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HABEMUS PAPAM!!!!

Posted: March 13th, 2013, by Matoga

Los 115 cardenales del cónclave eligieron a un nuevo Papa.

Domingo de la Semana 5ª de Cuaresma. Ciclo C

Posted: March 11th, 2013, by Matoga

«El que esté sin pecado que tire la primera piedra»

Lectura del libro del profeta Isaías 43,16-21

«Así dice Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas. El que hizo salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron. ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo. Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido.  El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses 3, 8-14

«Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos.

No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.»

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 8, 1-11

«Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”

Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra”. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?” Ella respondió: “Nadie, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más”.»

& Pautas para la reflexión personal  

z El vínculo entre las lecturas

El Domingo pasado hemos conocido el corazón del Padre misericordioso. Este Domingo la Iglesia nos invita a meditar sobre el perdón y el amor reconciliador que Dios regala al pecador para que se convierta en una criatura nueva; para que recupere su dignidad perdida por el pecado. Esto lo vemos en el hermoso pasaje de la mujer adúltera (Evangelio) o del pueblo israelita, sumido en el desierto de Babilonia (Primera Lectura).

Este horizonte plenificador que el Señor nos ofrece nos debe de impulsar a  trabajar día a día, colaborando con la gracia de Dios, en favor de nuestra santificación personal. Nada se compara con la felicidad que el Señor nos ofrece o como leemos en la carta a los Filipenses; «todo es basura para ganar a Cristo» (Segunda Lectura).

LL La hipocresía de los fariseos

A medida que Jesús cumplía con la misión encomendada por su Padre, el pueblo sencillo comen­zaba a darle crédito y decían: «Cuando venga el Cristo, ¿hará más seña­les que las que ha hecho éste?» (Jn 7,31). Los fariseos, en cambio, cuando se enteraron de que la gente hacía esos comentarios acerca de Él, «enviaron guardias para detener­lo» (Jn 7, 32). Los guardias partieron con el propósito de traerlo detenido; pero debieron volver sin él y, a la pregunta de los sumos sacerdo­tes y fariseos sobre los motivos de su fracaso, no pudieron dar más explicación que ésta: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46).

En el Evangelio de este Domingo vemos cómo los fariseos comprobarán «cómo habla este hombre» y así alejarse de Él derro­tados. El hecho ocurrió al día siguiente en el Templo cuando predicaba nuevamente a todo el pueblo. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorpren­dida en adulterio, la ponen en medio de todos y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». El título de «Maestro» que dan a Jesús pone en evidencia su hipocresía. Poco antes, los fariseos reprochan a los guardias no haber detenido a Jesús, di­cién­doles: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esta gente que no conoce la Ley son unos malditos» (Jn 7,47-48). ¡Ellos no están dispuestos a dejarse embau­car! Ellos no consultan a Jesús porque aprecien su opi­nión, como se hace con un maestro, sino para tenderle una trampa.

La trampa: el dilema planteado…  

¿En qué consiste la trampa que han tendido al «Maestro Bueno»? El hecho en sí mismo no se discute para nada: la mujer había come­tido adulterio. Que la Ley de Moisés orde­naba apedrear a la adúltera, era cosa sabida; en efecto, la Ley dice: «Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera» (Lev 20,10). En el Pentateuco se prescribía la muerte de ambos sin especificar la manera que sería la de la lapidación en caso que la mujer sea virgen (ver Dt 22,23s) pero prometida con un hombre. Sin embargo ¿dónde estaba su cómplice en todo el pasaje? ¿El hombre implicado desapareció? ¿No es un poco raro y discriminatorio que solamente llevan a la mujer ante Jesús? Se presentan ante Jesús con un dilema[1]. Evidentemente no podía decretar la muerte de la mujer, pues en Él actúa la misericordia del Padre «que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva» (Ez 18,23). Pero tampoco podía decir: «Dejadla ir», porque enton­ces lo habrían acusado de estar contra la Ley de Moisés. Recordemos además que Jesús, estaba lejos de ser laxo en este punto. Al joven rico que le pregunta qué tiene que hacer para alcanzar la vida eterna, entre otras cosas, Jesús le responde: «No cometas adulterio» (Mc 10,19).

Ante esta disyuntiva y sorprendiendo a todos, «Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tie­rra». Y la pregunta que nos hacemos es: ¿qué es lo que Jesús escribía? La verdad es que no lo sabemos. Tal vez escribía lo que iba a servir como fundamento para la respuesta que daría. Y así como la respuesta tardaba y los fariseos insistían; Jesús se levanta y dice una de esas frases que al leerla uno se siente inmediatamente cuestionado: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». Recordemos que Él había declarado «No he venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento» (Mt 5,17). Por eso, decre­ta: «¡Que se cumpla la Ley también en este caso; pero que comience a arrojarle piedras el que esté libre de pecado, es decir, el que nunca ha mere­cido él mismo ser apedreado por faltar a la Ley!». Y dicho esto, casi podemos decir con indiferencia, «inclinándose de nuevo, escribía en la tierra». ¿Quién podría haber dicho tal sentencia? ¿Qué juez dictaría tal sentencia? A ningún juez en la historia se le había ocurrido semejante dictamen. Es que en el fondo para emitir esta sentencia hay que conocer las conciencias de todos los hombres. Conocemos lo que sucede luego: «Ellos, los acusado­res, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzan­do por los más viejos». Ante la mirada amorosa de Jesús el hombre siente que se verifi­ca lo que dice el Salmo 139: «Señor, tú me escrutas y me conoces… mi pensamiento calas desde lejos… no está aún en mi lengua la palabra y tú, Señor, ya la conoces toda».

«El que esté libre de pecado». ¿De qué pecado? De cualquier pecado; pues los mismos escribas y fariseos debían reconocer ante Dios que tampoco estaban libres de pecado, de un pecado tan grave como el adul­terio[2], y ¡también flagrante! En efecto, es un gravísimo pecado instrumen­tali­zar a una persona, aunque sea pecadora, con el fin de «tentar a Jesús y tener de qué acusarlo». El que comete adulterio igualmente instrumentaliza a una persona, la explota y la trata como un objeto. Por último, ellos no están libres de pecado, pues su pretendido celo por la ley de Moisés no es porque les interese la castidad, sino para poner una trampa a Jesús. La castidad no les interesa para nada. En cam­bio, la virtud de la pureza del corazón sí le interesa a Jesús, que afir­ma: «Bienaventu­rados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Esto es lo que Jesús desea para la mujer, que recupere la pureza del corazón para que pueda ver nuevamente a Dios.

Una vida nueva

Al final quedan solos Jesús y la mujer. San Agus­tín es magistral en el comentario de la escena: «Quedaron solos ellos dos, la miseria y la misericordia». Jesús dice una palabra que restituye completamente a la mujer en su dignidad, perdida por el pecado: «Vete, y en adelante no peques más». Los escribas y fariseos habrían podido des­truir a la mujer, pero redimir­la no, por más que trataran. A Jesús, en cambio, le bastó mostrar misericordia para hacer de ella una mujer nueva; le bastó decirle una pala­bra para encender en ella el amor a la castidad. Aquí se revela plenamente su identidad de Dios y Hombre, pues esto puede hacerlo sólo Dios, como lo dice una hermosa oración litúr­gi­ca: «Oh Dios, que manifiestas tu omnipoten­cia, sobre todo, perdo­nando y teniendo misericor­dia, infunde tu gracia sobre nosotros sin cesar…» (Oración Colecta del Domingo XVI del tiempo ordinario).

«Todo lo tengo por basura para ganar a Cristo» 

La imagen de Dios que Cristo nos ofrece en este episodio, más que un juez castigador, es la del Dios Padre, como el de la parábola del hijo pródigo. Un Dios que acepta al hombre en su fragilidad, tal cual es, lo comprende y lo perdona porque lo ama. La única condición es que el hombre reconozca su situación y quiera cambiarla. Así Dios lo restaura a su antigua dignidad de hijo y lo invita a compartir su pan (ver Ap  3,20).  Dios nos regenera con su perdón y nos justifica ante Él, como vemos en la Segunda Lectura.

Recordemos que esta carta fue escrita por San Pablo desde su prisión (posiblemente en Roma en los años 61- 63) y, cómo a pesar de su situación presente, la carta está llena de alegría, confianza y esperanza. Esa vida y condición nueva proviene de Dios y se apoyan en la fe; dándonos un conocimiento más profundo de Cristo y de su misterio pascual. El apóstol Pablo lo estima todo como pérdida y basura comparándolo con el conocimiento de Cristo y se siente impulsado a correr hacia la meta. No interesa lo que quedó atrás; ya ha sido perdonado y regenerado por Dios Misericordioso.

Lo nuevo también es el tema de la Primera Lectura. «Mirad que realzo algo nuevo…ofreceré agua en el desierto». Así habla Dios a los israelitas desterrados en Babilonia, anunciándoles la vuelta a la tierra prometida (VI a.C.). La salida de Babilonia y el regreso a la patria serán como un nuevo y mayor Éxodo.

Devueltos de la cautividad del pecado a la dignidad de hijos de Dios, la expresión de alabanza brota de los labios agradecidos como leemos en el Salmo Responsorial: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres…Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Salmo 126).

Una palabra del Santo Padre:

«”Mujer, (…) ¿ninguno te ha condenado? (…) Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más” (Jn 8, 10-11). Jesús es novedad de vida para el que le abre el corazón y, reconociendo su pecado, acoge su misericordia, que salva. En esta página evangélica, el Señor ofrece su don de amor a la adúltera, a la que ha perdonado y devuelto su plena dignidad humana y espiritual. Lo ofrece también a sus acusadores, pero su corazón permanece cerrado e impenetrable. Aquí el Señor nos invita a meditar en la paradoja que supone rechazar su amor misericordioso. Es como si ya comenzara el proceso contra Jesús, que reviviremos dentro de pocos días en los acontecimientos de la Pasión: ese proceso desembocará en su injusta condena a muerte en la cruz.

Por una parte, el amor redentor de Cristo, ofrecido gratuitamente a todos; por otra, la cerrazón de quien, impulsado por la envidia, busca una razón para matarlo. Acusado incluso de ir contra la ley, Jesús es “puesto a prueba”: si absuelve a la mujer sorprendida en flagrante adulterio, se dirá que ha transgredido los preceptos de Moisés; si la condena, se dirá que ha sido incoherente con el mensaje de misericordia dirigido a los pecadores.

Pero Jesús no cae en la trampa. Con su silencio, invita a cada uno a reflexionar en sí mismo. Por un lado, invita a la mujer a reconocer la culpa cometida; por otro, invita a sus acusadores a no substraerse al examen de conciencia: “El que esté sin pecado, que tire la primera piedra” (Jn 8,7). Ciertamente, la situación de la mujer es grave. Pero precisamente de ese hecho brota el mensaje:  cualquiera que sea la condición en la que uno se encuentre, siempre le será posible abrirse a la conversión y recibir el perdón de sus pecados. “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más” (Jn 8, 11). En el Calvario, con el sacrificio supremo de su vida, el Mesías confirmará a todo hombre y a toda mujer el don infinito del perdón y de la misericordia de Dios».

Juan Pablo II, Homilía del Domingo 1 de abril del  2001

‘  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. Blas Pascal escribió: «Hay dos clases de hombres: los unos, pecadores que se creen justos; y los otros, justos que se creen pecadores». Dios es quien conoce a cada uno y quiere que nos convirtamos. ¿Me he acercado a Dios en esta Cuaresma? ¿De qué manera concreta lo he hecho?

2.  La Cuaresma es un momento adecuado para meditar sobre nuestra propia necesidad de conversión personal.

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1420 -1498


[1] Dilema: dilema. (Del lat. dilemma, y este del gr. δίλημμα, de δίς, dos, y λῆμμα, premisa). m. Argumento formado de dos proposiciones contrarias disyuntivamente, con tal artificio que, negada o concedida cualquiera de las dos, queda demostrado lo que se intenta probar. Duda, disyuntiva.

[2] Adulterio. (Del lat. adulterĭum). Ayuntamiento carnal voluntario entre persona casada y otra de distinto sexo que no sea su cónyuge.  

Domingo de la Semana 4ª de Cuaresma. Ciclo C

Posted: March 5th, 2013, by Matoga

«Padre he pecado contra el cielo y contra ti»

Lectura del libro de Josué  5, 9a.10-12

«Y dijo Yahveh a Josué: “Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto”. Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua el día catorce del mes, a la tarde, en los llanos de Jericó. Al día siguiente de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas, ese mismo día. Y el maná cesó desde el día siguiente, en que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de los productos de la tierra de Canaán.»

Lectura de la Segunda carta de San Pablo a los Corintios 5, 17-21

«Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios! A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 15, 1-3.11-32

 

«Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”. Entonces les dijo esta parábola. Dijo: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. “Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”

Y, levantándose, partió hacia su padre. “Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta.

“Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” “Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.»

Pautas para la reflexión personal  

El vínculo entre las lecturas

«Dejaos reconciliar con Dios», he aquí una clave de lectura de las lecturas de este cuarto Domingo de Cuaresma. En la Primera Lectura Dios ofrece su reconciliación a su pueblo, concediéndole entrar en la tierra prometida, después de cuarenta años de vagar sin rumbo por el desierto. En la parábola evangélica el padre se reconcilia con el hijo menor, y, aunque no tan claramente, también con el hijo mayor. Finalmente, en la Segunda Lectura, San Pablo nos enseña que Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.

«Hoy nos ha quitado la deshonra de Egipto»

Josué es el sucesor de Moisés como caudillo de los israelitas. Su nombre era Hoseas hasta que Moisés le cambió de nombre a Josué que significa «Dios es salvación» (ver Nm 13,16). Josué fue elegido para comandar el ejercito mientras el pueblo atravesaba el desierto. El «libro de Josué» nos refiere a la invasión de Canaán y la distribución de la tierra entre las doce tribus.

El oprobio (vergüenza, deshonra) de Egipto[1]  termina al entrar el pueblo elegido en la tierra prometida y al renovar la circuncisión (Jos 5,2-3). La circuncisión era el signo externo de la alianza de Abraham con Dios (ver Eclo 44,20). La palabra «Guilgal» significa «círculo de piedra» y se ha convertido en el nombre propio de varias localidades. El Guilgal de Josué se encuentra entre el Jordán y Jericó pero su lugar exacto es desconocido. El maná será la comida del desierto, alimento maravilloso que Dios ha dado a su pueblo hasta entregarle la tierra prometida (ver Ex 16).

¿A quiénes dirige esta parábola? 

Para entender la intención de la parábola del padre misericordioso y descubrir quiénes son sus destinatarios, es necesario tener en cuenta la ocasión en que Jesús la dijo. En este caso la situación concreta de los oyentes está indicada en los primeros ver­sículos del capítulo 15 de Lu­cas: «Todos los publicanos y los pecado­res se acerca­ban a Jesús para oírlo, y los fariseos y los escri­bas murmura­ban diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta pará­bola…». El auditorio está compuesto por dos grupos de personas bien caracterizadas: por un lado, los publica­nos y pecado­res, que se acercan a Jesús y son acogidos por Él, hasta el punto que come con ellos; por otro lado, los fariseos y escri­bas que censu­raban la actuación de Jesús.

Antes que nada hay que decir que, si los pecadores se acercaban a Jesús y querían oírlo, es porque estaban bien dispuestos hacia Él y esto significa que ya habían empren­dido el camino de la conver­sión. En efecto, nadie se acerca a la «fuente de toda santidad» y escucha con ánimo positivo sus «palabras de vida eterna», si a continuación quiere seguir pecan­do. En ese caso no se habrían acercado a Jesús, pues «todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censu­radas sus obras» (Jn 3,20). Podemos imaginar entonces que Jesús estaba contento de verse rodeado de todas esas personas que estaban dispues­tas a cambiar de vida. Los fari­seos, en cambio, «que se tienen por justos y desprecian a los demás» (Lc 18,9), no creen que sea posible la con­versión de los pecadores y reprochan a Jesús que, acogién­dolos y comiendo con ellos, está apro­bando su pecado.

El hijo más joven se va de la casa…

El hijo menor despreciando abiertamente el amor del padre toma la parte de la herencia que le perte­nece y se va a un país lejano donde derrocha toda su fortuna vivien­do como un libertino. El Siervo de Dios Juan Pablo II nos explica cómo «el hombre – todo hombre – es este hijo pródigo: hechizado por la tentación de separarse del padre para vivir independientemente la propia existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío que, como espejismo lo había fascinado; solo, deshonrado, explotado mientras buscaba construirse un mundo todo para sí; atormentado incluso desde la propia miseria  por el deseo de volver a la comunión con el Padre»[2].

La parábola se detiene a describir con detalles la miseria en que cayó el hijo lejos de su padre. Dos rasgos interesantes «país (o región) lejano» a un judío le podía sonar como región pagana. De hecho así se deduce  por la finca donde se criaban puercos, prohibido entre los judíos. Los cerdos eran considerados impuros y comer su carne era censurado como odiosa abominación idolátrica (ver Lv11,7. Dt 14,8. Is 65,4). La carne del cerdo simbolizaba suciedad y corrupción oponiéndola a lo santo y puro (ver Prv 11,22. Mt 7,6).

Para este hijo pródigo[3] era imposible no comparar la miseria que sufría, aun siendo hijo, con la felicidad de que gozaba el último de los jornale­ros en la casa de su padre. Comienza así su proceso de conversión: «entrando en sí mismo…» Era plenamente consciente de haber faltado al amor del padre y tenía listo el discurso que le diría para implorar su misericordia. Con tal de estar de nuevo en la casa del padre, le bastaba con ser tratado como uno de sus jornale­ros. Es cierto que quiere volver al padre; pero algo no nos agrada. Es que este hijo está movido por el interés y no por el amor. Lo que lo hace volver es el recuerdo de la vida regala­da que tenía junto a su padre -«pan en abun­dancia»-, y no el dolor de haberlo ofendi­do.

Si, en lugar de haberle ido mal, hubiera tenido éxito, no habría vuelto a su padre. Está movido por una motivación imperfecta. Y, sin embargo, hay que ver cómo lo recibe el padre; a él ¿qué le importa la motivación? El padre está movido por puro amor hacia el hijo y no hay en él nada de amor pro­pio ofendido; está movido por pura miseri­cordia: «Estando el hijo toda­vía lejos, lo vio su padre y, conmo­vido, corrió hacia él, se echó a su cuello y lo besó efusivamen­te». Y ordena: «Cele­bremos una fies­ta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta».

L El hijo mayor

La parábola ya habría estado completa hasta aquí sin embargo se prolonga en un segundo acto a causa de la difi­cultad del hombre para comprender la misericordia divina. Entra ahora en escena el hijo mayor. No comprende al padre y no acepta que goce por la vuelta de su hermano. Cuando oyó el sonido de la música y las danzas «el hijo mayor se irritó y no quería entrar». Reprocha la actitud del padre sin embargo él se muestra grande también con este hijo. Esperaba de él plena adhesión en su alegría, y se encuentra con la murmu­ración. Pero no repara en sus propios sentimientos, sino en el malestar del hijo.

Por eso, olvidado de sí mismo, «sale a suplicarle». Le dice: «Hijo, tú estás siempre conmi­go». Tiene la esperanza de que esto le baste. Si el hijo hubiera estado movido por el amor, la compa­ñía del padre le habría bastado. Se habría alegrado con lo que se alegra el padre y se habría adherido plenamente también a la decisión de celebrar la vuelta del hermano. Pero no estaba movido por el amor. La pará­bola termina aquí. No nos dice cuál fue la reac­ción del hermano mayor: ¿Entró a la fiesta, o se obstinó en su rechazo?

Dios es Amor

Que Dios es omnipotente y puede hacerlo todo, esto todos lo comprenden; que Dios es infinitamente sabio y todo lo sabe, también lo aceptan todos; pero que «Dios es Amor» y que es miseri­cordioso, esto difícilmente lo com­prende el hombre. Y, sin embargo, es en esto que debemos imitar­lo y no en aquello. En efecto, Jesús nos dice: «Sed vosotros misericor­diosos como es misericordioso vuestro Padre» (Lc 6,36). Este es el núcleo de la revelación bíblica: Dios es Amor.

San Pablo nos dice en la carta a los Corintios, que todo hombre muerto y resucitado con Cristo adquiere ontológica y espiritualmente un nuevo ser, es una «nueva criatura» en Cristo, en cuanto que el hombre viejo desaparece. Una renovación o transformación  no puede ser el resultado del esfuerzo humano. Dios, mediante el don de la reconciliación, abre de par en par la puerta para que el hombre pueda reconciliarse con Dios Padre, consigo mismo y con sus hermanos. Dios confía a sus apóstoles el deber de continuar la obra de Jesucristo: ser artesanos de la reconciliación.

Una palabra del Santo Padre:

«”En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co 5, 20). Hoy, IV domingo de Cuaresma, resuenan con singular elocuencia estas palabras del apóstol san Pablo. Constituyen un fuerte llamamiento a la conversión y a la reconciliación con Dios. Son una invitación a emprender un camino de auténtica renovación espiritual. Al experimentar el amor misericordioso del Padre celestial, el creyente se convierte a su vez en heraldo y testigo de este don extraordinario ofrecido a toda la humanidad en Cristo crucificado y resucitado.


A este propósito, el Apóstol recuerda:  “Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo” (2 Co 5, 18). Y añade que Dios sigue exhortando por medio de nosotros y “nos encargó el servicio de reconciliar” (2 Co 5, 19). La misión de proclamar la reconciliación compete, ante todo, a los Apóstoles y a sus sucesores; corresponde, además, a todo cristiano según las responsabilidades y las modalidades propias de su estado. Por tanto, todos estamos llamados a ser “misioneros de reconciliación” con la palabra y con la vida…

“El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (2 Cor 5, 17). Es precisamente así: en Cristo todo se renueva, y renace constantemente la esperanza, incluso después de experiencias amargas y tristes. La parábola del “hijo pródigo”, mejor definida como la parábola del “Padre misericordioso”, proclamada hoy en nuestra asamblea, nos asegura que el amor misericordioso del Padre celestial puede cambiar radicalmente la actitud de todo hijo pródigo:  puede convertirlo en una criatura nueva. El que, por haber pecado contra el cielo, estaba perdido y muerto, ahora ha sido realmente perdonado y ha vuelto a la vida. ¡Prodigio extraordinario de la misericordia de Dios! La Iglesia tiene como misión anunciar y compartir con todos los hombres el gran tesoro del “evangelio de la misericordia”

Aquí está la fuente de la alegría que impregna la liturgia de este domingo, llamado precisamente “domingo laetare”, por las primeras palabras latinas de la antífona de entrada. Es la alegría del antiguo pueblo de Israel que, después de cuarenta años de camino en el desierto, pudo celebrar la primera Pascua y gozar de los frutos de la tierra prometida. Es también la alegría de todos nosotros que, después de recorrer los cuarenta días de la Cuaresma, reviviremos el misterio pascual.


Que nos acompañe en este itinerario María, la cual, con el fiat de la Anunciación, abrió las puertas de la humanidad al don de la salvación. Ella nos obtenga pronunciar a diario nuestro “sí” a Cristo, para estar cada vez más “reconciliados con Dios”. Amén».

Juan Pablo II. Homilía, Domingo 25 de marzo de 2001

‘  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. Todos somos pecadores y tenemos algo de ambos hijos. ¿Actualmente, con qué hijo me identifico más? ¿Por qué?

 

2. Acerquémonos confiadamente, en estos días de Cuaresma, al sacramento del «amor misericordioso del Padre»: el sacramento de la reconciliación.

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1425 -1426. 1440 -1470

 


[1] Este «oprobio» consiste en el hecho de ser incircunciso.

[2] Juan Pablo II. Reconciliación y penitencia, 5.

[3] Veamos la definición de «Pródigo» del Diccionario de la Real Academia Española  para entender mejor el término. «Dicho de una persona: Que desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razón. Que desprecia generosamente la vida u otra cosa estimable. Muy dadivoso. Que tiene o produce gran cantidad de algo».

Homilía en la misa de Acción de gracias por el ministerio de Benedicto XVI, en el dia de su renuncia a la Sede de Pedro

Posted: March 1st, 2013, by Matoga

Ayer  Su Santidad Benedicto XVI nos decia : “En este momento, tengo una gran confianza, porque sé, sabemos todos, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, dondequiera que la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Ésta es mi confianza, ésta es mi alegría”.

El miércoles de Cenizas en esta misma catedral les proponía que nos adentramos en el desierto cuaresmal enfrentando una lucha, como lo hizo Jesús después de su bautismo guiado por el Espíritu en el desierto, y por otra parte ante la perplejidad de la noticia de la renuncia del Papa Benito ,destacábamos su coraje y entrega.

Recordamos este camino del desierto cuaresmal con el oido atento en el Evangelio:

El episodio del rico y el pobre Lázaro, que hemos escuchado, nos descubre en el Evangelio de Lucas la bondad de la misericordia, nos recuerda que en el despojo del desierto cuaresmal no podemos olvidarnos de los mas pobres, marginados y sufrientes. La figura de Lázaro en su miseria, nos hace reflexionar sobre  la importancia que tiene para el cristiano el cuidado de los más pobres. Lázaro será llevado a la presencia, al seno de Abraham por los males y sufrimientos que soportó en su vida terrena, es decir, es salvado por su pobreza.

Aunque todo parezca estar mas o menos bien, la indiferencia ante la desigualdad de oportunidades de los mas carenciados nos coloca en un camino de oscuridad, olvido, resentimiento, violencia y abandono.

La parábola nos hace reflexionar sobre lo más importante en nuestra vida: El mandamiento del amor. El rico pensó que no era del todo malo lo que hacía, a nosotros tambien nos puede pasar que no nos parezcan del todo malas: las superficialidades que nos entretienen, las novedades que nos distraen y las preocupaciones que nos desencantan, el precio que pagó el rico fue muy alto y sin salida, su condena, el Evangelio nos despierta a no cometer el mismo error.

Jesús va a vencer la tentación en el desierto cuaresmal con la fuerza irreductible de la Palabra de Dios: hoy nos lo recuerda el Evangelio en el dialogo entre el rico y Abraham: Padre Abraham si alguno de los que han muerto va avisarles a mis hermanos…se acordó un poco tarde que tenia hermanos … tienen a Moisés  y a los profetas que los escuchen.. no padre Abraham pero si va alguno… si no prestamos oído atento a las exigencias de la Palabra de Dios y la practicamos, aunque resucite un muerto no nos harán renunciar a nuestros egoísmos, nuestros malos hábitos e indiferencia.

Proponemos el camino del desierto cuaresmal como una lucha contra el mal enquistado en nosotros mismos, la fuerza de la Palabra de Dios, la oración de súplica y las obras de misericordia pueden iluminar las zonas oscuras de nuestro corazón para que se dejen iluminar del todo, para que saliendo a la luz, la futura Pascua nos encuentre iluminados con la luz del Señor Resucitado.

Recordando el gesto de renuncia de Su Santidad

Hoy estamos celebrando esta misa por Benedicto XVI, en acción de gracias por su pontificado, su grandeza de corazón, su valentía y el testimonió que nos dejó, sobre todo como el dice por su confianza en Dios:

“…El Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca mío, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trecho del camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. Ésta ha sido y es una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios, porque jamás ha dejado que falte a toda la Iglesia y tampoco a mí su consuelo, su luz, su amor.

Quisiera destacar un momento muy doloroso respecto a la valentía de afrontar los conflictos en la Iglesia lo que el expresó públicamente en su libro, a las víctimas y sus familiares que sufrieron abusos cometidos por eclesiásticos:

                 Habéis sufrido inmensamente y eso me apesadumbra en verdad. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y vuestra dignidad ha sido violada. Muchos habéis experimentado que cuando teníais el valor suficiente para hablar de lo que os había pasado, nadie quería escucharos. Los que habéis sufrido abusos en los internados debéis haber sentido que no había manera de escapar de vuestros sufrimientos. Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos […]Benedicto XVI, entrevista de Meter Seewald. Luz del mundo. Ed. Heder .España. 2010  

Este es el hombre que se hizo cargo del dolor y la deshonra cometida por miembros de la Iglesia, en nombre de todos, como así tambien de intentar limpiar la suciedad de la corrupción que escandaliza tambien a los más pequeños, Su Santidad Benito no buscó un lugar ya lo tenía ganado, busco servir donde el Señor se lo pedía, hasta que realmente no pudo mas, estas eran sus palabras de despedida:

“En estos últimos meses, he notado que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me iluminara con su luz para tomar la decisión más adecuada no para mi propio bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su importancia y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo”.

En este tiempo propicio de cuaresma oramos por su Santidad el papa Benito y ofrecemos y pedimos al Espíritu Santo por los electores del nuevo Papa. Gracias S.S. que Maria nuestra Madre N S. de la Paz lo proteja…

Mons Jorge R. Lugones  s j

Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora

BENEDICTO XVI: Quisiera trabajar por el bien de la Iglesia y de la Humanidad

Posted: February 28th, 2013, by Matoga

Ciudad del Vaticano, 28 febrero 2013 (VIS).-Benedicto XVI ha salido por última vez del Vaticano como Sumo Pontífice esta tarde poco después de las 17,00. Unos minutos antes, en el Patio de San Dámaso, ante un piquete de honor de la Guardia Suiza, se ha despedido del cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado y de otros miembros de ese dicasterio. También estaban presentes el cardenal Agostino Vallini, Vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma y el cardenal Angelo Comastri, Vicario para el Vaticano. A la ceremonia han asistido numerosas personas que prestan servicio en la Santa Sede, acompañados por sus familiares, que han acogido al Papa entre aplausos. Antes de dejar el Vaticano, Benedicto XVI ha lanzado su último tweet: “Gracias por vuestro amor y vuestro apoyo. Sentid siempre la alegría de poner a Cristo en el centro de vuestra vida”.

Poco después el Santo Padre, acompañado por su secretario, el arzobispo Georg Ganswein, Prefecto de la Casa Pontificia, se ha dirigido en automóvil al helipuerto donde ha saludado al cardenal Angelo Sodano decano del Colegio Cardenalicio y ha subido al helicóptero que lo transportaba a Castel Gandolfo. Al despegar el helicóptero, las campanas de la basílica de San Pedro y de las iglesias de Roma han empezado a repicar.

El helicóptero del Papa ha sobrevolado la ciudad de Roma, pasando por el Coliseo y la basílica de San Juan de Letrán, aterrizando en el helipuerto de Castel Gandolfo poco después de las 17,23. Esperaban al Santo Padre el cardenal Giuseppe Bertello y el arzobispo Giuseppe Sciacca, respectivamente Presidente y Secretario General de la Gobernación del Vaticano, el Director de las Villas Pontificias, Saverio Petrillo, el obispo de la diócesis de Albano Marcello Semeraro y otras autoridades civiles y religiosas de esa localidad. Desde allí en automóvil se ha trasladado al Palacio Apostólico, donde ha sido saludado por varios centenares de personas, mientras las campanas parroquiales de Castel Gandolfo sonaban.

Acto seguido Benedicto XVI se ha asomado al balcón del palacio apostólico y, a las personas que le daban las gracias por su pontificado ha respondido: “Gracias a vosotros. Queridos amigos, estoy muy contento de estar con vosotros, rodeado por la belleza de la creación y por vuestra simpatía que me hace sentir bien. Gracias por vuestra amistad, por vuestro afecto. Sabéis que para mí este día es distinto de los demás: no soy Pontífice Supremo de la Iglesia Católica; es decir, lo seré hasta las ocho de esta tarde, después ya no. Soy ,simplemente, un peregrino que empieza la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quisiera todavía, con mi corazón, con mi alma, con mis oraciones, con mis reflexiones, con toda mi fuerza interior, trabajar por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Vayamos adelante con el Señor, por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias, buenas noches a todos y ahora os imparto, de todo corazón, mi bendición”.

El pontificado de Benedicto XVI concluye a las 20,00 (hora de Roma). A esa hora comienza la Sede Vacante. La Guardia Suiza deja de ocuparse de la custodia de la persona del Pontífice y pasa a prestar servicio al Colegio de Cardenales. Durante este período la cuenta twitter: @Pontifex estará desactivada. Una vez elegido el nuevo Papa podrá, si así lo desea, utilizarla. El anillo del pescador y el sello pontificio de Benedicto XVI serán también anulados a partir de esa hora y los apartamentos pontificios en el Vaticano serán sellados por el cardenal Camarlengo.

El Papa nombró obispo de Villa María al Pbro. Samuel Jofré

Posted: February 28th, 2013, by Matoga

Buenos Aires, 28 Feb. 2013 (AICA): El santo padre Benedicto XVI nombró obispo de la diócesis de Villa María, en la provincia de Córdoba, al presbítero doctor Samuel Jofré Giraudo, de 55 años, perteneciente el clero de la arquidiócesis de Córdoba, actualmente párroco del Santo Cristo en la capital cordobesa.

Al mismo tiempo, aceptó la renuncia de monseñor José Ángel Rovai al gobierno pastoral de la diócesis de Villa María, presentada oportunamente por haber alcanzado la edad de 75 años, de acuerdo con la norma canónica.

La información fue hecha pública por el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, en simultaneidad con la publicación en Roma. Aquí lo hizo a través de la agencia AICA.

Datos biográficos del presbítero doctor Samuel Jofré

El presbítero Samuel Jofré Giraudo nació en la ciudad de Córdoba el 8 de junio de 1957.

Cursó sus estudios secundarios en el liceo militar General Paz, de Córdoba, y algunas materias en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba.

Realizó sus eclesiásticos en el seminario mayor de Córdoba, Nuestra Señora de Loreto. Es bachiller en Teología, por la Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires” (1984). En 1992 adquirió la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra (España) y en 2009 se doctoró en Derecho Canónico en la Universidad de la Santa Cruz, de Roma. Conoce los idiomas inglés, italiano, francés y latín.

Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1983 en la catedral de Córdoba por el cardenal Raúl Francisco Primatesta, arzobispo de Córdoba.

Tras la ordenación presbiteral ejerció su ministerio sacerdotal como vicario parroquial de Nuestra Señora del Pilar, en el centro de la ciudad de Córdoba, en 1984. Luego fue designado párroco de San Roque, en la capital cordobesa, cargo que ejerció de 1985 a 1990. Posteriormente se desempeñó, de 1992 a 2005, como párroco de Nuestra Señora de Fátima. Actualmente es párroco del Santo Cristo.

En los años 2008 y 2010 fue capellán de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, y confesor de la abadía benedictina Gaudium Mariae de 1998 al 2000.

En distintas oportunidades fue vice-decano, decano, miembro del consejo presbiteral, del consejo económico arquidiocesano y de la junta arquidiocesana de catequesis. En el Tribunal Interdiocesano de Córdoba fue juez (1992-2003) y vicario judicial adjunto (2003-2006).

Dictó clases de religión en el colegio secundario Gustavo Martínez Zuviría (1984-1985), de Teología Moral en el Instituto Terciario Lumen Christi (1988-1990) y de Derecho Canónico en el Seminario Mayor de Santiago del Estero (1995-1999).

Es autor de la obra jurídica La discusión sobre el derecho a la vida del niño por nacer (Advocatus, 2011).

Actualmente es, simultáneamente, juez del Tribunal Interdiocesano de Córdoba desde 2009 y párroco del Santo Cristo desde 2010.+

Diócesis de Villa María

Creada el 11 de febrero de 1957, con la bula Quandoquidem adoranda, de Pío XII. Comprende, en la provincia de Córdoba, los departamentos de General San Martín, Marcos Juárez (mitad septentrional hasta el límite Norte de las parroquias de Corral de Bustos e Isla Verde, de la diócesis de Río Cuarto), Río Segundo (extremo SE, incluyendo la parroquia de Pozo del Molle), Tercero Arriba (excluyendo la zona de Corralito), Unión (mitad septentrional, hasta el límite norte de las parroquias de Laborde, Monte Maíz y Pascanas, de la diócesis de Río Cuarto) y Calamuchita (mitad sur), con una superficie de 28.000 km2 y una población de 386.000 habitantes, de los cuales se estima que el 80 por ciento son católicos.

Para la atención espiritual de esta población la diócesis cuenta con 50 parroquias, 129 iglesias y capillas, 64 sacerdotes (57 diocesanos y 7 religiosos), 26 religiosas y 30 centros educativos.

El primer obispo de Villa María fue Mons. Alberto Deane, pasionista (1957-1977); el segundo fue Mons. Cándido Genaro Rubiolo (1977-1979); tercer obispo fue Mons. Alfredo Guillermo Disandro (1980-1998); cuarto obispo de Villa María fue Mons. Roberto Rodríguez (1998-2006); quinto diocesano de Villa María fue hasta hoy Mons. José Ángel Rovai, quien siendo obispo auxiliar de Córdoba, Benedicto XVI lo trasladó a esta sede el 3 de octubre de 2006 de la que tomó posesión el 3 de diciembre de 2006.

Monseñor Samuel Jofré será el sexto obispo diocesano de Villa María.+

Benedicto XVI será Papa Emérito

Posted: February 26th, 2013, by Matoga

Benedicto XVI será Papa Emérito

VATICANO, 26 Feb. 13 / 09:40 am (ACI/EWTN Noticias).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer hoy que el Papa Benedicto XVI mantendrá su nombre y será llamado Papa Emérito a partir del 28 de febrero a las 8:00 p.m. (hora de Roma), cuando quede la Sede vacante.

“Seguirá siendo llamado Su Santidad Benedicto XVI“, explicó el Padre Federico Lombardi, Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede. “Pero también será llamado Papa Emérito o Romano Pontífice Emérito”, precisó en conferencia de prensa esta mañana.

El Santo Padre recibe en este días cientos de cartas de despedida por parte de autoridades de todo el mundo.

“Ha puesto a su secretario personal y Jefe de la Casa Pontificia, el Arzobispo Georg Gänswein, a cargo de leerlas y pasarles sus mensajes al Papa”, explicó el sacerdote jesuita.

El Padre Lombardi explicó que para marcar simbólicamente el final del pontificado, la Guardia Suiza estará de pie en la entrada de la residencia de Castel Gandolfo y a las 8:00 p.m. se retirará de sus puestos.

“Simbólicamente ellos protegen al Papa, así que ya no será necesario. Pero no hay que preocuparse porque la policía del Vaticano seguirá protegiendo los jardines y los alrededores”, precisó el vocero de la Santa Sede,

Hasta el momento se ha repartido 50 mil tickets gratuitos para la audiencia general de este miércoles, la última del pontificado del Papa Benedicto XVI, pero luego de la asistencia multitudinaria del domingo en el último Ángelus, las autoridades esperan una gran afluencia de público.

Tras señalara que el Papa recorrerá la Plaza de San Pedro en el papamóvil, el Padre Lombardi dijo que no habrá “besamanos”, el momento en el que un grupo de personas saluda personalmente al Santo Padre luego de la audiencia, debido a la gran cantidad de gente que se espera.

Funcionarios del Vaticano esperan que el Colegio de Cardenales se realice a principios de la próxima semana, en donde podrían anunciar el inicio del cónclave para elegir al nuevo Papa.

Misa de acción de gracias por el papa

Posted: February 26th, 2013, by Matoga

El obispo Jorge Lugones presidirá una misa de acción de gracias por el ministerio del Papa Benedicto XVI, el jueves 28 de febrero, desde las 19, en la catedral Nuestra Señora de la Paz.

“Acompañándolo en su decisión con el afecto y la oración”, es deseo del Obispo que los presbíteros, diáconos, religiosos (as), laicos y fieles que pudiesen participar “se hagan presentes este día y testimoniar así nuestra comunión con Pedro”, señaló el vicario general de la diócesis, monseñor Jorge Vázquez, al invitar a toda la Iglesia diocesana.

Asimismo, se recuerda la oración propuesta por el obispo (ya enviada) para rezar en las misas por el futuro Vicario de Cristo.

Domingo de la Semana 3ª de Cuaresma. Ciclo C

Posted: February 26th, 2013, by Matoga

«Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo»

Lectura del libro del Éxodo 3,1-8ª 13- 15

«Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía. Dijo, pues, Moisés: “Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza”. Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: “¡Moisés, Moisés!” El respondió: “Heme aquí”.

Le dijo: “No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada”. Y añadió: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios. Dijo Yahveh: “Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa.

Contestó Moisés a Dios: “Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”; cuando me pregunten: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?” Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”. Y añadió: “Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros”. Siguió Dios diciendo a Moisés: “Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación”.»

Lectura de la Primera carta de San Pablo a los Corintios 10,1-6.10-12

«No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron.

No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: “Sentóse el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse”. Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día. Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes. Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador. Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13,1-9

«En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”.

Les dijo esta parábola: “Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?” Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.”»

& Pautas para la reflexión personal  

z El vínculo entre las lecturas

A partir de este tercer Domingo de Cuaresma la liturgia de la Palabra se centra abiertamente en el tema de la conversión de vida como preparación para la renovación de nuestras promesas bautismales. La conversión, antes que sea demasiado tarde, es la respuesta adecuada al amor de Dios (Evangelio). Así habremos aprendido la lección del pueblo de Israel (Segunda Lectura), a quien Dios reveló su nombre[1] y lo liberó de la esclavitud de Egipto por medio de Moisés (Primera Lectura).

¡El que se crea estar de pie…cuidado que no se caiga!

El  posible error de leer el Evangelio de este Domingo es creernos seguros, condenando fácilmente la conducta del pueblo judío. Pero San Pablo en su carta a los Corintios nos avisa: «¡cuidado no te caigas!» Y desarrolla todo un análisis del Antiguo Testamento iluminado por la luz del Nuevo Testamento. Es decir, la historia del pueblo de Israel sucedió como ejemplo y fue escrita para escarmiento nuestro. Sin embargo, leemos en el siguiente versículo: «No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito» (1 Cor 10,13).

Recordemos que la ciudad de Corinto era una ciudad griega abarrotada de gentes de muy distintas nacionalidades y era famosa por su comercio, su cultura, por las numerosas religiones que en ella se practicaban y, lamentablemente famosa, por su bajo nivel moral. La iglesia en Corinto había sido fundada por el mismo Pablo en su segundo viaje misionero (entre los años 50- 52) y ahora recibía malas noticias sobre ella. Al encontrarse con algunos miembros de la iglesia de Corintio que habían venido a verlo para pedirle consejo sobre la comunidad, Pablo escribe esta importante carta.

K ¿Pensáis que ellos eran más culpables que los demás?

El Evangelio de hoy nos revela el método que tenía Jesús para exponer su enseñanza. A partir de una situación real concreta que está viviendo el pueblo lo instruye en las verdades de la fe. En ese momento todos estaban impacta­dos por dos hechos sangrientos y fuera de lo común. El primero se refiere a la extrema crueldad de Pilato, agravada por la profana­ción del culto. El incidente debe de haber transcurrido en la Pascua, cuando los laicos podían tomar parte del sacrificio. Pilato los mandó matar cuando ofrecían los sacrificios, así pudo mezclar la sangre humana con la de las víctimas. El hecho de que ahora le den la noticia a Jesús, prueba que no distaba mucho del suceso. El segundo, es un hecho fortuito: en esos días se había desplomado la torre de Siloé y había aplastado a dieciocho personas inocentes. Reducidos a escala, estos hechos se asemejan a los que diariamente golpean al mundo de hoy y de los cuales tenemos noti­cia a diario. Con su enseñanza Jesús nos ayuda a leer e interpre­tar esos hechos.

Ante ambos hechos Jesús repite el mismo comentario: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos porque padecieron estas cosas?… ¿pensáis que esos dieciocho eran más culpables que los demás habitan­tes de Jerusalén?» La mentalidad primitiva, presente también hoy en algunas personas, habría afirmado que ellos habían sufrido esa muerte tan trágica como castigo por su excesiva maldad. «Eso te lo ha mandado Dios, ¡algo habrás hecho!», solemos escuchar ante una enfermedad o una desgracia.  Pero Jesús rechaza esa mentalidad y responde Él mismo a su pregunta: «No, os lo aseguro». Las víctimas de los desas­tres natura­les, de los accidentes y de la maldad del hombre mismo no han padecido eso porque sean «más pecadores que los demás».

Esta es la primera enseñanza de Jesús. Su pregunta contiene, sin embargo, la afirma­ción del pecado de todos los hom­bres; es decir, «las víctimas son tan pecadores como los demás». Así resulta reafirmada la enseñanza de que todos los males son siem­pre conse­cuen­cia del pecado y de la ruptura del hombre, de todos los hombres. No existe ningún mal, ni natural, ni acciden­tal, ni intencio­nal, que no sea conse­cuencia del pecado del hombre.

«Si no os convertís…todos pereceréis del mismo modo»

La atención ahora es trasladada desde las víctimas a los oyentes y, en último término, a cada uno de nosotros. En otras palabras Jesús nos dice: «Vosotros sois igualmente pecadores, o más pecadores, que esos galileos y que esos diecio­cho que murieron aplastados, y si no os convertís -lo repite dos veces-, todos pereceréis del mismo modo». El único modo de escapar a un fin tan trági­co es convertirse. Muchas veces pensamos: ¿De qué tengo que convertirme yo? ¿Qué tengo que cambiar…si no soy malo? Y esta pregunta nos lleva a formularnos la siguiente pregunta… ¿en qué consiste la conver­sión?

Las facultades superiores del ser humano son la inteligencia y la voluntad. Estas son las facultades que lo distinguen como ser racional y libre, es decir, dueño de sus actos. El término «conversión» toca a ambas facul­tades, pero más directamente a la inteligencia. Lo dice claramente el término griego «metanóia». El prefijo «meta» significa «cambio», y el sustantivo «nous» significa «inteligencia, mente». El concepto se traduce por «cambio de mente, cambio de percepción de las cosas». Y en esto consiste principal­mente la conversión. Nosotros, en cam­bio, cuando nos preguntamos de qué tenemos que convertir­nos, examinamos a menudo nuestra voluntad, es decir, las culpas cometidas por debilidad, por falta de una voluntad más firme. ¡Y muchas veces no descubrimos ninguna falta en este rubro! Por eso, aunque hace diez años que uno no se confie­sa, se pregunta: ¿de qué me voy a confesar? ¿Yo no he hecho cosas tan  malas? No he matado…no he robado…no he sido infiel a mi pareja… Sin embargo si examináramos nuestros criterios y nuestro modo de ver las cosas y la conduc­ta conse­cuente a ellos, y la comparamos con los criterios de Cris­to, encontraríamos muchas cosas de qué confesarnos.

Cuando alguien cambia de modo de pensar y adopta los criterios de Cristo, entonces ha tenido una verdadera conversión. Entonces entra el segundo aspecto del concepto de «meta­noia»: el dolor por la conducta anterior y el arrepenti­miento. El apóstol San Pablo ofrece un ejemplo magnífico de auténtica y profunda conversión. Mientras vivía en el judaísmo, en lo que respecta al cumplimiento, es decir, a la voluntad, era irreprochable. El mismo lo dice: «Yo era hebreo e hijo de hebreos… en cuanto al cumplimiento de la ley, intachable» (Fil 3,5-6). En cuanto a la voluntad, no tenía nada que reprochar­se. Pero luego agrega: «Todo lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aun: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conoci­miento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo» (Fil 3,7-8). Ahora puede asegurar: «Nosotros tenemos la mente de Cristo» (1Cor 2,16). La conversión verdadera consiste en buscar tener los mismos criterios de Cristo.

La parábola de la viña estéril

En su primera predicación Jesús había agregado una nota de urgencia: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca: Convertíos…». Esta misma urgencia es la que imprime Jesús a su llamado a la conversión con la parábola que consti­tuye la segunda parte del Evangelio de hoy. Accediendo a los ruegos del viñador, el Señor consien­te en tener paciencia y esperar aún otro año para que la viña dé su fruto. Queda así fijado un día perentorio: «Si dentro de ese plazo no da fruto, la cortas». Esta parábo­la está ciertamente dirigida al pueblo de Israel al cual Dios había mandado sin cesar sus profetas sin embargo también en la predica­ción a los gentiles se les advierte que se ha acabado ya el tiempo de la conversión. Recorda­mos la predicación de Pablo ante los intelec­tua­les griegos cuando fue invita­do a hablar en el Areópago de Atenas: «Dios, pasando por alto los tiempos de la ignoran­cia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justi­cia…» (Hech 17,30-31).

Una palabra del Santo Padre:

«Por tanto, la Iglesia profesa y proclama la conversión. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno a medida del Creador y Padre: el amor, al que «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del «reencuentro» de este Padre, rico en misericordia. El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo.

Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo «ven» así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris. Es evidente que la Iglesia profesa la misericordia de Dios, revelada en Cristo crucificado y resucitado, no sólo con la palabra de sus enseñanzas, sino, por encima de todo, con la más profunda pulsación de la vida de todo el Pueblo de Dios. Mediante este testimonio de vida, la Iglesia cumple la propia misión del Pueblo de Dios, misión que es participación y, en cierto sentido, continuación de la misión mesiánica del mismo Cristo.»

Juan Pablo II. Carta Encíclica Dives in misericordia 13.

‘  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. «En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón», nos dice San Agustín. ¿He buscado al Señor en la oración diaria?

2. ¿Cuáles son los criterios que debo de cambiar? ¿Qué criterios tiene Jesús que yo no tengo? Haz una lista.

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1427 – 1433.

 


[1]Yahveh. Forma en que ha llegado hasta nosotros el nombre propio que los israelitas dieron a Dios. Por reverencia y para no pronunciar el sagrado nombre, los israelitas leían Adonai que equivalía al título de Señor. Como las vocales del nombre “Yahveh” no se escribían, se perdió la pronunciación propia, y poco a poco se sustituyeron por las vocales de Adonai (a/e-o-a). Así se acuñó la ortografía YaHVeH, que quedó establecida desde el siglo VI D.C.

Nombramientos de Benedicto XVI en Resistencia y en Río Gallegos

Posted: February 21st, 2013, by Matoga

Buenos Aires, 21 Feb. 2013 (AICA): El nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, informó que el Santo Padre Benedicto XVI nombró arzobispo de Resistencia a monseñor Ramón Alfredo Dus, de 56 años, actual obispo de Reconquista. Al mismo tiempo aceptó la renuncia, presentada oportunamente por razones de edad, del actual arzobispo de Resistencia, monseñor Fabriciano Sigampa.

Asimismo, monseñor Tscherrig informó que el Santo Padre nombró obispo diocesano de Río Gallegos a monseñor Miguel Ángel D’Annibale, de 53 años, actual obispo titular de Nasai y administrador apostólico de Río Gallegos.

Ambas informaciones fueron hechas públicas en forma simultánea en Roma y en Buenos Aires. Aquí el nuncio apostólico lo hizo a través de la agencia AICA.

Mons. Ramón Alfredo Dus, nuevo arzobispo de Resistencia

Mons. Ramón Alfredo Dus, uno de los biblistas más apreciados de la Argentina, nació en San Lorenzo, provincia de Corrientes, el 22 de mayo de 1956. Bautizado en Villaguay (Entre Ríos), recibió el sacramento de la Confirmación en la parroquia San Francisco de Borja, de Paraná.

Tras completar sus estudios eclesiásticos en el seminario Nuestra Señora del Cenáculo, de Paraná, fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1980, en la catedral Nuestra Señora del Rosario, de Paraná, por el arzobispo monseñor Adolfo Servando Tortolo.

En 1983 fue designado vicepárroco de la basílica Nuestra Señora del Carmen, de Nogoyá (Entre Ríos), y en 1984 de la catedral de Paraná.

Transcurrió varios años en Roma para completar sus estudios y obtuvo, en 1988, la licenciatura y en 1999 el doctorado en Sagrada Escritura, en el Pontificio Instituto Bíblico.

De regreso a la Argentina, entre los años 1989 y 1993 fue profesor en el Seminario Metropolitano Nuestra Señora, de la arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz. Fue también profesor en el seminario de Paraná  –donde también se desempeñó como formador–,  y en varios institutos de Teología.

El 3 de marzo de 2000 fue nombrado rector del Seminario Mayor de Paraná, cargo que desempeñó hasta el 4 de agosto de 2005, cuando fue designado obispo titular de Tibica y auxiliar de Reconquista, siendo éste el primer nombramiento de un obispo argentino efectuado por Benedicto XVI.

Recibió la ordenación episcopal el 17 de septiembre de 2005 en la catedral Nuestra Señora del Rosario, de Paraná, de manos de monseñor Mario Luis Bautista Maulión, arzobispo de Paraná, y los co-consagrantes monseñor Estanislao Esteban Karlic, arzobispo emérito de Paraná y monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, obispo de Reconquista. Se hizo cargo de su oficio el 2 de octubre de 2005.

 El 26 de marzo de 2008 fue nombrado cuarto obispo diocesano de Reconquista. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión de Comunicación Social. Su lema episcopal es: “Donde está el Amor, está la paz”.

Arquidiócesis de Resistencia

La arquidiócesis de Resistencia fue creada como diócesis el 3 de junio de 1939, con la bula Ecclesiarum omnium cura, de Pío XII; elevada a arquidiócesis el 1 de abril de 1984, con la bula Ad perpetuam rei memoriam, de Juan Pablo II. Comprende, en la provincia del Chaco, los departamentos de Bermejo, General Dónovan, Libertad, Libertador General San Martín, Presidencia de la Plaza, Primero de Mayo, San Fernando, Sargento Cabral y Tapenagá, con una superficie de 28.250 kilómetros cuadrados, y una población de 595.000 habitantes, de los cuales se estima que el 85 % son católicos.

Para la atención de sus fieles la arquidiócesis cuenta con 30 parroquias, 269 capillas e iglesias no parroquiales, 61 sacerdotes (34 diocesanos y 27 religiosos), 15 diáconos permanentes, 77 religiosas y 12 centros educativos.

El primer obispo de Resistencia fue Mons. Nicolás de Carlo (1940-1951); el segundo, nombrado tras una vacancia de cuatro años, fue Mons. Enrique Rau (1955-1957); tercer obispo fue Mons. José Agustín Marozzi (1957-1984); cuarto obispo y primer arzobispo fue Mons. Juan José Iriarte (1984-1993); el segundo arzobispo y quinto diocesano fue Mons. Carmelo Juan Giaquinta (1993-2006); el tercer arzobispo y sexto diocesano fue Mons. Fabriciano Sigampa (2005-2013). Mons. Dus en desde ahora el cuarto arzobispo (séptimo diocesano) de Resistencia.

Mons. Miguel Ángel D’Annibale

Monseñor Miguel Ángel D’Annibale, nació en la localidad de Florida, provincia de Buenos Aires, el 27 de marzo de 1959. Terminados sus estudios eclesiásticos en el seminario de la diócesis de San Isidro, fue ordenado sacerdote el 6 de diciembre de 1985.

A poco de su ordenación, el 20 de febrero de 1986, fue designado vicario parroquial de Nuestra Señora del Carmen, de Benavídez, y el 5 de diciembre de 1989 fue designado canciller y secretario general de la diócesis de San Isidro.

El 6 de marzo de 1990 fue nombrado prefecto del seminario mayor diocesano San Agustín, y el 3 de marzo de 1994 fue transferido a la iglesia catedral de San Isidro como vicario parroquial.

En 1995 obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA).

El 1º de marzo de 2001, el obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, lo nombró Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta que el 19 de febrero de 2011 Benedicto XVI lo nombró obispo titular de Nasai y auxiliar de la diócesis de Río Gallegos.

Recibió la ordenación episcopal el 29 de abril de 2011, en el Salón Juan Pablo II  del colegio Marín, de San Isidro, de manos de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, y de los co-consagrantes monseñor Juan Carlos Romanín SDB, obispo de Río Gallegos, y monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela. Inició su ministerio episcopal como obispo auxiliar de Río Gallegos el 22 de mayo de 2011.

A raíz de la renuncia, por motivos de enfermedad, de monseñor Romanín, el 18 de abril de 2012 fue designado administrador apostólico de Río Gallegos y desde ahora será el quinto obispo de esta sede episcopal.

Diócesis de Río Gallegos

La diócesis de Río Gallegos fue creada el 10 de abril de 1961, con la bula Ecclesiarum omnium, de Juan XXIII. Comprende todo el territorio de las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego, con una superficie total de 265.514 kilómetros cuadrados, y una población de 303.000 habitantes, el 80 % de los cuales son católicos.

Cuenta con 32 parroquias, 48 iglesias y capillas, 53 sacerdotes (31 diocesanos y 22 religiosos), 9 diáconos permanentes, 12 hermanos, 61 religiosas y 28 centros educativos.

El primer obispo de Río Gallegos fue Mons. Mauricio Magliano SDB (1961-1974), el segundo fue Mons. Miguel Ángel Alemán SDB (1975-1992), el tercero fue Mons. Alejandro Antonio Buccolini SDB (1992-2005), y el cuarto Mons. Juan Carlos Romanín SDB (2005-2012).

Domingo de la Semana 2ª de Cuaresma. Ciclo C

Posted: February 21st, 2013, by Matoga

«Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió»

Lectura del libro del Génesis 15, 5-12.17-18

«Y sacándole afuera, le dijo: “Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas”. Y le dijo: “Así será tu descendencia”. Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia. Y le dijo: “Yo soy Yahveh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad”. Él dijo: “Mi Señor, Yahveh, ¿en qué conoceré que ha de ser mía?” Díjole: “Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón”.

Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió. Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abram las espantó. Y sucedió que estando ya el sol para ponerse, cayó sobre Abram un sopor, y de pronto le invadió un gran sobresalto. Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos. Aquel día firmó Yahveh una alianza con Abram, diciendo: “A tu descendencia he dado esta tierra, desde el rió de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates:»

Lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses 3, 17-4,1

«Hermanos, sed imitadores míos, y fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros. Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra.

Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas. Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36

«Tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: “Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle”. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.»

Pautas para la reflexión personal  

El vínculo entre las lecturas

Jesucristo en el Evangelio revela la plenitud de la Ley y de la Profecía apareciendo a los discípulos entre Moisés y Elías. Revela igualmente su propia plenitud que resplandece en su ser resplandeciente y transfigurado. En Jesucristo llega también a su plenitud el pacto, la promesa extraordinaria, hecha a Abraham (Primera Lectura). En la carta a los Filipenses[1], San Pablo nos enseña que la plenitud de Cristo es comunicada a los cristianos, ciudadanos del cielo, que «transformará nuestro miserable cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo».

La fe de Abraham

«Muchas obras buenas había hecho Abraham más no por ellas fue llamado amigo de Dios, sino después que creyó, y que toda su obra fue perfeccionada por la fe», nos dice San Cirilo. Tan grande fue su fe, que Abraham creyó contra toda esperanza que Dios le daría una descendencia numerosa. Por la fe había abandonado su patria, por la fe había soportado las más grandes aflicciones y penalidades; por la fe estaría dispuesto a renunciar a todo y hasta de sacrificar su único hijo. Por eso es llamado, como leemos en el Catecismo, de «padre de todos los creyentes»[2].

El singular ritual que hemos leído en la Primera Lectura se trata de un rito común entre los pueblos antiguos (ver Jer 34,18s). Al celebrar un pacto, los contrayentes pasaban por entre los animales sacrificados, dando con ello a entender que en caso de quebrantar uno el pacto, merecía la suerte de aquellos animales. Este rito era  común también en Roma y en Grecia. «La antorcha de fuego» que recorre el espacio intermedio entre las víctimas es símbolo de la presencia de Dios que cumple y sella el pacto.

Ante todo… ¿qué significa «transfiguración»?

La palabra «transfiguración», que da el nombre a este episodio, es la traducción de la palabra griega «metamorfo­sis», que significa «transformación». Los relatos que leemos en los Evangelios de San Marcos y San Mateo, no sabiendo cómo expresar lo que ocurrió, dicen literalmente que Jesús «se metamorfo­seó ante ellos». Pero San Lucas prefiere evitar la expresión para que no se piense que Jesús se transformó en otro; es lo que podría sugerir la palabra «metamorfosis». Lucas dice simplemente que «el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos se volvieron de un blanco fulgurante». Por ese mismo motivo, cuando traducimos esa expresión de los relatos de Marcos y Mateo, decimos que Jesús «se transfiguró ante ellos». De aquí el nombre Transfiguración.

«Ocho días después de estas palabras…»

Lo primero que nos llama la atención es que la lectu­ra comience con la segunda parte del versículo 28, y se nos despier­ta la curiosidad por saber qué dice la primera parte. El versículo completo dice: «Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar». Ahora mayor es nuestra curio­sidad por saber qué ocurrió ocho días antes y cuáles fueron las palabras que dijo Jesús en esa ocasión. Por medio de esta cronología tan precisa, el mismo  evangelista sugiere vincular la Transfigura­ción con lo ocurrido antes.

Ocho días antes había tenido lugar el episodio de la profesión de fe de Pedro (ver Lc 9, 18-21). Es interesante ver cómo el relato mencionado es introducido por San Lucas de manera análoga: «Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y Él les pregun­tó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?». Los apóstoles citan diversas opiniones que flotaban en el ambiente; sin embargo Pedro, en representación de todos dice: «El Cristo de Dios». Dicho en castellano habría que leerlo: «El Ungido de Dios». Lo que Pedro quiere decir es que, según ellos, Jesús es el «Ungido[3]» (Mesías), el hijo de David prometido por Dios a Israel para salvar al pueblo.

«Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle»

Sin embargo esa noción era insuficiente ya que «ocho días después…» los apóstoles van a escuchar ¡qué dice Dios mismo sobre Jesús! Esta es la idea central de la Transfigura­ción. «Y vino una voz desde la nube que decía: ‘Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle’». Con estas palabras -corroboradas por el hecho mismo de la Transfiguración de Jesús- Dios nos revela la iden­tidad de Jesús. La nube nos hace recordar otra gran manifestación de Dios a su pueblo, esa vez en el monte Sinaí cuando les dio el decálogo. Dios dijo a Moisés: «Mira: voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre» (Ex 19,9).

El título «mi Elegido», dado por Dios, informa a los apóstoles que Jesús es el hijo de David, el Salvador que esperaban. En efecto, Dios usa los términos del Salmo 89 que, aunque dichos en tiempos verba­les preté­ritos, se entendían referidos a un David futuro, a un Ungido (Mesías) por venir (ver Sal 89,4.21). La voz de la nube declara que ese Elegido es Jesús. Por otro lado, la voz ha decla­rado que éste mismo es su Hijo. Quiere decir que ha sido engendrado por Dios y posee en plenitud su misma naturale­za divina, es decir, que es Dios verdadero. Por tanto, sólo en Jesús todo otro hombre o mujer puede ser «elegido» y sólo en él puede ser adopta­do como hijo de Dios. Noso­tros estamos llamados a ser hijos de Dios en el Hijo; somos hijos de Dios en la medida en que estemos incor­porados a Cristo por el Bautis­mo y los demás sacramentos, sobre todo, por nuestra parti­cipación en la Eucaristía.

J La alegría de la oración

El relato se abre diciendo que «Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y subió al monte a orar. Y sucedió que mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió…». El evangelista quiere subrayar que el hecho ocurrió dentro de la oración de Jesús. Él subió al monte para orar. Y en medio de la oración fue rodeado de una luz fulgurante. Viendo los após­toles a Jesús orar y revelar ante ellos su gloria exclaman: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para tí, otra para Moisés y otra para Elías». El Evangelio agrega que Pedro «no sabía lo que decía». Pero una cosa él sabía bien: que era bueno estar allí ante esa visión de Cristo. Podemos concluir que, si al revelar Jesús un rayo de su divinidad nos entusiasma de esa manera y nos llena de una alegría tan total, ¡qué será cuando lo veamos cara a cara! (ver 1Cor 13,12; 1Jn 3,2).

«Ciertas palabras…»

No nos hemos olvidado que hemos mencionado que la Transfiguración ocurrió ocho días después de la profesión de Pedro y de «ciertas palabras…» de Jesús. Esas palabras fueron el primer anuncio de su pa­sión. Inmediatamente después de la profesión de Pedro, Jesús comenzó a decir: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado… ser matado, y al tercer día resucitar» (Lc 9,22). Estas palabras tienen relación estrecha con la Transfiguración, pues enuncian el tema que trataban Moisés y Elías con Jesús: «Conversa­ban con él… Moisés y Elías, los cuales apare­cían en gloria y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén». Los após­toles eran reacios a en­frentar el tema de la pasión, pues no concebían que Jesús, reconocido como «la fuerza salvadora» suscitada por Dios, tuviera que sufrir y ser muerto; Moisés y Elías, en cam­bio, hablaban del desenlace que tendría el camino de Jesús en Jerusalén como de su mayor título de gloria. Ellos comprendían que por medio de su pasión Jesús llevaría hasta el extremo el amor a su Padre y a los hombres, pues por su muerte en la cruz daría la gloria debida a su Padre y obtendría para los hombres la redención del pecado.

Una palabra del Santo Padre:

«El escenario de la narración evangélica de esta oración es particularmente significativo. Jesús, después de la última Cena, se dirige al monte de los Olivos, mientras ora juntamente con sus discípulos. Narra el evangelista san Marcos: «Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos» (14, 26). Se hace probablemente alusión al canto de algunos Salmos del ’hallél con los cuales se da gracias a Dios por la liberación del pueblo de la esclavitud y se pide su ayuda ante las dificultades y amenazas siempre nuevas del presente. El recorrido hasta Getsemaní está lleno de expresiones de Jesús que hacen sentir inminente su destino de muerte y anuncian la próxima dispersión de los discípulos.

También aquella noche, al llegar a la finca del monte de los Olivos, Jesús se prepara para la oración personal. Pero en esta ocasión sucede algo nuevo: parece que no quiere quedarse solo. Muchas veces Jesús se retiraba a un lugar apartado de la multitud e incluso de los discípulos, permaneciendo «en lugares solitarios» (cf. Mc 1, 35) o subiendo «al monte», dice san Marcos (cf. Mc 6, 46). En Getsemaní, en cambio, invita a Pedro, Santiago y Juan a que estén más cerca. Son los discípulos que había llamado a estar con él en el monte de la Transfiguración (cf. Mc 9, 2-13). Esta cercanía de los tres durante la oración en Getsemaní es significativa. También aquella noche Jesús rezará al Padre «solo», porque su relación con él es totalmente única y singular: es la relación del Hijo Unigénito. Es más, se podría decir que, sobre todo aquella noche, nadie podía acercarse realmente al Hijo, que se presenta al Padre en su identidad absolutamente única, exclusiva. Sin embargo, Jesús, incluso llegando «solo» al lugar donde se detendrá a rezar, quiere que al menos tres discípulos no permanezcan lejos, en una relación más estrecha con él. Se trata de una cercanía espacial, una petición de solidaridad en el momento en que siente acercarse la muerte; pero es sobre todo una cercanía en la oración, para expresar, en cierta manera, la sintonía con él en el momento en que se dispone a cumplir hasta el fondo la voluntad del Padre; y es una invitación a todo discípulo a seguirlo en el camino de la cruz. El evangelista san Marcos narra: «Se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y empezó a sentir espanto y angustia. Les dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad”» (14, 33-34).

Jesús, en la palabra que dirige a los tres, una vez más se expresa con el lenguaje de los Salmos: «Mi alma está triste», una expresión del Salmo 43 (cf. Sal 43, 5). La dura determinación «hasta la muerte», luego, hace referencia a una situación vivida por muchos de los enviados de Dios en el Antiguo Testamento y expresada en su oración. De hecho, no pocas veces seguir la misión que se les encomienda significa encontrar hostilidad, rechazo, persecución. Moisés siente de forma dramática la prueba que sufre mientras guía al pueblo en el desierto, y dice a Dios: «Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, hazme morir, por favor, si he hallado gracia a tus ojos» (Nm 11, 14-15). Tampoco para el profeta Elías es fácil realizar el servicio a Dios y a su pueblo. En el Primer Libro de los Reyes se narra: «Luego anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta que, sentándose bajo una retama, imploró la muerte diciendo: “¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!”» (19, 4).

Las palabras de Jesús a los tres discípulos a quienes llamó a estar cerca de él durante la oración en Getsemaní revelan en qué medida experimenta miedo y angustia en aquella «Hora», experimenta la última profunda soledad precisamente mientras se está llevando a cabo el designio de Dios. En ese miedo y angustia de Jesús se recapitula todo el horror del hombre ante la propia muerte, la certeza de su inexorabilidad y la percepción del peso del mal que roza nuestra vida…

Queridos amigos, también nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestros cansancios, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, así como el peso del mal que vemos en nosotros y en nuestro entorno, para que él nos dé esperanza, nos haga sentir su cercanía, nos proporcione un poco de luz en el camino de la vida.».

Benedicto XVI. Catequesis del Miércoles 1 de febrero de 20102.

‘  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. ¿Cómo estoy viviendo mi vida de oración en esta Cuaresma? ¿Qué medio he colocado para mejorarla?

2. ¿Qué voy hacer para acoger la invitación del Santo Padre a ser «hombres y mujeres transfigurados»?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 551 – 556. 


[1] Pablo fundó la iglesia de Filipos, la primera de Europa, alrededor del año 50. La carta a los filipenses la escribió desde la prisión, hallándose posiblemente en Roma en los años 61 a 63. Pablo les agradece los obsequios enviados y les explica su situación alentándolos en la fe. A pesar del sombrío trasfondo de la prisión, la carta está llena de alegría y esperanza en el Señor.

[2] Ver Catecismo de la Iglesia Católica 144 – 147.

[3] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 436-440. 

Domingo de la Semana 1ª de Cuaresma. Ciclo C

Posted: February 12th, 2013, by Matoga

«El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras fue tentado»

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 4-10

«El sacerdote tomará de tu mano la cesta y la depositará ante el altar de Yahveh tu Dios. Tú pronunciarás estas palabras ante Yahveh tu Dios: “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí como inmigrante siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Nosotros clamamos a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios. Nos trajo aquí y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel Y ahora yo traigo las primicias de los productos del suelo que tú, Yahveh, me has dado”. Las depositarás ante Yahveh tu Dios y te postrarás ante Yahveh tu Dios.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 10, 8-13

«Entonces, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros proclamamos. Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. Porque dice la Escritura: Todo el que crea en él no será confundido. Que no hay distinción entre judío y griego, pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que le invocan. Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.»

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4, 1-13

«Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le respondió: “Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre”. Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: “Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya”. Jesús le respondió: “Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto”.

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le respondió: “Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios”. Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.»

& Pautas para la reflexión personal  

z El vínculo entre las lecturas

La mejor (y por qué no decir la única) manera de superar la prueba del desierto de la vida y las tentaciones del demonio es no apartarse de Dios (Evangelio). Es confesar y creer en Jesús con el corazón y con los labios, en nuestro interior y en nuestra vida cotidiana (Segunda Lectura). Jesucristo  es la imagen fiel del Padre e Hijo del único Dios verdadero que liberó de la esclavitud a su pueblo (Primera Lectura), y que salva a todo aquel que invoca su nombre. Pues: «con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación» (Rom 10,10).

K La Cuaresma

En el Evangelio de este Domingo, Lucas nos relata las tentaciones de Jesús en el desierto. La figura de Jesús que vuelve de su bautismo en el Jordán y durante cuarenta días es conducido por el Espíritu a través del desierto inhóspito sin probar alimento, abre el pórtico del tiempo litúrgico de la Cuaresma o cuarentena que hemos iniciado el miércoles de Ceniza. El número cuarenta (40) tiene un fuerte significado simbólico ya que sirve para expresar un periodo (días, noches o años) de presencia, de acción y revelación de Dios en la vida y en el mundo de los hombres.

Así vemos en algunos pasajes como: la duración del diluvio, permanencia de Moisés antes de recibir las tablas de la Ley, la marcha de Israel por el desierto, el camino de Elías hasta el Horeb, el plazo de Jonás a los ninivitas para su conversión, el lapso para las apariciones de Jesús Resucitado antes de su Ascensión y, ahora, ayuno y tentaciones de Jesús en el desierto.

Al iniciarse la Cuaresma, nuevamente nos concede Dios un tiempo de gracia y de con­versión. La Cuaresma es uno de los tiempos fuertes de la vida de un cristiano; es un tiempo que se nos ofrece para detenernos a consi­derar cuáles son los valores que mueven nuestra vida, cuáles son las cosas que nos afanan. El precepto principal del cristiano, el que resume toda la ley de Dios, dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» (Mt 22,37); y Jesús nos dio un criterio claro para examinar el cumplimiento de ese precepto principal: «Donde está tu tesoro allí está tu cora­zón» (Mt 6,21). Debemos preguntar­nos enton­ces dónde está nuestro tesoro, qué es lo que acapara nuestra atención, lo que consume nuestro tiempo y nuestras energías; y si, como consecuen­cia de este examen, descubriéramos que esa realidad es algo distinto que Jesucristo entonces debe­mos iniciar un proceso de conversión, de cambio de rumbo.

Las obras cuaresmales (limosna, ayuno y oración) son las que demuestran que nuestro corazón es todo de Dios; pues consisten en rechazar la seducción de las riquezas por medio de la limosna, en rechazar los placeres ilícitos y comodidades de esta vida por medio del ayuno y de la moderación en el uso de los bienes materiales, y en rechazar nuestro espíritu de suficiencia y autonomía por medio de la oración. Así demostramos que amamos a Dios más que el dinero, más que nuestra propia vida y que Él ocupa todo nuestro pensamien­to y mundo interior.

L Las tres tentaciones

Observemos más de cerca cada una de las tenta­cio­nes y veamos en qué forma nos enseña Jesús a ven­cer nuestras propias tentaciones. Pero…¿qué tentación podía sufrir Jesús? No necesitamos hacer profundas elucubraciones para respon­der a esta pregunta, pues la respuesta está explícita en el Evangelio. Al cabo de los cuarenta días sin comer nada, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que esta piedra se convierta en pan». Jesús es el Hijo de Dios y tenía poder para convertir esa piedra en pan; pero si lo hubiera hecho, habría sido infiel a su misión de abrazar verdaderamente la condición humana con sus carencias y limitaciones, siendo una de las más evidentes precisamente el hambre. Jesús sentía el grito de su natu­raleza humana que lo urgía a apagar el hambre.

Pero en esa circunstancia no había más modo de hacerlo que faltar a la misión encomendada por su Padre. Y esto fue lo que le sugirió el diablo. Dejando en evidencia que ama a Dios con todo su corazón de hombre, Jesús acepta padecer el hambre antes que desobedecer a Dios. Hace propia la voluntad de Dios y rechaza la sugerencia del diablo, citando la Escri­tu­ra: «No sólo de pan vive el hombre».

En seguida el diablo tienta a Jesús con la posesión de las riquezas. Le muestra todos los reinos de esta tierra y le dice: «…porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si me adoras todo será tuyo».  En algo tiene razón el diablo – como en toda seducción- en que la gloria de este mundo es suya. Quien ambiciona la gloria de este mundo, para poseerla, tiene que, olvidándose de Dios, abrirse a la acción del diablo, pues a él pertenece esta gloria y él la da a quien él quiere. Por eso Jesús lo llama el  «príncipe de este mun­do». Jesús rechazó la tenta­ción citando el primer mandamiento de la ley de Dios: «Adora­rás al Señor tu Dios y sólo a El darás culto». ¡El diablo quiere hacerse adorar por Jesús! ¡Hay que ser muy atrevido para esto!

En la tercera tentación nuevamente el diablo sugiere a Jesús hacer alarde de su condición divina. Lo lleva al alero del templo y le dice que se tire porque «…A sus ángeles te encomendará para que te guarden…». Jesús rechaza la tentación, pero deja en claro, de todas maneras, que Él es el Señor Dios. En efecto, responde al diablo: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios».

Jesús nos enseña el modo de resistir las tentacio­nes y de cum­plir con el Plan de Dios. Si somos dóciles, como fue Jesús, y nos dejamos conducir por el Espíritu de Dios, seremos verdade­ra­mente «hijos de Dios». San Pablo ciertamente tenía en mente este episodio cuando escribe: «Todos lo que se dejan conducir por el Espíritu de Dios son hijos de Dios». Y agrega: «Si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados» (Rom 8,14.17).

¿Quién es el tentador y que puede hacernos?

Tal vez uno de las verdades de fe que confunde a mucha gente es la existencia del demonio y su acción en el mundo. El demonio es un ser real y concreto, creado bueno por Dios, de naturaleza real y espiritual e invisible, que por su pecado se apartó de Dios y se convirtió en un ser «perverso y pervertidor» en su misma esencia.

¿Qué nos puede hacer el demonio? Lo primero que hay que tener en cuenta es que el demonio puede perturbarnos con las limitaciones (y capacidades) que tiene por ser una criatura angelical. Como dice San Agustín, el demonio es como un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado.

Sin embargo el demonio sí puede tener un cierto poder sobre nosotros  que puede ser fatal. No puede alcanzar directamente nuestra inteligencia y voluntad, facultades completamente espirituales y accesible sólo a Dios, pero puede, con sus poderes, afectar nuestros sentidos externos como la vista,  el tacto, el oído, y nuestros sentido internos como la memoria, la fantasía y la imaginación.

Ninguna muralla, ninguna puerta blindada, ningún guardaespaldas es capaz de impedir la influencia de Satanás sobre la memoria o la fantasía de un hombre. Sin embargo la sugestión del demonio nunca alcanzará, solamente de modo indirecto, nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Es decir tener dominio y control sobre la memoria e imaginación es guardar «la puerta y la entrada del alma»[1]. Es tener en jaque al demonio.

Una palabra del Santo Padre:

«Con el sugestivo rito de la imposición de la Ceniza, inicia el tiempo de la Cuaresma, durante el cual la liturgia renueva en los creyentes el llamamiento a una conversión radical, confiando en la misericordia divina. El tema de este año – “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5) – ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la condición de los niños, que también hoy en día el Señor llama a estar a su lado y los presenta como ejemplo a todos aquellos que quieren ser sus discípulos. Las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia.

 Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres. A este propósito, Santa Clara de Asís solía decir que Jesús, “pobre fue acostado en un pesebre, pobre vivió en el siglo y desnudo permaneció en el patíbulo” (Testamento, Fuentes Franciscanas, n. 2841).


Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos “por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro” (Ángelus, 18.12.1994). Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5). Junto a los niños, el Señor sitúa a los “hermanos más pequeños”, esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Acogerlos y amarlos, o bien, tratarlos con indiferencia y rechazarlos, es como si se hiciera lo mismo con Él, ya que Él se hace presente de manera singular en ellos».

Juan Pablo II. Mensaje para la Cuaresma 2004

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 

1. ¿Cómo voy a vivir lo que la Santa Madre Iglesia recomienda para este tiempo: la limosna el ayuno y la oración? Pongamos medios muy concretos.

2. ¿Cómo puedo vivir la Cuaresma en mi familia?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 386 – 395. 1168-1173.


[1] San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo.

Comunicado de la Comisión Ejecutiva: renuncia de Benedicto XVI

Posted: February 11th, 2013, by Matoga

CEA

Habiendo tomado conocimiento de la renuncia de Benedicto XVI como Obispo de Roma y pastor supremo de la Iglesia, invitamos a todo el pueblo de Dios que peregrina en la Argentina a dar gracias a Dios por el don tan grande del ministerio del Santo Padre en estos ocho años.

Debemos dar gracias por su magisterio, sus escritos, sus catequesis, su profunda sabiduría, su testimonio de oración y contemplación, y su coraje y valentía para conducir a la Iglesia “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”, tal como él mismo lo describe.

Estamos seguros que el ministerio papal de Benedicto XVI ha sido fecundo en acciones y palabras, y también por sus sacrificios y oración ferviente.

Finalmente, deseamos unirnos al pedido del Santo Padre, que nos dice: “Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.”

Obispos miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina

11 de febrero. Fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes.

Benedicto XVI renunciará al Pontificado por falta de fuerzas

Posted: February 11th, 2013, by Matoga

Ciudad del Vaticano (AICA): El Papa anunció su decisión de dejar el pontificado el 28 de febrero. El anuncio lo hizo personalmente hoy, en latín, durante el consistorio para la canonización de los mártires de Otranto. “Un rayo ha caído del cielo”. Con estas palabras calificó la decisión del Papa, el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Angelo Sodano. El Santo Padre aseguró que no se encuentra con fuerzas y confiesa que el vigor de su cuerpo “en los últimos meses disminuyó en modo tal que debo reconocer mi incapacidad para administrar bien el ministerio a mí confiado”.

El Papa anunció su decisión de dejar el pontificado el 28 de febrero. El anuncio lo hizo personalmente hoy, en latín, durante el consistorio para la canonización de los mártires de Otranto. “Un rayo caído del cielo”. Con estas palabras calificó la decisión del Papa, el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Angelo Sodano. El Santo Padre aseguró que no se encuentra con fuerzas y confiesa que el vigor de su cuerpo “en los últimos meses disminuyó en modo tal que debo reconocer mi incapacidad para administrar bien el ministerio a mí confiado”.

Palabras del Papa

Queridísimos hermanos, los he convocado a este consistorio no solo para las tres canonizaciones, sino también para comunicarles una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado repetidamente mi conciencia delante de Dios, he llegado a la certeza de que mis fuerzas, por la edad avanzada, no son ya las necesarias para ejercer de modo adecuado el ministerio petrino.

Soy bien consciente de que este ministerio, por su esencia espiritual, puede realizarse no solo con las obras y las palabras, sino también sufriendo y rezando. No obstante, en el mundo de hoy, sujeto a rápidos cambios y agitado por cuestiones de gran importancia para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el evangelio es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del alma.

Vigor que en los últimos meses me ha disminuido de tal manera que debo reconocer mi incapacidad para administrar bien el ministerio a mí confiado. Por esto, buen sabedor de la gravedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, confiado a mí por mano de los cardenales el 19 de abril del 2005. De modo que, desde el 28 de febrero del 2013, a las 20, la sede de Roma y la sede de San Pedro quedará vacante y deberá convocarse, por aquellos a quienes compete, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, les agradezco de todo corazón por todo el amor y el trabajo con el que han llevado conmigo el peso de mi ministerio. Y les pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Santa Iglesia al cuidado del Sumo Pastor, nuestro Señor Jesucristo, e imploramos a su santa Madre María para que asista con su bondad materna a los padres cardenales en la elección del nuevo Sumo Pontífice. Respecto a mí, quiero servir también en el futuro a la Santa Iglesia de Dios con todo mi corazón, con una vida dedicada a la oración”.+

Resgreso….

Posted: February 11th, 2013, by Matoga

Despés de acomodar unas cuantas cosas en el ámbito laboral, iniciando una nueva etapa y ya de regreso de las vacaciones, retomo el contacto con todos ustedes.

Espero sepan disculparme esta prolongada ausencia y agradezco las oraciones….