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La Virgen de Luján estará junto a los caídos en Malvinas

Posted: October 7th, 2009, by Matoga

Imagen de Nuestra Señora de Luján, que será entronizada en las Islas MalvinasBuenos Aires, 7 Oct. 09 (AICA) Una imagen de Nuestra Señora de Luján, que peregrinó por todo el país, será colocada el sábado 10 de octubre en el cenotafio del cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas, por la segunda tanda de familiares de los caídos que viajará a ese territorio para rendir homenaje a los muertos en la guerra de 1982, acompañados por el obispo de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanín.

“Esta es la imagen de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, última pieza del monumento a los caídos construido en nuestras Islas Malvinas, que se despide de sus hijos en el continente, antes de partir hacia su destino final desde donde cuidará el descanso eterno de nuestros hermanos: Los que ya dieron el buen combate por la independencia y la soberanía nacional”, se afirma en la inscripción colocada al pie de la imagen.

Monseñor Romanín afirmó que “llegó ya el momento de llevar la imagen de la Virgen de Luján al cementerio de Darwin en Malvinas. Me han convocado para que acompañe como peregrino al segundo contingente de familiares que llevará la imagen de la Virgen de Luján que peregrinó por todo el país”.

También consideró que “esta invitación es para mí un verdadero regalo de Dios, que me permite llegar a ese lugar tan querido por nuestra Iglesia. Muchos de los ex combatientes han venerado a la Madre de Dios y han expresado ante Ella sus sentimientos y necesidades, sus súplicas y sus esperanzas”.

Esa imagen de la Virgen fue llevada el fin de pasado por un jeep militar hasta Luján, donde fue colocada junto al altar levantado en la Plaza Belgrano, de espaldas a la basílica, donde el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, presidió la misa para los peregrinos. En tanto, el viernes, el primado argentino bendijo a los familiares en la catedral metropolitana.

Asimismo, será expuesta desde mañana en la Plaza de Mayo, en el marco de la Muestra “Malvinas: Islas de la Memoria”, organizada la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Allí, se emplazarán las cruces que, con sus rosarios y flores, permanecieron junto a las tumbas de los soldados argentinos en el Cementerio de Darwin por más de dos décadas, y que fueron reemplazadas en 2004 por el actual Monumento a los Caídos en Malvinas. También se exhibirán más de 300 objetos, donados o prestados por los familiares y veteranos. Entre ellos, cartas, mapas originales, libretas de anotaciones, herramientas, calzados, municiones, banderas, insignias, chapas de identificación y rosarios.

Estas piezas, que estuvieron guardadas durante décadas, ya fueron vistas por 50.000 personas en el país. Su exhibición pública es un intento de abordar “los diversos significados y sentimientos que aún genera el conflicto bélico de Malvinas. Y es también un reconocimiento y un homenaje a todos nuestros caídos”, se explica.

Por otra parte, el viernes 9 de octubre, a las 15.30, los familiares de los caídos y la Confederación General del Trabajo (CGT) llevarán esa imagen en procesión por la Avenida de Mayo desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo, acompañada por tropas y bandas militares.

El segundo contingente se trasladará ese mismo día desde el Aeroparque Jorge Newbery a la ciudad de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, y al día siguiente a las 8,45, los familiares, con la Virgen de Luján, viajarán vía área a las Islas Malvinas.

En el Monumento –en el Cementerio de Darwin– la Virgen de Luján se entronizará en el campo santo, donde quedará a custodiar a los argentinos que descansan en el archipiélago desde 1982.

Informes: (011) 4372-7538 o por correo electrónico info@heroesdemalvinas.org.ar .

El Papa nombró a Mons. Ojea obispo coadjutor de San Isidro:

Posted: October 7th, 2009, by Matoga

Buenos Aires, 7 Oct. 09 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI nombró obispo coadjutor de San Isidro a monseñor Oscar Vicente Ojea, de 62 años, actual obispo auxiliar de Buenos Aires.

La noticia fue publicada hoy, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en forma simultánea en Roma y en Buenos Aires. Aquí lo hizo el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA.

Mons. Oscar Vicente Ojea Nació en Buenos Aires el 15 de octubre de 1946. Tras completar sus estudios eclesiásticos en los seminarios Menor y Mayor de Buenos Aires, fue ordenado presbítero en Buenos Aires el 25 de noviembre de 1972. Obtuvo el título de Bachiller en Teología en la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires”.

Desde su ordenación ejerció su ministerio pastoral como vicario parroquial en diversas parroquias porteñas: María Reina (1973-1975), San José de Flores (1975-1977), Nuestra Señora de la Piedad (1977-1979), San Benito Abad (1979-1981) y Patrocinio de San José (1981-1982). Luego fue párroco de Santa Magdalena Sofía Barat (1986-1987), Santa Rosa de Lima (1987-1994) y Nuestra Señora del Socorro (1994-2000).

Además de su actuación pastoral parroquial fue superior de comunidad en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto, asesor arquidiocesano del Movimiento Familiar Cristiano, viceasesor del secretariado arquidiocesano para la Familia, miembro de la Comisión arquidiocesana de preparación del curso anual del Clero Joven, decano del Decanato 3 “Norte”, miembro del Consejo Presbiterial, y Párroco consultor.

En setiembre de 1995 el Santo Padre Juan Pablo II lo distinguió con el título de Prelado de Honor de Su Santidad, incorporándolo así a la Familia Pontificia.

El 24 de mayo de 2006 el papa Benedicto XVI lo nombró obispo titular de Suelli y auxiliar de Buenos Aires.

El 2 de septiembre de 2006, en una celebración que tuvo lugar en la catedral metropolitana, fue ordenado obispo por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, y los co-consagrantes: monseñor Eduardo Vicente Mirás, arzobispo emérito de Rosario y monseñor Héctor Rubén Aguer, arzobispo de La Plata.

Tras su ordenación episcopal el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, lo designó Vicario Episcopal de la Zona Centro de la arquidiócesis porteña, que comprende los decanatos de Boca-Barracas, Centro, Norte, Pompeya y Once, con un total de 52 parroquias.

En la Conferencia Episcopal es miembro de las Comisiones de Apostolado Laico y Pastoral Familiar (Familia) y Migraciones y Turismo.

El obispo coadjutor

Según el Código de Derecho Canónico (can.403), el Obispo coadjutor, que es nombrado por propia iniciativa de la Santa Sede cuando lo considera oportuno, y que goza de facultades especiales, es cooperador inmediato del Obispo diocesano, al igual que el obispo auxiliar, pero se diferencia de éste en que tiene derecho a la sucesión automática cuando la sede quede vacante.+

Nueva parroquia en El Jaguel

Posted: October 6th, 2009, by Matoga

La Iglesia diocesana tendrá una nueva parroquia. Bajo el doble patrocinio de Sagrado Corazón de Jesús-Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, la flamante comunidad parroquial -ubicada en Esquiú e Isla Trinidad- será la número 56 de la diócesis.

Originalmente capilla de Nuestra Señora de Luján (El Jaguel), ahora la misma será erigida como parroquia, el viernes 16 de octubre desde las 19, por el obispo Jorge Lugones.

Su primer párroco será el presbítero Abraham Joy Kochupurackal , mientras que el presbítero Thomas Ayankudy, lo secundará como vicario. Ambos son de la India y están en la Argentina desde hace 3 años.

La nueva parroquia tendrá 4 capillas: Stella Maris y San Cayetano (ambas pertenecían a la parroquia Luján) y Sagrada Familia y San José (que se desprenden de la parroquia Inmaculado Corazón de María de Monte Grande).

Espiritualidad 19

Posted: October 6th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Como el niño que no sabe dormirse

sin cogerse a la mano de su madre,

así mi corazón viene a ponerse

sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño

que sabe que alguien vela

su sueño de inocencia y esperanza,

así descansará mi alma segura,

sabiendo que eres tú

quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,

tú aliviarás el último cansancio,

tu cuidarás los sueños de la noche,

tu borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente

la antorcha de la luz y la alegría,

y, por las horas que te traigo muertas,

tú me darás una mañana viva. Amén.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Abrete”. Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

(Marcos 7, 31-37)

Salmo 145: Himno de Alabanza a Dios

Alaba, alma mía, al Señor:

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos.

El Señor sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz, haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.
  • Tú que, desconocido del mundo, has acampado entre nosotros, manifiesta tu rostro a todos los hombres.
  • Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos, fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.
  • Tú que eres la fuente de toda santidad, consérvanos santos y sin mancha hasta el día de tu venida.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

FIDELIDAD (I)

A continuación vamos a tratar de la fidelidad, y el objeto de nuestra consideración implica que tome­mos conciencia del matiz que hoy tiene la palabra. En efecto, nos da vergüenza usarla. Como tantas otras designaciones de virtudes, ésta ya no nos suena del todo auténtica, nos suena demasiado grandiosa, demasiado patética y, frente a la complicada realidad de nuestra vida, demasiado sencilla.

A pesar de eso, sigue siendo cierto que nuestra vi­da descansa en la fidelidad.

Ante todo, vamos a aclarar que hay dos clases de situaciones a las que se aplica. La una es una dispo­sición psicológica. En ella, los procesos anímicos transcurren despacio, pero tienen profundo calado. Los sentimientos son fuertes. No se inflaman de pri­sa y violentamente para luego volver a extinguirse pronto, sino que permanecen y forman determinacio­nes duraderas. Las decisiones requieren tiempo para formarse, pero prosiguen como orientación interior e influyen de modo seguro en la acción. Cuando una persona de tal carácter concede su inclinación a otra persona, o se decide por una causa, se establece un firme vínculo que perdura a través de muchas trans­formaciones.

Otras naturalezas están formadas de otro modo, pero también están obligadas a la fidelidad. Ésta pue­de no estar sustentada por una determinada estructu­ra anímica que quepa presuponer en todos. Es la per­sona humana, su comprensión de lo verdadero y lo falso, de lo justo y lo injusto, del honor y lo deshon­roso, la libertad de su decisión y la firmeza con que mantiene su decisión, en obsequio a la otra persona y a su confianza, a la causa elegida o, mejor dicho, la firmeza con que la vuelve a poner en pie siempre que amenaza caer.

¿Cuál es el sentido de esta virtud? Se puede des­cribir como una fuerza que supera el tiempo, es de­cir, la transformación y la pérdida, pero no como la dureza de la piedra, en firmeza fija, sino creciendo y creando de modo vivo. Tratemos de ponernos su imagen ante los ojos.

Se han conocido dos personas, han sentido amor y deciden casarse. Lo que sustenta al principio esa alianza es la exigencia de una vitalidad por la otra; son sentimientos de simpatía, experiencias comunes, coincidencias en la relación con la naturaleza y el hombre, preferencias e inclinaciones semejantes, y así sucesivamente.

Esos sentimientos al principio parecen garantizar la duración para toda la vida. Pero ceden fácilmente, surgen diferencias, tales como siempre se encuentran entre diversas personas, y entonces es el momento de la verdadera fidelidad, esto es, que cada uno de los dos tenga conciencia: el otro confía en mí. Se entre­ga a mí. Hemos entrado en una alianza que determi­na nuestra vida. Lo que la sustenta ha de ser lo me­jor que hay en nosotros, el núcleo de nuestra humanidad, la persona y su capacidad de merecer confian­za. Y entonces empiezan las superaciones: ponerse a favor del otro y conservarse para él, pero no para po­seer y dominar, sino para conservar la vida que des­cansa en la alianza y llevarla a fecundo despliegue. Aceptarlo una y otra vez y ponerse a su favor.

También ha de considerarse esto: cuando se en­cuentran dos personas, cada una llega con un deter­minado carácter. Pero “vivir” significa que la perso­na crece y cambia. También aquí es el momento de la fidelidad, de que supere y dure más allá del cambio. Y no con fijeza y coerción, sino de tal manera que el uno reciba al otro una y otra vez de nuevo y de nuevo se amolde a él. Todo esto puede ser difícil, y en ocasio­nes muy difícil; el sentimiento desengañado puede rebelarse contra ello. Pero en la medida en que se ejerza esa fidelidad, se crece en profundidad de amor.

Fidelidad significa también perma­necer firme en una responsabilidad, a pesar de daños y peligros.

Por ejemplo, uno está poseído de una idea, ha reconocido como necesaria una ac­ción y se ha puesto a ello. Como difícilmente puede dejar de ocurrir, surgen dificultades: la fidelidad sig­nifica que resista y siga luchando… Puede tratarse también de riesgos del trabajo: un médico siente que el trabajo consume sus fuerzas y quizá amenaza su vida. Un funcionario tiene un servicio especialmente duro porque los demás lo toman con ligereza. La fi­delidad dice: no lo dejes.

¿Y qué es propiamente lo que se llama “convicción”? Por lo pronto, comprensión: se ha visto que esto es así y así, y entonces se establece firmemente. Pero dondequiera que hay seres humanos en juego, los meros motivos de comprensión no bastan, sino que la toma de posi­ción debe estar sustentada por una obligación consi­go mismo. La fuerza con que ésta mantenga lo afir­mado, incluso a través de tiempos y situaciones en que los “motivos” palidecen o parecen inseguros, es fidelidad.

La fidelidad supera transformaciones, daños y pe­ligros. No por una fuerza de obstinación correspon­diente a un carácter. Esto puede ser así, y feliz quien la posee. Pero la fidelidad es algo más que esto, algo diferente, a saber: la firmeza resultante de que el hombre haya tomado algo en su responsabilidad y lo sustente. Supera las mutabilidades, daños y amena­zas de la vida, partiendo de la fuerza de la concien­cia.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

En una persona así se puede confiar. Se siente que en él hay un punto que está más allá del temor y la debilidad, desde el cual se renueva constantemente su posición.

Domingo de la Semana 28ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Posted: October 6th, 2009, by Matoga

«Vende cuanto tienes, luego ven  y sígueme»

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

«Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría. Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella. Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia. La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche. Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos. »

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12 – 13

«Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.»

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 17 – 30

«Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”. El, entonces, le dijo: “Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud”.

Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: “¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: “¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios”. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: “Y ¿quién se podrá salvar?”

Jesús, mirándolos fijamente, dice: “Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios”. Pedro se puso a decirle:”Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús dijo:”Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna”.»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

Jesús sigue instruyendo a sus apóstoles mientras continúan su camino a Jerusalén. Si el Domingo pasado el tema central era la fidelidad conyugal y la infancia espiritual; hoy es la verdadera riqueza que es el escuchar la Palabra de Dios, ser generoso y seguirla hasta sus últimas consecuencias (Evangelio). Esta es la Sabiduría que pide Salomón a Dios y que vale más que «todo el oro» (Primera Lectura). Por otro lado la Palabra es viva y eficaz y es «más cortante que espada de dos filos» ya que es capaz de penetrar hasta los rincones más ocultos de nuestro espíritu y de nuestra alma (Segunda Lectura).

«Maestro bueno…»

El Evangelio de este Domingo no se trata de una «parábola»[1], sino de un «hecho histórico» en la vida de Jesús. El hecho de que Jesús esté ya partiendo de ese lugar y haya de venir corriendo un hombre a detenerlo para hacerle una última pregunta; imprime, sin duda, un carácter de urgencia. En esta presentación todo parece un tanto extremo: un hombre corre, dando la impresión de que no puede prescindir de la orientación que pide a Jesús; se arrodilla ante Él y lo llama «Maestro bueno». El evangelista Mateo nos dice que era «joven» (Mt 19,20) y Lucas que era «uno de los principales» (Lc 18,18). Que en Israel una persona de esa categoría se ponga a correr era considerado poco decoroso; se explica sólo ante una situación realmente extrema en la que está dispuesto a dejar de lado el propio orgullo. Por otro lado todo judío estaba prohibido de arrodillarse sino sólo ante Dios; en todo caso esta actitud indica una extrema reverencia. Finalmente ¿quién duda de la sinceridad de este importante personaje cuando llama a Jesús de «Maestro bueno»? Para él, Jesús no es cualquier maestro sino, un maestro que enseña la verdad.

La pregunta realizada por el joven refleja su propia inquietud interior y, sin duda, la de cada uno de nosotros: «¿Qué debo de hacer para tener en herencia la vida eterna?» La vida eterna es la felicidad plena para el hombre, tal como lo prometiera Jesús a sus seguidores: «se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar» (Jn 16,22). Esto es lo que todos queremos llegar a alcanzar algún día. Si alguien, concluido su paso por la tierra, no alcanza la vida eterna puede considerarse eternamente infeliz; ha fracasado como persona para siempre. Y no existe nadie más indicado que Jesús para responder la pregunta de este angustiado joven ya que su misión es precisamente enseñarnos el camino que conduce al Padre. Por eso dice: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).

Estamos todos deseando que Jesús responda a una pregunta tan fundamental y he aquí su respuesta: «Ya sabes los mandamientos…» y cita los más importantes. El hombre iba tomando conciencia de lo que él había cumplido y sin embargo algo faltaba; de lo contrario su pregunta habría sido una mera formalidad. Tampoco Jesús le dice: «Está muy bien, quédate tranquilo, eres bueno; sigue igual y tendrás la vida eterna». Algo le faltaba cumplir o más bien, vivir: observar el primero y el más exigente de todos los mandamientos ya que es que los resume a todos: «Amarás a Dios con todo tu corazón… y al prójimo como a ti mismo».

En efecto cuando Jesús le hace notar que le falta una cosa: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme», no está dispuesto a aceptar. Se trataba de dejar sus riquezas y ponerse de camino con Jesús que ya partía rumbo a Jerusalén. Pero el hombre prefiere quedarse atrás, pues ama sus bienes más que a Jesús. No quiere desprenderse de ellos. Tiene en ellos su corazón y ante la perspectiva de dejarlos para poseer la vida eterna, prefiere sus bienes. Y tampoco ama al prójimo como a sí mismo, pues rehúsa dar a los pobres los bienes que él goza, es decir, se ama a sí mismo más que a su prójimo. Al escuchar las palabras del «Maestro bueno», fue poniéndose triste y se fue apesadumbrado[2], porque tenía muchos bienes. La respuesta de Jesús era la verdad pero él prefirió escucharse a sí mismo y quedarse con sus bienes ya que «los que son de la verdad escuchan mi voz» (Jn 19,37).

Se fue abatido y triste… ¿pero no tenía muchos bienes?

¿Triste porque poseía muchos a bienes? Parece contradictorio. Un «bien» está ordenado a dar gozo a quien lo posee y eso le produce un estado de felicidad o gozo interior. Pero en este caso vemos como el bien terreno y limitado se ha antepuesto a un bien infinito; se ha transformado en un obstáculo (escándalo). Por eso ya no es un bien, ¡ahora es un mal! En efecto el mal moral es todo aquello que nos impide la posesión de la vida eterna, todo aquello que no se ordena al fin último del hombre para lo cual hemos sido creados. Es por eso que «nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti», nos dice San Agustín. El joven prefirió un poco de seguridad y placer terrenal a cambio de la vida eterna. La certeza de estar perdiendo la vida eterna arroja una sombra sobre todos sus gozos terrenos y lo hace triste.

Esta verdad hace de él un infeliz. Jesús les hace notar la dificultad de entrar en el Reino de cielos si es que el corazón está apegado a los bienes de la tierra. En el fondo estos bienes se quedan en este mundo y con él también nuestro corazón. «Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue. ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo. ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?  Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades» (Eclo 31, 8-11).

«¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios!»

Entonces…¿quién podrá salvarse? Preguntan los discípulos ante la dura afirmación de Jesús sobre la entrada al reino de los Cielos. Sin embargo la vida eterna es un don gratuito adquirido por Jesús para cada uno de nosotros con su Muerte y Resurrección. A nosotros se nos pide acoger el don de la reconciliación y desearlo más que todas las riquezas que este mundo nos pueda ofrecer. Justamente la recompensa de haber elegido ser de Cristo es la vida eterna. Aquí vemos la generosidad de Dios que nos ha prometido recibir el ciento por uno, es decir una ganancia centuplicada a nuestra inversión, no solamente «en el mundo venidero» sino «ahora en el presente».

La verdadera riqueza está en Dios

«Tuve en nada la riqueza en comparación de la Sabiduría». Salomón es consciente de que no tiene la sabiduría, ni por nacimiento ni por su dignidad real. Por eso acude a la fuente de la Sabiduría para que le otorgue ese don. Y Dios le concede la sabiduría especulativa y la práctica. Ambas las poseyó el rey sabio Salomón en grado excelente. El sabio soberano estima la sabiduría por encima de todos los bienes terrenos. Cita entre ellos los que los griegos estimaban de modo especial: la belleza, la salud, la luz del día. Nada hay en la naturaleza más hermoso que la luz del día. La sabiduría, sin embargo, la supera (Sab 7,10). Aquélla se extingue al atardecer, ésta pertenece a otro orden. Es reflejo de la luz eterna y, por lo mismo, inextinguible.

De la Sabiduría hecha carne dirá San Juan que es la luz del mundo (Jn 8,12) y que ilumina a todo hombre (ver Jn 1,9; Ap 22,5). Salomón pidió a Dios solamente la sabiduría, pero Dios le otorgó además gloria y riquezas incalculables, por lo que pasó a la posteridad no sólo como el rey sabio por excelencia, sino también como el rey más glorioso y admirado de Israel. En la medida que uno coloca el espíritu de la Sabiduría por encima de las cosas materiales es realmente sabio y rico. «Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico» (Sab 7,13), expresa una actitud digna del sabio, que descubierto el valor de la sabiduría, trata de comunicarla y compartirla a los demás. Al final menciona el don de la sabiduría que supera a todos los demás: «la amistad de Dios»[3], a que lleva al fiel cumplimiento de la Palabra.

«Más eficaz y cortante que espada de dos filos»

El comentario al Salmo 95 que leemos a lo largo del tercer capítulo de la carta a los Hebreos  termina con una especie de himno a la Palabra de Dios, de la cual Jesús es su máxima expresión ya que Él mismo es la Palabra viva del Padre que se hace carne (Jn 1,14). La Palabra de Dios es fuerte, actuante, vivificadora y eficaz. Y es ésta Palabra la que ha sido constituida en juez de los hombres. Ella pondrá de relieve los más íntimos secretos, intenciones y actitudes de los corazones humanos tanto en su relación con los hermanos como en relación con Dios. Nada se escapa a esta Palabra que, por frágil que parezca, es la fuerza decisiva en la historia de cada ser humano. De la aceptación o rechazo depende nuestra «felicidad eterna». Podrá ser desoída, depreciada, ignorada, pero a la hora de la verdad «el que oiga mis palabras y las ponga en práctica, será como el hombre prudente (sabio) que edificó su casa sobre roca» (Mt 7,24) y permanecerá firme en medio de las tempestades y tormentas de la vida.

Una palabra del Santo Padre:

«La perspectiva es realmente fascinante: estamos llamados a vivir como hermanos y hermanas en Jesús, a sentirnos hijos e hijas del mismo Padre. Es un don que cambia radicalmente toda idea y todo proyecto exclusivamente humanos. La confesión de la verdadera fe abre de par en par las mentes y los corazones al misterio inagotable de Dios, que impregna la existencia humana. ¿Qué decir, entonces, de la tentación, tan fuerte en nuestros días, de sentirnos autosuficientes hasta tal punto de cerrarnos al misterioso plan de Dios sobre nosotros?

El amor del Padre, que se revela en la persona de Cristo, nos interpela. Para responder a la llamada de Dios y ponerse en camino no es necesario ser ya perfectos. Sabemos que la conciencia de su pecado permitió al hijo pródigo emprender el camino de regreso y experimentar así la alegría de la reconciliación con el Padre. Las fragilidades y los límites humanos no constituyen un obstáculo, con tal de que nos ayuden a tomar cada vez mayor conciencia de que necesitamos la gracia redentora de Cristo.

Esta es la experiencia de san Pablo, que afirmaba: “Con sumo gusto seguiré gloriándome en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo” (2 Co 12, 9). En el misterio de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, la fuerza divina del amor cambia el corazón del hombre, capacitándolo para comunicar el amor de Dios a los hermanos.

A lo largo de los siglos numerosos hombres y mujeres, transformados por el amor divino, han consagrado su vida a la causa del Reino. Ya a orillas del mar de Galilea muchos se dejaron conquistar por Jesús: buscaban la curación del cuerpo y del espíritu, y fueron tocados por la fuerza de su gracia. Otros fueron elegidos personalmente por él y se convirtieron en sus apóstoles. Encontramos también a personas, como María Magdalena y otras mujeres, que lo siguieron por su propia iniciativa, solamente por amor, pero, al igual que el discípulo Juan, también ellas ocuparon un lugar especial en su corazón.

Esos hombres y mujeres, que conocieron a través de Cristo el misterio de amor del Padre, representan la multiplicidad de las vocaciones que desde siempre están presentes en la Iglesia. El modelo de quienes están llamados a testimoniar de manera especial el amor de Dios es María, la Madre de Jesús, asociada directamente, en su peregrinación de fe, al misterio de la Encarnación y de la Redención».

Benedicto XVI. Mensaje en la XLIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 5 de marzo de 2006

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.

1. ¿Cuántos jóvenes que están llamados a seguir al Maestro Bueno tienen su corazón amarrado a  las riquezas de este mundo? Recemos para que más jóvenes puedan escuchar y responder el llamado del Señor a seguirlo. Recemos también por las familias de estos jóvenes para que sean generosas y desprendidas.

2. ¿Cuáles son mis verdaderos bienes y tesoros? Jesús nos dice que «donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón» (Mt 6,21)

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1965 – 1974. 2052-2055.


[1] Parábola. (Del latín. parabŏla, y este del griego παραβολή). Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

[2] Apesadumbrado: acongojado, angustiado, contrito, abatido, apenado, desconsolado, adolorido. Pesadumbre: Molestia, desazón, padecimiento físico o moral. Motivo o causa del pesar, desazón o sentimiento en acciones o palabras.

[3] Amigos de Dios fueron denominados los grandes hombres de la historia de Israel: Abrahán (Is 41,8; 2 Cr 20,7) y Moisés (Éx 33,11).

Peregrinación a María Rosa Mística de La Plata

Posted: October 6th, 2009, by Matoga

El omingo 11 de octubre se realizará la 22º Peregrinación a pie a María Rosa mística de la Plata partiendo de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes de Quilmes Oeste.

7.00HS.SALIDADELAPARROQUIANTRA.SRADELOURDESAv.Calchaquiy12deOctubre.(tomandoporCalchaquí)-QuilmesO.

7.30HS.PASOPORLAPQUIA.NTRASRA.DELPERPETUOSOCORRO

8.00HS.CRUCEFCIO.VARELA

10.15HS.PUENTEBOSQUES(10”DESCANSO)

12.00HS.ROTONDAALPARGATAS

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Espiritualidad 18

Posted: October 5th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

sólo Dios basta. Amén.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?”. El les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres”.

Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”.

(Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23)

Salmo 15: Condiciones para acercarse al Señor

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones, leales

y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró

aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Pastor eterno, protege a nuestro obispo Jorge y a todos los pastores de la Iglesia.
  • Mira con bondad a los que sufren persecución y líbralos de todas sus angustias.
  • Compadécete de los pobres y necesitados y da pan a los hambrientos.
  • Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los pueblos y dales sabiduría y prudencia.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

PACIENCIA (III)

En la Imitación de Cristo están las pala­bras: semper incipe!, una de esas claras y concisas formulaciones que le salen bien a la lengua latina: “¡Empieza siempre!” En principio, una paradoja, pues en sí el comienzo está precisamente en el co­mienzo, y después se va más adelante. Pero eso sólo es verdad en lo mecánico. En lo vivo, el empezar es un elemento que constantemente ha de hacerse ope­rante. Nada va adelante si no “empieza” a la vez.

Quien quiera adelantar, pues, debe empezar siem­pre de nuevo. Siempre debe sumergirse en el origen interior de lo vivo y elevarse desde él en nueva liber­tad, en “iniciativa”, en “potencia iniciadora”, para hacer real lo antes pensado: la prudencia, la mesura, la superación de sí mismo y todo lo que haya de lle­gar a ser.

Paciencia consigo mismo —naturalmente, no de­jadez ni blandura, sino sentido realista— es el funda­mento de todo esfuerzo.

El Fausto de Goethe, antes ídolo de la burguesía, es siempre impaciente: un fantasioso que nunca des­pertará. Se vende a la magia: ahí se expresa que no sa­be que precisamente la aceptación de la realidad, el soportarla y sostener lo que es, constituye el funda­mento de todo devenir y lograr. En vez de eso hace discursos, y en torno a él todo se desmorona, y al fin tiene lugar esa “redención” suya, en la que no cree na­die que haya entendido lo que significa esta palabra.

Al meditar sobre el concepto de virtud nos hemos dado cuenta de que no hay ninguna virtud que sea — si nos permitimos esta deficiente expresión— quími­camente pura. Igual que en la naturaleza no hay un tono puro, ni un color puro, sino siempre solamente mezclas, acorde, tampoco hay ninguna actitud que sólo sea paciencia, sino que se tienen que añadir otros muchos elementos.

Por ejemplo, no es posible ninguna paciencia sin comprensión: sin saber el modo como va la vida. Pa­ciencia es sabiduría, comprensión de lo que signifi­ca: tengo esto, y nada más; soy así, y no de otro mo- do; la persona con que estoy vinculado es así y no como todos los demás. Cierto que me gustaría que fuera de otro modo, que también se podrá cambiar mucho con tenaz esfuerzo; pero, en principio, las co­sas están como están, y tengo que aceptarlo. Sabidu­ría es comprensión del modo como tiene lugar la rea­lización; de cómo un pensamiento se hace real en la sustancia de la existencia partiendo de la imagina­ción; de qué lento es el proceso y en cuántos sentidos puesto en riesgo; de qué fácilmente se engaña uno a sí mismo y se va de la mano.

La paciencia comporta fuerza, mucha fuerza. La suprema paciencia descansa en la omnipotencia. Dios, por ser el Todopoderoso, puede tener paciencia con el mundo. Sólo el hombre fuerte puede aplicar una paciencia viva, recibir en sí, una y otra vez, lo que es; empezar de nuevo, una y otra vez. La pacien­cia sin fuerza es mera pasividad, superficial tolencia, habituamiento a ser cosa.

Y el amor forma parte de la auténtica paciencia, amor a la vida. Pues lo vive} crece despacio, tiene sus horas, va por muchos caminos y rodeos. Por eso re­quiere confianza, y sólo ej amor confía. Quien no ama la vida no tiene paciencia con ella. Entonces vienen las vehemencias y las rebeldías, y hay heridas y roturas.

Así cabría decir mucho más.

La paciencia viva es la persona entera, que está en tensión entre lo que querría tener y lo que tiene; lo que habría de hacer y lo que es capaz de hacer; lo que desea ser y lo que realmente es. El soportar esa ten­sión, el concentrarse siempre de nuevo en la posibi­lidad de cada hora, eso es paciencia. Así, se puede decir que la paciencia es la persona en devenir que se entiende adecuadamente. También sólo de la mano de la pacienica prospera la persona que nos está con­fiada. Un padre, una madre que no tienen paciencia en ese sentido nunca harán más que daño a sus hijos. El educador que no toma con paciencia a los que se le confían los asustará y les quitará la sinceridad. Dondequiera que se nos pone vida en las manos, el trabajo en ella sólo puede prosperar si lo hacemos con esa fuerza profunda y silenciosa. Tiene semejan­za con la manera como crece la vida misma. De ni­ños, quizá, disponíamos de un jardincillo, o siquiera de un tiesto en la ventana, y sembramos semillas; ¿no fue difícil acostumbrarse al modo como tenía lu­gar el crecimiento en la tierra? ¿No escarbábamos entonces para ver cómo adelantaba, y el germen se echó a perder? ¿No iba demasiado despacio para no­sotros, hasta que surgió lo que al principio estaba tan invisible? Y cuando se formaron las yemas, ¿no las apretábamos para que brotaran? Pero en vez de eso se pusieron oscuras y se marchitaron. La paciencia es la fuerza bajo cuya custodia puede desplegarse la vi­da que nos está encomendada.

Constantemente hemos de volver a referirnos a la paciencia del poderoso bajo cuya custodia hemos de crecer, el Dios vivo. ¡Ay si fuera Shiva, el impacien­te y necio! ¡Ay si no tuviera esa larga y sabia volun­tad que conserva y deja madurar el mundo, que no necesita, pero al que ama!

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Una otra vez y hemos de dirigirnos a Él: “¡Señor, ten paciencia conmigo, y concédemela, para que las posibilidades que se me han otorgado crezcan y den fruto en el corto intervalo de mi vida en estos pocos años!”

Espiritualidad 17

Posted: October 5th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Mi Cristo, tú no tienes

la lóbrega mirada de la muerte.

Tus ojos no se cierran:

son agua limpia donde puedo verme.

Mi Cristo, tú no puedes

cicatrizar la llaga del costado:

un corazón tras ella

noches y días me estará esperando.

Mi Cristo, tú conoces

la intimidad oculta de mi vida.

Tú sabes mis secretos:

te los voy confesando día a día.

Mi Cristo, tú sonríes

cuando te hieren, sordas, las espinas.

Si mi cabeza hierve,

haz, Señor, que te mire y te sonría.

Mi Cristo, tú que esperas

mi último beso darte ante la tumba.

También mi joven beso

descansa en ti de la incesante lucha. Amén.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?”. Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen”. En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.

Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: “¿También ustedes quieren irse?”. Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”.

(Juan 6, 60-69)

Salmo 34: Canto de Acción de gracias

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor;

que lo oigan los humildes y se alegren.

Los ojos del Señor miran al justo

y sus oídos escuchan su clamor;

pero el Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El justo padece muchos males,

pero el Señor lo libra de ellos.

El cuida todos sus huesos,

no se quebrará ni uno solo.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren: acuérdate de ellos, Cristo, cabeza de la iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.
  • Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.
  • Concede a tus hijos la fuerza necesaria para resistir las tentaciones del maligno.
  • Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte: que seamos fieles hasta el fin y dejemos este mundo en tu paz.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

PACIENCIA (II)

¿Puede ser impaciente el animal? Evidentemente, no; ni impaciente ni paciente. Está adaptado en el contexto de la naturaleza, vive como debe vivir y muere cuando ha pasado su tiempo. La impaciencia sólo es posible para un ser que tenga la capacidad de elevarse por encima de lo real inmediato y querer lo que todavía no es: para el hombre. Así, sólo a él le cabe la decisión, si es capaz, de dejar su tiempo al devenir.

Y esto siempre, una y otra vez, pues en esta exis­tencia de tiempo y finitud constantemente vuelve a presentarse la tensión entre lo que es el hombre y lo que querría ser; lo que ya ha realizado y lo que toda­vía le queda por lograr. La paciencia es lo que sobre­lleva la tensión.

Sobre todo, la paciencia con lo que se nos da y nos toca en suerte, con el “destino”. La circunstancia en que vivimos nos está impuesta: nacemos dentro de ella. Los acontecimientos de la historia marchan sin que podamos cambiar en ellos nada esencial, y cada cual ha de notar sus efectos. Día tras día nos sa­le al encuentro, en forma personal, lo que acontece históricamente. Podemos defendernos, podemos arreglar muchas cosas conforme a nuestra voluntad; en el fondo hemos de aceptar lo que viene y nos es dado. Comprenderlo y conducirnos conforme a ello es paciencia. Quien no quiere está en perpetuo con­flicto con su propia existencia.

Pensemos en aquella figura que se rebela contra toda ley, el Fausto de Goethe. Después de haber re­chazado “la esperanza y la fe”, exclama: “¡Y maldi­ta sobre todo la paciencia!” Es el hombre eternamen­te sin llegar a adulto, que nunca ve ni toma la reali­dad como es. Siempre la sobrevuela en su fantasía. Siempre está en protesta contra el destino, mientras que la madurez del hombre empieza al aceptar lo que es. Sólo de ahí le llega la fuerza para cambiarlo y darle forma.

También debemos tener paciencia con las perso­nas con quienes estamos vinculados. Sean los padres, o cónyuges, o hijos, o amigos, o compañeros de tra­bajo o lo que sea: la vida responsable, mayor de edad, empieza aceptando al hombre como es.

Puede ser muy difícil estar vinculado con una per­sona a quien poco a poco se conoce de memoria: de quien se sabe cómo habla, como piensa, cómo se si­túa ante todo. Se querría eliminar a esa persona y to­mar otra. Aquí la fidelidad es ante todo paciencia: con lo que esa persona es, con cómo es y se compor­ta y cómo lo hace. Donde no se aplica, todo se rom­pe y falla la posibilidad que había en esa relación.

Pero también hemos de tener paciencia con noso­tros mismos. Sabemos —por ejemplo, en forma de un deseo más o menos claro— cómo querríamos ser. Nos gustaría perder tal cualidad, adquirir aquélla, y tropezamos con que, pese a todo, somos precisamen­te como somos. Es duro deber seguir siendo quien se es; es humillante tener que sentir siempre los mismos defectos, mezquindades, debilidades.

El hastío de sí mismo, ¡cuántas veces ha invadido precisamente a los mayores espíritus! Aquí otra vez hay que poner en juego la paciencia, aceptarse a sí mismo y sobrellevarse. No dar por bueno en la pro­pia imagen lo que no es bueno; no contentarse consi­go mismo, eso sería el modo del filisteo. Debe per­manecer despierta una cierta insatisfacción ante la defectuosidad e insuficiencia de uno mismo: si no, se perdería esa autocrítica que constituye el supuesto previo de toda maduración moral. Pero no apartán­dose de uno mismo con fantaseos, sino que toda sa­na crítica debe ponerse en juego desde lo dado y continuar actuando desde ahí, y sabiendo que será cosa lenta, muy lenta. Pero esa misma lentitud constituye la garantía de que la transformación no se realiza en la fantasía, sino en la realidad.

¿Cómo ocurre la transformación moral?

Por ejemplo, uno ha reconocido: Me falta domi­nio propio. Debo dominarme mejor, hablar con más sosiego, actuar con más prudencia. Eso está recono­cido y afirmado, pero al principio sólo está en la ima­ginación, pensado, planeado. Sin embargo, debe en­trar en la realidad, y ésta es tenaz. También puede uno adelantar en sueños en una virtud, y ¡cuántos sueños de deseo consisten en virtudes fantaseadas! Pero los sueños vuelan, y todo vuelve a estar como antes. No; ha empeorado, pues en el fantasear se con­sume energía moral, aun prescindiendo del embuste que hay en él. ¡Cuántas veces, bajo la impresión de una hora sublime o de una decisión flamante, se piensa: ahora ya estoy! Pero en la siguiente ocasión se nota cómo nuestra propia realidad, que parecía ha­ber recibido la acuñación de lo nuevo, de lo recono­cido como justo, vuelve rápidamente a lo viejo, y to­do está como estaba.

Un auténtico progreso moral tendría lugar aquí suponiendo que se hicieran más despiertos los actos de la comprensión y la adecuación, la conciencia de lo que puede causar nuestra propia vehemencia: que nos dejáramos arrastrar con menos facilidad por el empujón del sentir, permaneciendo más libres; que, por decirlo así, consiguiéramos un punto de apoyo por encima del acontecer interior. No serían fanta­sías, sino auténticos avances de la vida interior, cam­bios en la relación mutua de los diversos actos, con­figuración de su carácter. Pero semejantes cosas sólo se producen despacio, muy despacio.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

El tener esa paciencia que siempre empieza de nuevo es el supuesto previo para que ocurra real­mente algo.

Invitación

Posted: October 5th, 2009, by Matoga

El acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una invitación a renovar ( hacer nuevo) nuestro estilo evangelizador.

Este es el gran desafío en este tiempo. Renovar nuestras opciones pastorales desde la perspectiva misionera.

Una de las acciones destacadas para este tiempo de renovación misionera es:

Promover el compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable.

Pastoral Familiar y Doctrina Social de la Iglesia.

Los obispos en Argentina han decidido tener el Bicentenario (2010-2016) como objetivo evangelizador.

La Misión Continental de Argentina no puede estar separada de este acontecimiento, teniendo en cuenta que su celebración se da en un espacio de tiempo  de 6 años. Esto permite trabajar desde la Doctrina Social de la  Iglesia en un camino formativo y de compromiso con la construcción de la sociedad y en especial poniendo énfasis en la pastoral familiar y educativa, como se prioriza en “Navega mar adentro”. (NMA 97; HB 32)

LOS INVITAMOS A PARTICIPAR DE LA PRESENTACION DEL DOCUMENTO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA.

“HACIA UN BICENTENARIO EN JUSTICIA Y SOLIDARIDAD”

(2010-2016)

Será presentado por el Dr. Carlos Javier Antonietti.

Abogado, secretario ejecutivo de la comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal y especialista en Doctrina Social de la Iglesia.

Sábado 17 de Octubre 2009, a las 16.00 hs.

En el salón parroquial del Santuario Sagrada Familia de Nazareth – Pueyrredón 1547 (esq. Maipú) – Banfield, Pcia. Bs. As. Informes: catequesis.nazareth@hotmail.com, T.E. 4248-7660.

Gripe A: medidas sin efecto

Posted: October 5th, 2009, by Matoga

domingo, 04 de octubre de 2009 Eclesia.info Desde este fin de semana, el obispo Jorge Lugones dejó sin efecto las medidas que había establecido para la diócesis como medidas de precaución ante la epidemia de la Gripe H1N1 (Gripe A).

En consecuencia, puede efectuarse nuevamente el saludo de la paz y la comunión recibirse en la boca, aunque monseñor Lugones recomienda continuar con la opción de recepción de la Eucaristía en la mano.

Con respecto al saludo de la paz, el obispo pidió a los sacerdotes que hagan una breve catequesis sobre el significado del gesto.

Mensaje del Obispo de Lomas de Zamora con motivo de la Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina

Posted: October 5th, 2009, by Matoga

martes, 15 de septiembre de 2009

Eclesia.info

Mensaje del Obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones,

a la comunidad diocesana con motivo de la

Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina

A los sacerdotes, diáconos, consagrados y a todo el Pueblo de Dios que peregrina en Lomas de Zamora:

Dentro de poco mas de un mes nuestra Iglesia lomense vivirá un verdadero tiempo de gracia con la celebración de la 26ª Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina.

Desde los distintos rincones de la Patria vendrán a Lomas miembros de esta querida institución eclesial a compartir una experiencia de fe, a renovar su compromiso apostólico y a decir a todos los hombres y mujeres que caminan con nosotros que en Jesús hay Vida digna y plena para todos [1].

Nuestra diócesis da gracias al Señor por haber sido elegida como sede de la Asamblea Federal, y sabe bien que este tiempo de gracia es para nosotros un desafío, un compromiso y una tarea. Las puertas de nuestras comunidades parroquiales, capillas, colegios, casas de familias, y especialmente de nuestros corazones, están abiertas para todos los militantes, dirigentes y asesores de la AC que vendrán a visitarnos, para poder compartir la alegría del encuentro de hermanos.

“La Iglesia necesita la Acción Católica, porque necesita laicos dispuestos a dedicar su existencia al apostolado y a entablar, sobre todo con la comunidad diocesana, un vínculo que deje una huella profunda en su vida y en su camino espiritual. Necesita laicos cuya experiencia manifieste, de manera concreta y diaria, la grandeza y la alegría de la vida cristiana; laicos que sepan ver en el bautismo la raíz de su dignidad, en la comunidad cristiana a su familia, con la cual han de compartir la fe, y en el pastor al padre que guía y sostiene el camino de los hermanos; laicos que no reduzcan la fe a un hecho privado, y no duden en llevar la levadura del Evangelio al entramado de las relaciones humanas y a las instituciones, al territorio y a los nuevos lugares de la globalización, para construir la civilización del amor[2].

Deseamos que en la Iglesia sigamos valorando lo propuesto por el Santo Padre y nuestros obispos: “hacernos discípulos para la misión”, saliendo al encuentro de tantos adolescentes y jóvenes que aún, no conocen a Jesús.

Queremos que esta Asamblea Nacional que convocará a muchos jóvenes de la Iglesia, nos anime a salir a “las periferias” para que nuestra “prioridad diocesana” se vaya haciendo como expresa el lema, no solo: “desafío, sino también compromiso y tarea”, para que este “Jesús, vida digna y plena para todos”, se vea plasmado en nuestra conversión pastoral; ella, debe fundarse en lo relacional, que implica lo vincular, reconocer y salir al encuentro del otro, porque la misión es relación, es vínculo: La misión necesita la cercanía cordial y el desafío de esta cercanía es llegar a todos sin excluir a nadie [3].

Invito a toda la Iglesia lomense a vivir con generosa disponibilidad y entusiasmo este acontecimiento eclesial, con “profundo sentido de iglesia”.

Invito a los miembros de nuestra Acción Católica, cariñosamente llamada “La Motora”, a vivir esta hora providencial. “En una Iglesia misionera, a la que aman y sirven, sean anunciadores incansables y educadores formados y generosos. En una Iglesia llamada a pruebas incluso muy exigentes de fidelidad y tentada de acomodarse, sean testigos intrépidos y profetas de radicalismo evangélico. En una Iglesia que se confronta diariamente con la mentalidad relativista, hedonista y consumista, ensanchen los horizontes de la racionalidad con una fe amiga de la inteligencia, tanto en el ámbito de una cultura popular y generalizada, como en el de una investigación más elaborada y profunda. En una Iglesia que llama al heroísmo de la santidad, respondan sin temor, confiando siempre en la misericordia de Dios” [4].

Que Ntra. Señora de la Paz, dulce Madre de la Iglesia en Lomas de Zamora, Estrella de la Evangelización, guíe siempre nuestros pasos hacia la novedad jamás descontada y jamás superada del Evangelio.

+ Jorge Rubén Lugones S.J.

Obispo de Lomas de Zamora

Lomas de Zamora, setiembre de 2009


1]

Lema de la 26ª Asamblea Federal de la ACA

[2] Juan Pablo II a la Asamblea de la ACI el 26 de abril de 2002

[3] Carta pastoral de los Obispos Argentinos con ocasión de la misión continental, agosto 2009.

[4] Benedicto XVI, a la ACI, 4 de mayo de 2008

Espiritualidad 16

Posted: October 2nd, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

El trabajo nos urge,

nos concentra y astilla.

Poco a poco, la muerte

nos hiere y purifica.

Señor del universo,

con el hombre te alías.

En nuestra actividad,

tu fuerza cómo vibra.

Señor de los minutos,

intensa compañía.

Gracias por los instantes

que lo eterno nos hilan.

Gracias por esta pausa

contigo en la fatiga.

Contigo hay alegría.

Amén.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.

(Juan 6, 52-59)

Salmo 34: Canto de Acción de gracias

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor;

que lo oigan los humildes y se alegren.

Teman al Señor, todos sus santos,

porque nada faltará a los que lo temen.

Los ricos se empobrecen y sufren hambre,

pero los que buscan al Señor no carecen de nada.

Vengan, hijos, escuchen:

voy a enseñarles el temor del Señor.

¿Quién es el hombre que ama la vida

y desea gozar de días felices?

Guarda tu lengua del mal,

y tus labios de palabras mentirosas.

Apártate del mal y practica el bien,

busca la paz y sigue tras ella.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Salva a tu pueblo, Señor y bendice a tu heredad.
  • Congrega en la unidad a todos los cristianos: para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.
  • Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos: que encuentren en tu, Señor, su verdadera felicidad.
  • Muestra tu amor a los agonizantes: que puedan contemplar tu salvación.
  • Ten piedad de los que han muerto y acógelos en el descanso de Cristo.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

PACIENCIA (I)

La primera de nuestras reflexiones se esforzó por apartar del concepto de virtud todo lo moralístico que se le ha adherido en el transcurso del tiempo y por entenderlo como algo vivo, grave y hermoso. En­tonces podría extrañar tratar aquí sobre la pacien­cia: ¿No es algo gris, sin apariencia? ¿No es una mezquindad con que la vida oprimida trata de justificar su pobreza?

Por eso vamos a entrar con nuestras ideas inme­diatamente a la cima, junto al Señor. El es el gran paciente, porque es el Todopoderoso y nos ama.

¿Nos hemos dado cuenta alguna vez con claridad, de lo misterioso que es el que Dios haya creado el mundo en absoluto? Quien no cree no sabe nada de este misterio, pues lo ve como “naturaleza”, es decir, como lo que sencillamente está ahí. Pero por lo regu­lar tampoco el creyente toma conciencia de ello. En Él hay fe, pero ésta no ha determinado aún la índole de su pensamiento y su sensibilidad, que sigue siendo tal como es común en su época. Pero en cuanto la fe entra en el núcleo de la personalidad se le vuelve misterioso el ser de lo finito, y surge la pregunta: ¿por qué lo ha creado Dios?

Si supiéramos responder a esa pregunta, respon­der de veras, habríamos comprendido mucho. Pero eso no es posible en la Tierra, pues presupondría po­der pensar desde Dios, y eso sólo se concede en la eternidad.

Aquí, en la Tierra, la pregunta siempre sigue abierta: ¿por qué, a pesar de que Él lo es todo, lo pue­de todo y es Señor feliz de toda riqueza, por qué creó el “mundo”, mundo que, aunque sea enorme e incon­mensurable para nuestro espíritu, no deja de ser siempre y absolutamente finito? ¡No tenía necesidad del mundo! ¿De qué le sirve? ¿Qué hace con él? Qui­zá, en tales consideraciones, presentimos algo así co­mo las raíces de la paciencia divina.

Pues Dios no sólo creó el mundo, sino que lo mantiene y sostiene. No se harta de él. Hay un mito que puede abrirnos los ojos, pues para eso sirven los mitos. Un mito indio cuenta de Shiva, el formador del universo, que creó el mundo en una tor­menta de entusiasmo, pero luego se hartó de él, lo pi­soteó despedazándolo y produjo uno nuevo. Con és­te pasó lo mismo, y la producción y la destrucción prosiguen interminablemente. ¡Qué elocuente resulta la imagen de numen de la impaciencia! Nos hace darnos cuenta de qué diferente es la relación del ver­dadero Dios con el mundo.

Dios lo crea: porque es insondable. El mundo, a pesar de su abundancia de fuerzas y formas es finito, medido y limitado. Así, pues, no basta para “Dios”, no pue­de bastar a su exigencia eterna. A pesar de todo Dios no se harta de él. Ésa es la primera paciencia: que Dios no rechace al mundo, sino que lo conserve en el ser, que lo mantenga en honor, que, si así puede de­cirse, le guarde fidelidad para siempre.

En este mundo hay un ser que tiene conciencia, interioridad, espíritu y corazón: el hombre. A él ha confiado Dios su mundo, para que así no sólo exista, sino que sea vivido. El hombre ha de proseguir la obra de Dios al comprender, sentir, amar. Ha de ad­ministrar el primer mundo y configurarlo en verdad y justicia, para que se convierta en el segundo, que será el auténtico: el mundo que pretende Dios.

Pero ¿qué hace el hombre con la obra de Dios? Quien haya enriquecido sus experiencias mirando con alguna exactitud la historia y sin dejarse cegar por ninguna superstición del progreso, alguna vez debe percibir con espanto cuánto trastorno hay en el mundo, cuánto error y tontería, cuánta avidez, vio­lencia y mentira, cuánto crimen. Y todo ello a pesar de ciencia, técnica, bienestar; mezclado con ello, al mismo tiempo, lo uno en lo otro y a través de lo otro. También en lo religioso, en el pensamiento de lo di­vino, en el trato con ello, en la lucha por ello. El hombre moderno se inclina a tomar simplemente to­do lo que sucede. Alinea lo uno tras lo otro, deriva lo uno de lo otro, lo declara todo necesario y llama “his­toria” al conjunto. Pero quien ha aprendido a distin­guir, a llamar verdadero a lo verdadero y falso a lo falso, a lo justo, justo, e injusto a lo injusto, ya no puede seguir haciéndolo así, y ha de asustarse de có­mo trata el hombre con el mundo.

Sin embargo, Dios no rechaza la creación tan múltiplemente corrompida ni crea otra nueva en su lugar. Si así puede decir­se, en Dios el “sí” es más fuerte que el “no”, y sigue llevando adelante el mundo, sobrellevándolo a través de tiempo y eternidad.

Esa actitud de Dios respecto al mundo es la pri­mera paciencia, la paciencia absoluta; sólo posible porque Él es el Omnipotente; porque Él, que no sien­te ninguna debilidad, es el verdadero Señor, al que nadie amenaza; el Eterno, para quien no hay miedo ni prisa. Recordemos la parábola de Jesús sobre el campo y su siembra. El dueño del campo ha sembra­do buen trigo, pero en medio ha brotado la cizaña. Entonces llegan los trabajadores y preguntan: “¿No hemos de arrancarla?” Pero él contesta: “No, no sea que al arrancarla arranquéis también el trigo. Dejad crecer las dos cosas juntas hasta la cosecha”; en el momento de la cosecha se separará lo uno de lo otro (Mt 13, 24 y ss.).

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Esa es la paciencia de aquel que podría ejercer violencia, pero es indulgente porque es verdadera­mente Señor, excelso y bondadoso. Pero el hombre es imagen y semejanza de Dios, y así ha de serlo también aquí. En sus manos está puesto el mundo, el mundo de las cosas, de las personas y de su propia vida. Debe hacer de él lo que espera Dios, incluso ahora, cuando la cizaña lo ha invadido todo. La pa­ciencia es la condición necesaria para que pueda cre­cer el trigo.

Espiritualidad 15

Posted: October 2nd, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Nos dijeron de noche que estabas muerto,

y la fe estuvo en vela junto a tu cuerpo.

La noche entera

la pasamos queriendo mover la piedra.

Con la vuelta del sol,

volverá a ver la tierra la gloria del Señor.

No supieron contarlo los centinelas:

nadie supo la hora ni la manera.

Antes del día, se cubrieron de gloria

tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,

volverá a ver la tierra la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos buscan el sueño,

que la fe tenga el suyo vivo y despierto.

La fe velando, para verte de noche

resucitando.

Con la vuelta del sol,

volverá a ver la tierra la gloria del Señor. Amén.

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Y decían: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo’?” Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.7 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.  Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

(Juan 6, 41-51)

Salmo 34: Canto de Acción de gracias

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor;

que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Angel del Señor acampa

en torno de sus fieles, y los libra.

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

¡Felices los que en él se refugian!

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Padre santo, tú que al resucitar a tu Hijo de entre los muertos manifestaste que habías aceptado su entrega, acepta también la ofrenda de nuestro día y condúcenos a la plenitud de la vida.
  • Bendice, Señor, las acciones de nuestro día y ayúdanos a buscar en ellas tu gloria y el bien de nuestros hermanos.
  • Que el trabajo de hoy sirva para la edificación de un mundo nuevo y nos conduzca también a tu reino eterno.
  • Te pedimos, Señor, que nos hagas ser siempre solícitos del bien de los hombres y que nos ayudes a amarnos mutuamente.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

La Eucaristía hace la Iglesia mediante la Consagración.

En la epístola a los Romanos leemos estas palabras del Apóstol: Los exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual (Rm 12,1). Pero estas pala­bras, irremediablemente, nos recuerdan a las pronunciadas por Jesús en la última cena: «Tomen, coman, éste es mi cuerpo que se entrega por ustedes». Por ello, cuando san Pablo nos exhorta a ofrecer nues­tros cuerpos en sacrificio, es como si dijera: hagan también ustedes lo mismo que hizo Jesucristo; háganse también ustedes eucaristía para Dios. Él se ofreció a Dios como sacrificio de suave perfume; ofrézcanse también ustedes como sacrificio vivo y agradable a Dios.

Pero no sólo es el apóstol Pablo quien nos exhorta a obrar así, sino el mismo Jesús. Cuando Jesucristo, al instituir la eucaristía, dio el mandato: Hagan esto en memoria mía (Le 22, 19), no sólo quería decir: hagan exactamente los gestos que yo he hecho, repitan el rito que he realizado; sino que con aquellas palabras quería expresar tam­bién lo más importante: hagan la esencia de lo que yo he realizado; ofrezcan su cuerpo en sacrificio como han visto que yo he he­cho. Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes (Jn 13,15). Aún más, hay algo todavía más ur­gente y doloroso en aquel mandato de Jesús. Nosotros somos «su» cuerpo, «sus» miembros (cfr. 1 Co 12,12ss.); por ello es como si Je­sús nos dijera: Permítanme ofrecer al Padre mi propio cuerpo que son ustedes; no me impidan ofrecerme a mí mismo al Padre; yo no pue­do ofrecerme totalmente al Padre hasta que no haya ni un solo miem­bro de mi cuerpo que se resista a ser ofrecido conmigo. Completen, pues, lo que le falta a mi ofrenda; hagan plena mi alegría.

Miremos, pues, con nuevos ojos el momento de la consagración eucarística, porque ahora sabemos -como decía san Agustín- que «sobre la mesa del Señor está el misterio que son ustedes mis­mos». He dicho que para celebrar de verdad la eucaristía es nece­sario «hacer» también nosotros lo mismo que hizo Jesús. ¿Qué hizo Jesús aquella noche? Ante todo, realizó un gesto: partió el pan; to­dos los relatos de la institución resaltan este gesto, tanto es así, que la eucaristía tomó, bien pronto, el nombre de «fracción del pan» (fractio panis). Pero el significado de aquel gesto, quizás, no lo he­mos comprendido todavía plenamente. ¿Por qué Jesús partió el pan? ¿Sólo para darle un trozo a cada uno de sus discípulos, es decir, sólo por consideración hacia ellos? Es evidente que no. Aquel gesto, ante todo, tenía un significado sacrificial que se consumaba entre Jesús y el Padre; no indicaba solamente repartición, sino también inmola­ción. El pan es el propio Jesús; al partir el pan, se «partía» a sí mis­mo, en el sentido con el que Isaías había hablado del Siervo de Yahvé: ha sido molido por nuestras culpas (cfr. Is 53, 5). Una criatura humana -que, sin embargo, es el mismo Hijo eterno de Dios- se parte a sí mismo ante Dios, es decir, «obedece hasta la muerte» para reafirmar los derechos de Dios violados por el pecado; para proclamar que Dios es Dios y basta. Es imposible explicar con palabras la esencia del acto interior que acompaña a este gesto de partir el pan. A nosotros nos parece un acto duro, cruel, y, en cam­bio, es el acto supremo de amor y de ternura que nunca antes se ha­bía realizado o que pueda llegar a realizarse alguna vez en la tierra. Cuando, en la consagración sostengo entre las manos la frágil hos­tia, y repito las palabras: «partió el pan…», me parece intuir algo de los sentimientos que, en aquel momento, albergaba el corazón de Je­sús: cómo su voluntad humana se entregaba por entero al Padre, venciendo toda resistencia, y repetía para sí las bien conocidas pala­bras de la Escritura: Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron, pero me has preparado un cuerpo; he aquí que te ofrezco este cuerpo que me has dado: vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad (cfr. Hb 10,5-9). Lo que Jesús da de comer a sus discípulos es el pan de su obediencia y de su amor por el Padre.

Entonces comprendo que para «hacer» también yo lo que hizo Jesús aquella noche, debo ante todo «partirme» a mí mismo, es de­cir, deponer todo tipo de resistencia ante Dios, toda rebelión hacia él o hacia los hermanos; debo someter mi orgullo, doblegarme y decir «sí» hasta el final, sí a todo aquello que Dios me pide; debo repetir también yo aquellas palabras: ¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! Tú no quieres muchas cosas de mí; me quie­res a mí y yo te digo «sí». Ser eucaristía como Jesús significa estar totalmente abandonado a la voluntad del Padre.

Así pues, la Iglesia es, en la eucaristía, oferente y ofrenda al mismo tiempo y en cada uno de sus miembros. Hay dos cuerpos de Cristo en el altar: está su cuerpo real (el cuerpo «nacido de María Virgen», resucitado y ascendido al cielo) y está su cuerpo místico que es la Iglesia. Pues bien, en al altar está presente realmente su cuerpo real, y está pre­sente místicamente su cuerpo místico. No hay ninguna confusión entre las dos presencias que son bien distintas, pero tampoco hay división alguna. Nuestra ofrenda y la ofrenda de la Iglesia no sería nada sin la de Jesús; no sería ni santa ni agradable a Dios, porque sólo somos criaturas pecadoras. Pero la ofrenda de Je­sús, sin la de la Iglesia que es su cuerpo, no sería suficiente, no alcanzaría la plenitud que busca, y tanto es verdad, que la Iglesia puede decir con san Pablo: Completo en mi carne lo que falta a las tribu­laciones de Cristo (cfr. Col 1, 24).

(La Eucaristía, nuestra santificación, Raniero Cantalamessa)

Espiritualidad 14

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Dejado ya el descanso de la noche,

despierto en la alegría de tu amor,

concédeme tu luz que me ilumine

como ilumina el sol.

No sé lo que será del nuevo día

que entre luces y sombras viviré,

pero sé que, si tú vienes conmigo,

no fallará mi fe.

Tal vez me esperen horas de desierto

amargas y sedientas, mas yo sé

que, si vienes conmigo de camino,

jamás yo tendré sed.

Concédeme vivir esta jornada

en paz con mis hermanos y mi Dios,

al sentarnos los dos para la cena,

párteme el pan Señor.

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,

acoge por tu Hijo la oración

que fluye del Espíritu en el alma

que sabe de tu amor. Amén

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”.

Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”.0 Y volvieron a preguntarle: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo”. Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan” Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

(Juan 6, 1-15)

Salmo 77: Meditación sobre la historia de Israel

Lo que oímos y aprendimos,

lo que nuestros padres nos contaron,

lo contaremos a la futura generación:

Las alabanzas del Señor, su poder,

las maravillas que realizó.

Dio orden a las altas nubes,

abrió las compuertas del cielo:

Hizo llover sobre ellos maná,

les dio pan del cielo.

El hombre comió pan de ángeles,

el Señor les mandó provisiones hasta la hartura.

Los hizo entrar por las santas fronteras

hasta el monte que su diestra había adquirido.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Señor, sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo, te consagramos este nuevo día
  • Que sepamos bendecirte en cada unos de los momentos de nuestras jornadas y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.
  • Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra, encamina hoy nuestros pasos para que obremos también como ella según tu voluntad
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

ANIMO (III)

Hay todavía otra valentía de la que también hay que decir una palabra: la de atreverse a la voluntad de Dios.

A cada cual, de alguna manera, le llega la llama­da de Dios y decide su vida. Puede significar cosas muy diversas. Por ejemplo, se trata de qué profesión ha de emprender. Mucho depende de que uno elija el trabajo vital que le dice su interioridad: eso es lo tu­yo, a eso estás llamado; o que elija otro que promete más dinero, más fácil éxito, mayor prestigio.

Puede tratarse de una persona, de una amistad, de un amor. También se trata de si uno se deja atraer por algo que es sugestivo, lisonjero para el sentimiento propio, pero ante lo cual la voz íntima avisa que ahí se va a perder lo mejor: o si uno elige algo que qui­zá es más áspero, más exigente, pero que edifica vi­da y enseña responsabilidad.

También hay decisiones menores. En efecto, en el fondo toda amonestación de la conciencia es llama­da de Dios. Pues lo bueno no es sin más lo útil, o lo vitalizador, o el progreso de la cultura, sino la santi­dad de Dios, que impulsa al hombre a recibirla en su vida y que se encarna en lo requerido moralmente en cada caso. Cada ocasión es una llamada así; pues se nos dirige a nosotros y dice: haz esto…, ¡no hagas eso! Una y otra vez nos ponemos ante eso, para arriesgarnos a la verdad o para mentir, para arriesgar­nos a la rectitud o para buscar provecho, a la pureza o para ensuciarnos, a la nobleza o para resbalar a lo vulgar. En cada caso llama Dios. El ánimo y la valentía representan aquí poner la mano en la suya y seguirlo, en lo pequeño y en lo grande. El camino puede llevar muy lejos.

Si hay un arrepentimiento temible al fin de la vi­da es éste: he oído la llamada, pero no la he segui­do…

En nuestras meditaciones siempre hemos vincula­do a Dios la virtud que considerábamos, intentando conocerla mejor desde Él. ¿Cómo es esto: en Dios, cabe hablar de ánimo y valentía? Cabe, con tal que prescindamos de todo aquello que es solamente hu­mano.

¿Dónde, pues, ha sido “animoso” Dios en este sentido supremo? Lo fue al crear al hombre. Cuando Dios “quiso” crear seres que tienen libertad y darles así su mundo en la mano. Pero eso, a su vez, significa que Él les pusiera en las manos “su honor”. Pues Él creó el mundo en sabiduría y amor: lo llamó “bueno” y “muy bueno”, y lo es para siempre. Esos seres, sin embargo, los hombres, podían ser fieles o también rebelarse contra Él. Y, sin embargo, Él arriesgó su obra en el peligro de la libertad, de los hombres.

Pero cuando el peligro se hizo realidad y los hom­bres le negaron la obediencia tuvo lugar el segundo “arriesgarse” de Dios, tan inconmensurablemente grande, que siempre vuelve a hacer falta la entera fuerza de la fe confiada para no enloquecer con eso: Él mismo intervino en la responsabilidad por la cul­pa del hombre, se hizo hombre y asumió un destino en nuestra enredada historia.

¿Hemos meditado alguna vez sobre la valentía de Cristo, verdaderamente divina? ¿Nos hemos dado cuenta de qué valor ardía en el corazón de Jesús cuando él, que venía de la cercanía del Padre, entró en el mundo tal como es, en toda su mentira, su voluntad asesina, la mez­quina estrechez de nuestra existencia; y eso no pro­tegido por la altivez del filósofo, no asegurado por la táctica del político, no dispuesto a replicar a la astu­cia con la astucia, al golpe con otro golpe, sino en la situación inerme del perfectamente puro?

Pero pongamos la vista en cómo nos portamos en los peligros de este mundo, con qué energía sabemos defendernos y con cuántos medios. Jesús nunca se protegió, sino que aceptó todo lo que le venía de la voluntad de poderío y la falta de escrúpulos de los hombres. Nosotros los hombres no vivimos el mun­do como es, sino que elegirnos de él lo que nos con­viene: Él aceptó lo que le echaba encima la marcha de las cosas. No­sotros sabemos adaptarnos, eludir, buscar ventajas. Él fue de tal índole, habló y actuó de tal modo, que lo peor que hay en el hombre se sintió provocado a salir: de modo que, como se dice en el Evangelio de san Lucas, “se descubrieran los pensamientos en mu­chos corazones”. Él vivió y atravesó en verdad la si­tuación del mundo. En la hora de Getsemaní presen­timos lo que eso significó. Si se entra en eso con el pensamiento, quizá uno se estremece ante lo que sig­nifica: la valentía de Dios en Cristo…

Pero Él no se arriesgó a esta vida para llevar a ca­bo algo que fuera terrenalmente grandioso, resplan­deciente heroísmo, poderosas obras, si­no que fue “rendición”: ocurrió por nosotros. Ocu­rrió para que conquistemos la valentía de ser “cristia- nos” en el mundo en que Él fue “Cristo”.

En la medida en que prescindimos de las ilusiones y vemos cuántas cosas que se llamaban moral cristia­na eran en realidad asunto de una determinada situación histórica; en la medida en que percibimos cómo el mundo hace todo lo que dice san Juan en el prólogo de su Evangelio sobre su compor­tamiento frente al Hijo de Dios hecho hombre, nos damos cuenta de que el intento de ser cristiano en Él, y de determinar a partir de Cristo el sentido de la existencia, es aparentemente desesperado. Entonces se hace evidente lo que significa en definitiva “áni­mo” o “valentía”: la actitud que aquí dice “a pesar de todo”, y, a pesar de todo, emprende la lucha que le hace parecer insensato. Entonces no se puede olvidar que Él ha luchado antes que nosotros, haciendo así posible la superación.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Octubre: Mes del Rosario

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

Origen e historia de esta devoción:

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa “corona de rosas”.

Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.

La Iglesia recomendó rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “el salterio de la Virgen”.

A finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán sufría al ver que la gravedad de los pecados de la gente estaba impidiendo la conversión de los albigenses y decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras no era la flagelación, sino el rezo de su salterio.

Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral, alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó.

En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador.

Santo Domingo cambió su homilía y habló de la devoción del Rosario y la gente comenzó a rezarlo con devoción, a vivir cristianamente y a dejar atrás sus malos hábitos.

Santo Domingo murió en 1221, después de una vida en la que se dedicó a predicar y hacer popular la devoción del Rosario entre las gentes de todas las clases sociales para el sufragio de las almas del Purgatorio, para el triunfo sobre el mal y prosperidad de la Santa Madre de la Iglesia.

El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado.

En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra” en la que murieron muchísimas personas.

Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia.

¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta?

El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordena el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

La fuerza del Rosario

A lo largo de la historia, se ha visto como el rezo del Santo Rosario pone al demonio fuera de la ruta del hombre y de la Iglesia. Llena de bendiciones a quienes lo rezan con devoción. Nuestra Madre del Cielo ha seguido promoviéndolo, principalmente en sus apariciones a los pastorcillos de Fátima.

El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.

Todo cristiano puede rezar el Rosario. Es una oración muy completa, ya que requiere del empleo simultáneo de tres potencias de la persona: física, vocal y espiritual. Las cuentas favorecen la concentración de la mente.

Rezar el Rosario es como llevar diez flores a María en cada misterio. Es una manera de repetirle muchas veces lo mucho que la queremos. El amor y la piedad no se cansan nunca de repetir con frecuencia las mismas palabras, porque siempre contienen algo nuevo. Si lo rezamos todos los días, la Virgen nos llenará de gracias y nos ayudará a llegar al Cielo. María intercede por nosotros sus hijos y no nos deja de premiar con su ayuda. Al rezarlo, recordamos con la mente y el corazón los misterios de la vida de Jesús y los misterios de la conducta admirable de María: los gozosos, los dolorosos y los gloriosos. Nos metemos en las escenas evangélicas: Belén, Nazaret, Jerusalén, el huerto de los Olivos, el Calvario, María al pie de la cruz, Cristo resucitado, el Cielo, todo esto pasa por nuestra mente mientras nuestros labios oran.

Las Letanías

El Rosario no es una oración litúrgica, sino ejercicio piadoso. Las Letanías forman una parte oficial de la liturgia en cuanto que las invocaciones reciben permiso de la Santa Sede. Se cree que su origen fue, probablemente, antes del siglo XII.

La forma actual en la que las rezamos se adoptó en el santuario mariano de Loreto, en Italia y se llama Letanía lauretana. En 1587, el Papa Sixto V la aprobó para que la rezaran todos los cristianos. Todos los cristianos hemos recurrido a la Virgen en momentos de alegría llamándola “Causa de nuestra alegría”, en momentos de dolor diciéndole “Consoladora de los afligidos”, etc.

Podemos rezar las Letanías con devoción, con amor filial, con gozo de tener una Madre con tantos títulos y perfecciones, recibidos de Dios por su Maternidad divina y por su absoluta fidelidad. Al rezarlas, tendremos la dicha de alabar a María, de invocar su protección y de ser ayudados siempre ya que la Virgen no nos deja desamparados.

Cómo rezar el Rosario

Como se trata de una oración, lo primero que hay que hacer es saludar persignarnos y ponernos en presencia de Dios y de la Santísima Virgen.

Luego, se enuncian los misterios del día que se van a rezar y comenzamos a meditar en el primero de estos cinco misterios. Durante la oración de cada misterio, trataremos de acompañar a Jesús y a María en aquellos momentos importantes de sus vidas. Aprovechamos de pedirles ayuda para imitar las virtudes y cualidades que ellos tuvieron en esos momentos. Al meditarlos frecuentemente, estas guías pasan a formar parte de nuestra conciencia, de nuestra vida. Podemos ofrecer cada misterio del rosario por una intención en particular y se puede leer una parte del Evangelio que nos hable acerca del misterio que estamos rezando.

Cada misterio consta de un Padrenuestro seguido de diez Avemarías y un Gloria. Usamos nuestro rosario pasando una cuenta en cada Avemaría. Así seguimos hasta terminar con los cinco misterios.

Al terminar de rezar los cinco misterios, se reza la Salve y se termina con las Letanías.

Los Misterios

Los quince misterios que se rezan nos recuerdan la vida de Jesús y, dependiendo del día, se rezan de la siguiente forma:

LUNES Y SÁBADO

MISTERIOS GOZOSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Anunciación del ángel a la Virgen. La obediencia.

2. La Visita de la Virgen a su prima Isabel. Amor al prójimo.

3. El Nacimiento del Hijo de Dios. Desprendimiento

4. La Presentación del niño Jesús en el templo. Pureza de intención.

5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo Sabiduría en cosas de Dios.

MARTES Y VIERNES

MISTERIOS DOLOROSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Oración de Jesús en el huerto. Verdadero arrepentimiento de los pecados.

2. La flagelación de nuestro Señor Jesucristo. Espíritu de sacrificio

3. La coronación de espinas. Desapego a lo material

4. Jesucristo es cargado con la Cruz. Paciencia por mi cruz.

5. La crucifixión de nuestro Señor Jesucristo. Generosidad

MIERCOLES Y DOMINGOS.

MISTERIOS GLORIOSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Resurrección de Jesucristo. Fe, Esperanza y Caridad

2. La Ascensión del Señor a los Cielos. Deseo de ir al Cielo

3. La venida del Espíritu Santo. Deseo de vivir en Gracia

4. La Asunción de la Virgen a los Cielos. Amor a María

5. La Coronación de la Virgen en los Cielos. Perseverancia

JUEVES.

MISTERIOS LUMINOSOS

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán 2 Co 5, 21; . Mt 3, 17.

2. Las bodas de Caná; Jn 2, 1-12.

3. El anuncio del Reino de Dios Mc 1, 15; Mc 2. 3-13; Lc 47-48.

4. La Transfiguración; Lc 9, 35.

5. La Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual. Jn13, 1.

Visita el sitio http://rosario.catholic.net del Santo Rosario


Visita también el sitio www.elsantorosario.info en donde entre otras cosas podrás crear tu propio CD de audio del Santo Rosario