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Espiritualidad 13

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto, los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa la abundancia del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa, si no alientas, monte, si no estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:

tú, por la luz, el hombre, por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira, que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén

Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”. El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña

(Juan 6, 1-15)

Salmo 144: La bondad de Dios hacia sus criaturas

Que todas tus obras te den gracias, Señor,

y tus fieles te bendigan;

que anuncien la gloria de tu reino

y proclamen tu poder.

Los ojos de todos esperan en ti,

y tú les das la comida a su tiempo;

abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes.

El Señor es justo en todos sus caminos

y bondadoso en todas sus acciones;

está cerca de aquellos que lo invocan,

de aquellos que lo invocan de verdad. Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Bendice, Señor, las acciones de nuestro día y ayúdanos a buscar en ellas tu gloria y el bien de nuestros hermanos.
  • Que el trabajo de hoy sirva para la edificación de un mundo nuevo y nos conduzca también a tu reino eterno.
  • Te pedimos, Señor, que nos hagas ser siempre solícitos del bien de los hombres y que nos ayudes a amarnos mutuamente.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

ANIMO (II)

Ciertamente, el hombre tiene relación con el conjunto del mundo. El animal está encajado en su mundo circundante, y por más que ese mundo circundante pueda ampliarse en el transcurso de la evolución de los seres individuales y las especies, siempre es por esencia parcial. Sólo el hombre está referido al mundo entero; más aún, ad­herido al mundo.

Ahora bien, también está determinado de modo individual, limitado por todo lo que significa índole del pueblo y del país, dotes, sexo, situación cultural, posición social, profesión y demás; es decir, por esa estructura esencial de que se hablaba. Pero esto con­tiene, en la puesta en juego esencial, la referencia al mundo como totalidad. Esta imbricación de índo­le especial y referencia universal constituye la pecu­liaridad del hombre: el hombre está caracterizado y referido a todo a la vez.

A esa tensión en la imagen esencial del hombre va unida otra: la tensión que hay entre necesidad y liber­tad. El hombre vive en las leyes del universo; pero lleva en sí las profundidades, a partir de las cuales siempre puede producir un nuevo comienzo. Así, para ser justo con la realidad, debe aceptar su carácter limitado, su determinación por la estructura de su carácter; pero, por su libertad en la referencia al mundo, es capaz de avanzar siguiendo su línea ha­cia la totalidad.

Todo esto lo ha deparado Dios. Él me ha dado a mí mismo. De su mano he de aceptar mi existencia, vivirla y persistir. Éste es el ánimo básico, y muy ne­cesario es hoy, cuando se habla tanto de la nada, de destrucción, de miedo, de náusea y de cosas oscuras de toda índole.

En una gran parte, ciertamente, no es más que charlatanería. Pero, por lo demás, nuestra época está realmente amenazada, por fuera y por dentro; hay una transición en que se pierden cosas incontables, a menudo sin que se sepa qué ha de venir de nuevo. Por eso es doblemente necesario que reciba­mos confiados nuestra existencia de la mano de Dios y la vivamos animosos.

En esa forma interior del ser y la vida individual se apoya también una ejercitación del ánimo, a saber: la confianza para ir viviendo ha­cia el propio porvenir, para actuar, para construir, pa­ra entrar en vinculaciones. Pues el futuro, a pesar de toda previsión, es lo desconocido en el individuo. Vi­vir, por su parte, significa avanzar por eso descono­cido, y puede extenderse ante el hombre como un caos en el que hay que atreverse a entrar.

Aquí cada cual ha de jugarse el todo por el todo a que lo que se le presenta no es ningún caos ni nada completamente ajeno. Antes bien, su propia índole natural, el poder ordenador que hay en su propio in­terior abrirá un camino, de tal modo que en definiti­va llega a ser su propio futuro, pese a todo, aquello a cuyo encuentro él va.

Esto, en efecto, forma también el fundamento na­tural para el mensaje de Cristo sobre la providencia en que se sitúa todo hombre. Es decir, que el futuro, aun con todo su desconocimiento, no es algo extraño ni hostil al hombre, sino que se lo ha preparado Dios; que la existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún caos, sino que está ordenada para él por la mano de Dios. Creerlo y vivir con referencia a ello puede ser muy difícil para una persona de carácter vacilante, quizá miedoso. Pero aquí el ánimo de vivir va unido a la confianza en la guía de Dios.

Y aún ha de considerarse algo más: la relación con el futuro en gran escala, con la marcha de la historia. Pues la vida del individuo no corre en la historia como en un cauce neutral, sino que forma parte de ella. Algunas veces ese individuo está tan estrechamente vinculado con lo pasado que lo futuro le resulta totalmente extraño. Entonces tenemos la vida del hombre que no se fía del porvenir y huye re­trocediendo al pasado; para quien lo pasado está tan lleno de sentido, y sus formas son tan bellas, que to­do lo nuevo le repugna.

También aquí hace falta ánimo: el ánimo que se atreve con el futuro, en la confianza de que en él se desarrolla la guía de Dios. Este ánimo acepta lo ve­nidero, lo ve como su propia tarea y se adapta a ello. Esto puede ser muy difícil, realizable sólo por una auténtica obediencia a la indicación de aquel que conduce la historia.

Valentía significa aguantar en el peligro. ¿Qué constituye la raíz de aquello que se llama peligro? Es el mal que actúa en todos los corazones y hace que en cada momento pueda dirigirse algo hostil contra nosotros. Es la vulnerabilidad de nuestro ser, que puede ser herido por todo. Es la transitoriedad, que nuestra vida vaya hacia la muerte. Esto es así, y no se puede cambiar. Pero valentía significa ver esta si­tuación de la existencia y hacerle frente.

Hacer frente a la vida tal como viene: ante todo porque se supera mejor el peligro cuando se le hace frente que cuando se deja uno asustar por él; pero también porque lo difícil pertenece también a nuestra vida. Nos ha sido deparado. Si le hacemos frente se vuelve ganancia. En toda situación hay una posibilidad de crecer, de llegar a ser más hombre: ese hombre que se ha de ser. Al ceder echamos a perder esa posibilidad. El ánimo que acepta la vida y se enfrenta con ella valientemente en cada ocasión, está convencido de que en nuestro propio interior hay algo que no puede ser destruido, sino que más bien saca sustento de to­do; que con todo se hace más fuerte, más rico, más hondo, si se vive como debe ser, porque procede del poder creador de Dios.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Santa Teresita

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

Nada reemplazará jamás el ministerio de los sacerdotes

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

Retiro internacional en el santuario de Ars (Francia)Ciudad del Vaticano, 1 Oct. 09 (AICA) El papa Benedicto XVI envió un videomensaje a los participantes en un retiro internacional en el santuario de Ars (Francia), con motivo del 150º aniversario de la muerte de San Juan Maria Vianney. El tema de los ejercicios espirituales, que predica desde el 27 de septiembre al 3 de octubre el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, es: “La alegría de ser sacerdote: consagrado para la salvación del mundo”.

“El sacerdote -dice el Santo Padre en el mensaje- está llamado a servir a los hombres y a donarles la vida de Dios. Es hombre de la Palabra divina y de las cosas sagradas, y debe ser hoy más que nunca un hombre de la alegría y de la esperanza. A quienes no pueden concebir que Dios sea Amor puro, afirmará siempre que la vida vale la pena ser vivida y que Cristo le da todo su sentido porque ama a todos los seres humanos”.

Benedicto XVI se dirige posteriormente a los sacerdotes que tienen que atender varias parroquias y que “se entregan sin escatimar esfuerzos por mantener una vida sacramental en sus diferentes comunidades. El reconocimiento de la Iglesia por todos ustedes es inmenso. No se desanimen, sino más bien sigan rezando y haciendo rezar para que muchos jóvenes acepten la respuesta a la llamada de Cristo, que desea que siga aumentando el número de sus apóstoles para cosechar sus campos”.

El Papa invita a los sacerdotes a pensar “en la diversidad de los ministerios” que ejercen “al servicio de la Iglesia”, en “el gran número de misas que celebran o celebrarán, haciendo realmente viva cada vez la presencia de Cristo en el altar. Piensen en las innumerables absoluciones que dieron y que darán, librando de su carga a los pecadores. Percibirán así la fecundidad infinita del sacramento del Orden. Las manos y los labios de ustedes se convierten, durante un instante, en las manos y los labios de Dios”.

“Esa consideración -continúa- debe llevarlos a armonizar las relaciones entre los presbíteros para formar esa comunidad sacerdotal a la que exhortaba San Pedro para construir el cuerpo de Cristo y afianzarlos en el amor”.

“El sacerdote es el hombre del futuro. Lo que hace en esta tierra pertenece al orden de los medios encaminados al Fin último. La misa es ese exclusivo punto de unión entre los medios y el Fin, ya que nos permite contemplar bajo la humilde apariencia del pan y del vino el Cuerpo y la Sangre de Aquel que adoraremos en la eternidad”.

“Nada reemplazará jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia”, concluye el Santo Padre. “Ustedes son el testimonio viviente de la potencia de Dios a la obra en la debilidad de los seres humanos, consagrados para la salvación del mundo, elegidos por Cristo mismo para ser, gracias a Él, sal de la tierra y luz del mundo”.+

Visita de las reliquias del Corazón del Santo Cura de Ars

Posted: October 1st, 2009, by Matoga

De al parroquia San Juan María Vianney de Monte Chingolo, donde furera párroco durante muchísimos años Juan Ramón Celeiro, hijo de nuestra comunidad, nos llega este mensaje por medio de la página de nuestra parroquia, que nos llena de alegría y compartimos

¡¡Queridos Hermanos!!

Bajo el lema “Cuando los Santos pasan, Dios pasa con ellos” nos vamos preparando para solemnizar un acontecimiento de gracia que el Señor nos regala en este Año Sacerdotal: la visita de las reliquias del Corazón del Santo Cura de Ars, que estará entre nosotros los días 7 y 8 del mes de Noviembre.

Por eso los invitamos a visitar el blog dedicado a esta visita, donde encontrarán información e imágenes acerca de todo lo relacionado con este momento tan importante: http://uncorazonquelateporcristo.blogspot.com/

Esperamos su visita… Que Dios los bendiga y la Virgen los cubra con su manto…

Parroquia San Juan María Vianney

Curso intensivo de Bioética en la UCA

Posted: September 30th, 2009, by Matoga

Curso Intensivo de BioéticaBuenos Aires, 30 Set. 09 (AICA) Los miércoles desde el 7 de octubre hasta el 25 de noviembre, de 18.30 a 20.30, en el campus de la Universidad Católica Argentina (UCA), avenida Alicia Moreau de Justo 1400, en Puerto Madero, se desarrollará el Curso Intensivo de Bioética, que organiza el Instituto de Bioética de esa casa de altos estudios y cuyo director es el presbítero Rubén Revello.

La propuesta académica, de ocho encuentros, tendrá como objetivo “introducir en la Bioética a personas de diferentes profesiones y profundizar en la situación de la Bioética actual”.

Está dirigido a médicos, enfermeros, psicólogos, biólogos, filósofos, periodistas y personas involucradas en comités de Bioética.

Temario general

– La Bioética en nuestros días. Origen y fundamentos. Modelos de Bioética

– Inicio de la vida humana. Aspectos científicos y antropológicos. Sexualidad humana. Anticoncepción. Píldora del día después. Aborto

– Genética y Bioética. Clonación. Células estaminales. Diagnóstico prenatal. Reproducción asistida

– Final de la vida. Atención al paciente terminal. Cuidados paliativos

– Corpus Vitae. Análisis de documentos del Magisterio de la Iglesia Católica referidos a la Bioética

– Relación médico-paciente. Consentimiento informado. Secreto profesional. Bioética. Objeción de conciencia y ciudadanía

– Comités de Bioética. Funciones. Miembros y modelos de comités. Toma de decisiones. Caso clínico

– Bioderecho. Bioética en el parlamento y en organismos internacionales.

Informes: (011) 4338-0634 o por correo electrónico bioetica@uca.edu.ar .+

La Virgen de Luján se prepara para su estadía en Malvinas

Posted: September 30th, 2009, by Matoga

Imagen de Nuestra Señora de Luján, que será entronizada en las Islas MalvinasBuenos Aires,30 Set. 09 (AICA) Una imagen de Nuestra Señora de Luján, que peregrinó por todo el país, será colocada en el cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas, por los familiares de los caídos en la guerra de 1982, que viajarán en dos tandas los días 3 y 10 de octubre próximos.

“Esta es la imagen de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, última pieza del monumento a los caídos construido en nuestras Islas Malvinas, que se despide de sus hijos en el continente, antes de partir hacia su destino final desde donde cuidará el descanso eterno de nuestros hermanos: Los que ya dieron el buen combate por la independencia y la soberanía nacional”, se afirma en la inscripción colocada al pie de la imagen.

La despedida del primer contingente que viajará a Malvinas se dará en el marco de una misa que presidirá el viernes 2 de octubre, a las 16, en la catedral metropolitana, el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio.

En tanto, la imagen de la Virgen que irá a las Islas se integrará a la peregrinación juvenil a la basílica de Luján que se realizará este fin de semana. Prevé partir desde Liniers, a las 13. Asimismo, será expuesta del 4 al 9 de octubre en la Plaza de la República, en el marco de la Muestra “Malvinas: Islas de la Memoria”.

Hace dos semanas, la Virgen visitó el colegio San Cayetano, del barrio porteño de Liniers, donde se desarrolló la XII Jornada de Pastoral Social de la arquidiócesis de Buenos Aires. Allí, presidió las deliberaciones y fue aplaudida por medio de centenar de referentes políticos, sociales y religiosos. “La sangre de los muertos es semilla cristiana. Esperemos que la sangre derramada de tantos hermanos nuestros nos permita construir una nación mejor”, pidió visiblemente emocionado el presbítero Carlos Accaputo, director de la Pastoral Social arquidiocesana.

Un obispo en el contingente
El obispo de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanín, confirmó que el próximo 3 de octubre viajará a las Islas Malvinas acompañando a familiares de soldados argentinos fallecidos en el conflicto bélico, cuyos cuerpos yacen en el cementerio de Darwin donde habrá de inaugurarse un Cenotafio.

Los viajes se realizarán en dos vuelos, el próximo 3 y 10 de octubre, donde se trasladarán los familiares desde el aeroparque Jorge Newbery hacia la ciudad de Río Gallegos y luego desde allí hacia las Islas Malvinas.

Luego por la tarde, alrededor de las 18 partirá el contingente hacia Río Gallegos y al día siguiente a las 8.45 se trasladarán vía aérea hacia Malvinas y luego en la Islas a las 9.30 serán trasladados en colectivos hasta el Cementerio de Darwin y allí el sacerdote Peter Norris oficiará una misa. A continuación se hará un minuto de silencio en memoria de los Caídos en el Atlántico Sur.

También en el lugar se depositará una urna –de acero inoxidable– con los objetos que donaron los ciudadanos argentinos a la Virgen de Luján (la imagen se trasladará el próximo 10 de octubre), y se depositará junto al cementerio de los argentinos que murieron en las Islas. A las 15.45 se partirá hacia Río Gallegos y desde allí el contingente viajará hacia Buenos Aires.

Posteriormente, el segundo contingente de Familiares se trasladará desde el Aeroparque a la ciudad de Río Gallegos y al día siguiente a las 8,45, los familiares, con la Virgen de Luján, viajarán vía área a las Islas Malvinas. En el Monumento –en el Cementerio de Darwin– la Virgen de Luján se entronizará en el campo santo, donde quedará a custodiar a los argentinos que descansan en el archipiélago desde 1982.

Informes: (011) 4372-7538 o por correo electrónico info@heroesdemalvinas.org.ar

Intenciones de oración del Papa para el mes de octubre

Posted: September 30th, 2009, by Matoga

CIUDAD DEL VATICANO, 30 SEP 2009 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de octubre es: “Para que se viva el Domingo como el día en que los cristianos se reúnen para celebrar al Señor Resucitado participando en la mesa de la Eucaristía”.

Su intención misional es: “Para que el pueblo de Dios, que recibió de Cristo el mandato de ir a predicar el Evangelio a todas las criaturas asuma con empeño su responsabilidad misionera y la considere como el mayor servicio que puede ofrecer a la humanidad”.

Espiritualidad 12

Posted: September 29th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno a oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

Cuantas veces el ángel me decía:

“Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuanto amor llamar porfía”!

¡Y cuántas, hermosura soberana:

“Mañana le abriremos”, respondía,

para lo mismo responder mañana!

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

(Marcos 6, 30-34)

Salmo 23: El Buen Pastor

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas;

me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia, para que, al llegar a la noche, podamos alabarte con gozo y limpios de pecado.
  • Que baje hoy a nosotros tu bondad, y haga prósperas las obras de nuestras manos.
  • Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.
  • Mira con bondad  a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones y enriquécelos con clase de bienes.
  • Señor, te encomendamos la situación de nuestro país: te pedimos que nos protejas en medio de la adversidad, y que manifiestes tu providencia, especialmente, con los más necesitados.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

ANIMO (I)

Esta consideración ha de tratar del ánimo… o de la valentía. Las dos palabras aluden a algo relaciona­do, pero con pequeñas distinciones. “Valentía” signi­fica más el modo de comportarse en la situación con­creta; “ánimo”, la disposición de espíritu en general: el modo como uno se enfrenta con la vida en conjun­to.

Ante todo hemos de pensar en esa distinción que ya nos ha sido útil varias veces, esto es, entre dispo­sición y actitud moral.

Existe el ánimo valiente como temperamento na­tural. Por ejemplo, una persona de tal disposición no tiene sentimientos muy blandos, y cosas que a otros los intranquilizarían ni siquiera le llegan a la con­ciencia. Su fantasía no es muy viva, y los peligros posibles no se le presentan claramente ante la vista. Así, atraviesa intacto situaciones peligrosas o las re­suelve fácilmente. Una excelente situación para la vida práctica, pero quien tiene tales protecciones ha de guardarse bien de no volverse frívolo o brutal.

Puede ocurrir también que el ánimo proceda de una clara salud del modo de ser: una gozosa fuerza vital que percibe las dificultades y peligros como al­go que da tensión; una confianza en la existencia que siente con seguridad que las cosas irán bien. Esto es muy hermoso —si significa, por ejemplo, lo que se llama “buena raza”—. Claro que también tiene sus peligros, y quien tiene tales dotes naturales ha de cui­dar de seguir siendo prudente y agradecido. Final­mente, hay una disposición para el ánimo valiente que pertenece al dominio de lo noble y lo extraordi­nario. Para quien tiene tal índole, valentía y honor son lo mismo. Percibe la exigencia de la vida y se siente obligado a respetarse a sí mismo, a hacerle frente. Quizá no es especialmente fuerte en lo corpo­ral; quizá es muy capaz de sufrir y por eso se siente herido por los obstáculos exteriores e interiores. A pesar de eso resiste firme, avanza tranquilamente, hace frente al acontecer sin miedo. Es decir, tiene no­bleza natural; por supuesto, también predestinación para un destino difícil.

Todo eso es disposición. Uno la tiene o no la tie­ne, y puede ser para bien como para mal. Pero aquí vamos a hablar de lo que —si no se opo­nen a ello circunstancias especialmente desfavora­bles— es posible en todos y, por tanto, puede ser también exigido moralmente: lo que es deber, para el cual hay que educarse.

¿Qué aspecto tendría tal virtud? ¿Cómo se desa­rrollaría?

Vamos en seguida al centro desde el cual se deter­mina todo lo restante y que, naturalmente, es también lo más difícil de realizar. Ahí el ánimo y la valentía significan aceptar la propia existencia: ya hemos ha­blado de eso en consideraciones anteriores. Esta existencia es un tejido de bien y de mal, de cosas go­zosas y dolorosas, de cosas que ayudan y sustentan, así como de otras que estorban y cargan. El ánimo significa que no se busque ahí lo que agrada o puede vivirse fácilmente, sino que se acep­te el conjunto tal como es, en la confianza de que en ello reside la indicación divina.

Todo hombre lleva en sí ese misterioso algo que se puede llamar la estructura esencial. Significa que las propiedades no están yuxtapuestas unas junto a otras, sino que forman una totalidad; algo en mutua dependencia, decidido; que sustenta, pero también exige. Ahí cada elemento apoya a los demás, así como cada cual lleva consigo su peligro y carga con él a los de­más. Esa estructura esencial la lleva consigo el hom­bre en la vida: determina lo que él es y lo que puede, lo favorable y lo desfavorable —lo determina a “él” precisamente—. Ahí el ánimo significa que el hom­bre acepte esa figura básica de su existencia tal como es: que no seleccione parte de ella ni deje nada.

Por ejemplo, no se puede ser un hombre de cora­zón sensible y percibir gozo, pero no dolor, pues lo uno condiciona lo otro. Poder sentir es algo hermo­so; eso otorga grandeza a las cosas, la belleza del mundo, la profundidad del trato, las tensiones de la lucha, la felicidad de la obra. Pero el mismo sentir hace que el hombre sea invadido por cosas malas, por el dolor de las carencias, por el apuro de los con­flictos humanos, por la infructuosidad del trabajo. No se puede tener lo uno sin lo otro. Así que aquí la primera valentía significa aceptarse a sí mismo como se es: con la fuerza de sentimientos del propio cora­zón, aceptar lo doloroso que lleva aparejado, igual que lo sabroso que otorga. Eso no significa que haya de llamarse todo bueno y hermoso, cierto que no. Pe­ro por lo pronto hay que aceptar; y luego, a partir de ahí, ver lo que se puede cambiar, elevar, suavizar, mejorar.

La conexión de que se hablaba significa aún algo más. Es como una imagen que está ante uno y que se puede mirar, pero también como una melodía que se realiza en el tiempo; una figura que se percibe en el acontecer. Esta remite al mismo núcleo que aquélla, pues lo que le acontece a un hombre no es algo arbi­trario, sino que corresponde a lo que es. Estructura de destino y estructura de naturaleza tienen una es­trecha correlación.

Así, la existencia de cada hombre lleva en sí una conexión, una figura de ser y acontecer, y él ha de aceptarla como es. No ha de querer lo hermoso y no lo malo, sino decir en principio “sí” al conjunto. Lue­go, por supuesto, hacer lo que pueda para darle for­ma tal como lo considere justo.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Espiritualidad 11

Posted: September 29th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Dios de la luz, presencia ardiente

sin meridiano ni frontera:

vuelves la noche mediodía,

ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,

iba en la noche tu grandeza;

te vió el desierto, y destellaron

luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto

como cilicio de tinieblas,

para tu pueblo amanecías

bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo

lanzas el día o la tiniebla:

ciegas los ojos del soberbio,

curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste

fuego a la entraña de la tierra,

guarda encendida nuestra lámpara

hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”.

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

(Marcos 6, 7-13)

Salmo 85: Anuncio de la Salvación

Voy a proclamar lo que dice el Señor:

el Señor promete la paz,

la paz para su pueblo y sus amigos,

y para los que se convierten de corazón.

Su salvación está muy cerca de sus fieles,

y la Gloria habitará en nuestra tierra.

El Amor y la Verdad se encontrarán,

la Justicia y la Paz se abrazarán;

La Verdad brotará de la tierra

y la Justicia mirará desde el cielo.

El mismo Señor nos dará sus bienes

y nuestra tierra producirá sus frutos.

La Justicia irá delante de él,

y la Paz, sobre la huella de sus pasos.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a dar hoy la luz y la vida, haz que sepamos agradecerte este magnífico don.
  • Guía a tu Iglesia por el camino de tus mandatos, y haz que el Espíritu Santo la conserve en la fidelidad.
  • Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida participando en la mesa de tu pan y de tu palabra, para que, con la fuerza de ese alimento, te sigan con alegría.
  • Señor, te encomendamos la situación de nuestro país: te pedimos que nos protejas en medio de la adversidad, y que manifiestes tu providencia, especialmente, con los más necesitados.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

RESPETO (III)

Y ahora vayamos un paso más allá; en efecto, una y otra vez hemos tratado de seguir las virtudes que considerábamos hasta entrar en Dios, porque “lo” bueno, en definitiva, es “el” bueno — “nadie es bue­no sino Dios”, como responde Jesús al muchacho (Lc 10, 18) —, y todo lo bueno que hay en el hombre es elemento de su condición de imagen y semejanza de Dios. Entonces, ¿cómo es: el mismo Dios practi­ca el respeto?

Ciertamente, no hemos de decir tonterías, pero creo que a esta respuesta hay que contestar que sí. Y precisamente el “respeto” se muestra en que Dios ha­ya creado al hombre como ser libre.

No es raro en­contrar una especie de humildad que, para honrar a Dios, rebaja al hombre. Eso no es cristiano: en el fondo, es la contrapartida de la “idolatrización” del hombre, y las actitudes de contrapartida propenden a convertirse las unas en las otras. Dios quiere al hom­bre como su imagen, esto es, con conocimiento y res­ponsabilidad. Ahí se expresa una voluntad divina de respeto, pues también habría podido crear al hombre de tal manera que estuviera sujeto al bien. Eso no ha­bría significado nada bajo, incluso tal vez —si pen­samos en el terrible desbordamiento de injusticia y crimen que atraviesa el mundo— hubiera sido algo grandioso y feliz. Desde el comienzo habría podido irradiar tan poderosamente su verdad en el espíritu del hombre, le habría podido situar tan elementalmente la supremacía del bien en la conciencia, que al hombre no le hubiera sido posible siquiera errar y pe­car. Entonces el mundo habría llegado a ser una obra de arte de belleza y de armonía, pero habría faltado lo prodigioso de la criatura libre y también la dispo­sición de ánimo de Dios ante esa libertad, que sólo sabemos expresar diciendo: Hace honor al hombre. De ahí surge el sagrado mundo del Reino de Dios, que se construye por su gracia, partiendo de la liber­tad del hombre.

Y además, otra verdad básica de la Revelación re­cibe aquí una nueva luz: el acontecimiento que con­cluye toda historia y la decide para la eternidad: el Juicio. Cuando se habla de él, suele ser como un mensaje de terror. En realidad, el Juicio es un testi­monio de honor para los hombres, pues pone a éstos bajo la medida de la responsabilidad. Sólo un ser con libre responsabilidad puede ser juzgado.

Aquí reina un misterio que no cabe sondear. La voluntad de Dios es la base de todo ser y hacer, y, sin embargo el hombre es libre. Lo es realmente tanto, que incluso puede decir que no a la voluntad de Dios. Pero esa libertad no existe al lado de la voluntad de Dios, ni menos como un poder contrario que se ele­va contra ella, sino que por él mismo es por quien existe y actúa esa libertad: por su respeto.

El respeto de Dios ante la libertad, y al mismo tiempo la decisión con que Él quiere el bien y sólo el bien, quizá sea sobre el que más se ha meditado, es­te misterio; sin embargo, todavía no lo ha penetrado nadie.

¿Es posible entrar en profundidades aún mayores?

Dios es el que existe sin más, el fundamento en sí mismo, el que se basta a sí mismo. ¿Cómo puede en absoluto haber “al lado” de Él, “ante Él”, algo fini­to, e incluso libertad finita? ¿No debería elevarse co­mo único existente en el triunfo de lo absoluto? Pero la Revelación nos dice que Dios, uno y trino, tiene en sí mismo infinita comunidad, fecundidad que supera a todo concepto. Que es Padre, e Hijo y Espíritu San­to: hablante e interpelado, y entendedor-entendido en infinito amor. Misterio, ciertamente impenetrable a nuestro espíritu, pero manifestándonos igualmente que Él no necesita nada de lo finito, ni para obtener conciencia, ni para tener amor, como ha querido de­cir la soberbia del panteísmo.

Sin embargo, Él quiere que haya finitud, libre finitud: ¿no se manifiesta aquí un misterio de divino respeto? Que el poder absoluto del acto divino de ser no destroce al ente finito; que la ardiente majestad del yo divino —mejor dicho, el “nosotros”, véase Jn 14, 23— no queme lo finito; al contrario, lo quiere, en constante llamada lo crea y lo mantiene en su rea­lidad…

Realmente, “en él vivimos y nos movemos”, co­mo dijo san Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17, 28). Su respeto creador es el “espacio” en que existimos.

En nuestros días, cuando inunda el mundo esa temible mezcla de altanería y tontería que se lla­ma ateísmo, es bueno pensar en esa verdad.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las Misiones

Posted: September 29th, 2009, by Matoga

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Gustavo Daniel D´Apice, Profesor de Teología, nos envía este artículo para celebrar a Santa Teresita, cuya fiesta se la celebra el 1º de Octubre, el día posterior a su partida hacia el cielo.

A mi amiga Teresita, Jesús le dio un signo claro de que la escuchaba, cuando llegó a sus manos un periódico que anunciaba la condena de Pranzini a muerte, un peligroso delincuente de aquella época.

Aunque era impenitente y se declaraba ateo, Teresita le pidió a Jesús un signo de conversión antes de su muerte.

Y he aquí que, en el momento previo a la ejecución, Pranzini besó con devoción la cruz que le aproximó el capellán.

Es característica de su espiritualidad, el tratar de reconocerse dentro del Cuerpo de Cristo en su propia vocación, y tratar de buscar qué es lo que Dios quería de ella.

Anhelaba ser misionero, mártir, sacerdote…

Y I Corintios le dio la respuesta: Ella quería ser el compendio de todas las vocaciones: Entonces, en el corazón de la Iglesia, que es nuestra Madre, ella decidió ser el Amor.

Porque la Iglesia tiene un corazón, y por el Amor que hay en Él, dan la vida los mártires, se entregan los misioneros, los laicos son santos, los religiosos tratan de seguir más de cerca a Jesús.

Tenía una frase que es imposible vivirla, por eso en teología se la llama teolegúmeno.
Una hipótesis imposible, pero que manifestaba su encendido amor por Jesús:

Le decía que desearía irse al infierno, para que al menos un alma (la de ella), Lo ame desde allí.

Fue declarada Doctora de la Iglesia (la tercera, después de Santa Catalina de Siena y de Santa Teresa de Jesús) por su doctrina innovadora y su manera de vivir la infancia espiritual, como un camino que a todos nos puede ayudar para acercarnos a Dios.

Solía decir que era la pelotita de Jesús, que es tirada y pateada por el suelo (¿nos gustaría a nosotros serlo, o nuestra soberbia se rebelaría de inmediato?).

Y, como hacen todos los niños con sus juguetes, la rompió “para ver lo que había dentro” (haciendo referencia a sus numerosas pruebas, enfermedades y dificultades.

Si Jesús nos sacara el corazón, ¿encontraría la fidelidad y el amor incondicional a pesar de nuestros sufrimientos y decepciones?).

También utilizaba la parábola del ascensor:

Decía y enseñaba a sus novicias que el hacerse como niños y abandonarse en las manos de nuestros Buen Papá Dios era el camino más rápido para llegar hasta Él, como un ascensor que nos eleva sin esfuerzo.

Algunas cosas del momento anterior a su muerte:

La atendían en la enfermería del Convento, y en los momentos en que la fiebre hacía que no se diera cuenta de lo que decía para afuera de sus labios, repitió varias veces a quienes la atendían: -“Están atendiendo a una pequeña santa”.

Esto consta en el proceso de canonización por el testimonio de varias hermanas que la escucharon.

Cuando volvía en sí, y las hermanas le comentaban lo que había dicho, ella lo negaba humildemente…

Prometió que desde el cielo derramaría una lluvia de rosas, significando las gracias que concedería a los que se acogieran a ella para ir hacia Jesús, y por Él al Padre.

Y, aún estando en la clausura inviolable de un Convento contemplativo, fue declarada Patrona Universal de las misiones, junto a San Francisco Javier, el compañero de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas.

Y ciertamente misionó después de su partida hacia la Casa del Padre, y no sólo con su doctrina e intercesión, sino que visitó los más diversos países (incluyendo Rusia, y, por supuesto, la Argentina) con sus reliquias, paseadas en una réplica de vidrio de la Basílica construida en Lisieux, su lugar de origen, en Francia, que asemejaba un pequeño y hermoso castillo.

Yo tuve la gracia de llevarla desde la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, en Banfield, hasta el Convento carmelita de Rafael Calzada, en el sur del Gran Buenos Aires, cuando nos visitó.

Una última perlita espiritual:

Si observamos sus fotos, desde que tenía 8 años hasta los 24 en que falleció víctima de la tuberculosis, vemos que, en el féretro, recobró la lozanía y luminosidad que tenía a los quince años, cuando la enfermedad todavía no había hecho su aparición.

Así mueren los santos:

No hay desesperación ni rostros desencajados:

Una leve sonrisa luminosa y la tez suave y tersa para ir al encuentro de Jesús, el Amor de los Amores.

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica
http://es.catholic.net/gustavodaniel
http://gustavodaniel.autorcatolico.org

Espiritualidad 10

Posted: September 28th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

En tus manos, Señor, pongo mi vida

con todas sus angustias y dolores;

que en ti florezcan frescos mis amores

y que halle, apoyo en ti mi fe caída.

Quiero ser como cera derretida

que modelen tus dedos creadores;

y morar para siempre sin temores

de tu costado en la sangrienta herida.

Vivir tu muerte y tus dolores grandes,

disfrutar tus delicias verdaderas

y seguir el camino por donde andes.

Dame, Señor, huir de mis quimeras

dame, Señor, que quiera lo, que mandes

para poder querer lo que tú quieras.

Amén

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.

Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

(Marcos 6, 1-6)

Salmo 123: Oración confiada en medio de la adversidad

A ti levanto mis ojos,

a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos

fijos en las manos de sus señores.

Como están los ojos de la esclava

fijos en las manos de su señora,

así están nuestros ojos

en el Señor, Dios nuestro,

esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,

que estamos saciados de desprecios;

nuestra alma está saciada

del sarcasmo de los satisfechos,

del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos los cristianos, a quienes has llamado a la luz de tu verdad, que tengan siempre fidelidad y constancia.
  • Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer, y que sus decisiones ayuden a establecer la paz.
  • Tú que con cinco panes saciaste a la multitud, enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los más necesitados.
  • Te encomendamos, Señor, las próximas Asambleas Federales: que sean un momento de encuentro con vos y con nuestros hermanos, y nos dé fuerzas para seguir anunciando el Evangelio.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

RESPETO (II)

El respeto se despierta ante lo grande, la gran per­sonalidad y la gran creación. ¿Qué es lo “grande”? No algo cuantioso, es decir, nada de lo que indica la frase: la cifra cien es más grande que la cifra diez. Significa la fuerza de la exi­gencia del hombre para sí mismo y el estar dispues­to a ponerse en juego por lo importante; amplitud de campo de visión y osadía de la decisión; profundidad de la relación con el mundo, originalidad y fuerza de producción.

A quien tiene que habérselas con la grandeza no le resulta fácil. Puede desanimar, incluso imposibili­tar, pues en la grandeza de otro siento yo que soy pe­queño. ¿Qué puedo hacer? La defensa contra las grandes superioridades está en la veracidad y el respeto, que dicen: él es grande, yo no. Pero está bien que haya grandeza, aunque no sea en mí, sino en el otro. Entonces se es­tablece un espacio libre y desaparece la envidia.

Frente a la grandeza del otro, si no se la deja va­ler honradamente, surge un rencor que trata de hacer­la pequeña: el resentimiento. Se empieza a criticar, se buscan defectos para poder decir que el alabado no está tan allá; se afirma que ha sido cuestión de suerte, y así sucesivamente. Si se consigue, todo se ha vuelto mezquino, y se tiene al envidiado por de­bajo. Pero quien reconoce al gran hombre con liber­tad, porque la grandeza es hermosa, aunque perte­nezca a otro, ve ocurrir algo prodigioso: en el mismo instante, el que respeta se pone al lado de aquél, pues ha comprendido y reconocido su grandeza.

Análogo respeto imponen la gran obra y la gran acción. Es importante encontrarlas, aunque ante ellas a uno se le empequeñezcan sus propios logros. Encontrar la gran realización, dondequiera que es­té —en la investigación científica, en la producción literaria, en el arte plástico, en la acción política—, y no acorazarse frente a ella con el rencor ofendido del que querría y no puede, sino abrirse y reconocer: es bueno que alguien haya podido, eso es lo que da me­didas y hace capaz de juzgar con veracidad.

Hemos visto que el respeto surge en el espíritu bien formado ante la gran personalidad y la obra ele­vada; que se puede medir la situación cultural de una persona por cómo la siente y con qué libre gozo res­ponde a ella. Pero es notable, y es un honor para el hombre, que también pueda aplicarse al pequeño, al indefenso, al que no es capaz de abrirse paso por sí mis­mo.

El hombre vulgar percibe una situación vulnerable — la del niño, del inexperto, del débil— como incita­ción a explotarla; el hombre decente se siente llama­do a atender precisamente a lo inerme. Pero ¿por qué? Sería comprensible si se dijera que resulta ob­vio para todo buen sentimiento querer ayudar a un niño, a una persona débil. Disposición a la ayuda, ciertamente, pero ¿por qué respeto?

Quizá es que el hombre decente, cuando se en­cuentra ante el desvalimiento, se siente tocado y pe­netrado por la proximidad del destino.

Esto se prolonga en lo religioso —recordemos el modo como Jesús habla de los niños y del “ay” que pronuncia contra quien haga daño a sus almas—, al­go que hoy está totalmente olvidado (Mt 18, 6 y ss.). ¿Cuántos son los que hoy se siguen preocupando en serio por tal daño? ¿Cuántos toman conciencia en ab­soluto de las impresiones destructoras que los que to­davía no saben defenderse pueden recibir de la pren­sa, radio, cine, televisión? Entonces dice Jesús: Te­ned cuidado, porque “sus ángeles en el cielo ven, siempre la cara de mi Padre celestial”. Tras el desva­limiento del niño está la vigilancia del ángel, que ve la santidad de Dios. Y lo que vale para el niño, vale para todo indefenso.

El hombre bien criado tiene respeto ante la gran personalidad, ante la gran obra, pero también ante la persona inerme, ante el inexperto, el débil, el que su­fre, el oprimido.

Pero finalmente todo respeto desemboca en el res­peto a lo sagrado. Lo percibimos cuando entramos en las iglesias. En efecto, por eso se construyen tan al­tas y con formas tan elocuentes, para que el espacio nos mueva ya al entrar. Si no ocurre así, entonces, viéndolo en su naturaleza, no hay en absoluto ningu­na “iglesia”, sino sólo un espacio de reunión. Por eso entramos en la iglesia con paso quedo y hablamos en ella con voz contenida. ¡Cómo revela también la bar­barie de nuestro tiempo el que los viajeros se com­porten en una iglesia como si estuvieran en un museo o en un local deportivo! Pero hay algo peor: lo sagra­do provoca rebelión en el hombre, lo incita a la bur­la, a la irreverencia, a la violencia. Y no diga nadie que esos sentimientos y disposiciones de ánimo le son extraños, en realidad acechan en todos, desde la rebelión original. Así que haremos bien en mantener despierto el respeto ante lo sagrado.

El acto básico de este respeto es la adoración de Dios. En ella se expresa del modo más completo la verdad del hombre, especialmente cuando también el cuerpo la realiza, inclinándose. Debe darnos que pensar el que esto ocurra tan poco en la vida religio­sa. Por lo regular, en ella sólo hay ruego, o agrade­cimiento; rara vez ya la alabanza: la adoración no aparece casi nunca. Y, sin embargo, es esencial. “Adoro a Dios” significa: tengo presente que Él existe y estoy ante Él; que Él es quien existe por esencia, el creador, y yo su criatura; que Él es santo, y yo en cambio no; y me amoldo a la sagrada pre­sencia con espíritu y corazón. Adoración es verdad realizada.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Espiritualidad 9

Posted: September 28th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Mentes cansadas,

manos encallecidas,

labriegos al fin de la jornada,

jornaleros de tu viña,

venimos, Padre,

atardecidos de cansancio,

agradecidos por la lucha,

a recibir tu denario.

Llenos de polvo,

El alma hecha girones,

Romeros al filo de la tarde,

Peregrinos de tus montes,

Venimos, Padre,

Heridos por los desengaños,

Contentos por servir a tu mesa,

a recibir tu denario.

Hartos de todo,

Llenos de nada,

Sedientos al broquel de tus pozos

Y hambrientos de tu casa,

venimos, Padre,

el corazón entre tus brazos,

la frente humilde de delitos,

a recibir tu denario.  Amén.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

(Marcos 5, 21-24. 35b-43)

Salmo 107: Liturgia de Acción de Gracias

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.

Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría.

Tú convertiste mi lamento en júbilo,

me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,

para que mi corazón te cante sin cesar.

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Te damos gracias por el gran amor con que nos amaste, Señor: continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.
  • Abre nuestros ojos, y los de nuestros hermanos: para que podamos contemplar hoy tus maravillas.
  • Te pedimos por nuestro país, por las elecciones del próximo domingo: que contribuyan a la construcción de un mundo nuevo.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

RESPETO

Quien quiera meditar sobre algún fenómeno de la existencia humana hará bien en considerar también la palabra con que lo denomina el lenguaje, pues en el lenguaje habla algo más que el espíritu del indivi­duo. Así vamos a hacerlo con la virtud que ahora ha de considerarse, esto es, el respeto (en alemán, Ehr-furcht).

¡Extraña palabra esta yuxtaposición de Furcht, “temor” y Ehre, “honor”! Temor, que muestra honor; honor traspasado de temor, ¿qué temor podría ser ése? Evidentemente, no como cuando uno es abru­mado por algo que produce daño o causa dolor. Tal temor da lugar a que uno se defienda o busque segu­ridad. El temor del que aquí se va a hablar no lucha, tampoco huye, pero se le prohíbe entrar demasiado, guarda distancia, no toca lo respetable ni con el háli­to de su propio ser.

La palabra señala el camino a la comprensión. El origen del sentimiento de respeto es de naturaleza re­ligiosa. Es la sensación de lo sagrado inabordable, que rodeaba en la antigua experiencia de la vida a to­do lo elevado, poderoso, soberano. Ahí se reunían di­versas cosas: presentimiento de la grandeza sagrada y anhelo de participar de ella; junto con la preocupa­ción de ser indignos de ello y provocar una cólera misteriosa…

En la medida en que avanzó la evolución cultural y se desarrollaron la comprensión racional y el domi­nio técnico del mundo, el elemento religioso retro­cedió. La conciencia de la importancia y valor del mundo adquirió el predominio y provocó una actitud respetuosa en la que, sin embargo, todavía resonaba el antiguo temor: precisamente, la sensación de res­peto en cuestión, que el hombre de buena índole muestra todavía hoy hacia lo grande.

En el respeto, el hombre renuncia a lo que de otro modo le gustaría, esto es, a tomar posesión y usar pa­ra su propio provecho. En vez de eso, se echa atrás, toma distancia. Así surge un espacio espiritual en que se eleva lo que merece respeto, y puede subsistir libremente y resplandecer.

Cuanto más elevado de rango está algo, más fuer­temente la sensación de valor que produce se enlaza con esa toma de distancia.

Pero la experiencia del valor da lugar a que se quiera tener parte en él. Así, aquí entra otra condi­ción que nos dice a los hombres de hoy, por qué el respeto se echa atrás en vez de avanzar; por qué reti­ra las manos en vez de aferrar. Lo que impone respe­to son sobre todo cualidades de la persona: su digni­dad, su libertad, su nobleza. Pero también las de la obra humana en que se manifiestan elevación y ter­nura. Y, finalmente, formas de la naturaleza en que se expresa algo sublime o misterioso.

Quizá se puede decir que toda auténtica cultura empieza cuando el hombre retrocede, no se precipi­ta, no arrebata consigo, sino que crea distancia, para que se establezca un espacio libre en que puedan ha­cerse evidentes la persona con su dignidad, la obra con su belleza y la naturaleza con su poder simbóli­co.

El respeto puede tomar también una forma que llamaríamos cotidiana. El respeto puede y debe aparecer también en lo coti­diano, y entonces se llama atención, cuidado.

Atención es lo más elemental que ha de percibirse para que los hombres se traten entre sí como hom­bres. No hace falta aquí tratar de valores especiales, si­no sencillamente del hecho de que el otro es hombre y tiene libertad y responsabilidad.

Entonces, atención significaría, por ejemplo, que se lo tome al otro en serio, en su convicción. Puedo luchar contra ella, pues si soy de la opinión que lo que dice es falso, tengo derecho y en ciertas circuns­tancias obligación, de hacer valer contra él la verdad que reconozco. Pero con atención, con la conciencia de que no tengo que habérmelas con una proposición abstracta que está en algún libro, sino con una perso­na que, sobre la base de su conciencia de verdad, se ha decidido por esa opinión. Si veo que yerra, puedo luchar con él, no puedo hacer violencia a su opinión ni intentar dominarlo con astucia.

Atención es lo que requiere la esfera privada del otro; es decir, ese dominio que está consigo mismo o que vive con los que están vinculados a él, familia o amigos, algo que hoy se olvida cada vez más. Pues en todas partes actúa una tendencia a la publicidad, un afán de ver precisamente lo que retrae, una avidez de sensacionalismo que encuentra una fea diversión en desvelar, poner al descubierto, avergonzar, junto con la técnica que lo hace posible; el dinero, que actúa tras el periodismo, las revistas, el cine, la televi­sión. ¡Qué atmósfera de falta de respeto a lo personal se produce así!

Por ejemplo, ¡qué grosería fotografiar a un niño mientras reza o a una mujer que llora porque su ma­rido ha sufrido una desgracia! El afán de destapar lo que hasta ahora estaba rodeado de respeto ha llegado incluso a procurarse su pequeña aureola: afirma tener la valentía de ser libre publicidad, y habla de “ta­búes” que debieran ser destruidos.

Pero también ¡qué gusto —y éste es el otro lado del asunto— en obtener publicidad! Pues si el lector medio de la revista ilustrada no tuviera el deseo, se­creto o manifiesto, de estar él mismo en imagen, en­tonces se formaría una presión de la opinión pública que haría imposible toda esa feria.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Lllegó la respuesta de las Asambleas

Posted: September 25th, 2009, by Matoga

Aparentemente fue un error en las comunicaciones.

Después de unos cuantos días esperando respuesta oficial, mientras recibía alguna que otra crítica por esta nota y montones de mensajes en apoyo a mi reclamo, entes de ayer, recibí la respuesta por parte del Consejo Nacional de AC.

En ella, se me explicaba las razones de la demora en la respuesta y los porque de una asamblea general. También me contaron que, al parecer hubo un error en la respuesta que le dieron a un militante llamado Agustín (al que conozco personalmente). Esta fue la razón principal de mi reclamo…

Una vez recibidas las explicaciones correspondientes, les transcribo lo que me comentaron a fin de aclararle el tema a todos aquellos que lleyeron la nota original

Sabemos también que de todas maneras, habrá muchos, Dios mediante, que nos quieran acompañar y puedan participar de los actos de apertura y clausura. Estamos seguros, que quienes lo hagan comprenderán fácilmente que no se trata de un espectáculo, ni un recital, sino de una celebración de fe, que se lleva a cabo con muchísimos esfuerzos, por eso pensando por ejemplo en los que son de otras instituciones, padres de Aspirantes de Lomas, Pueblo de Dios en general, hemos previsto para los que no están inscriptos, solicitarles la colaboración con un bono contribución solidario de 10 $, para ayudar a solventar los gastos generales. El límite será la capacidad otorgada al estadio por el organismo regulador COPROSEDE

Esta es su confirmación:

En relación a tu consulta está claro que alguien no acreditado podrá participar del Acto de Apertura y de Clausura en la medida que haya lugar en el estadio (en estos casos se le solicitará una colaboración de 10$) y del Acto Popular: La idea siempre es que los miembros de la institución participen de toda la Asamblea y se acrediten. Para el resto de las reuniones será necesario estar acreditado.

Aclarados estos aspectos y, auque mantengo mis opiniones anteriores en cuanto a la conveniencia o no de realizarlas de manera general y nacional (creo que es más prodictivo donar la plata), los invito a todos a unirnos en oración para que el Espíritu Santo ilumine a los participantes y haga de estas asambleas un éxito y me disculpo ante quienes escandalicé con mis palabras ya que esa no era mi intención.

ALABADO SEA JESUCRISTO!!!

Espiritualidad 8

Posted: September 25th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

Nº8 Ya no temo, Señor, la tristeza,

ya no temo, Señor, la soledad;

porque eres, Señor, mi alegría,

tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,

ya no temo, Señor, la oscuridad;

porque brilla tu luz en las sombras

ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,

ya no temo, Señor, la ingratitud;

porque el triunfo, Señor, en la vida

tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,

ya no temo, Señor, la inmensidad;

porque eres, Señor, el camino

y la vida, la verdad.  Amén.

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: “Crucemos a la otra orilla”. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.  Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?”. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!”. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”. Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

(Marcos 4,35-41)

Salmo 107: Liturgia de Acción de Gracias

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

Los que viajaron en barco por el mar,

para traficar por las aguas inmensas,

contemplaron las obras del Señor,

sus maravillas en el océano profundo.

Con su palabra desató un vendaval,

que encrespaba las olas del océano:

ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo,

se sentían desfallecer por el mareo,

Pero en la angustia invocaron al Señor,

y él los libró de sus tribulaciones:

cambió el huracán en una brisa suave

y se aplacaron las olas del mar;

Entonces se alegraron de aquella calma,

y el Señor los condujo al puerto deseado.

Den gracias al Señor por su misericordia

y por sus maravillas en favor de los hombres.

El que es sabio, que retenga estas cosas

y comprenda la misericordia del Señor. Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz: ilumina a tu Iglesia para que te proclame con valentía a todas las naciones.
  • Tú que pacificaste el mundo, aparta de nosotros toda discordia, toda guerra, y danos tu paz.
  • Te pedimos por nuestro país, especialmente en este tiempo de elecciones: que nos ayudes a comprometer nuestra vida en la búsqueda del bien común.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

ACEPTACIÓN (II)

Un paso más allá lleva a la aceptación del destino. “Destino” no es azar; tiene una unidad consecuente que está determinada no sólo exteriormente, por la conexión de los acontecimientos, sino también inte­riormente, por la naturaleza de la persona en cues­tión.

En la vida de quien tiene unas disposiciones nor­males no ocurren ni los triunfos ni las catástrofes que experimenta el genial. A quien tiene dotes económi­cas y de organización no lo abruman las perplejida­des que tan fácilmente abruman al de dotes artísticas, así como tampoco percibe éste en el triunfo y la derrota lo que experimenta quien es hábil para conse­guir y usar el poder. Así, la naturaleza de un hombre viene a ser como un filtro, que deja pasar ciertas experiencias y retiene otras.

Así se puede de­cir en cierto sentido que cada individuo recibe con sus disposiciones un esbozo previo de su destino; no una necesidad fija, que estaría en contradicción con el hecho de la libertad, siempre colaboradora en for­mar la vida, en los grandes como en los pequeños, si­no una orientación, un carácter básico, a menudo una probabilidad de un determinado acontecimiento. También aquí se trata de que el individuo acepte su destino, para luego trabajar con mayor decisión en su rectificación y conformación. La vida del hombre ac­tual está dominada por una idea que contrapesa el miedo metido en sus nervios: la idea de poderse ase­gurar contra los crecientes peligros… Pero contra la vida misma no cabe asegurar­se, sino que hay que aceptarla con todo aquello que hay en ella de grandeza y de pequeñez, de posibilida­des de perdición y de felicidad. Aceptar el destino significa en el fondo aceptarse a sí mismo y tomar partido por uno mismo. La idea ha hallado su forma pagano-escéptica en el concepto del amor fati, el amor al propio destino, nacido de la oposición; y su forma creyente, en el asentimiento al camino que nos propone la propia naturaleza en la confianza de que todo descansa en el amor del Padre.

Sacando consecuencias, el pensamiento lleva aún más allá: a no rehuir simplemente el dolor y la des­gracia, ni tampoco limitarse, cuando no pueden evi­tarse, a hacerles frente con valentía, sino a aceptar su amargura. Se tiene que haber aprendido en la escue­la de Cristo a ser capaz de ello, pues nuestra natura­leza se comporta de otro modo. Se levanta en protes­ta contra el dolor y, en principio, no hay nada que ob­jetar a ello, tanto menos cuanto que también hay un asentimiento al dolor que nace de la debilidad; más aún, una enfermiza búsqueda de él. Pero el mero re­chazo echa a perder el sentido que tiene el dolor en la vida. Justamente comprendido y sobrellevado, profundiza esa vida, la purifica y lleva al hombre al acuerdo consigo mismo, porque él se pone de acuer­do con la voluntad divina, que está detrás de todo acontecer.

Más aún, incluso el dolor mismo puede aliviarse así. Si una persona tiene que habérselas con un dolor —corporal o anímico— y es capaz de evitar la rebe­lión y entregarse a él, entonces el sometido se trans­forma y experimenta una honda libertad, la libertad en el sufrimiento.

En fin, la aceptación de sí mismo significa que yo esté de acuerdo con existir en general.

En efecto, yo no me he puesto ante la posibilidad de mi propia existencia y he decidido que quiero ser, sino que se me ha puesto en el ser; he surgido de la vida de mis padres, de la vida de mis antepasados, de las situaciones del tiempo. El suceso del nacimiento me ha dicho: ahora eres. Así que ¡ve viviendo! En algunos momentos uno puede penetrarse de cuánta gracia es poder ser, respirar, sentir, crear. Pero también puede ir de otro modo: Si ceden las fuerzas, las cosas se vuelven grises, los de­beres oprimen; en tiempos de prolongada enferme­dad o de privación, en instantes de desánimo y de melancolía, puede elevarse la protesta: “A mí no me han preguntado. No he querido ser. ¿Por qué tengo que ser?” Entonces, tener que ser, se siente como una exigencia y se ve que aceptar la existencia es una ac­ción que se debe realizar en lo más hondo de la vida. Pues también puede rehusarse, llevando adelante la vida sólo con el enco­gimiento de hombros de la resignación.

En todo esto no salimos adelante con motivacio­nes meramente humanas. En realidad, ya debiéramos haberlo dicho así al comienzo de nuestras considera­ciones. Pues cuando considerábamos que no podemos hacernos nosotros mismos nuestra existencia, sino que la recibimos, la pregunta inmediata habría debido ser: ¿De quién? Y la respuesta habría sido: De los padres, de la situación histórica, de los ante­pasados; pero, en definitiva, y a través de todos los miembros intermedios, de Dios. Así, la aceptación —la auténtica— no puede realizarse si no nos damos cuenta claramente de dónde hemos de aceptar que llegue lo nuestro: ¿de la mudez del transcurso de la naturaleza, de la falta de sentido del azar, o de la pura sabiduría y amor de Dios?

La auténtica aceptación sólo es posible sobre una instancia en la que se pueda confiar, y que es el Dios vivo. Cuanto más de cerca entra en nuestra vida lo que hemos de aceptar en ella; cuanto más exacta­mente esa aceptación representa una superación de nuestro yo, tanto más necesito conocer por qué Dios me dio lo existencia: por amor a mí.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)

Espiritualidad 7

Posted: September 24th, 2009, by Matoga

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

¡Oh llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!;

pues ya no eres esquiva,

acaba ya, si quieres;

rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!

¡Oh regalada llaga!

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!,

que a vida eterna sabe

y toda deuda paga;

matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido,

que estaba oscuro y ciego,

con extraños primores,

calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno,

donde secretamente solo moras,

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno,

cuán delicadamente me enamoras! Amén.

El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”. El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?’. El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”

Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.  Y les dijo: “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

(Marcos 14, 12-16. 22-26)

Salmo 115: Gozosa expresión de gratitud

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?

Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.

¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos!

Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor,

lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

e invocaré el nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre…

Intenciones:

  • Cristo, Hijo de Dios, que nos mandaste celebrar la Eucaristía en Memoria tuya, enriquece a la Iglesia con celebración de los sacramentos.
  • Cristo, Pan bajado del cielo, aumenta la unidad y la concordia entre los que creen en ti.
  • Cristo, que en el Pan de la Eucaristía nos das la semilla de la Resurrección, da salud a los enfermos y esperanza a todos los hombres.
  • Te pido especialmente por el grupo que me encomendaste como dirigente…

Padre nuestro…

Alabado sea Jesucristo…

ACEPTACIÓN (I)

Si alguien preguntara: “Querría adelantar en la vi­da moral, ¿por dónde he de empezar?”, entonces se le podría contestar: “Por donde quieras.” Puedes em­pezar por un defecto de que te has dado cuenta en tu vida profesional. Puedes hacerlo por las exigencias de la comunidad, de la familia, de la amistad, donde­quiera que hayas notado un fallo. O has percibido dónde te apremia una pasión y tratas de acabar con ella. En el fondo se trata sólo de que tengas intención honrada y te dediques a ello decididamente, por cual­quier sitio; entonces lo uno influirá en lo otro. Pues la vida del hombre es una totalidad: si se aplica a un punto con decisión, despierta toda su conciencia y refuerza también su fuerza moral en otros, del mismo modo que un defecto en un punto de la vida influye en todo.

Pero si quien así preguntara insistiera: “¿Qué es lo que constituye el supuesto previo de todo esfuerzo moral para que sea eficaz, cambie lo torcido, refuer­ce lo debilitado y compense lo unilateral?”; creo que se le debería responder: es la aceptación de lo que es, la aceptación de la realidad, de ti mismo, de las personas que te rodean, del tiempo en que vi­ves.

Ahora bien, se podría objetar diciendo: esas cosas son artificiales. Lo que es, es, se “acepte” o no; aun prescindiendo de que tal disposición de ánimo es muy cómoda y ha de llevar a la pasividad. Por eso hemos de aclarar en seguida que no se trata aquí de ningún débil dejarse llevar, sino de ver la verdad y si­tuarse en ella, naturalmente, decididos a emprender el trabajo en ella y, si hace falta, la lucha por ella.

Esto, ante todo, es también realmente humano. Un animal está de acuerdo consigo mismo sin más. Di­gámoslo mejor: para él no existe la cuestión en abso­luto. Es como es, encajado en su mundo circundante y agotándose en él. De ahí la impresión de “naturali­dad” que nos produce, la impresión de que es por completo tal como debe ser según su esencia y las condiciones circundantes.

Con el hombre ocurre de otro modo. No se agota en lo que es y en lo que hay a su alrededor. Puede to­mar distancia respecto a sí mismo y reflexionar sobre sí; puede juzgarse a sí mismo; puede ir con sus de­seos más allá de lo que es, llegando a lo que querría o debería ser; incluso puede elevarse fantaseando hasta lo imposible. Así se produce una tensión entre ser y deseo, que puede convertirse en principio de crecimiento en cuanto que quien se esfuerza pone en su imaginación una imagen de sí mismo que luego trata de alcanzar con lo que realmente es. Pero tam­bién de esa tensión puede surgir una perniciosa divi­sión, una huida ante la propia realidad, una existen­cia en fantasía, que vive pasando de largo ante las posibilidades dadas y ante los peligros que amena­zan. A eso se aludía cuando se dijo que todo esfuer­zo moral eficaz empieza con que quien se empeña en serlo acepte la realidad tal como es.

Intentemos comprender lo que significa esta acep­tación tomando conciencia más exacta de qué es lo que aceptamos.

Ante todo, se trata de mí mismo. Pues no soy hom­bre en general, sino este hombre determinado; tengo este carácter y no otro; este temperamento entre los diversos que hay; estas fuerzas y debilidades, estas posibilidades y límites. Eso he de aceptar, situándo­me sobre ello como la base primera de mi vida.

Esto, lo repetimos, no es en absoluto obvio. Pues hay —y esto arroja una cruda luz sobre la finitud de nuestra existencia— un hastío de nuestro propio ser, una protesta contra uno mismo. Una vez más hemos de recordar que el hombre no está cerrado en sí, co­mo el animal, sino que se puede superar. Puede tener ideas sobre cómo le gustaría ser y ¡cuántos viven más en una imagen deseada que en la conciencia de su realidad! También conocemos esa curiosa acción por la que el hombre trata de escabullirse de lo que es: el disfraz, la máscara, el juego. ¿No se expresa ahí, en vano, pero insistiendo una vez y otra, el anhe­lo de ser otro del que se es realmente?

Con eso se dice que no sólo he de aceptar las fuer­zas que tengo, sino también las debilidades; no sólo las posibilidades, sino también los límites. Pues nuestra extraña naturaleza humana es de tal modo que lo que nos sustenta también nos pesa, lo que nos asegura también nos pone en riesgo. En la imagen de esa naturaleza se incluye lo positivo, pero también lo negativo, y no cabe elegir. Eso no significa que hay que darlo todo por bueno y dejarlo estar todo como está; por supuesto que no. Puedo y debo trabajar en mi es­tructura vital, dándole forma, mejorándola; pero, an­te todo, he de decir “sí” a lo que es, pues si no todo se vuelve inauténtico.

A su vez, esto no significa que haya que llamar bueno a lo que no lo es. Lo malo es malo, lo perver­so es perverso y lo feo también ha de ser llamado feo. Pero cualquier esfuerzo por desarrollar lo uno y su­perar lo otro descansa ante todo en la suposición pre­via de que se empiece por reconocer lo que es. ¡Cuántos fantasean dando vueltas y se mienten, pa­sando de largo ante lo que, a pesar de todo, es! ¡Cuántos se irritan cuando se les llama la atención sobre un defecto y se asombran cuando algo sale mal! El comienzo de todo esfuerzo lo constituye el reconocer lo que es, aun con sus defectos. Sólo actúo en serio si asumo sinceramente sobre mí la carga de mis defectos, y sólo entonces puede empezar la labor de su superación.

(Una ética para nuestro tiempo, Romano Guardini)