielo y con la mirada en el horizonte de nuestros sueños y utopías”.
– Queremos construir juntos un país en el que el diálogo le siga ganando a la violencia, con respeto por el otro y por las opiniones diversas en la búsqueda de la verdad.

– Donde el don de la vida sea protegido en todos sus aspectos desde su concepción hasta su muerte natural.

– Donde el respeto por la dignidad de la persona humana se concrete en políticas públicas que permitan el acceso de todos y cada uno de los habitantes de nuestra tierra a aquellos bienes que requieran para su desarrollo pleno.

– En el que los derechos humanos sean reconocidos a todos por igual con equidad y justicia en la búsqueda de una verdadera promoción humana que tenga en cuenta su integralidad.

– En el que educación y trabajo sean las claves para el desarrollo personal, familiar y comunitario y el acceso equitativo a los bienes.

– En el que la familia recupere su lugar fundamental en la construcción de una sociedad integrada, con inclusión y respeto por las diferencias.

– Donde los gobiernos de turno sean capaces de implementar Políticas de Estado, basadas en principios de Solidaridad, Subsidiariedad y Bien Común.

– Donde el ejercicio de la autoridad sea entendida como un servicio y quienes la ejercen sean ejemplo de coherencia para la comunidad.

– Donde el poder político sea el instrumento idóneo para servir al prójimo, sin excluidos ni “desechados”, reafirmando la opción preferencial por los más pobres y necesitados.

– En el que las instituciones de la República, el federalismo y la integración regional sean fortalecidas a partir del respeto de todos, pero particularmente de quienes ejercen temporariamente su titularidad.

– Donde todos asumamos nuestro compromiso ciudadano con el objeto de una mayor representatividad, participando activamente en la vida pública de acuerdo con nuestra propia vocación, como agentes de transformación de la vida social, económica y política en búsqueda de la mejora del sistema político y la calidad institucional.

– Una sociedad abierta a recibir a todos aquellos que quieran construir con nosotros un país más justo donde cada uno pueda desarrollar su proyecto de vida y todos logremos nuestro proyecto común de Nación.
Por último, ruegan que “Jesucristo, Señor de la historia y nuestra Madre de Luján, Patrona de nuestra Patria, nos acompañen en nuestro empeño por construir una patria de hermanos”.+

Tedeum en la catedral por el Bicentenario

Posted: May 20th, 2010, by Matoga

Con motivo del inicio de los festejos por el Bicentenario de la Patria, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones, presidirá el Tedeum el 25 de mayo a las 9 en la catedral Nuestra Señora de La Paz, Sáenz 438, Lomas.

La celebración de Acción de Gracias (Te Deum) se realizará con la presencia de autoridades municipales y provinciales, miembros del Poder Judicial local, organizaciones de la sociedad civil y de la comunidad diocesana.

En la convocatoria, el Obispado de Lomas de Zamora resaltó el deseo de que en este Bicentenario “la prioridad de erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral, nos hermane en la construcción del bien común”.

Te Deum, en latín, significa “A ti, Dios”, y son las primeras palabras de un cántico. Es considerado uno de los primeros himnos cristianos, tradicional, de acción de gracias. Los cristianos recurren también a él cuando quieren dar gracias, pública y colectivamente, por algún acontecimiento.

Los Dones del Espíritu Santo

Posted: May 20th, 2010, by Matoga

Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma, para secundar con facilidad las mociones de ese mismo Espíritu.

Es como un instinto sobrenatural que coloca Dios en la mente y el corazón de la persona que, despojada de sí misma y del apego desordenado a las cosas y a las personas, vacía de sí y de su egoísmo personal, puede sentir las mociones de Dios a través de su Espíritu, y seguirlas dócilmente.

Así como las virtudes cardinales y morales se basan en la razón iluminada por la fe internamente, y son por consiguiente a modo humano, ya que es la persona que actúa iluminada por lo que cree con su inteligencia, secundando esta iniciativa Dios con su gracia, en este caso es Dios quien actúa como causa externa, y la persona quien sigue la moción divina, por lo que los actos que producen los dones ya no son al modo humano, sino al modo divino o sobrehumano.

Su número y su enunciación bíblica.

Los dones del Espíritu Santo son siete, número muy querido en la simbología cristiana para expresar plenitud y perfección: Siete son los días que Dios creó, siete son los sacramentos que comunican la plenitud de la salvación pascual, siete son las virtudes cardinales más las teologales, siete son los dones del Espíritu Santo que perfeccionan estas virtudes.

Están enumerados en Isaías, capítulo 11, versículos 2 y 3. El don de piedad es un desdoblamiento del don de temor (amor) de Dios, que figura dos veces.

La Vulgata o Biblia latina menciona los siete que conocemos habitualmente.

¿Cuáles son los Dones del Espíritu Santo y cómo actúa cada uno?

Los podemos dividir en dos grandes grupos:

Los que afectan más a la inteligencia especulativa y práctica: Son los dones de entendimiento, sabiduría, ciencia y consejo.

Los que afectan más a la voluntad operativa: Son los dones de piedad, fortaleza y temor (amor) de Dios.

  1. El don de entendimiento o inteligencia permite penetrar en la verdad de las cosas, ya sea divinas y sobrenaturales o naturales y humanas o creacionales.

Capta la esencia de las cosas con claridad y el desarrollo de los razonamientos e ideas humanas, así como en los “razonamientos e ideas” divinas.

Capta la substancia oculta en los accidentes, como a Jesús bajo la apariencia del pan y del vino en la eucaristía.

También ayuda a descubrir los distintos sentidos de la Sagrada Escritura: literal y espiritual, alegórico, moral, escatológico o anagógico.

Y el sentido tipológico, descubriendo en las figuras latentes del Antiguo Testamento la presencia patente de Jesús Resucitado manifestado en el Nuevo.

Capta la esencia espiritual de las realidades sacramentales envueltas en el signo y la figura. Y el simbolismo de toda celebración litúrgica, aunque sea la más insignificante y pequeña, llenando esta captación de ternura y veneración a quien la padece o realiza.

Es todo lo contrario a la ceguera y embotamiento intelectual y espiritual, producidos más que nada por la aplicación carnal de los pecados capitales de la gula y la lujuria (el apego desordenado a la comida y a los placeres sensuales ilícitos para el cristiano).

  1. El don de sabiduría nos permite experimentar las cosas divinas como por un instinto connatural que da el Espíritu Santo a la creatura, y le hace saborear y gustar a Dios manifestado en Jesús.

Contraria a la sabiduría es la necedad en las cosas espirituales, de quien prefiere a la creaturas en vez del Creador, las cosas materiales a las invisibles y eternas, y las cosas carnales a las espirituales y santas, y no observa en lo creatural aquello que conduce a Dios.

Entre los pecados capitales, no hay quienes aparten tanto de la sabiduría como la lujuria, que embrutece y animaliza irracionalmente, y la ira, que ofusca la mente y rencoriza el corazón, impidiendo que la razón discierna con claridad.

  1. El don de ciencia, permite entender sobrenaturalmente a las cosas creadas. Ve el paso de Dios en la creación, en la providencia, en la historia personal y comunitaria, en la redención constante y en la santificación actual.

Capta el designio de Dios sobre las cosas, sobre la historia, en lo natural ve lo sobrenatural. Ve el bordado por encima de la tela en el telar, y no el entramado de hijos que por debajo aparece. Contempla y ayuda a sacar de los males bienes, y en los mismos males comprende los designios de Creador de todo, que saca bienes de ellos, así como del máximo mal físico y moral, que fue la condena y crucifixión de Jesucristo, sacó el bien máximo de la redención y de la resurrección corporal para Sí y para todo el género humano.

Ve a Dios y sus planes en el mundo sensible y corporal que nos rodea, en los acontecimientos de nuestra historia cotidiana, por más pequeña y aparentemente insignificante que sea, ya que a los ojos de Dios los pequeño e insignificante puede contener los valores perennes del esfuerzo y el amor de la santidad cristiana.

Comprende los “signos de los tiempos” (paso e inspiración de Dios en los valores de la historia), y capta los “síntomas de los tiempos” (los disvalores que los agentes del mal esparcen instigados por Satanás y por su propia inconducta personal).

Relaciona las cosas creadas con el mundo sobrenatural. Y resuelve con facilidad los más intrincados problemas cotidianos, aún en personas incultas y analfabetas.

Como opuesto a este don está la ignorancia, principalmente la ignorancia culpable, que es la que no quiere aprender aquello que le es necesario para su desempeño cristiano en la vida y para la salvación eterna de su alma.

No se debe presumir nunca “que se sabe” lo suficiente, ni colocar constantemente la inteligencia en cosas vanas, inútiles y perniciosas, ni dejarnos seducir por la curiosidad, el chimento y el qué dirán de uno mismo o el qué dicen de otros.

  1. El don de consejo es el que aplica la inspiración divina a la conducta práctica cotidiana. Discierne los casos particulares que se presentan.

Casos imprevistos, repentinos, difíciles de resolver, los soluciona instantáneamente esta inspiración si es secundada y escuchada por el don que hay en el alma en gracia. La mente y el corazón establecen el “contacto divino” y lo detectan.

Resuelve multitud de situaciones. Inspira los medios más oportunos para autogobernarnos y relacionarnos con los demás.

Contrario a este don es la precipitación en el obrar, que no escucha la voz de Dios y pretende resolver las situaciones con la sola luz de la razón natural o la conveniencia del momento.

También lo es la lentitud, pues establecida la decisión del Espíritu, es necesaria la determinación rápida y enérgica de ejecución, antes de que cambien las circunstancias y las ocasiones se pierdan.

  1. El don de piedad es propio de la voluntad, y establece la base del organismo sobrenatural para que actúe la inspiración del Espíritu Santo con relación a Dios, a la familia, a la patria en la que nacimos.

Con referencia a Dios, realiza la experiencia de la filiación, sintiéndonos como por connaturalidad hijos de Dios el Padre, hermanos y amigos de Jesús el Señor y esposos fieles del Espíritu Santo que ilumina y guía nuestras vidas.

Por lo tanto otorga un sentimiento de fraternidad universal, solidaridad, y el instinto de compartir los talentos, dones y bienes que el Señor nos dio.

A la ternura de hijos para con el Padre, la confianza en su providencia amorosa que nos coloca confiadamente en sus brazos, y la solidaridad común con los hijos del mismo, se añade el amor a los padres que nos engendraron, extensivo a toda la familia que componemos en lo natural. Y finalmente el amor a la gran familia patria, aquella en la que nacimos, en donde transcurrió nuestra infancia y nuestra vida, el lugar donde sepultamos a nuestros seres queridos y donde establecemos los lazos sociales de la amistad.

Se opone genéricamente a este don la “impiedad”, o dureza de corazón, para con Dios, para con nuestros padres, nuestra familia, o la indiferencia patria o crítica constante hacia todo ello.

  1. El don de fortaleza enardece al individuo frente al temor de los peligros. Inspira el superarlos, y da una invencible confianza para vencer las dificultades.

Otorga a la persona una energía inquebrantable, principalmente frente a las adversidades que se le quieren imponer, la hace intrépida y valiente para lograr sus objetivos, y hace soportar el dolor y el fracaso con encomiable entusiasmo y jovialidad.

Proporciona también el “heroísmo de las cosas pequeñas”, además, claro está, de las cosas grandes.

Se opone a este don la tibieza en las cosas cotidianas, simples y sencillas, el temor o timidez en las cosas a realizar. También la flojedad y debilidad naturales, así como el apego a la propia comodidad y rutina, que nos impide emprender grandes cosas y nos impulsa a huír de lo novedoso, del esfuerzo, del temor al fracaso y del dolor que pueda sobrevenir.

  1. El don de temor (por amor) de Dios, enardece la voluntad y el apetito contra la concupiscencia o los deseos desordenados, y otorga una extraordinaria capacidad para captar la Voluntad de Dios y ser feliz en ella practicándola.

Otorga una sublime experiencia de la grandeza y majestad del Dios Omnipotente y Creador. Como creatura, se sumerge en la adoración profunda y contemplativa, más allá de todo y de todos. Porque Lo ama.

No quiere equivocarse en los caminos de Dios (pecar) y se lamenta compungida de las veces en que esto le ha acaecido, y más cuando ha sido ocasión de escándalo (tropiezo) para los demás. Porque Lo ama.

Observa los más pequeños y menores detalles para no tener ocasión de ofender a Jesús. Porque Lo ama.

Se opone principalmente al don de temor la soberbia que no considera a Dios en su justa dimensión, y que hasta se coloca incluso por encima de Él.

Y la presunción, de quien confía excesiva y desordenadamente en la “misericordia” divina, pensando que cualquier acción ilícita que haga Dios lo va a perdonar por ella (por la “misericordia”), por lo que no tiene escrúpulos (o muy pocos) en realizarla/s (las acciones ilícitas).

Gustavo Daniel D´Apice

Profesor de Teología Pontificia Universidad Católica
http://es.catholic.net/gustavodaniel
http://gustavodaniel.autorcatolico.org
http://es.netlog.com/dialogando/blog
gusdada@uolsinectis.com.ar

Solemnidad de Pentecostés. Ciclo C

Posted: May 20th, 2010, by Matoga

«Recibid el Espíritu Santo»

Lectura del libro de Hechos de los Apóstoles 2, 1- 11

« Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: “¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios”.»

Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios 12, 3b- 7. 12-13

«Nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Anatema es Jesús!”; y nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!” sino con el Espíritu Santo. Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común.  Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.»

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20,19-23

«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.  A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. »

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

El Domingo de Pentecostés es la culminación del ciclo Pascual. Con esta solemne festividad se cierra la cincuentena pascual en la que hemos celebrado el misterio de Cristo Resucitado y Glorioso y se inicia nuevamente el Tiempo Ordinario. No es que el Espíritu Santo aparezca por primera vez al fin del tiempo Pascual, su presencia es notoria ya desde la Pascua de Resurrección, como vemos en el Evangelio de este Domingo. Antes de su Ascensión, el Señor había preparado a sus discípulos más cercanos: «les conviene que me vaya, porque si no lo hago, no podré enviarles al Espíritu Paráclito[1]», es decir, al defensor y consolador. Con la venida del Espíritu Santo sobre María, la Madre de Jesús y los apóstoles, comienza un tiempo nuevo, el que se extenderá hasta la segunda venida del Señor. Se inaugura la acción y la misión de la Iglesia (Primera Lectura). El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, es el principio de unidad que edifica la comunidad creyente en un solo Cuerpo, el de Cristo, con la pluralidad de carismas y funciones (Segunda Lectura).

La Promesa del Padre

Poco antes de ascender al cielo, Jesús había mandado a sus discípulos «que no se ausentasen de Jerusalén, sino que esperasen la Promesa del Padre». Ciertamente los apóstoles se habrán preguntado: ¿Cuál promesa? Por eso Jesús continúa: «Seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». Yaclara más aún: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,4.5.8). Y luego Jesús fue llevado al cielo. Después de esta precisa instrucción de Jesús, nadie se atrevió a moverse de Jerusalén. La «Promesa del Padre» había de ser un don de valor incalculable que nadie se quería perder. Es así que cuando volvieron del monte de la Ascen­sión, los apóstoles subieron a la estancia superior, donde vivían, y allí se dispusieron a esperar. El relato continúa nombrando a todos los apóstoles, uno por uno; a esta cita no falta ninguno, ni siquiera Tomás: «Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo sentir, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hch 1,14). Allí estaba congregada la Iglesia fundada por Jesús alrededor de la Madre del Maestro Bueno: María de Nazaret. La naciente Iglesia estaba a la espera de algo que no conocía y que vendría en fecha in­cier­ta. Mientras no llegara, no podía moverse. La Promesa del Padre llegó el día de Pente­costés, que era una fiesta judía que se celebra­ba cincuenta días después de la Pascua de los judíos. Entonces comenzaron a moverse…

La fiesta de Pentecostés

Tres eran las principales fiestas judías antiguas que perduraban en el tiempo de Jesús. Provenían de tiempo inmemorial, cuando Israel no existía aún como nación. Más tarde, habían sido asumidas como una disposi­ción divina y codifi­cadas en la ley dada a Moisés. Allí se establece: «Tres veces al año me celebra­rás fiesta. Guar­darás la fiesta de los Ázi­mos… en el mes de Abib, pues en él saliste de Egipto… También guardarás la fiesta de la Siega de las primicias de lo que hayas sembrado en el campo. Y la fiesta de la Recolección al término del año» (Ex 23,14-17). La primera de estas fiestas consistía en el sacrifi­cio de un cordero y su comida, según un determinado ritual.

Esta fiesta coincidió con la salida de Israel de su cauti­verio en Egipto, ocasión en que la sangre del cordero tuvo un rol tan determinante en la salvación del Pueblo de Dios. Esta fiesta adquirió el nombre hebreo “pésaj”[2] que se tradujo al latín “pascha” y al castellano “pascua”. En el tiempo de Cristo, la «pascua de los judíos» consistía en el sacrificio y comida del corde­ro pascual en memoria del gran hecho salvífico del éxodo (la liberación de Israel de su exilio en Egipto). El Evan­gelio es cons­tante en afirmar que Jesucristo murió en la cruz cuando se celebraba la pascua de los judíos y se sacrificaba el cordero pascual. A Jesucristo se le llamó el «Cordero de Dios» porque su muerte en la cruz fue un sacrificio ofre­cido a Dios por el perdón de los pecados.

La segunda de las fiestas judías, llamada también la fiesta de las semanas, debía celebrarse siete semanas después de la Pascua (ver Lev 23,15-16). En la traducción griega de la Biblia, ese espacio de tiempo de cincuenta días, dio origen al nombre «Pentecos­tés», que significa literalmente «quincuagésimo». Origi­nalmente era una fiesta agrícola de la siega; pero, visto que se celebraba cincuenta días después de la Pascua, que conmemoraba la salida de Egipto, pronto esta fiesta se asoció al don de la ley en el Sinaí y se celebraba la renovación de la alianza con el Señor. En el Talmud[3] se transmite la sentencia del Rabi Eleazar: «Pente­costés es el día en que fue dada la Torah (la ley)». Este término también sufrió una reinterpretación cristiana y hoy día Pentecostés conmemora la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego, porque este hecho fundacional de la Iglesia coinci­dió con ese día. De esta manera Dios, en su divina pedagogía, nos enseña que por el don del Espíritu Santo nace el Nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia; así como la entrega de la ley mosaica había constituido el antiguo pueblo de Israel.

El Viento: signo del Espíritu Santo

Y ocurrió en esta forma: «Ese día vino de repente un ruido del cielo, como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban… y quedaron todos llenos de Espíritu Santo» (Hech 2,2.4). El viento impetuoso es un signo del Espíritu de Dios[4], que, llenando el corazón de cada uno de los fieles, dio vida a la Iglesia. La Iglesia es una nueva creación de Dios y fue animada por el soplo de Dios. El poder creador del Espíritu de Dios está afirmado en la primera frase de la Biblia: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión… y un viento (espíritu) de Dios aleteaba por encima de las aguas» (Gen 1,1-2). Por la acción de este Espíritu se opera el ordenamiento del mundo: la luz, el firmamento, el retroceso de las aguas y la aparición de la tierra seca, la generación de los vegetales, plantas y árboles, los astros, el hombre. Nos recuerda también, el episodio de la creación del hombre. El libro del Génesis relata este hecho maravilloso en forma escueta: «El Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo, y sopló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser vi­viente» (Gen 2,7).

Es el mismo gesto de Cristo Resucitado que nos relata el Evangelio de hoy. Apareciendo ante sus apóstoles con­gregados aquel día primero de la semana, después de salu­darlos Jesús «sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíri­tu San­to». El soplo de Cristo es el Espíritu Santo y tiene el efecto de dar vida a la Igle­sia naciente. En esta forma, Jesús reivindica para sí una propiedad divina: su soplo es soplo divino, su soplo es el Espíritu de Dios. Un soplo que produce tales efectos lo puede emitir sólo Dios mismo.

El perdón de los pecados

Después de darles el Espíritu Santo, Jesús agrega estas palabras: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quie­nes se los retengáis, les quedan reteni­dos». El perdón de los pecados es una prerrogativa exclusiva de Dios. Tenían razón los fariseos cuando en cierta ocasión pro­testaron: «¿Quién puede perdo­nar pecados sino sólo Dios?» (Mc 2,7). En esa ocasión Jesús demostró que Él puede perdonar los pecados; y aquí nos muestra que puede también conferir este poder a los após­toles y a sus suce­so­res. Y lo hace comunicándoles su Espíritu. Es que el perdón de los peca­dos es como una nueva crea­ción; es un paso de la muerte a la vida[5], y ya hemos visto que Dios da vida infun­diendo su Espíritu. El pecado destruye el amor en el corazón del hombre, hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. El perdón del pecado no es solamente una declaración que Dios no considera el pecado, sino que transforma radicalmente el corazón del hombre infundién­dole el amor. Pero esto sólo el Espíritu puede hacerlo, pues «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).

«Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados»

La Segunda Lectura realiza el paso del primer Pentecostés a la perenne asistencia del Espíritu Santo  en la vida cotidiana de la Iglesia, donde el Espíritu actúa mediante los carismas y los ministerios. El contexto previo es la consulta que los corintios habían hecho a Pablo sobre los criterios para distinguir los carismas auténticos de los falsos. El Apóstol establece dos criterios de autenticidad; uno es doctrinal y el otro comunitario. El doctrinal es la confesión de Jesús como el Señor. El que hace está confesión está animado por el Espíritu Santo. El segundo criterio es que en todo carisma que sirve al bien común del grupo creyente se manifiesta la acción del Espíritu que es riqueza y vida. La diversidad de los carismas auténticos en los miembros de la comunidad no obsta a la unidad dentro de la misma. Su origen es el Espíritu de Dios, en el que todos hemos sido bautizados para construir un solo Cuerpo: la Iglesia.

Una palabra del Santo Padre:

«Si el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, según la tradición cristiana fundada en la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, como hemos visto en la catequesis precedente, debemos añadir de inmediato que san Pablo, al establecer su analogía de la Iglesia con el cuerpo humano, quiere subrayar que «en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo (…) Y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1 Co 12, 13). Si la Iglesia es como un cuerpo, y el Espíritu Santo es como su alma, es decir, el principio de su vida divina; si el Espíritu, por otra parte, dio comienzo, el día de Pentecostés, a la Iglesia al venir sobre la primitiva comunidad de Jerusalén (cf. Hch 1, 13), Él ha de ser, desde aquel día y para todas las generaciones nuevas que se insertan en la Iglesia, el principio y la fuente de la unidad, como lo es el alma en el cuerpo humano.

Digamos enseguida que, según los textos del evangelio y de san Pablo, se trata de la unidad en la multiplicidad. Lo expresa claramente el Apóstol en la primera carta a los Corintios: «Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1 Co 12, 12).

Puesta esta premisa de orden ontológico sobre la unidad del Corpus Christi, se explica la exhortación que hallamos en la carta a los Efesios: «Poned empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (Ef 4, 3). Como se puede ver, no se trata de una unidad mecánica, y ni siquiera sólo orgánica (como la de todo ser viviente), sino de una unidad espiritual que exige un compromiso ético. En efecto, según san Pablo, la paz es fruto de la reconciliación mediante la cruz de Cristo, «pues por Él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu» (Ef 2, 18). «Unos y otros»: es una expresión que en este texto se refiere a los convertidos del judaísmo y del paganismo, cuya reconciliación con Dios, que de todos hace un solo pueblo, un solo cuerpo, en un solo Espíritu, el Apóstol sostiene y describe ampliamente (cf. Ef 2, 11-18). Pero eso vale para todos los pueblos, las naciones, las culturas, de donde provienen los que creen en Cristo. De todos se puede repetir con san Pablo lo que se lee a continuación en el texto: «Así, pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros (convertidos del paganismo) estáis siendo juntamente edificados (con los demás, que proceden del judaísmo), hasta ser morada de Dios en el Espíritu» (Ef 2, 19-22).

«En quien toda edificación crece». Existe, por tanto, un dinamismo en la unidad de la Iglesia, que tiende a la participación cada vez más plena de la unidad trinitaria de Dios mismo. La unidad de comunión eclesial es una semejanza de la comunión trinitaria, cumbre de altura infinita, a la que se ha de mirar siempre. Es el saludo y el deseo que en la liturgia renovada tras el Concilio se dirige a los fieles al comienzo de la misa, con las mismas palabras de Pablo: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros» (2 Co 13, 13). Esas palabras encierran la verdad de la unidad en el Espíritu Santo como unidad de la Iglesia, que san Agustín comentaba así: «La comunión de la unidad de la Iglesia (…) es casi una obra propia del Espíritu Santo con la participación del Padre y del Hijo, pues el Espíritu mismo es en cierto modo la comunión del Padre y del Hijo (…). El Padre y el Hijo poseen en común el Espíritu Santo, porque es el Espíritu de ambos» (Sermo 71, 20. 33: PL 38, 463-464).

Este concepto de la unidad trinitaria en el Espíritu Santo, como fuente de la unidad de la Iglesia en forma de «comunión», como repite con frecuencia el Concilio Vaticano II, es un elemento esencial en la eclesiología. Citemos aquí las palabras conclusivas del número 4 de la constitución Lumen Gentium, dedicado al Espíritu santificador de la Iglesia, en donde se recoge un famoso texto de san Cipriano de Cartago (De Orat Dominica, 23: PL 4, 536): «Así la Iglesia universal se presenta como ‘un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’» (Lumen Gentium 4. Gaudium et Spes 24; Unitatis Redinbtegratio 2)».

Juan Pablo II. Audiencia General 5 de diciembre de 1990.

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. El Espíritu actúa en lo más íntimo del ser humano, actúa iluminando la inteligencia para que pueda conocer a Cristo y habilitando la voluntad para que pueda amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos concede cono­cer a Dios, y lo hace infundiendo en nosotros el amor. ¿Qué diríamos si uno de los apóstoles, desoyendo el mandato de Cristo, se hubiera ausentado de Jerusa­lén y no hubiera estado allí el día de Pentecostés? Ese apóstol se habría privado de la Promesa del Padre y de los dones divinos. ¡En realidad, hoy no sería apóstol del Señor! Esta misma es la situación del cristiano que desdeña de recibir el sacramento de la Confirmación. ¿Cómo vivo y valoro el Sacramento de la Confirmación?¿Tengo consciencia de lo que me he comprometido?

2. ¿Cómo es mi relación con el Espíritu Santo? ¿Soy dócil a sus mociones (movimientos interiores) en mi vida?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 683- 701. 731- 741


[1] Paráclito (en griego, el llamado, el auxiliador). Descripción de Jesucristo y del Espíritu Santo en los escritos juaninos. Aunque tuvo originalmente un sentido de defensor (en latín advocatus que significa abogado); Sam Juan lo usa en sentido activo, como “el protector”, “el que fortalece” o, si traducimos con menos exactitud, “el consolador”.

[2] Término de origen y significado oscuros pero que algunos remontan al pasaje del Ex 12,23.

[3] Talmud: (en hebreo: enseña). Tradición judaica que representa casi un milenio de tradición rabínica. Consiste en una enorme cantidad de textos de interpretación bíblica, explicación de las leyes y de sabiduría práctica que originalmente se transmitía de forma oral. Adquirió su forma escrita antes de 550 d.C.

[4] Es claro que la efusión del Espíritu Santo está relacio­nada con el viento. Esta relación resulta más evidente si se considera que en las lenguas bíblicas la misma palabra dice «viento» y «espíritu», en hebreo «rúaj» y en griego «pnéuma».

[5] «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte» (1 Jn 3,14).

La Iglesia en Córdoba reiteró el rechazo al “matrimonio homosexual”

Posted: May 20th, 2010, by Matoga

Córdoba, 20 May. 10 (AICA): Los obispos de la provincia de Córdoba reiteraron el rechazo de la Iglesia a la modificación del Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y que estas parejas puedan adoptar, al advertir que este tipo de uniones “carece de los elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia. Está ausente de ella la dimensión conyugal y la apertura a la transmisión de la vida”.

“En cambio, el matrimonio y la familia que se funda en él, es el hogar de las nuevas generaciones humanas. Desde su concepción, los niños tienen derecho inalienable a desarrollarse en el seno de sus madres, a nacer y crecer en el ámbito natural del matrimonio. En la vida familiar y en la relación con su padre y su madre, los niños descubren su propia identidad y alcanzan la autonomía personal”, subrayan citando la última declaración de la Conferencia Episcopal Argentina.

Asimismo, invitan a la comunidad católica de Córdoba a que en ocasión de la fiesta de la Santísima Trinidad, por celebrarse el próximo domingo 30 de mayo, se realicen especiales plegarias para que “estas verdades sean reconocidas y custodiadas en nuestra patria y así el Señor bendiga con la plenitud de su amor el futuro que anhelamos en el marco del Bicentenario”.

El comunicado lleva la firma de arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, y de los obispos Eduardo Martín, de Villa de la Concepción del Río Cuarto; Carlos Tissera, de San Francisco; Santiago Olivera, de Cruz del Eje; José Rovai, de Villa María, y Aurelio Kühn, de Deán Funes.

Texto del comunicado Ante el inminente tratamiento en el Senado de la Nación del proyecto de ley que contempla el matrimonio entre personas del mismo sexo, los Obispos de Córdoba nos manifestamos en coincidencia y reafirmamos lo ya expuesto por la Asamblea Plenaria de los Obispos de Argentina el 20 de abril pasado:

“Corresponde a la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la protección de las leyes, para asegurar y favorecer su función irreemplazable y su contribución al bien común de la sociedad”.

“La unión de personas del mismo sexo carece de los elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia. Está ausente de ella la dimensión conyugal y la apertura a la transmisión de la vida”.

“En cambio, el matrimonio y la familia que se funda en él, es el hogar de las nuevas generaciones humanas. Desde su concepción, los niños tienen derecho inalienable a desarrollarse en el seno de sus madres, a nacer y crecer en el ámbito natural del matrimonio. En la vida familiar y en la relación con su padre y su madre, los niños descubren su propia identidad y alcanzan la autonomía personal”.

“Apelamos a la conciencia de nuestros legisladores para que, al decidir sobre una cuestión de tanta gravedad, tengan en cuenta estas verdades fundamentales, para el bien de la Patria y de sus futuras generaciones”.

Por todo esto invitamos a la comunidad católica de la Provincia de Córdoba que en ocasión de la fiesta de la Santísima Trinidad a celebrarse el próximo domingo 30 de mayo, se realicen especiales plegarias para que estas verdades sean reconocidas y custodiadas en nuestra patria y así el Señor bendiga con la plenitud de su amor el futuro que anhelamos en el marco del bicentenario.+
El matrimonio homosexual no representa el sentir de la Iglesia Córdoba

Córdoba, 20 May. 10 (AICA) El arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, dijo que la “opinión emitida en diversos medios de comunicación social por el presbítero Nicolás Alessio” por el grupo de sacerdotes Enrique Angelelli, de Córdoba, en relación al posible matrimonio entre personas del mismo sexo, “son exclusivamente a título personal y no representan, de ningún modo, el sentir de la Iglesia Católica”.

El arzobispo emitió estas declaraciones por medio de un comunicado de prensa difundido esta tarde, en el que además aprovecha la ocasión “para reafirmar su adhesión plena al magisterio de la Iglesia en relación al matrimonio y la familia”, en particular lo manifestado por la Conferencia Episcopal Argentina en la última Asamblea Plenaria, y el comunicado de los obispos de la provincia de Córdoba emitido en el día de hoy, con fecha 19 de mayo de 2010.

Texto completo del comunicado:

Comunicado de Prensa El arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos José Ñáñez, pone de manifiesto que la opinión emitida en diversos medios de comunicación social por el Pbro. Nicolás Alessio por grupo sacerdotes Enrique Angelelli Córdoba, en relación al posible matrimonio entre personas del mismo sexo, son exclusivamente a título personal y no representan, de ningún modo, el sentir de la Iglesia Católica.

Aprovecha la ocasión para reafirmar su adhesión plena al magisterio de la Iglesia en relación al matrimonio y la familia, en particular lo manifestado por la Conferencia Episcopal Argentina el pasado 20 de abril (99ª Asamblea Plenaria) y el comunicado de los Obispos de la Provincia de Córdoba sobre el particular, emitido en el día de hoy, con fecha 19 de mayo de 2010. Gustavo A. Loza

Secretaría de prensa Arzobispado de Córdoba.+

Documentos relacionados

Sobre el bien inalterable del matrimonio y la familia – Declaración de la 99ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (Pilar, 20 de abril de 2010)

Declaración de la Comisión Ejecutiva de la CEA, sobre los proyectos de ley de matrimonio homosexual (Buenos Aires, 5 de noviembre de 2009)

100 años de la Basílica de María Auxiliadora

Posted: May 19th, 2010, by Matoga

La Basílica de María Auxiliadora, en Hipólito Yrigoyen 3900,Almagro, festeja sus 100 años. Fué inaugurada un 24 de mayo de 1910, como homenaje del Barrio, en el Centenario de la Patria.

Se vienen realizando varios Festejos: el dom ingo 23 habrá una solemne Misa a las 23 hs y luego una fiesta de “fuegos artificiales” en la esquina del templo.

El lunes 24, día del Centenario, habrá Misas cada hora desde las 07 de la mañana y a las 19,30 presidirá la celebración el Cardenal Jorge Bergoglio y en el final se entonará el Himno Nacional, acompañado por el órgano del templo.

El viernes 28 se realiza el ACTO OFICIAL del CENTENARIO de la BASILICA, con un audiovisual, un Concierto y Bendición de la placa recordatoria, a las 20.00 hs.

El templo, hoy Basílica, coronada por el Pontífice hace varios años, fué diseñada y dirigida la obra por el sacerdote salesiano, Arquitecto Ernesto Vespignani, y fué solventada por los vecinos de Almagro.

Es una construcción imponente con tres niveles: cripta, nivel calle y piso superior, una obra de arte que merece sere visitada.

EXALUMNOS Y EXALUMNAS : realizan su Peregrinación Anual, desde el año 1927. Este domingo 23 de mayo, realizarán su 83ª Peregrinación. Partirán de Av.Rivadavia 3700 a las 9,45 y la Misa en la Basílica se oficiará a las 10,30 presidida por el Superior de los salesianos de esta Inspectoría, R.P.Fernández Artime. Están invitados todos los que pasaron por una Casa Salesiana: alumnos, exploradores y oratorianos.